Nunca te Vayas

(Don't ever Let Go)

Por Vegamarie

Traducción: Mya Fanfiction

Nota de Vegamarie: Bueno, aquí está el capítulo cuatro. ¡Disculpen la demora, pero finalmente puedo decir… que terminé la escuela por el año! Al menos hasta el próximo agosto. Así que, con optimismo, las actualizaciones llegarán con más frecuencia para aquellos que están interesados en lo que escribo. A menos que termine laborando sesenta horas a la semana por falta de fondos. ¡Eso sería excesivo!

Nota de Mya: La que tuvo presión de la escuela fue ella, yo sólo tengo las laborales y familiares, pero esas no me influyen mucho para traducir ^_^

Disclaimer: ni Dragonball Z ni ninguno de sus personajes me pertenece. Ese privilegio es de Toriyama Akira.


Capítulo 4

Vegeta

Abro la puerta sólo para encontrarme con lo que se convertiría en mi peor pesadilla, aun peor que las infligidas durante mi vida bajo la tiranía de Freezer. Mi mujer, sentada en el piso en una piscina de sangre, llorando mientras intenta detener el flujo que viene de entre sus piernas.

¿Qué demonios hice para tener que ver algo como esto? Es todo lo que pienso antes de que mi mente se paralice ante la escena frente a mí y mis instintos tomen control.

En un instante, estoy con ella, sin darme cuenta del hecho en el que estoy en la actualidad, lo más probable es que esté haciéndolo peor para ella. Todo lo que puedo pensar en mi mente confusa es que mi compañera, mi… apoyo, está sangrando a morir frente a mis ojos. He visto sangre, más escenas de muerte horribles y brutales que las que puedo contar; sin embargo, ninguna me ha hecho sentir como si me estuviesen desgarrando.

Sin pensar, me agacho y tomo una de sus muñecas, intento ponerla de pie y alejarla de la escena en la que estamos. Todo lo que pasa por mi intuitivo cuerpo es la necesidad de llevármela a algún lugar seguro, a algún lugar donde puedan ayudarla. Y rápido. Mi cerebro y mis instintos por protegerla no están sincronizados. Afortunadamente, Bulma parece captar la situación mejor que yo y en un momento de claridad, me regresa a la realidad.

Balanceando su mano libre, de alguna manera logra darme un buen golpe en mi sección media. Desde luego, no estaba esperando ese tipo de reacción. De hecho, mi cuerpo afligido y en pánico sólo busca una cosa: escapar del horror en el que se ha convertido nuestro baño. Nunca habiendo reaccionado a una situación tan mala en toda mi vida adulta. Yo, el epítome del control exterior, al parecer lo he perdido frente a la persona que mejor me conoce. Y en este momento, es la que aparentemente tiene que hablarme con sensatez, es la que debe estar en control de la situación.

Libero su muñeca y me aparto de ella. No es la primera en mi vida que me encuentro sintiéndome completamente inadecuado y nervioso, a falta de una mejor descripción. Me hago a un lado, veo como ella se desploma en el suelo y luego se dobla en agonía. Me alejo por su inquietud, me encuentro apoyado del marco de la puerta, haciendo que luzca como si fuese a huir en cualquier momento. No sé qué hacer ni siquiera sé lo que esto significa y eso es lo que más me aterra, además del hecho de que Bulma bien podría estar a las puertas de la muerte. Y por alguna increíble e incómoda razón, eso es algo que no quiero que pase. Echo esas ideas a un lado para un análisis posterior. Lentamente cruzo los brazos y… mierda, no tengo ni idea de lo que se supone se debe hacer en esta situación.

Aclaro mi garganta, me muerdo el labio mientras intento pensar en una manera para… ¿para dirigir la situación? Demonios, no tengo idea, por triste que sea, debería. Soy un guerrero experimentado y ver a la gente en esta clase de estado no es algo por lo que debería entrar en pánico. Sin embargo, el hecho de que Bulma no sea una guerrera y que no deba estar en un estado como este para comenzar es lo que hace que suenen sirenas de alarma en mi cabeza. Esa es la razón por la cual esta situación es tan incorrecta.

Me recupero de mi confuso ensimismamiento, veo como se pone derecha sola y entonces se apoya del inodoro, jadeando y sudando obviamente por el dolor y el malestar. La veo nerviosamente, hay algo más además del hecho de que está sangrando que me molesta de su dilema; sin embargo, no estoy seguro. Otro aspecto de este complejo escenario para archivar en los recovecos de mi mente para un escrutinio más extenso.

—¿Vegeta?

Gruño en señal de respuesta, temeroso de lo que saldrá de mi boca si intento pronunciar palabras para ella. Lucha para sentarse derecha y entonces suelta un sonoro gemido de dolor mientras veo, embelesado, sus músculos abdominales contraerse en aversión.

Se pone ligeramente derecha y entonces traga, el sonido de su garganta seca rompe mi concentración de observarla desde la seguridad de los confines de la puerta.

—Vegeta, Yo… necesito ir al hospital. ¿Podrías por favor llamar a mi mamá?

Parece muy serena pero bajo su aparente tranquilidad ante la situación, puedo leer su temor, incertidumbre y decepción. Tomo su orden literalmente, la dejo sola en el baño y me dirijo rápidamente al otro extremo del complejo donde la pareja de ancianos tienen su apartamento. Parcialmente, estoy aliviado por tener una tarea que puedo cumplir, pero por otro lado, no me gusta el hecho de que ella tenga más fe en su madre que en mí. ¿Qué es lo que quiere de mí en realidad? Sacudo la cabeza en frustración, me detengo frente a la habitación y golpeo fuerte, sin importar que posiblemente los esté despertando de un sueño relajado.

En menos de un minuto, el fenómeno que tengo como suegra abre la puerta de golpe. Afortunadamente lleva algo de buen gusto porque si no, en mi actual estado mental, la habría aplastado por su lascivia. El verme parado frente a su puerta debió alertarla de la seriedad de la situación porque en lugar de decir algo completamente ridículo, me pregunta qué pasa. Mirándola, le digo todo lo que sé.

—La muj… digo Bulma está sangrando en el baño. Necesita tu ayuda. Sígueme. -

Con eso dicho, me doy la vuelta abruptamente y regreso por la dirección por donde vine. Ni siquiera me preocupo en darme la vuelta para asegurarme de que me está siguiendo, mi deseo por regresar con Bulma incrementa mi velocidad.

En lo que parecen nanosegundos, regreso a la habitación que comparto con mi mujer. Abro, entro y me apresuro a donde dejé la puerta abierta. Me asomo un poco, veo como su madre hábilmente pasa por un lado y entra a la escena de horror en la que de alguna manera me metí sin querer. Ver a la hija en tan horrible circunstancia parece estimular algo en la cabeza hueca que nunca antes había visto: control y eficiencia. Antes de siquiera cruzar al umbral, parece haber entendido lo que está sucediendo mejor que yo. Al acercarse a su llorosa hija, veo como se arrodilla a su lado y le hace algunas preguntas. Observando con inquietud, veo como le susurra algo a su madre y luego nerviosamente ve hacia donde estoy. La señora parece capaz de leer las expresiones de Bulma de una manera que nunca he querido ni quiero ser capaz. En un segundo, regresa a la puerta y me mira nerviosa.

—Vegeta. Bulma…sería más fácil para Bulma si te retiraras. Por favor. -

Le gruño, siento como si mi vida despreciable está regresando al punto de partida. Esta podrida relación con mi compañera es el colmo en la pila de porquería que ha estado infectando mi mente sucia desde que era un niño obligado a pagar tributo a la bestia más grande que el universo haya visto. Es la peor de las traiciones que te pidan que dejes a la única persona que se supone debes proteger, el único propósito que tengo desde que Kakarotto se suicidó.

En un momento de debilidad e ira confusa, casi caigo en la tentación de volar a la mujer que está actuando como un escudo para Bulma. Dándome cuenta de lo infructuoso y sin sentido que es semejante intención violenta, cruzo los brazos en señal de ira y retrocedo. Sin embargo, no estoy listo para marcharme de esta horrible situación sin al menos descargar algo de la frustración que parece está a punto de explotar. Mirándola imperiosamente, por fin encuentro mi voz.

—Bueno, me retiraré, si es lo que quieres. -

Me doy cuenta de que mi cuerpo no va a cooperar conmigo, hago lo único que me queda por hacer. Camino hacia el balcón, abro las puertas y me marcho volando en medio de la noche, me voy molesto y frustrado por segunda vez el día de hoy, quizás lo que estoy haciendo no es lo que se esperaba de mí. Pero si ella quería que me fuera, que así sea. Tengo suficiente sentido común para saber cuando no soy requerido. Aunque en el fondo, no puedo evitar sentir algo de dolor por el hecho de que ella no confíe en mí lo suficiente como para decirme lo que está pasando. Pero nuevamente, ¿A quién engaño? He oído el viejo proverbio que dice que para que confíen en ti primero tienes que confiar, y en ese aspecto nunca he puesto mi fe en Bulma porque no he tenido la oportunidad. Además, confiar en otros no es algo en lo que soy bueno. Hasta que la conocí, siempre viví mi vida solo, aprendí por las malas y a temprana edad que poner tu confianza en otros es algo peligroso y estúpido. ¿Así que cuando fue que deseé en realidad que otra persona se sintiera así por mí? Vuelo hacia la selva, esos infructuosos y confusos pensamientos que ocupan mi mente, junto con el malestar y la preocupación por mi mujer se siente como si estuviesen comiéndose el control para mantenerme alejado de ella.

'Vegeta, estás jodido, ' pienso mientras me marcho volando sin un rumbo fijo del lugar donde vivo.


Bulma

Me trago un gemido mientras veo a Vegeta gritarle a mi madre y después se larga volando por la puerta del balcón en medio de la noche. Aun cuando mi madre le pidió que se retirara, no me refería a que lo hiciese así. Yo… lo necesito aunque me sienta humillada y avergonzada por esta situación y tenga miedo de cómo va a reaccionar… cuando descubra lo débil que soy por querer que se quede conmigo. Que actúe de una manera que sería completamente extraña y ajena para él. Que se muestre compasivo e incluso tal vez amoroso.

No tengo que sumirme en esos miserables pensamientos antes de que otro agudo dolor saje mi abdomen como un cuchillo cortando mi carne. Tragándome un grito, suelto un gemido profundo, no queriendo parecer patética frente a mi madre. Duele mucho, casi peor que cuando di a luz a Trunks. Quizás el dolor que estoy sintiendo es porque sé la fea verdad, aunque todavía no quiero admitirla. Esto no puede estar pasándome. Es todo lo que puedo pensar mientras el dolor desvanece y un fresco extendido de sangre aparece entre mis piernas.

Respiro jadeando por la nariz, siento como si estuviese muriendo. Mis ojos están cerrados y solo quiero que termine el dolor. Cuando una sensación fría de repente se hace presente en mi frente, me regresa a la realidad tan pronto como mis ojos se abren involuntariamente. Mi madre está limpiándome el sudor que se ha acumulado en mi frente y me está mirando con una expresión muy preocupada en el rostro.

—Bulma, llamé a la ambulancia. Llegará en cualquier momento. -

—Dios mamá. ¿Por qué lo hiciste? Voy a estar-

Antes de siquiera poder terminar la oración, otro dolor horrible desgarra mi cuerpo. Esta vez no puedo contener el grito. Debo estar muriendo para sentir tanto dolor. En segundos, ha pasado, pero el efecto secundario aún está reverberando por mi sistema. Me siento estresada, abandonada (aunque sé que es mi culpa) y en un dolor agudo. Me apoyo en mi madre y lloro, lloro y lloro.

'¿Por qué? ¿Por qué me está pasando esto?' pienso mientras me encuentro en los brazos reconfortantes y tibios de mi madre. ¿Fue porque evité decirle la verdad a Vegeta? ¿Fue porque él no quería a este bebé? ¿Fue porque…? otro fuerte dolor atraviesa mi cuerpo, trayéndome de vuelta a la horrible realidad de lo que le está pasando a mi cuerpo.

—Bulma, resiste. Todo va a estar bien cariño. Mi niña, mi pobre niña. -

Medio escucho a mi madre murmurando mientras acuna mi cuerpo, las dos sentadas en el frio y ensangrentado suelo del baño. Puedo escucharla decirme que todo va a estar bien, pero yo sé la verdad. Nada va a estar bien. No voy a levantarme de esto, me siento aliviada de saber que esto no es más que una horrible pesadilla. Es una pesadilla que se ha vuelto realidad. Y no hay nada que pueda hacer para alejar a los demonios de mi cuerpo. Ellos se han alojado en lo más profundo de mí, me están partiendo en dos y… me detengo antes de ir más allá. Yo no… no quiero pensar en eso. No pensaré en eso.

No sé cuánto tiempo estuvimos allí sentadas juntas, dolor tras dolor desensibilizan mis sentidos a nada más que sobrevivir más allá de ellos. Pudo haber sido por horas o solo unos pocos minutos, pero finalmente, la ambulancia que mi madre llamó llegó. Son fríamente eficientes y antes de saberlo, soy levantada y puesta en una camilla, me dan algún sedante, llevan a la parte posterior del vehículo y trasladan al Hospital Conmemorativo de la Capital del Oeste.

Mi cuerpo está en agonía, pero lo que sea que me hayan dado comienza a funcionar de inmediato y mágicamente. Un tipo de adormecimiento azota mi cuerpo y en pocos minutos, comienzo a sentir que pierdo la conciencia. Mis párpados se sienten como si fuesen tan pesados como ladrillos. Incapaz de pelear la arremetida de cansancio que inunda mi cuerpo. Me rindo y caigo en la inconsciencia.


Puedo sentir como mi cuerpo comienza a despertar, pero no quiero. ¿Conoces esa sensación de cuando recién te despiertas en la mañana? Esa sensación que te dice que tan solo te quedes envuelta entre tus sábanas y que sigas dormitando el resto del día. Así es como me siento en este momento, aunque algo… o alguien obviamente tiene una opinión diferente. Siento como me pinchan el hombro por tercera vez, irritada, sacudo la mano . No obstante, mi aparente molestia al ser despertada rudamente de mi siesta, no parece disuadir a la persona que me toca en absoluto. Esta vez, en lugar de un pinchazo, siento mi cuerpo agitarse de un lado al otro mientras una buen empujón es aplicado a mis hombros. Decidiendo cambiar de táctica, me alejo y murmuro una advertencia.

—Vete. -

—No. -

Finalmente abro los ojos, parpadeo y los cierro mientras la luz del sol se filtra por las hojas del árbol bajo el que descanso y mis pupilas se contraen para acostumbrarse a la luz que entra.

Ladeo la cabeza y me encuentro con dos piernas musculosas ataviadas en un par de jeans azules apretados. Echo una mirada hacia arriba pasada un torso con una camiseta ajustada, veo la cara sonriente de Vegeta.

—Eres un imbécil. -

—Hnnn, lo que digas mujer. -

Veo como se sienta a mi lado, estoy ligeramente sorprendida cuando él me ofrece su mano. Confundida, me pregunto por qué voluntariamente me brinda su ayuda y por qué está siendo tan atípicamente… agradable? Sí, agradable. Aunque, una mano es una mano y no soy tan estúpida como para cabrearlo al ignorar su oferta. Tomándola, él me hala y pone de pie y me inclino hacia él, uso su cuerpo como apoyo. No sé por qué, pero tengo esta repentina urgencia de besarlo. Estoy a punto de unir mis labios a los suyos cuando él se aparta de mí y cruza los brazos, con un brillo de travesura en la profundidad de sus ojos café oscuros.

—Ahora que finalmente estás despierta. Quizás puedas comenzar a preparar esos sándwiches. Tengo hambre. -

Solo Vegeta es capaz de convertir un evento medianamente romántico en algo que gira alrededor de la comida, o más específicamente, su enorme estómago. Algunas veces tengo el presentimiento de que se parece más a Gokú de lo que jamás admitiría. Golpeo su brazo, me pongo derecha, pero no muy rápido porque antes de siquiera dar un paso, él está detrás de mí envolviendo con sus brazos mi cintura.

Me pongo ligeramente tensa cuando su aliento me hace cosquillas tras la oreja, escucho un muy distintivo ronroneo viniendo de sus labios. Lamo los míos, jadeo con dificultad cuando siento que me besa el cuello y repentinamente, no estoy muy segura de si tiene hambre de los sándwiches o de… de algo más.

—Vegeta, suéltame. Estamos en un parque público por el amor de dios. Alguien puede vernos. —susurro frenéticamente, aunque no estoy del todo segura si quiero que me suelte. Se percibe agradable por una vez, me gusta cómo me está tratando.

—Deja de ser tan tímida. Igual, sabes que eso tiene el efecto contrario en mí. -

Bueno, eso es cierto. No obstante, aun cuando la oferta dada parece tentadora. No soy tan tonta como para intentarlo y probar mi suerte. Con mi abismal mala suerte, podríamos terminar siendo sorprendidos por la policía municipal o que algunas parejas de ancianos den con nosotros y mueran de un ataque al corazón por la conmoción. Además, siempre hay la posibilidad de que sea nuestro hijo quien nos encuentre y esa es una razón más que suficiente para detener la locura que Vegeta quiere seguir.

Alejándome firmemente de él, me doy la y vuelta y le sonrío.

—¿No puedes esperar? Sabes Vegeta, a los que tienen paciencia le pasan cosas buenas. -

Puedo notar que está decepcionado, pero en lugar de intentar atosigarme para que me rinda como haría normalmente, solo se encoge de hombros y retrocede unos centímetros. Intrigada una vez más por su actitud, lo miro unos segundos antes de que note mi escrutinio.

—¿Qué? ¿Me ha salido una cabeza extra, mujer? Si no, ¿podrías explicarme amablemente que es tan fascinante en mí que estás viéndome así? No me gusta que la gente me mire. -

Masajeo mis brazos, intento expresar mis pensamientos sin decirle algo que inevitablemente lo insultará. No obstante, con Vegeta, siempre hay un riesgo inherente de que de alguna manera lo vayas a ofender, aún si no es intencional. Decido echar a un lado la prudencia y le digo lo que parece estar fuera de lugar.

—Sólo me estoy preguntando si te tomaste una píldora de la felicidad o algo. Estás, mmm… inusualmente amable y agradable hoy. -

Y por supuesto, justo como lo predije, me mira de una manera que claramente comunica su disgusto con mi franca evaluación.

—Huh, bueno, si vas a actuar como si fuese algo malo ser encantador para variar, entonces renuncio. Pero considerando que tú fuiste quien me dijo que no era saludable estar molesto por todo en esta pila de estiércol, no entiendo por qué piensas que es tan extraño que encuentre placer en tu compañía. Después de todo somos pareja. -

¿Eso le dije? Por alguna razón, mi mente extrañamente parece no recordar haber tenido una conversación sobre algo como sus problemas de ira. De hecho, lo único que puedo pensar es que debí haber estado borracha cuando lo hice. Y Vegeta debió haberlo estado también, porque esa es la única explicación que se me puede ocurrir para que haya hecho caso.

Arqueando ligeramente las cejas, suelto un suspiro y una disculpa. El señor sabe que desde luego me gusta mucho más este Vegeta que la usual versión fría y de mal humor.

—Lo siento Vegeta. Aún no debo estar despierta de esa agradable siesta. -

Veo en asombro como asiente con la cabeza en señal de aceptación. Dejo pasar la rareza de la situación, le hago otra pregunta que se me ocurre.

—¿Dónde está Trunks?

—Jugando con Toma en esa cosa estúpida que ustedes los humanos llaman parque infantil. — con eso dicho. Veo como sacude la cabeza en dirección al área de juegos del parque y suelto un suspiro de alivio cuando veo el delatador cabello lavanda de mi hijo. Ahí es cuando algo más de lo que Vegeta dijo aparece en mi mente.

—¿Quién es Toma?

—Dios, Bulma, ¿Dejaste el cerebro en la Corporación Cápsula?

Sintiéndome incómoda por su reacción y el hecho de que actualmente me está mirando como si me hubiesen salido dos cabezas, me ruborizo ligeramente y entonces intento cubrir mi error.

—Oh, lo siento. Simplemente no entendí lo que estabas diciendo. —con eso, me separo de él y me dirijo hacia la manta de picnic que está bajo el mismo árbol donde estaba durmiendo. Me siento sobre la tela a cuadros blanca y roja, comienzo a sacar el pan y la carne que estaba dentro de la cesta y empiezo el proceso de preparar la gran cantidad de comida que mi hijo y mi esposo van a terminar comiéndose. Vegeta; sin embargo, no está tranquilo con mi respuesta o mi gesto al prepararle algo de comer.

Me siento intranquila, observo como se sienta a mi lado en la sábana. Sin advertencia, toma una de mis manos y me mira a los ojos. Repentinamente tengo clavada una sensación de que va a intentar entrar a mi cabeza, pero antes de que lo haga, me suelta y entonces se encorva a mi lado.

—No entiendo por qué hiciste esa pregunta tan ridícula. Pero te ves muy sana. Quizá no me oíste bien… —deja que su frase se vaya apagando mientras mira al vacío, armando las piezas en su cabeza mientras espera por una respuesta esquiva.

Sin embargo, pronto su proceso de pensamiento solitario comienza, como si algo chocara con su mente. Trago nerviosamente, me tenso mientras espero por la explosión que sé va a suceder. Pero entonces, pasa algo que de verdad me impacta.

Me doy la vuelta, veo al culpable que no es otro que nuestro hijo, Trunks. Vegeta también lo ve y le hace un ademán para que se acerque. Recogiendo la pelota que mi hijo acaba de lanzar, mi esposo la sostiene frente a su cara.

—¿Ves esto, niño?

Observo como Trunks asiente nerviosamente con la cabeza.

—Esto es lo que pasa cuando algo tuyo se desvía a mi territorio. -

Dicho eso, veo como Vegeta quedamente usa su ki para convertir la pelota en una pila de cenizas. Sintiéndome mal por Trunks, estoy sorprendida cuando él simplemente acepta el castigo de su padre sin tener un ataque. Incluso estoy sorprendida cuando Vegeta se sacude las manos en sus pantalones y entonces pone su atención en mí otra vez. Por más que lo intento, no puedo descifrar por qué no se están ahorcando. Vegeta porque el niño tocó su cuerpo a propósito con un objeto inanimado, y Trunks porque su padre acaba de destruir uno de sus juguetes. Los observo a ambos en shock cuando mi esposo habla de nuevo, dirigiéndose a nuestro hijo.

—También puedes decirle a tu hermano que salga del árbol del que se esconde. Tu madre está preparando la merienda y estoy seguro de que ambos tienen suficiente juicio como para no hacerla molestar. -

Dicho eso, veo como mi pequeño asiente y luego corre deprisa en dirección al árbol que Vegeta acaba de mencionar. Aprieto los labios ligeramente, vuelvo a la tarea de preparar los sándwiches, totalmente confundida por algunas cosas. Vegeta siendo agradable. Vegeta sin perder los estribos y sobre todo, por qué Trunks parece tener más de cuatro años.

Me meto de lleno en la preparación de los sándwiches, dejo que mi confusión desaparezca al fondo de mi mente. Definitivamente hay algo fuera de lugar en toda esta situación es como si el tiempo se hubiese adelantado por alguna razón, hay un gran hueco en mi memoria. No lo entiendo y repentinamente me siento asustada. Veo mis manos ocupadas, intento apaciguar mi nerviosismo, no sea que Vegeta lo capte. Pero ya es demasiado tarde para eso cuando siento sus manos tibias tomar las agitadas mías.

Inclinándose, me habla suavemente al oído.

—¿Qué pasa, Bulma?

Por alguna razón, siento que puedo confiar en él. En el gran y malvado Vegeta, el mismo que casi destruye nuestro planeta la primera vez que vino y luego una segunda vez cuando dejó que su arrogancia y orgullo nublaran su sentido común cuando peleó contra Cell. No obstante, él ya no es así y eso se hace más aparente con el tiempo. Trago, le digo la verdad.

—Siento como si algo estuviese mal en mi cabeza, Vegeta. Yo… no puedo recordar haber hablado contigo alguna vez sobre aprender a controlar la ira y la última vez que recuerdo ver a Trunks, él era más pequeño que ahora. ¿Qué significa eso, Vegeta? Tengo… tengo miedo. -

Ahora, él luce extremadamente preocupado, pero en lugar de vociferar sus pensamientos, masajea mi espalda suavemente mientras esperamos a que vuelva Trunks.

En pocos minutos, nuestro hijo reaparece repentinamente, seguido por un niño más pequeño con el cabello oscuro y alborotado y ojos azules profundos. Es asombroso lo mucho que se parece a Vegeta y allí es cuando me doy cuenta. Este es Toma, nuestro otro hijo.

Me separo de mi esposo y veo como el pequeño me mira con tristeza y después se sienta sobre la sábana al lado de su padre. Pronto Trunks lo sigue y Vegeta comienza a pasarles la comida silenciosamente a sus dos hijos y a mí, dado que me siento incapaz por el momento.

Comemos en silencio, excepto por el hecho de que los niños de vez en cuando se gastan bromas o hacen caras, mostrando la comida que tienen en la boca para el disgusto de su padre. Pero todo lo que Vegeta hace es corregir sus horribles modales en la mesa es decirles que nunca serán dignos para actuar como príncipes Saiyajin, lo que solo asegura algunas risillas en retorno. No obstante, no puedo evitar sentirme como si toda esta situación no es más que una farsa. Hay algo terriblemente mal y siento que soy la única que parece notar el hecho de que algo está incorrecto.

—¿Mami, qué pasa?

Traída de vuelta a la realidad, me encuentro mirando las piscinas sin fondo azul celeste que componen los ojos de mi hijo. Ojos que parecen saber más que lo que un niñito normal debería. Ojos que nunca tuvieron la oportunidad real de vivir. Ojos que…

Me levanto rápidamente, intento retroceder. Tumbando la cesta de mi picnic que está en mi camino. Golpeo la mano de Vegeta cuando intenta dominar mi aparentemente comportamiento psicótico.

—¡Mujer, basta! ¡Estás lastimándote y asustando a los mocosos!

Apenas puedo oírlo gritarme, todo lo que puedo hacer es mirar al pequeño que está sentado tristemente en el medio del desastre que era nuestro picnic. Miro fijamente en desesperación lo hermoso que pudo haber sido.

—Tú…estás muerto. -

Observo como él asiente con la cabeza lentamente.

—Sí, mami. Estoy muerto. -


Me despierto temblando, mis manos agarran mi vientre mientras mi mente finalmente se fija en la realidad que he estado intentando negar.

Grito en agonía, miro hacia abajo y me veo vestida con una bata de hospital en una cama extraña y sintiendo la horrible sensación de saber… de saber la terrible verdad.

Mi bebé está muerto. Mi bebé… está muerto.

Nota de Vegamarie: Este el final del capítulo 4. ¿Qué va a pasar ahora? ¿Vegeta va a regresar para averiguar lo que le pasó a Bulma? ¿Y cómo va a reaccionar Bulma con la pérdida de su hijo? Para descubrirlo, sigan en sintonía para el próximo capítulo. Incluso, háganme saber si esta historia tiene sentido. Estoy descubriendo que es muy difícil escribir en primera persona, pero esta es una buena experiencia de aprendizaje, ¡así que voy a trabajar sin descanso en ella!