¡Hola a todos! Pues antes que nada quiero comentarles que este fanfic no difiere mucho con los otros fanfics que he escrito para esta página. Es un concepto algo diferente, y aunque en "Más ligero que el aire" traté de narrar esto, encontré un modo en el cual me gustó más, y sentí que los hechos podían relatarse más fácilmente. Últimamente me dedico mucho a los fanfics de "POV", o puntos de vista. Trataré de hacer uno con narrativa de tercera persona próximamente. "La magia bestial (desde la A hasta la R)" sigue su marcha, y si ustedes lo desean, haré una segunda parte después de que finalice la segunda temporada de Korra, que será hasta el año que viene. Por ahora los dejó con este fanfic cuyo título fue complicado (soy pésima con los títulos, pero qué se le hace). También le atribuyo el mal título a que he tenido problemas emocionales en fechas recientes, pero eso no creo que sea un tema para leer en fanfiction.

"Avatar la leyenda de Aang y La leyenda de Korra" pertenecen a Nickelodeon, Viacom y Bryan Konietzko y Michael Dante DiMartino, nada de esto se hace con fines de lucro.

Correo Aéreo.

La media cama.

Pese a que la cama es completamente mía, me acostumbré a dormir de mi lado, y tu espacio allí está. Despierto en la madrugada, y la tormenta sigue cantando tal como cuando me fui a dormir; lo único que lo hace diferente es que no soy la misma mujer que cerró los ojos el día anterior, y que falta una presencia en el otro lado de la cama.

Ya ha transcurrido un mes desde que partiste, ¿Lo sabías?

Desconozco las condiciones en las cuales te encuentres, y apenas conozco las mías. La Tribu Agua del Sur está siendo azotada por una tormenta de nieve histórica, algo que no sucedía desde que yo era una niña de apenas diez años. Desde donde estoy puedo escuchar cómo los pingüinos hacen una fiesta por la tormenta, y en ocasiones no me dejan dormir.

De acuerdo, no mentiré: eso no es lo que me impide dormir; es simplemente que aún no me acostumbro a que ya no estás.

Anoche llegué de entrenar a algunos maestros agua, y lo primero que grité fue "¡Ya llegué, cariño!", y recordando al instante que mi frase carecía de sentido común. Por suerte Sokka no se encontraba, ya que habría hecho alguna de sus clásicas bromas respecto a la palabra "cariño". Fue un balde de agua fría el pensar que esto no sale de mi mente; que la rutina es más poderosa incluso que el amor. Me fui desvaneciendo mentalmente, y en realidad no sentí ánimos de comer, yéndome a la cama temprano.

En realidad no es una cama; es más bien una media cama. Cuando me acurruco, pienso en aquellos ayeres en Ciudad República, y cuando despierto en la mañana, mi cabeza mira hacia el lado donde se supone dormías tú. En la noche todo es un vago recuerdo donde vuelves a abrazarme, y al despertar me quedó con simples fragmentos de una noche tan bonita.

Quisiera dormir un poco más y aferrarme a estos recuerdos, pero el primer canto de la mañana me arranca de mi media cama. Sé que debo seguir adelante aunque sea difícil; mi vida aquí es menos estresante que en la ciudad, pero extraño a Tenzin, los atardeceres y las nevadas moderadas que caían sobre el templo. Aunque si los extraño tanto, debería ir ahora mismo allá; lo único que hace diferente todo eso es que ya no estás.

En la media cama he pensado ¿Qué cabeza habría dormido conmigo de no ser porque Sokka me hizo enojar hace cincuenta y tres años, haciéndome romper el iceberg donde te encontrabas? Desearía no contestar a ello, ya que sigo extrañando tu cabeza en esa almohada vacía, donde el único abrazo que encuentro es uno de aire frío, y no de un aire tibio y sonriente que me pueda decir "buenas noches". Pero aún sigo con vida, y sé que podrás escucharme: Buenas noches cariño, dondequiera que estés.

Katara.