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Final

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La palabra "Infierno" había adquirido un sentido literal; la muerte ya no era la solución para librarme del castigo. Ya nada fue igual para mí, desde aquella sublime visión. Conocí por primera vez la paz y está se encontraba encapsulada en un sueño. Cada tarde que regresaba del trabajo, repetía compulsivamente las mismas acciones de aquella noche; todo mi empeño se veía empañado por el fracaso y la desilusión, tras no haber podido invocar se presencia.

Los días habían perdido sentido, la monotonía me estaba consumiendo: del trabajo a la casa y de la casa al trabajo. Por las noches la añoraba, la deseaba. El deseo ferviente que había sentido por la muerte había desaparecido. ¡Vivir! aunque fuera doloroso era mi única esperanza, mi único objetivo. Algo me decía que mi cadáver perdería la conexión con los sentidos, y que no volvería a verla.

–Diamond, abre la puerta o te juro que la derribare!

Desde mí habitación escuche los gritos de Esmeralda. No me moví ni un ápice de la cama. El blanco techo había sido el único paisaje, durante varias noches de insomnio; este se había apoderado de mi, sin ninguna compasión durante días, semanas, años, ahora que lo pienso ya ni se.

Esmeralda cumplió su amenaza, se escucho un constante crujir de la puerta. En pocos minutos ya se encontraba en el interior de mi habitación. Por el espejo puede percatarme que en la entrada se encontraban dos policías; Esmeralda tiene un carácter desesperante y exagerado, esta acción era prueba de ello. Tal vez temía encontrarme muerto o algo peor.

–Los demandare por haber entrado sin autorización a mi casa, qué no puede un hombre dormir sin que lo molesten... es un crimen –dije con sarcasmo y seguí sin moverme de mi lugar.

Los dos policías vieron con reclamo a Esmeralda...

–Nos retiramos...

–Gracias por su ayuda... –dijo apenada.

–¡Lárgate! dije en un imperativo susurro.

–¡Luces patético, que crees que pensaría tu hermano al verte viviendo así. Estas a punto de ser despedido, reacciona...!

Me incorpore y algo en mirada la asusto, a tal grado que retrocedió unos pasos.

–Tú no estas así, por la muerte de Zapphire... ¿Verdad? –pregunto temerosa

Entre empujones la corrí y cerré con seguro la puerta de mi habitación. Ella tocaba insistentemente... como la detestaba, me acosaba, no me dejaba en paz, ni siquiera la consideraba una amiga y se sentía con el derecho de entrometerse en mi vida. Ojala me corran para tener que dejar de verla...

Me paralice al ver mí reflejo en el espejo; incrustado en un marco de plata. Esmeralda tenia razón, lucia patético. Esto era causa de una vana ilusión, por culpa de una mujer que no existía; que no podía tocar, besar, acariciar. Sentía que mi vida ya no podía retroceder ni avanzar. Todo había perdido significado... Quería dormir eternamente.

Abrí la puerta del closet y de un jalón quite la prenda del gancho de madera. Aquel abrigo blanco sería mortaja... Un escalofrió recorrió espina dorsal cuando me percate que este estaba impregnado con el característico olor que despedía la briza marina. Vi con terror la carta que se encontraba sobre el lustroso y oscuro piso. Toda esa fantasía había sido culpa de esa maldita carta, la ilustración se asemejaba al lugar donde se encontraba aquella endemoniada mujer... en realidad era culpa de mi subconsciente... Leí en voz alta las letras que formaban la frase: "La Lune".

Cogí furioso la carta, corrí hacia el cuarto de baño y tome la navaja para rasurar. El corte en ambas muñecas fue indoloro y la calidez de la sangre me reconforto, pero al ver de nuevo la carta, la cubrí con aquel fluido rojo; las lagrimas cayeron copiosamente sobre esta dejando ver de nuevo aquella imagen. Regrese a la habitación, para ver mi rostro en el preciso momento en que me degollara.

Cuando estaba a punto de terminar con todo, el espejo reflejo con una aterradora claridad; aquel maldito lugar, cerré los parpados para no seguir siendo presa de mi locura.

–Diamond...

–Se... renity...

Sin pensarlo los abrí de nuevo, ella se encontraba frente a mi, sonriendo enigmática. Estire mis brazos, para abrazarla como un poseso, y al comprobar de que no se trataba de una ilusión; la bese y la acaricie sin ningún pudor.

–...ahora eres mío.

Aquellas palabras se escucharon malévolas, pero ella tenia razón: soy suyo...

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Antes que nada muchas gracias por tu apoyo Ross Kou. Deseo de corazón que te guste el desenlace de esta historia. Te mando saludos a ti, a patty y a made.

13/I/2013