Closer


Closer 30: Nuevo Despertar

Despertar tenía un concepto completamente diferente si era de esta manera.

Me acurruqué más contra el calor de su cuerpo, tentando, tal vez, un poco mi suerte. Anoche había quedado lo suficientemente agotada tanto física como mentalmente, desecha pero feliz y satisfecha. Podía haber hecho conmigo lo que quisiese y he aquí una de las razones por las que me entregaba a él con total devoción y confianza, estaba sobre una cama, cubierta por sabanas y relajada, mis manos y pies libres. Él lo había hecho por mí y yo estaba feliz por ello.

Él estaba en mi espalda y una de sus manos reposaba pesada y cálida contra mi abdomen. Abrí mis ojos con cuidado, como si temiese que él me viera viéndole. Pero él estaba completamente perdido en el mundo de los sueños, su cabeza reposaba sobre una almohada negra. Fruncí el ceño pero aun no desvié mi atención, su rostro era pacifico, relajado, alucinantemente perfecto. Su respiración relajada calentaba mi mano que se había alzado acariciando, sin roce, invisiblemente su rostro. Solo movía mi mano como si estuviese acariciándolo, dejando por más tiempo del necesario allí donde sentía su respiración.

Doble mis dedos dejando solo uno alzado, y baje de la misma forma, unos milímetros alejados de su piel, descendiendo por sobre su cuello y pecho, hasta estar repasando sobre las líneas de sus abdominales. Me entretuve allí, haciendo hincapié donde veía aparecer algún lunar. Las sabanas estaban cubriendo toda su parte inferior, y agradecí en ese momento que fuese de esa manera.

Un carraspeo y un cambio en su respiración me hizo saber que él había despertado. Inmediatamente sentí el calor ascender a mi rostro.

- Buenos días - su voz retumba en el pacifico silencio que nos ha dejado la noche, levanto lentamente mi rostro hacia él. Sus ojos son dos pozos azules calmados, como el mar en las mañanas soleadas, tranquilo, pacífico y acogedor.

- Buenos días, Señor - respondo, con el impulso de acurrucarme en su brazo, pero me resisto en mi lugar.

- ¿Cómo estás? - levanto y vuelvo a agachar la cabeza.

- Muy bien - digo - ¿y usted? - juego con mis dedos e intento cubrirme con la sabana, él destraba esta de mis dedos con los suyos, anulando mis intentos por cubrirme pero sin decir nada. La baja hasta dejarla solo sobre mi vientre, observo como mi respiración empieza a acelerarse, esto gracias al movimiento rápido de mi pecho. Su dedo índice se alza y toca la punta de mi pezón, no sabía cuan sensible podía estar, pero él toque aunque premeditado genero un salto en mí, siseé al comprobar lo sensible que me encontraba. Aunque anoche no había sido rudo, la intensidad de todo había multiplicado las sensaciones y las consecuencias al doble.

Repite la acción en mi otro pezón, dando pequeños toques con su dedo índice. Tengo que cerrar mis ojos para absorber la mezcla de dolor y gusto que me genera aquello.

Entonces él toma una acción rápida y se mueve para sujetarme con sus dos grandes y fuertes manos en mis caderas y me saca por completo de la sabana. Mi cabello revolotea alrededor de mi rostro y él sin mucho esfuerzo me coloca sobre su regazo. Trago grueso al sentirlo tan vivo debajo de mí.

- Tiene sus ventajas esto - dice, no entiendo por un momento lo que dice, entonces lo veo observándome a mí y a su alrededor. En ese momento me fijo en nuestro entorno, en todo lo que nos rodea, él sujeta mis manos pero aquel contacto es en este momento algo terciario o... digamos secundario porque él nunca podía delegarse tanto.

La habitación es amplia, de paredes blancas y altas. Inmediatamente sé que nunca he estado aquí. Unas líneas grises adornan en lo alto las paredes, la decoración y los muebles son completamente masculinos, aunque un espejo de cuerpo completo esta incrustado en una pared. Hay un armario a la derecha, se le nota amplio y hacia la izquierda un pasillo que deduzco lleva al baño. La cama tiene barrotes de hierro en sus esquinas y sus sabanas son blancas con bordes negros que se mezclan con las almohadas, también de este último color. Hacia la derecha, un amplio ventanal muestra los arboles de gran tamaño que crecen en el jardín trasero de la casa, lo miro a él y de nuevo vuelvo hacia las cortinas que se elevan por el viento frio que entra por estas. Vuelvo a mirar hacia su persona y mi mente en el proceso estructura posibilidades sobre donde me encuentro.

Él tiene una mirada seria en su rostro, aunque no enojada, es solo su actitud pacífica mientras sostiene mis manos juntas sin permitirme moverme de donde me encuentro.

Todo huele como él, eso ya lo había notado pero creía que solo se debía a su presencia justo aquí, pero la decoración tan masculina hace que la respuesta me golpee en la frente con obviedad. Es su habitación, lo miro de nuevo, intentando comprender la complejidad de su mente, pero él está elevando sus labios en una sonrisa torcida que hace detener mi corazón para reanudar su marcha con un paso desenfrenado, él parece adivinar lo que han sido mis pensamientos en el último par de minutos.

No decimos nada en ese extraño minuto que prosigue a mi descubrimiento, solo estoy intentando comprender todo lo que no está a mi alcance e inevitablemente se me está escapando, pero, ¿debería hacer un esfuerzo? tal vez solo debería dejarlo ser, es lo último que pienso.

Muevo mis manos que se encuentran aprisionadas por las suyas y él tira de mi hacia sí, mi cuerpo se inclina y quedo a milímetros, creo que me va a besar o tal vez me va a morder. Eso me recuerda a la sensación de mis labios entre sus dientes y mi cuerpo se contrae. Él sonríe, grandioso. Y me aleja.

.- Ponte de pie - demanda, mi mente ha tenido un pequeño colapso y tardo un poco más de lo normal en procesar sus palabras, cuando pellizca mi muslo doy un brinco y hago lo que me ha pedido, elevándome desnuda ante su vista. No hay sonrojos esta vez, empiezo a adaptarme nuevamente a estar desnuda en su presencia.

Pero a lo que no me acostumbro aun es a tenerlo a él de la misma manera en frente de mí, por eso cuando el mueve las sabanas de encima suyo y observo su cuerpo, desnudo y despierto, mis mejillas se encienden, y como quien solo tiene en mente complacer a su Señor, siento el impulso de arrodillarme entre sus piernas y darle a su cuerpo lo que necesita.

Él sabe que me he quedado prendada de su erección pero ¿sabrá él que lo único que deseo es aliviarlo? ¿que cuando pienso en el placer que deseo darle a mi cuerpo es solo él de ver la satisfacción en su rostro? No sé si lo sabe y no pretendo que lo sepa pero si quiero demostrárselo. Antes de que procese bien mis acciones caigo de rodillas sobre las baldosas del suelo. No hay palabras para describir lo que siento en este momento, en su presencia, su actitud y su sola persona, soy yo y mis ansias por ser buena para él. Me acerco de rodillas hasta estar entre sus piernas. No lo miro y no es necesario porque siento como quema su mirada sobre mí y mientras no me detiene avanzo hasta él.

Inclino mi rostro hacia delante, solo quiero sentir esa parte de su piel, dura y tersa contra mi mejilla, alzo mis manos hasta situarla sobre sus piernas, sus músculos están duros y tensos, subo y bajo mis manos en un intento porque se relajé, es todo lo que deseo. Siento mi propio cuerpo reaccionar al contacto íntimo, pero lo ignoro, de la misma manera que estoy ignorando el tiempo y el resto de deberes, justo ahora, mi único deber esta en frente y deseo ocuparme de ello por completo.

Aquella dureza contra mi mejilla se siente como seducir y acariciar lo prohibido, sigo ascendiendo, escuchando a lo lejos como su respiración se entrecorta. Puedo imaginar sus ojos entornados, la vena en su frente marcada y las aletas de su nariz dilatadas. Puedo imaginarlo todo y a la vez es una imagen vaga en la parte posterior de mi mente. Inhalo contra su piel y asciendo mis manos un poco más, solo un poco más cerca. El irradia calor, calor que ha inundado mi cuerpo y me siento arder.

Apenas saco mi lengua y me inclino un poco agachando mi cabeza, alzo un poco los ojos para ver su reacción a través de mis pestañas justo en el momento que hago contacto con él. Su mirada está completamente en mí y su boca se abre en una mueca que expresa crueldad. Observo sus dedos que parecen garras sosteniendo la sabana a cada uno de sus lados, y es toda la reacción que necesito para llevarlo dentro de mi boca.

Me abstraigo tanto en lo que estoy haciendo que tardo un tiempo en notar que sus manos ahora están en mi cabello y es allí donde se tensan y relajan sucesivamente. Me empuja un poco hacia abajo, un poco hacia él y el impulso me hace llevarlo por completo adentro. Respiro profundamente y libero todo para tomar una bocanada de aire necesaria. Un gruñido brota de lo profundo de su pecho y vuelvo a mi tarea aplicándole mayor intensidad. Cuanto más rápido lo hago más siento como se tensa en mi boca, está cerca y yo empiezo a sonreír para mí misma. Acerco mis manos más hacia el punto donde tengo mi boca y tomo con una de estas sus testículos mientras con la otra simplemente asciendo y desciendo en su pierna, pero me canso de ello y la subo hasta tocar su abdomen y palpar la tensión que allí hay.

Cierro los ojos mientras me concentro en gemir con él en mi boca. La forma en que se siente para mi es alucinante, entonces mi mano que esta sobre su abdomen es tomada por la suya y siento como entrelaza sus dedos con los míos, en ese momento succiono con tanta fuerza por la forma que me hace sentir que él acaba; tirando de mi cabello fuertemente y gimiendo de forma gutural. Su mano aprieta la mía y con la otra acaricia mi cabello suavemente mientras limpio los rastros de su orgasmo, para cuando termino levanto mi rostro orgullosa de lo que he hecho, entonces él me ve con esa mirada que he esperado, risueño y satisfecho, mi pecho se infla y se calienta. Me alza haciéndome poner de pie para inclinar mi rostro y besarme, lento... pausado hasta separarme de él y girarme rápidamente, en ese momento golpea mi nalga con algo de fuerza y doy un grito seguido de una risa nerviosa.

- Eso es por tu increíble atrevimiento - alaba y me encuentro sonriendo ampliamente - Ahora ve a ducharte pequeña, el baño esta hacia allá - señala por donde he pensado antes que está ubicado el baño. Asiento y me dirijo hacia allí.

Al entrar en su amplio baño demoro un par de minutos mirando y palpando todo lo que allí se encuentra, este espacio es tan íntimo y suyo que me siento aún más cercana a su persona. Pequeños detalles como su cepillo de dientes en un vaso de vidrio a un lado del lavabo, el hilo dental que cuelga a un lado de este. Una repisa que contiene productos como crema de afeitar, algunos medicamentos, perfume, jabón, especies, champo. Delineo todo con mis dedos. La superficie del lavabo incrustado en un mesón de granito, voy girando por la pared para encontrarme la ducha. Pienso que ya estoy demorando demasiado así que tomo una toalla de una pequeña repisa y la coloco cerca de mí para meterme a la ducha, abrir los grifos y dejar que estos refrescaran mi cuerpo para un nuevo día.

Cuando ya estaba por salir me gire para lavar mi espalda, entre la cortina de vapor que generaba el agua tibia empañando la puerta de vidrio de la ducha, divise su silueta frente al lavabo. Sabía que él no empleaba ningún esfuerzo para notarse de la manera en que lo hacía, tal vez él ni siquiera lucia así para todas las personas y era solo yo quien lo veía de esa manera, eran cosas que no sabía con exactitud, pero solo podía saber que para mí era de esa manera. Uno de sus brazos se apoyaba en el mesón de granito mientras que con la otra sostenía el cepillo que lavaba sus dientes

Me paralicé viéndolo en una actividad tan cotidiana de su día a día, de la vida de cualquier persona, pero que para mí verlo en él me resultaba algo nuevo y maravilloso. Es como de repente saber todo y ver de primera mano todo respecto a la vida de tu ídolo, tal vez no es lo mismo, tal vez la comparación es muy basta para lo que de verdad siento pero es solo una manera sencilla de describirlo. Su presencia me hace sentir extraña y a la vez me reconfortaba.

- ¿Has terminado? - me sobresalto cuando lo escucho antes de girarse hacia mí. Sé que él solo ve mi silueta pero pareciera que sus ojos logran traspasarlo todo, porque llega a mí con la misma intensidad. Termino rápidamente y cierro los grifos. Cuando abro la puerta corrediza él está parado demasiado cerca, demasiado enfrente de mí y parece que mi baño de hace segundos, cuyos restos aún están sobre mi cuerpo pues estoy completamente empapada, no han servido de nada, el calor de su presencia hace hervir mi piel y parece que todo se ha perdido. Él se acerca tanto que no hay distancia entre nosotros más que la generada por el borde de la ducha. Es ahí cuando toma mis antebrazos que están doblados como un intento de proteger mi desnudez ante su asalto repentino.

Pero el tira de mi hasta pegar mi cuerpo húmedo al suyo, sin importarle ese no tan pequeño detalle. El contacto con su piel hace que el calor se acreciente y me encuentro deseándolo una vez más. Maldigo internamente por sentirme tan débil ante él. Sube sus manos por mis brazos y luego hace un descenso y ascenso por mi torso. Tengo que abrir la boca para tomar más aire, necesito más, nunca parece ser suficiente. Pienso en todas las posibilidades de lo que pueda hacerme en este espacio y justo ahora, pienso demasiado rápido para su mente, demasiado en lo que deseo para lo que él desea para mí. Y antes de que simplemente mi imaginación sea demasiado efectiva él está pasando a mi lado hacia la ducha.

Trato de calmarme con los ojos cerrados, estiro la mano y tomo la toalla apretándola contra mi pecho, en ese momento me giro para verlo de pie, fresco y seguro viéndome, con la picardía brillando en su mirada. Jugando en mi contra me resigno y salgo de ahí buscando un poco de espacio, voy a terminar el día demasiado sofocada a su causa.

Al salir de nuevo a la habitación y tras escuchar los grifos abiertos, hago a un lado la imagen de él siendo mojado por cientos y cientos de gotas de agua. Y entonces toda la felicidad de la forma en que ha ido la noche y esta mañana empieza a embargarme, haciéndome sonreír casi al punto de dolor y casi... casi, haciéndome dar saltos y bailar por toda la estancia.

Veo mi ropa acomodada perfectamente sobre una silla, camino hacia allí para tomarla. Observo mis bragas y no hay caso que me las coloque, seria... mejor ni pensarlo. Así que solo seco mi cuerpo con minucioso cuidado y me coloco el vestido observando que quede bien sobre mi cuerpo... desnudo.

Arreglo mi cabello con mis dedos pues a la vista no parece haber ningún peine. Esta húmedo así que puede secarse solo. Pienso entonces en las cosas que debo hacer, como ir a mi apartamento para ponerme ropa nueva, ver a Thomas que de por sí ya está demasiado abandonado e ir al hospital.

Cuando estaba acomodando el vestido en la parte inferior, jalándolo para que no hubiese accidentes y se notara que no llevaba bragas, él apareció a través del pasillo. Lo observe a través del espejo, una toalla anudada a su cintura y el resto de su cuerpo desnudo y húmedo. Trate de concentrarme más en mí y no en ver como sacaba un bóxer de su closet y tiraba la toalla sobre la cama en un movimiento despreocupado; pero fracase en ello, no paraba de viajar por su cuerpo mientras alzaba una pierna y luego otra hasta cubrir aquella parte de si con ese trozo de tela.

Luego saca un traje y lo coloca sobre la cama, ya no me estoy moviendo solo viendo, siendo solo consciente de sus movimientos, sus acciones, mis manos pican por ser yo quien haga el trabajo que él está llevando a cabo. Se sienta sobre el borde de la cama mientras toma el pantalón y va metiendo cada una de sus piernas, para luego ponerse de pie y terminar de subirlo hasta sus caderas, en ese instante me volteo y lo observo de frente.

No sabría decir si él ha notado mi mirada, pero puedo casi jurar que está sonriendo con un lado de su boca, me quedo allí de pie solo mirándole, no solo porque es lo que quiero sino también porque espero alguna orden suya, aun ni siquiera he reparado en mi celular o la hora, me he olvidado de todo para solo concentrarme en él.

Entonces él se gira hacia mí, y levanta la camisa con sus dedos.

- Ven aquí - ordena, me siento justo ahora como una niña pequeña a la cual han ofrecido su dulce favorito, casi corriendo para tomarlo. Cuando llego frente a el tomo en mis manos la camisa que me está ofreciendo, es blanca y posee suaves líneas color azul. Muevo la camisa de tal manera que mete uno de sus brazos y luego voy hacia el otro para repetir la misma acción, entonces me quedo en la parte de atrás de su cuerpo y casi abrazándolo por la espalda cubro su camisa hacia adelante. Deseo hundir mi nariz en su espalda al ser inundada por su olor fresco, pero me controlo y voy frente a él; tragando grueso por tocarlo de forma tan íntima, aunque otras veces ha sido más allá, esto se siente de una forma más cercana. Voy ajustando los botones de su camisa y acaricio su piel en el proceso, siento como me voy afectando una vez más por él ¿podrá en algún momento ser distinto?

Cuando lo miro a él, permanece estoico viéndome, en ningún momento parece parpadear y tampoco aparta sus ojos. Solo está ahí quemándome viva. Termino con eso y meto su camisa entre su pantalón, respiro hondo y subo el cierre y ajusto el botón. Creo que ya está. Entonces él señala la corbata, es también azul y la tela posee pequeñas formas en relieve, paso la tela a través de su cuello y la dejo allí frunciendo el ceño.

- ¿Qué ocurre? - levanta con sus dedos mi mentón para que lo vea. Me siento avergonzada por decirle lo siguiente.

- No... no se hacer un nudo de corbata - le digo, creo que es obvio, nunca he hecho uno y tal vez sea algo simple pero yo... solo no se hacerlo y no me gustaría cometer un error para él. Espero que se burle de mi tal vez, o que se enoje por no saber hacerlo, pero ocurre una reacción contraria, adversa a mis pensamientos, él sonríe hacia mí no con burla sino con... una calidez que no se definir.

- Te enseñare - dice - observa, solo es pasar esta parte por acá - miro atentamente el movimiento de sus manos - y luego esto - sigue - y finalizas pasando el trozo ancho por esta abertura y... ya está - alisa la tela y ajusta el nudo en su cuello. Perfecto. Sonrió. - ¿Bien? - me mira.

- Creo que lo he captado - le digo.

- Ya practicaremos luego - Y con esas tres palabras logra hinchar mi corazón con más que esperanzas.

Esperé a un lado de él mientras este deambulaba por la habitación y ajustaba los puños de su camisa, vi a través del rabillo de mis ojos, pues había agachado la cabeza sin darme cuenta, como se detenía en seco frente a la silla donde había estado mi ropa y recordé el pequeño detalle que allí había dejado.

- Isabella ven acá - su voz suena un poco más dura y también más elevada a pesar de que estamos en la misma habitación y sin ninguna interrupción sonora.

Voy hacia él y me detengo a su lado, esta vez sí sé que no me ira tan bien. Su silencio me hace levantar para verle, él sostiene el pequeño trozo de tela entre sus manos. No sé qué decirle más de lo que ya sabe, así que solo menciono algo que ya he pensado con anterioridad.

- No hay problema porque tengo mi auto - le digo - solo iré al apartamento para cambiarme - le explico, pero su expresión dura no cambia en ningún momento. Él tiene esa extraña forma de reaccionar, esa extraña, excitante y angustiante forma de estar como estatua en un segundo y al siguiente acorralarte y lanzarte a una vorágine de emociones. Justo como ahora, solo un segundo y estaba sosteniéndome fuertemente con sus ojos abiertos de una forma que podría generarte escalofríos.

Me lanza bruscamente sobre su cama y lo veo caminar de un lado a otro como desesperado. No entiendo su reacción, la manera de comportarse. Parece fuera de sí y al tiempo pensativo, pero de una forma extrema que en un cierto punto logra atemorizarme, Veo como tira las bragas hacia un lado de la habitación, sin detenerse a pensar en donde han caído y se vuelve hacia mí. Mi cuerpo se está acostumbrando a este tipo de respiración, una forma rápida y errada de absorber aire y llenar mis pulmones.

Su crudeza solo logra avivar el deseo en mi cuerpo, abre mis piernas de forma brusca, colocando una rodilla sobre la cama para estar más cerca de mí.

- No pensaba hacer nada de esto - dice, su voz suena demasiado ronca, demasiado molesto - pero me has empujado - declara.

Su mano no se detiene en caricias previas, viaja directamente a mi entrepierna y palpa mi piel sensible de allí. Cierro los ojos al sentir el contacto de sus dedos.

- Mantén los ojos abiertos - demanda, los abro y muerdo mi labio para evitar gritar, pero el mueve la mano libre, la que no está moviéndose contra mi sexo y destraba mi labio mientras niega por la cabeza. - Si no quisiera escucharte tendrías esa linda boca tuya cubierta.

Lucho contra el deseo de cerrar mis ojos para canalizar las sensaciones pero solo puedo perderme en él y la singular forma en que sus gestos se enduren al mirar hacia mí. Sus dedos se mueven con furia sobre mí, he dicho que no entiendo su reacción pero la acepto de cualquier manera.

- Vas a llegar a tu apartamento - empieza a hablar de nuevo mientras baja un poco al frenesí de sus dedos, dejando solo uno moviéndose arriba y abajo, demasiado superficial contra mí. Inclina su rostro hasta acercarlo al mío, respiro acelerada. - Vas a cambiarte con lo que desees - sigue - y no vas a llevar bragas - ordenó y tragué - No vas a tocarte - siguió hablando - y mucho menos vas a bañarte, vas a permanecer de esa manera por el resto del día hasta que te vuelva a ver y decida que voy a hacer contigo. - gemí, cuando presiono fuerte. Dejo un suave beso contra mis labios y retiro su mano de mi entrepierna. - No podía simplemente ir y lavar mi mano, perdería demasiado ¿no crees? - no digo nada, estoy intentando calmarme aun, pero él no colabora para nada conmigo y sube la mano hacia mi rostro, sus dedos brillantes se dirigen a mi boca que abro de inmediato. La mano que ha permanecido libre alza mi cabeza y me ayudo con mis brazos aunque desconozco sus intenciones.

Termina por acercar sus dedos justo con su boca al mismo tiempo hasta mí, los introduce y se las arregla para inmiscuir su lengua al mismo tiempo. Mi mente se marea, creo que voy a colapsar. Sus dedos dejan de participar y lo siguiente es solo su lengua moviéndose en mi contra, no sé lo que él está haciendo conmigo, está comprándome o dejándome completamente deseosa de mas, moriría por quedarme así con él por lo que resta de día- Moriría simplemente por seguir sintiendo lo que he sentido desde que desperté por la mañana a su lado. Me siento llena de formas que desconocía, que jamás pensé sentir y por eso cuando el deja de besarme, le sonrió de una forma que creo que nunca he hecho. Él se pone de pie y me ayuda, tira de mi vestido hasta que parece estar lo suficientemente estable y acomodado, enreda sus dedos en mi mano para finalmente tirar de mí y salir de su habitación.

Bajamos de la misma manera, recogiendo en el camino mi bolso que quedo en el salón. Al llegar al piso de abajo y entrar a la cocina, Carmen está allí y se gira hacia nosotros con una sonrisa esplendida en su rostro.

- Buenos días Señor, Señorita - dice, él continua tirando de mí y nos ubica en las bancas del mesón, me siento a su lado, teniendo su pierna en contacto con la mía. Le doy una mirada aprensiva a Carmen, sé que ella jamás me diría nada, sugeriría o comentaría para intentar saber sobre mi relación con mi Señor, pero de la manera en que ella nos envía miradas, siento que le agrada que esté de acuerdo, espero no equivocarme en lo que estoy sintiendo, pero tal parece ser así.

Ella sirve un plato con frutas para cada uno de nosotros, debo decir que extrañaba los desayunos saludables que tenía aquí. Ya me estaba acostumbrando de nuevo a solo un café, o... solo un café, nunca comía nada más.

- Gracias Carmen - digo cuando ella pone el café, el jugo y las frutas frente a mí, ella asiente con una pequeña sonrisa en su rostro y se retira.

- Ella parece feliz - murmura mi Señor, apenas lo veo porque he empezado a comer. Solo asiento - le gustas - dice - lo supe desde el día que ordene llevar tus cosas - procuro que mi mente no viaje a aquellos días.

- También me agrada - le respondo tomando un sorbo de café, extrañaba este sabor.

No dice ni digo nada más, solo nos concentramos en terminar nuestra fruta tranquilamente. Para cuando acabamos deseo por primera vez reparar en la hora, preocupada porque creo llegare tarde al hospital y sintiéndome irresponsable por Thomas.. Cuando termino retiro mi plato y el suyo que ya está vacío y los llevo directo al fregadero para jugarlos.

- Puedes dejar eso así - dice, giro sobre mi hombro para indicarle que está bien, lo hare. Y termino rápidamente secando mis manos con uno de los trapos limpios de cocina que reposan en una repisa.

- Listo - le digo alzando mis manos. Este asiente y se acerca para jalarme de nuevo a su lado, tirando de mi mano hacia afuera, espero que hacia el auto pero lo hace hacia el jardín - Camina conmigo - pide, acepto ¡como si pudiese negarme! y empiezo a caminar por su lado a través de un camino de piedras.

- Te mudaras hoy - dice, me detengo y él se gira.

- ¿Thomas? - pregunto.

- Puedes traerlo, creo que hay suficiente espacio - dice - y por lo que vi parece tener buenas costumbres - probablemente se estaría refiriendo a la caja donde este iba a deshacerse de sus desechos, cosa redundante, llamarlo su baño sería más correcto.

- De acuerdo - le digo.

- El cachorro ¿cómo lo has obtenido? - vuelve a preguntar una vez reanudamos la marcha, probablemente nunca espere que me hiciese esa pregunta pero sabía que en algún momento llegaríamos a temas incomodos.

- Alec me lo ha regalado hace un par de semanas - esta vez es él quien detiene la marcha y yo espero paciente hasta que vuelve a caminar unos segundos más tarde.

- ¿Con que frecuencia te ves con ese... Alec? ¿Ese es el chico que has conocido en el mismo lugar que me has conocido a mí? - Asiento pero me veo obligada a hablar porque él no me está mirando a mí, sus ojos permanecen al frente.

- El empezó a trabajar hace un mes en el hospital - empiezo a decir - y... bueno, yo era un punto conocido para él así que lo he estado guiando solo un poco los primeros días, luego él solo ha sido un amigo - explico.

- Un amigo interesado - murmura bajo pero alcanzo a escucharlo, sin embargo no digo nada - ¿Pasa mucho tiempo en tu apartamento? - cuestiona, esta vez sí se gira a mirarme, como si necesitara comprobar algo en mi rostro, dejo a mis ojos ajustarse a los suyos.

- No tanto, al principio - hago una mueca recordando aquellos días - lo hacía con frecuencia porque yo lo necesitaba - explique - luego, hace días, he dejado claras mis intenciones y le he dicho que debe alejarse un poco - le informo, ninguna emoción cruza su rostro - Él es solo un buen amigo, y a veces va a visitar a Thomas, eso es lo que ha hecho las últimas veces - asiente y no me dice nada. Solo se gira para seguir caminando.

- Te he visto - dice luego, frunzo el ceño sin entender a qué se está refiriendo - te he visto hace días, en el Roof - aclara, me tenso. - Estabas con alguien más, se te veía sonriente y relajada - vuelve a girarse, esta vez sus manos me sostienen.

- Yo... ese día - suspiro recordando haber visto su auto - era Riley, asistí con Alec, no quería ir en realidad pero, yo solo necesitaba distraerme un poco, Estando allí Riley se las arregló para estar sin Alec y empezamos a hablar, si me vio reír fue por alguna de las cosas que dijo. Aparte de... lo que fuese, Riley fue un muy buen amigo - le explico - me enseño muchas cosas. Él tiene el ceño fruncido, parece molesto y hasta pensativo.

Me acerca más a él, como si la cercanía no fuese suficiente, si sigue haciendo eso esta mañana. No sé qué será de mi cuando no esté cerca. Sus ojos parecen desenfocados por un momento, recordándome aquellos días de frenesí absoluto que había decidido mantener guardados en mi memoria.

- Justo ahora - sostiene mi rostro y desciende su mano presionando mi mejilla siguiendo hacia mi pecho, sostiene uno a través de la tela y me aprieta haciéndome cerrar los ojos - justo ahora... desearía haberte encontrado antes - dice - desearía haber sido yo quien te enseñara y no nadie más, ningunas manos más, absolutamente nadie más - declara y me besa rudamente. Mordiendo y jaloneando mis labios sin reparos. Es un beso posesivo y demandante que me deja atontada.

Lo siguiente que se es que estoy conduciendo hacia mi casa y tengo mi mente llena de un montón de cosas sobre las cuales pensar.

Llego a mi apartamento aun en estado de trance. Lo único que me mantiene un poco sobre mis pies es Thomas que ya está en mis brazos y lame mi rostro con insistencia. He tenido la mejor mañana de mi vida, eso es completamente seguro.

Él ha dicho tantas cosas que me son difíciles de interiorizar, la única manera en que consigo y creo que puedo desahogarlo es tomando el cuaderno que reposa a un lado del estéreo junto con una pluma y escribir en él.

Alice, deberías verme ahora, deberías poder venir y abrazarme, porque un abrazo de alguien que no sea él me diría justo ahora que no estoy soñando, sería algo real y diferente que me haría saber que todo esto es una realidad absoluta. ¡Le importo! ¡Oh por Dios! Le importo de una forma que nunca espere importarle, me mira de una forma especial, me toca de una manera diferente y se siente... abrumador y perfecto. Yo, me siento llena de deseos, deseos donde todo lo incluye a él, pero espero ir a su paso y seguir siendo buena para él, tanto como lo he hecho para que él quiera tenerme de la forma en que lo hace ahora. Ha sido la mejor mañana, la mejor noche, lo mejor todo. No solo lo siento cercano, sino... no sé si podría explicarte, si te digo que lo siento ¿Mío? No quiero llenar mi mente de preguntas pensando en las cosas que me ha dicho, solo... me concentro en lo especial que me hace sentir su manera abrumadoramente posesiva de hacerse conmigo. Quisiera de verdad que estuvieses aquí. Creo que no he escrito ni la quinta parte de lo que he deseado en un principio, pero es todo cuanto tengo en este momento. Lo siento.

Vuelvo a dejar el cuaderno en su lugar sintiéndome un poco más liberada, pero no lo necesario. Voy a mi cuarto y me cambio rápidamente, desechando las bragas al recordar su orden súbita de no llevar ninguna. Mis ojos y mi cuerpo parecen más vivos hoy, y aunque sé que eso es literalmente imposible, al observarme al espejo, realmente pareciese que hay algo diferente.

Me visto rápido, sin recoger nada, mudarme hoy no será fácil. Solo poder llevar un poco de ropa para tener que ponerme y así esperar al menos hasta el fin de semana. Lo que más llevare serán cosas de Thomas.

Lleno rápidamente el tazón de comida de Thomas y limpio su caja, me siento mal cuando le doy un último vistazo antes de irme pero no tengo de otra, al menos sé que en casa de mi Señor, no estará tan solo y tendrá mucho más espacio por explorar. Llego a mi auto y conduzco más rápido de lo que estoy habituada hacia el hospital. Me he olvidado por completo de mi celular y en el momento en que recuerdo, debo revisarlo, no puedo hacerlo y sigo postergándolo. De esa manera estaciono y subo al hospital. Veo personas corriendo de un lado para otro, pregunto pero nadie me dice nada pues cada quien parece enfrascado en su actividad. Busco la manera de subir a mi piso, lo hago por las escaleras pues los ascensores están atestados ¿qué ocurre?

Cuando llego está el mismo caos de las plantas inferiores, aun no consigo nadie que me diga y nada y empiezo a molestarme, entonces busco a Ángela, quien debe estar en su lugar. Camino rápidamente hacia mi consultorio y efectivamente allí esta ella, dentro y recogiendo cosas.

- ¿Qué ocurre? Buenos días - digo al entrar y verla guardando y recogiendo cosas.

- Se ha contaminado un ala del hospital con... no se aun bien de que se trata pero están mandando a evacuar - frunzo en ceño aún más.

- ¿Tanto así? ¿y los pacientes? - empiezo a angustiarme recordando a las personas internas que he estado atendiendo.

- Protocolo de emergencia Doctora, sus historiales y ellos están siendo trasladados de hospital, al menos hasta que se estabilice este loco caos que tiene a todo el mundo corriendo.

- ¡Isabella! - me giro rápido para ver los mechones alborotados del cabello de Alec - ¿Estas bien? debemos salir del hospital - dice, su voz parece ansiosa.

- Tranquilo Alec, acabo de llegar y Ángela me está informando, le ayudare a sacar las cosas que sean necesarias y luego me iré ¿hay que hacer algo más? ¿no se necesita ayuda en los pisos superiores? - pregunto y este niega.

- No, ya todo está listo, justo ahora están pasando por cada lugar de este piso para comprobar que no quede nadie - asiento, entonces me giro y empiezo a ayudar a Ángela en su tarea. Cuando tenemos unas tres cajas con cosas listas, vuelve a aparecer Alec para ayudarnos a bajar. Las cajas con historiales son llevados con un montón clasificado por áreas y la que queda debo llevármela conmigo al ser documentos de mi competencia.

Cuando estoy de nuevo en mi auto y alejada del caos, me recuesto a mi asiento al intentar comprender el frenesí que allí se ha dado. ¡Vaya! digo mirándome por el retrovisor.

- ¡Que mañana! - murmuro para mí misma.

Finalmente antes de arrancar de nuevo tomo el celular y observo los mensajes y llamadas sin responder. Las ignoro y marco su número.

Antes de que pueda hablar al escuchar que ha respondido su voz me pone alerta.

- ¡Isabella! ¿Estás bien? ¡Ya iba a llamarte! - mi corazón late rápido. Por supuesto, él lo sabía.

- Si... yo apenas he llegado y me he enterado. Ahora ya estoy saliendo del hospital - le digo.

- Bien - parece que su voz se ha calmado.

- Iré al apartamento a ordenar las cosas que llevare a su casa Señor, y... llamare a Rosalie para ver si puede traer a Chloe, le he prometido que la llevaría a mi apartamento y creo que ahora es una buena oportunidad - le comunico. Silencio y luego responde.

- Esta bien, llamare a Rosalie y le diré que lleve a Chloe - no es una sugerencia, solo sé que lo hará.

- Esta bien - asiento.

- Te veo luego pequeña, compórtate - me he acostumbrado a esa forma suya de despedirse, con una sonrisa cuelgo el teléfono y arranco el auto.

En el camino compro un café helado que voy sorbiendo poco a poco, me detengo en otra tienda, una veterinaria y adquiero un par de productor para Tomás. Luego simplemente hago mi camino de regreso al apartamento. Hasta ahora me he sentido bien llevando las cosas del modo en que lo estoy haciendo, aunque hay momentos como el de anoche, en que me siento sola y deseo compartir mis emociones con alguien, entonces pienso con cuan facilidad pueden juzgarme, imagino el reproche en la mirada de Alice si le cuento que me mudare de nuevo o el que dirá mi madre si comento algo respecto a él después que le he pedido en sus llamadas que no lo mencione en absoluto. Y me gusta esa manera de mantener todo en silencio pero ¿hasta cuándo puedo hacerlo? o tan siquiera ¿puedo seguir haciéndolo? hacerlo se siente como apartarlos a todos, y aunque por un lado es bueno, soy consciente que es una forma de actuar completamente equivocada. Así que cuando subo hacia el apartamento marco el número de Alice y la invito a almorzar aquí, ella parece sorprendida pero completamente gustosa con aquello.

Al entrar los ladridos inundan mis latidos y agarro a Tomás de sus orejas para molestarlo, este empieza a gruñir y ladrar con más potencia en mi dirección y solo puedo reírme de él. Así jugamos un rato más, hasta que me siento exhausta y le digo que debo ordenar mis cosas. Lo se ¡Hablar con un perro! pero él me entiende, lo sé porque se ha subido en un mueble a descansar cuando le he dicho que yo también necesito un respiro.

Me voy al cuarto y empiezo a acomodar una maleta, sabiendo que es la segunda vez que hago esto, pero en esta ocasión tengo la experiencia a mi favor. No hago dos enormes maletas como la vez anterior, solo lleno una con prendas de salir, de casa, ropa interior, zapatos y demás accesorios, solo lo necesario.

Saco la maleta a la sala de estar y busco otra pero de menor tamaño para guardar algunas cosas de Tomás. Sus adorables ojos azules están viéndome desde el mueble, su cola se mueve con deseos de jugar pero le digo que no es momento, él parece ignorarme esta vez, pero sigo repitiéndole que justo ahora no puedo jugar.

Unos minutos después la puerta suena. Tomás ladra a quien quiera que sea nuestro visitante mientras yo me muevo hacia allí para saber quién es.

- ¿Quién? - pregunto cuando estoy a un paso.

- ¡Soy yo! - la inconfundible pequeña voz de Chloe suena del otro lado de la puerta, abro de inmediato para ver a la pequeña niña en el umbral de mi puerta. Seguramente mi Señor les ha dado todas las indicaciones para llegar hasta allí. Ella me saluda con su pequeña mano, de una forma tímida poco propia de su persona. Más arriba se encuentra Rosalie, impresionante e imponente como de costumbre, pero con la mirada dulce, esa misma que posee su pequeña hija.

- Pasen - les digo señalando el interior. Detrás de mí, Tomás ladra haciéndole dar un brinco a Chloe.

- ¡Mira mami! - dice dando un chillido y señalando a Thomas, este la mira con recelo solo un poco mientras se acerca tímidamente para olisquearla, Rosalie parece tensa pero le hago una seña indicándole que no tiene nada de qué preocuparse.

- ¿Cómo estas Rosalie? - preguntó a la mujer que apenas hace ademan de entrar en mi apartamento, puedo notar que ella no me ha aceptado del todo, solo... ella solo está aquí por su hija.

- Bien, Isabella ¿y tú? - pregunta, paso detrás de ella para cerrar la puerta, atreviéndome la empujo para que se interne un poco más.

- Muy bien - le digo - ¿Quieres algo de tomar Chloe, Rose? - pregunto a ambas, mis manos están entretenidas la una con la otra, la actitud de Rosalie me cohíbe un poco. Chloe niega, aún demasiado pendiente de Thomas, Rose por su parte acepta café, ante eso corro a la cocina a preparar un poco para ella.

Cuando estoy en ello, Rose aparece frente a mí. Pregunto por Chloe y dice que solo mire detrás de sí, entonces veo a Chloe en su overol rojo, completamente adorable, corretear a Tomás y viceversa. Me rio ante la imagen de ambos, pequeños dulces e inocentes.

- ¿Viajas? - su pregunta me toma desprevenida, ¿cómo...? pero entonces lo veo por mí misma, las maletas que permanecen a un lado del mueble.

- Yo... Bueno, me mudare - le explico, ella enarca una ceja.

- Mi hermano me ha llamado para decirme que traiga a Chloe, lo que significa que has estado hablando con él. ¿Tu mudanza tiene algo que ver con él? - su pregunta es curiosa, no molesta, no sarcástica.

- Tiene todo que ver con él - confieso agachando la mirada hacia la cafetera, me giro rápidamente para buscar un par de tazas, para ella y para mí, también busco jugo para servir un poco para Chloe.

- ¿Él está molestándote? - pregunta con cautela. Parpadeo un par de veces sorprendida mientras alzo la cabeza para mirarla negando con frenesí.

- No... nada de eso Rose. Yo... yo estoy mudándome con él nuevamente - mis mejillas se encienden rápidamente ante la vergüenza que me genera confesar aquello. Dejo su taza a su lado y camino con el juego para Chloe y mi propia taza de café.

- Ten Chloe - me agacho hasta su altura y ella deja por un momento a Tomás para venir conmigo. Dejo la taza de café sobre la mesa y estrecho el menudo cuerpo de la pequeña entre mis brazos y beso su mejilla - ¿Cómo has estado cariño? - ella ríe, creo que su piel es sensible a las cosquillas.

- Bien Bella - acaricia mi mejilla y toma de su jugo - ¿tu? - su pregunta es más un mero formalismo que ha aprendido de los adultos, pues sus ojos siguen revoloteando en Tomás.

- Ve a jugar con él - la aliento. Ella vuelve a dejar un beso en mi mejilla, en esta ocasión húmedo a causa del jugo y corre a por Tomás y una pequeña pelota que este ha buscado, ¡vaya!, exclamo en mi interior reafirmando lo inteligente que es un perro y me rio para mí misma.

- ¿Que es tan gracioso? - pregunta Rosalie acercándose hasta mí, me pongo de pie y me siento en el mueble invitándola a ella a hacerme compañía, ella no titubea y lo hace. Entonces recuerdo donde ha quedado nuestra conversación, Chloe ha sido una buena distracción momentánea, pero justo ahora todo vuelve y lucho contra el rubor que intenta asomarse en mis mejillas.

- Solo... Tomás, parece saber las intenciones de Chloe y ha ido a por una pelota nueva ¿No es maravilloso? - giro hacia ella, me observa con intensidad propia de un Cullen, es lo que deduzco al notar los rasgos tan parecidos a los de él.

- Lo es - tuerce la cabeza y ríe a rienda suelta. Eso habla muy bien de todo, creo que mi tensión afloja un poco. - Me alegra que vuelvas con mi hermano, pareces buena para él - dejo de reír y ella lo hace de igual manera aunque no para de sonreír, su comentario me toma desprevenida y las emociones crecen en mi interior. No es como si buscara aceptación por su parte pero el hecho de ganarlo sin buscarlo es grandioso y constituye un logro en mi marcador.

- Gracias - es todo lo que puedo decir mientras sorbo más de mi café, en ese instante en que todo vuelve a ser ameno, la puerta vuelve a sonar, Tomás ladra y Chloe revolotea hacia la puerta alertando a quien sea que este del otro lado, Rosalie ríe a mi lado y yo la secundo poniéndome en pie y corriendo para alzar a la pequeña en mis brazos para abrir la puerta, no pregunto pero sospecho quien está al otro lado, frente a mí, mi pequeña y chispeante amiga asoma una enorme sonrisa que se debía de Chloe a mí.

- ¡Alice! - exclamo con entusiasmo.

- Isabella Swan - dice con su sarcasmo habitual - ¡Hola pequeña! - saluda a Chloe.

- ¿te acuerdas de ella Chloe? - pregunto hacia la pequeña, recordando que ellas han podido interactuar un par de veces durante la visita de mi madre. Chloe demora un poco en responder con gesto evaluativo.

- Si... es la novia del rubio con rulitos - dice ocultándose en mi cuello. No podemos evitar reír, me hago hacia atrás para darle paso a Alice. Ella entra sí, pero cuando me vuelvo está de pie mirando directamente hacia Rosalie sin dar un paso más.

- Ven Alice - la jalo haciendo malabares con Chloe aun prendada de mi cuello - Ella es Rosalie Cullen, la hermana de Edward y madre de Chloe - explico todo. Alice saluda amablemente. - Rose, ella es Alice Brandon, mi mejor amiga - hago las presentaciones y ellas se saludan, pero luego de ello Alice me da una mirada de las suyas, preguntas, lo sé. Las espero.

Suelto a Chloe cuando ella me lo pide al oído y finalmente puede correr a sus anchas con Thomas, mi apartamento no es muy grande pero ellos se las arreglan con el espacio y por toda la estancia revolotean gritos alegres, risas y un par de ladridos.

En cambio entre nosotras tres, o al menos entre Alice y yo el silencio se torna incómodo. Le he traído una taza de café, lo toma y está en completo silencio, enviando miradas en mi dirección de vez en cuando y otras hacia Rosalie, ella no merece la incomodidad de este momento por lo que intento ser amable y conversar a su lado, pero me siento repentinamente dividida o al menos con la necesidad de dividir mi atención para no crear un conflicto aquí. En ese momento el celular de Rosalie suena y es un alivio para mí, necesito estar a solas con Alice y parece que en este momento lo vamos a conseguir, Rose se disculpa y se va hacia el balcón para poder hablar a gusto.

- Entonces - me vuelvo hacia Alice una vez estamos solas.

- Eso te digo yo, ¿para qué me has pedido específicamente que viniera? contando con que tienes visita que no esperaba encontrar y que... tienes un par de maletas aquí preparadas, Tampoco pretendo hacer suposiciones porque de verdad que estoy algo confundida aquí - dice, se recuesta completamente al mueble y me observa con expresión evaluativa. A veces no sé si estoy hablando con una amiga o con alguien directo de mi familia.

- Creo que tengo que contarte un par de cosas - le digo, ella permanece en la misma posición - Empezando por... ¿recuerdas que te comente de la fiesta de cumpleaños de Chloe? - hago un gesto hacia la niña. Alice asiente. - Bueno... allí...

- Te has encontrado con Edward Cullen - explica - era evidente que eso iba a ocurrir, es el tío de la niña. Por eso exactamente te dije que no debías ir - lo recuerdo, pero es algo a lo que en su momento ni siquiera le había dado importancia, yo debía cumplirle a Chloe.

- Eso era algo que no estaba en discusión - aclaro de inmediato.

- Por supuesto que no Isabella - su gesto parece molesto y me sorprendo por un segundo pero antes de que ella tome una posición debo decirle por completo. Hago un gesto con mi mano.

- Detén eso y termina de escucharme. Evidentemente, como has dicho, me he encontrado con él allí, hemos salido y hablado... y, he pasado la noche en su casa - desvió mi mirada, pero pasan los segundos y ella no dice nada, solo está allí mirándome, con esa mirada desaprobatoria que desinfla por completo la felicidad que he conservado toda la mañana.

- ¿Tienes idea como te estás viendo? - cuestiona. Su tono es molesto y frunzo el ceño.

- ¿Cómo me ves tú? - respondo en el mismo tono hostil que ella está empleando, mi primer deseo o impulso es el de ponerme en pie y dejar la conversación hasta ese punto, pero estoy llegando un punto, al menos con Alice, Jasper y mi familia, en el que dejar las conversaciones a medias por no entablar una discusión es algo exasperante, así que plantó cara hacia ella.

- Patética - dice, sin miramientos, sin nada, y por un momento solo veo el vil deseo de hacerme sentir mal y en ese instante, tan efímero como el paso de una polilla de polvo me pregunto ¿dónde está nuestra amistad? ¿Estoy yo equivocada? o ¿Ella está equivocada? Mi mente arranca ese sin fin de pensamientos y preguntas atormentadores, todo esto bajo una mirada fría y calculadora que está muy lejos de ser mi habitual amiga. No sé qué responder a la simple palabra que ella ha dicho y dice demasiado, mi cabeza se siente demasiado a punto de explotar, demasiado llena de tantas cosas, así que solo me pongo de pie y camino hacia la cocina, necesito algo de agua fría, necesito solo refrescarme un poco.

Me alejo de las miradas yendo hacia un rincón, tocando con mis palmas abiertas la pared para sentir el frescor de estas y aliviar un poco mi interior, aunque mi estado no me pone en ningún punto de calor, estoy helada y humillada.

Pasan un par de minutos mientras estoy así e intento calmar las voces desesperadas de mi mente, escucho gritos que me atormentan de voces que me hablan de lo bien y lo mal que estoy haciendo, voces de mis deseos y voces de perjuicios. Desearía que él estuviese aquí en este momento, que me abrazara y me dijera que a su lado todo iba a estar bien, que yo no necesitaba a mis amigos, dando opiniones adversas, para estar bien. Lo necesitaba mucho.

Pero en el mundo real no pides un deseo y se te hace realidad en seguida, en el mundo real no llega nadie para abrazarte, protegerte y decirte que todo está bien; porque en el mundo real solo tú puedes hacerle frente a las cosas, los impedimentos del camino, y justo ahora el impedimento que estaba intentando molestarme estaba de pie a un lado de mí. Me gire lentamente hacia ella, viendo la misma expresión fría en su rostro. ¿Por qué Alice actuaba de esa manera?

- Isabella - no expreso ninguna emoción, he decidido adoptar su misma actitud y así actuar a la par. - El silencio otorga - dice simplemente. Me mantengo estoica. - ¿Ves? ¿Desde cuándo te arrastras por un hombre? - pregunta - ¿Desde cuándo, un hombre te hace ir y venir de un lado a otro, solo porque él dice que eso está bien? ¿No te ves a ti misma acaso? ¿Lo mal que te ves en todo eso? - cuestiona una frase tras otra, parecen dardos que no dejan de llegar hacia mí, hiriendo uno a uno, no porque considere que lo que ella está diciendo sea verdad, lo que me lastima es que ella, precisamente mi amiga, se esté refiriendo a mí de esa manera.

Sonrió, porque mi interior se protege de lo herida que estoy quedando de esa manera, sonriendo cruelmente hacia ella. Sus ojos parecen sorprendidos, pero no podría asegurar nada ahorita mismo, estoy cegada por la rabia y el dolor.

- No puedes hablar sobre mí y mi comportamiento, o mi relación con Edward, o si me arrastro o no. Tú me has visto a mí y has visto muy poco de él pero ¿te has preguntado alguna vez porque simplemente jamás te he contado nada al respecto? ¿Te has preguntado porque guardo tan celosamente todo lo que respecta a él y a mí? Has visto lo que yo he querido que veas, lo que él ha dejado que veas, no sabes nada más. Así que guárdate tus absurdos comentarios Alice, espere cualquier cosa de ti excepto esto. Que lastima que me veas de esa manera, pero es tu punto de vista y supongo que debo aceptarlo así. - Me quedo de pie allí, nuestras miradas parecen estar retando la una a la otra.

- Debes verte a ti misma. Lo conoces y te arrastras hacia él, te deja y te vuelves nada, luego él quiere regresar y vuelves a arrastrarte. ¿Crees que no me doy cuenta de eso? - replica.

- Tienes razón, de cierta manera el modo en que lo estás diciendo tiene mucho de razón, pero desconoces detalles que te impiden formar una opinión certera al respecto. No conoces la naturaleza de nuestra relación, y ese punto en concreto, es en el cual te -equivocas. - repito - una vez más te digo, que siento mucho que me veas de esa manera, que creas que me estoy arrastrando, porque si bien yo quiero esto, estoy muy lejos de arrastrarme - en ese momento la puerta suena, alguien está tocando. Giro hacia allí y veo a Rosalie parada estática en la entrada de la cocina, y me doy cuenta por su expresión anonada que ha escuchado parte de nuestra conversación. No me molesto en aquello, ya tengo suficiente material en mi mente para añadirle una indiscreción o lo contrario de esta ¡Ya no se nada! Paso junto a Rosalie, en la puerta Chloe está intentando llegar al pomo para girarla, lo hago yo primero, sin llamar o pensar si quiera quien es.

Como siempre mi corazón se salta un par de latidos cuando lo veo a él parado frente a mí, como la aparición que más necesito en este momento. Sé que Chloe está abrazando su pierna, sé que ella está reclamando su atención, pero es un conocimiento que registra mi cabeza más no ocupa el primer lugar. Justo aquí y ahora solo son sus ojos anclados a los míos, él leyéndome o eso creo, estoy intentando mostrarle todo allí.

No sé dónde está Chloe, pero él da un paso dentro y tira la puerta detrás de él, probablemente ha hecho un sonido estruendoso pero no lo capto, mi corazón late demasiado fuerte para escuchar algo más, algo más que se disipa cuando sus brazos me envuelven protectoramente.

No sé si Alice nos observa o Rosalie o alguien más, no sé ni me importa lo que ellas están pensando porque ahora solo importa el estrechándome más contra su pecho, su olor calmando los pensamientos en mi mente, su voz susurrando a mi oído cosas que no entiendo, pero que me arrullan y calman. Me quedo allí y sujeto su camisa para que no se vaya a alejar, ahora no deseo que eso ocurra pero tiene que ocurrir. Él me empuja solo un poco, no lo suficiente para que salga de su presa.

- ¿Que va mal? - él pregunta, sus ojos son curiosos y escanean todo a nuestro alrededor, entonces me hace a un lado, pero desliza su mano hasta enredar sus dedos con los míos y mantener un agarre certero allí.

- Rose - él sonríe hacia ella, es algo amplio y luminoso, y creo que esa es la sonrisa guardada para los miembros de su familia. Ella se acerca a él, murmura algo que a pesar de mi cercanía no logro entender, y ambos se abrazan.

Mas allá se encuentra Alice, de pie y mirándonos ajena a todo. Se siente como si ella estuviese fuera de esto pero ¿por qué? ¿Acaso ella no puede estar aquí dentro? ¿compartiendo lo que me hace feliz?

Él se aleja de Rosalie o ella se aleja de él, no lo sé. Pero él está mirando ahora hacia Alice y solo basta un segundo para que comprenda que lo que sea que ocurre tiene mucho que ver con ella y todo que ver con nosotros. La molestia que he sentido hace instantes, la ira todo aquel sentimiento negativo ha sido sustituido por el leve decaimiento que me da el sentimiento de estar perdiendo a mi amiga. ¿Está ocurriendo eso en realidad?

- Señor Cullen - Dice ella, me giro, ignoro a todos y solo tomo a Chloe entre mis brazos y me voy hacia el balcón con ella, diciéndole que allí esta lo que le he prometido, un hermoso paisaje de todo Chicago.

Me entretengo con ella, su inocencia y tranquilidad hacen que toda la angustia en mi pecho desaparezca, le señalo los edificios mencionándolos para que ella los repita hasta que identifica varios de ellos, la alzo aún más para que vea algo del lago, muy al fondo, muy hacia allá, pero ella aplaude completamente emocionada cuando lo ve a lo lejos. Y me hace prometerle que iremos de paseo allí. Vuelve a repetirme los nombres de los edificios y ella aplaude conmigo. Todo parece estar mejor, aunque en mis ojos puedo sentir las lágrimas acumulándose.

De pronto Chloe enreda una de sus pequeñas manos en mi cabello y acaricia tiernamente, mientras contempla hacia allí tal cual adulto pensante lo haría, pero es solo ella mirando hacia la nada. Pareciese por un instante como si ella pudiese entender lo que me sucede o al menos comprender un poco de lo que necesito, sé que no es posible o más bien, nos han enseñado que eso no es posible pero ¿quién sabe?

Por unos tres o cuatro minutos permanecemos de esa manera, mirando hacia la nada. Sé que estoy esperando, cuando me he ido no es el mero hecho de huir, es haber dejado la situación en sus manos, o eso creo.

- ¿Isabella? ¿Chloe? - su voz suena detrás de nosotras, Chloe es la primera en girarse hacia él y en seguida lo hago yo sosteniendo a Chloe entre mis brazos. Él la toma y juega un instante con ella para bajarla al suelo e instarla a jugar. Cuando ella desaparece se pone frente a mí, evitando mirar cualquier cosa que no sea él.

- No voy a pedirte que me expliques que ha ocurrido - sus manos toman mi rostro a ambos lados - Pero quiero que no te preocupes respecto a ello - es algo difícil de considerar - quiero que te concentres en tu trabajo, en cosas positivas, en... nosotros ¿de acuerdo? - creo que por un instante él ha querido decir "mi" pero solo lo ha dejado pasar. Asiento porque no tengo otra cosa que hacer y porque hacer lo que él me ha pedido es lo que mejor me mantendrá.

- Bien - toma mi mano y tira de mi para encontrarnos de vuelta dentro de mi apartamento.

Es increíble como las cosas cambian de un día a otro, de una semana a otra, de un año a otro. El tiempo es un paso rápido, un instante febril o fúnebre, depende de la acción que se de entonces. El corre y nosotros vamos realizando acciones y hacemos que todo se revolucione y cambie. Nada nunca puede ser igual. Hoy siembras un árbol y mañana asoma el tallo, luego sale una pequeña hoja, más tarde florece una rosa y muy pronto se marchita, se apaga y vuelve a renacer. Siempre está cambiando y nunca es exactamente igual como antes.

Preparé algo rápido de comer para Chloe, él y yo, pues Rosalie y Alice se habían marchado. Él no me dijo nada respecto a Alice, si ella había dicho algo contra él o no, simplemente había hecho como si allí nada hubiese ocurrido, yo procuré mantenerme igual. Como si nada hubiese ocurrido.

Era increíble verlo repentinamente jugando con Chloe y algunas veces con Tomás. era como contemplar a un político en un juego de futbol callejero, totalmente otro extremo de su bien parecida figura, pero él parecía cómodo con lo que hacía y aunque estuviese distraído y haciendo actividades naturales con su sobrina y un cachorro, no dejaba de ser él. Porque todo giraba en su entorno y era controlado a sus anchas, no dejaba de enviarme miradas cargadas de intención o hacer comentarios que indicaban debías obedecer su petición.

No volví a cuestionar nada respecto a lo ocurrido aquel día, así como tampoco pregunte como es que había venido a pasar el resto del día aquí. Solo me quede allí y al final de la tarde el alzo a Chloe y yo a Tomas y bajamos junto a las maletas, él se llevó las maletas y Chloe, yo subí a mi auto junto a Tomás. nos despedimos de Ben y me puse en marcha.

¿Quién dice que la vida es fácil? Nadie, nada lo es, ninguna de las cosas que deseas son fáciles de conseguir, y por mucho que cuentes con el apoyo de personas, siempre vas a ser tu solo quien luche y consiga lo que desea, no habrá nadie más, porque nadie desea tus sueños tanto como tú. Yo no estaba desechando a mi mejor amiga en absoluto, yo solo quería pensar un momento en mí, un efímero instante pero ¿lo lograba? no. Por eso no conduje directamente a casa, lo hice hacia el otro lado de la ciudad, donde tantas veces había ido y tantas tardes había pasado, riendo, comiendo, simplemente viviendo.

Eso es lo que hacemos Isabella ¡Vivir!

Yo estaba viviendo, y yo quería mantener a todas las personas que me han hecho crecer a mi alrededor, al menos si en mis manos estaba mantenerla, no era una actitud obstinada o caprichosa, era un mero hecho, deseo o sueño. Y yo lucharía por ello. Estacione el auto y baje pidiéndole a Vladimir que sostuviera el perro, no sin antes ofrecerle unos cuantos dólares, solo por si acaso.

Algunas veces y probablemente con esto quiero decir que todo el tiempo, las personas, tu familia, todos... suponen cosas sobre ti, ellos creen conocerte, creen decir lo que eres y creen ser capaces de predecir tu comportamiento. La chica dulce, la chica amable, algunas veces tímida, siempre madura, luchando por lo que desea, ¡Mírala donde va!, ella siempre hace lo que ellos quieren y recibe lo que ellos desean darle. Tal vez mucho de eso sea cierto, tal vez yo era mucho de lo que ellos decían y los había convencido de ello por un comportamiento igual a través de los años, pero la verdad es que yo no era tímida, solo tenía miedo a ser juzgada, yo no soy amable, solo creo que hay personas que merecen tal amabilidad

Yo estaba cansada de ser lo que ellos querían que fuese y que por eso, se creyeran con algún derecho de estúpido de guiar mis pasos. Toqué la puerta y espere a que alguien abriera, esperé un par de segundos, hasta que fue ella, mi amiga, quien apareció con un pijama y su cabello despeinado.

- ¡Isabella! - su voz denota sorpresa, al igual que sus ojos, pero yo ahora estoy cansada y algo de rabia se aloja aun en mi interior. ¡Tantas emociones!

- Solo he venido a decirte una cosa Alice - digo cuando ella abre un poco la puerta para que pase, evito mirar más atrás, no quiero toparme con los dulces ojos de Jasper.

- ¿Qué ocurre? - su pregunta me toma desprevenida más no me desconcierta, solo me irrita un poco más.

- ¿Qué ocurre? - me rio con sarcasmo, Me giro y choco mi espalda contra la pared de modo que no estamos de frente, ella aun está sujetando la puerta.

- Ocurre que has ido a mi casa un día en que planeaba contarle a mi mejor amiga lo feliz que me encontraba, ¿por qué? porque él me ha buscado, me ha tomado y me ha dicho lo mucho que le importo y una chica que se ha enamorado, por llamarlo de alguna manera, se siente feliz por eso - rio irónicamente - Ha ocurrido que mi mejor amiga me ha insultado cuando apenas empezaba a contarle lo feliz que me sentía, ella ha dicho que veo patética y me arrastro por un hombre pero ¿sabes qué? Mi mejor amiga realmente nunca me había visto con un chico y es que ni yo me había visto con uno. Mi mejor amiga no sabe lo que siento, y definitivamente mi mejor amiga parece no conocerme ni entenderme. Ha ocurrido que yo pensaba que las personas deben apoyarse las unas a las otras y ha ocurrido que he descubierto que no es así. Ha ocurrido - finalizo - que a mi amiga parece no importarle que soy feliz, que ella que decía que él sentía algo por mí, ahora parece indiferente a sus palabras y solo cuestiona lo que hago.

La gente juzga - me giro hacia ella - eso lo hace todo el mundo porque es parte de la sociedad en que vivimos, juzgar se ha vuelto un verbo tan importante en la vida de todos como lo es respirar o comer. Pero tú siempre esperas conocer personas y confiar en ellas y pensar que ellos no te van a juzgar, pero aquí estamos. No sé si todo lo que te estoy diciendo tiene algún significado para ti, si te hacen pensar o sentir diferente respecto a lo que me has dicho. Por lo pronto solo te digo algo Alice, cuando estés preparada para conocerme sabrás donde encontrarme. Te veo entonces - estiro mi mano y toco la suya, y luego solo me retiro escuchando a lo lejos la voz de Jasper llamarme.

Saliendo de allí conduje un poco más por la ciudad, Tomas a veces ladraba y a veces intentaba subirse sobre mí y otras veces intentaba salirse por la ventana y me tocaba frenar y retenerlo. Mi celular había sonado un par de veces pero había optado por ignorarlo por completo, a sabiendas de que él podía ser una de esas llamadas persistentes. Me pare en una esquina cualquiera, teniendo en frente un teléfono publico tome un par de monedas que permanecían siempre en mi auto y baje junto a Tomás, había algo importante que hacer antes de poder si quiera pisar su casa para vivir de nuevo en ella.

Mi interne a la cabina y alce un pie para sostener la puerta y así poder dejar a Tomás libre en el estrecho espacio, este parecía entender que debía quedarse en silencio y quieto, eso o solo estaba cansado, así que metí la primera moneda y marque hacia casa.

- ¿Si? - La voz de mi padre está al otro lado de la línea, suena bien, suena normal. ¡Normal! un poco de eso es tal vez lo que necesito justo ahora.

- ¡Papá! - la forma en que exclamo me hace pensar que hay más felicidad en mi por escuchar la voz de mi padre de la que creí antes.

- ¡ Isabella! ¡Que sorpresa! ¿Cómo estas cariño? ¡Renee! ¡Ven acá es Isabella! - lo escucho gritar y yo solo puedo reír ante su momento de euforia.

- Todo bien papi, el trabajo está suspendido por una contaminación en el hospital que aún no se bien de qué va, he estado un poco ocupada. ¿Tu como estas?.

colecciona tu abuelo - imagino fácilmente su sonrisa al decir aquello al otro lado de la línea, me permito reír con él.

- Me alegra mucho escuchar eso, ¿Podrías acercarme para saludar a mi madre? - pido.

- Por supuesto cariño, me da gusto escucharte un poco, ya sabes que siempre hace falta. Un abrazo - se despide e inserto en ese momento otra moneda mientras preparo la siguiente, puede que esta conversación sea un poco más larga.

- ¿Isabella? - esa es mi madre, por supuesto.

- Mami, ¿cómo estás? - pregunto de inmediato.

- Bien cariño ¿y tú? - esa es la respuesta habitual - ¿Por qué llamas a esta hora, ha ocurrido algo? - miro el reloj mientras hago unos cálculos mentales, ¡bah! no es tan tarde.

- Quería contarte algo, algo que está ocurriendo en este momento, y retrasarlo sería volver a hacer lo mismo que la vez anterior, y tal vez hacerlo un poco complicado - explico, sabiendo que mi pequeña explicación está llena de evasivas.

- Te escucho - su tono es serio, pero estoy aprendiendo a confiar completamente en mi madre así que tomo una respiración profunda para empezar a hablar.

- Veras, estoy volviendo con Edward - suelto - hemos estado hablando - miento solo una milésima - y las cosas parecen buenas para ambo... - un estruendo me saca de mi explicación y tardo un segundo en procesar que es al otro lado de la línea - ¿qué ocurre? - pregunto escuchando ¿aplausos?.

- ¡Oh cariño! ¡Me alegra tanto! - más aplausos y estoy perpleja - Sé que hemos sido ajenos por completo a su relación, pero reconozco el brillo de felicidad en tus ojos cariño, y ese hombre te lo obsequia. Dale mis saludos por favor. ¡Jake estará feliz! - aún estoy pasmada en mi lugar, asumiendo la felicidad de mi madre para sumarla a la mía.

- ¿En serio estas feliz? - no puedo evitar preguntar.

- Lo que te hace feliz a ti, me hace feliz a mí. Sé que pasaste un mal tiempo Isabella, podía escucharlo en tu voz en nuestras conversaciones. Te oías apática y apagada. Justo ahora cuando he oído a tu padre reír a tu lado, cuando solo he escuchado tu saludo. Podía apreciar esa chispa de nerviosismo y ansiedad que llevas, eso que hace pensar que estas maquinando algo, ¡que estas viva! y me encanta eso. Me encanta que seas feliz, nada es fácil cariño. Siempre recuerda eso, pero las cosas buenas se construyen a base de esfuerzo y de momentos difíciles - absorbo todas sus palabras, volviendo a sentir en mi pecho como crece la felicidad que había sido eclipsada en una parte importante del día.

- Gracias mami - puedo notar la emoción en mi voz.

- No es nada cariño. ¡Ahora si debes traerlo! o debemos ir pronto a una visita ¿no crees? ¿o crees que es muy pronto? por favor ¡No te vayas a alejar! - pide.

- No lo hare mami, estaré llamando y te informare si lo que deseas es posible... - la forma en que lo digo suena como si fuese a continuar hablando pero he tenido un silencio brusco.

- ¿Ocurre algo más? - intuición de madre ¿por qué no lo imagine?

- Le he contado a Alice hoy lo mismo que acabo de contarte - juego con el cable enroscado y recuerdo que debo introducir otra moneda - ella no lo ha tomado bien, ella y probablemente Jasper, aunque no he hablado con él sobre nada, deben estar hablando de lo patética que soy - sueno desdeñosa - ella cree que me he arrastrado por Edward - le explico.

- ¡Oh cariño! no dejes empañar tu felicidad por nada. Disfruta y olvídate de ello, en algún momento Alice se dará cuenta de lo feliz que ese hombre te hace. Ella ha visto lo que yo, porque ella te quiere tanto como te queremos nosotros, y debe darse cuenta que los ojos de ese hombre siempre están girando y revoloteando en tu entorno - quiero cortarla allí, sus palabras me atemorizan de alguna manera.

- Gracias de nuevo mami, lo aprecio de verdad. Ahora debo irme, Edward está esperando - le indico, quiero ser más sincera con ella ahora - te llamare pronto, un abrazo fuerte para Jake por favor - pido.

-Lo hare, cuídate y ya sabes, no dejes que nadie empañe lo que te hace feliz - casi puedo ver su ojo guiñándose para mí. Sonrió y cuelgo.

La conversación con mi madre me da un aire nuevo sobre las cosas, no se si mi... esta nueva forma de llevar un acuerdo entre mi Señor y yo vaya a durar unos días, semanas, meses o que, realmente no lo se porque es parte de esas cosas que no hemos discutido, pero si lo estoy viviendo quiero disfrutarlo al máximo y eso es involucrando a las personas que están a mi alrededor, si lo oculto demasiado, entonces tendré que pasarlo sola si acabo todo de nuevo. Estoy intentando enmendar cosas que creo pudieron ser mejor antes y espero estar haciéndolo bien.

Vuelvo al auto junto a Tomás y esta vez sí marchamos a casa.

Al entrar en casa pude sentir como mi cuerpo se relajaba por completo, ahora estaba en su territorio, ahora estaba segura. Tomás ladraba hacia la nada haciéndome reír. Tendría que acostumbrarse a un nuevo hogar cuando aún no había terminado por adaptarse al apartamento. Terminamos de bajar y cuando Carmen vio a Tomás pego un salto hacia atrás, mirándolo con recelo ¿cómo podía? ¡Tomás es demasiado adorable! pero ella seguía mirándolo desde la distancia y preguntadme algo como "¿qué es esa cosa Señorita Swan?" Yo solo podía reírme, pero para sorpresa mía y no sé si de Carmen, Michael apareció, tan sigiloso y callado como siempre me pidió dejarle tomar a Tomás, probablemente fue una orden de mi Señor, así que se lo deje, viendo como este solo se inclinaba y empezaba a acariciar detrás de las orejas del pequeño cachorro, ignorando los intentos de este por gruñir y mordisquear su mano. Observe como en unos segundos Tomás estaba lamiendo su mano y eso me tranquilizo, si ya había hecho un amigo en tan pocos segundos, se acostumbraría rápido a estar aquí. "Yo me encargare de él, Señorita", dijo Michael, ya él le había dejado las cosas de Tomás, así como también le había indicado donde ubicarlo, así que pase dentro riéndome aun de Carmen que mantenía una distancia de metros con mi cachorro. ¡Que irónicas son las personas!

Subí rápidamente, debatiéndome no más al llegar arriba hacia donde debía ir. Pase al salón pero él no se encontraba allí ni siquiera su rastro. Volví en pasos hacia la que es o era mi habitación, moví el pomo pero puerta estaba con llave, frunciendo el ceño me aleje unos pasos sin saber dónde ir, entonces miré en la dirección del pasillo y volví hacia allí, caminando directamente hacia su habitación. ¿Por qué no?

Toco, es lo primero que hago, pero nadie responde ¿no está? ¿debo ir a otro lugar? no lo sé, pero... tomo el pomo en mi mano derecha y lo giro un poco para darme cuenta que se encuentra abierta, arriesgándome la giro por completo y abro.

Miro alrededor, mi maleta está a un lado de la cama, ordenada y pulcra. Camino hacia el baño pero ahí no parece haber nadie, un movimiento logra captar mi atención y tengo uno de esos momentos de raro movimiento de tierra, cuando sientes que lo que estás viviendo ya ha ocurrido, y es porque estoy viéndolo a él en el balcón, con sus brazos apoyados en las barandas y su cuerpo inclinado hacia delante. Esto ya lo vi una vez, en una noche calurosa en las costas del Estado de California.

Pero ahora estamos aquí, su torso está desnudo y desde aquí su espalda resplandece como el marfil ante el reflejo de la luna, los lunares destacan en su piel blanquecina y camino con el impulso hacia él, muevo la puerta hacia un lado y me quedo allí de pie, sintiendo el aire fresco contra mi rostro y apreciando la vista.

- Señor - llamo, para que sepa que estoy allí, aunque su postura me da a entender que ya lo sabe.

Él se queda impasible en su lugar, aunque sé que me ha escuchado. Sus manos se están moviendo, lo sé porque inevitablemente sus antebrazos desnudos se flexionan y es un movimiento entretenido. Espero, hasta que él sienta que es necesario hacerlo.

- ¿Por qué has demorado? - pregunta - ¿Por qué no viniste directamente? ¿Por qué no contestabas el celular? - una pregunta detrás de otra fue disparada hacia mí.

- Yo...

Se gira completamente y me quedo prendada de sus ojos llameantes.

- Nada en la forma en que somos va a cambiar Isabella, tu... sigues siendo mi sumisa ¿entiendes eso? - se acerca hacia mí y noto que ca descalzo, vuelvo rápidamente la mirada hacia arriba - ¿Por qué no has venido directo hacia acá? - es su pregunta clave, envuelve una de sus manos en mi mandíbula sosteniéndome fuerte.

- Fui al apartamento de Alice y Jasper - respondo - necesitaba decirle una última cosa, antes de poder venirme para acá. En el camino he estacionado por ahí y entrado a un teléfono público para llamar a mi madre y avisarle sobre los últimos acontecimientos. No respondí el celular porque pensaba que podría ser Alice o el mismo Jasper y no me apetece hablar con ninguno de ellos - su mano en mi mandíbula se mueve rápidamente, raspando ásperamente hacia arriba por mi rostro, hasta enredar sus dedos en mi cabello. No está siendo suave, pero no es nada rudo. Esta conteniendo lo que veo en sus ojos.

Tira de mi cabello y me hace inclinar la cabeza hacia arriba.

- Creí haberte dicho que dejaras eso tal y como estaba - flama viva en sus ojos - creí haberte dado una orden, Isabella. ¿No es así? - cuestiona, entorna los ojos y sus labios se tensan.

- A-así es Señor - mi voz tiembla, titubeando.

- Te has ganado un castigo que tenlo por seguro estará pendiente para algún momento, ahora no me apetece castigarte - la forma en que lo dice y me suelta hace que mi interior se retuerza, ¿va a pasar de mí? Alguna vez mencione que podía aceptar cualquier cosa excepto que me ignorara, y sus palabras me han sabido de esa manera. Camina alejándose un paso pero vuelve a acercarse rápidamente, enreda su mano en mi cabello para inclinarme y esta vez simplemente estampa sus labios contra los míos. - Que sea la primera y última vez pequeña. No me hagas ser severo ahora - murmura contra mis labios, creo que me he mareado. Sujeta mis caderas haciéndome entrar a la habitación.

- Yo... ¿Dormiré aquí? - pregunto, tímidamente, él sigue de pie detrás de mí.

- Así es - asegura - Sin embargo tus cosas van a estar todas en tu antigua habitación. Tu único deber en esta habitación es permanecer a mi lado - murmura contra mi oído. Ahora - alza mis brazos hacia el frente y sus manos viajan por mi torso hasta llegar a los botones de la camisa que me he colocado esta mañana en casa. Va soltando uno a uno hasta que no queda ninguno y solo mueve para sacarla de mi cuerpo y lanzarla despreocupadamente hacia otro lado. Remueve el sujetador y sigue con la falda, es rápido, aunque lentamente delicioso, el roce de sus dedos quema contra mi pie.

En unos movimientos más estoy desnuda delante de él, quien sigue a mi espalda acariciando en movimientos ascendentes y descendentes mi cuerpo, suelta mi cabello por ultimo.

- Perfecta - murmura y deja un beso húmedo contra mi cuello que me hace estremecer por completo - te he traído un par de regalos - se mueve hacia delante - son para darte la bienvenida y que te sientas en casa nuevamente - sus ojos han cambiado del estado furioso de hace minutos a ese brillo pícaro, travieso y vivaz, lleno de intenciones desconocidas. Se mueve hacia la cama donde dos pequeñas cajas negras reposan contra las sabanas. Las toma y se dirige hacia mi sin apartar la mirada.

- Y aun no sabes que es - dice y en una caricia repasa su dedo índice por cada uno de mis pezones. Mi piel está completamente erizada y yo lista para cualquier cosa que el desee. Aunque me estoy preguntando ¿que se encuentra en ese par de cajas?

Lentamente quita la tapa de la primera y más grande de las cajas. Sus dedos se meten y remueven la capa de papel transparente, en ese momento el olor a cuero, nuevo, inunda mis fosas nasales y observo con deleite la fina tira negra que saca de allí. Sus dedos son delicados al acariciar la superficie, aquel contacto tan cercano hace que me excite como si pudiese sentir sus dedos contra mi piel. ¿Que ha sido eso?

Veo como deja la otra caja sobre la cama y se acerca a mí, desabrocha la tira y la muestra en mi dirección.

- Se verá precioso en contra de tu piel - murmura antes de acercarse completamente y besarme mientras ajusta el collar contra mi cuello. Su beso me distrae y me excita, al igual que el roce y el olor del cuero tan cerca de mí. Ambos son una combinación potente difícil de ignorar. - Hermosa - dice alejándose un paso y contemplándome desde su posición. El rubor crece hasta mis mejillas y él parece estar sonriendo. Vuelve a tomar la otra caja y la destapa con la misma delicadeza.

- Dame tu mano - pide extendiendo la suya, alzo mi brazo que se siente pesado debido a la excitación que embarga a mi cuerpo, él toma mi mano con suavidad, acercando sus labios sin dejar de mirarme para dejar un beso sobre el dorso de esta, el ulular del roce de sus labios contra mi piel viaja a través de mi cuerpo invitándome a arquearme, pero lo contengo solo un poco, que sirve también para evitar soltar el gemido que pugna por brotar. Una tira negra está en sus manos, es seda ¿tal vez? terciopelo o... no lo sé, - Se paciente - dice al notar la duda en mi mente. Envuelve la tira en mi muñeca y luego saca un pequeño dije o broche, miro con el ceño fruncido los malabares de sus manos hasta que tiene una especie de pulsera negra con un broche en forma de esposa en mi muñeca. Él sonríe con éxito y alza mi mano hacia lo alto contemplándola. Vuelve a bajarla y ahora saca una cadena que conecta por un extremo de la esposa, es larga por lo que permite dar dos vueltas a mi muñeca y la abrocha justo del otro lado de la pequeña esposa. - Luces perfecta - dice, soltando mi mano y parpadeando hacia mí - De ahora en más siempre llevaras ambos contigo ¿entendido? - asentó - el del cuello te lo puedes quitar cuando salgas, el de la muñeca nunca - sentencia con sus labios, vuelve a tomar mi mano y la alza para destrabar la cadena, la enrolla en su dedo y me observa con una sonrisa en sus labios. Aquello que esta alrededor de mi muñeca hace calentar todo mi cuerpo al comprender su significado.

- ¿Te han gustado tus regalos, pequeña? - pregunta hacia mí, diversión bailando en sus facciones.

- Si Señor, muchas gracias - le digo, la emoción inundando mi voz.

- Ven acá y agradécemelo - tira de la cadena.

Y por supuesto que lo hago... agradecerle, complacerle, servirle, es mi vida.


¡Buenas Noches! o ¡Madrugadas!

Hoy tengo un poquito más que decir. ¿Debí hacer alguna broma porque ayer era 28? lo he olvidado por completo.

La principal razón por la que este por aquí tan rápido es...

Daniela ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! (de nuevo) (super atrasado) tres días después consigo darte tu regalo. Las dificultades técnicas debo decir xD. Espero que la hayas pasado bien pequeña. Gracias por tu constante acoso y por amar a Ed (?

Ahora bien, entre otras cosas quería decir que me han preguntado si hay secuela (? bueno, no la hay, no soy partidaria de ellas. Y no se exactamente cuando vaya a terminarlo o cuantos capítulos quedan, porque hasta hace poco pensé que acabaría el fic en dos capítulos, pero más que pensar en acabarlo o planear como acabarlo, cuando escribo cada capitulo no hay ninguna planificación de por medio es solo lo que va viniendo y mientras no llegue a un punto en que diga ¡Ya! ¡Este es el final! no lo sabre, tal vez en su momento lo sepa pero lo que es que no sera demasiado lejos. Y aparte esta el hecho de que me he encariñado con esto, siempre ha existido el aprecio especial con este fic por tener un propósito en concreto.

Me despido por lo pronto y como no se si volveré antes de fin de año pues...

¡Feliz año nuevo!

Muchas gracias por sus buenos deseos, muchas bendiciones y buenos deseos para ustedes. Un abrazo.