DISCLAIMER:

Los personajes son de S. Meyer. Esta es una adaptación de la película: Ella es el chico que está basada en una obra de William Shakespeare (Noche de Reyes) así que la trama es de la empresa productora. Solo algunos detalles son míos.


Dedicado a todos los que leen la historia en especial a las personas que dejaron review, PM, tienen alertas de la historia y la colocaron como favorita.

Cariños ;)

PD: Si voy en contra de alguna regla de la página me avisan porque desconozco si lo hago.


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CAPÍTULO 5

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BESOS EN LA CASETA DE BESOS

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BPOV

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Luego de que perdiera la conciencia en el laboratorio me llevaron a la enfermería del cole. Esta vez la suerte estuvo de mi lado ya que no fue necesario enviarme al hospital, porque si no pobre de mí.

El resto de la tarde no vi a Edward así que no pude hablar con él sobre los "avances" con Rose. Lo que si noté extraño es que Royce parecía muy atento a todo lo que yo hacía pero le reste importancia. De por si él ya me parecía raro.

Una vez terminé mis tareas y practique algo de soccer me encamine hacia la habitación. Respire profundo antes de entrar. Lo hacía por mi salud mental ya que al ser un "chico" no era normal tocar la puerta y debido a que no sabía que me esperaba dentro era mejor estar preparada. Si no muero de un paro cardiaco, antes de terminar mis dos semanas aquí, a causa del perfecto torso cincelado de Edward sería un verdadero milagro. Tomé la perilla y abrí la puerta del cuarto.

–Ok…quién es tu papi– Suspiré aliviada o desilusionada ya que llevaba una musculosa blanca. Arrojé el balón por ahí.

–Ah– contestó. Al parecer no había pillado a que me había referido debido a que estaba concentrado estudiando. No saben lo guapo que se ve concentrado. Céntrate me reprendí.

–Hice que te considerara…Estás a medio camino– uno que no iba a terminar pero eso no tenía por qué saberlo. Sin embargo Edward parecía muy alegre. Me deshice de mi maleta.

–Oh…oh…muy bien–celebró. Yo me senté en la cama justo al frente de él– ¿Debería invitarla a salir? – sus ojos brillaban. Yo me estaba cabreando.

– ¡No! –chillé–No quieres espantarla–Recuerda él no sabe que ella no quiere salir con él dije mentalmente. Pensé rápido para que la situación no pareciera sospechosa–Primero debes tener una conversación casual con ella. ¡Hello!– Edward se removió nervioso en su puesto– ¿Por qué tengo la ligera impresión de que no haces esto a menudo?– No se comportaba como si supiera lo que debía hacer a continuación.

–Hombre. No soy muy bueno hablando con las chicas–exteriorizó su preocupación. Era tan tierno.

– ¿Por qué? ¡Tú eres hot! – dije sin pensar.

– ¡¿Qué?!

–Ahh…ahh…–Tartamudee– Tú sabes eres un tipo interesante…hombre…chico…chico hombre– Mejor muérdete la lengua antes de decir idioteces me dijo mi yo interno.

–Mira no lo sé… –por suerte Edward lo dejó pasar–Siempre digo…–jugueteaba con su lápiz–siempre digo algo malo…– se quejó.

–Bien…vamos levántate–de repente sentí el impulso de ayudarlo a ser más seguro –Quiero intentar algo–continué hablando mientras me ponía de pie– Actuare como una chica y tú me hablaras– Bella no vayas por allí advirtió mi vocecita interna pero en lugar de hacerle caso la ignore.

– ¿Debo hacerlo? –preguntó indeciso aún sentado en su puesto. Su ceño estaba fruncido.

–Sí– dije–Porque soy Bella– seguí ahora con mi voz natural mientras colocaba las manos en mis caderas– ¿Edward? Encantada de conocerte–le tendí mi mano.

–Espera. Eso fue espeluznante–habló Edward espantado–Realmente sonabas como una chica– acotó. Si supieras. Carraspee un poco para volver a mi voz de chico.

–Solía imitar a mi hermana todo el tiempo– dije para tranquilizarlo–Me volví muy bueno en ello. ¡Vamos! ¡Levántate! – en vista que no me iba a hacer caso tome su mano y lo hale para que se levantara. Y como cada vez que hacia contacto con él una corriente eléctrica me atravesaba el cuerpo. Concentración Bella– Dale. Hazme preguntas…– insistí. Edward no me miraba a los ojos. En parte era mejor así. De lo contrario quien sabe qué pasaría si notara que me quedo embobada mirando sus orbes esmeraldas–… y si hay química las cosas comenzaran a fluir por sí mismas.

– ¿Qué clase de preguntas? – medio que me siguió el juego.

–Lo que sea–respondí. Pero esa no era la respuesta que él esperaba– Pregúntame si…me gusta…el queso– Bueno no era la mejor respuesta pero algo es algo ¿No?

–De acuerdo– su mano no dejaba en paz su cabello. Lo que daría yo por sentir su cabello– ¿Te gusta… el queso? – no pudo resistirse a reír por la situación absurda en la que nos encontrábamos.

–Sí, me gusta– use de nuevo mi tono–Mi favorito es el Gouda– termine de decir colocando mi mano debajo de mi barbilla. Soltó la carcajada.

–A mí me gusta también–contestó

– ¿Ves?

– ¿Si veo qué? –preguntó confundido

–Está fluyendo– aclaré. Enarcó una ceja

–Estamos hablando sobre queso–me explicó como si estuviera loca…digo loco…para él.

–Y cuál es el problema– refuté–Fluir es fluir– ¿Te estás escuchando? Lo golpeé en el hombro para que dejara de mirarme tan intensamente. Creo que intentaba averiguar que carajos pasaba por mi mente pero eso me ponía nerviosa.

– ¿Qué? ¿Qué es eso? – Miró hacia sus pies– ¡¿Qué es eso?! –gritó.

– ¡Ah!… – chillé. Ambos estábamos arriba de la cama. Edward no paraba de decir ¡Me toco! ¡Me toco! – ¡Es la tarántula de Royce! –Respondí a su primera pregunta – ¡Agárrala! – grité por encima de él cuando saltamos a la otra cama. ODIO las arañas.

– ¡Tú agárrala! – gritó de vuelta

– ¡Tú eres el hombre! – Y de nuevo no filtraba lo que decía – ¡Tú eres el hombre más grande! – intente arreglarla. Solo eran gritos y más gritos en la habitación. De un momento a otro quedé atrapada entre los fuertes y tonificados brazos de Edward. Pero mi momento feliz fue interrumpido una vez Roycevolio salió por la puerta y Edward se percató de lo que estaba haciendo.

–Argggg –gritó

–Arggg – grité. Él corrió para cerrar la puerta y evitar que la mascota de nuestro compañero del frente volviera a irrumpir en el nuestro.

–Disculpa –dije una vez me baje de la cama. En lo absoluto lo sentía pero no podía decírselo. Nuestros rostros estuvieron tan cerca que sentí su aliento a menta.

–Tú…Nunca…nunca más hagas esa voz de mujer – me reprendió – ¡Me vuelve loco! – estaba muy enojado.

–Mi culpa –mi voz lo volvía loco. Casi brinque de la alegría.

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Ring Ring Ring Ring

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– ¡Ahhh! – gritamos al unísono. A este paso no sé si terminaría sobreviviendo este día. Respiramos aliviados al notar que se trataba del teléfono. Edward se inclinó para colocar sus manos sobre sus rodillas como si acabara de correr una maratón. Yo trataba de tranquilizarme.

Emmett, cariño. Soy tu madre. Llamo para recordarte la feria de mañana – ¿Dios, por qué no me quieres?– Tú y tu hermana prometieron asistir. Bye Bye

– ¡Diablos!– Edward se sentó en su cama y yo me hice a su lado – Me olvide de eso – ¿No podía tener un día tranquilo?

– ¿Tu madre está en la liga juvenil? –preguntó Edward

– Si, como lo sabes –cuestioné

– La mía también – el mundo es pequeño – Yo también debo ir – ¡Doble Mierda!

– ¡No puedo con esto ahora! ¡Tengo que preocuparme del fútbol! –estaba frustrada por no poder conseguir un respiro.

– No será tan malo – me tranquilizó Edward – Rosalie estará allí. Es una oportunidad perfecta para preparar el terreno –dijo cuando se encaminaba a seguir con su tarea.

– ¡Ou!…Rosalie estará allí – Como si eso me alegrará. Entonces fue cuando comprendí la magnitud de la situación en la que me encontraba – Y mi hermana – Es decir, yo en versión femenina – Y Jessica – la bruja de la ex de mi hermano con la cual yo rompí– Y tú – Mi apuesto caballero y compañero de habitación – Y Mi Madre – La mujer más insistente de este planeta, la cual conocía a la perfección la diferencia entre sus dos hijos– ¡Genial! – y no olvidemos a Emmett, quien estaba a un montón de kilómetros de distancia y por lo tanto no quedaba de otra que pasarme por él una vez más. ¿Cómo iba a lograr esquivar a tanta gente sin que me descubrieran? Necesitaba refuerzos.

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Espere unos minutos antes de salir al pasillo con mi celular y llamar a Paul. Era urgente y necesario que ellos me ayudaran una vez más. Hablé bajo para que Edward no escuchara la conversación. Gracias al cielo Paul y las chicas estaban al tanto de la situación en general, por lo que no fue necesaria mucha explicación. Quedamos en que si necesitaba de ayuda solo tenía que mandar un mensaje para que ellos acudieran a mi rescate y además ellos mantendrían alejadas a mi madre y a Jess. Respiré un poco aliviada por contar con su apoyo.

– ¿Puedo saber que estás haciendo en los pasillos a estas horas? – ¡Carajo! Otro susto más. Royce estaba apoyado en el marco de su puerta con los brazos cruzados sobre su pecho.

–Llamando a mi mamá–conteste cuando le mostré el celular en mi mano– Hasta mañana–dije antes de que preguntara algo más y me escabullí al interior de mi habitación en busca de refugio.

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Jamás he sido fanática de las ferias. Eran mucho menos de mi agrado en la situación precaria en la que me encontraba. Para rematar Edward invitó a Jasper y a Laurent para que vinieran con nosotros. Había hablado con Paul poco antes de salir de Illyria, según él todo marchaba según lo estipulado. Además me había traído lo necesario para cambiarme de ropa cuando ameritara ser Bella y no Emmett. Les inventé a los chicos que mi madre me había encargado unas cosas y por eso llevaba la mochila, de lo contrario parecería sospechoso.

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Todo el lugar estaba atestado de carpas, globos, juegos mecánicos y personas. Muchas personas. En parte sentí algo de alivio. Quizás con tanta gente no me topara con nadie capaz de identificarme. Jasper y Laurent parecían niños pequeños en una dulcería.

–Les diré la verdad. Nunca me han gustado las ferias– les dije a los chicos

–Hey– llamo alguien. Giré para ver como Rosalie se nos acercaba. Al parecer no contaba con la suerte necesaria para no tropezar con mis conocidos– Trabajo en la cabina de besos– me informó– Ven a visitarme–dijo mirándome. Luego observó a Edward en quién no había reparado y siguió su camino. ¿Qué le pasaba a esta chica? ¿Acaso pensaba que yo iría al puesto para conseguir un beso suyo? Puaj.

–Amo las ferias, hombre–dijo Edward con una sonrisa bobalicona.

–Edward a dónde vas –pregunté una vez vi que se alejaba del grupo.

– ¿Dónde crees qué voy? –me respondió con otra pregunta. Arrg. Iba a seguir a Rose… ¡A la caseta de besos! Pero antes de que lo alcanzara divise a la bruja de Jess.

– ¡Oh Mierda!

– ¿Qué pasa? – cuestionó Jasper

–Nada… es solo mi ex psicópata. No quiero tratar con ella. Así que si no les importa voy a tomar un bajo perfil por un rato– les informé. Era momento de huir antes de que me viera.

–Genial. Nos vemos más tarde– gritó Laurent cuando yo ya estaba corriendo a buscar un escondite.

–Bien–respondí sin voltearme. En la carrera hacia un lugar seguro pasé por una carpa donde te "decían" el futuro. No estoy muy segura pero me pareció ver a Irina con un turbante. Había más conocidos en este lugar de lo que esperaba.

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Vi mi salvación cuando divisé la hilera baños portátiles de color azul. No me moleste en hacer la fila y corrí hacia el que recién se desocupaba.

–Lo siento. Esto es urgente– me disculpe con la chica que le tocaba entrar. ¿Alguna vez os habéis cambiado en uno? Créanme cuando les digo que no es para nada placentero. Además apestaba. Cambie mis jeans, suéter, camisa y zapatillas por un vestido rojo strapless y zapatos de tacón. Metí todo como pude dentro de mi mochila. Estuve a punto de abrir la puerta cuando recordé que debía quitarme la peluca–Es todo suyo–informé al siguiente en la fila. Su cara demostraba asombro y confusión. Yo pase de largo como si nada hubiese pasado. Me dirigí a la carpa donde se suponía estaba mi adorable madre y rogué para pasar desapercibida.

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En la carpa de las organizadoras de la liga juvenil había un gran número de chicas vestidas de manera extravagante, un par de payaso, algunas madres, muchos globos, carritos de chucherías y una gran cantidad de sombreros de colores pasteles.

– ¡Hola madre! – chillé cuando vi a Renné junto a la Señora Mallory. Ella llevaba puesto un traje amarillo sin mangas con un sombrero del mismo tono y sus joyas de perlas a juego. Además tenía una enorme flor rosada en su manga derecha. Arg. Esperaba no vestirme así cuando tuviese su edad.

–Te ves como toda una dama. Es un milagro–dijo ella muy entusiasmada

–Realmente lo es–contesté

–Entonces, Jessica te está entusiasmando con esto de ser debutante– agradecía haber tomado las precauciones necesarias para que ellas no se toparan.

–Muy. Muy entusiasmada– dije con una sonrisa forzada– ¡Que tengan un buen carnaval!– deseaba salir pronto de aquí. Como de costumbre Reneé frustró mis planes.

–Oh….Oh…–su mano afianzó mi brazo antes de escaparme–A dónde vas mi pequeña petunia–A donde sea menos aquí desee contestarle pero ella siguió hablando– Tienes el próximo turno en la cabina de besos–Uhg. Tenía que recordármelo– Y tu hermano está retrasado para el carrito de los copos de azúcar–JODER.

–Iré a buscarlo. Adiós–me despedí antes de que me atrapara de nuevo. Era hora de hacer un cambio. Pero la verdad no tenía idea de cómo le iba a hacer para que mi madre no notará la diferencia. Una máscara tal vez. Tan distraída iba que no me fije que podría chocar con cualquiera que se interpusiera en mi camino y no conseguiría evitarlo debido a la velocidad que llevaba –Disculpa– dije cuando impacté con una chica.

–Ni perdón ni nada– contestó molesta cuando yo rebotaba con otra persona. Estaba por disculparme por segunda ocasión cuando noté su aroma. ¡Oh Dios! Era Edward.

–Espera ¿te conozco? –preguntó mientras me miraba fijamente. Desaparece ahora chillé mentalmente.

–No– respondí en un tono más agudo y salí disparada en la dirección contraria– Disculpa– dije cuando dos personas se me cruzaron. El cabello me impedía que observara bien por donde iba, momentos como este deseaba tener una coleta.

–Bella– MIERDA. – ¿Dónde has estado? – Mike me atajo– Te he llamado y llamado. Te extraño. Necesitamos hablar–dijo. Sonreía como estúpido.

–Hemos hablado, Mike–dije enojada–Ya hemos hablado–le refresqué la memoria. Ya quería que fuera once para borrársela de la cara cuando ganáramos el partido.

–Mira nadie se separa por un estúpido problema de futbol– Si pretendía calmarme estaba consiguiendo todo lo contrario– ¿Bien? No puedes ser una chica por 5 segundos– ¡QUÉ DEMONIOS TIENE EN EL CEREBRO!

–Por 5 segundos–si eso era lo que quería– De acuerdo–dije mientras comenzaba a contar– Bien. No es un estúpido problema de futbol y tú eres un idiota. Mira se acabó el tiempo– lo tomé desprevenido y le abofetee. Antes de que me detuviera corrí hacia uno de los juegos mecánicos–Disculpa. Deme uno– le pedí al dependiente. De todos los que había en el carnaval tuve que elegir precisamente el que más daba vueltas. Estuve a punto de vomitar por lo difícil que era vestirme en ese lugar. Pueden creer que no noté que una niña iba conmigo en el dichoso paseo. Pobrecita ese evento la traumatizaría de por vida– Quédate en la escuela– le aconseje.

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Malabaristas, arlequines, payasos, mimos, hombres en zancos me rodeaban. No sé cuánto tiempo llevaba escondiéndome pero tenía que seguir sin ser vista. Paul me acababa de llamar para decirme que Cynthia había perdido de vista a Jess, al menos Ana confirmaba que mi madre seguía en la carpa de organizadoras. Chelsea se encargaría de localizar a Mike para evitar otro encontronazo y Paul, Ánge y Alice se reunirían conmigo para darme más detalles. Seguí caminando por mi zona segura hasta que pare en seco. Había encontrado a Jess.

– ¿Emmett? –Estaba a unos diez metros de distancia– ¡Emmett! –gritó una vez creyó identificarme. Hora de correr de nuevo. Rogaba porque Paul y las chicas estuviesen cerca. ¿Cómo podía correr tan rápido con ese vestido tan ajustado? Respiré aliviada cuando vi a los chicos más no aminoré la marcha o Jess me alcanzaría

– Jessica me sigue– le dije mientras pasaba de largo en dirección a la casa inflable. A dónde vas gritaba ella a mis espaldas.

–No te preocupes. Nosotros nos encargamos– me aseguró Paul. Yo entre en la casa inflable para cambiarme de nuevo. ¿Han intentado cambiar de atuendo en la caminata lunar con un grupo de niños menores de ocho años brincando por doquier? No se los recomiendo. Mi estómago estaba resentido conmigo. Asomé la cabeza por donde entre para ver si Jess estaba cerca– Se fue– dijo Paul.

–Gracias– respondí mientras salí de la casa inflable.

– ¿Nos estamos divirtiendo? –preguntó sonriendo. Ánge y Ali no paraban de reír.

–Sí, definitivamente– contesté –Después me dan el informe tengo que ir a la caseta de besos–grité antes de desaparecer una vez más. Era hora de ir a cumplir mi condena si no quería que Renné saliera de su madriguera a buscarme.

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Llegue agitada a la caseta de besos. Debo decir que todo era muy rosa. Puaj. Guarde mi morral en un lugar seguro donde nadie lo tomara por equivocación. Respiré profundo antes de ir a tomar mi puesto.

–La vida es justa– alguien medio gritó. Y si no me equivocaba se trataba de Jasper.

– ¡Hola! Soy tu reemplazo– le dije a la chica que estaba siendo besada por un chico de lentes.

–Gracias a Dios– dijo ella cuando fue libre. Ah…si y era Rose.

–No puede tomar un descanso–JODER. Ese era Edward. Desvié la mirada de ambos y traté de hacer una cortina con mi cabello.

–Cuidado con el viejo con la goma de mascar. No es goma de mascar– me advirtió Rose. Quería matar a mi madre por meterme en esto.

–Arggg– hice una mueca de asco.

– ¿Te conozco? –preguntó Rose. Ella intentaba ver mi rostro por completo cosa que yo no le iba a facilitar.

–No– dije un tono más alto de lo normal y me salió la risita floja. Caminé para alejarme de ella y quedé mucho más cerca de Edward quién era el siguiente al turno. Me sentía muy aliviada de que ellos no se hubiesen besado. No era muy bueno para mi salud mental.

– ¡Porque tengo tan mala suerte!–gimoteó. Y aunque no lo dijo muy alto yo alcance a escucharlo por la proximidad. Mi corazón se encogió–No. No, no, no… digo, no quise decirlo así– trató de disculparse. Creo que mi rostro reflejo como me afectaron sus palabras– Es solo, sabes, ella es, tú sabes– Yo hice una mueca. Claro, ella es la chica perfecta– No, ok. Por otra parte, tú eres, sabes, también– eso logro que mi moral subiera de nuevo. Él pensaba que yo era bueno, creo que linda.

– ¿Lo soy? Gracias… creo– dije

–Si– aseguró. ¡Dios! Sentí mi corazón acelerarse cuando sonrió de manera torcida.

–No debes coquetear con ella primero, genio. Estas pagando– se quejó un chico regordete de no más de doce años. Tenía un look rapero.

–Por qué no…– por un momento pensé que explotaría con el pequeño. Respiro y se calmó– te relajas…–volvió a encararme–oh…amm…–balbuceó. Se pasó la mano por el cabello. Estaba nervioso. ¡LO PUSE NERVIOSO! –… quizás debería besarte ahora– Me controlé para no brincarle encima. No llevaba el jacket de Dacati que traía cuando llegamos. Solo cubría su tonificado pecho una camiseta blanca que se le pegaba como una segunda piel. Me aseguré de no estar babeando–Le di mi ticket a la chica y espere en la fila– siguió mientras ambos nos sentábamos.

–Bueno, es lo menos que puedo hacer– Ya me estaba poniendo nerviosa.

–Ok, bien– Volvió a pasar su mano por sus cabellos cobrizos– Aquí voy– Él movía la cabeza hacia un lado y yo hacia otro. Parecía mucho más nervioso ahora. Cerré los ojos pero Edward no hacía movimiento para acercarse. Si Mahoma no va a la montaña la montaña va a Mahoma. Tome las riendas y lo besé. Al principio se resistió pero luego se dejó llevar. Fue la sensación más maravillosa que había experimentado. Creí escuchar juegos artificiales explotar a mí alrededor. Sus labios se amoldaban a los míos y su sabor…OH DIOS…Podría morir ahora y me iría muy feliz– Bien, creo que eso valió por un ticket–dijo cuando nos separó. Yo aún mantenía mis ojos cerrados.

–No, tienes un poco más– dije y lo halé hacia mí de nuevo. Esta vez sí pude enredar mis manos en sus cabellos y él hizo lo propio. Respondió con más fervor y yo pensé que me desmayaría. Llegué al nirvana cuando mordió delicadamente mi labio inferior. Debía ser ilegal que Edward besara así.

–Disculpen, el hotel está cruzando la calle– refunfuño alguien. Pero yo no prestaba atención y Edward estaba aún más ido que yo. De la nada sentí que alguien me alejaba de sus brazos.

– ¡Bella! ¿Qué diablos es esto? – ¡MIERDA! Por suerte no era la única que estaba molesta por la intromisión. Edward tenía la expresión sería una vez se levantó de su puesto.

–Detrás de la línea, cabeza hueca– dijo molestó el chico rapero.

–Discúlpame idiota– siguió Mike ignorando al chico y solo dirigiéndose a Edward–Estas besando a mi novia–Retiró la silla para quedar de frente a él.

–Ex novia– recalqué mientras me alejaba de Mike. Ahora me daba cuenta lo idiota que era.

– ¿Eres la hermana de Emmett? – me encaró Edward. Su expresión paso de la rabia a la sorpresa.

–Y tú estás por morir– amenazó Mike golpeando a Edward en el hombro para que dejara de mirarme.

– ¿Qué? ¿Me ahogaras con tus lágrimas? – No hay cosa más sexy que Edward enojado. Y por un momento me preocupe por la seguridad de Mike. Edward parecía mucho más amenazante. ¿Cómo podía ser tan tierno y luego tan peligroso? Estuve a punto de abanicarme con la mano.

– ¡No lloré! Había algo en mi ojo– se excusó Mike.

– ¿Saben que chicos? – me interpuse antes que la cosa pasara a mayores. Aunque no niego que me encantaría que Edward le diera un par de golpes a Mike– ¿Podemos calmarnos? Y separarnos un poco ¿Bien? – Los distancie con mis manos. Claro, me mantuve siempre del lado de Edward.

–Tiene razón–concordó conmigo Edward– Te veré en la cancha de fútbol…y lo arreglaremos allí–eso era sin duda un duelo

–Bien. Edward– Pensé que Mike se alejaría en paz pero no fue así–O podemos arreglarlo aquí– Nos tomó por sorpresa. Era un maldito tramposo. Golpeo a Edward en la cara y ambos cayeron fuera del stand.

–Mike, Mike. Detente. Chicos– Baje lo más rápido que pude– Basta– Ambos estaban enrollados en un combate cuerpo a cuerpo– Mike– Golpearon todo los arreglos alrededor–Chicos. Basta– Busqué con la mirada a Laurent o a Jasper pero ninguno estaba a la vista–Mike, aléjate– Como nadie tenía intención de intervenir para detenerlos no me quedo de otra que brincar encima de mi ex– Mike…Ahhh–Edward empujo a Mike y al final los tres terminamos golpeándonos con el carrito de palomitas de maíz que no aguanto y se fue hacia un lado. Me salvé que Mike amortiguo mi caída aunque eso no evito que me lastimara un poco la pierna.

– ¡Donde está mi hija! – ¡Por qué a mí! – Permiso. Disculpa– Yo me levanté para reacomodarme el vestido. El popcorn se me había metido por todos lados– ¡Bella! Detente. Esto no es de señoritas– fui reprendida por Renné delante de todos los presentes.

– ¡Aquí no hay lugar para violencia!– Chilló la Sra. Mallory– Esto es un adorable carnaval para niños, ¡Maldita sea! –creo que la saque de sus casillas.

–Fuera los dos, ¡Ahora! – echo mi madre a mi ex y a Edward. Y aunque quise quedarme con Edward, Renné no me lo permitió. La cantaleta que me esperaba pero no importaba después de todo había besado a Edward en la caseta de besos.


¿Qué tal el capi?

Besos a todos.

Si desean preguntar algo pueden enviarme un PM o un mensaje en fb.

Se les quiere un montón.