¿Es cierto que Igrain era el amor de su vida? ¿Y qué ocurría en su interior cada vez que escuchaba su nombre? ¿Rabia, excitación o ira?.

Habían pasado mucho tiempo juntos, ella era una chiquilla y él ya rondaba la edad adulta. Morgana era morena, su pelo largo caía cómo una cascada por su espalda y sus ojos azules helaban a cualquiera.

El brujo no parecía eso, un brujo, pues no llevaba túnicas, ni callado ni una larga barba blanca, sino que era calvo, con ojos pardos y ropas campechanas.

Los años pasan y pasan, ¿y ahora? Pese al paso del tiempo Merlín no cambia y Morgana se ha hecho toda una mujer, se han separado, pero aun así si se reconocen cuando se ven.

El solsticio ha cambiado y no s favorable, Merlín sirve a Arturo Pendragón y Morgana pide su corona pues es heredera de Uther y hermana de Arturo, ¿el bastardo o bastarda?

-Deberías estar cuidando de Arturo

-Ya es mayorcito, tengo otras prioridades

-Sí, cómo el entrar en un cuarto dónde una mujer se esta dando un relajante baño

-¿Mujer? ¿Dónde?

-Imbécil….

A pesar de la tensión y de los insultos, las miradas no dejaban de cruzarse y de hablar por sí solas.

Merlín seguía rencoroso con ella después de que matase a Igrain y no entendía por qué Arturo no la trataba cómo una asesina…''No le demos el gusto de entrar en su juego'', pero eso no era todo, algo tenía el rey guardado, muy en secreto, algo para ella.

-Deberías darte la vuelta

Pero a Merlín no le dio tiempo a reaccionar, Morgana ya estaba fuera de la bañera antes de pronunciar la última palabra. Se envolvió en una túnica de seda pálida con motivos dorados.

-Y tú deberías no tener tantas confianzas.

Muchas palabras salieron de ambas bocas, sin sentido alguno, en cierta manera ambos querían ser callados por parte del otro pero quizá el orgullo les pudiera más.

El crujir de la madera resonó en el largo pasillo acompañado de un quejido. Merlín era bruto y vulgar y Morgana soez pero a la vez cordial. La mano sucia de Merlín en el muslo recién enjuagado de ella, embestidas arañazos. Así se tomaban. Recorrían toda la estancia, desde el alfeizar de la ventana hasta el frío suelo. Gemidos de él y de ella. Ella le pedía que la tomase, él gustoso lo hacía con rabia, la penetraba, sentía su calor.

-¿Nunca usas tu magia?

-Sí, pero nadie sabe cómo y no serás la primera.

Las pieles les envolvían y el sudor resbalaba libremente por sus cuerpos semidesnudos.

-Y ¿por qué no me lo demuestras?

-Siempre lo hago.

-¿Sí?

Así se quedó esa pequeña conversación después de un largo rato de placer. Merlín se vistió y maldijo una vez más el por qué otra vez de aquello ¿qué significaba?

Morgana aquella noche volvió a asomarse a la ventana, a la calurosa noche y de nuevo miró al gran árbol que presidía el patio, los ojos naranjas, ese búho le inspiraba tranquilidad pues siempre le daba las buenas noches con un batir de alas, algo que Merlín jamás haría.