"Un Negocio Arriesgado"

Disclaimer: La Saga Twilight y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora Stephenie Meyer.

Pareja: Edward Cullen/Bella Swan

Summary:Desesperada por sacar de la cárcel a su padre inocente, Bella acude al único con el suficiente poder para hacerlo: su multimillonario y arrogante jefe Edward Cullen, a quien jamás ha tratado. Para cobrar una herencia bastante importante, Edward necesita una esposa y la necesita ya. En un arrebato de desesperación, lo que surge como un negocio puede convertirse en el arreglo más peligroso de sus vidas.

Notas de la autora: Hola mis queridos lectores! ¿Cómo han estado? Pareciera como si hubieran pasado siglos desde que me paso por aquí. Y sí, después de cinco meses de no actualizar un capítulo, aquí me tienen con uno nuevo. Imagino que no se encuentran muy contentos al respecto, y debo decir que yo tampoco lo estoy por haberme tardado tantísimo tiempo en actualizar. Mis únicas excusas se deben a un semestre bastante pesado, aunado con un nuevo trabajo que me consume mucho tiempo y por supuesto un lapsus de falta de inspiración que me dejó estancada por semanas.

Sin embargo, quiero reiterar que esta historia continuará pues en mi cabeza se encuentra totalmente pensada y terminada, tanto que el número de capítulos ya está determinado, uno que no les diré para no arruinar nada. Prometo que por lo menos los siguientes dos capítulos tardarán menos en llegar pues aprovecharé las cortas vacaciones de las fiestas navideñas para seguir escribiendo, y la musa de la inspiración ha regresado a mí para seguir escribiendo sobre nuestra pareja favorita.

Sobre el capítulo, me temo que el título dice un poco de lo que nos espera y después del final del capítulo pasado las cosas tomarán un giro diferente. Pero les pido que no me odien y por el contrario, disfruten este capítulo por el que muchos han esperado y que hice con mucho cariño para todos! Gracias por su paciencia.

Enjoy!

Capítulo 16°: Arreglo Terminado

~Bella's POV~

Días después

Desperté con una sensación de enfado al sentir el sol entrando por mi ventana entreabierta. Con un puchero, me puse la almohada en la cara y me giré para quedar de espaldas a la luz, tendiéndome en la cama.

En donde estaba completamente sola.

Como había estado la mayoría de las últimas noches.

Y días.

En cuanto el pensamiento me llegó a la cabeza fui incapaz de recuperar el sueño y me giré para quedar mirando el techo de mi habitación.

Desde el problema con mi papá todo había cambiado entre Edward y yo. Más bien Edward había cambiado.

Se comportaba frío, serio, distante, incluso algo apático. Había dejado de buscarme en el trabajo para ir a comer, llegaba tarde a casa alegando mucho trabajo y lo que más me dolía es que había dejado de dormir conmigo.

Por las noches lo escuchaba abrir la puerta de mi cuarto y mirarme mientras dormía. Fingiendo dormir lo sentía pararse a mi lado en la cama, en donde me miraba durante minutos y pareciendo desechar la idea de meterse conmigo entre las sábanas se daba media vuelta y salía de mi habitación para ir a dormir a la suya.

Tampoco me había tocado.

Así había sido los últimos días.

Y para entonces me había preguntado tanto que podría haber pasado que vivía con un dolor de cabeza constante al no encontrar respuesta.

Había sido un cambio muy repentino. Y el Edward tierno, amoroso y considerado que me había reconfortado esa noche había vuelto a ser el serio y distante que había conocido hace ya casi tres meses.

Tragué grueso mientras las lágrimas se acumulaban en mis ojos. No iba a llorar por él. No otra vez.

Nadie sabía nada. Ni Nessie, ni mi padre, y por supuesto tampoco su familia. Para todos y en las reuniones que teníamos nos comportábamos como la pareja de ensueño que debíamos ser, y una vez en casa no me dirigía la palabra y después de cenar en silencio sepulcral se metía a su estudio en donde pasaba la tarde entera hasta que iba a dormir.

-Basta, Bella-

Meneé la cabeza cansada de pensar lo mismo y me levanté de la cama para hacer lo de siempre: darme una ducha, vestirme, arreglarme, bajar a desayunar e ir al trabajo.

Sola. Completamente sola.

Con ese pensamiento en mente, me desvestí y entré al baño para comenzar mi rutina diaria.


Era la una de la tarde cuando terminé con los reportes que tenía pendientes desde el inicio de semana. Solo entonces me di cuenta de lo mal que había desayunado y el hambre que tenía.

Resignada a comer sola, pues Nessie estaba en junta y la mitad de mis compañeros organizando el evento de caridad anual del departamento, me levanté de mi asiento y tomé mi abrigo para salir.

Por supuesto que pensar en mi esposo como candidato para ir a comer estaba fuera de discusión.

Llegué al lobby de Empresas Cullen y mientras rebuscaba entre las profundidades de mi Gucci color púrpura para encontrar mi celular, me tropecé con un alto hombre y me tambaleé hasta que me sostuvo.

-Lo siento, iba distraída…-

Subí la mirada para encontrarme con la encantadora sonrisa de Jacob quien me miraba divertido. Y sin saber porqué sentí un enorme alivio al verlo.

-Puedo notarlo- miró las chucherías que sobresalían de mi bolsa- ¿Vas a algún lado, Bells?-

Sí, a comer sola, como he estado haciendo la última semana. Pensé mientras intentaba componer una sonrisa que seguramente se veía patética y aferraba mi bolso.

-Iba a…buscar algo de comer- lo miré fruncir el ceño- ¿Vienes a buscar a Edward?-

-Bueno, sí…- dijo no muy convencido y algo nervioso- Pasaba por la zona y me detuve a saludarlo- juré haberlo visto sonrojarse- Pero me imagino que debe estar ocupado, sino estaría aquí contigo-

Incapaz de contenerme, mordí mi labio inferior en clara señal de que no estaba de acuerdo con él y esperando que no lo notara compuse mi falsa sonrisa. Pero como buen amigo de Edward e igual de intuitivo que él, pareció notar que algo no estaba bien.

-¿O no?-

-Bueno, Edward ha estado…algo ocupado últimamente- me encogí de hombros- Así que no ha podido acompañarme estos días a comer-

Al parecer eso no lo dejo satisfecho.

-¿Está todo bien, Bella?-

-¿Ah? Sí, claro! ¿Por qué lo preguntas?-

Lo pensó un poco, y tal vez queriendo suavizar la situación, sonrió tan encantador como siempre y meneó la cabeza.

-Por nada, no me hagas caso- me ofreció su brazo- Bueno, creo que no puedo dejar que una dama como tú coma sola ¿Te molesta si te acompaño? Tampoco he comido-

Sonreí sin poderlo evitar.

-Pero…Edward-

-Ese idiota puede esperar- me sonrió aún más- Además muero de hambre-

No fui capaz de negarme a eso, y aliviada de tener a alguien con quien conversar durante la comida lo dejé guiarme al restaurante italiano de la esquina que tanto me gustaba. Una vez que escogimos la mesa de siempre y nos trajeron el menú, Jake lo ignoró triunfalmente y me miró sereno.

-¿Y bien?- se cruzó de brazos- ¿Me vas a decir que pasa con Edward? Porque déjame decirte que no me engañaste ni por un instante hace rato-

Demonios. Maldita fuera la intuición de ese par. ¿Qué rayos iba a inventar ahora para librarme de esa?

-Tengo todo el día, Bells-

Claramente dispuesto a cumplir su amenaza lo miré mientras mordía mi labio inferior sin saber qué hacer. Por un lado me alegraba el poder desahogarme, sin embargo, no estaba segura hasta que punto Jacob estaba enterado de nuestro acuerdo.

Pero necesitaba hablar con alguien, y en aquellos momentos Jake parecía ser mi salvación. Además él lo conocía como nadie, tal vez podría ayudarme a entenderlo.

Entonces lo pensé bien. Si dejaba a un lado los detalles, como el pequeño hecho de que el trato pronto terminaría y que me comportaba como la esposa de Edward en todos los sentidos, todo estaría bien y podría desahogarme.

Tomando una larga bocanada de aire, procedí a contarle sobre mi cambiante esposo y su extraña actitud de los últimos días.


~Edward's POV~

-Bien, estaremos en contacto entonces- terminé de escribir el correo y centré mi atención en la llamada- Claro, cuando quieras amigo, saludos-

Colgué el teléfono, oprimí el número uno y el botón de altavoz.

-¿Señor?-

-Nessie, a menos que se trate de mi familia, no quiero que me pases una sola llamada-

-De acuerdo, señor-

Colgué fastidiado y me dejé caer en mi silla mientas aflojaba el nudo de mi corbata. Sentía que me ahogaba.

Solté un largo suspiro y giré mi silla para mirar la ciudad a través del ventanal. Al igual que la última semana, no podía concentrarme y solamente una cosa rondaba en mi cabeza. Más bien una persona.

Ella.

Bella.

Quien sin saberlo me había confesado que me amaba.

-Maldición-

Apreté el canal de mi nariz con mis dedos y cerré mis ojos cansado. Cansado de repasar en mi mente lo mismo una y otra vez, recordando su suave voz y el calor de su cuerpo debajo del mío mientras me confesaba que me amaba.

Si supieras cuanto te amo, si tan solo pudiera hacerte ver que eres el hombre de mi vida. Sus palabras se habían repetido en mi cabeza los últimos días como un recordatorio constante que me impedía pensar con claridad.

Y por eso la había alejado, por eso había dejado de comer con ella por las tardes, de dormir con ella por las noches, de hacerle el amor al llegar a casa. Sabía que me estaba portando como un verdadero patán, pero en aquellos momentos la confusión era más fuerte que yo.

No sabía qué rayos hacer.

Porque sin saber cómo, estaba pasando justamente lo que temía que pasara cuando Bella accedió a la locura de ser mi falsa esposa. Porque sabía que decir que era falsa era una reverenda mentira, cuando lo que había sido todas esas semanas era precisamente eso.

Mi esposa. En todos y cada uno de los sentidos.

Y había pasado precisamente lo que Jake me había advertido que podía pasar, y que yo había sido tan estúpido de ignorar.

Mi esposa se había enamorado.

Y yo era un cobarde. Un maldito cobarde que había ignorado la palabra amor en todo el tiempo que habíamos estado juntos, que había querido creer que aquello no tendría consecuencias.

La había hecho mía a pesar de que sabía que podía ofrecerle todo menos lo que ella necesitaba.

Porque yo había renunciado a eso cuando Victoria me había abandonado. Esa era la conclusión a la que había llegado en mi vida, tanto así que por esa misma razón Eleazar había ideado toda esa locura para obligarme a casarme. Yo había nacido para ser un hombre libre, y para vivir solo. El amor no se había hecho para mí.

Y ahora una mujer maravillosa estaba dispuesta a ofrecérmelo, y yo era lo suficientemente idiota para alejarla de mí.

-Demonios-

Incapaz de concentrarme en el trabajo, miré el reloj de mi escritorio para comprobar la hora. Las cinco de la tarde.

Faltaban dos horas para mi cena con los inversionistas franceses en el famoso restaurante Seastar, y finalmente cerrar el trato multimillonario que nos dejaría bastante satisfechos a todos. Por supuesto aquella cena no podía ser más perfecta para mí, cuando lo último que quería era estar en casa.

Lo que fuera por no estar en el mismo sitio donde estaba ella, y por no soportar la tortura de dormir solo en mi cama sabiendo que mi esposa dormía en la habitación a unos metros de mí. Pero sobre todo, lo que fuera por no soportar otra noche sin hacerle el amor.

Decidiendo que no haría nada más productivo por ese día, apagué mi computadora y tomé mi abrigo para salir de mi oficina.


Entré al departamento para encontrármelo vacío. Maggie se encontraba de vacaciones, y tal como lo esperaba Bella aún no llegaba del trabajo. Lo que me daba tiempo suficiente para darme una ducha, arreglarme y salir de nuevo sin encontrarme con ella.

Con una sed increíble caminé hacia la cocina mientras me quitaba el saco y lo tiraba al sofá. Una vez en la cocina miré la única luz que salía del refrigerador abierto y extrañado escuché a alguien rebuscando entre los estantes detrás de la puerta.

Miré los coquetos pies descalzos que tan bien conocía y antes de poder reaccionar Bella cerró la puerta del refrigerador y se percató de mi presencia.

Estuve a punto de ahogarme con mi propia saliva.

Ella abrió sus ojos de par en par.

Maldición.

Enfundada en una micro pijama de verano compuesta por una entallada camiseta de tirantes y un diminuto bóxer que solo cubría su entrepierna, con su cabello recogido en una coleta despreocupada y descalza, me miró con una pequeña botella de sidra en la mano y parpadeó sin saber que decir.

Bajé la mirada hasta sus pechos que se transparentaban en la tela y contuve un gemido. Como si quisiera terminar de volverme loco, no llevaba sostén.

-Ed…Edward- su suave voz me hizo subir la mirada- Creí que estarías en la cena-

Me obligué a decir algo.

-Vine a tomar una ducha…- dije entre dientes- Y a tomar algo antes de irme-

Se sonrojó al darse cuenta que la miraba de arriba abajo y miró el piso a sus pies un instante.

-Ya veo…- sonrió ligeramente- Bueno, creo que subiré a mi habitación-

No conforme con el infierno que me estaba haciendo pasar, pasó por mi lado y conteniéndome para voltear y mirar su perfecto trasero enmarcado por el bóxer tomé una larga bocanada de aire y esperé.

-Suerte en la cena, Edward-

Solo entonces volteé a mirarla para toparme con su suave sonrisa.

-Gracias-

Sin darme tiempo a nada más y con una media sonrisa, se giró para salir de la cocina y dejándome ver su perfecto trasero enmarcado por la tela, la escuché subir las escaleras hasta que cerró la puerta de su habitación.

Dejándome en la cocina solo, frustrado y sobre todo excitado.

Contuve las ganas de gritar una maldición.


~Bella's POV~

Unas horas más tarde acostada bajo las sábanas, miraba el dosel de mi cama mientras el incidente con Edward en la cocina se repetía en mi cabeza una y otra vez.

Sonreía sin poderlo evitar.

Al parecer, el haber llegado unas horas antes a casa para estar sola y relajarme había sido bastante contraproducente, pues mi esposito al parecer había tenido la misma idea y todo había resultado en que me viera en la cocina. Sin nada más que mis bóxers y mi camiseta para dormir, que había dejado de usar desde que había llegado a casa de Edward.

Y el resultado de eso había sido, contrario a lo que yo esperaba, bastante satisfactorio.

Antes de conocer a Edward era demasiado inexperta como para darme cuenta cuando un hombre me deseaba, pero ahora que había compensado eso con creces gracias a él, sabía que lo que había visto en su mirada no era más que precisamente eso. Deseo.

Algo que me había dado un atisbo de esperanza por primera vez desde que había cambiado radicalmente su actitud. Algo que todavía no terminaba de entender y comenzaba a volverme loca.

¿Sería que estaba harto de la situación con mi padre? ¿Harto de no saber nada de su herencia? ¿Harto de estar casado conmigo? Tal vez lo único que quería era que todo terminara, o tal vez por el hecho de que pronto terminaría es que estaba tan alejado de mí. Faltaba menos de una semana para la lectura del testamento.

-Demonios-

Estaba harta de pensar en lo mismo. Decidí que aquella incesante charla conmigo misma iba a acabar como siempre en nada y me acurruqué contra la almohada para dormir. Eran casi las diez de la noche.

Pero antes de poder siquiera relajarme, el sonido incesante de lo que parecían ser botellas de vidrio me hizo abrir los ojos y me puso en alerta. Asustada, miré de nuevo el reloj para asegurarme de la hora y salté de la cama. Era demasiado temprano para que Edward hubiera llegado.

Demonios, hay un maldito ladrón en la casa.

Tomé el jarrón para flores de mi mesita de noche y bajé las escaleras con el corazón latiéndome a mil por hora. Con los nervios de punta caminé por toda la planta hasta identificar de donde provenía el sonido incesante. La puerta estaba entreabierta y una suave luz se colaba por la rendija. Venía del estudio de Edward.

Tomando una larga bocanada de aire la empujé ligeramente y asomé la cabeza para toparme con Edward, quien en cuanto se percató de mi presencia subió la mirada de su vaso de whisky y se levantó de su enorme silla de cuero negra. No había más luz que la de la lámpara de su escritorio.

-¿Qué haces aquí?-

Ignoré su brusco tono y el miedo se convirtió en alivio.

-Pero que susto me has dado!-

Una vez dentro lo miré de arriba abajo y contuve el aliento. Desaliñado, con su corbata desecha, una incipiente barba y su cabello algo revuelto, se veía simplemente delicioso. Atormentado, pero al fin delicioso.

Lo deseé como nunca.

-Lo siento. No fue mi intención-

Fue su simple respuesta mientras su mirada se perdía en recorrer mi cuerpo, el cual recordé aún estaba cubierto solo por la mini pijama con la que me había visto horas atrás. Y no sé si fue su mirada, el ambiente cargado o mis ganas de hacer el amor, o tal vez las tres cosas, pero dejé que me mirara cuanto quisiera sin inhibirme, echando incluso mi cabello hacia atrás y cruzando mis brazos debajo de mi pecho.

Sabía muy bien que se transparentaba por la tela, y Edward no dejaba de mirarlo con esa mirada que conocía a la perfección.

-Creí que volverías más tarde-

-Terminó temprano- se encogió de hombros- El trato está cerrado así que no necesitábamos más tiempo-

Ahí estaba el tono frío que había usado conmigo la última semana. Contuve un suspiro cansado.

Tal vez necesitaba otra técnica para eliminar esa actitud. Una que sabía que funcionaba con todos los hombres, en especial con mi esposo. Sexo.

Además yo también lo necesitaba, así que los dos saldríamos ganando.

Fingiendo no haber escuchado su tono distante e indiferente y aún cruzada de brazos para marcar más mis senos contra la camiseta, me acerqué y tomé la botella de whisky que estaba en el escritorio frente a él.

-Te ves cansado ¿Estás bien?-

Tomé su vaso vacío y serví el poco whisky que quedaba hasta que terminó la botella. Con una suave sonrisa, le pasé el vaso que tomó algo dubitativo y me recargué contra un lado del escritorio para mirarlo aún de brazos cruzados.

De esa manera él quedaba sentado, conmigo apoyada en el borde del escritorio a menos de un metro de él. Lo miré tensarse y sonreí internamente.

-Estoy bien, ha sido una semana…-

-Complicada-

Dijimos los dos al mismo tiempo y sonreímos. Con esa sonrisa de medio lado que me volvía loca, meneó la cabeza y llevó el vaso a sus labios.

Maldición, Bella. Tienes que hacerlo mejor. Me susurró mi conciencia al ver mis torpes intentos por seducir a mi esposo. Sin decir nada, se tomó el whisky que quedaba y dejó el vaso sobre el borde detrás de mí.

Y no supe si lo hizo consciente o fue sin querer, pero sus dedos rozaron ligeramente mi cadera descubierta y contuve un escalofrío. Entonces miré sus ojos que me miraban fijamente, y aquella mirada fue suficiente para saber que mi reacción era precisamente la que él esperaba.

Era esa mirada que me decía que me deseaba.

En ese instante olvidé por completo su fría actitud de la última semana y el ambiente lo sentí tan cargado que necesitaba tomar aire. Tomando como excusa la falta de whisky caminé hasta el estante en la esquina del estudio donde Edward guardaba sus botellas de alcohol. Saqué una llena del líquido caramelo y lo dejé en la barra para girarme.

Entonces me topé con sus brillantes ojos verde mirándome fijamente. Estaba a solo unos centímetros de mí.

Contuve el aliento y él dio un paso más hasta que quedé pegada al estante detrás de mí. Me miró de arriba abajo hasta que sus ojos volvieron a los míos y pegó su frente a la mía.

-Maldición- gruñó entre dientes- ¿Por qué me haces esto, Bella?-

Contuvo un gemido contra mis labios y no pudimos contenernos más. Sin darme tiempo a reaccionar, me besó con tanta fuerza que me dejó sin aire y soltando un gemido de alivio inundó mi boca con su lengua mientras se relajaba por completo.

Yo hice lo mismo, y calmando en ese beso toda la ansiedad que me había carcomido durante la semana me dejé llevar por sus labios y su lengua y gemí. En algún momento sus manos fueron a parar a mis caderas y acariciaron por encima de mi camiseta, hasta que las hundió debajo de la estorbosa tela y tuvo acceso a mi piel desnuda y ansiosa por sus caricias.

-Edward…-

Rodeé su cuello con mis brazos para pegarlo aún más a mí mientras sus manos se entretenían con mi cintura y mis caderas, rozando mi vientre y enviando descargas a ese punto dentro de mí que lo necesitaba tanto.

Entonces todo dejó de tener sentido.

De un simple salto y sin dejar de besarlo, rodeé su cintura con mis piernas y me restregué contra él mientras nuestras lenguas se encontraban como tan bien sabían hacerlo. Sentí su erección a través de la tela de su pantalón contra mi entrepierna ya húmeda y él soltó un gruñido contra mi boca.

-Maldición, tu quieres volverme loco-

Volvió a besarme con desesperación y sus manos aferraron mi trasero con fuerza para pegarme más a él. Todo lo demás pasó muy rápido.

Cuando menos lo pensé Edward ya había caminado hasta el escritorio conmigo en sus brazos, y una vez que topamos con el mueble me sentó en el borde sin dejar de besarme. Con un gemido de agrado, lo dejé abrir mis piernas y se encajó entre ellas perfectamente. Sentí su erección de nuevo contra mí y contuve un gemido de urgencia.

Urgencia por tenerlo dentro de mí, dándome placer y haciéndome el amor como solo él sabía hacerlo.

Sentada precariamente sobre el borde del escritorio, acaricié su nuca con mis manos mientras nos seguíamos besando y las manos de Edward se detuvieron en mis pechos por debajo de la camiseta. Solté un gemido contra sus labios cuando los apretó con fuerza y mordí su boca cuando pellizcó mis pezones erguidos. Maldición, había olvidado lo bien que se sentían sus manos sobre mi cuerpo.

-Eso es preciosa- murmuró contra mis labios- Levanta tus brazos-

Hice lo que me pidió y de un solo tirón sacó mi camiseta y la tiró al suelo, dejando mis pechos expuestos a sus caricias mientras volvía a besarme como si no lo hubiéramos hecho en años. Con mis manos escociendo por tocarlo, desabroché los primeros botones de su camisa e introduje mis manos para acariciar sus hombros, su espalda, su pecho y su trabajado abdomen, como una niña a la que le han privado su juguete favorito mucho tiempo.

En algún momento, los dedos que prestaban tanta atención a mis pechos bajaron lentamente por mi estómago hasta encontrarse con mis bóxers que Edward hizo a un lado sin problema alguno. Ahogando mis gemidos en su boca acarició mi entrepierna ligeramente solo para encontrarla mojada, y cuando tocó mi centro solté un ligero chillido de ansiedad que no pude contener.

Con dedos expertos hizo círculos alrededor de mi clítoris sin piedad mientras seguía besándome y yo apenas podía concentrarme en el beso. Entonces enterró lentamente dos dedos en mi interior y solté un largo gemido. Maldición, ese hombre quería matarme.

Siguió jugueteando un rato más en mi centro que lo necesitaba como nunca, moviendo sus dedos dentro de mi mojada cavidad que palpitaba por él. Que lo pedía a él. No quería sus dedos, lo quería a él. Dentro de mí.

-Edward…por favor-

Pareció compadecerse ante esa pequeña súplica y deteniendo su delicioso asalto durante unos instantes se separó de mí.

-¿Sigues tomando tu pastilla?-

Lo pensé un poco y tardé en reaccionar. Tenía mis sentidos nublados y adormecidos.

-Sí- gemí contra su boca.

-Perfecto-

Sin darme tiempo a más, llevó sus manos a los bordes de la única prenda que me quedaba y con agilidad la deslizó por mis piernas hasta tirarla junto a mi camiseta, dejándome completamente desnuda, caliente, sudorosa y excitada, sentada al borde de su escritorio con mis piernas completamente abiertas.

Sin pudor alguno, recorrió mi cuerpo con mirada nublada y la detuvo en mi entrepierna que se encontraba caliente, mojada y palpitante. Lo miré contener un gemido y eso solo me excitó más.

-Así me gustas más, definitivamente-

Con esa simple aseveración volvió a asaltar mi boca hinchada y llevó sus manos a mis muslos para separarlos aún más. Lentamente se encajó entre mis piernas y completamente desesperada por tenerlo dentro de mí, llevé mis manos al zipper de su pantalón y lo bajé para dejar libre su miembro, completamente erecto y listo para estar dentro de mí.

Gemimos ligeramente cuando llevé mis manos a acariciarlo, y el beso se hizo aún más intenso y caliente de lo que ya estaba, al igual que todo el ambiente del estudio a media luz.

-Quiero hacerte mía- gimió contra mi boca- Quiero entrar en ti y verte llegar en mis brazos- con sus manos movió mis caderas hasta su erección, lentamente- Quiero follarte hasta escucharte gritar de placer-

Había tenido suficiente. Aquellas palabras crudas solo me excitaron más, y cuando la punta de su miembro solo rozó mi mojada cavidad solté un chillido y meneé mi cabeza desesperada.

Era demasiado.

-Maldición- gruñí- Entonces hazlo, Edward. Fóllame, ya-

Aquello pareció dar resultado. Volviendo a besarme, se alejó un poco de mí y aferró mis caderas con fuerza para hacer lo que más deseaba que hiciera.

-Te deseo tanto- gimió contra mi oído.

Y yo te amo tanto. Pensé mientras me aferraba a él y en unos instantes estuvo dentro de mí con fuerza, llenándome por completo y aliviando por fin el deseo que sentía por él desde hace días.

Gemí aliviada y él gruño con satisfacción.

Sí. Eso era lo que necesitaba. A él. Dentro de mí.

-Oh, Edward…- mordí su labio inferior- Edward…-

Eso fue otro incentivo para él, quien soltando un gruñido contra mi boca salió de mí para volver a enterrarse hasta el fondo con fuerza y sacarme un grito de placer. En aquella posición lo tenía más dentro de mí que nunca, y alzando un poco mis caderas fui a su encuentro para instarlo a moverse.

-Eso es preciosa- salió y volvió a penetrarme con fuerza- Dios, te necesito tanto-

Lo entendí a la perfección. Los pasados días sin hacer el amor habían sido un tormento, y después de una semana de no tocarlo, tenerlo dentro de mí haciéndome el amor se había convertido en una necesidad.

-Oh, Edward-

Con aquél simple suspiro, siguieron una sinfonía de gemidos mientras ahí, conmigo sentada y desnuda en el escritorio, él completamente vestido y la tenue luz de la lámpara iluminando sensualmente la habitación entraba y salía de mí a un ritmo fuerte y rápido. Sin miramientos, sin delicadezas, sin nada más que una necesidad tan primaria que parecía casi animal.

-Ahhh...Edward, más fuerte- gemía contra su oído- Más rápido -

No era común que expresara con palabras mis necesidades al hacer el amor, y atribuyendo mi desesperación a la necesidad que sentía debido a los días que llevábamos sin estar juntos, moví mis caderas a su ritmo mientras el gruñía en respuesta, claramente complacido por mis palabras y acciones.

Y me complació al instante. Con penetraciones fuertes, rápidas y bastante profundas, me tomó por las caderas para aumentar el ritmo e incapaz de continuar con el beso me arqueé ligeramente en el escritorio, apoyándome con mis manos en la madera detrás de mí mientras Edward llevaba sus labios a mis pezones y succionaba con fuerza.

Maldición. Aquello era demasiado.

-Ed…Edward…-

No se detuvo. En aquella posición su miembro grande y fuerte me llenaba por completo, enviando descargas por todo mi cuerpo.

Entonces lo sentí, el placer acumulándose con fuerza en la parte baja de mi vientre, mis músculos tensándose mientras Edward seguía penetrándome con fuerza y me dejé ir. Soltando un grito contra sus labios, me vine en lo que estaba segura había sido uno de los orgasmos más fuertes que había tenido en mi vida. Él me tomó con fuerza para que no me desvaneciera en el escritorio y pegándome contra su pecho llegó a su liberación con la misma fuerza mientras me besaba.

Durante unos instantes ninguno dijo nada. Abrazados en la misma posición, nos limitamos a respirar profundamente para recuperar el aliento y el sentido común. Todo había pasado muy rápido.

Y así como empezó fue como terminó.

Sin darme tiempo a nada y una vez que me calmé, Edward salió de mí con más brusquedad de la necesaria y sin mirarme cerró el zipper de su pantalón mientras se daba media vuelta para buscar mis cosas.

Tenía la mandíbula tensa y los puños también. Y estaba segura que su mirada se había vuelto fría como el hielo. ¿Qué rayos le pasaba?

Una vez que tuvo el mini pijama en sus manos, y sin siquiera dirigirme la mirada me lo extendió bruscamente y lo dejó en mis manos temblorosas.

-Vístete…- me miró a los ojos- Y vete, Bella-

¿Qué? Bien, aquello oficialmente se estaba volviendo una montaña rusa de actitudes. Acabábamos de hacer el amor en su escritorio y ahora me trataba como si fuera una aventurilla de una noche de la que se quería deshacer. ¿Qué rayos le pasaba?

-Pe…pero Edward…-

-Vístete-

Eso hice, y una vez que estuve cubierta con mi pijama y me bajé del escritorio me acerqué a él para tocarlo. Sentí su brazo tensarse como el hierro y me miró con sus ojos antes verde esmeralda ahora de un frío jade. Me estremecí.

-Vete-

-Pero Edward…-

-Con un demonio- alzó la voz hasta convertirla en un grito y apuntó la puerta- Lárgate!-

Aquello fue suficiente. Con mis ojos al borde de las lágrimas y el peso de su grito en mi pecho, tragué saliva con fuerza e hice lo que me pedía. Sin mirarlo, di media vuelta y con mis piernas temblorosas casi corrí hasta la puerta y una vez fuera la cerré detrás de mí y solté un suspiro para impedir que las lágrimas cayeran.

No iba a llorar.

Soltando el aire contenido, subí las escaleras con prisa y una vez en mi habitación cerré la puerta con fuerza y me metí a la cama para acurrucarme. Y para romper la promesa que me había hecho segundos atrás.

Me sentía miserable. Sí, esa era la palabra. Completa y absolutamente miserable.

Debajo de las sábanas y ya en la soledad de mi habitación, lloré como una niña hasta quedarme completamente dormida.


El día siguiente me desperté sintiéndome un poco mejor. Después de todo había llorado demasiado.

Aunque me dolía un poco la cabeza, me desperecé, me levanté para ir al baño y me miré al espejo. En mi cara algo demacrada, mis ojos hinchados delataban lo mucho que había llorado la noche anterior, y segura de que no quería que Edward me viera así me dispuse a darme un baño para relajarme.

Era sábado, lo que significaba que no iba a poder evitarlo en todo el día. Y mucho menos cuando teníamos una comida familiar en casa de sus padres por su aniversario de bodas.

Definitivamente aquél no iba a ser un muy buen día. Mucho menos cuando no podía ni mirar a Edward a la cara.

Una vez fuera de la ducha elegí la ropa que utilizaría ese día y satisfecha miré el atuendo tirado en mi cama. Un vestido de encaje y chifón Elie Saab en color azul cielo y unos zapatos de tiras hasta las pantorrillas del mismo color: perfecto para hacerme sentir un poco mejor.

Cuando estuve lista, tomé uno de mis carísimos bolsos Dolce & Gabanna a juego y me miré al espejo una vez más.

Y por debajo de las mil capas de maquillaje que llevaba supe que no había nada que pudiera cubrir la sombra que se veía en mis ojos. Suspiré.

Tranquila, Bella. Todo estará bien.

Con ese pensamiento en mente abrí la puerta y salí para enfrentarme a la fuerte presencia de mi cambiante esposo.

~o~

Quince minutos más tarde y sumergidos en el silencio sepulcral más incómodo que jamás había existido entre nosotros, Edward estacionó su Volvo en el jardín delantero de la mansión Cullen. Como siempre, Randall abrió mi puerta y una vez que Edward estuvo a mi lado y le entregó las llaves, me tomó de la mano para caminar al jardín trasero en donde todos se encontraban.

Su contacto, aunque bastante inseguro y seco, me hizo recordar la noche anterior y me sonrojé sin poderlo evitar.

Antes de poder pensar en algo más la fuerte voz de Alice me sacó de mis cavilaciones mientras se acercaba a nosotros con una enorme sonrisa en su rostro.

-Hola hermanito!-

Lo abrazó efusiva para después soltarlo y mirarme a mí con ojos desorbitados.

-Bells! ¿Te encuentras bien? No me malinterpretes, estás preciosa!- tomó mi rostro entre sus manos- Pero mira nada más esas ojeras que traes! Y tus ojos! ¿Estás bien?-

Maldición. Alice y su sexto sentido. Alice y su enorme bocota.

A nuestro lado Edward me miró de reojo y apretó su mandíbula claramente tenso, como si supiera exactamente a lo que se refería Alice. Entonces él también lo había notado.

-Sí Alice, estoy bien, no te preocupes-

-¿Estás segura?- miró a Edward con ojos entrecerrados- Más vale que la cuides hermanito inútil!-

Con su brazo en mi cintura, Edward alzó una ceja y me miró de reojo antes de contestar.

-Ya te dijo que está bien- entornó los ojos- Además sé muy bien cómo cuidar a mi esposa, entrometida-

Al parecer eso distrajo a Alice quien le propinó un golpe en el brazo y comenzó a caminar a nuestro lado donde estaban todos los demás. Toda la familia se encontraba ahí, pero cuando me topé con la cabeza color ébano y los dulces ojos de Jake mirándome sonreí y sentí como si me quitaran un peso de encima.

No sabía porque, pero verlo ahí era un alivio enorme.

Después de los mil saludos a todos y de felicitar a Carlisle y a Esme, tomé mi lugar entre Jacob y Edward y la pequeña fiesta de celebración continuó animada.

O al menos así fue durante unos minutos.

Aunque normalmente solía hablar mucho junto con Alice, esa tarde me limité a quedarme callada mientras los demás hablaban. Tomaba de mi copa en ocasiones, sonreía en otras y en muchas otras solo me limitaba a mirar a Edward de reojo.

Quien ahora tenía una actitud mucho peor que la que había tenido días atrás. Al parecer el haber hecho el amor anoche no había ayudado en lo más mínimo, y por el contrario, solo lo había alejado aún más de mí.

En todo el tiempo que llevábamos ahí no me había dirigido una sola palabra o mirada. Incluso me ignoraba, algo que yo intentaba no ver mientras sonreía y contestaba a lo que me preguntaran.

No había nada de las pláticas amenas, las miradas cómplices, las sonrisas suaves, las risas fuertes, y los besos o abrazos que intercambiábamos siempre que estábamos en la mesa con su familia. El cambio era bastante notorio y estaba segura que para entonces todos en la mesa notaban que algo andaba mal.

Pero lo que más me dolía era su indiferencia y su frialdad, y para ese entonces estaba luchando bastante por fingir ser la esposa feliz y enamorada cuando por dentro lo único que quería hacer era llorar hasta el cansancio.

De mi otro lado podía sentir la fuerte mirada de Jake, quien no nos quitaba la vista de encima y miraba a Edward algo molesto.

No pude pensar más en eso, pues la fuerte voz de Alice resonó por el lugar y nos sacó de la plática en la que estábamos.

-Hey, hey, hey…- le gritó a Randall quién llevaba una bandeja con aperitivos- ¿A dónde crees que vas con eso? Esta mujer ahora come por dos!-

Le arrebató la bandeja y la colocó en su regazo para meterse un aperitivo a la boca. Todos en la mesa, incluida yo, reímos ante los evidentes antojos de Alice que comenzaban a denotar su embarazo de unas semanas.

-¿Qué? ¿Acaso no puedo tener mis antojos?-

-Claro que puedes, Alice- contesté sonriente- Es de lo más normal-

-¿Sabes que no es normal?- sonrió de oreja a oreja- Que tu no estés embarazada, cariño. ¿Cuándo piensan darme sobrinitos, eh?-

La pregunta me tomó por sorpresa, pero antes de poder siquiera abrir mi boca para contestar, Edward miró a Alice y habló secamente.

-Creo que vas a tener que esperar largo tiempo, hermanita- contestó en un tono casi irónico- Eso no va a pasar pronto-

Aunque la respuesta no fue nada del otro mundo, el tono tan seco, irónico y hasta hiriente con lo dijo aquello bastó para dejarnos callados a todos y por un momento sentí que me ahogaba. Parecía como si el mero hecho de pensar en tener una familia conmigo fuera impensable, y para entonces había tenido suficiente de sus desplantes.

Necesitaba estar sola.

Diez minutos después del tenso momento y una vez que todos lo olvidaron, aproveché para levantarme y procurando que nadie me viera me escabullí por el jardín al otro lado de la mansión.

Para llorar a mis anchas. De nuevo.

Pero si pensaba que eso iba a ser fácil estaba bastante equivocada. Dos minutos más tarde y antes de poder siquiera recuperar el aliento escuché una conocida voz.

-Hola, Bells-

Me giré para toparme con los dulces ojos de Jake y sonreí ligeramente, las lágrimas a punto de resbalar por mis mejillas.

-Jake! Hola- me giré y limpié mis ojos disimuladamente- No te escuché llegar-

-No era mi intención sorprenderte- se colocó a mi lado- Solo que noté que desapareciste y quise venir a buscarte. ¿Estás bien?-

-Claro! Excelente!- mentí con una sonrisa- Es solo que fui al tocador y me entretuve mirando el jardín. Con lo enorme que es nunca terminas de conocerlo-

-Ya veo-

Nada convencido con mi falsa actitud alegre, tocó mi hombro y me obligó a mirarlo. Y cuando vi su mirada solidaria supe que no tardaría mucho para que las lágrimas volvieran a mis ojos y me pusiera a llorar enfrente de él.

-Veo que las cosas con Edward no han mejorado…¿Verdad?-

No contesté. Limitándome a encogerme de hombros, meneé mi cabeza mientras intentaba impedir que las lágrimas aparecieran de nuevo sin éxito alguno.

No supe en qué momento me encontraba llorando y gimoteando sin consuelo alguno, ni tampoco cuando Jacob me tomó entre sus brazos y me abrazó con fuerza mientras yo me desahogaba. Para entonces lo que menos me importaba es que se diera cuenta de lo que pasaba entre Edward y yo, mientras los recuerdos de los días pasados y la fría actitud de mi esposo volvían a mi cabeza.

-Reverendo idiota…-

Lo escuché murmurar en algún momento y sonreí mientras me dejaba abrazar por él y poco a poco me tranquilizaba. Finalmente se alejó de mí y limpiando las pocas lágrimas que quedaban en mi rostro me sonrió hasta que el sonido de alguien aclarándose la garganta nos devolvió a la realidad.

Volví la cabeza y abrí mis ojos de par en par al encontrarme con Edward, quien parado a unos cuantos metros de nosotros, nos miraba fríamente desde su lugar.

Abrí mis labios para decir algo pero no salió ningún sonido, y de manera inmediata me alejé de Jake y él hizo lo mismo.

-¿Interrumpo algo?-

No pude contestar, y en ese momento deseé desaparecer.


~Edward's POV

Cuando pude ver todo con un poco más claridad, Jacob y Bella ya se habían separado y me miraban.

La mirada de Bella denotaba nerviosismo, la de Jake era todo lo contrario. Parecía incluso molesto.

Y no tenía ni una reverenda idea del porqué.

-¿Pasa algo?-

Para mi sorpresa mi esposa fue la primera en hablar.

-No, nada- respondió firme, aunque pude notar su voz algo quebrada- No te preocupes-

Limpiando ligeramente sus ojos y haciéndome sentir el ser más miserable del planeta en el proceso, pasó por mi lado y se giró para mirarnos.

-Iré al tocador, los espero en la mesa-

Y sin decir nada más, dio media vuelta y se alejó a paso rápido hasta desaparecer dentro de la casa, dejándonos completamente solos. Y para mi enorme sorpresa antes de poder decir algo fue Jake quien habló primero.

-¿Me permites unas palabras?-

Alcé mis cejas algo sorprendido. Lo encontraba abrazando a mi esposa ¿Y él me pedía unas palabras? Sin darme tiempo a contestarle, pasó por mi lado y miré la mesa a lo lejos donde estaban todos.

-Por supuesto, pero aquí no-

Fue mi única y seca contestación antes de emprender camino a la casa con mi bronceado amigo. Una vez dentro, nos dirigimos al despacho de papá y entrecerramos la puerta. Ignoré a Jake unos momentos y me dirigí a la ventana para mirar el jardín donde todos se encontraban comiendo. Bella aún no llegaba.

Entonces recordé que estaba llorando, y volví a sentirme despreciable.

Era un imbécil.

Y tal vez era cuestión de segundos para que Jacob me lo recordara.

-¿Se puede saber que estaban haciendo?-

Lo miré fríamente, y Jake frunció el ceño con fuerza.

-Lo mismo te pregunto a ti ¿Qué rayos crees que estás haciendo?-

-¿Qué rayos estoy haciendo de qué?-

Contesté de manera igualmente brusca. Aunque sabía perfectamente a que se debía su pregunta, no pensaba demostrar absolutamente nada hasta no saber qué era lo que él sospechaba o lo que Bella le había dicho. Era obvio que algo había notado.

Lo que Bella le había dicho, de eso no estaba seguro.

-Por favor Edward, debería ser un estúpido para no ver lo mal que estás tratando a Bella-

-Claro, de eso me pude dar cuenta- lo corté de inmediato, con voz serena- Has estado detrás de ella toda la mañana mirándola y vigilándola como perro guardián-

Ante mi respuesta solo abrió sus ojos de par en par para después fruncir el ceño.

-¿En serio vas a hacer esto sobre mí?- quiso reírse- ¿Ahora vas a comportarte como el esposo celoso y posesivo? ¿Conmigo?-

No contesté. Me limité a mirarlo secamente mientras sonreía de medio lado para volver a mirarme.

-Puedes dejar de hacerlo. Además, no lo estaría haciendo si tú no estuvieras comportándote como un patán con ella- me soltó sin pensarlo- Me contó que llevas varios días así-

De nuevo, no supe que contestar. Y Jake parecía dispuesto a decirme todo lo que pensaba, algo que se le daba bastante bien.

-Sólo te voy a pedir que dejes de rondar a mi esposa como buitre-

Ignoró mi comentario.

-Te dije que estabas jugando con fuego, Edward- se cruzó de brazos- Te dije que Bella no era como las otras mujeres, que no podías jugar con ella-

Aquello fue como un balde de agua helada. Sorprendido por el giro que había tomado la conversación, me limité a mirarlo esperando que no notara mi sorpresa y esperé.

-Dime la verdad ¿Te has estado acostando con ella, verdad?-

No contesté. Se me había olvidado lo directo que podía ser mi mejor amigo, y en ese momento no estaba dispuesto a ceder hasta que le dijera todo. Tomando mi silencio como un "sí" miró el techo frustrado y extendió sus brazos.

-¿Acaso perdiste el juicio? Dijiste que no tendrías relaciones con ella por el bien de los dos-

Había tenido suficiente.

-Sí, le hice el amor, ¿Y qué?- fruncí el ceño -Ese no es asunto tuyo, además no es como que la haya obligado-

-Eres un bruto, Cullen- meneó la cabeza-Solo necesito que me digas algo ¿Era virgen?-

Y como si quisiera acentuar aún más el hecho de que era un patán, me encogí de hombros e hice una mueca indiferente.

-No lo sé, ella me dijo que sí-

-No seas idiota, sé que no eres tan bruto como para no haberlo notado- recargó sus manos en el escritorio que nos separaba -¿Lo era o no?-

Miré por la ventana de nuevo. Bella aún no llegaba. Y yo no podía mirar a Jacob a los ojos.

-Sí, sí era virgen-

Escuché el enorme suspiro detrás de mí.

-Le estás haciendo daño Edward. Ella está enamorada de ti-

-Ya lo sé- me giré para mirarlo -Me lo dijo-

-¿Te lo dijo? ¿Cuándo?-

Fue mi turno para soltar un suspiro, y pasando una mano por mi cabello me dejé caer en la silla del escritorio y lo miré.

-Me lo dijo una noche, creyendo que estaba dormido. No sabe que yo lo sé-

-De cualquier forma era cuestión de tiempo para que lo supieras- se sentó en la silla del otro lado del escritorio-¿Y por eso la has estado tratando así?-

-Yo…no sé- me levanté de la silla y me acerqué a la ventana -Jamás creí que se enamoraría de mí- me giré para mirarlo -Jamás quise que esto pasara, y tú lo sabes-

Aquello pareció colmar la paciencia de Jake. Mirándome como si no pudiera creer lo que le estaba diciendo, llevó sus manos a su rostro y soltó un largo suspiro antes de mirarme casi cansado.

-Bien, ella te ama-

Y soltó la pregunta que más temía escuchar.

-¿Y tú?-

Miré de nuevo hacia la ventana y cerré mis ojos frustrado. ¿Por qué rayos hacía esa pregunta?

Porque es la misma pregunta que te has estado haciendo inconscientemente los últimos días, por eso. Me gritó mi conciencia por enésima vez en días, como si no hubiera tenido suficiente con las demás.

Era esa pregunta que me había estado carcomiendo los últimos días, para la cual creía no tener una respuesta. O tal vez si la tenía, pero la mera idea de decirlo en voz alta me asustaba. Así como me asustaba todo lo que sentía por esa mujer desde que la había conocido.

Pero eso era algo que no pensaba admitir ante Jacob, y haciendo gala de una de las mejores actuaciones de mi vida me giré para mirarlo.

-Jacob, ya lo sabes, para mí esto fue un arreglo y ya. Necesito cobrar esa herencia, y estoy muy cerca de hacerlo-

Me senté de nuevo en la silla frente al escritorio y junté las yemas de mis dedos como si estuviéramos hablando de negocios.

-No creo en ninguna de esas cursilerías y mucho menos en la forma en que se dieron- hice un gesto con mis manos restando importancia-No creo en el amor y Bella y yo solo tenemos un acuerdo en común, nada más-

Me levanté de la silla sin dejar de mirarlo y entonces solté la última sarta de mentiras que tenía por decir.

-Así que te pediré de favor que dejes de meter tu narizota en mis asuntos y me dejes manejar mi vida, y que dejes de intentar que esto se convierta en una estúpida historia de amor- tomé aire -No amo a Bella. Ni a ella ni a nadie, y no lo haré nunca. Lo sabes-

Fue lo último que pude decir. Frente a mí, mi mejor amigo me miró como si hubiera perdido la razón y volviendo a colocar sus manos en el escritorio se empujó hacia adelante para hablar casi en un susurro.

-Vaya, hermano. Felicidades- el sarcasmo fue evidente -Te has convertido en un patán completo, espero estés satisfecho-

Sin decirme más dio media vuelta para alejarse y antes de llegar a la puerta se giró para mirarme fríamente.

-Solo un último consejo- tomó la perilla de la puerta entreabierta -Aléjate de Bella, deja de ilusionarla. Termina con el arreglo, consigue tu herencia, saca a su padre de la cárcel y déjala ir- la abrió por completo -Si no quieres convertirte en la persona que te hizo a ti el mismo daño. Si no quieres convertirte en mi hermana-

Sin dejarme contestar desapareció de mi vista y cerró la puerta detrás de él para dejarme solo.

Y sintiéndome la persona más miserable del planeta.


Una hora más tarde nos despedíamos de mi familia para regresar a casa.

Mientras Bella era ahora quien me ignoraba triunfalmente.

Después de que terminara mi discusión con Jake y saliera al jardín detrás de él, Bella ya se encontraba entre todos conversando animadamente mientras bebía de su copa, con una actitud tan segura y desinhibida que parecía que la habían cambiado por otra.

Aunque me agradaba que ya no estuviera triste, no había podido evitar sorprenderme al darme cuenta que ni siquiera me dirigía la mirada, mucho menos una sola palabra.

¿Y qué esperabas idiota? ¿Que siguiera soportando tu actitud?

Me recriminaba mi conciencia repetidamente, pues aun cuando me molestara Bella tenía toda la razón en comportarse así conmigo. Sin embargo, el cambio había sido tan repentino que el no saber qué rayos pasaba por su cabeza me estaba matando.

-Hasta pronto, Bells- Alice la abrazó con fuerza- Y cuídate ¿Sí? Estás algo desmejorada-

Con una sonrisa, Bella devolvió su abrazo.

-Lo haré, tu también cuídate, por tu bebé-

Una vez separadas, mi hermana me miró como si quisiera asesinarme.

-Y tu, más te vale que la cuides- susurró mientras me abrazaba- Valórala hermanito, esa mujer es de oro-

Con aquella simple petición que me dejó helado, Alice se alejó de mí y entré al auto donde Bella ya me esperaba. Una vez dentro la miré de reojo. Se encontraba mirando por la ventana hacia afuera, casi dándome la espalda.

Y así permaneció durante los siguientes veinte minutos de trayecto de vuelta a casa.

~o~

Una hora después, sentado en el sofá de mi despacho mientras tomaba un vaso de whisky, miraba el escritorio con una amarga sensación en mi estómago.

El escritorio donde le había hecho el amor a Bella. Mi esposa, la mujer que me amaba.

Que no tenía idea siquiera porque me amaba.

Y que ahora me ignoraba. Aunque no era para menos después de mi actitud, era lo suficientemente egoísta para estar molesto por la manera en la que me estaba tratando ahora; pues apenas habíamos llegado y se había encerrado en su habitación alegando dolor de cabeza.

Igual me había ganado su actitud a pulso, y no podía hacer nada por remediarlo.

Di otro trago a mi vaso de whisky hasta que el sonido de mi celular sonando me sacó de mis pensamientos. Era Sam.

-Dime-

-Woah, buenas tardes a ti también amigo-

-No estoy en el humor, Black- lo corté - ¿Qué pasa?-

Al parecer entendió de inmediato mi respuesta y fue directo al grano.

-Bueno, debo decirte que tengo excelentes noticias que te cambiarán el humor-

-¿En serio?- fui casi sarcástico- ¿Sobre?-

-Bien, empezaré por la primera: adelantaron la lectura del testamento de tu tío, es el lunes en dos días- sonreí ligeramente- Y todo indica que el juez dictará a tu favor, la herencia será tuya amigo. Al parecer tu esposa y tú hicieron una excelente labor convenciendo a la trabajadora social de que son una pareja-

No contesté. Más que nada porque no sabía que contestar a eso.

-¿Y la otra?-

-Logré que adelantaran el juicio de tu suegro, será el viernes de esta misma semana- dijo satisfecho- Y debo decirte que sé perfectamente que su sentencia será inocente-

Sonreí de nuevo, después pensé en Bella e imaginé su rostro al saber la noticia y sonreí mucho más. Aunque había querido engañarme todo este tiempo, era por esa expresión por la que había hecho todo por sacar a su padre de la cárcel. No por el arreglo. Ni por el dinero de mi herencia.

Por ella. Solo por ella.

-Esas son en verdad excelentes noticias, Sam- sonreí- Gracias amigo, te debo una-

Casi pude ver su sonrisa arrogante al otro lado de la línea.

-No me debes nada, Cullen- sonreímos- Al menos nada que unas buenas vacaciones en Hawaii no puedan pagar-

Reí con fuerza, y asegurándole que tendría eso y un poco más, colgué la llamada y llevé mi celular a mis labios aún sonrientes. Moría por ver la expresión de Bella cuando le dijera.

Terminé lo que restaba de mi copa y salí de mi despacho para subir las escaleras rumbo a la habitación de mi esposa. Extrañado, miré que se encontraba entreabierta y completamente iluminada, cuando esperaba que Bella estuviera dormida.

Pero los sonidos de cajones abriéndose y ganchos de ropa sonando me pusieron en alerta.

Di unos cuantos toques a la puerta y sin esperar respuesta la abrí para encontrarme con una escena que me dejo helado. En la cama, un montón de ropa que reconocía de Bella se encontraba esparcida, a lado de una enorme maleta que no recordaba haberle comprado para su guardarropa. En el vestidor, podía ver aún colgados los vestidos y la ropa que yo le había comprado, así como en los cajones sobresalía la sensual lencería que me había modelado muchas veces.

Lo único fuera de su lugar era la ropa que ella había traído de su casa, la misma que ahora estaba guardando en las maletas que eran de ella. Estaba empacando.

Abrí mis ojos de par en par.

Entonces la vi salir del vestidor con otro montón más de ropa en sus manos, quien en cuanto me vio la dejó en la cama y abrió sus ojos desorbitados durante unos instantes.

Nos quedamos callados durante unos instantes. Entonces reaccioné.

-¿Se puede saber qué crees que estás haciendo?-

-¿Que no es obvio?- me contestó sin miedo, casi enojada- Estoy empacando-

-Puedo verlo. Lo que no entiendo es porque-

No me contestó. Con su mandíbula tensa al igual que su cuerpo, siguió acomodando la ropa en las maletas y yo tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para no detenerla. Sin embargo no fue necesario, pues en cuanto me sintió cerca de ella se detuvo y se giró para mirarme.

Y estuve seguro que el fuego de sus ojos no era más que de rabia y enojo puro.

¿Qué rayos le pasaba?

-Te hice una pregunta- la tomé por los brazos con fuerza- Y quiero una respuesta-

-Creo…- se zafó de mi amarre- Que eso también es obvio-

-No, no lo es- la tomé de nuevo entre mis brazos y la pegué a mí- Quiero que me lo digas-

Al parecer aquello surtió un poco de efecto. Con su respiración volviendo a la tranquilidad, se alejó ligeramente de mí sin dejar de mirarme fríamente. Quise zarandearla con fuerza pero me contuve y esperé a que contestara.

Yo también comenzaba a enfadarme. Y a preocuparme.

-Hice cuentas- se encogió de hombros- En unos cuantos días leerán el testamento de tu tío…-

-En dos días para ser exacto- la interrumpí- ¿Eso qué?-

-Bien, en dos días tendrás tu herencia, y nuestro arreglo estará oficialmente terminado- miró su celular en la cama- Mi papá acaba de hablarme para decirme que el viernes sale de la cárcel, por lo que los dos obtendremos lo que queríamos-

-No entiendo de que…-

-Te acompañaré a la lectura del testamento, Edward. Tendrás tu herencia-

Me interrumpió de nuevo, y entonces soltó las palabras que no esperaba oír.

-Y después me darás el divorcio, me iré de aquí y desapareceré de tu vida para siempre-

Me miró con ojos como hielo y lo siguiente que dijo fue lo último que salió de su boca. Algo que ponía fin a todo.

-Nuestro arreglo estará terminado, Edward-


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