Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Eviefan, yo solo traduzco.

Beta: Isa.

¡Gracias por acompañarme a lo largo de otra traducción! ;) Información acerca de la secuela puede ser encontrada en mi perfil.


~Después de la Luna de Miel~

Epílogo

Capítulo 20: La sorpresa más grande

Bella POV

Un trapo frío sobre mis labios me despertó del poco descanso que había conseguido durante las últimas 17 horas. Mis ojos se abrieron encontrándose con la mirada preocupada de Edward. Estiré la mano para apoyarla en su mejilla mientras él movía el trapo sobre mis labios secos y partidos.

—Hola —pude decir. Mi esposo giró la cabeza para dejar un beso frío en la palma de mi mano antes de cerrar los ojos. Estaba preocupado por todo el tiempo que esto estaba tardando y por lo difícil que estaba siendo para mí—. Acuéstate conmigo —susurré. Un momento después ya estaba debajo de las cobijas calientitas de nuestra manta eléctrica, ayudándome a ponerme de costado. Su mano se movió sobre mi enorme vientre y cerré los ojos, permitiendo que mi cuerpo descansara mientras todavía tuviera tiempo.

Luego del primer cumpleaños de Renesmee planeamos un verano tranquilo. Nuestra hija estaba creciendo, era tan hermosa e inteligente. De verdad era la luz de nuestro mundo, no solo para Edward y para mí, sino también para el resto de la familia. Todos seguían en alerta, todavía intentando descubrir por qué el lobo había venido y qué significaba eso para Renesmee y para mí. Carlisle y Esme habían ido a Europa para investigar un poco sobre las leyendas de Lobos en un intento de entender el interés de Caius basados en la visión de Alice.

Rosalie y Emmett habían viajado a Denali para visitar a Tanya y su familia queriendo ver si quizá ellos sabían algo acerca de los Hijos de la Noche, y para dejar algunas pistas sobre nuestra situación con Renesmee sin ser demasiado obvios. Eso dejaba a Alice y Jasper en la casa grande, y a nosotros en la nuestra. Recuerdo que consideramos ir a Isla Esme, pero al último momento Edward estuvo de acuerdo conmigo en que pasar el verano en casa era igual de agradable.

La presión en mi espalda me sacó de mis recuerdos y Edward besó mi nuca presionando la palma de su mano justo donde estaba la presión.

—Respira profundo —me recordó y lo hice, concentrándome solo en su toque y en nada más. Cuando la presión remitió Edward se acomodó de nuevo contra mí poniendo su mano sobre mi estómago, sobándolo con gentileza.

—¿Recuerdas ese día en el parque? —le pregunté.

Mi esposo se quedó en silencio por un momento.

—Recuerdo que te caía el cabello sobre la cara mientras le hacías cosquillas a Renesmee y lo mucho que disfrutaba al escucharlas reír —comenzó.

—¿Qué más?

—La estabas meciendo mientras bebía de su tacita la primera vez que lo escuché —dijo, acariciando suavemente mi hombro con sus labios. Cerré los ojos recordando eso también.

Llevábamos la mayor parte de la tarde en el parque porque estaba lo suficientemente nublado para poder estar afuera sin tener que preocuparnos de proteger a mi esposo. Renesmee nos traía corriendo, bueno a mí, jalándome de un lugar a otro, mostrándome con su mente cuando tenía una pregunta acerca de algo. A veces incluso usaba su voz cuando quería saber algo. Hablaba usando palabras claras, lo cual me sorprendía porque apenas tenía año y medio. Edward extendió la manta para que Renesmee comiera, pero nuestra bebé no estaba interesada en eso, se puso renegona hasta que la acosté y comencé a morder su cuello. Su risa me hacía reír también, y luego de que se detuvo se sentó en mi regazo mientras su papi nos daba de comer fruta a las dos y un poco de la carne que había llevado.

Edward era un padre maravilloso y le tenía más paciencia a nuestra pequeñita que yo. Nunca lo admitiría, pero creo que en lo profundo de su ser él quería esto. Era como lo que me dijo Rosalie una vez durante el tiempo en que yo quería ser transformada cuando el ejército de Victoria se preparaba para atacar; no sabía lo que podría querer. Ahora que teníamos a nuestra niñita me daba cuenta de lo afortunados que éramos, lo afortunados que habíamos sido para recibir este regalo, incluso si no era exactamente lo que habíamos planeado.

Luego de comer la acurruqué en mis brazos ayudándola a sostener su tacita mientras la mecía, pasando los dedos por los suaves rizos color bronce de mi bebé mientras Edward nos leía. Cuando se detuvo levanté la vista hacia él, viendo esa mirada lejana que tenía cuando intentaba concentrarse en algo. Miré detrás de mí, pero no había nada raro. A lo lejos estaban unos niños jugando a la pelota, pero estaban lo suficientemente lejos para no molestarnos.

Edward, ¿qué pasa? —le pregunté cuando agachó la mirada haciendo puños las manos.

No me respondió enseguida. Acosté a Renesmee, feliz de que se hubiera quedado dormida, y me acerqué a él, moviendo sus brazos para subirme a su regazo.

Por favor, dime.

Edward respiró profundamente rodeándome con sus brazos.

Escucho un latido de corazón —dijo suavemente y por un momento me sentí confundida. Por supuesto que escuchaba latidos, estaban alrededor de nosotros. Estaba a punto de preguntar cuando lo entendí y yo misma jadeé bajando la mirada cuando puso su mano sobre mi estómago.

La presión en mi espalda regresó y jadeé mientras Edward ponía la palma de su mano donde la necesitaba.

—Necesito más —dije antes de morderme el labio. El dolor había sido una constante desde que Carlisle me indujo el parto. Al parecer este bebé estaba perfectamente feliz de quedarse donde estaba, pero luego de dos semanas de retraso, y experimentar dos días de dolores de cabeza que me dejaban desorientada, todos acordamos que era tiempo de empezar el show. El estar acostada no ayudaba y luego de que la presión pasó me levanté apoyándome en mi brazo derecho y con la ayuda de Edward.

—Quiero camina otra vez, no podré dormir así —dije.

Me ayudó a pararme y mantuve las manos alrededor de mi estómago mientras me estiraba con mucho cuidado. Carlisle me recomendaba caminar, pero mi última revisión no era nada alentadora. Nuestro bebé todavía estaba muy arriba del canal de parto; los había escuchado hablar sobre una cesárea. Recordé brevemente haber querido una con Renesmee, pero esta vez quería hacerlo sola.

Estábamos en la habitación de invitados en la casa de Carlisle y Esme. Edward pasó su brazo alrededor de mí ayudándome a caminar hasta la ventana. Lo vi abrir las persianas para ver un hermoso día soleado.

—¿Qué está haciendo Renesmee?

—Rosalie y Emmett la tienen en nuestra casa. Estaba intentando colarse aquí para poder verte cuando estabas dormida.

Con el brazo de Edward alrededor de mí y con su otra mano en mi espalda, salimos del cuarto y pasamos por el pasillo hacia el cuarto del bebé. Ahora había una cama individual del lado de la pared este con una barandilla de seguridad para evitar que Renesmee se cayera. Su cuna había sido guardada hace ya bastante tiempo, aunque la usaríamos de nuevo si teníamos una niña. La presión en mi espalda comenzó a surgir de nuevo y cerré los ojos recargando la frente en el pecho de Edward cuando se movió frente a mí. Envolví los brazos en su cintura sintiendo un poco de alivio cuando sobó mi espalda con ambas manos.

—Necesitamos dejar que Carlisle te revise de nuevo —dijo mi esposo cuando la presión desapareció.

Asentí sintiendo que mis piernas temblaban cuando nos encaminamos de regreso a nuestro cuarto.

Edward POV

La atmósfera de la habitación se aligeró un poco cuando Carlisle nos dijo que Bella estaba ya casi cerca. Para apresurar las cosas él había roto el saco amniótico con un instrumento lo suficientemente fuerte para pasar las gruesas membranas que rodeaban a nuestro bebé. El fluido era transparente, y luego de que él se fue y de que Esme limpiara todo, Bella suspiró recargándose contra mí y tomando mi mano en la suya. No sabía de dónde sacaba tanta fuerza mi esposa, pero fue esa fuerza y determinación lo que me hizo enamorarme completamente de ella una vez más. Ninguno de nosotros había esperado otro bebé porque Bella usaba un anticonceptivo fuerte. Recuerdo que después de que Carlisle nos confirmara lo que ya sabíamos le pregunté cómo es que el anticonceptivo había funcionado por un año y medio, y sentí que todos mis años en la escuela de medicina se habían ido a la basura cuando me dio la respuesta.

—¿En qué estás pensando? —preguntó Bella.

—Solo recordaba lo estúpido que me sentí cuando Carlisle nos explicó por qué te habías embarazado si el anticonceptivo había estado funcionando por tanto tiempo.

Asintió.

—Supongo que nunca pensé que dar pecho junto con el anticonceptivo nos estaba ayudando a no embarazarnos tan pronto. Pero sé que eso no siempre funciona. Tendremos que ser más cuidadosos esta vez —susurró Bella, besando la palma de mi mano de la misma manera en que yo había hecho con ella muchas veces.

—Deberías intentar descansar —dije.

—Solo si me tarareas mi nana —me dijo con ligereza.

Asegurándome primero que estaba lo suficientemente caliente me acerqué más a ella y cerré los ojos tarareando la canción que ella había inspirado mientras pensaba en todo lo que habíamos pasado para llegar a este punto.

Al principio no encontramos una razón para decirle nada a Renesmee. Ella tenía su propia agenda y en realidad nada cambió para ninguno de nosotros luego de que Carlisle determinara que el bebé estaría aquí a principios de mayo. Para cuando la universidad estuvo de nuevo en curso, Bella y yo íbamos junto con mis hermanos y hermanas. Esme estaba felizmente ocupada cuidando a nuestra hija, y Renesmee se acostumbró a que nosotros estuviéramos fuera mayor cantidad de días. La primera vez que se percató que había algo diferente con Bella fue justo después de año nuevo. Bella la había alistado para ir a dormir y estaba acostada en la nueva cama de Renesmee leyéndole, cuando escuché a mi mujer hablando del bebé que vivía en su pancita.

Yo estaba en nuestra habitación guardando la ropa limpia pero dejé eso para ir a la habitación de Renesmee. Llegué allí sin que ninguna de las dos notara mi presencia. Nuestra hija había puesto su mejilla sobre el vientre de Bella y sus pensamientos proyectaban las cosas que había hecho hoy. No sabía si nuestro hijo no nato podía ver lo que Renesmee le estaba enseñando, pero después de eso Bella me dijo que nuestro bebé había dejado de moverse luego de eso.

La respiración estable de Bella comenzó a hacerse más superficial y presioné la palma de mi mano en su espalda cuando comenzó a tensarse.

—Respira profundo —le recordé.

Lo hizo, aunque lloriqueó un poco. Presioné con un poco más de fuerza queriendo agregar más presión para aliviar el dolor, pero sin querer lastimarla tampoco.

—Duele —jadeó. Siguió respirando grandes bocanadas de aire y soltándolas cuando la contracción se terminaba. Miramos la puerta cuando Carlisle entró y Bella tembló cuando tuvimos que apartar sus cobijas.

Mantuve un brazo alrededor de sus hombros con ella recargada en mí.

—Te amo —susurré mientras Carlisle la examinaba de nuevo.

—Ocho centímetros —nos dijo mi padre.

—¿Por qué todo el dolor está en mi espalda? —preguntó Bella cuando Carlisle la volvió a tapar con las cobijas.

—Puede ser la posición en la que está el bebé —respondió, aunque no teníamos manera de saberlo. Igual que con Renesmee este bebé no se mostraba en los ultrasonidos, pero Carlisle fue capaz de determinar, con lo que sabía del embarazo anterior, que el bebé estaba en una posición segura para nacer.

—¿Puedo levantarme a caminar?

—Me sentiría más tranquilo si no lo hicieras, pero puedes intentar sentarte en una silla.

Cuando ella asintió, él desapareció y regresó un segundo después con la mecedora estilo victoriana que había estado en la sala.

Mi mujer se preocupó al instante por arruinar la tapicería si más líquido se derramaba.

—Bella, Esme conoce a gente maravillosa que puede arreglar eso —le aseguré mientras la ayudaba a llegar a la silla. Cuando estuvo sentada fue evidente en la expresión de su rostro y la compostura de su cuerpo que estaba mucho más cómoda—. ¿Mejor?

—Mucho —exhaló. Teníamos encendida la calefacción, pero cuando mi mujer empezó a temblar agarré la manta azul que había usado antes para cubrir sus hombros y la tapé con ella.

—No hemos elegido un nombre —le recordé arrodillándome frente a ella.

—Yo elegí el de Renesmee —dijo sonriéndome.

—¿Quieres Edward Junior para un niño? ¿EJ? —Amaba a mi mujer y en mi vida humana yo había sido un Junior. Quizá por eso me oponía a ello. El primordial argumento de Bella era que EJ sería un nombre fácil para que nuestra hija pudiera pronunciarlo, pero aun así no me gustaba la idea. En las últimas semanas había estado pensando en nombres que nos dejaran felices a los dos, y apegándome a mi propio nombre tenía una idea—. ¿Qué te parece Anthony?

Sus ojos, que habían estado cerrados mientras se mecía gentilmente, ahora ya estaban abiertos y una sonrisa se extendía por su rostro.

—Anthony es tu segundo nombre. Me gusta. —Un segundo después Bella se tensó y gimió con fuerza. Me puse de pie levantándola en brazos. Escuché que abajo Carlisle salía de su estudio y para cuando la acosté en la cama él ya estaba allí. Bella sacudía la cabeza mientras yo le decía que respirara y Carlisle confirmó que ya estaba lista para pujar.

—No, puedes sacarlo —suplicó, luchando contra lo que su cuerpo le pedía hacer.

Necesitas calmarla y hacerla que se concentre, pensó Carlisle.

No había tiempo para que yo pensara mientras mi esposa gritaba. Me subí a la cama con ella, poniendo entre nosotros la manta azul.

—Bella, escúchame. Tienes que hacerlo. —Estaba sacudiendo la cabeza y todo lo que yo quería hacer era quitarle el dolor—. Eres tú quien puede hacer que el dolor se vaya. Necesitas pujar. Respira profundamente.

Las manos de Bella se aferraron a mis muslos cuando hizo lo que le pedí. Cuando Carlisle le dijo que pujara conté hasta diez. Su cabeza se sacudía de un lado a otro, pero ella no aflojó hasta que la contracción terminó. Estaba respirando con dificultad y estaba temblando, más que nada por lo que estaba pasando en el parto que por estar cerca de mí. Mi mujer solo tuvo un momento de tranquilidad antes de que llegara otra contracción y gritó de nuevo antes de pujar otra vez.

El tiempo pareció disminuir hasta casi detenerse. Bella había estado pujando por toda una hora y había dicho unas cosas un tanto coloridas. Estoy seguro de que si ésta hubiera sido alguna otra ocasión, Emmett no la hubiera dejado en paz. Le agradecí a Dios porque él y Rosalie tuvieran a Renesmee en la otra casa, aunque algunas veces ambos habían pensado en nosotros y lo que estaban escuchando.

—Ya no quiero hacerlo —susurró Bella. Sus contracciones se detuvieron por un momento, sabía lo cansada que estaba.

—Solo un poco más —susurré, besando el tope de su cabeza mojada.

Su cuerpo se tensó con el violento golpe de otra contracción y nos senté, estirando las manos para jalar hacia atrás sus piernas, algo que parecía ayudarla a progresar más.

—Bella, ya puedo ver la cabeza del bebé. Necesito que respires profundamente y pujes.

Mi esposa asintió y jadeó cuando la contracción intentó a sacar a nuestro bebé de ella. Con el siguiente pujón salió la cabeza. Nuestro bebé estaba jadeando y lloró cuando Carlisle le limpió la nariz.

Escuchar a nuestro hijo pareció renovar las fuerzas de Bella, porque solo bastó un pujón más antes de que nuestro hijo naciera. Un momento después la habitación se llenó con sus ruidosos llantos mientras Carlisle le cortaba y ataba el cordón umbilical antes de dejarlo en el estómago de mi esposa. Las manos de ella temblaban cuando las estiró para acercarlo más, y yo recordé otra ocasión similar cuando la capacidad de hablar huyó de mí.

—Es perfecto —dijo Bella con su cuerpo temblando junto a mí.

Solo tuvimos ese pequeño momento antes de que me diera cuenta de que algo no estaba bien. Esme estaba allí llevándose a Anthony y Bella empezó a convulsionarse al mismo tiempo que yo leía lo que Carlisle estaba pensando. Ella estaba perdiendo demasiada sangre.

Bella POV

La única ocasión en que recordaba sentirme tan inconsciente fue cuando nació nuestra hija. Al empezar a salir de la oscuridad fui siendo más consciente de lo ligera que me sentía y que algo hacía que mi brazo izquierdo picara. Quería rascarme, pero sentí una mano fría en mi muñeca deteniéndome.

—Tienes que dejarte eso ahí —dijo Edward.

Me costó unos cuantos intentos antes de poder abrir los ojos. Estábamos en la habitación de invitados en casa de Esme y Carlisle, y por un segundo pensé que había soñado el haber tenido a nuestra hija. Fue entonces cuando recordé que había cargado a nuestro hijo, rememorando lo fuerte que lloraba. Anthony estaba aquí.

—¿Dónde está? ¿Por qué me siento tan rara?

—Nuestro hijo está dormido en el moisés a tu izquierda. Perdiste mucha sangre y Carlisle tuvo que traspasarte más, para eso es esto que está en tu codo.

Giré la cabeza para ver a mi esposo y se veía muy abatido.

—¿Fue muy malo?

—Nos tenías preocupados, pero no fue lo suficientemente malo para tener que transformarte.

Quería ser como Edward, pero bajo mis propias condiciones, no siendo obligada. Supongo que al fin estaba pensando como él. Sonreí.

—Quiero verlo.

Antes de dejar nuestra cama Edward besó mis labios. Lo envolví con mi brazo bueno.

—Te amo.

—También te amo —susurró. Un segundo después estaba inclinado sobre el moisés que una vez había sido usado por Renesmee. Mis ojos estuvieron pegados a él cuando se irguió, cargando un bultito azul y blanco. En esta ocasión fui lo suficientemente inteligente para esperarlo, dejando que Edward me ayudara a sentarme poniendo más almohadas en mi espalda. En cuando estuve cómoda dejó a nuestro hijo durmiente en mis brazos. No conocí a mi esposo en su vida humana, y no existían fotos de cuando él era bebé, pero nuestro hijo tenía las facciones de su padre, solo que en tamaño pequeño. Internamente me pregunté si, como el bebé en mis sueños, él tendría ojos verdes, pero supuse que no. Los de Renesmee habían empezado a hacerse color café oscuro, como los míos. Una poderosa necesidad de contar sus dedos se apoderó de mí así que lo acosté a mi lado y abrí su manta.

Mi hijo tenía un mameluco azul con cachorritos bordados en la tela. Sus manitas estaban sobre su pecho y estiré la mano acariciando el dorso de una. Abrió su mano y moví mi dedo ahí, y sentí que mi corazón dio un salto cuando envolvió su manita perfecta en mi dedo.

—¿Ya lo vio Renesmee?

—Para cuando estabilizamos todo ella ya estaba dormida, pero no tengo duda alguna de que Rosalie y Emmett la traerán aquí en cuanto se despierte.

Asentí incapaz de alejar la vista de mi hijo que dormía.

—¿Ya le dieron un biberón?

—Le dimos dos. Carlisle dice que su ADN es más parecido al mío que al tuyo, lo que puede significar que quizá necesitará beber más sangre. —Edward sonó preocupado al decir eso y, luego de envolver a Anthony y ponerlo en mi pecho, miré a mi esposo.

—Solo quiero que esté saludable, pero supongo que tendremos que tener cuidado si no toma tanto pecho —dije, pensando en cómo sería para nosotros luego de poder volver a hacer el amor. La otra cosa a considerar era cómo darle pecho y cómo lidiar con nuestra hija de dos años. Ella estaba cumpliendo con su voluntad cada vez más en estos días, pero no estaba preocupada. Justo ahora mi mundo era perfecto, nosotros estábamos en perfectas condiciones.

La mañana siguiente luego de almorzar, intenté darle pecho a Anthony por primera vez. Edward lo había estado meciendo mientras esperaban a que yo terminara de almorzar, y no le habían dado otro biberón, querían darme la oportunidad para ver si querría tomar pecho. A diferencia de su hermana él no parecía muy emocionado por intentar, e incluso con la ayuda de Esme fue toda una odisea. Cuando estaba a punto de rendirme finalmente lo tomó y seguía tomando cuando alguien tocó en nuestra puerta. Una suave risita me dijo quién era y un segundo después Edward entró con nuestra pequeña.

—¿Quién es? —preguntó suavemente Renesmee.

—Es tu nuevo hermano, Anthony —replicó Edward, sentándose en el otro lado de la cama con la niña todavía en su hombro.

—Tiene arrugas en cabeza —dijo recargándose en el hombro de mi esposo.

—Cuando crezca se le quitarán las arrugas —le dije.

—¿Qué hace?

—Está almorzando —respondió Edward, pero justo entonces Anthony se alejó y lloró.

Cuando lo moví hacia mi hombro me bajé la camisa y palmeé su espaldita.

—Es ruidoso. Me voy —dijo removiéndose para que la bajara.

Cuando se fue dejé que Edward tomara al bebé y me recargué contra las almohadas.

—¿Qué estaba pensando?

Mi esposo se rió entre dientes.

—Estaba pensando en los panqueques que Esme le estaba preparando para almorzar.

Ambos nos reímos. Anthony lloró antes de sacar los gases y escupir todo en la parte de enfrente de su mameluco.

Mientras los cambiábamos Rosalie entró con su biberón y, sabiendo que lo quería cargar, la dejé, viendo la rapidez con que aceptó tomar de él. Quizá Edward tenía razón, pero yo quería darle la oportunidad a la leche materna antes de tomar una decisión definitiva de una u otra cosa.

Para el almuerzo ya estaba libre de la intravenosa y había hecho unos cuantos viajes al baño. A Renesmee le gustaba estar sola conmigo cuando su hermano estaba dormido. No parecía tener una opinión definida de él, pero esperaba que con el tiempo aprendiera a quererlo y lo viera como su mejor amigo. El resto de la familia ya había conocido a Anthony y ahora yo estaba sola con él, viéndolo dormir en la cama frente a mí mientras estiraba mis brazos. Edward se había ido para acostar a nuestra hija para su siesta y todavía podía escucharla llorar. Odiaba que estuviera molesta.

—Si sigues durmiendo así, yo no podré dormir esta noche —susurré, estirando la mano para agarrar su piecito entre mis dedos. Ya tenía puesto su tercer traje del día y odiaba admitir que la necesidad de Alice de comprar montones de ropa ahora estaba dando frutos.

Nuestra familia parecía estar completa ahora que teníamos a nuestro hijo y nuestra hija. Quizá ahora que él ya estaba finalmente aquí, yo podría hacer lo que necesitaba y decidirme por completo sobre ser transformada. Edward parecía más abierto a la idea ahora, y tenía más sentido, especialmente debido a lo que nuestra familia había descubierto sobre los Hijos de la Noche. La familia de Tanya había encontrado a tres hombres matando a otro que había atacado a una mujer. La visita que nos habían hecho no era algo único.

De repente la expresión pacífica de Anthony cambió y, cuando su cara se arrugó, lo levanté en brazos poniéndolo contra mi pecho mientras lo empezaba a mecer. Edward decía que no esperaba con ansias esos momentos en que lloraría sin razón alguna y yo sentía la necesidad de protegerlo de la misma manera en que protegí a su hermana. En cuanto mi hijo estuvo en mis brazos, volvió a dormirse con sus bracitos sobre su cabeza. Seguíamos meciéndonos cuando Edward regresó a casa.

—¿Necesito ir a sentarme con ella?

—Por ahora ya está dormida. Creo que todos estaremos mejor cuando regresemos a la comodidad de nuestro hogar —replicó mi esposo sentándose junto a nosotros. Me recargué en sus brazos con Anthony todavía en los míos. Edward comenzó a tararear. No reconocí la canción y sonreí, suponiendo que ésta era para nuestro hijo. De verdad teníamos todo y por ahora eso era suficiente.

Fin