Capitulo 1.

Me removí entre las sábanas al escuchar el ruido del móvil, aún con los ojos cerrados tanteé con la mano por la estantería hasta dar con el, abrí un ojo e hice una leve mueca al ver la hora que era, no era normal que Carla, mi mejor amiga, me llamara a las ocho de la mañana. Con mala gana lo cogí.
- Naty que hoy es el día. - Dijo gritando tan fuerte que mis oídos no podían soportar aquella voz.
- Supongo que es un día como otro cualquiera, solo hay que ir al instituto.-Cerré de nuevo los ojos acurrucándome en la cama, pasando un brazo por el cojín con el cual solía dormir siempre, era una manía que desde pequeña había tenido.
-Ay, pero no me digas eso-Refunfuñó Carla, sonreí al imaginármela haciendo pucheros.- Sabes que hoy es importante, sabremos la nota de selectividad, aunque seguro que tú con lo empollona que eres has sacado una de las mejores de Barcelona o incluso de España. Pero yo… no es justo a mi me cuesta estudiar.-Escuché como suspiraba.
-Deja ya de llamarme empollona, sabes que no me gusta que me lo llames, ya tengo bastante con los idiotas de clase. Además no exageres...seguro que entras a la carrera que quieres boba.-Mientras hablaba con mi amiga empezaba a quedarme dormida poco a poco de nuevo, algo que no podía evitar, había estado leyendo hasta las tantas la noche anterior.
-Vale gruñona, va te dejo ya, pero en una hora voy a picarte, ¿Okey? Así que te estas lista sí o sí.-No me dio tiempo a protestar que ya me había colgado. "Mierda" Pensé ya que me tenía que duchar y desayunar. Sin pensármelo dos veces conociendo a Carla, cogí la primera camiseta de tirantes que encontré junto a un short tejano y salí lo más rápido posible a darme el primer baño de la mañana.
Después de aquel mal despertar por fin llego mi momento de relax, el desayuno.
-¡Diiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing! - El sonido del timbre estaba haciendo que mi cabeza llegase a estallar. Sin más, me levanté a ver quien era ya que me lo suponía, Carla.
Pero no, para mi sorpresa era Iago. Era extraño ya que nunca solía venir a por mí para ir al instituto. Le abrí y abrí la puerta de casa dejándola entreabierta volviendo a la cocina. A esas horas mis padres ya se habían ido a trabajar, ambos eran grandes empresarios. Mi padre era jefe en la empresa de mi abuelo, y mi madre una gran publicista.
- Buenos días mi pequeña. - Dijo una voz dulce y algo tímida acercándose a la cocina.
Me acerqué a él, rodeando su cintura con mis brazos mientras él pasaba su suave mano por mi mejilla retirándome el pelo y aprovechando para depositar un beso largo sobre mis labios.
- Buenos días mi vida. - Le dije sin quitarle la mirada alguna.
-¿Qué haces aquí tan pronto? No te esperaba la verdad. -Me separé despacio para poder seguir devorando el bol de cereales, sentándome en el mármol de la cocina, balanceando mis pies. La verdad es que había tenido mucha suerte con Iago, nunca me imaginé que él chico frío y borde de clase se enamoraría de mí, pero le debía mucho a Carla, gracias a ella estábamos juntos. Recordaba sin quitarle ojo.
-Mira, he querido darte una sorpresa, no podía dormir, así que decidí venir. Pensaba que estarías durmiendo.-Se movía por la cocina haciendo gestos con la mano, manía que tenía cada vez que hablaba y en según que situaciones a mi me ponían nerviosa.
- ¿Y que tipo de sorpresas querías darme, eh? - Le dije con un tono burlón y una sonrisa picarona. Él sin parar de sonreír se acercó a mí, deslizando suavemente su mano por mi pierna y apoyando su cabeza en mi hombro llenando mi cuello de pequeños mordiscos susurrándome.
- Quería tumbarme en la cama junto a ti, abrazarte sintiéndote a mi lado, prometerte que eres la única en mis ojos y llenarte de besos a cada hora.
Por un instante no supe que responderle, Iago era muy romántico aun que no lo aparentase, él llegaba a hacer que mis mariposas interiores perdieran el control.
Dejé el bol a un lado metiendo las manos por dentro de su camisa acariciando lentamente sus costados, le miré de reojo sonriendo mordiéndome el labio inferior, tenía que hacer que parara porqué si seguía no sería responsable de mis actos en esos momentos.

-Cari… para por favor, sabes que pierdo el control cuando haces eso.-Susurré cerca de su oído, pero nada, él a lo suyo. "Uno rápido…" Pensé dejándome llevar por sus besos, pero ambos dimos un bote cuando alguien se dejó el dedo en el timbre de casa. Escuché como maldecía y reí levemente, separándolo de mí, dándole un beso rápido.
De siempre había sido una chica bastante tímida, pero con él, era todo lo contrario, era más directa y atrevida, no me cortaba ni un pelo cuando estábamos juntos. Bajé de la encimera yendo a la puerta, esta vez si que era Carla. Al abrir Carla se tiró a mis brazos, dándome un largo achuchón, era costumbre de cada mañana.
-Mmm amiga, estás roja. ¿Tienes fiebre?-Me miró preocupada poniendo su mano sobre mi frente, a lo que yo negué rápidamente. Cuando Iago salió a saludarla, vi como mi amiga me miraba con cara burlona. Le saqué la lengua, dándole un leve pellizco en el brazo.
- Ahora entiendo todo. – Dijo burlándose en nuestra presencia.
Cerré la puerta y me dirigí de nuevo a la cocina para devorar mi bol de cereales.
Me acerqué a Iago, le agarre la muñeca elevando su brazo a la altura de mis ojos.
- Oms… - Solté un suspiro junto a unas cuantas palabras. No pensé que fuese tan tarde.
Iago me miro sonriendo sin dejar de escuchar lo que Carla decía y me preguntó con una simple mirada, que era lo que me pasaba. A lo que yo respondí en voz alta.
- Chicos debemos irnos ya, se nos ha hecho muy tarde. – Corriendo deje el bol para ir a ponerme las vans azules que tanto me gustaban, por suerte ese día no teníamos que llevar el tan odioso uniforme que se basaba en la típica falda a cuadros negra y roja, con la camisa blanca y la americana. Cogí un bolso pequeño metiendo las llaves de casa, el monedero y el móvil, eché a mi amiga junto a mi novio de casa para poder cerrar.
Después de media hora en coche por fin llegamos al tan famoso colegio Europa International School, estaba lleno de niños y niñas de papá, que pensaban que por tener dinero ya lo podían tener de todo. Desde muy pequeña mis padres me habían enseñando que no tenía que ser una malcriada ni me mimaron tanto como a mis compañeros, por eso muchas veces era el juguete de burla de los más populares. Iago cerró el coche y nos dirigimos hacía la biblioteca donde encontraríamos las listas con nuestras notas. La biblioteca era inmensa podían entrar por lo menos 4 cursos. Era un estilo moderno pero a la vez clásico, tenía unas ventanas grandes cubiertas por unas cortinas suaves y largas, estaba todo tan ordenado que parecía hasta irreal. Iago agarró mi mano mientras me pasaba su brazo por mi cintura envolviéndola, por un instante noté que el tiempo se paraba, estaba nerviosa por si Iago no entraba junto a mi a la universidad eso sería algo que me marcaría tener que separarme un tiempo de él. Cuando la multitud fue acabando, me acerqué para ver mi nota.

- ¡, Oh !, ¡Naty, Iago, he pasado! - Carla no dejaba de gritar agarrando mis hombros sin dejar de saltar. La miré riendo a carcajadas, me alegraba mucho por ella, iba a estudiar educación infantil ya que desde pequeña quería dedicarse eso.
Noté como alguien me abraza por atrás con algo de fuerza.
-Cielo, he pasado, voy a poder estudiar medicina en la misma universidad que tu.-Comunicó Iago sin dejar de abrazarme con fuerza.
-Bueno… ahora me toca a mi, jopetas.-Hice pucheros separándome de ambos, acercándome a mirar las listas. Abrí la boca exageradamente al ver la nota, era la mejor del instituto e incluso la mejor de Barcelona. Me giré y me tiré encima de mis amigos chillando de felicidad. Hicimos un sandwich humano del abrazo que nos dimos.
Alguien carraspeó detrás nuestro causando que nos separáramos de seguida. Nos giramos poco a poco al ver al director, mirándonos con una gran sonrisa dibujada en sus labios.
-Natalia Gómez, me gustaría que me acompañara un momento a mi despacho. Felicidades Iago, Carla, me alegro por ustedes.-Se giró, así que decidí seguirlo, ya que daba miedo cuando se enfadaba.
Al llegar a su despacho, cuyo cuarto jamás había estado y tuve una sensación extraña, el director se sentó en aquella silla negra acolchada, típica de un despacho, me miro firme y me dio paso a sentarme con un simple gesto de mano.
- Dígame señorita Gómez, ¿qué le ha parecido su nota de selectividad? - Dijo poniendo sus brazos sobre aquella mesa grande y juntando sus manos sin dejar de mirarme.
- La verdad no la esperaba... - Le respondí juntando mis dos manos sobre mis piernas.
- Espero que estés feliz por ello, ahora debo comunicarle algo que a nosotros nos ha impactado. - Asentí con mi cabeza respondiendo a mi felicidad. - Por tu gran paso por este instituto sabiendo que tenemos a grandes alumnos, ya que nuestra educación es imprescindible, hemos recibido una beca desde Nueva York para que acudas a Cornell University, una de las grandes universidades. ¿Qué me dices señorita Gómez?