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.::. La Hija del Hokage .::.

Pergamino I

-Nightmare-

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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Masashi Kishimoto, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.

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Con angustiante sobresalto, Sasuke despertó de golpe. Su función básica respiratoria se halló afectada por la falta de aire que le obligó a aspirar grandes bocanadas de aire para oxigenar su cerebro. Gotas de sudor perlaron su frente, deslizándose algunas en su sien hasta llegar a la base de su cuello. Dentro de su pecho, sentía todavía los fuertes latidos de su corazón retumbar como si de un momento fuera a desgarrar la piel y salírsele en bruto. Su mente se halló aun confusa por los resquicios de las imágenes oníricas mostradas por su inconsciente.

Todo había sido un sueño.

—No, una pesadilla. –se corrigió el muchacho en un susurró, como si el escuchar su propia voz sirviera como señal de que recuperaba la cordura y volvía a la realidad. Su realidad.

La mirada ónix paseó por las formas y detalles de la habitación. No había duda, era la misma, la suya, la de siempre. Con ese armario color cedro que su madre se tomaba la molestia de ordenar casi todos los días impidiendo que el desastre que él dejaba en su interior jamás fuera visible; la foto familiar sobre el escritorio lleno de pergaminos, baratijas que le regalaban las féminas de la aldea, libros y demás cosas revueltas. Los recipientes vacíos de ramen que Naruto y él comieran apenas la tarde anterior mientras perdían el tiempo vagueando en su habitación, se encontraban todavía en el piso como parte de la decoración.

Todo estaba igual. Nada había cambiado. Había sido un mal sueño, uno realmente malo. Sasuke debía recordar no cenar pesadamente o las consecuencias podían ser devastadoras, ya su madre se lo había mencionado alguna vez.

Aturdido por algunas de las visiones pegadas todavía en su consciencia, el joven Uchiha determinó tomar una ducha relajante. El aroma del té recién hecho flotaba en el aire y supo que no faltaba mucho para que Mikoto llamara, demandando su presencia en el comedor para el desayuno.

Y justo como vaticinó, antes de salir del cuarto de baño con una toalla rodeando su cintura, el grito de su progenitora llegó a sus oídos. Vistióse rápidamente con los pantalones ninja, una camiseta oscura y encima una camisa abierta con el tradicional símbolo del Clan bordado en la espalda. Secó su cabello y lo arregló como pudo. Bostezando, bajó las escalinatas del piso superior rumbo a la cocina.

—Buenos días, Sasuke. –saludó la matriarca al mirar a su hijo menor arribar al comedor. Todos estaban ya en la mesa, el único que faltaba era él.

—Buenos días, mamá. Buenos días, padre.

Fugaku asintió en su habitual calma.

—Siéntate a desayunar. –urgió Mikoto, acercándole el té caliente.

Sasuke obedeció y tomó el lugar vacío a un lado de su madre, propinándole un sonoro beso en la mejilla y haciendo uso de esa actitud cariñosa que le valía una y mil concesiones.

—Luces cansado. ¿No dormiste bien? –preguntó preocupada la madre.

—No, tuve un horrible sueño. –se acurrucó en el hombro de Mikoto cuando ella le pasó la mano por el rostro, examinando sus facciones detalle en busca de algún indicio de enfermedad o malestar.

Ninguno de los dos hombres más en el comedor se inmutó con aquello, a ambos no les era desconocido el hecho de que al menor de los Uchiha le encantaba exagerar a veces.

—Pobre de mi bebé. ¿Qué soñaste? –insistió la señora Uchiha, muy metida en su rol de madre.

—Cosas mamá, cosas no muy agradables.

—Tienes un aspecto horrible. –irrumpió Itachi que hasta entonces había hecho caso omiso del cotidiano drama de su hermano menor, le urgía por darse su dosis diaria de "molestar a Sasuke".

—Tú también y no me quejo. –apuntó el más joven, incorporándose y tomando sus palillos para comenzar a desayunar.

—Gracioso.

—Idiota.

—Niños…

La voz mediadora de Mikoto más el carraspeo de Fugaku puso un alto a la probable discusión que no mal se les daba a los hermanos Uchiha. Sasuke ignoró entonces a Itachi y se dispuso a ingerir sus primeros alimentos de la mañana, en un día nuevo, tranquilo y cotidiano en Konoha.

—¿Y qué soñaste, teme? –preguntó Naruto a su amigo cuando caminaban por la ladera, esa que daba al puente que cruzaba el rio de la aldea.

Ante la curiosidad del Uzumaki por las ojeras de Sasuke, este le había contado sobre su mala noche.

—No me digas teme, dobe.

—Como sea –ignoró el rubio-. ¿Qué fue lo que te dejó traumado? Digo, más de lo normal.

Sasuke iba a replicar con la sarta de improperios que ya eran rezo y hasta protocolo entre los amigos, sin embargo, el saludo de Kana, la castaña chica de la tienda antigüedades arrebató toda su atención. Naruto giró los ojos.

"Ya empezamos el día otra vez", se dijo a sí mismo al ver a Sasuke iniciar con sus rutinas de Casanova.

—¿Y? ¿Me contarás qué fue lo que soñaste o no? –urgió Naruto, consiguiendo que el Uchiha dejara su entretenimiento y se centrara en lo importante.

—Pues, cosas… raras.

—¿Qué tan raras? Conociéndote, no creo que me sorprendan. –apuntó el ojiazul, metiendo las manos en los bolsillos.

Sasuke hizo un mohín de disgusto, pero continuó.

—No me acuerdo de todo a detalle, pero en el sueño yo era un tipo frío, callado, amargado y un bastardo antisocial. Que me iba de la aldea con el propósito de hacerme fuerte para derrotar a Itachi. Que tú y yo nos odiábamos a muerte pero que después nos volvíamos amigos, y aún así yo intenté asesinarte en una pelea en el Valle del Fin. ¿Puedes creerlo?

Naruto recibía los detalles del sueño de su amigo y su entrecejo se fruncía con mayúscula incredulidad, no creyendo el grado de incoherencias e imaginación que su torcida mente aún en estado de reposo pudiese inventar.

—Obvio no. Bueno, con excepción de lo de bastardo, eso siempre lo has sido –recalcó el Uzumaki, recibiendo una mirada asesina del pelinegro-. Pero eso de ser un antisocial, amargado y callado… Si lo que se ruega en toda Konoha es que cierres esa boquita tuya y dejes de ser tan social, en especial con las señoritas.

—Ni tan señoritas. –aclaró Sasuke con un deje de picardía.

—¿Lo ves? Bastardo sí eres. –evidenció como prueba irrefutable.

El Uchiha sonrió triunfal, como si aquello constituyera todo un halago en vez de un insulto.

—Pero deja, eso no es todo. Lo más perturbador de todo esto es que en ese estúpido sueño, tú eras un huérfano sin padres y mi clan había sido todo masacrado por Itachi. Que el imbécil los había matado por órdenes secretas del Consejo de ancianos incluyendo a nuestros padres, y que al único que había dejado sobrevivir era a mí para que lo intentara superar y enfocara mi odio en él, y bla, bla, bla.

—Que enfermo. –anotó Naruto con el rechazo retratado en su faz.

—¡Ya se! –concordó el del sharingan, siguiendo con su relato-. Y que era por eso que me iba de la aldea en busca de un nuevo poder para derrotarlo y vengar a mi clan, pero que tú y Sakura tenían una fijación casi obsesiva por mí y se la pasaban persiguiéndome para convencerme de que volviera a Konoha para vivir como hermanitos, felices para siempre. Pero que como yo era un cabrón, siempre los ignoraba.

—Ya…

Una sonora carcajada salió de los labios del Uzumaki, no pudiendo más aguantar las ganas de reír ante los delirios de su mejor amigo. Seguramente el ramen que habían comido el día anterior debía haber estado caducado o algo.

—¿Qué? ¿No me crees? –quiso saber Sasuke.

—No, no es que no te crea pero…

La cara de pocos amigos del heredero Uchiha bastó de advertencia para que dejara de reírse de una jodida vez.

—Vamos, Sasuke, hasta tú te das cuenta de lo enfermo que suena todo eso –argumentó el rubio en su defensa-. Nada más faltaba que dijeras que Sakura-chan babeaba por ti, que Hinata fuera la chica más recatada y tímida del mundo, y que Kakashi-sensei fuera un maldito pervertido.

Sasuke alzó la ceja por toda respuesta.

—No me digas que… ¡Eres un psicótico!

Sasuke torció los labios.

—Ya cállate, idiota.

—¿Yo qué? No tengo la culpa de esa mente tan trastornada que tienes. Además, ya quisieras que Sakura al menos te dirigiera la mirada. –argumentó el Uzumaki con ganas de volver a carcajearse.

Touché.

—Eso… es cuestión de tiempo –aclaró el de ojos ónix-. Pero era verdad, ella estaba loca por mí y se la pasaba llamándome Sasuke-kun, esto y lo otro.

—Claro.

—¡Pero es cierto! –insistió Sasuke.

—Y yo no digo que no, sólo que tu mente se proyectó demasiado trastornando gigantescamente la realidad.

—En eso te cedo la razón –aceptó el Uchiha-. En esa pesadilla no me interesaban para nada las chicas, sólo vengarme, matar a Itachi y destruir Konoha. ¿Lo entiendes? Sin chicas. ¡Eso es sacrilegio!

Sasuke se erizó en calosfríos tan sólo enunciar tal atrocidad, la sensación se desvaneció cuando al volver la vista al frente, se encontró con dos rostros conocidos. Sus delgados labios pintaron una ladina sonrisa.

—Hey, hey, hey. Mira quien viene por allí. La Hyuuga y el chico 'perro'.

—Como siempre un gusto verte, Uchiha. –precisó Kiba con sarcasmo.

Naruto enfocó sus azules pupilas donde su amigo indicaba. Tragó saliva al contemplar la figura curvilínea y pródiga de la joven de ojos perla contoneándose al andar, con esa seguridad suya tan característica. Las palmas de sus manos comenzaron a sudar al presentir su próxima cercanía.

—Hinata…

—Hola, Naruto-kun. –el sufijo sonó más como un ronroneo.

La chica se acercó sin titubeos al rubio y le echó los brazos al cuello para depositar un breve beso en su mejilla izquierda, en un sutil modo de saludar.

—¿Y a mí no me saludas? –se quejó Sasuke, mirando burlón toda la escena.

Hinata le regaló una sonrisa fresca como la mañana.

—Hola, idiota.

Tanto Kiba como Naruto no pudieron evitar reír por el desagrado evidente que tenía la heredera Hyuuga por el Uchiha. ¿La razón? Su odiosa personalidad ególatra y de 'soy-un-imbécil-que-se-cree-el-ninja-más bueno-de-la-aldea'. Cómo detestaba a las personas de ese corto alcance mental.

—No cambiaría este dulce momento por nada del mundo –señaló Kiba con Akamaru a su lado ladrando en acuerdo-. Siempre es un placer atestiguar cómo eres humillado, Uchiha.

—También es un placer saber que tú tienes pulgas y yo no, gracias. ¿Dobe, nos vamos? Kakashi nos hará dar cien vueltas extras a toda la aldea si llegamos tarde, eso si es que no ha maquinado otra más de sus 'innovaciones' en entrenamiento ninja.

—¿Disculpa? Estoy hablando con él. –reclamó Hinata por su importuna intervención.

—Y yo dije Dobe, no Hyuuga.

—Cierto, cierto –medió al fin Naruto, deteniendo la masacre que entre esos dos se desataría si no lo hacía-. Hinata, me tengo que ir, Kakashi ya debe estar esperándonos para el entrenamiento de hoy. Hablamos más tarde, ¿Te parece?

La pelizaul cedió no muy convencida, regalándole la más odiosa mirada a Sasuke que la ignoró olímpicamente. Desvaneció el agarre que mantenía con el rubio y le dejó ir, no sin antes dejar otro beso en su mejilla, esta vez en la derecha.

—Nos vemos más tarde entonces. Recuerda que nos toca ser evaluadores en la selección de los exámenes chunnin de este año. –recordó la chica.

Naruto asintió rememorándolo, debían ponerse de acuerdo para las pruebas. Y así, sin más que agregar, los jóvenes del equipo siete retomaron su camino.

—Cada día me convenzo de que eres gay. –externó Sasuke pensativo.

—¡¿Qué?! ¡¿Gay?! ¿De qué jodidos me hablas, teme? –exclamó Naruto preocupado por las aseveraciones de ese que se decía ser su mejor amigo.

—Dime en qué mundo sensato un chico puede estar tranquilo teniendo a su disposición esas…

Sasuke sustituyó sus palabras por una explicación gráfica en la que sus manos se abrieron y moldearon como cuencos, colocándolas a la altura de su pecho. El rubio entendió que se refería a los atributos de la Hyuuga.

—Eres un vulgar, Sasuke –punteó Naruto girando los ojos una vez más-. Y no es que sea impasible, es sólo que… a veces me gustaría que Hinata fuera un poco menos… intensa. Me pone demasiado nervioso.

Sasuke delineó una cómplice sonrisa y palmeó su espalda para darle ánimos.

—Vamos dobe, no te preocupes, te ayudaré.

—No sé si sentirme aliviado con eso. –se debatió el Uzumaki, pensando en las formas en que Sasuke podría ayudarle.

—Hey, hey, hey. ¿Con quién crees que estás hablando? Soy el indicado para el trabajo, ninguna chica puede resistirse a este encanto. –se vanaglorió el moreno.

—Yo creo que sí, y de hecho son dos. Hinata y Sakura. –picó Uzumaki, golpeándole el ego con una sonrisa de satisfacción.

—Ya te dije que esos son casos especiales, Sakura es cuestión de tiempo y la bruja del byakugan es tu chica, obvio no puedo traicionar nuestra lealtad de amigos, tú sabes.

Naruto no se la creyó pero le dio por su lado, podía apostar su pellejo a que si Sasuke tuviera luz verde con Hinata, muy poco le habría valido su "lealtad" de amigos. Casi llegando al puente, el rubio alcanzó a ver a su mentor y a su pelirosa compañera de equipo.

—Sí, como sea. Prepárate para esas cien o doscientas vueltas a la aldea, Kakashi ha llegado y no luce muy paciente. Sakura no creo que este muy feliz tampoco. Si nos toca correr de castigo, nos tocará parejo.

Y tal como lo vaticinó el rubio, dos miradas no muy complacidas les recibieron no de buena gana, en especial la verde y desdeñosa que les anticipaba una buena paliza después del castigo colectivo.

—¡Hola, Sakura chan! –saludó Naruto enérgico, fingiendo demencia. La Haruno estrechó más los ojos.

Sí, oficialmente estaban muertos.

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¡A-yo! (^o^)/

¡New fic!

Debo decir antes todo, que no he visto 'Road to Ninja', cierto, me he spoleado -tumblr,tumblr everywhere~-pero no la he visto así que quizá haya o no acertado en las personalidades, detalles y demás. Evidentemente esta propuesta se me ha ocurrido de tomar elementos del UA que Kishi ha creado para los fans, tomandolo como base primaria, en un argumento que se me ha dado por llamar: Road to Ninja Style~ xD

Espero hayan disfrutado de esta propuesta y se animen a acompañarme a lo largo de esta historia, que probablemente no sea muy larga pero que es mi apuesta en el fandom despues de un tiempo de ausencia con fics largos.

Muchas gracias por leer, y bienvenidos ^^

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*::Sol::*