Disclaimer: los personajes son propiedad de la increíble Suzanne Collins. Esto solo forma parte de mi alocada cabeza.


Capitulo uno: el despertar

Frio. Es lo único que siento ahora mismo. Frio. No el frio que cae en invierno. Este es distinto. Noto que estoy tiritando pero no acierto a moverme. Consigo a duras penas entre abrir los ojos. Un techo blanco. Es lo único que veo.

Cuando bajo la vista para intentar ponerme en pie noto que no puedo, mis manos están atadas por las muñecas a lo que parece ser una camilla de hospital. Intento mover la cabeza para mirar donde estoy. Una sala blanca. Tiene los lados y el techo revestidos con tela, como se fueran cojines gigantes. Obviamente, estoy en una sala de un hospital.

Me equivoco.

Oigo como se abre una puerta entre una de las paredes de los lados y aparece un hombre vestido con una bata blanca.

Hasta ahí todo normal, sino fuera porque este hombre tiene un bigote de gato. Tiene el pelo naranja oscuro y el "bigote" de color negro.

- El sujeto ha despertado –oigo decir- Procedo a preguntas

El médico del bigote se acerca a mí despacio, con la mirada dubitativa. No tengo ni idea de quién es. Pero parece ser que él si sabe quién soy.

- ¿Cómo te encuentras?

- B-bien –contesto con extrañeza

- De acuerdo, necesito que hagas memoria de lo que sabes y me lo digas

¿Qué haga memoria? ¡Si no tengo ni idea de donde estoy! Vale, voy a calmarme.

- Me…llamo… Peeta, Peeta Mellark –consigo decir tras estrujarme el cerebro a pensar- Vivo en el Distrito 12 de Panem. Mi padre es panadero y yo le hago las decoraciones de las tartas…

Poco a poco voy recordando cosas. Sin pensarlo comienzo a decir…

- Sobreviví a los 74 Juegos del Hambre. Me rompí una pierna y… -Me intento mirar las piernas, en una de ellas asoma un cuerpo de metal- ahora tengo una metálica. Tengo una casa en la villa de los Vencedores…

Continúo diciendo recuerdos. El nombre de mi padre, mi madre, mis hermanos. Hablo sobre mi distrito, como fui seleccionado para los primeros Juegos. Pero me sigue faltando algo…

- ¿Recuerdas quién participó contigo? –me pregunta el doctor.

- Esto… ¿No? Estaban Haymitch, mi mentor. Effie, una mujer muy escandalosa. Portia, mi estilista…

Sin quererlo una puerta en mi cerebro se abre, dando paso a un montón de recuerdos. Entre ellos surge su nombre.

- Katniss Everdeen… Participé con ella en los Juegos, se ofreció voluntaria por su hermana pequeña. Y… Me gusta. Sí. Estaba, no, estoy colado por ella. Tiene una mirada gris y triste, pero creo recordar haberla hecho sonreír alguna vez…

Definitivamente he hecho memoria. Recuerdo a Katniss, todo lo que tiene que ver con ella. Su pelo, su olor, su forma de mirarme. Cuando la regalé un trozo de pan quemado, recibiendo un golpe de mi madre en la cara. Y también…

- Has participado nuevamente en el Vasallaje de los Veinticinco –me aclara el "doctor bigotes"- Otra vez junto a Everdeen. Pero resulta que un alambre hizo estallar todo el campo…

- Beete –comento para mí- ese era su plan. Contra los profesionales… ¿Qué ha pasado? ¿Y Katniss? ¿Cómo terminó?

- Ahora forma parte de los rebeldes Peeta –contesta con una mirada furiosa- Ella hizo estallar el cable –me enseña una foto de Katniss apuntando al árbol del rayo- Es la líder del grupo revolucionario que está intentado acabar con el Capitolio. Donde tú te encuentras ahora mismo.

Capitolio. La palabra me rebota en los oídos haciendo que intente salir de ahí, pero las cuerdas no me dejan. Tras un leve forcejeo con la camilla me tumbo boca arriba.

Estoy en el Capitolio, atrapado por los hombres que hace ¿horas, minutos, días?, estaban viéndome morir lentamente en un campo de batalla.

Y lo que es peor todavía, Katniss me ha abandonado aquí a mi suerte.

Imposible. Ella no haría eso. Cierto es que nuestra fachada de "trágicos amantes" no era muy real, pero creo que si me llegó a coger cariño.

Error. Me ha dejado aquí. Solo. Contra las peores personas que podría haber en esta tierra, las personas del Capitolio.

Noto como la furia corre por mis venas y aprieto los puños para contenerla. En ese momento noto como caen lágrimas por mis mejillas. El médico observa mi reacción con indiferencia y se marcha.

Paso el resto del día llorando. A solas.

.

Siguen pasando días y días pero no me hacen ningún daño, por suerte. Una enfermera me ha traído unas cartas para hacer solitarios, pero siempre acabo haciendo castillos gigantes de naipes.

Al día siguiente veo como entran a verme el doctor de los bigotes de gato y una chica muy… digamos que muy del Capitolio, vestida de forma excéntrica y demás.

- Hola Peeta –me dice la mujer con voz de pito- Hoy va a ser un muy buen día –eso me recuerda un poco a Effie – Tenemos que ponerte guapo para la entrevista con Caesar ¡saldrás esta noche en la gran pantalla!

- ¿Entrevista? ¿Otra vez? ¿Para qué?

No me dan tiempo a preguntar todo esto porque un equipo de personas entra a la sala y comienzan el típico-ritual-de-preparación-para-entrevistas (potingues extraños, limpieza de todo mi cuerpo, arrancarme pelos…). Al cabo de dos horas ya estoy más que listo. Me dejan mirarme a un espejo.

Me han cortado el pelo un poco y me lo han peinado hacia atrás. Llevo puesto una chaqueta de aviador marrón con una camiseta blanca con cuello en triangulo y pantalones negros largos. No estoy mal, para estar donde estoy.

- Perfecto –contesta la mujer, el "doctor bigotes" solamente me mira- Vamos, llegamos tarde

¿Van a sacarme de esta sala? ¡Viva!

Viva no.

Me tapan los ojos con una venda, me atan las manos con unas esposas, y me arrastran a lo largo de un pasillo. Intento memorizar por donde me están llevando, pero me sentido de la orientación es nulo.

Tras unos minutos andando me paran y me quitan la venda y las esposas. Estoy en el mismo plató que las últimas veces. Ahora está apagado pero lo reconozco a la perfección. Deben faltar un par de minutos para salir pero… ¿de qué se supone que voy a hablar? No tengo ni idea de que hago aquí, mucho menos lo voy a contar a televisión.

Oh, genial, una vez más voy a tener que dar de sí mi faceta televisiva.

Me llaman al plató y me colocan cerca del escenario. Aparece Caesar, iluminado en el centro del escenario, dice un par de cosas y noto como me dicen que vaya saliendo a escena.

Salgo saludando con gesto sereno y serio ¿Me estará viendo mi familia? ¿Y Katniss? Me siento en un sillón con amplios reposabrazos.

- Bueno Peeta… bienvenido de nuevo

- Imagino que no pensabas volver a entrevistarme, Caesar –responde, sonriendo un poco

- Confieso que no. La noche antes del Vasallaje de los Veinticinco… Bueno, ¿quién iba a pensar que volveríamos a verte?

- No formaba parte de mi plan, eso te lo aseguro –contesto, frunciendo el ceño

- Creo que a todos nos quedó claro cuál era tu plan –afirma Caesar, acercándose un poco a mí (como le gusta a este tío acercarse a la gente)- sacrificarte en la arena para que Katniss Everdeen y tu hijo pudieran vivir

- Exacto, simple y llanamente –afirmo mientras recorro con los dedos el diseño de la tapicería del brazo del sillón- Pero había "más gente" con planes.

Ya lo he soltado. Ahora sabrán que sé lo del Distrito 13 y la rebelión. Al menos tengo algo de lo que hablar, no como al llegar que no tenía ni idea ¿Debería no haberlo dicho? Bah, da igual. Me siento de puta madre, que les jodan. Así sabrán cómo me siento.

- ¿Por qué no nos hablas de la última noche en la arena? –sugiere Caesar- Ayúdanos a aclarar un par de cosas

Asiento, pero me tomo me tomo mi tiempo para saber que contestar sin hacer que todo explote. ¿Qué digo yo ahora? Si lo digo mal mi familia podría morir…

- Aquella última noche… Hablarte sobre esa última noche… - tomo aire- bueno, primero tienes que imaginar cómo era estar en la arena. Era como ser un insecto atrapado bajo un cuenco lleno de aire hirviendo. Y jungla por todas partes, jungla verde, viva y en movimiento. Un reloj gigantesco va marcando lo que te queda de vida- En ese momento me acuerdo de Wiress y su "Tic Toc"- Cada hora significa un nuevo horror. Tienes que imaginar que en los últimos días han muerto dieciséis personas, algunas de ellas defendiéndote. Al ritmo que van las cosas, los últimos ocho estarán muertos cuando salga el sol. Salvo uno, el vencedor. Y tu plan es procurar no ser tú.

Vuelvo a tomar aire, se me da bien esto de usar las palabras para "pintar" los Juegos.

- Una vez en la arena, el resto del mundo se vuelve muy lejano –continúo diciendo-. Todas las personas y cosas que amas o te importan casi dejan de existir. El cielo rosa, los monstruos de la jungla y los tributos quieren tu sangre se convierten en tu realidad, en la única que importa. Por muy mal que eso te haga sentir, vas a matar a otros seres humanos, porque en la arena solo se te permite un deseo, y es un deseo muy caro

- Te cuesta la vida –me dice Caesar con tristeza, realmente le están afectando mis palabras.

- Oh, no, te cuesta mucho más que la vida. ¿Matar a gente inocente? Te cuesta todo lo que eres

- Todo lo que eres –repite Caesar en voz baja

La sala guarda silencio y puedo notar que ese silencio se extiende por Panem, una nación entera inclinándose sobre sus televisores, porque nadie había hablado antes sobre como es realmente la arena. Y ahora lo estoy haciendo yo.

- Así que te aferras a tu deseo –continuo-. Y esa última noche sí, mi deseo era salvar a Katniss, pero, aun sin saber lo de los rebeldes, había algo que fallaba. Todo era demasiado complicado. Me arrepentí de no haber huido con ella antes, aquel mismo día, como me había sugerido. Sin embargo, ya no había forma de evitarlo

Estoy diciendo lo que pienso, y lo está viendo todo Panem.

- Estabas demasiado inmerso en el plan de Beete para electrificaras el lago de sal –dice Caesar

- Demasiado ocupado jugando a alianzas con los demás. ¡No tendría que haberles permitido separarnos! –estallo al final-. Ahí fui donde la perdí

Agacho la cabeza y la escondo entre mis brazos. No pretendía recordar tan rápido aquellos momentos tan dolorosos. Me alejé de Katnis, y ella me traicionó a cambio.

- Cuando te quedaste en el árbol del rayo, mientras Johanna Mason y ella se llevaban el rollo de alambre hasta el agua –aclara Caesar.

- ¡No quería hacerlo! –exclamo, sonrojándome por la emoción-. Pero no podía discutir con Beete sin dar a entender que estábamos a punto de romper la alianza. Cuando se cortó el alambre empezó la locura. Solo recuerdo algunas cosas: haber intentado encontrarla, ver como Brutus mataba a Chaff, matar a Brutus… Sé que ella me llamó. Después el rayo cayó en el árbol y el campo de fuerza que rodeaba la arena…voló por los aires.

- Lo voló Katniss, Peeta. Ya has visto las grabaciones.

- Ella no sabía lo que estaba diciendo –digo en alto y para mí mismo-. Ninguno entendíamos el plan de Beetee. Se ve claramente que Katniss intentaba averiguar qué hace con el alambre.

- De acuerdo, aunque parece sospechoso, como si formara parte del plan de los rebeldes desde el principio.

Eso ha dolido. Mucho. ¿Parte del plan de los rebeldes? ¡Que no joder, pesados!

Me pongo en pie, enfadado, y me inclino sobre la cara de Caesar, agarrando los brazos del sillón de mi entrevistador.

- ¿En serio? ¿Y formaba parte del plan que Johanna estuviera a punto de matarla? ¿Qué la descarga eléctrica la paralizara? ¿Provocar el bombardeo? –grito con toda mi fuerza-¡No lo sabían Caesar! ¡Lo único que intentábamos los dos era protegernos el uno a otro!

Estoy hiperventilando, sudo un montón, se me va a borrar el maquillaje. Todo esto no forma parte de lo que pretendía hablar, pero tenía que decirlo. Sigo siendo Peeta.

Caesar ve mi estado y me pone la mano en el pecho, es un gesto que le sirve en todas sus entrevistas tanto de protección como de ademán conciliador. Continúo angustiándome.

- Vale, Peeta, te creo

- Vale –respondo, me aparto de Caesar, retirando las manos de su sillón. Me paso las manos por el pelo, alborotando el perfecto peinado que tenía antes. Me dejo caer en mi sillón, angustiado a más no poder. Caesar espero un momento y me observa.

- ¿Y vuestro mentor, Haymitch Abernathy?

¿Haymitch? Mierda, me había olvidado de ese

- No sé que sabía Haymitch –respondo mirando al techo. Ese nunca nos decía nada, así que…

- ¿Podría haber formado parte de la conspiración?

- Nunca lo mencionó

- ¿Y qué te dice el corazón? –insiste Caesar, que pesado.

- Que no tendría que haber confiado en él, eso es todo.

Pasamos un tiempo callados. He abandonado a Haymitch, y punto. Caesar me da unas palmaditas en el hombro.

- Podemos parar si quieres –había olvidado lo cojonudo que era este tío.

- ¿Es que tenemos que hablar de algo más? –respondo, irónico.

- Te iba a preguntar sobre tu opinión sobre la guerra, pero si estás demasiado afectado…

- Oh, no lo suficiente para no contestar a esa pregunta…

Respiro hondo. Hasta ahora no me había puesto a pensarlo... Una parte de mi dice que les den y que se maten entre ellos. Otra dice que paren esta guerra estúpida.

Opto por la segunda (típico de Peeta) Miro directamente a la cámara, a todo Panem…

- Quiero que todos me veáis, estéis en el Capitolio o en el lado rebelde, que os detengáis un segundo a pensar sobre lo que podría significar esta guerra a los seres humanos. Casi nos extinguimos luchando entre nosotros la última vez, ahora somos aún menos y estamos en condiciones más difíciles. ¿De verdad es lo que queréis hacer? ¿Qué nos aniquilemos por completo? ¿Con la esperanza de… qué? ¿De qué alguna especie decente herede los restos humeantes de la tierra?

- No sé… no estoy seguro de seguirte… -dice Caesar, genial.

- No podemos luchar entre nosotros, Caesar –explico-. No quedará suficiente gente viva para seguir adelante. Si no deponemos todos las armas (y tendría que ser ahora mismo), todo acabará.

- Entonces, ¿estás pidiendo un alto el fuego? –pregunta Caesar.

- Sí, estoy pidiendo un alto el fuego –replico, cansado-. Y ahora, ¿podemos pedir ya a los guardias que me lleven a mi alojamiento para que pueda construir otros cien castillos de naipes?

Caesar se vuelve hacia la cámara, se despide de su público y retoman la programación habitual.

Se apagan las luces del estudio. Nos quedamos quietos hasta que oímos la voz del director gritando que "estamos fuera".

Suspiro aliviado. ¿Con esto tendrán suficiente?

Debe ser que no. Noto un fuerte golpe en la cabeza, alguien me ha dado con algo. Acabo desmayándome por el plató.


Hola :D Bueno aqui mi primer fic, dedicado totalmente a Los Juegos del Hambre. Siento si no es gran cosa, soy nueva en esto :) ¿Os ha gustado? ¿Que cosas cambiariais? Cualquier opinion es importante y será alegremente contestada.

Nos leemos la semana que viene :D

And may the ods be ever in your favor!

Lucía :)