Aquel que no sonríe:

"Comprometida" "Comprometida" "Comprometida".

Acababa de comprometerse con el hombre de quien llevaba años enamorada. Era lo mejor que le había ocurrido en toda la vida y sin embargo aun era incapaz de asimilar todo aquello.

Yuki sabía que a lo largo del último año la relación de amistad y admiración que habían tenido durante tanto tiempo había avanzado hacia algo mucho más profundo y estaba consiente de que las intenciones de Kaname eran serias y no estaba jugando con sus sentimientos, sin embargo, la proposición de aquella noche la había pillado completamente por sorpresa.

"Comprometida".

¿Debería sentirse distinta? ¿Cómo una mujer diferente? Porque la verdad, y dejando de lado el hecho de que aun no salía de su asombro, se sentía igual que esa misma mañana. La misma mañana en la que solo pensaba que pasaría una bonita velada con la persona que amaba y que no sería distinta a tantas otras.

"Comprometida"

A sus veintitrés años, Yuki Cross no había pensado jamás en dar un paso de esa magnitud. Bueno, puede que en algún sueño un poco alocado lo hubiera deseado, ¿qué chica no lo hacía? Pero, ¿de ahí a formalizar un compromiso cuando aun no había salido de la universidad? ¡Dios santo, era una locura! Sin embargo aquella sensación de euforia contenida que embargaba su pecho no la cambiaría por nada del mundo.

¡Estaba comprometida!

Una briza helada se levantó de repente haciéndola estremecer un poco y se arrepintió un brevemente de su terquedad para no ceder ante Kaname a su decisión de regresar sola. Debería entrar en casa, pero aun no tenía ganas de salir de aquella pequeña nube de ensueño y felicidad en la que se encontraba. Miró distraídamente la hora en su reloj. Las doce menos diez, por lo cual podía pasar tranquilamente los diez minutos restantes esperando fuera mientras se armaba de valor para dar la noticia en casa.

¿Qué diría Kaien? Dios… ¿Qué diría Zero?

Yuki se llevo la mano al estomago para intentar calmar un poco el nudo de nervios que sentía acababa de formársele. Sabía que su padre se tomaría la noticia con su dramatismo habitual pero se alegría por ella. Desde que la adoptara años atrás, Kaien Cross siempre había velado porque ella fuera feliz sobre todas las cosas y eso era algo que Yuki sabía no podría pagarle jamás. Sin embargo con Zero las cosas serian muy distintas. Él y Kaname nunca se habían llevado bien, de hecho, se detestaban mutuamente, pero durante aquel año transcurrido, Zero se había cuidado de no opinar nada de su incipiente relación con Kaname a pesar de lo mucho que se había empeñado con anterioridad para que ella se alejara de de él. Por ese motivo, Yuki no sabía que esperar de Zero. Podría simplemente tomar la noticia con un encogimiento de hombros como si no le importara en lo mas mínimo y pedirle que lo dejara en paz o por el contrarío, mirarla furioso, encerrarse en si mismo y dejarla fuera de su mundo como había hecho en otras ocasiones. Y eso era a lo que ella más le temía. Al silencio de Zero.

Se dejó caer en el viejo columpio que desde que ella recordaba estaba en el jardín y se balanceo suavemente mientras miraba hacia la casa que había sido su hogar desde los cinco años. No era una casa muy grande pero estaba bien cuidada. De dos plantas y habitaciones regulares pero bonitas, y una decoración que había quedado prácticamente en sus manos, se había convertido en el refugio donde se sentía segura desde que era una niña y sabía que para ellos tres había sido siempre mas que suficiente y eran felices en ella. Había tantos y tantos recuerdos… pero si los planes de Kaname no cambiaban, en menos de un año solo serían dos quienes vivieran allí.

Todo podía cambiar tan rápido…

Ella no recordaba nada de sus padres biológicos, y a pesar de que en algunas ocasiones tenía la tentación de averiguar un poco más acerca de ellos, una especie de temor ciego la convencía de que no lo hiciera, que dejara las cosas tal cual estaban en ese momento porque el saber más no cambiaria nada ni la haría feliz. Para ella su mundo comenzaba con la llegada a su vida de Kaien y la constante vigilia de Kaname.

Y luego Zero Kiryu…

Era extraño como en algunas ocasiones tenía la sensación de que ella conocía a Zero desde toda la vida. Los dos habían pasado por mucho desde que lo conociera a los doce años, y lo quería a pesar de lo difícil que él podía ser en algunas ocasiones. Para ella, Zero era quien mejor la conocía, su amigo, casi su hermano y a veces incluso su confidente. Pero había momentos, como cuando él ponía distancia entre ambos, que Yuki tenía la impresión de que nunca más fuera a dejarla entrar en su vida por mucho que le rogara, porque Zero poseía la capacidad de aislarse completamente si así lo quería. Y muchas veces durante aquel último año había sido así, desde que ella comenzó a salir formalmente con Kaname.

¿Qué pasaba realmente por la cabeza de Zero? ¿Cuáles eran sus miedos? ¿Seguía sufriendo igual que cuando lo conoció y era apenas un niño aterrado?

Yuki sabía que tenían un pasado similar y quizás por ese motivo sentía que estaban realmente conectados el uno con el otro. Ambos habían perdido a sus familias siendo muy pequeños y habiendo quedado bajo el cuidado de Kaien Cross intentaron tener una vida relativamente normal. Pero mientras ella era incapaz de recordar que había sido de su vida antes de ese momento, en el caso de Zero era todo lo contrario, porque el horror del asesinato de sus seres queridos lo perseguía día a día, a cada momento, cada segundo de su existencia. Y la vida de él se había tornado en una búsqueda constante de respuestas al motivo por lo que eso había ocurrido y a una obsesiva sed de venganza.

¡Dios, como le gustaría a ella poder borrar las pesadillas de su amigo y que de ese modo Zero pudiera ser realmente feliz! Porque él lo merecía… Lo merecía tanto…

Desde su rincón apartado del jardín pudo ver la leve iluminación que se formó y jugó con las sombras repentinamente cuando alguien se asomó a la ventana del salón para mirar fuera. La estaban esperando.

Yuki soltó un suspiro de resignación al comprender que los minutos de paz y tranquilidad habían terminado y que no le quedaba mas opción que la de entrar en casa y enfrentarse a lo inevitable. Tenía que ser la chica valiente de siempre, se recordó con convicción, pero no pudo evitar que su parte más cobarde se arrepintiera de no haber aceptado la oferta de Kaname de que fuera él quien diera la noticia. ¡Era una tonta! Pero también era consiente de que lo mejor sería que fuera ella quien hablara con su familia. En fin, no tenía más opción.

Cruzó el jardín sintiéndose como un condenado yendo directamente hacia el patíbulo, y al abrir la puerta y entrar en casa intentó ser lo mas silenciosa posible mientras seguía la única luz existente que la llevó hasta la cocina, una estancia ordenada, luminosa y bonita que era prácticamente el territorio de Kaien.

Como pensaba, él aun la estaba esperando como tantas otras noches en que ella había llegado tarde a casa. Perdido en la soledad en aquella estancia, sentado en la mesa la de cocina y completamente absorbido en sus pensamientos. Su propio mundo… Completamente solo…

No pudo evitar que una triste sonrisa asomara a sus labios al ver la concentración con la que Zero tecleaba en el ordenador portátil y tomaba apuntes en su cuaderno. Era un alumno de criminología brillante. Se tomaba sus estudios con una dedicación tal que rozaba en la obsesión, quizás porque para él aquello solo era un paso más que lo acercaba a buscar justicia por sus padres. Un paso más en su venganza.

A Yuki le pareció que lucía un poco más pálido de lo normal, además de parecer terriblemente cansado. A pesar de intentar mantenerse erguido tenía los hombros ligeramente caídos, como si estuviera cargando el peso del mundo sobre ellos, y su cabello plateado estaba bastante alborotado. Seguramente se había pasado los dedos una y otra vez por él mientras esperaba su regreso. A pesar de su aire tan serio y huraño Zero era realmente un chico guapo y una persona maravillosa. Cualquier mujer hubiera estado más que dispuesta a salir con él si no fuera por el hecho de que su amigo se encargaba de poner freno inmediatamente a cualquier posible atracción por parte femenina con alguna de sus miradas airadas y hasta el momento no había aparecido ninguna chica realmente valiente para saltar esa barrera. Si Zero solo sonriera más a menudo y aquella sonrisa se reflejara en sus ojos…

Aquellos ojos violetas que la estaban mirando fijamente en ese momento.

—¿No piensas irte a la cama hoy, Zero? Si no recuerdo mal, mañana no tenemos clases y se te nota que necesitas algunas horas de descanso —le dijo Yuki con descaro mientras se apoyaba contra el marco de la puerta y le sonreía—. ¿Sabes?, no es necesario que me esperes siempre despierto, ya soy una adulta y puedo…

—Tengo trabajo que terminar. Nadie te estaba esperando —la cortó Zero mientras volvía a concentrarse en la pantalla del ordenador pero un ligero rubor cubrió sus pálidas mejillas delatando la mentira—. ¿Ha sido una velada agradable, Yuki? Has regresado a casa antes de lo habitual.

Podría haber muerto de ansiedad cuando sus ojos volvieron a encontrarse, o por lo menos eso es lo que Yuki sentía. ¿Por qué constantemente parecía como si Zero pudiera ver en su interior? ¡Nada de aquello era malo ni era un error del que sentirse avergonzada! Quería a Kaname y estarían juntos para siempre, sin embargo el tener que admitirlo frente a Zero la hacia sentir… violenta… La hacia sentirse profundamente triste.

—Claro que sí —respondió con una alegría que no sentía realmente—. Solo es que Kaname tiene bastantes cosas que hacer mañana y yo… necesito descansar. A ti tampoco te vendría mal dormir un par de horas. El trabajo no huirá si lo dejas pendiente por esta noche.

—Tampoco avanzará por si solo si no lo hago —murmuró por lo bajo Zero. Sin embargo cerró el programa y se levantó con desgana para desperezarse—. Te ocurre algo, ¿verdad? Pareces terriblemente culpable.

El calor que le inundó las mejillas hiso que Yuki tuviera deseos de dar media vuelta y subir corriendo a su habitación como cuando era niña y la pillaban haciendo algo que no debía. Pero tenía que ser honesta con Zero, ya que tarde o temprano se enteraría de la noticia y si no era a través de sus propios labios, él no se lo perdonaría nunca. Pero a pesar de tener el firme propósito de sincerarse, lo que escapó de su boca fue algo completamente diferente.

—¿Kaien no está en casa? —sabía que era una pobre excusa para retrasar lo inevitable, pero no podía hacerlo. ¡No podía!—. Por lo general no suele acostarse tan pronto los viernes y… necesito hablar con él. Con los dos —terminó Yuki con apenas un susurro mientras volvía a mirar al chico que no le quitaba los ojos de encima como si intentara descifrarla.

—Mañana madrugará porque él y Touga tienen planes, así que se retiró hace una hora mas menos —le dijo Zero mientras avanzaba un poco más hacia ella. Yuki sentía que tenía el corazón en la garganta y este palpitaba más fuerte a cada paso que él daba—. ¿Qué te preocupa realmente, Yuki? Sabes que puedes…

Zero se quedó callado y Yuki comprendió que estaba a punto de retractarse de su oferta, sin embargo avanzó con decisión hasta llegar a su lado obligándola a tener que levantar el rostro para poder mirarlo a la cara. Era una estupidez pensar en aquello, pero no recordaba en que momento se había hecho tan alto. ¿Cuándo tenia quince años? ¿Dieciséis?

—Cuéntamelo —insistió Zero sacándola de su tonta introspección al pasado.

—Ha sido una noche rara. He pensado mucho en todo lo que ha ocurrido durante estos años con nosotros. He recordado mucho —una sonrisa cargada de tristeza asomó a los labios de Yuki mientras levantaba una mano y acariciaba suavemente la mejilla de Zero rogándole en silencio que no la apartara—. ¿Sabes? Cuando éramos pequeños solo quería que me hablaras y que fuéramos amigos, pero había ocasiones en que eras tan malo conmigo que me prometía no intentarlo nunca más.

—¿Entonces porque no me dejaste nunca en paz? —dijo él con un ligero enfado que intentaba ocultar lo avergonzado que se sentía. Sin embargo dejó escapar un quedo suspiro y le dedicó una cansada sonrisa—. Deberías haberme dado por perdido desde que llegué a esta casa.

—Porque me necesitabas —Yuki lo obligó a que volviera a mirarla cuando él intentó apartarse—. Y yo te necesitaba a ti. Y todavía te necesito, pero tú… —un sollozo escapó de su garganta sin que pudiera evitarlo y se obligó a tragarse las lágrimas para ocultar su profunda aflicción.

—Yuki, por favor… no llores —suplicó Zero. Lentamente, apoyó su frente en la de ella y cerró los ojos dejando que el silencio y la tranquilidad de la noche los calmara un poco a los dos—. Esto nos hace daño a ambos.

El tiempo pareció detenerse, congelando aquel momento para los dos en sus recuerdos. El silencio solamente interrumpido por el constante ritmo de sus respiraciones que fueron poco a poco acompasándose hasta que solo fueron una sola. Dos corazones. Dos almas. Un mismo dolor. Una misma pena.

—Fuiste siempre un niño tan triste, Zero —Yuki sabía que sus palabras estaban cargadas con toda la pena y la rabia que sentía pero no podía evitarlo. No quería evitarlo a pesar de saber que con aquello podía desatar una tormenta de la que quizás más tarde se arrepentiría—. Y ahora sigues siendo un hombre triste. Cargas con tanto dolor y odio. Con tanta amargura. ¡Tu dolor te ciega, Zero! No puedes seguir viviendo para una venganza, tienes que vivir para ti.

El momento de complicidad había pasado y Yuki lo comprendió enseguida cuando Zero se apartó de su lado y la miró con los ojos cargados de una rabia peligrosamente controlada.

—El como decida vivir mi vida, es asunto mío, Yuki. Tú tienes a Kaien, a Kuran y un futuro con el que seguramente serás feliz, así que no interfieras en el mío. Déjame en paz.

Airado, Zero le dio la espalda mientras se alejaba rumbo a las escaleras pero Yuki lo detuvo sujetándolo del brazo antes de que pudiera comenzar a subirlas.

—¡Solo quiero que seas feliz, Zero! Quiero que sonrías, pero que sonrías de verdad. Sueño con que algún día, cuando te mire a los ojos ya no pueda ver a los fantasmas de tu pasado que te han ido consumiendo poco a poco. Solo quiero verte a ti… Solo a ti.

Por un pequeño momento, Yuki creyó haber atravesado la infranqueable barrera que protegía las emociones de Zero. Cuando las manos de él se posaron suavemente sobre sus hombros tuvo la confianza de haberlo conseguido. Una esperanza que murió en cuanto vio el dolor que reflejaba su rostro.

—Yo… lo siento, Yuki. Pero no puedo. No ahora. Dios, ni siquiera se si podré hacerlo en un futuro… Lo siento. Lo siento tanto.

Esta vez lo dejó ir cuando se soltó de su agarre y comenzó a subir lentamente los peldaños. Era increíble como una distancia tan corta en algunas ocasiones podía ser tan profunda como un abismo. ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué había terminado todo de esa manera cuando ella solo quería…?

—Kaname me ha pedido que me case con él.

Las palabras quedaron suspendidas entre ellos como si fueran tangibles. Yuki sabía que aquella era una forma infantil y cruel de castigar a Zero por el dolor que él le había causado. Lo que no esperaba era que aquella confesión también le doliera tanto a ella.

—¿Y acaso no te lo esperabas, Yuki? —le pregunto Zero lleno de sarcasmo. Ni siquiera volvió a mirarla y continúo el ascenso hacia su cuarto—. Por Dios, que ingenua eres a veces.

—¿No quieres saber que le ha contestado, Zero? ¿No quieres conocer mi respuesta?

En cuanto él se volvió para mirarla a los ojos, Yuki se arrepintió inmediatamente de su impulso por retenerlo un poco más junto a ella. Debería haberlo dejado ir, que se marchara y se encerrara en su mundo porque aquello…

—Le has dicho que aceptas, ¿verdad?

Las palabras de Zero esta vez no estaban cargadas ni de sarcasmo ni de rabia. Sin embargo en ellas había una profunda aceptación y tal convicción que las hacia aun más dolorosas si eso era posible.

Yuki asintió lentamente, sintiéndose morir cuando un sinfín de emociones se reflejaron por un breve momento en el rostro de su amigo. Furia contenida, tristeza, desesperanza y dolor. Un dolor tan terrible y profundo que tuvo que contenerse para no correr hacia Zero y consolarlo.

Dándole nuevamente la espalda, Zero siguió su camino sin decirle ni una palabra. Pero al llegar al final de la escalera, la tensión que se reflejaba en su postura traicionaba la tranquilidad que intentaba aparentar. Durante un minuto se quedó allí de pie, en aquel obstinado silencio, enfrentando su propia lucha interna mientras Yuki sentía que él se iba alejando de forma inevitable de su lado y ella no podía hacer nada para retenerlo.

—Buenas noche, Yuki —murmuró finalmente Zero mientras emprendía nuevamente la marcha—. Que tengas dulces sueños.

—Buenas noches, Zero —respondió ella bastante tiempo después a la soledad que reinaba en la casa a esas horas aunque él ya no pudiera escucharla—. Buenas noches.

Estaba comprometida e iba a casarse con el hombre al que amaba. Era muy feliz. Profundamente dichosa. Sin embargo, si eso era cierto, ¿por qué no podía detener las lágrimas que corrían por sus mejillas?


Zero se dejó caer pesadamente en la cama sin desvestirse y se cubrió los ojos con el antebrazo perdiéndose en una oscuridad absoluta. Bloqueando los sonidos, las sensaciones. Dejándose llenar por el vacio total.

Desde la muerte de sus padres y su hermano, aquella nada había sido su particular modo de escape del dolor. Por unos minutos podía dejar de existir y ser solo una efímera forma de vida. Básica. Primaria. Irrelevante. Durante esos instantes, las pesadillas y los recuerdos no lo perseguían.

Sin embargo el dolor del que quería escapar en ese momento era muy diferente y por más que se esforzaba por aislarse, parecía como si se le metiera por los poros hasta llegarle al alma. Llenándolo de una desesperación ciega de la que no sabía como deshacerse.

"Kaname me ha pedido que me case con él"

Aquel dolor absurdo se le clavó en el pecho como si fuera una daga y se odió aun más por su estupidez. ¿Acaso no había sido siempre consiente de que Yuki y Kuran terminarían juntos? Claro que lo sabía, desde que era un niño y sin embargo eso no mitigaba la angustia que lo consumía. Tenía que resignarse pero no sabía como. Ni siquiera estaba seguro de poder conseguirlo.

"Le has dicho que aceptas, ¿verdad?"

Una sucesión de imágenes inundó su cabeza, mesclando pasado y presente de tal manera que era difícil separar uno de otro con un único denominador común: Yuki.

Sin poder evitarlo, un gemido ahogado brotó de sus labios, cargado con todo el dolor que lo embargaba al saber que estaba a punto de perder aquello que más quería en el mundo. Lo único que aun lo mantenía realmente vivo.

Que patético era, pensó, mientras se secaba con rabia las lágrimas que le quemaban los ojos.

Nadie puede perder aquello que nunca le ha pertenecido. Haría bien en recordarlo.


Bueno, este es mi primer fanfic de Vampire Knight y ha salido más o menos por una idea que ronda mi cabeza aunque aun no está completamente definida, por lo cual se aceptan opiniones y sugerencias para ver como va avanzando finalmente, y esperando que resulte bien, claro.

Como se aprecia fácilmente, ha basado la historia en un universo alternativo para poder seguir el desarrollo que deseo, aunque he intentado mantener algunos puntos y los personajes lo mas apegados posibles a la historia real.

Muchas gracias por haber leído, espero les haya gustado y pronto subiré el segundo capitulo que ya va algo avanzado.