Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Eviefan, yo solo traduzco.

Traducción revisada y corregida por Isa.


~After the Honeymoon~

Capítulo 15: Sigue la corriente

Edward POV

Ver a Bella dormir era algo que disfrutaba. Nunca me cansaría de tenerla en mis brazos, sentir su corazón latir contra mi pecho mientras descansaba con medio cuerpo sobre mí. Al mismo tiempo mi oído distinguió el latido del corazón de Renesmee. Mis dos chicas estaban relajadas y seguras. Todavía me impresionaba que hubiéramos podido mantener una vida tan tranquila por tanto tiempo, pero siempre, en el fondo de mi mente, permanecía alerta al igual que el resto de mi familia. Ninguno nos habíamos olvidado de la promesa que Alice le hizo a Aro, aunque Caius seguía obsesionado con perseguir una leyenda tan antigua como nosotros. Podían hacer lo que quisiera siempre y cuando no se acordaran de nosotros.

El roce de las cobijas y un suave golpe me sacó de mis pensamientos. Escuché que el corazón de Renesmee se aceleraba; mi hija se estaba despertando. Envolví a Bella en mis brazos con mucho cuidado, dándole un suave soporte mientras la giraba de modo de dejar su espalda sobre el colchón y su almohada. Mi esposa suspiró pero no se despertó cuando salí de la cama. Me puse el pantalón de mi pijama antes de caminar por el pasillo hasta la habitación de Renesmee.

Nuestra hija estaba acostada sobre su estómago, ya despierta con los dedos dentro de la boca y agarrando una de las sonajas. Cuando me agaché para cargarla ella se dio la vuelta y parpadeó, sonriéndome mientras la levantaba contra mi hombro.

—Ése es un gran paso —susurré palmeando su espalda, llevándola a la mesa cambiadora. Sin necesitar más luz de la que ya había, acosté a mi bebé en la almohadilla para cambiarle el pañal, dándole otra sonaja para que no empezara a llorar. En cuanto la agarró me puse a trabajar en cambiarle el pañal, algo que casi siempre podía hacer en treinta segundos, a veces menos si estaba completamente concentrado.

Mientras le abrochaba de nuevo el mameluco, Renesmee me ofreció su sonaja. La agarré gentilmente y ella la soltó sonriendo, en realidad sí me la estaba dando.

—Gracias —le dije, inclinándome para besar sus suaves mejillas. Se rió, y yo me reí entre dientes antes de cargarla—. Mamá dice que necesitas dormir más en las noches —dije cuando bajábamos hacia la cocina. Mientras sacaba el biberón del refrigerador, Renesmee saltaba en mis brazos lista para un poco de acción. Estaba claro que se encontraba lista para jugar, algo que normalmente la dejaría hacer ya que no necesito preocuparme por dormir, pero mi esposa tenía razón. Bella me había recordado que nuestra hija era mitad humana y necesitaba dormir lo más posible de noche.

Consideré un poco eso mientras giraba a mi bebé en mis brazos dejándola ver a su alrededor, entre tanto ambos esperábamos a que su biberón estuviera caliente. Los humanos necesitaban dormir en las noches para poder funcionar bien durante el día. Había más implicaciones que eso, y yo empezaba a darme cuenta de lo renegona que estaba Renesmee al final del día. Había estado en esta tierra por casi un siglo y no existía una cantidad de lecturas que pudiera prepararme lo suficiente para la realidad de ser padre.

Unos minutos después tenía a mi hija acurrucada en mi brazo izquierdo mientras ella bebía la sangre donada. Carlisle y yo habíamos empezado a hablar sobre cuándo necesitaríamos hacer la transición a sangre de animal. Carlisle seguía intentando analizar la prueba de sangre que había tomado de Renesmee cuando nació. Esa prueba inicial le había ayudado a determinar si necesitaría darle inyecciones. Mañana tomaría otra, en su cita de seis meses, y yo no estaba muy ansioso por hacer pasar a mi bebé por ese dolor.

Cuando su biberón se vació, mi hija seguía muy despierta, estiraba la mano para tocar mi boca y riéndose cuando mordí sus deditos. Escuché que mi esposa se removía en el piso de arriba, pero me quedé donde estaba dejando que nuestra bebé se pusiera de pie en mi regazo. Renesmee rebotó como lo hacía cuando estaba en su andadera estacionaria antes de poner sus manitas en mi pecho desnudo. Cuando se sentó después de haber encontrado el cordón de mis pantalones, miré de ella a mi esposa que llevaba puesta una pantalonera gris y una camiseta larga, que era mía.

—Estábamos a punto de subir las escaleras —dije cuando alzó una ceja antes de sonreírme. A veces se frustraba cuando no estaba de acuerdo con ella, pero ése era un camino bifurcado.

—Creí escuchar su risa.

—Puede que sí, hace un segundo estaba muy feliz —dije mientras nuestra pequeña masticaba el cordón de mi pantalón—. Deberíamos intentar acostarla de nuevo.

—Sí —dijo mi mujer.

Me paré y, cuando nuestra bebé vio a Bella, se inclinó hacia ella para tener algo de tiempo con mamá.

.

La mañana llegó demasiado pronto, aunque antes de que la alarma de Bella sonara yo ya la había apagado; quería despertarla a mi manera. Renesmee se había tomado su tiempo para dormirse anoche y no se despertaría muy pronto. Ya que era lunes, primero de octubre, no teníamos tiempo más que para un arrumaco y un beso. En cuanto mi cuerpo fue calentado por la manta eléctrica me acerqué a ella y me acomodé de cucharita contra su espalda desnuda. Mi mujer suspiró acercándose a mí y la envolví con sus brazos, trazando con mis labios el camino entre sus hombros hasta su cuello.

—No quiero levantarme —gruñó Bella.

—Podrías decir que estás enferma. Alice dijo que iba a ser un día soleado y cuando te conviertas tendrás que acostúmbrate a eso.

Bella gruñó

—Y hasta entonces debo comportarme. —Se dio la vuelta y nuestros labios se encontraron en un consumidor beso. Me costaba toda mi concentración no amarla con todo mi ser, y mientras terminaba de desvestirla y acostarme sobre ella, ambos supimos que llegaría muy tarde.

Una hora y media después ambos íbamos en mi nuevo Volvo con nuestra hija dormida en el asiento de atrás. Hoy ni siquiera tuvimos tiempo de dejar a Renesmee con Rosalie o Esme. Yo la moví de su cuna al porta bebé mientras Bella se subía al carro y esperaba que durmiera hasta que volviéramos a casa.

—¿En qué estás pensando? —pregunté tomando la mano de mi mujer.

—En mi examen de cálculo —murmuró Bella mirando por la ventana.

—Te irá bien. Pasaste el que yo inventé antes de la hora límite, te puedo asegurar que cualquier otro será cosa fácil. —Bella asintió—. ¿En qué más estás pensando, amor?

Bella se giró para quedar de frente a mí.

—¿Estás seguro que no te molesta perder este semestre?

—¿Es por eso que has estado tan callada las últimas semanas? —Cuando asintió llevé su mano a mis labios—. Necesitas dejar de preocuparte por eso. He sido estudiante de universidad más veces de las que puedo contar. Ser padre es lo que no podré hacer más de una vez, y no empieces a preocuparte por eso también. Ambos acordamos en que tú irías a la universidad. Es fácil para mí traer conmigo a Renesmee cuando está lloviendo, y hasta ahora nadie nos ha prestado atención.

—Nadie nos conoce bien todavía —señaló Bella.

—Pero eso no significa que tú tienes que cerrarte. Puedes hacer amigos, incluso decirles que estás casada si quieres. Yo no estoy sacrificando nada, solo te amo cada vez más por ser la fuerte mujer que eres —le dije.

Estábamos en un semáforo rojo y me dio un beso. Después de eso le hice preguntas de problemas teóricos que podrían venir en su examen.

Después de dejarla me quedé sentado en el estacionamiento viéndola caminar. Estaba feliz de que ahora Jasper y Alice usaran el rol de estudiantes de medio tiempo en las noches, algo que Bella le había pedido a mi hermana.

Cuando estuvo fuera de mi vista salí del estacionamiento y fui a la casa de Carlisle y Esme para que Renesmee pudiera ser revisada.

Rosalie y Emmett me saludaron cuando dejé el carro en la parte trasera de la casa.

—Llegas tarde —señaló Rose cuando me bajé del carro y abrió la puerta de atrás de mi lado. Renesmee llevaba diez minutos despierta, había estado intentando averiguar una manera de meterse el pie a la boca, y cuando Rosalie la cargó vi que estaba mojado el pie izquierdo de su pijama.

—Vamos a vestirte para que te veas como una princesa —la arrulló Rosalie.

—Rose, Carlisle necesita verla primero, y tiene que comer.

No estaba muy seguro de que me hubiera escuchado al verla entrar a la casa. Emmett se rió entre dientes.

—Fue muy amable de tu parte y de Bella el tener una bebé para que Rosalie pudiera vestirla —bromeó.

Cuando entramos a la casa Rosalie lo miró mal. Estaba desvistiendo a Renesmee, que estaba en su regazo, y Carlisle ya tenía listo todo lo que necesitaría. En un minuto el abuelo no sería muy querido por alguien, pero en el momento en que cargó a Renesmee en brazos ella empezó a sonreír. Después de darle un beso y un abrazo, Carlisle la acostó en la almohada cambiadora que Rosalie había puesto en la mesa de la cocina.

—Rosalie, sostén esto sobre su cabeza —dijo Carlisle, tomando la punta de la cinta métrica para medir su altura.

—Estás creciendo como una saludable pequeñita —dijo Carlisle cuando Renesmee estiró sus manos hacia él. Ella se rió más cuando él le mordió las manos y pies, y finalmente pudo meterse el pulgar del dedo del pie a la boca mientras mi padre le medía alrededor de la cabeza.

Cuando terminó, Esme entró del jardín y se lavó las manos antes de unirse a nosotros.

Mi madre le quitó el pañal a Renesmee y la acostó en la báscula para bebés. Al hacerlo Renesmee jadeó y el momento divertido se fue cuando empezó a llorar.

Levanté su cuerpo desnudo, acurrucándola contra mí mientras Rosalie me daba una manta.

—Shh —la arrullé. No estaba segura de qué la había asustado, pero supuse que el repentino movimiento de la báscula la había confundido.

Cuando Renesmee estuvo tranquila de nuevo le puse un pañal limpio, acurrucándola en mis brazos mientras Carlisle preparaba lo que necesitaba para sacarle sangre. Rosalie se fue de la habitación con Emmett detrás de ella, pero Esme se quedó, poniendo una mano en mi hombro en señal de apoyo mientras Carlisle limpiaba la cicatriz de mi hija. La aguja entró en su piel sin problema alguno y mi hija lloró tan fuerte que tuve que soplarle suavemente en la cara para recordarle que tenía que respirar cuando todo terminó.

Después de envolverla en una suave manta polar rosa que Rosalie me dio, saqué a mi bebé que lloraba sentándome en el columpio y tarareándole mientras ella seguía llorando contra mi pecho. La había visto enojada antes, pero no tanto y me sentí inútil; quería quitarle todo el dolor e incomodidad que sentía.

Quince minutos después Renesmee se estaba tranquilizando finalmente, aunque su pechito temblaba cada vez que respiraba.

Esme salió en silencio con un biberón lleno de la leche de Bella y la tomé con un agradecimiento, ofreciéndoselo a la niña. Renesmee lo sostuvo con sus manitas y cerró los ojos.

—Siento como si quisiera tirar algunas paredes —admití cuando Esme se sentó junto a nosotros en el columpio—. Tenía la esperanza de que tuviera una piel tan fuerte como la de nosotros.

—Carlisle no necesitará más muestras de sangre —me aseguró y asentí mirando de nuevo a mi bebé, esperando que pudiera perdonarme por someterla a la aguja.

Había planeado ayudarle a Esme a talar una parte del terreno, pero me encontré incapaz de renunciar a cargar a mi bebé. Un viento frío alborotó los suaves rizos bronce de mi hija que la hizo temblar. No estaba tan frío, y aunque sabía eso, mi primer pensamiento fue meterla a la casa cuando ambos estuvimos más tranquilos.

Bella POV

Después de terminar mi examen me sentí bastante bien con el resultado. Mientras caminaba por el campus iba pensando en esta mañana y en cómo mi esposo había empezado mi día. Era difícil caminar sin chocar con nadie mientras que mi mente estaba en otro lugar, pero me las arreglé para lograrlo. Estaría feliz de ver a Edward y a nuestra hija cuando llegara a casa, aunque fuera por unas cuantas horas antes de que empezaran mis tres clases nocturnas.

Al principio había estado lista para dejar la mitad, pero Edward me presentó la idea de que él se saliera de la escuela para quedarse con nuestra hija prácticamente todo el día. Yo había estado indecisa porque tampoco quería perder mi tiempo con ella, pero con el enorme espacio entre clases los lunes, miércoles y viernes, y el solo tener tres clases en la mañana los martes y jueves, todo estaba funcionando muy bien. Mi vida estaba más ocupada que nunca, pero era así como me gustaba.

En la clase de Literatura nos pusimos en equipos para discutir los capítulos de El Molino en Floss. En equipos íbamos a presentar los capítulos del cinco al siete del Primer Libro. Era evidente que solo tres de nosotros habíamos leído los capítulos, así que una parte del tiempo se fue en poner al corriente a las dos chicas que no lo habían hecho. La hora terminó y teníamos que entregar un esquema de trabajo. Ya que yo era la única con impresora, iba a ir a casa para darle los toques finales.

Mientras juntaba mis cosas para irme al estacionamiento, Karen esperaba por mí.

—¿Has leído esto antes?

—No hasta este año, pero soy una devora-libros así que eso ayuda —dije cuando salimos.

—No te quedas en el campus, ¿verdad? Perdón, es solo curiosidad.

Le sonreí.

—No, tengo un bebé en casa así que casi siempre termino mis clases y voy a casa.

Ella asintió. Su tranquila actitud me recordaba un poco a Angela. Ella se fue al departamento de Música y Drama, y yo me fui al estacionamiento donde encontré a Alice en su Porsche.

En cuando me abroché el cinturón ella arrancó.

—¿Cómo estuvo la revisión? —le pregunté.

—No los ha perdonado por someterla a semejante tortura. Cada vez que pensamos que se va a reír, empieza a llorar otra vez.

Mi corazón dolió, pero me sentía feliz porque mi hija estuviera sana y no tenía que lidiar con vacunas ni revisiones seguidas. Cuando llegamos a la casa le agradecí a Alice y me dirigí a la puerta; quería ver a mi bebé y a mi esposo. Usualmente Edward me recibía, pero cuando entré a la casa todo estaba en silencio. Dejé mi bolsa en el recibidor y subí las escaleras lo más silenciosamente posible. Cuando llegué arriba escuché el suave tarareo de Edward. Me detuve en la puerta de la habitación de nuestra hija, viéndolo dar vueltas por la habitación, palmeando gentilmente su colita mientras ella descansaba contra el pecho de él.

Cuando se giró para caminar hacia la puerta me sonrió. Me acerqué a ellos en silencio moviéndome a su izquierda para ver a nuestra hija dormida. En lugar de encontrarla en vestido, Renesmee estaba usando un mameluco con rayas color rosa y azul, y caritas de conejo en cada pie. Mis hermanas tenían que hacerla verse bien incluso en pijama. Sonreí.

Junto a la cuna de nuestra hija Edward se inclinó sobre el barandal y lo miré dejarla cuidadosamente en el colchón. Renesmee lloró, pero se calmó cuando él la acostó sobre su estómago y sobó su espalda. Verlo cuidarla me hacía sentir cosas lindas en el corazón. En un tiempo se había referido a sí mismo como monstruo, pero nadie podría llamarlo de esa manera cuando él era tan bueno con nuestra pequeña.

Cuando nuestra pequeña finalmente se durmió bajamos las escaleras agarrados de la mano.

—¿Cómo sientes que te fue en el examen? —me preguntó Edward al dirigirnos a la cocina.

Todo lo que pude hacer fue sonreír.

—Me preparaste bien, la verdad estuvo muy fácil. —Él estaba a punto de irse pero tiré de su mano. Edward se giró y me jaló a sus brazos sabiendo lo que quería. Solo conseguimos un par de besos antes de escuchar llorar a nuestra hija—. Mi turno —dije, lista para ser de nuevo una mamá. Esperaba poder hacerla sentir mejor.

.

Tenía a mi hija en el regazo y estaba sacudiendo su sonaja en forma de mariposa mientras miraba lo que Edward había escrito y que yo le había dictado, ya que la niña no me dejaba soltarla. Había ido con sus padres a ayudarlos como había pretendido hacerlo en la mañana. Con su ayuda pude terminar algo que yo sola habría hecho en tres horas. Éramos un buen equipo.

—Creo que es todo —dije, besando la cabeza de mi bebé e inhalando su dulce aroma. Renesmee se metió la sonaja a la boca, mordiendo una de las alas mientras yo me agachaba para ponerle hojas a la impresora. Cuando terminé lo dejé con mi libro de Literatura y me puse de pie con mi hija recargada en mi hombro, listas para bajar y comer algo. Hoy le íbamos a dar cereal de maíz por primera vez, pero pasaron otras cosas, eso me hizo sonreí mientras sacaba la caja y leía las instrucciones. Serví lo suficiente para unas cuantas cucharadas, solo quería darle un poco como su abuelo sugirió.

Tenía miedo de que se fuera a salir de mis brazos, así que la giré y la recargué sobre mi cadera. Sonreí cuando encontró el conejo en su pie e intentó metérselo a la boca. En cuanto serví la cantidad suficiente en su platito y lo mezclé con un poco de leche la llevé a le mesa, y en ese momento llegó mi esposo.

—Eso fue rápido —dije, feliz de que estuviera ahí. Me senté y le puse un babero a Renesmee en el cuello, abrochándoselo en su lugar mientras ella intentaba descubrir qué le estábamos haciendo.

—No era un gran trabajo. Ella está feliz —dijo sonriéndonos a las dos.

—Necesitaba a mami —dije, regresándole la sonrisa. Miré el rostro de mi esposo cuando llenó la primera cucharada de cereal y se lo ofreció a nuestra hija. Él abrió la boca como hubiera hecho cualquier otro padre que ya hubiera hecho esto antes y miré sobre su hombro a Renesmee que estaba haciendo lo mismo. Las expresiones de ella me tenían riendo ya que ella quería intentar descubrir qué era lo que Edward le acababa de dar, pero después de un segundo se veía lista para más. Si esto salía bien, en unos días le daríamos vegetales.

Después de que Edward le dio la última cucharada, Renesmee estiró la mano para agarrar la cuchara, al parecer quería más, pero Carlisle nos aconsejó empezar de poco a poco. Cuando soltó la cuchara le quité el babero y la giré para que quedara de frente a mí, dejándola estar de pie en mi regazo. Sonrió y tocó mi nariz.

—Eres una niña grande —le dije, haciéndola sonreír más. Eran momentos como estos en los que extrañaba estar con ella todo el tiempo.

Edward POV

Cuando Alice, Jasper y Bella se fueron a sus clases de la tarde, llevé a nuestra hija a darse un baño. Ahora ya estaba bien, y me pregunté si Bella se habría dado cuenta de lo mucho que ella se animaba cuando mi esposa estaba cerca.

—Amas a mamá, ¿no es así? —le pregunté cuando terminé de llenar su bañerita.

Mi bebé estaba muy sonriente cuando la metí a la bañera e incluso salpicó un poco mientras la limpiaba. Envuelta en una bata con capucha, mi pequeña empezó a adormilarse y se le escaparon unos bostezos mientras la llevaba a su habitación. Bella le había dado pecho un par de veces mientras estuvo aquí y le había dado pecho de nuevo antes de irse. A pesar de eso mi niña estaba acostumbrada a ser mecida para dormir mientras bebía un biberón o de Bella, y luego de que le puse su suave camisón floral, bajé las escaleras con ella y le calenté un biberón.

—Ya sé que tienes sueño —canturreé cuando empezó a renegar. Dejó de hacerlo en cuanto estuvo acurrucada en mis brazos. Me regresé a su habitación sentándome en la mecedora azul que había ahí. Estaba feliz de que mis hermanas no hubieran puesto todo rosa cuando decoraron la habitación de Renesmee. Sus ojos se cerraron antes de terminar la mitad del biberón y para cuando estaba casi vacío, sus dedos ya lo habían soltado. Lo saqué de su boca, dejándolo en la mesa que estaba cerca de ahí, antes de levantarla contra mi hombro. Eructó, y recordé que a Emmett le gustaba calificarlos, y lo había hecho desde que ella nació.

En cuanto estuvo dormida fui a mi habitación. Encontré un mensaje de Bella diciendo que había olvidado algo que necesitaba. Le respondí y marqué el número de Rosalie.

—Necesito que tú o alguien venga a hacerle compañía a la niña. Bella necesita que le lleve algo.

Mi hermana aceptó de inmediato, como supe que haría, aunque se decepcionaría al ver que su sobrina ya estaba dormida por esta noche.

Cuando llegaron me subí a mi Vanquish y lo encendí. Me encantaba que apenas se escuchara el motor. No tardé mucho en llegar a la universidad, y cuando lo hice encontré a Bella esperándome con Alice y Jasper cerca de ella.

—Eres un salvavidas, y yo soy una despistada.

Antes de que pudiera dejarme la jalé a mis brazos.

—No, solo eres una mujer ocupada, una mujer a la que amo.

—Edward, tiene clases —me recordó Alice.

Fue difícil, pero la dejé ir. Decidí ir a dar una vuelta y esperar a que terminaran. Renesmee estaría dormida por las siguientes cinco horas, y si me necesitaba Rosalie me avisaría.

Mis pensamientos estaban en mi esposa y en cómo habíamos pasado la mañana. El tiempo era muy poco, quería pasar otro fin de semana con ella, y pronto. Ni siquiera tendríamos que salir de casa, pero necesitaba estar con Bella y demostrarle lo mucho que la amaba. Salí de la ciudad con el Vanquish y manejé por una larga carretera que parecía estar desierta. Llegué hasta el límite aun siendo capaz de concentrarme en todo lo que me rodeaba, pero fui incapaz de sacarme a mi esposa de la cabeza.

Finalmente llegó la hora de regresar por ella. Mientras manejaba de regreso a la ciudad pensé en un lugar a donde podríamos ir por un par de horas. Me pregunté superficialmente si Bella estaba consciente de lo que quería hacer con ella. Cuando estacioné tuve que concentrarme en controlarme. A estas alturas sabía que no la lastimaría, pero mi deseo era fuerte y seguí respirando profundamente a pesar de no necesitarlo. Me reí entre dientes pesando si Alice habría visto esto y si le habría advertido a mi esposa.

El latido del corazón de Bella fue lo primero que distinguí en cuanto se subió al carro. Tomé su mano y salí del estacionamiento dejando detrás a una sonriente Alice.

—Rose y Emmett tienen a la niña con ellos —susurró Bella.

Esas palabras eran exactamente lo que necesitaba oír. Nos llevé a casa en tiempo récord y ya la había empezado a desnudar incluso antes de que saliéramos del carro. Bella no me llevaba mucha ventaja en lo referente a ropa y antes de poder moverme sus cálidas manos estaban acariciando mi hinchado miembro.

—Bella, Bella —susurré, respingando en el asiento cuando apretó con más fuerza.

Cuando ya no pude soportarlo aparte su mano y junté mis jeans lo suficiente para bajarme del carro y tomarla en mis brazos.

En cuanto cruzamos la puerta dejé a Bella sobre sus pies, jalando su espalda contra mi pecho mientras acariciaba su cuello con mis labios.

—¿Sabes lo mucho que te deseo justo ahora? —susurré, y la escuché gemir.

Un segundo después le quité su blusa y su sostén. Moviendo la mano derecha alrededor de ella y hacia enfrente, acuné su pecho en mi mano y moví mi pulgar sobre su pezón. Sentí que sus piernas cedían. Con mi otro brazo la jalé con fuerza contra mí, empujando mi abultado miembro contra su culo.

—Edward, te necesito —jadeó Bella echando la cabeza atrás. Bajé mis labios para besarla hasta que tuve que separarme para que pudiera respirar. No me detuve ahí, seguí presionando mis labios sobre su hombro mientras bajaba su pantalón y luego el mío. Nos los quitamos pero yo me quedé vestido con mi larga camisa, sabiendo que si no le daría frío.

—Quítatela —jadeó Bella tirando de mi camisa cuando la apreté contra mí.

Pasó otro segundo y ambos estábamos completamente desnudos. Tomé sus manos en las mías y la llevé a la pared, sosteniendo sus manos alzadas sobre ella antes de ponerla en empinada frente a mí.

Ambos gemimos cuando entré en ella, y mi toque dejó a mi mujer sin respiración, rogando por más. Ella estaba temblando, aunque no sabía si era de deseo o porque tenía frío. Aceleré mis envestidas en ella, saliendo casi por completo antes de volver a entrar en sus cálidos pliegues.

Cuando tuvo su orgasmo salí de ella todavía completamente excitado y tomé a mi esposa en brazos, besándola mientras la llevaba a nuestra cálida habitación.

En cuanto estuvo bajo las cobijas me moví sobre ella listo para seguir haciéndole el amor, y ella parecía estar perfectamente feliz de seguir adelante.

Bella POV

Mi cuerpo iba a estar adolorido en la mañana, no porque Edward hubiera sido muy brusco, sino porque habíamos pasado buena parte de la tarde haciendo el amor. Ahora mi cuerpo estaba agotado y, mientras descansaba con la mejilla sobre su pecho, no sabía si podría si quiera abrir los ojos. No sabía qué había pasado para causar que ese lado de él se manifestara por sí solo, pero no me iba a quejar. Lo malo es que tenía clases, pero lo bueno es que eran hasta la tarde.

Me desperté con el sol brillando en mi cara y en una cama vacía. Mi mente no se había olvidado de anoche, así que me senté con mucho cuidado. Hasta ahora no había ningún dolor muscular, aunque en el momento en que moví las piernas hizo acto de presencia. Seguía desnuda así que fui al baño en busca de algún moretón, rezando por no tener ninguno. En cuanto me aseguré de eso me puse una suave blusa de algodón y el pantalón de pijama a juego. Sonreí porque supe que Alice se sentiría orgullosa.

En la cocina encontré a mi esposo dándole cereal a nuestra hija sentada en su sillita.

—Buenos días —dije, besando la mejilla de él mientras mi hija me sonreía antes de abrir la boca por más cereal—. Le gusta el cereal.

—Así es.

—¿Cómo se portó anoche?

—Muy bien. Durmió casi toda la noche. Esme la trajo a casa hace casi una hora y ha estado muy contenta. ¿Cómo te sientes?

—Un poco adolorida, pero eso es porque usé músculos que nunca antes había usado.

Cuando terminó de darle de comer agarré un trapito y limpié la boca de Renesmee, aunque no estaba muy sucia. Cuando dejé el trapo de lado, ella chilló; era su manera de decirnos que quería bajarse de ahí.

—Ahora, ¿qué puedo ofrecerte de almorzar? —preguntó Edward envolviendo un brazo alrededor de mí luego de que acomodé a nuestra hija parada en mi regazo.

—Panqueques.

Nos besamos y una manita se metió entre nuestros labios.

—¿Qué crees que estás haciendo? —regañé juguetonamente a nuestra hija, acurrucándola en mis brazos mientras mordía sus oídos y su cuello hasta que se estuvo riendo tanto que se le puso roja la carita. La dejé respirar antes de que empezara a renegar.

—¿Biberón o leche?

—Leche —respondió Edward desde la estufa.

Un momento después ella estaba amamantando. Yo suspiré feliz por tener sillas cómodas.

—Rosalie y Alice quieren comprarle su disfraz para Halloween —me informó Edward al darme mis panqueques.

Me ayudó a acercar la silla, nuestra hija nos tenía completamente sincronizados.

—¿Para dulce o truco?

—Creo que es en caso de que a nosotros nos pidan dulce o truco. En el transcurso de los años solo unos poco han sido los valientes en ir a nuestra casa —dijo mientras yo comía mi desayuno.

Nuestra hija tenía los ojos cerrados, y pensé en eso, preguntándome si algún día podríamos sacarla con otros niños. ¿Podría ser capaz de estar alrededor de otros niños y controlarse?

—Me pregunto si algún día podremos sacarla. O sí podrá tener amigos aparte de nosotros.

Todavía no teníamos esas respuestas, y no solo dependería de ella, sino también de mí, dependiendo de cuándo me convertiría al igual que el resto de la familia.


Ya estoy trabajando en el capítulo 16, así que no creo tardar mucho en actualizar.

¡Muchas gracias a todas por sus comentarios! ^^

Soemarie Grey, bellaliz, solecitopucheta, Andrea 14 de Cullen, flexer, ALEXANDRACAST, tayloves, fati21