No es del todo consciente del viaje de vuelta a casa, solo se siente como flotando en una nube porque su cabeza va tan rápido, o tan lento que apenas logra seguir ninguno de los hilos que enredan su cerebro hasta ahogarlo.
Ni siquiera sabe cuando le ha dado a Isaac las llaves de su coche, pero debe haberlo hecho porque el rubio conduce ahora el todoterreno a gran velocidad por el bosque.
Tal vez se estrellen. Tal vez.
Isaac sobreviviría gracias a sus poderes de mutante y él acabaría bajo tierra, feliz y sin preocupaciones.
Quizás desea estrellarse.
Pero no, no en esta noche al menos; porque los reflejos del rubio son buenos y sus dotes de conductor no están mal tampoco.
-Vamos Stiles, tu padre no está en casa.
-¿Ha vuelto a quedarse en la comisaría?- habla como si estuviese borracho. Borracho y dolorido por un zarpazo en el cuello que quema y escuece- joder, no debería echarse tantas horas.
Siente al lobo moverle como si solo fuese un muñeco de algodón; porque en el fondo no es otra cosa para él; ni más ni menos y ni siquiera intenta revolverse o decir algo gracioso.
Su sarcasmo ha cerrado la persiana, echado el candado y probablemente está llorando en algún rincón.
Vale, eso es gracioso.

-Stiles, vamos. Ve hablando joder...me estás asustando.
¿Para decir que? ¿Sobre que? él siempre habla de nada y en general eso no le molesta, pero no aquella noche. No tiene ganas de hablar.
Y cierra los ojos mientras Isaac, llaves en mano, le sostiene forcejeando con la cerradura de forma nerviosa. Todavía le dice cosas, pero apenas puede oírle.
Es algo lejano, cada vez más lejano. Y ya no puede abrir los ojos.


-Voy a matar a ese hijo de puta- es la primera frase que logra oír con nitidez tras ni sabe cuanto tiempo de silencio absoluto primero seguido por murmullos lejanos e inconexos.

Siente como si tuviese la mayor resaca de la historia de la humanidad y la piel de su cuello arde bajo la gasa con esparadrapo que alguien debe haberle puesto porque está claro que no ha aparecido allí por generación espontánea.
Un par de voces murmuran algo en tono tranquilizador hacia la primera y sabe al momento que quien está abajo hecho un completo energúmeno es Scott.

Bueno, solo ha necesitado el ataque de un alfa furioso para que su amigo le quitase las manos de encima a la novia y viniese a hacerle caso. Sonríe.
-Vamos, Scott, cálmate- lo dice en tono normal, como si el moreno estuviese con él en la habitación y no en el piso de abajo con unas cuantas puertas cerradas entre los dos; tener un amigo lobo es un arma de doble filo, pero mira, en aquel momento agradece no tener que chillar para hacerle aparecer por la puerta con un gesto tan preocupado en la cara que le parece hasta dramático, seguido más prudentemente por Issac y Erica.
-Mierda Stiles, te he despertado...- y él desde la cama mueve la cabeza al tiempo que da unos golpecitos en el colchón para invitarle a tomar asiento.- Aún tienes fiebre...-Stiles se toca él mismo la frente y frunce el ceño en tono de pregunta, pero su amigo se limita a encoger los hombros y tragar saliva- lo huelo.
-Estoy bien, solo algo mareado.
-La señora McCall nos dió antiinflamatorios para tí, dijo que si no mejorabas al acabar el turno se pasaría a verte- Erica rodea la cama hasta quedar a la izquierda de esta para después pasarle la mano por la mejilla- ¿te duele?
Lo que le duele es su maldito orgullo, pero bueno, no va a entrar en eso, así que niega, se rasca un ojo y sopesa mentalmente cuanto de la historia les ha contado Isaac a los dos lobos que ahora rodean su cama.
-¿Derek está bien?
-Que jodan a Derek- no espera ni el tono explosivo ni el volumen que Scott usa para responder, o acallar su frase...porque apenas le deja terminar, y eso le hace dar un pequeño salto en el colchón.
-¡Scott!- sin duda Isaac se ha convertido en su salvador del día. Se hace el silencio hasta que el aludido baja los ojos apretando los labios, sin duda dándole la razón al rubio.

Joder, tiene que estar muy preocupado.

-Fuí a su casa pero no había nadie- Stiles piensa en que no sabía que Erica pudiese hablar en un tono tan dulce, acariciándole el brazo de forma suave. La verdad es que hasta hacía nada hubiese preferido que fuese Lydia la chica que se sentara junto a él en la cama, pero extrañamente en aquel momento no habría cambiado a la loba rubia por ninguna otra.
-Seguro que está dándose cabezazos contra algo, el muy imbécil.
Y de nuevo silencio. Él hablaría pero se está quedando KO otra vez con el antiinflamatorio, Scott parece realmente muy cabreado con Derek...o con él...o con alguien...y los dos lobos rubios a todas vistas no saben muy bien donde meterse.
-¿Habeis comido algo? hay sobras y cosas en la nevera...prepararía algo pero...
-¿Tu tienes hambre?
Definitivamente no está acostumbrado a ser el centro de atención.
-En serio, largaos, dejadme respirar- le tira uno de los cojines a Isaac para que se vayan a la porra un rato todos. Con cariño. Pero a la porra- aún no estoy agonizando.- Y no es hasta que se queda solo que vuelve a tumbarse para disfrutar del poco rato del que es consciente que dispondrá antes de que Scott vuelva a estar merodeando por su puerta en busca de respuestas. Sabe que sólo se ha callado y ha salido porque alguna idea estúpida le ronda el cerebro. En fin.

Se hace el silencio y su habitación parece más grande que nunca, casi tan grande como la veía cuando era un niño que se escondía bajo las mantas de monstruos imaginarios. Irónico. Casi cruel.
Porque Stiles no se recuerda como un niño especialmente valiente: bocazas sí; listillo, travieso...pero no especialmente valiente.
Una sonrisa al recordarse a si mismo saltando la verja de la señora Simmons para saquear el viejo manzano del jardín. Cuanta paciencia había tenido aquella vieja señora con él.
Y al cerrar los ojos casi vé de nuevo la casa frente a él tal como estaba entonces; grande, blanca, y brillante en los días de verano anteriores a que su madre enfermase.

Porque él apenas tení años cuando todo se fué al carajo. Pero recuerda, en especial no sabe por que lleva un buen rato siendo observado por unos ojos oscuros y lejanos entre la neblina de sus memorias.
Los ojos de un perro grande llamado León que siempre estaba atado en el patio trasero de la señora Simmons como guardián al que solo soltaban cuando no había nadie en la casa, bastante grande y flaco, con aspecto de lobo maltrecho.
No era un animal agresivo. Al principio parecía querer saludar y jugar con los niños que siempre andaban merodeando por los alrededores y claro, eso no gustaba al señor Simmons quien había pagado por algo que diese miedo.

y como por arte de magia a los pocos meses nadie podía acercarse a aquel perro. En aquel momento Stiles no había entendido lo que pasaba. Solo podía pensar en que León era un perro malo, o loco o lo que fuese...y daba miedo, hasta que ni dos años más tarde la historia acabó como todos los padres ya imaginaban que acabaría: un niño entrando a escondidas para recuperar una pelota al que tuvieron que sacar en ambulancia y tardó 7 meses en volver a caminar. León fué sacrificado al día siguiente.
No había sido hasta años después que Stiles había comprendido el cambio de actitud del animal tras una conversación fortuita con su padre: la frustración del señor Simmons, las palizas dadas a un animal bueno para que se volviese malo, así como la ausencia absoluta de cariño hacia él para convertirle en un "buen guardián".
Un perro que no era malo, que únicamente se replegaba asustado y solo, mordiendo a los que se acercaban a él para que no le hiciesen más daño.

Y entonces piensa en Derek en aquella casa y extrañamente todo tiene demasiado sentido.


Notes: De este capitulo solo decir que el perro León existió de verdad y era el pastor alemán mas bonito que he visto.