No conoce a cupido.


Sam subió rápidamente por las escaleras, brincando bardas y demás obstáculos como hombres gordos y señoras elefantes. Algunas cosas salieron volando, las señoras y hombres le gritaban algo sobre ser una niña estúpida e irresponsable, sin embargo ella había tomado una sabia decisión, no obstante podría considerarla la mejor, tal vez podría ser la peor de su vida, porque bueno, quien le aseguraba que Benson la aceptaría.

Así que Sam subió unos cuantos escalones más, hasta toparse con la puerta de los Benson. Se inclinó sobre sus rodillas tratando de recuperar todo el aire perdido minutos antes, y enseguida se irguió, su mano se levantó en un puño fuerte y cerrado, y con insistencia toco, muchas, demasiadas veces. Al otro lado pudo escuchar un ligero movimiento, pasos, la sombra de unos pies por debajo de la puerta.

—Abre Benson, sé que eres tú.

La sombra no se movió. Sam respiro con repentino cansancio, no tenía nada que ver con su carrera, era algo diferente, un interminable opresión en su pecho. ¿Acaso estos sentimientos con Benson, jamás acabarían? Estaba del todo harta de esas tonterías. Ella recargo su brazo sobre la puerta y su cabeza sobre el brazo.

—Vamos Freddie, solo quiero hablar contigo.

Sus ojos que miraban al piso, distinguieron por fin un leve movimiento que acompañaba a la sombra.

—Vete Samantha.

Se escuchaba como muy película de romance dramático. Sam sonrió al piso, bien pues Benson estaba siendo dramático de nuevo, ella podía lidiar con eso. Lentamente se acuclilló, hasta que sus rodillas sintieron todo el peso de su cuerpo, sus manos tocaron el suelo sosteniéndola, y muy cerca de la gris sombra.

—Ya sé que soy algo pesada…

Freddie balbuceo interrumpiéndola —…Mmmm

Sam suspiro revoloteando los ojos con exasperación — …Muy pesada— Acepto. — Pero ¿Sabes qué? —Ella no espero respuesta. —Te quie…, ejem… te aprecio, créeme realmente lo hago y es solo que a veces me gustaría que tu fueras, ya sabes ¿Feliz?

—Soy Feliz— Freddie contradijo.

—No, no lo eres. Tú piensas que sí, pero no. No tienes ni la más mínima idea de lo que es ser feliz. Es cantar como idiotas, reír como estúpidos, bromear como bobos, amar… amar como ridículos y …

— ¿Qué es eso? —Repentinamente Freddie la cortó una vez más.

Sam parpadeo algo sorprendida, aunque no del todo. No sería la primera vez que Freddie la sacaría de onda, así tan de repente. —¿Perdón?

—Explícame yo-yo no entiendo todo eso. Es- estas siendo sarcástica de nuevo o bro-bromeas. Con-contigo las cosas son tan complicadas, yo no entiendo de sen-sentimientos, y los tuyos son… son ¿Cómo los llamaría Carly? ¿Explosivos?

Sam sonrió para sí misma. Los sentimientos de Freddie venían en un paquete del doble que el de un humano común y corriente, él no lo notaba, no lo sabía. Y ella podía ser o muy feliz o muy gruñona, o muy miserable. Pero en el paquete de Freddie siempre había un "muy, muy, muy". Así que se recostó sobre su estómago y acostó la cabeza en sus brazos, mirando hacia la pequeña rendija de la puerta. Vio el tenis de Freddie con las agujetas desabrochadas. Ella estiro su otra mano y jalo una de las agujetas para alertarle de su nueva posición.

—Es bastante sencillo Freddie, solo intenta abrirte más, reírte, querer, amar todas esas cosas.

—No, no puedo. Y lo sabes.

—Sí, si puedes. No seas negado, solo tienes que dejar de tener miedo… mira a Carly, a Spens, a… mí, porque no lo intent…

—Enséñame

—Si yo te… ¿Qué? ¿Cómo?

La puerta se abrió y los pies de Freddie se dejaron ver por completo, Sam no hizo el intento de moverse, su cabeza aun en el piso se encontraba recostada en sus brazos. Ella ni si quiera miro hacia arriba.

—No sé, tu eres la experta en el tema, no yo.

—Mhhmnbhm—Sam balbuceo con la cara escondida entre los brazos.

—¿Cómo dices? — Freddie inquirió.

—Que uhmjjhujhm…. No se

Freddie parpadeo confundido, se agacho para quedar a su altura y acerco su oído aún más a los labios de Sam.

Sam cerro los ojos imaginándose en sitio lejano donde no existían los sentimientos.

— ¿Por qué?

Ella se encontró en una especie de limbo, abrió los ojos mirando directamente el cercano iris de Fredward. Tenía esa tonta mirada inocente que le ponía los bellos de punta.

—¿Por qué? —Sam preguntó retóricamente. Freddie todavía no comprendía, por supuesto que no, ese era el meollo del asunto. El nunca entendería ni de cerca lo que era sentirse tan avergonzado como Sam. —¡Como se te ocurre pedirle eso a tu mejor amiga, grandísimo idiota! —Chillo histérica, se paró de un salto empujando en el viaje a Fredward, caminando de aquí y allá, sus manos no paraban de despeinarse a si misma. —¿Estás loco? Espera esa fue una estúpida pregunta, claro que estás loco. En qué mundo se le pide a una amiga, casi hermana… que haga, que haga esas cosas. Ya no somos unos niños Fredward, para jugar al papá y la mamá. Por si no te has dado cuenta, ahora soy una señorita, y mis ideas, quiero decir mis pensamientos han cambiado. Que jodida, pero en que jodida situación me metes. Me gusta tener novios Fredward, los hombres me gustan está más que visto, pero tu ¿Tu?. No, no me mires de esa forma, no es que seas feo o algo por el estilo, de echo eres atractivo, o algo por el estilo, pero eres mi mejor amigo. Mi compa, mi cuate, mi hermano. Eres mi hermano, o algo por el estilo. Yo no…

Repentinamente Fredward la tomo de los hombros sacudiéndola. —Sa-Sam cal-calmate, me estas poniendo nervioso. No sé de qué hablas, yo solo quería que me contaras un poco de los sentimientos, que-que me ayu-ayudes a tener más amigos, solo eso.

Sam lo observo aturdida, tratando de calmar el mareo que Freddie le ocasiono, aun no resolvía si era por la sacudida física o mental.

—Entonces, no quieres que yo sea tu...

— ¿Mi qué?

Sam sacudió la cabeza y soltó una risita irónica. —Nada, nada.

—Bueno—Freddie le restó importancia. — ¿Me ayudas, entonces?

~.~

—S-si, le-le ha-has dicho s-si

Carly se retorcía en el piso como lombriz, fastidiando los oído de Sam con tremendas carcajadas. Ni si quiera tenía una risa bonita.

—¡Deja de burlarte Shay! — Sam gruño tapándose los oídos. —¿Quieres que te corte la maldita lengua?

Carly dejo de reír al instante. — Ash que amargada eres, ya está bueno. Oh, me duele el estómago. —Se froto el estómago en diminutos círculos, dejando salir de vez en cuando pequeñas risitas, hasta que finalmente se calmó. —Ya, lo siento. Es solo que no logro entender, como se supone que le ayudaras. ¿Vas a ser cupido o qué?

Sam suspiro con pesimismo. —No sé, carajos no sé en qué demonios pensaba cuando solté el grandioso sí.

—Tú nunca has podido decirle no a Freddie, es tu debilidad. Si lo vemos desde ese punto.

— ¡Yo no tengo ninguna debilidad!

—No tiene nada de malo que lo quieras.

—Lo quiero, pero no es mi debilidad.

Carly arqueo ambas cejas y curveo la boca. — ¿Así? Entonces ve en este instante a decirle que has cambiado de parecer.

Sam puso una graciosa trompita y miro de soslayo la puerta. —Ugg no puedo hacer eso, no puedo. —Se cruzó de brazos.

— ¿Ves? No puedes.

—Claro que sí, es solo que soy una persona responsable. No puedo echarme para atrás, cuando ya me comprometí.

Carly dejo salir otra risotada y Sam bufo.

—Por favor, no eres responsable ni de tu higiene. ¿Le quieres ver la cara a tu mejor amiga desde la infancia? Te conozco hasta los piojos.

Sam volvió a bufar. Su mamá tenía razón cuando le dijo: No necesitas amigos en este mundo, pueden traicionarte. Con un perro basta.

—Carajos Carly, puedes ayudarme, en vez de que estés juzgando mis debilidades, o mis piojos. ¡No tengo piojos! Era caspa.

—¿Sam Puckett necesita de mí? ¿Desde cuándo?

Sam se pasó una mano por la cara, dejando un rastro rojo en la nariz.

—¡Carly! —Ella canturreo.

Su amiga se rasco ligeramente la cabeza, fingiendo que pensaba. Miro a Sam por arriba de sus lentes de lectura, y luego se los quito, haciendo también a un lado su pesado libro.

¿Cómo podía leer en momentos como este?

—Sabes que a mí no me cuesta decir no ¿verdad?

Sam miro a Carly con furia, comenzaba a tener un maldito dolor de cabeza. —Escúchame Carly Shay, tú mejor que nadie comprendes de sentimientos, y nuestro mejor mejor amigo nos necesita. Simplemente dame consejos, hazme una lista o cualquier cosa. No quiero hacerlo yo sola, porque ya sabes que tengo métodos muy ortodoxos para hacer amigos o tener novio. —Ella explico tranquilamente. — ¿Recuerdas cómo nos conocimos?

—Sí, intentaste robar mi Sandwich de Atún— Carly recordó riéndose por lo bajo.

— ¿Ahora entiendes mi maldito dilema? No puedo decirle a Fredward que tiene que robar la comida de los demás, para conseguir amigos. —Miro a Carly con insistencia. — Además—Añadio —Soy la segunda peor persona después de Freddie, entendiendo sentimientos.

—Tienes dos mejores amigos, y ya una vez estuviste enamorada. ¿Y no los entiendes? —Carly pregunto confundida.

Es cierto que Sam solía ser cruel con las personas, y su primer amor le rompió el corazón. Pero podía ser tolerante y hasta a veces linda con Freddie y ella.

Sam miro el suelo con tristeza. —Lo se, el problema es que no tengo idea de como explicarlo. Yo soy puras acciones, nunca e tenido la necesidad realmente de expresar abiertamente las cosas. No estoy todo el tiempo diciéndoles a ti o Fredward, que los quiero. Ni si quiera a mi madre. Y cuando he llegado a tener novios, son ellos los que se acercan hasta que los golpeo.

Su mejor amiga pareció entenderlo, por fin. —Comprendo, bien. ¿Sabes que? Te voy a ayudar, pero solo porque Fredward lo necesita, solo te adiverto una cosa Samantha. — Sam la miro mal, odiaba su nombre completo. —No dejes que Fredward se enamore de tus acciones

—Enamo…enamo…enamo.. —Sam tartamudeo de la impresión—¡Enamorarse! — Gruño.

—Si enamorarse, el no conoce ese sentimiento y puede hacerlo accidentalmente.

—¿Y porque pasaría algo asi? No es como si lo fuera a besar o abrazar todo el jodido tiempo.

Carly negó con la cabeza. —No es eso, solo que bueno… mira olvídalo, solo síguelo tratando como hasta ahora ¿Bien?

—No hay problema— Sam acepto. —Mmm tengo sed.

—Spencer hizo limonada, checa que en el re…—Para entonces su amiga ya había partido a la cocina. —…fri.

Carly se estiro en el sillón, y miro hacia el techo. Contando las lámparas una por una. La cara de un Hermoso Fredward sonriendo lleno su imaginación, y pensó porque Sam aún no se daba cuenta de eso. Oh tal vez si lo había echo, pero su amiga era demasiado fiel a sus amistades, nunca haría o sentiría nada por nadie que no fuera lo correcto.

Quizás Sam fuera la persona más sucia, violenta y grosera sobre la tierra, no obstante tenía un corazón enorme, la prueba estaba en su amistad con Freddie. Carly tenía que admitirlo pero si ella hubiera estado en su lugar, le costaría mucho trabajo entablar amistad con un muchacho como Fredward. Era un chico difícil de tratar, de entender y muchas veces de querer. No quería que fuera mal interpretado, ella lo quería. ¿Pero?

¿Pero qué? No, ella quería lo mejor para sus dos amigas. Ojala que esta idea tan descabellada que Sam pensaba brindarle, fuera de ayuda para él.

Tal vez, solo tal vez algo cambiaria.

Rápidamente busco una hoja y una pluma entre sus cosas. Y comenzó a escribir.

Punto número uno.