Disclaimer: los personajes son propiedad de la increíble Suzanne Collins. Esto solo forma parte de mi alocada cabeza.


Capítulo dieciséis: Solo

Es triste pensar que tú eres el problema, pero peor es saber que lo eres. Todo en la vida son pequeñas señales, señales que nos indican cómo seremos el resto de nuestras vidas. Una vez escuché: 'No tienes que pedir perdón, solo tienes que mirarte en el espejo y pensar si la persona que ves es la persona en la que te quieres convertir.' Es demasiado pronto para saber quien quiero ser, qué quiero hacer, cómo viviré mi vida... Lo único que puedo saber es lo que quiero ahora, y solo sé que no sienta bien.

No sé lo que estoy haciendo, no estoy viviendo, solo sobrevivo. ¿Cuándo empezó todo? Echo la vista atrás y no recuerdo haberme sentido así nunca. No haber sentido nada, solo dolor, echar de menos. Es horrible. No necesito que mi vida de un gran giro, no necesito tener aventuras fuertes, solo quiero volver a sentirlo, sentir que no estoy solo. Sentir que tengo gente que me quiere. Querer levantarme por la mañana porque tenga motivos. Quiero volver a ser lo que era. Quiero volver a enamorarme. Quiero comprobar eso de que el amor está en todas partes sea cierto, quiero que el sol brille en cada día de mi vida, aunque este nublado. Un día simplemente me despertare y volveré a sentirlo, ¿cómo se llamaba? Ah sí, felicidad.

Me niego a vivir muriéndome por dentro, lo daría todo porque fuera al revés, morir sintiéndome vivo. Nunca me había planteado el suicidio como opción, me parece un acto cobarde, si quieres dejar de sufrir tú no les provoques sufrimiento a los demás al irte. Entonces fue cuando me di cuenta, ¿sufrimiento al irte? ¿Quién iba a llorar por mí?

Cualquiera que me oiga hablar debe pensar que lo he pasado muy mal en la vida, que me han maltratado, insultado, menospreciado,... Pero la verdad es que no es nada de eso, no me han tratado mal pero el problema es que tampoco me lo han hecho pasar bien. Y yo necesito algo por lo que vivir, si no tengo nada me aburro. Me canso de las cosas cuando no varían, no me importaría pasarlo mal si también ganara cosas buenas, pero si no tengo nada me canso. Y ahora estoy cansado de vivir.

Creo que no soy el único que ha nombrado mi muerte mientras estaba inconsciente. Como si fuera una grabadora, la comandante Jackson me repite:

- No digas tonterías.

- ¡Acabo de asesinar a un miembro del pelotón! –grito fuerte.

Todavía tengo la imagen marcada a fuego en el cerebro: Mitchell, enredado hasta el cuello por una red de la que salen unos pinchos de acero que parecen a vaya del Distrito 12, su cuerpo ensangrentado y atravesado por estos pinchos, y luego la oscuridad hasta perderme en el mundo de los secuestrados. Por mi culpa, por mi absoluta y total culpa.

- Lo empujaste. No podías saber que dispararía la red justo en ese punto. –responde Finnick, intentando calmarme.

- ¿A quién le importa eso? Está muerto, ¿no? –insisto, comenzando a notar las lágrimas salir de mis ojos y a llorar fuerte-. No lo sabía. Nunca me había visto así antes. Katniss tiene razón, yo soy el muto. ¡Snow me ha convertido en un arma!

"Peeta se ha ido, como dijo Johanna. Sería como disparar a cualquier otro muto del Capitolio". Ahora esta frase cobra totalmente sentido. Es verdad, todo el mundo lo sabe. Yo soy el muto, incluso después de todo creía que quedaba un atisbo de Peeta Mellark, pero hasta que no lo he visto con mis propios ojos no me he dado cuenta. Soy un monstruo, hasta el matado a una persona inocente. Snow me ha convertido en un arma, y hasta Coin me está utilizando para sus propósitos. Ya no hay rastro del antiguo yo, no soy nada excepto un arma, un muto.

- No es culpa tuya Peeta. –vuelve a decirme Finnick mientras me enjugo como puedo las lágrimas de los ojos para poder verle.

- No podéis llevarme con vosotros, es cuestión de tiempo que mate a otra persona. –consigo decir otra vez tras aclararme la garganta y entre la nube de lágrimas y observar las caras de incertidumbre del grupo. Seguramente estén planteándose mi idea-. Quizá creáis que es más humano abandonarme en alguna parte, darme esa oportunidad. Pero eso sería lo mismo que entregarme al Capitolio. ¿Creéis que me hacéis un favor enviándome de vuelta a Snow?

- Te mataré si llegamos a eso, te lo prometo –se apresura a contestar Gale.

Me sorprende la rapidez con la que responde Gale, y por cómo es él apostaría por seguro a que él me mataría para no verme sufrir. Pero sé que no es así, esa oferta no me parece fiable. Tras plantearme lo que me ofrece Gale, recuerdo algo.

- No me sirve, ¿y si no estás ahí para hacerlo? Quiero una de esas píldoras de veneno, como las que tenéis los demás.

Jaula de noche. Reconocería esas bayas hasta cuando las convierten en píldoras con veneno. Las vi cuando nos mandaron al campo de batalla, a cada soldado, en un bolsillo del pecho del uniforme está guardada una. En todos, excepto en el mío. No sé sí por culpa de Coin, que creería que la utilizaría incluso antes de llegar a Katniss y así estropearía sus planes. La verdad es que si tuviera una sería un gran alivio para el pelotón, se ahorrarían el disgusto de tener que dispararme. Tal vez suene a que quiero suicidarme, pero motivos me sobran. Yo muerto simplificaría de raíz el problema del resto del equipo de tratar con mis problemas homicidas.

- No es por ti. –dice entonces Katniss-. Tenemos una misión y te necesitamos. -afirma con total seriedad y luego se gira al resto del grupo-. ¿Creéis que podemos encontrar comida en este sitio?

Observo al equipo, además de un botiquín médico y las cámaras, nos llevamos más que los uniformes y las armas. Mientras algunos buscan algo para comer, la mitad se queda para vigilarme y para estar pendientes de una pronta emisión de Snow. Seguramente a causa del ataque en la vaina, piensen que todos estamos muertos. Resulta curioso cuando Katniss me ha dicho lo de "Tenemos una misión y te necesitamos". Si la Katniss Everdeen es la que realmente recuerdo, eso de la misión es básicamente matar a Snow. El nervioso de mi compañera mientras veo que encuentran cajas con latas y galletas me confirma que el resto del pelotón no debe de estar muy informado sobre la misión en realidad.

Me pongo en pie para destensar el cuerpo después de haber estado sentado, y según susurra Leg 1 encerrado en un armario, y observo la comida que han conseguido encontrar. No tengo demasiada hambre, por no decir que ninguna. Por lo visto Mesalla vivió en una réplica al edificio en el que estamos instalados, lo cual acelera el que hayan encontrado alimento. Gale nos dice que escojamos una y, curiosamente, cojo una que pone que es de "Estofado de cordero". Noto los labios fríos y sudorosos al recordar el frío y la lluvia filtrándose entre las piedras, los (ahora) ineptos intentos de filtreo de Katniss y el aroma a su receta favorita del Capitolio. No parece ser un recuerdo brillante, y aunque he cogido la lata al azar, soy consciente de lo que significa y se la decido pasar a Katniss.

- Gracias. –responde esta mientras abre la tapa-. Hasta tiene ciruelas.

Hasta incluso a pesar de estar en la situación en la que me encuentro, por un segundo, me vuelvo a sentir como en la arena.

El resto del grupo está pasando una caja de extravagantes galletas rellenas que yo me niego a coger cuando del televisor empiezan a sonar unos pitidos. El sello de Panem ilumina la pantalla y se queda ahí mientras suena el himno. Entonces empiezan a mostrar imágenes de los muertos, igual que hacían con los tributos en la arena. Empieza con las cuatro caras de nuestro equipo de televisión, seguidos de Boggs, Gale, Finnick, Katniss y yo. Salvo por Boggs, no se molestan con los soldados del 13, ya sea porque no tienen ni idea de quienes son o porque saben que no significan nada para la audiencia. A continuación aparece el hombre en persona, sentado detrás de su escritorio, con una bandera detrás y una rosa blanca recién cortada en la solapa. A pesar de la cantidad de maquillaje que se ve que lleva encima, el presidente Snow parece más deteriorado que nunca, hasta sus labios parecen más inflados, como si se hubiera operado en demasía. Noto que mis manos empiezan a abrirse y cerrarse solas asique alejo la vista de la pantalla y tiro de las esposas para devolverme a la realidad a través del dolor que estas producen desgarrándome la piel de las muñecas. Mientras intento respirar relajado y los espasmos parecen irse, en algún lugar del Distrito 13, Beete pulsa un interruptor, y ahora no la voz del presidente Snow, sino la presidenta Coin, que está mirando a la pantalla. Se presenta a Panem, se identifica como la líder de la rebelión y ofrece un elogio fúnebre a todos, en especial a Katniss.

- Viva o muerta, Katniss Everdeen seguirá siendo el rostro de la rebelión. Si alguna vez vaciláis, pensad en el Sinsajo y encontrareis la fuerza necesaria para acabar con los opresores de Panem.

Mientras la presidenta termina su discurso, todos nos quedamos callados, excepto Katniss.

- No tenía ni idea de lo mucho que significaba para ella.

"Ahora que estás muerta, vales más que estando viva", pienso para mí mientras Gale ríe alto y resto mira a Katniss desconcertados y curiosos. Al fin y al cabo, esto es lo que quería Coin, una mártir, una niña muerta que inspire a la nación. Para eso me mandó a mí aquí, pero parece ser que tuvo suerte y no ha tenido que utilizarme, o eso creerá ahora mismo ella. No se por qué, pero me viene a la mente la cara de Coin sonriendo triunfal. Después en el televisor ponen una foto de Katniss muy retocada en la que se la ve preciosa y feroz, con un montón de llamas a sus espaldas. Sin palabras ni eslogan, ahora sólo necesitan su cara.

Beete devuelve las riendas a Snow, que por su mirada parece muy tranquilo y controlado. Decido apartar la vista de la pantalla y taparme las orejas con las manos, volviendo a tirar de las esposas y notando como sale la sangre y la carne, mezclándose con el hierro.

El resto del tiempo Katniss y el grupo se dedica a buscar una manera de salir de dondequiera que estemos alojados antes de que el Capitolio se dé cuenta de que faltan 11 cadáveres de entre las cenizas. Entre los dedos veo que Katniss lleva puesto el aparato que antes tenía Boggs, el holo. ¿Por qué lo tiene ella? En conclusión, resulta que estamos en una zona con objetivos cruciales, ya que el numero de vainas ha aumentado, y el único modo de no ser detectados e ir bajo tierra.

Bajo tierra, como las minas, los túneles, y como el Distrito 13. Fantástico. Me quito las manos de la cara y veo que del holo sale una proyección que muestra tantos las vainas de arriba como de abajo. Katniss se lía tocando los botones del aparato, pero parece ser que hay menos vainas allí debajo.

A dos puertas de nosotros hay un tubo vertical que conecta con nuestra fila de pisos con los túneles. Para llegar al piso del tubo hay que apretujarse por un conducto de mantenimiento que recorre todo el edificio. Se puede entrar en el conducto por la parte de atrás de un armario de la planta superior. "No, ni hablar", es lo que pienso al instante. No puedo meterme ahí, siendo como soy y lo que soy, con otra gente. Ese sitio, tan estrecho, oscuro, y seguramente peligroso, no es lo mejor para mí. Seguro que a la primera vaina mi yo muto salta y acabo dañando a alguien. Mientras todos recogen y eliminan el posible rastro que dejamos yo me siento en el sofá azul donde desperté la otra vez y me niego a ceder.

- No voy. Seguro que os descubren por mi culpa o le hago daño a otra persona.

- La gente de Snow te encontrará –dice Finnick.

- Pues dejadme una píldora. Solo me la tomaré si hace falta.

- Eso no es una opción. Ven con nosotros –ordena Jackson.

- ¿O qué? ¿Me dispararás? –pregunto, algo irónico.

- Te dejaremos inconsciente y te arrastraremos con nosotros –responde Homes-. Lo que nos frenará y nos pondrá en peligro.

- ¡Dejad de ser tan nobles! ¡No me importa morir! –exclamo, cansado de todo. Suspiro y me vuelvo hacia Katniss-. Katniss, por favor. ¿Es que no ves que quiero dejar esto de una vez?

Y por la cara de Katniss sé que sí lo sabe. Sabe que no me importa tomarme esa píldora si llega el momento, que estoy dispuesto a morir. Por su mirada puedo ver la que creo que es la Katniss que recordaba, no la que encontré cuando llegué al 13. Sabe que lo más amable sería matarme aquí y ahora. Pero algo me dice que, para bien o para mal, la amabilidad no es lo que impulsa a Katniss.

- Estamos perdiendo el tiempo. ¿Te vienes por tu propio pie o tenemos que dejarte inconsciente?

Oculto el rostro de nuevo entre las manos para aliviar la frustración del momento durante unos segundos y, al final, decido unirme con ellos.

- ¿Le soltamos las manos? –pregunta Leeg 1.

- ¡No! –gruño al instante, acercándome la única manera que me devuelve a la realidad al cuerpo.

- No –repite Katniss-, pero quiero la llave.

Jackson se la pasa sin decir nada. Se la guarda en el bolsillo de los pantalones, con un montón de cosas que no logro reconocer.

Cuando Homes abre la puertecita metálica que da al conducto de mantenimiento, descubrimos otro problema: los arneses de insecto de los cámaras no entran por la estrecha abertura. Castor y Pollux se los quitan y desenganchan los equipos de reserva, que son del tamaño de una caja de zapatos y seguro que funcionan igual de bien.

Aun en fila india, y con las mochilas y equipos a un lado, entramos a duras penas. Pasamos de largo el primer piso y entramos en el segundo. En este, uno de los dormitorios, en vez de baño, tiene una puerta en la que pone "CUARTO DE SERVICIO". Detrás de la puerta está la habitación con la entrada al tubo.

Mesalla frunce el ceño ante la tapa circular y, durante un momento, vuelve a su caprichoso mundo de antes.

- Por eso nadie quiere vivir en la unidad central, con obreros entrando y saliendo todo el día, y un solo baño. Aunque el alquiler es bastante barato –comenta; entonces se encuentra con la cara de guasa de Finnick y añade-: Da igual.

La tapa del tubo es fácil de abrir. Una amplia escalera con peldaños de goma permite que bajemos rápida y fácilmente a las entrañas de la ciudad, en mi caso cuesta un poco por las esposas pero consigo arreglármelas a pesar del cansancio y el abatimiento que tengo encima. Nos reunimos al pie de las escaleras y esperamos a que nuestros ojos se adapten a la tenue luz de la zona subterránea, donde se respira una mezcla de productos químicos, moho y aguas residuales.

Pollux, pálido y sudoroso, se aferra a la muñeca de Castor como si temiera caerse sin alguien que lo sostenga.

- Mi hermano trabajó aquí cuando se convirtió en avox –explica Castor-. Tardamos cinco años en poder comprar su subida a la superficie. En ese tiempo no vio el sol ni una sola vez.

Casi no oigo la explicación de Castor, pero eso quita las dudas de quien mantenía estos pasadizos húmedos y apestosos llenos de trampas. Pollux estuvo aquí mucho tiempo, así que debe de conocer a la perfección el camino. Estoy seguro que hasta con los ojos cerrados. Sin darme realmente cuenta, me vuelvo hacia a Pollux y le comento lo que he estado pensando:

- Bueno, entonces acabas de convertirte en nuestro bien más preciado.

Castor se ríe y Pollux consigue sonreír por primera vez desde que lo conozco. Seguimos caminando por el primer túnel con el cansancio siendo más visible en mi cuerpo. Fijo los ojos en el suelo y echo los hombros hacia delante mientras Gale y Jackson se encargan de caminar a mi lado. Levanto la vista un segundo y veo que Katniss. ¿Acaso el comentario la ha molestado? Parece ser que no, porque sonríe hacia Pollux, el cual, según mi comentario, vale más que diez holos. Además, ha sonado un poco cómo mi antiguo yo… Mejor no pensarlo.

Hay una simple red de túneles anchos que corresponde directamente con el mapa de las calles de arriba y recorre las principales avenidas y calles. Se llama el Transportador, ya que unos camioncitos lo usan para repartir mercancía por la ciudad. Durante el día, sus vainas están desactivadas, pero por la noche es un campo de minas. No obstante, cientos de pasadizos adicionales, conductos de servicio, vías de tren y tubos de desagüe forman un laberinto de múltiples niveles. Pollux parece conocer detalles que conducirían al desastre a un recién llegado, como en qué desvíos hacen falta máscaras antigás, dónde hay cables electrificados o los escondites de de unas ratas del tamaño de castores. Nos avisa de que el chorro de agua que recorre periódicamente las aguas residuales anticipa el cambio de turno de los avox; nos lleva por tuberías húmedas y oscuras para evitar el paso casi silencioso de los trenes de mercancías; y lo más importante: sabe donde están las cámaras. No hay muchas en este lugar sombrío y brumoso, salvo en el Transportador, pero nos mantenemos bien alejados de ellas.

Con la ayuda de Pollox avanzamos deprisa, muy deprisa comparado con la velocidad que teníamos en la superficie. Al cabo de seis horas, el cansancio nos puede. Son las tres de la mañana, así que supongo que quedan unas cuantas horas para que se den cuenta de que si seguimos vivos, registren entre los escombros del edificio por si hemos intentado escapar por los conductos y empiece la caza.

En cuanto Katniss sugiere que descansemos, ninguno ponemos objeciones. Pollux encuentra un cuartito cálido en el que zumban varias máquinas llenas de palancas y discos. Levanta los dedos para indicar que tendremos que irnos dentro de cuatro horas. Jackson organiza los turnos de guardia, pero como es obvio que a mí no me van a poner en rotación, me coloco como puedo entre el resto del equipo, con los pies de Katniss justo donde mi cabeza.

Como es natural, no consigo conciliar el sueño, sigo dándole más y más vueltas a lo que supone que esté yo aquí, el peligro que supone estar en un sitio tan asfixiante con un tío que en cualquier momento puede matarte, y aún así siguen queriendo que vaya con ellos. Tambien le doy vueltas a cómo Katniss ha reaccionado antes, desde que llegué al Distrito 13 se había comportado cortada y borde con mi persona, pero por un momento ha sonado… Como la Katniss de la que creo que estaba enamorado. Pero aún así, a pesar de ir recordando todo lo real, nadie confía en mí y me da una maldita píldora por si me atrapan.

Justo estoy mirando a un punto inexistente de la habitación viendo volar una mota de polvo y pensando como limpiarán estos sitios cuando Katniss, que su turno ha empezado hace escasos minutos y se ha apoyado en la pared tras oírla pelearse con el holo, me dice:

- ¿Has comido?

Sacudo ligeramente la cabeza para decir que no he comido nada en casi veinticuatro horas, entonces oigo el sonido de una lata abriéndose. Me siento y tomo la lata de pollo y arroz que me ofrece. Como no tiene tapa, seguramente la haya quitado para que no me corte las venas o algo, la inclino y me trago la sopa casi sin molestarme en masticar, la verdad es que tenía algo de hambre.

- Peeta, cuando preguntaste por lo que les pasó a Darius y Lavinia, y Boggs te dijo que era real, tú respondiste que eso creías, que el recuerdo no era brillante. ¿Qué querías decir?

No entiendo el por qué de la pregunta, pero ya que parece que Katniss está colaborando en mi empresa dejo de comer de la lata, dejando que en el fondo de esta se reflejen las luces de las máquinas, y decido contestarla.

- Ah. No sé bien cómo explicarlo. Al principio, todo era confusión. Ahora puedo distinguir algunas cosas. Creo que hay un patrón. Los recuerdos que alteraron con el veneno de las rastrevíspulas tiene un aspecto extraño, como si fueran demasiado intensos y las imágenes poco estables. ¿Recuerdas cómo fue cuando te picaron?

- Los árboles se movían. Había gigantescas mariposas de colores. Me caí en un pozo lleno de burbujas naranjas –responde, medita un poco antes de añadir-: Relucientes burbujas naranjas.

- Eso es, pero los recuerdos sobre Darius y Lavinia no son así. Creo que todavía no me había dado veneno.

- Bueno, eso está bien, ¿no? Si puedes separar unos de otros, también puedes saber qué es real.

- Sí, y si me salieran alas podría volar, pero a la gente no le salen alas –digo-. ¿Real o no?

- Real, pero la gente no necesita alas para sobrevivir.

- Los sinsajos sí.

Después termino la sopa y se la devuelvo.

- Todavía queda tiempo, deberías dormir –me dice.

Me tumbo sin protestar, aunque sé que no voy a dormir así que me limito a contemplar la aguja de uno de los discos, que se mueve de un lado para otro. Entonces, cuando he conseguido dejar la mente en blanco, noto una mano apartándome un mechón de pelo de la frente. Me quedo paralizado y asustado, es Katniss la que me está acariciando, noto el calor de sus finos y fuertes dedos, y como es Katniss al final me tranquilizo y la dejo que me siga acariciando dulcemente el cabello. Es un gesto tan suyo, tan de la Katniss que recuerdo de la cueva, que otro recuerdo me viene a la cabeza.

- Sigues intentando protegerme. ¿Real o no? –susurro.

- Real –responde; aunque luego lo explica mejor-. Porque eso es lo que nosotros dos hacemos: nos protegemos el uno al otro.

Al cabo de un minuto, me duermo.


Fin del capítulo dieciséis. He de pedir perdón, como en todas mis otras historias, por no haber subido antes. Demasiadas cosas se han juntado en mi vida y no me ha permitido actualizar, pero quienes me tienen en favoritos verán que estoy actualizando todas, y que tengo más capítulos ya escritos así que no tardaré en subir más de seguido. Al final este capítulo no ha quedado como quería, quería haber escrito otro principio pero creo que iba a sobrepasar de monólogo personal así que lo dejo aquí. Ya va quedando poco para el epílogo, para terminar, para todo, y confieso que no quiero llegar a ese punto. Espero que os guste la historia, cualquier opinión es importante.

Contestaré las reviews ahora por PM, Un trillón de gracias por seguir leyendo esta locura y espero que os esté gustando. Recordaros que si alguien tiene alguna sugerencia, idea, o simplemente recomendación TODO será bien recibido.

Capítulo dedicado a cada una de las personas que se sientan como Peeta o como yo en este momento, stay strong.

AVISO: Para quien no lo sepa ya, nos vemos en mis TRES FICS (guat? Tres? YES, IM YOLO) ALL ABOUT US (exitaco con todas las letras), ANTES DE AAU (one shots dedicados a la anterior), y en POSDATA: SIEMPRE (llorera ASEGURADA) .

And may the ods be ever in your favor!

Peeta Mellark.