DISCLAIMER:

Los personajes son de S. Meyer. Esta es una adaptación de la película: Ella es el chico que está basada en una obra de William Shakespeare (Noche de Reyes) así que la trama es de la empresa productora. Solo algunos detalles son míos.


¡Hola! Vi esta película hace tiempo y hace unos días se me pasó por la cabeza adaptarla. Espero que les guste.

Cariños ;)

PD: Si voy en contra de alguna regla de la página me avisan porque desconozco si lo hago.


CAPÍTULO 1

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SI NO PUEDES UNIRTE AL ENEMIGO… VÉNCELOS

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BPOV

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El sol brillaba en todo su esplendor pero la sensación de la brisa golpeando mi rostro era gratificante. La arena se metía entre mis dedos mientras corría hacia la portería contraria. Alice llevaba el balón. Ángela no estaba libre, por lo que un movimiento de último momento Ali me dio el pase a mí. Era en un ángulo difícil y no me quedó de otra que anotar de cabeza. De fondo se escuchaban los vítores del grupo de chicos que nos observaban. Celebramos como siempre pero no nos descuidamos porque aún quedaban unos minutos para que se acabara el partido. Aunque ya llevábamos dos goles a favor queríamos meter el tercero. Esta vez fue Ángela la que me entregó el balón y anoté un tercer gol con el que sellamos la victoria. Nos dimos un abrazo grupal.

– ¡Eres increíble!– me halago Ángela por el triplete mientras me arrojaba el balón.

–Si sigues anotando así…esta temporada ganaremos el campeonato– la secundo Alice.

–No exageren, la victoria es un trabajo de equipo– vi como Ánge miraba sobre mi hombro.

–Creo que es momento de desaparecernos– le dijo a Alice. Esta tuvo que moverse un poco porque mi cuerpo le tapaba la visión debido a su pequeño tamaño. Cuando identificó el objetivo hizo una mueca de asco. No tuve que voltearme para saber de quién se trataba. Vi como las dos morenas desaparecían y de un momento a otro el balón me era arrebatado de las manos.

–Ella entra…tira y es gol– dijo él rubio mientras elevaba el balón. Mike Newton, mi novio desde hace tres meses, no es del agrado de Alice. Ella dice que merezco algo mejor.

– ¡Sí! bien hecho– grité

–Buen tiro, que patada eh– se pasaba el balón de una mano a otra. Sus ojos azules brillaban de manera extraña, como si planeara algo.

–Dámelo– trate de alcanzar mi balón.

–Quieta– me contestó cuando alejaba la pelota de mi alcance.

–Dame el balón– le volví a insistir.

– ¡Ah! Mike– de un momento a otro estaba sobre su hombro– ya suéltame–Le golpee la espalda para que me liberara.

–Está bien, está bien a bajo– contestó mientras me soltaba en la arena y caía sobre mí–Lo siento – se disculpó por ser tan brusco.

–Hola – le saludé e inmediatamente le besé.

–Oye…lo estás haciendo muy bien– me felicitó.

–Aww…tú igual. Sabes cuando empezamos a salir no sabías besar– le piqué. Me gustaba molestarle.

–Yo hablaba del fútbol– dijo en tono serio.

–Ah, en serio– seguí yo.

–Claro que si…eres mejor que la mitad de los muchachos del equipo– puntualizó.

–Y tal vez más de la mitad– recalqué. Le volví a besar.

– ¿Cómo que no sabía besar? – preguntó algo preocupado una vez se liberó de mis labios. A veces era tan lento.

–No te preocupes conmigo has aprendido– le conteste para volver a besarle.

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Zafrina, Bree, Chealse, Claire, Cynthia, Gianna, Ana, Alice y yo caminábamos en dirección a la cancha para nuestro entrenamiento. Cada una envuelta en una conversación diferente.

–Si lo sé– conteste a la pregunta que Alice me había hecho.

–No en serio, no crees que podrías jugar más tiempo en una universidad como Michigan– trató de persuadirme.

–Tal vez pero siempre me he considerado una Tar Heels y voy a ser de las azules de Carolina– dije más entusiasta

– ¡Eso es!– contestó Alice al ver que no me convencería.

–Así se habla– dije mientras empujaba con la cadera a la duende–Oye qué hace el equipo Lacross en nuestro campo– pregunté a Alice cuando vi a los chicos practicando. Estaba claro que Ali no sabía nada por la expresión de sorpresa en su rostro.

–El instituto eliminó nuestro equipo– respondió Ángela quien había aparecido de la nada.

–Espera… ¿qué?– estaba sorprendida.

–Las chicas ya no se interesan– contestó mientras me mostraba la lista de las chicas inscritas en el equipo.

– ¿Y por eso nos eliminan?– sí, éramos pocas pero no lo consideré motivo suficiente para que nos hicieran esto.

–No pueden hacer eso– habló indignada Alice. El resto de las chicas estaban como en estado de shock.

– Lo sé, esto no se queda así– a lo lejos vi al entrenador Clapp. Le dije a las chicas que me siguieran y caminamos a donde se encontraba. Mike estaba en la portería practicando.

–Hola Chicas, hay malas noticias– saludó el profe. Su mirada estaba fija en el equipo masculino de fútbol.

–Malas…esto es una catástrofe– ya me estaba exaltando. Cálmate Bella así no conseguirás nada me reprendí mentalmente.

–¡Ahora los buscadores de talentos no podrán vernos jugar!– chilló Alice

–Si– la apoyaron las chicas.

–Lo sé...Si hay algo que pueda hacer… díganmelo– dijo el entrenador.

–La verdad hay algo…que nos acepte en el equipo varonil– no había mejor solución, era eso o quedarnos por fuera y lo último no era una opción para mí.

El entrenador estalló en risa. Alice estaba a punto de brincarle encima, Bree se lo impidió–Otra cosa...eso no– dijo una vez se recompuso.

–Entrenador, usted sabe que somos buenas– hablé un tono más alto

–No estoy seguro de que eso es lo que sé– contestó

– ¿Qué?–se quejaron mis compañeras. Si el entrenador no medía bien sus palabras iba a terminar linchado por el equipo y yo no me iba a oponer.

–Solo denos una oportunidad– traté de mediar.

–Si, por favor– hablaron Ángela, Gianna y Zafrina.

–Chicas las clases empiezan en dos semanas. El primer partido lo jugaremos contra Illyria. Es un juego importante… tenemos que ganar–recalcó él.

–Podemos ayudarle a ganar– le aseguré.

–Hola nena– escuché la voz de Mike a mis espaldas. Me giré y vi que venía acompañado de James, Alec, Félix y el resto de los titulares.

–Hola– le saludé

– ¿Qué pasa entrenador? – preguntó

–Las chicas quieren entrar al equipo– les soltó. Ellos estallaron en carcajadas

–No lo dices en serio– habló Mike.

– ¡Dios! – exclamé. Esto era el colmo, hasta mi novio se burlaba de mi idea.

– ¡Ya basta!– les reprendió el entrenador– Son excelentes jugadoras–al menos ahora lo admitía– pero no son tan rápidas como los chicos–la tuvo que regar el coach.

–Uh– se volvieron a burlar los chicos.

–Claro que sí– se defendieron mis compañeras.

–Ni tan atléticas… y no lo digo yo, es un hecho científico. No triunfaran sobre ellos. Es así de sencillo– siguió "echándonos flores" el entrenador.

–Muy bien, Mike eres el capitán del equipo ¿Qué piensas de esto? – pregunté. Lo que dijera iba a ser determinante.

–Que el entrenador ya lo dijo– me contestó. Estaba de guasa.

–Ayer me dijiste que yo era mejor que la mitad del equipo varonil– le grité

– ¡Qué!– exclamaron sus amigotes.

–Yo jamás dije eso– se defendió el muy idiota.

– ¡¿Por qué dices eso?! ¡Por qué estas mintiendo! – volví a reclamarle.

–Bella se acabó la discusión– dijo él. Escuché como James le decía "No te dejes amigo". HOMBRES.

–Bien, se acabó la relación. Punto– conteste. Su cara era de asombro. Los chicos dijeron un uh–Vámonos– le dije a mi equipo. Me giré para retirarme de allí antes de cometer un homicidio múltiple.

– ¡Espera! – Me gritó Mike–…no seas así Bella, no me gustaría que te lastimen– ¿En verdad pretendía qué le disculpase?

–Aw–dije– ¡Qué te jodan! – le espeté mientras le arrojaba el balón a la cara. El entrenador sonó su el silbato.

–Vamos a practicar– gritó Clapp.

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Luego de una larga charla con Ángela y Alice para encontrar alguna solución a nuestro problema y de varios "te lo dije" por parte de esta última, me marché a casa. En realidad la ruptura con Mike no me había afectado tanto como debió hacerlo. Quizás no estaba enamorada de él como creía estarlo. Al menos no fue mucho el tiempo que perdí al lado de semejante lastra de hombre. Estaba muy triste por no haber podido salvar el equipo. Tenía mi ipod a un volumen moderado para poder escuchar también lo que me rodeaba. Wasteland de Matt White sonaba en mis oídos cuando escuché como llamaban a Emmett.

– ¡Emmett, Emmett!–me pregunto qué habrá hecho esta vez el diablillo. Yo mientas tanto caminaba hacia la puerta principal y cambiaba el balón de una mano a otra.

–Auch– me quejé cuando sentí que alguien me halaba de la mochila. Era Jessica, la novia de Emm. Llevaba una blusa muy escotada para mostrar mejor sus "atributos", un pantalón ajustado, sus sandalias con un tacón mortal y unos lentes de sol. Siempre me he preguntado de dónde la sacó mi hermano.

–Ah eres tú… ¡Qué horror!... Tú y tu hermano se parecen por atrás– dijo ella. Mi mello Emmett y yo nos parecíamos bastante, aunque con el pasar de los años él había crecido un poco más, casi un metro ochenta y cinco, y es un poco más robusto que yo. Teníamos el mismo color de piel, cabello y ojos. –Es por tu carencia de curvas– agregó luego de estudiarme de arriba abajo. Mis ropas deportivas, el jacket con capucha (una talla más grande) y mi gorra con la bandera de Inglaterra no estaban hechas para resaltar "mi figura". Obviamente me pudo confundir con Emm.

–Ah, Hola Jessica es un gusto verte–dije con falso entusiasmo.

–Estoy buscando a Emmett, ¿Dónde está? –Que descaro el de este intento de mujer. Primero me insulta y luego me pregunta por mi hermano.

–No lo sé– dije a secas.

–Recuérdale a tu hermano que tiene suerte de ser parte de mi vida– cada vez se superaba a ella misma– y que me llame si quiere seguir en ella, está bien–dijo.

–Vale, ¿Cuál es tu teléfono 1 800 PUTA? – no pude evitarlo, suelo ser muy vengativa. Me reí.

–Ninini– contestó ella. La vi marcharse a su auto convertible rojo cereza con un movimiento de caderas excesivo.

–Esta va a lograr grandes cosas– pensé en voz alta. Caminé lo que quedaba hasta la puerta principal y cuando entré vi una imagen que por poco me traumatiza de por vida. Renné, mi madre, llevaba un conjunto de blazer y falda celeste encendido. Con eso no se perdería en ningún lugar.

–Ahhh tengo una sorpresa para ti– dijo ella. Estaba a punto de ponerse a dar saltitos. Que inmadura resultaba la mayoría del tiempo.

–Es por eso que no traigo amigas a la casa– le contesté–Mamá, ahora no, tuve un día difícil– alegue mientras me acercaba a las escaleras con el fin de escabullirme a mi habitación.

–Esto es lo que necesitas para alegrarte– no se dio por vencida y me detuvo antes de que lograra mi salida.

–Está bien– acepté a regañadientes. Entonces me cubrió los ojos.

–No vayas a abrir los ojos– me advirtió e hizo que caminara a ciegas.

–No lo haré

–Ojos cerrados, ojos cerrados– comenzó a canturrear.

–Ok.

–Cerrados cerrados– siguió cuando retiro sus manos de mi rostro.

–Están cerrados

– ¡Sorpresa! – Abrí los ojos y en sus manos tenía un vestido blanco con unas hombreras exageradas– Vestidos preciosos para tu presentación en sociedad– ahora sostenía uno rosa. Puaj, lo que me faltaba: Encaje.

–Mamá ya te lo he dicho un millón de veces… no me interesa ser una debutante. Es completamente arcaico– reproché. ¿Por qué nunca me escucha? Odio ese tipo de actividades.

–Cómo puedo tener una hija que solo le interesa patear un balón lodoso todo el día– chilló mi madre indignada con las manos en las caderas.

–Pues tu mundo se acaba de arreglar, mamá–suspiré– Mi equipo es historia– me giré

– ¿Qué? No más fútbol– le escuché decir mientras me dirigía a las escaleras.

–Sí, así es, no más futbol– me detuve en el primer escalón.

– ¡Qué triste! – dijo ella pero no se le notaba ni una pizca de tristeza.

–Si ya veo que te duele mucho– contesté sarcásticamente.

–Bueno a Mike le encantará que te pongas esto–empezó de nuevo con su perorata.

–Otra razón más para no ponérmelo, terminé con él– le solté.

– ¡Qué! ¿Por qué? – eso sí le había afectado.

–No quiero hablar de eso– dije mientras ya me encontraba en el siguiente piso.

–Pero es tan guapo…fuerte y musculoso y lindo– comenzó a divagar.

–Por qué no sales tú con él, mamá– hablé más alto de lo que pretendía. Me estaba sacando de mis casillas.

–No– se quedó pensativa ¿En serio? –No podría– dijo mientras se marchaba con una sonrisa boba en su rostro hacia el salón con los vestidos. A veces pienso que tiene problemas psicológicos.

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– Hola Emm– saludé a mi hermano una vez llegue a su cuarto. Me senté en su cama.

–Hola– me respondió entre tanto rebuscaba unas cosas y las metía como fuera en un maletín.

– ¿Estás bien? – le pregunté

–Aja– me contestó distraído.

–Jessica vino a buscarte, arg– le dije con mi cara de fastidio recordando su voz nasal.

–Mmm

–Oye por qué sales con ella– no dejaría pasar esta oportunidad para aclarar mis dudas.

–Está muy buena– arqueé una ceja–cosa de hombres– dijo. Aún seguía buscando cosas en su cuarto.

–Arg… pero es de lo peor–conteste e hice como si me estuvieran dando arcadas.

–Jajaja– se carcajeó. Tomo su maleta y la arrojó por la ventana. ¿Qué pretendía?

–Emm sabes qué para eso existen las puertas– le aclaré mientras señalaba el marco de la puerta.

–Pero mamá podría verme. Ella cree que estoy con papá y papá cree que estoy con mamá– tomó su guitarra y la metió en su estuche– En dos días pensaran que me voy al internado. Eso es lo bueno del divorcio.

–Espera… a dónde iras– agarró una soga y la amarró en la manigueta del estuche.

–A Londres, un par de semanas– contestó

–O sea a Londres Inglaterra– me miró feo. ¿Qué otro Londres? Da.

–Si– dijo como si le hablara a un niño de cinco años–La banda logró una participación en un festival.

–Entiendo y que vas a hacer con el insti.

–Yo estaba esperando que me ayudaras en eso– bajaba su guitarra con sumo cuidado con la ayuda de la soga que le había atado–Podrías hacer la voz de mamá llamar a Illyria y decir que estoy enfermo. Algo que suene como a dos o tres semanas… como el mal de las vacas locas– en serio mi hermano es idiota.

–Emm te acaban de correr de Cornwall por no ir. Esta no es la mejor manera de empezar– le reprendí. Tal vez no era la mayor pero tenía que hacer algo.

–Oye, yo quiero ser músico. La última vez que pregunté no necesitaban trigonometría–punto a su favor– Además si quieres perseguir tus sueños a veces debes romper las reglas, no– otro punto más.

–Sabes el porcentaje de bandas qué en verdad logran tener éxito– era mi último esfuerzo.

–Probablemente el mismo porcentaje que las jugadoras de fútbol– Auch. Golpe bajo–Te veré en dos semanas– dijo cuando salía por la ventana.

– ¡Emmett! ¡Emmett! – grité al escuchar su llanto lastimero. De seguro se había dado un buen golpe.

– Estabas hablando con tu hermano– ¡Dios! casi muero del susto. Mi madre estaba en la puerta y llevaba un vestido con ella.

– No– contesté sin pensarlo– Si– me corregí. Invéntate algo, invéntate algo me repetí mentalmente– Por teléfono, está con papá– Tomé el teléfono e hice como si hubiese alguien en la línea– Adiós papá– Muchas veces pienso que mi madre vive en un mundo de fantasía, con unicornios y todo. ¿Cómo no se daba cuenta de mi mentira tan descarada?

– Imagina estamos en el club campestre…Anuncian tu nombre y sales con este vestido, tata– y dale con lo mismo.

– Ugh. Nop, lo siento mamá juré nunca ponerme vestido.

– A veces pienso que deberías mejor ser tu hermano–dijo y se fue molesta. Me levanté y fui hasta donde estaba la peinadora de mi hermano. En ella había una foto de él con la misma gorra que yo cargaba en estos momentos. Recuerdo que me la regaló hace unos meses luego que le rogara por ella. El parecido entre ambos era bastante.

– Um, sabes que si no puedes unirte al enemigo… véncelos– oh si se me había ocurrido una gran idea y sabía a quién acudir para que me ayudara con mi plan.


¿Qué les pareció? ¿La sigo?

Se les quiere un montón *-*