Nota:

He andado ocupada con asuntos de la escuela, por eso no había subido capítulos. Planeo subir otra historia, pero de momento seguiré con Correo Aéreo. Aún así me iré a exámenes finales (unos por desidia, otros porque los profesores son tan perros que ladran).

Nota 2:

Correo Aéreo terminará en el capítulo 15, y es posible que haga una continuación del fanfic para el libro 2 de Korra. Espero sus comentarios.

Capítulo 11: Al inicio de cada leyenda.

Querido Aang:

Escribo por muchas razones, y la principal es que no sabía a quién recurrir ante esta sensación que se desborda en mí. Korra al fin tomó rumbo hacia lugares diferentes; Korra partió a Ciudad República.

Estaba en un lugar envuelto por el negro más profundo que haya podido sentir en toda mi vida, y ante la incertidumbre de no saber cuántos segundos habían transcurrido, el pánico comenzó a invadirme. No podía poner mis pies sobre el suelo, o alguna superficie que me indicara planicie o estabilidad; era una masa inerte pero flotante en una nada inmensa, en un vacío total que no creí que siquiera existiese.

-¿Hola? – Exclamé, y la respuesta siguió en silencio.

Nadie contestó, al menos no de manera inmediata. Empero, después de unos instantes todo volvía a verse claro y conciso, y mis ojos dieron finalmente al techo de mi habitación.

¿Estaba sola? Parecía que sí, ya que Korra había despertado temprano para el calentamiento; hoy habría de hacer su examen de fuego control.

Hace más de tres años que no había escrito, y me estoy resignando a no hacerlo. Es cual si tratase de tenerte cerca de mí, pero debo resignarme a que ya no estás, y darme el valor de prepararme para los próximos viajes. No te he olvidado (no aún, mi memoria permanece lúcida), y dudo hacerlo… pero solamente me estoy excusando por mi ausencia de correspondencia.

Preparé mi abrigo para salir a la fortaleza, donde habría de encontrarme con los sinodales que determinarían si Korra se encontraba lista para ir con Tenzin y aprender el aire control, o debía permanecer aquí hasta que el fuego control fuese su fuerte. ¿Pero sabes qué? Considero que ella está lista, y a pesar de las dudas que la cubren por su carencia de estado avatar u otro signo de espiritualidad, ella tiene el corazón de una tortuga león y todo lo necesario para seguir adelante con su entrenamiento. No obstante, siento en mí el anhelo de ver a Korra yendo de aquí para allá, conociendo personas y mundo, lugares y monumentos, animales y ríos; el espíritu de la Tierra debe conocerse a sí mismo, y dentro de ella misma no logrará encontrar todas las respuestas si no sale a conocer su majestuosidad inmortal. La mortalidad no siempre ofrece soluciones contundentes.

Contuve la respiración por unos segundos, y luego me dispuse a seguir viviendo. Tarde o temprano, los sinodales pedirían mi opinión sobre la fuerza y poder de Korra, y ellos debían estar preparados porque mi respuesta habría de ser afirmativa; Tenzin es el único que puede enseñarle lo que requiere, ya que lo aprendió del mejor.

Los maestros fuego que combatieron contra el avatar no eran oponentes dignos de ella; débiles, sencillos, elegidos por ser excelentes. Ella habría podido contra todos si hubiera tenido los ojos cerrados y las manos atadas:

-Es fuerte – digo en cuanto manda a volar a uno de los maestros fuego.

-Carece de compostura – exclama uno de ellos.

"Usted carece de experiencia" pensé, porque eso mismo le falta.

Ni tú mismo sabías todo cuando comenzamos a entrenar; tenías talento, pero carecías de control, aunque tu espiritualidad y juicio prudente jugaban a tu favor. Ella tiene talento natural para los elementos; es inocente, tiene un juicio prudente cuando se lo propone, pero sus sentimientos siempre juegan en su contra, además de que su espiritualidad sigue escondida. Quizás ese es su error, el pensar que los avatares son seres poderosos, perfectos, místicos y disciplinados (al menos no cuando son muy jóvenes).

Finalmente, Korra terminó con su examen de manera satisfactoria, aunque el resto de los sinodales pusieron diferentes peros, terminaron preguntándome mi opinión con respecto a Korra:

-Si hay alguien que puede enseñarle lo que necesita, es Tenzin – contesté, remitiendo a la necesidad más clara de Korra: aprender espiritualidad.

Espiritualidad… Y mundo. Sólo es eso, cabezas huecas.


Desperté, y alcancé a distinguir un movimiento anormal en el corral de Naga. No era natural que a esas horas de la madrugada hubiese actividad en esos rumbos.

Entré, y alcancé a ver a Korra de espaldas.

-Excelente noche para escapar ¿No crees? – dije. Supuso que todo estaba arruinado, y que entonces saldría corriendo a decir a los guardias que estaba por encontrar su destino.

Esa no sería yo, y menos cuando escapé hace setenta años de mi hogar, para llevarte directamente a la Tribu agua del norte (¿O debo decir "para llevarnos?).

-Tengo que hacerlo; tengo que hallar mi propio camino como avatar – salió a defenderse.

-Yo sé que sí – respondí, notando que se dibujaba una sonrisa de conmoción en ella, y entonces proseguí –. El tiempo de Aang terminó; mi hermano y muchos de mis amigos ya no están. Es hora de que tú y tu generación se hagan responsables de mantener la paz y el equilibrio en el mundo… Y creo que serás un estupendo avatar.

No entiendo que sucedió, pero de un momento a otro ambas nos abrazamos; yo, para desearle suerte, y ella para sentir que le transmitía ese deseo de encontrar su propio destino. En un modo u otro, las dos nos necesitábamos, y un abrazo no bastaría para soportar la larga jornada que nos esperaba a las dos. Otra vez estabas allí, conmigo. Otra vez estaba Korra, la niña, la mujer, el avatar.

-Adiós, Korra – fue de las pocas cosas que alcancé a decir antes de que tomara un atajo por detrás del corral de su mascota. Siendo cómplice, vigilé que ninguno de los guardias se hubiese dado cuenta de la fechoría que estábamos cometiendo. Empero, toda fechoría hecha en nombre del bien humano, no debería llamarse así.

Hace apenas un par de horas me despedí de Korra, y me encuentro aquí para contarte los porqués de mi carta en esta ocasión. Hay un par de cosas que presiento podrían pasar en su estancia en Ciudad República:

Sé que conocerá el amor, y le costará. El amor es difícil cuando eres joven.

Aprenderá que ser avatar no solamente es pelear, y entrenar dentro de una fortaleza. Desde que se crearon deportes y nuevas tendencias en la ciudad, Korra debe estar actualizada con los problemas de un mundo que está avanzando más rápido de lo que creí…

Esto será como en los viejos tiempos, cariño. Por ti, una vez más estoy dispuesta a emprender un largo viaje.

En cualquier momento amanecerá; los guardias y los maestros preguntarán por Korra, y tal vez sus padres hagan lo mismo. Debo recuperar mi fuerza para enfrentar a esas cabezas duras.

Sé que querías un ambiente idóneo para ella, y que no sufriera los mismos conflictos que tú cuando aprendiste los elementos

¿Recuerdas los muros de Ba Sing Se? Protegían, pero evitaban el conocimiento. Y dime tú, cariño, ¿Qué es un avatar con poder, pero sin una chispa de saber, de mundo?

Con amor.

Katara.

*Aclaración: la palabra avatar es en masculino, aunque se use para una mujer (i.e., no se dice "la avatar", sino "el avatar". Cosas de gramática, culpen a la RAE).