Y sucedió en la Tribu Agua, como siempre.

Querido Aang:

Escribo para agradecerte por todo cuanto hiciste por mí el día de hoy, así como todo cuanto has hecho por mí desde que te fuiste. Pensarás que soy imbécil al escribirlo para el aire, pero al mismo tiempo me veo incapaz de gritárselo, porque los vientos son cambiantes y llevan mensajes a los lugares que menos deseamos; por lo menos cuento con la certeza de que mi carta sólo tú la leerás.

¿Por qué agradecer? Porque tú estuviste allí el día de hoy; estuviste sin que yo lo pidiera, pese a que me has vigilado desde tiempos lejanos, y tanto tú como yo nos hemos cubierto las espaldas mutuamente desde que tenías doce años. Hoy, y no sólo hoy, estuviste allí…

¿Recuerdas mis visiones previas durante el sueño, esas que después me agobiaban? Al parecer debí advertirles sobre ellas a Tenzin y a Korra, ya que esto influyó en ella, en mi alumna; Korra había perdido sus poderes a manos del enmascarado que tomó Ciudad República por un par de días, todo gracias a una habilidad desarrollada de la sangre-control. Al parecer, ese tal Amon había sido el hijo mayor de Yakone, el mismo delincuente con el que tuviste que pelear hace ya tanto tiempo. Todo tomó una tonalidad oscura en cuanto Korra rescató a Tenzin y a los niños de que Amon tomara sus poderes en un evento masivo que daría fin a la gran revolución anti-maestros ¿Sabías que, por breves instantes, el aire-control estuvo a punto de morir? Korra los rescató, aunque tuvo que arriesgar el control del agua, la tierra y el fuego. El aire control ahora lo domina con suma facilidad; sin embargo, sucedió que llegó hacia mí unos días después de que Tenzin me avisase sobre la llegada y la situación crucial. ¿Sangre control? No podía usarla en ese momento, y no a mi edad.

Unas horas después de su aterrizaje, Oogi bajó a los establos para descansar del largo viaje, cosa que todos los acompañantes de Tenzin y Korra debieron haber hecho. Pero no lo harían de inmediato, o no hasta que les diera un diagnóstico. Fue cuando ella entró en la habitación para una sesión de curación extenuante que comenzó justo en la noche, llevándonos así una madrugada nada fructífera.

En cuanto la luz comenzó a manifestarse, sus ojos miraron temerosos hacia los míos, y entendí la impotencia que nos invade cuando la respuesta no nos convence.

-Lo siento, Korra. Yo no…

-¿No puede? – preguntó con la brusquedad propia que genera la desesperación, así como la impotencia, justo aquella que se crea al intentar buscar mil y un respuestas en el vacío – Pero usted es la mejor curandera que ha pisado nuestro planeta… ¡Lo puede lograr!

Viré hacia la pared; había hecho todo lo que mis poderes oxidados podían lograr, ya que no era una jovencita de quince años, y no lo volvería a ser. De repente Korra se llevó las manos al rostro en señal de derrota:

-No, esto no puede estar pasando – susurró, tanto así que apenas la escuché.

-Por más que intentemos escribir nuestras historias, en ella caen manchas de tinta accidentalmente, aunque nosotros no lo hayamos querido así.

Tal vez pensó por un instante lo que le dije, ya que no cruzamos palabra por una eternidad, que apenas debieron ser unos cuantos minutos o la mitad de alguno de ellos.

-Pero…p… pero ¿Podré recuperarlos algún día?

-La conexión se ha roto para siempre. Empero, el aire control lo conservas íntegro, y no entiendo muy bien el por qué.

-No… no…

Seguía en la actitud de negación, aunque pronto pasó a ser algo más que sólo enojo y frustración reprimida hasta la médula.

Volvió a ponerse la blusa, así como las botas y el resto de su indumentaria. Dicen que un médico entierra sus errores, pero en mi caso fue, más bien, una terrible falla, un error garrafal, que me da mucho en qué pensar. ¿En verdad Korra merecía esto?

Abrí la puerta de la habitación, dando hacia la sala en donde todos esperaban un diagnóstico alentador; sólo les llevé malas noticias, e incluso Lin me pidió que intentara de nueva cuenta, pero expliqué que ya no podía hacer más por Korra. Ella, sin brillo en sus pupilas, emergió de entre las sombras del cuarto.

-Todo estará bien – Tenzin trató de reconfortarla.

-No es así – contestó Korra justo antes de tomar su abrigo y de salir a la nieve. Más adelante, uno de sus amigos iría detrás de ella por alguna razón que desconozco; Tenzin quería averiguar las intenciones del chico, pero le pedí que mirara desde el umbral de la puerta.

Sin embargo, Korra salió huyendo tan pronto como pudo. En el lomo de Naga ella se sentía llena de seguridad, aunque ella necesitaba algo más que sólo un buen abrazo de oso.

-¿Hacia dónde se fue Korra? – preguntaron Tonraq y Senna, quienes poco tiempo después se dieron cuenta de que su pequeña hija había escapado. Al principio todos querían inculpar a Mako, mas yo intervine para restablecer un poco de orden entre el aquelarre:

-Muy bien, es suficiente. Ella necesita algo más que tiempo para pensar, y créanme cuando les pido que le den un espacio a solas; Korra acaba de perder un trozo de su identidad, y ustedes saben que si nos perdemos a nosotros mismos, estamos acabados para siempre.

-¿Y qué tal si hace una locura mayor? – preguntó desesperado ese joven llamado Mako, quien parecía estar sumamente consternado con el estado de Korra. Ambos cruzamos las preguntas que llenaban nuestras miradas, y aunque no cruzamos las palabras por sí mismas, salimos de nueva cuenta al patio para observar el panorama.

-Maestra Katara ¿Sabe en dónde está ella?

¿En dónde estaba? La pregunta primordial, cuya respuesta era lo que más deseaban todos en la sala, incluso yo. Pese a que no nos encontrábamos en una tarde repleta de vientos, un vendaval repentino nos sacudió los ropajes, mandando a volar la bufanda roja de Mako, y revolviendo la capucha de mi abrigo. ¡El viento! Y de la nada se manifestó una visión:

Aparecías tú detrás de una nevada brumosa que te hacía parecer una sombra en medio de la blancura del polo; justo entonces se manifestaba el estado avatar, en tanto me decías un sinfín de veces "Ahora es mi turno".

¿Tu turno?

Comprendí, pues, lo que estaba sucediendo.

-¡El acantilado! ¡Korra debe estar en el acantilado! – exclamé casi de manera epifánica.

-¿El qué?

-¡El acantilado! Es un lugar al que solía llevar a Korra a entrenar, y en ocasiones hacíamos pequeños días de campo en ese sitio. Saliendo de la fortaleza, tomas tu lado derecho, y a partir de allí encontrarás el acantilado detrás de unos montículos.

Mako no tenía la menor idea de lo que hablaba, pero pareció entender mi indicación pese a sus ojos que aún guardaban signos mayúsculos de interrogación. Corrió tanto como sus piernas se lo dejaron, y Tenzin salió en ese momento.

-¿A dónde va, madre?

-A buscar a Korra.

-Contéstame una cosa, madre. ¿Te arrepientes de dejar que Korra fuera a Ciudad República?

-Contéstate a ti mismo, hijo. ¿Te arrepientes de que haya salvado a Ciudad República?

Al silencio que habíamos creado le siguió un vientecillo juguetón, que apenas si levantaba nuestros abrigos.

O-O-O-O-O-O

Ella, la sangre control, sólo había traído problemas severos a mi vida.

En cuanto Korra cumplió los diez años, los maestros me autorizaron para mostrarle a mi pupila una técnica que se consideraba prohibida; podríamos ir a la cárcel si la llevábamos a cabo en el lugar erróneo y en el momento menos indicado, por lo que me asignaron al avatar una noche de luna llena, so pretexto de que las olas salvajes se tomaban solamente en ese tipo de ocasiones. No obstante, algunos de los otros maestros de Korra invitaron a los guardias de la Orden de Loto a beber cantidades industriales de jugo de cactus, lo que les dejó azorados por el resto de la noche. Entonces Korra y yo pudimos conversar a nuestras anchas, claro, con la previa autorización "bajo el agua" de Tonraq y Senna.

-Lo que te voy a enseñar, Korra, no es más que un crimen – le dije –. Si tienes suerte, jamás lo habrás de usar, y en los casos necesarios, desata todo tu poder con esto.

-¿Qué es lo que me va a enseñar, Maestra Katara? – preguntó.

-Es la mayor técnica del maestro agua, pero úsala si tu vida corre riesgo, porque además es un delito usarla…

Pensé que ella no sabía de lo que hablaba; no obstante, su reacción de miedo me hizo creer que quizás sus padres le habían contado sobre la rara habilidad.

-¿Sangre control? Podría ir a la cárcel si la uso ¿Por qué me la enseña?

La miré de reojo, y proseguí.

-No puedes saber lo que es el día, si no sabes lo que es la noche. Y aunque conocemos la noche, somos capaces de equilibrar la luz y la obscuridad dentro de nosotras mismas; debes conocer el mal si quieres saber cómo acabar con él.

-¿Y alguna vez la utilizó?

Asentí con la cabeza.

-¿Y por qué quiso que fuera un delito?

-Porque sólo nosotros debemos gobernarnos a nosotros mismos. Usar la sangre control puede llevarte a graves consecuencias, e incluso podrías enloquecer por el poder…

El poder…

Tal vez el joven Amon encontró un modo distinto de canalizar la sangre control. Su padre era el criminal más buscado y temido de toda la ciudad, y cabe recordar que casi acababa contigo…

En pocas palabras, la sangre control sería un excelente instrumento si se supiera canalizar de mejores maneras (para el bien de los hombres), y lo único que logramos hacer con ella es herir a nuestros semejantes. Lo más increíble es pensar en cómo se pueden tomar las habilidades de un individuo con el poder de un solo dedo, de una sola extremidad tan diminuta como lo es el dedo pulgar, y aún más, con la sangre control. ¿Qué clase de genio se debe ser para desarrollar una técnica similar a ella? En cuanto Tenzin me reportó la situación por la que Ciudad República atravesaba, así como los peligros en los que Korra se había expuesto, no pude evitar pensar en las ocasiones en que Ty Lee había bloqueado nuestro Chi. ¿Perder los poderes para siempre? Era perderse a sí mismo, en el caso de los maestros.

O-O-O-O-O-O

El guardia de la puerta se encargó de traernos algo de té para hacer más llevadera aquella agonía. En ese momento entró Korra junto con Mako, aunque la expresión de sus rostros ya no era dolorosa como antes:

-¡Mis poderes regresaron! – exclamó.

-¡¿Qué?! – todos los demás viraron en sorpresa.

-¡Mis poderes, están de regreso!

-¿Pero cómo? – ni yo misma lo podía creer.

-¡Él estuvo aquí! ¡Él estuvo aquí! Logró restablecer mis poderes. Dijo que finalmente había conectado con mi lado espiritual, lo cual es cierto, porque jamás lo había podido ver… hasta hoy.

-¿De quién hablas, Korra? – terció Tenzin

-De Aang. ¡Él restableció mis poderes!

Para muestra de ello, Korra sacó de nuestras tazas el té que en ellas se encontraba; creó una pequeña llamarada de fuego, así como un tornado de aire en menor escala. Todos se llenaron de júbilo, e incluso parecía que había obtenido la habilidad de regresar los poderes a todos aquellos que lo habían perdido.

¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo?

Mientras todos permanecían alrededor de Korra, jalé al joven de la bufanda, y entonces pregunté:

-¿En dónde fue que diste con ella?

-En el punto exacto que usted me señaló. Entró en estado avatar y dominó los cuatro elementos; fue increíble.

La algarabía era inmensa, e incluso Korra le regresó sus poderes a Lin, cosa que ninguno de todos los presentes (salvo yo) había visto en su vida. En cuanto la hija de Toph hubo recuperado sus poderes, yo me dirigí a un lugar que me debía algo más que sólo un segundo…

En tanto todos cenaban durante la tarde, y una vez que terminé mis alimentos me encaminé hacia el acantilado donde Korra me indicó, y supe de inmediato que dicho sitio era el mismo que solía frecuentar cuando todavía no llegaba ella a mi vida, y en donde sentí, por unos instantes, que en verdad estábamos tú y yo en contacto. Es posible que lo estemos, y yo me resigno a pensar que no es así para mortificar mi propio espíritu; pero yo estoy consciente de que estamos unidos, y que los lazos jamás se rompen, tal como me habías dicho el día que nos casamos. Lo recuerdo aún, y cabe la posibilidad de que esté en lo correcto, ya que mi memoria anciana cuenta con fallas notorias recientemente.

Y ¿Sabes? Estoy feliz de que todavía siga aquí frente a este atardecer; me alegro al saber que en mí había una parte muy hermosa, y considero una de las mejores que todavía conservo: los reflejos y el recuerdo de ti.

¿Cuándo fue la última vez que soñé contigo? Sería asombroso que volvieras a juguetear entre ellos… Aunque, como he dicho antes, sólo es polvo en el viento, tal como estos últimos dos meses.

¿Qué otras sorpresas me esperan próximamente, cariño? No me digas la respuesta, porque yo trataré de descubrirla.

Solamente le pido a Yue que si te ve, te cuente que por aquí todo está bien… Y lo estará por mucho tiempo.

Eso me alegra; que ambos estamos viendo la misma luna, y eso nos acerca ¿Sabías?

¿Cuándo?

Con todo mi amor.

Katara.


Epílogo.

Observo que sus mechones castaños ya dejaron de serlo. Hay un hermoso contraste entre la nieve y la experiencia que pinta su cabecita blanca, y en una parte me lamento por no estar a su lado en estos momentos. No obstante, la historia sigue, y aunque sé que no me ve, ambos estamos construyendo castillos de nubes bajo cielos estrellados justo ahora.

De repente voltea hacia donde estoy, pero no sabe que aquí me encuentro escuchando su respiración; sé que me sigues pidiendo la respuesta a un "cuándo", y en tanto, te has descobijado. ¿Qué tan pronto deseas que volvamos a estar juntos?

Cubro tus brazos morenos ya vencidos, al igual que esa expresión en tu rostro que comienza a hacerse una curva de felicidad.

Aquí estoy, cariño; quiero recordarte con esa sonrisa mientras espero a que llegues, pero de momento déjame cobijarte, y cantar aquella canción de cuna que solían amar nuestros hijos ¿recuerdas?

Aquí estoy cariño, te lo pido, mientras retiro los mechones de rostro, e imprimo en él un beso. Entonces llega el sol, y sé que debemos irnos. Aún debes luchar, aún te queda una última batalla antes de que toques la puerta y pruebes el polvo.

Sé que pensarás que todo fue un sueño, una mala jugarreta espiritual, y en parte lo es. Empero, yo sé que aquello no fue así. Búscame en el acantilado cuantas veces gustes, que allí estaré para ti; nómbrame sin más aunque no te dirijas a ese sitio, pero esfuérzate en que tus labios digan mis cuatro letras cuando te estés sofocando, cariño.

No te rindas por favor no cedas,

aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se ponga y se calle el viento,

aún hay fuego en tu alma,

aún hay vida en tus sueños,

porque cada día es un comienzo,

porque esta es la hora y el mejor momento,

porque no estás sola,

porque yo te quiero.

(Mario Benedetti – No te rindas, fragmento)

Continuará…

Agradecimientos a todos y cada uno de ustedes, y dedicado en especial a Ariy Avatarbender, Marivi, Diaang, GirlBender, ya que el fanfic no habría llegado tan lejos de no ser por ustedes.

Pronto esperen "Azul", pues ¿Por qué más pondría el "Continuará" que más arriba coloqué?