Disclaimer: los personajes son propiedad de la increíble Suzanne Collins. Esto solo forma parte de mi alocada cabeza.


Capítulo catorce: entrando en batalla

Nunca, repito, nunca, he sido bueno con el manejo de armas. Recuerdo cuando en mis primeros Juegos me costaba hasta sujetar un mísero cuchillo. Como desearía tener ahora un cuchillo, pero para cortar pan, o tener un pincel sobre el que posar en algún lienzo. No, ahora tengo que estar intentando montar un arma de fuego que la entrenadora ha llamado AK-47. Maldigo por lo bajo mientras consigo poner la culata tras arduas horas de esfuerzo. Lo bueno es que ahora estoy en el entrenamiento para combatir al Capitolio, sin esposas, medianamente libre, aunque siempre custodiado por dos guardias del Distrito 13 y con la vía para la morflina puesta.

Resulta curioso que con todo esto mi otro yo no haya saltado. ¿Tal vez podría ser porque esto me recuerda a los entrenamientos para los Juegos del Hambre? En cierta manera, se parece. Salvo que esta vez somos más gente, y no quedara un solo vencedor. Pero las pérdidas siguen siendo infinitas en comparación con las ganancias, siempre tiene que haber más muertos que vivos.

En cuanto entro por la puerta de donde la gente practica para la batalla todo el mundo se gira a mirarme, pero al igual que en el desayuno, no me miran como si fuera un bicho raro. Incluso algunas personas se acercan a la zona de novatos, donde estoy yo, y me saludan y dan conversación. Por lo que me cuentan averiguo que todo esto de entrenar ha sido idea de Plutarch, para las cámaras. Me cuentan que las propos que mandan al Capitolio son bastante aburridas y que (según espías rebeldes infiltrados) más de medio Panem se pregunta que ha sido de mí. Una cámara de televisión refuta esto, me persigue durante toda la mañana, aunque con cierta lejanía y en cuanto nota que empiezo a tener espasmos sale corriendo a grabar otra cosa. "Quieren ver al Peeta de antes", pienso mientras meto las balas de fogueo y apunto hacia una diana hecha con pajas.

Inspiro y expiro suave mientras pongo el ojo en la mira y miro el punto rojo de mi objetivo. Mi mano tiembla un poco por el peso, pero no parece que mi otro yo quiera saltar por ahora. Es increíble, solo he tenido unos pocos de espasmos en toda la mañana, eso me hace estar algo alegre. Tal vez eso haga que haya conversado con tantos soldados durante el día.

Pum. Disparo y tengo que cerrar los ojos por el estruendo que produce el arma, tiene algo de retroceso que me hace tambalear el cuerpo, pero mis pies siguen fijos en el suelo. Vuelvo a respirar hasta que dejo de oír un zumbido en mis oídos y abro los ojos.

- Soldado Mellark, para la próxima, apunta bien…

La sargento quita entones la bala de fogueo de la diana de mi compañero, he dado a la diana de mi derecha. No está mal. Podía haber disparado al techo, conociendo mi torpeza. Espera, esa frase que ha dicho. "Apunta bien". La recuerdo. Le dije lo mismo a Katniss en las pruebas para nuestros primeros Juegos del Hambre. No puedo reprimir una sonrisa y vuelvo a repetir el proceso que llevo toda la mañana. Desmontar. Montar. Cargar. Disparar.

Paso bastante tiempo, aunque no me doy cuenta del paso de este, realizando el ejercicio hasta que ya no doy en la diana de mis compañeros si no en la mía, no en el centro pero algo es algo. Después de disparar nos llevan a correr a un pabellón cerrado, dando vueltas y vueltas. Yo corro a mi ritmo y tranquilo durante toda la tarde, pero no tengo atisbos de mi otro yo o de dolor en mi pierna. En cuanto llego a mi cuarto por la noche estoy tan destrozado que me duermo en cuestión de segundos.

Por la noche sueño con Katniss, con la playa, todas las frases que la dije cuando estaba enamorado de ella, cuando los Juegos, el Vasallaje, nuestro primer encuentro tras volver del Capitolio. ¿Por qué mi mente está tan dividida? Poco a poco un hueco se abre en mi cerebro y hace bajar una sensación a mi estómago, mariposas. Tengo la misma sensación como cuando vi a Katniss por primera vez, de pequeños. Es increíble que mis recuerdos estén volviendo poco a poco. ¿Quizás esté volviendo a amar a Katniss? No, imposible.

Mi rutina al día siguiente y al siguiente es la misma. Entrenamiento, correr, y a dormir. Pero no me molesta, de hecho, me hace sentir bien. Por las noches sueño con Katniss y durante el resto del día me replanteo la verdad de esos sueños o los pensamientos que crean en mi mente.

Para el tercer día de entrenamiento ya consigo disparar medianamente correcto, correr a un ritmo bastante bueno, y conocer los distintos tipos de armas. Sé que al resto les han explicado cómo será la batalla, pero de mí pasan y prefieren no contármelo. Aunque oigo varias veces la palabra "manzana". ¿Me mandarán a mí también? Coin dijo que iría, pero no quiero, no quiero ir como un arma contra Katniss. Katniss, la veo a veces también entrenando junto a Gale y Johanna. Finnick aparece también, pero hace algo y luego se va a cuidar de "su Annie".

Cuando ya pasa una semana la gente comienza a marchar al campo de batalla, por lo cual los novatos somos los únicos que quedamos en la zona de entrenamiento. Por lo que cuentan otros soldados, en unos días nos harán una prueba de nivel y verán si estamos capacitados para ir al Capitolio o no. "No pienso ir, tengo que hacerlo de pena en la prueba", es lo primero que pienso al oír que mañana nos harán el test a los últimos soldados que quedamos. Katniss hace un día que dejó de venir, al igual que Gale, Finnick, o Johanna. Johanna resultó que en la prueba tubo un shock psicológico o no consiguió pasar, debería ir a verla al hospital pero una parte de mi cerebro se centra en cómo he de hacer yo mi prueba. Tampoco va Annie por el embarazo, me habría gustado ver como se tomaba Finnick la noticia de que iba a ser padre, tiene que haber sido un momento muy emotivo.

- Atacarán sobre vuestros puntos débiles.

Esto dice la militar que pasa lista al último pelotón que falta por pasar a las pruebas, en el que estoy incluido. Bien, punto débil, harán que mi yo muto salte y adiós ir al Capitolio, perfecto.

Una chica de tez morena me desea buena suerte cuando me llaman y me hacen entrar en una sala que al principio está oscura. Noto el corazón latir deprisa, pero no es mi otro yo sino yo mismo. Estoy ansioso, ansioso por suspender y que no me manden al Capitolio. No sé por qué me niego tanto a ir, si porqué sé que allí estará Katniss o por no darle el gusto a Coin de utilizarme. La sala sigue a oscuras, no oigo nada excepto mi respiración. No noto espasmos, ni movimientos arrítmicos, ni dolor de cabeza. Mierda, mi otro yo no quiere salir, pro una vez que yo quiero que lo haga.

- ¿Hola? –pregunto en voz alta, hablando a la nada.

- Ya puede salir, soldado Mellark.

- ¿Qué?

Una puerta se abre a mi derecha, distinta a por donde he entrado, y camino a ella. Salgo y me encuentro en el pasillo del Distrito 13, con mis dos guardias de seguridad, esperando a cada lado de las jambas de la puerta. ¿Qué narices ha sido eso? ¿Eso ha sido todo, no he disparado ni corrido, ni nada? No tiene sentido.

Llego a mi cuarto dándole vueltas a todo lo ocurrido, no comprendo por qué no he tenido que hacer nada. A parte, me parece estúpido que todo el tiempo invertido en que aprendiera a montar un arma no me haya servido para luego demostrarlo. Los guardias cierran las puertas y me dejan solo en la habitación. No, solo no, noto un olor a alcohol a mi espalda. Me giro y me encuentro a Haymitch posado contra la ventana falsa, al igual que me encontré a Coin cuando vino a hablarme. Voy a hablar, pero mi antiguo mentor pone sus dedos en los labios y me hace el gesto para que no hable. Con un movimiento rápido de su cabeza me señala mi escritorio. Voy hasta él, no hay nada.

- ¿Haymitch, qué?

- Shhhh…

Vuelve a repetir el gesto y cuando quita los dedos de sus labios hace un gesto con la muñeca, indicando que hay algo bajo la tabla principal que sustenta el escritorio. Paso la mano y noto un papel, siento el instinto de sacarlo, pero comprendo que nos deben de estar grabando y Haymitch no quiere que se enteren de lo que está ocurriendo, de lo que quiere decirme.

- ¿Qué tal la prueba? –me pregunta, con voz de borracho algo fingida.

- Volví a dar a la diana de mi derecha, está claro que no soy bueno –comento, sentándome en la silla y fingiendo también- ¿Has bebido?

- Yo siempre, chico. Bueno, me voy, pasa buena tarde.

Haymith camina hasta mí y pone su mano en mi hombro, está caliente, me hace pegar un respingo que no provoco yo sino mi yo muto, mi cuerpo se tensa. Cierra la puerta y me deja solo en la habitación, con lo que quiera que haya bajo la mesa. Pasados unos minutos me tumbo en la cama y trato de respirar tranquilo, la visita secreta de Haymitch hace mis manos comiencen a abrirse y cerrarse en espasmos, al final no controlo mi pulso y termino dormido con una dosis de morflina sustentada de la vía, olvidándome de lo que quiera que hubiera sobre el escritorio.

Unos golpes muy fuertes sobre la puerta de mi cuarto me hacen despertar, la dosis de anoche debió de ser alta porque nada más abrir los ojos noto la bilis subir por mi garganta y vomito sobre el suelo todo el desayuno. Unos guardias, diferentes a los que me han estado vigilando, aparecen por la puerta. Sin decirme nada me toman la mano y me estampan algo en el dorso con un sello.

- Cuatro…cinco…Uno… -susurro cuando me sueltan la mano y puedo ver lo que tengo puesto en color rojo.

- Es tu escuadrón, recoge tus cosas, nos vamos en cinco minutos.

¿Me voy, que me voy a dónde? Me pongo en pie como un rayo y hago una bolsa con ropa que me han dado en el Distrito 13, la ropa que diseñó Portia para mis Juegos, y una camiseta que consiguieron recuperar de mi casa. Me pongo esta última y aspiro el olor a casa, eso me hace calmarme. Justo cuando salgo por la puerta me doy cuenta. Haymitch. El escritorio.

Los guardias caminan ya por el pasillo pero yo doy media vuelta, voy al mueble, y palpo la parte de abajo con la misma mano en la que tengo el sello. Noto algo rugoso asique recojo la mano y saco un papel hecho una bola. Con toda la rapidez del mundo me lo guardo en los pantalones y salgo otra vez hasta donde los guardias, que parecen no haberse enterado. Noto el corazón acelerado, pero no lo suficiente como para que mi otro yo salte. Si he sobrevivido a un entrenamiento para una guerra, puedo con esto.

Un aerodeslizador nos lleva a mí y a otros soldados al Distrito 12, desde el aire se ve realmente desolador. Es la primera vez que piso mi casa desde que en fui del Vasallaje. Lo había visto en los vídeos cuando estaba secuestrado en el Capitolio, pero pensé que no era tan malo como lo veo ahora, en directo. Lo primero que noto al poner un pie en mi Distrito es ceniza, que forma una nube al posar mis botas y se deposita sobre estas. No queda casi nada del Distrito 12. Parece ser que las bombas que mandó el Capitolio hace ya quien sabe cuántos meses arrasaron las casas de los mineros del carbón de la Veta, las tiendas de la ciudad e incluso el Edificio de Justicia. La única zona que se libró, o por lo que reconozco a lo lejos, es la Aldea de los Vencedores, aunque no sé bien por qué sigue allí. Tambien hay montado una zona de transporte improvisada fuera de la zona de fuego. Esta vez no hay trenes de lujo, sino un vagón de mercancías con los pocos soldados que quedaban en el 13 vestidos con sus uniformes gris oscuro, dormidos con la cabeza encima del petate.

- Eh, ¿por qué a él no le han cortado el pelo? –me pregunta un soldado sentado en frente mío, señalándome con el dedo. Cierto es, todos están con el pelo rapado al cero, y yo no.

- Porque tiene que salir guapo en las propos –contesta una soldado, colocada a mi izquierda, dedicándome una sonrisa de lo que creo que es un intento coqueteo.

Al cabo de un par de días de viaje desembarcamos dentro de uno de los túneles de montaña que llevan al Capitolio y hacemos a pie seis horas que nos quedan para llegar, obligados a andar sobre una línea pintada de verde brillante que marca el camino seguro al exterior. Agradezco los entrenamientos, he recuperado algo de forma física, si llego a ir con la forma que tenía estando en el Capitolio no habría aguantado ni una hora. Durante estas seis horas saco el papel de mi bolsillo y leo, apartado del grupo, la nota escrita con la letra de Haymitch.

"Alma Coin"

El sólo nombre hace que mis pensamientos sobre la prueba o el entrenamiento cobren sentido. Fui autorizado directamente por la presidenta del Distrito 13, la encargada de todo, la jefa, la mandamás. No tenía forma de escapar. Ella ha organizado todo para que esté aquí, para que vaya a donde está Katniss. Pero sigo sin comprender por qué Coin me manda a donde Katniss, sabe que mis ataques ya no son tan fuertes pero aún así me manda a esta guerra. No tiene sentido.

Salimos en el campamento rebelde, un área de diez manzanas junto a la estación de tren por la que recuerdo que Katniss y yo llegamos en ocasiones anteriores. Está repleto de soldados, nada que ver con los cuatro gatos que había en la sala de entrenamiento. Según me cuenta la soldado que antes me elogió, esta zona se aseguró hace más de un mes; los rebeldes echaron a los agentes y perdieron cientos de vidas en el proceso. Las fuerzas del Capitolio retrocedieron y se han reagrupado en el interior de la ciudad. Entre nosotros están las calles llenas de trampas, vainas y tentadoras.

- Habrá que limpiar de vainas cada una de ellas antes de avanzar.

- ¿Vainas, qué es eso? –pregunto mientras me entregan una hoja con un mapa del Capitolio.

- Ya lo descubrirás… Pero esta guerra se luchará en las calles, asique las infraestructuras sufrirán pocos daños.

- Claro, las infraestructuras.

Ya es de noche cuando me hacen separarme del grupo de viaje y me indican donde está la tienda de campaña del pelotón 451. Algo me dice que no se cuece nada bueno ahí. Me pongo la pistolera sobre el hombro y camino hasta la tienda. En cuanto llego todo el grupo se gira, me miran perplejos, sorprendidos, y cierta resistencia. Finnick, Gale, otras personas que deduzco que son del equipo de televisión por los aparatos que tienen en la smanos, y Katniss. Al que reconozco como Boggs me mira echando humo por los ojos, me quita el arma y se mete dentro de la tienda.

- Da igual –digo-, la presidenta en persona me ha asignado. Ha decido que las propos necesitan animarse un poco.

Puedo notar en la cara de Katniss que ha llegado a la misma conclusión que yo cuando recibí la visita de Coin y sabe que acabo de mentir al decir lo de las propos. Al igual que Haymitch. Alma Coin. Ella ha decidido por todos: Katniss la resulta más útil muerta que viva.


YOOOLO Fin del catorceavoo capítulo. SIENTO HABER TARDADO EN SUBIRRRRR Espero que os siga gustando la historia, le estoy cogiendo el rollo y creo que subiré más de seguido en esta historia (cruzo los dedos) . Lo siento, lo siento y mil lo sientos, otra vez. No quiero llenar el texto de lo sientos, pero de verdad que siento tardar tanto. Esta historia es realmente complicada de escribir, tengo que poner todas mis fuerzas para sacar a Peeta y plasmarlo aquí, pero espero que os haya gustado y si no es así decidme en que falla pues para poder mejorarlo.Contestaré las reviews ahora por PM, que es más cómodo. Un trillón de gracias por seguir leyendo esta locura y espero que os esté gustando. Siento mis pocos ánimos, pero así es la vida. Recordaros que si alguien tiene alguna sugerencia, idea, o simplemente recomendación TODO será bien recibido.

Gracias a mi Ojos de océano por demostrarme que la vida puede seguir siendo vida. Te quiero y tú sólo sabes lo que hay ahí debajo.

AVISO: Para quien no lo sepa ya, nos vemos en mis TRES FICS (guat? Tres? YES, IM YOLO) ALL ABOUT US (exitaco con todas las letras), ANTES DE AAU (one shots dedicados a la anterior), y en POSDATA: SIEMPRE (llorera ASEGURADA) .

And may the ods be ever in your favor!

Peeta Mellark.