Sakura, Yukito y el beso

Touya, se despertó aun con dolor de cabeza, no quería tomarse nada pero al final no le quedaría más remedio que mirar en el botiquín. ¿Cuánto tiempo llevaría durmiendo? En la calle estaba oscuro y había empezado a refrescar. Levantándose cerró las ventanas. Touya se dio cuenta de que aun estaba algo adormilado cuando casi se cae al chocar contra el colchón donde iba a dormir Yukito. Respiró profundamente tratando de coger aire y fuerzas para afrontar el día más difícil, el día que tendría que renunciar a intentar nada con su mejor amigo. Sus ojos se posaron en una de las fotos que guardaba con toda la familia. Su madre, su padre y su pequeña hermana con una radiante sonrisa. No quería que aquella sonrisa desapareciera nunca más. Agarró el pomo de la puerta pero no lo giró en busca de un valor que todavía no hallaba.

Sakura seguía encantada la tarde había pasado volando y la película de terror había sido la excusa perfecta para sujetarse a Yuki. Los títulos de crédito hacia rato que habían terminado pero aun así la jovencita no se había soltado de su brazo y él no había hecho ningún amago para soltarla. Tímidamente subió la mirada observándolo. Los ojos le brillaban y una sonrisa cariñosa adornaba su cara. Alzándose un poco más junto sus labios con los de Yukito, su primer beso. El joven la apartó con suavidad. Demasiado concentrados en la escena no se dieron cuenta de que aquel inocente roce de labios había sido visto por alguien más, alguien que había decidido salir de la casa. La puerta de la calle se cerró en silencio a espaldas de Toya.

El joven Kimonoto se llevó una mano al pecho tratando de calmar aquel insistente dolor. Notaba una presión que lo ahogaba. Tenia que volver a entrar cuando pudiera controlarse. No quería llorar, como no había querido muchas cosas a lo largo de toda su vida. Era su hermana… ¿no? Él tenía que ser fuerte por ella por su padre por todos. Su espalda resbalo por la pared trasera de la casa hasta caer sentado en el suelo.

-Lo siento Sakura pero…No llores por favor. Te quiero mucho pero… pero yo estoy enamorado de otra persona aunque no creo que me corresponda. No llores.-Le rogó apartando unas lagrimas de sus mejillas.- Perdóname.

-¿Quién es? ¿Quién es la persona que te gusta? ¿Puedo saberlo? ¿Tal vez podría ayudarte?

-Es tu hermano.

-¿Touya? Bueno…. él es muy buena persona y te quiere mucho seguro que no tendrás problemas.-Respondió. Le apenaba no ser correspondida pero era su hermano del que hablaban.

-No estoy tan seguro.

-Tranquilo yo te ayudare.-Yuki agradeció verla sonreír de nuevo.-¿Qué te parece si vamos preparando la cena?

Ambos se pusieron manos a la obra y pronto la cocina quedó inundada por el delicioso olor de la cena.

-¿Por qué no vas ha llamarlo mientras preparo la mesa del salón?

-Bien.

Yuki aun estaba subiendo los primeros tramos de escalera cuando escuchó abrirse la puerta de la calle.

-¿Qué raro?-Se dijo.-Si el padre de Sakura y Touya no vendría hasta el lunes.

Bajó hacia la entrada y vio asombrado como Touya entraba con la ropa hundida.

-¿Cuándo has salido? Tienes que cambiarte.

-"Perfecto".-Pensó Touya mirándole con tristeza.-"Ni siquiera se han dado cuenta de que no estaba." Salí a recoger una cosa que me había dejado fuera.-Dijo esta vez en voz alta.

-¿El que? –Preguntó intrigado al ver que no llevaba nada en las manos.

-Tranquilo, ya esta todo solucionado. Huele muy bien. Espero que no hayas dejado cocinar Sakura por que… por que siempre cocina muy bien.

Yukito sonrió al ver que su amigo decía algo bueno sobre Sakura, no es que no lo hiciera a menudo pero nunca delante de ella.

Tras inventar una excusa aceptable subió a cambiarse por segunda vez en ese día. La velada pasó tranquila más aun cuando Toya empezó a meterse en la conversación.

-Es muy tarde ya. Me voy a la cama.-Anunció Kimonoto con la intención de dejarlos solos.

-Tienes razón.-Habló esta vez su hermana.- ¿Por qué no os marcháis a la cama los dos?

-¡Sakura!-Exclamó Yuki escandalizado.

-No, no.-se apresuró a explicarse. –Yo no me…

-De que hablas Sakura.

-Nada Toya de nada. Subid a dormir. Eso es todo. Me voy la joven corrió escaleras arriba hacia su habitación es seria una noche muy larga para ella y para Kero. Unas suaves lágrimas resbalaron por su rostro.

-¿Trajiste el pijama Yuki?

-Si, este.-

-¿No eres un poco mayor para llevar un estampado de conejitos blancos?

-¿En serio?

-No, te queda muy bien de echo. Descansa, mañana será un día largo.

Los dos se acomodaron, cada uno en su cama. Yuki se quedó mirando el techo durante unos minutos hasta que se atrevió a hablar.

-¿No quería decirme algo To-ya?

-Si.

Yukito sonrió en la oscuridad. A lo mejor había alguna esperanza para ellos dos.

-Es sobre Sakura. Ella es una chica muy dulce, el cariñosa, trabajadora… Le encanta ayudar a la gente y se preocupa por todos. A veces es un poco desastre pero estoy seguro de que será una buena esposa en el futuro…

-¿Qué… que quieres decir?

-Eres mi mejor amigo y desde hace años es como si fueras parte de esta familia pero cuando os….-Las palabras no querían salir de su boca.- caséis lo serás… serás un miembro de pleno derecho.

Toya, concentrado en que no se viera el dolor que sentía con cada una de aquellas palabras no se dio cuenta de que en la oscuridad de la habitación los pequeños y frágiles hombros de Yukito temblaban mientras su rostro era tapado por sus propias manos. No quería llorar pero nunca jamás pensó que algo dicho por el mayor de los hermanos Kimonoto le pudiera provocar tal dolor. Antes de que Toya se diera cuenta de que pasaba Yuki se alzó saliendo a toda prisa de la habitación. Sin tan siquiera calzarse el joven cerró la puerta de la calle de un golpe y corrió bajo la lluvia tratando de ahogar aquel sentimiento que ardía en su pecho. Quería gritar hasta no poder más pero no podía.

Toya se alzó casi en el instante que escuchó el portazo en el Hall pero en el momento en el que atravesaba el pasillo y cruzaba frente a la puerta de su hermano la escuchó llorar.

Entró despacio pero aun así a Kero a penas le dio tiempo a esconderse.

-¿Sakura? ¿Qué te pasa? ¿No te encuentras bien?

-No es nada. ¿Quién ha salido? Preguntó al tiempo que se enjugaba las lagrimas tratando así de desviar su atención.-Me he quedado viendo una película muy triste.

Toya apoyó una mano sobre su cabeza con ternura y la obligó a que la mirara.

-Espero que seas muy feliz junto a Yukito, de verdad.

-¿Yukito?

-Le vi besándote y…

-No, no, no.-Respondió al tiempo que sacudía la cabeza de uno a otro lado tan rapido que casi se cae sobre la cama del mareo. –Fui yo pero él no quería, él esta enamorado…

-No hace falta que digas eso…

-Está enamorado de ti hermano. ¿Dónde esta?

-Acaba de salir corriendo… Yo le dije… Oh dios…

-Ve a por él hermano. Corre y tráelo de vuelta. Él te quiere, me lo dijo.

El joven corrió cuanto pudo tras sacar otro chubasquero para Yuki si es que lo encontraba. Solo esperaba que no fuera demasiado tarde. La lluvia no cesaba ni para tomar resuelle y al poco rato le dolían hasta los hueso por el frió. Durante casi una hora lo busco por todos los lugares en los que creyó poder encontrarlo hasta que se acordó del lugar donde quedaron por primera vez, en el parque de los columpios. Sentado en uno de los bancos un joven vestido en pijama se encogía bajo la lluvia como si aquello pudiera evitar que se mojara aun más.

Una gran mano le tendió un chubasquero pero aunque Yukito lo aceptó no pudo ver ninguna sonrisa en sus labios.

-Lo siento.-Habló Toya.-Debí ser claro desde el primer momento pero no creí…

Yuki alzó la vista sintiéndose de nuevo herido.-Yo quiero a tu hermana pero no del modo que tu crees.

-Lo sé.-Toya cubrió las manos de Yukito con las propias intentando que dejara de temblar.-Ahora lo sé y siento haber tardado años en tener el valor de intentar decirte lo que siento por ti pero cuando… cuando supe que ella también te amaba yo…

-¿Tan…tan bien?

-Si, Yuki. Yo te quiero y espero que me perdones, que perdones mi gran estupidez. Te quiero. –Toya sabía que aquel no era el mejor momento para besarlo, hacia frío y el aliento escapaba de sus bocas en forma de pequeñas nubes blancas, estaban en mitad de la calle y la lluvia caía sobre ellos como si quisiera sepultarlos pero aquellos pequeños labios presas del frio se sentían tan suyos en aquel momento. Se atrevió a soñar con tener su pequeño cuerpo apretado contra el suyo a modo de protección pero se atrevió aun a más. Sus labios se posaron sobre los suyos robando un beso, el primero. Lentamente la boca de Yuki se abrió ofreciendo cobijo a la lengua de Toya, lo besó como si no hubiera otra ocasión, lo beso como si la vida le fuera en ello, lo beso hasta que pensó que no podía aguantar más. Ambos jadearon al separarse.

-Vuelve a casa conmigo, Yuki.

La pequeña mano de Yukito quedó cubierta por la de Toya. El abrigo de Kimonoto se abrió haciendo que su amigo se pegara a él. Ambos caminaron despacio hasta casa. Cuando llegó su hermana dormía o fingía hacerlo bastante bien. Mañana la recordaría que por las noches roncaba.

Yuki esperó a solas en la habitación de su amigo hasta que este regresó con un par de toallas.

-Mañana hay que madrugar.-Recordó Toya mientras le ayudaba a secarse la espalda.

-Si.

La sonrisa de Yuki podía iluminar una habitación.-Si, tendríamos que dormir pero sé que no podría. ¿Realmente eres de verdad, Yuki?-Los dedos de Touya retiraron un mecho de pelo tras su oreja.

-Claro que soy de verdad.-Replicó entre risas.-¿Qué te pasa?

-No quiero que desaparezcas, solo eso. Te quiero.

-Me lo has dicho ya cien veces.

-Ni la mitad de las que te hubiera dicho ya si no fuera tan cobarde. Te quiero.

Las manos de Toya se asieron a sus caderas antes de volver a besarlo hasta que ambos necesitaron tomar aire.

-¿Yuki?

-¿Si?

-Te quiero.

Los dos jóvenes se rieron antes de pasar la noche abrazados y hablando sobre sus planes de futuro, un futuro incierto en el que no único que tenían seguro era que irían de la mano, siempre juntos.