Debería estar acabando de leer "Memorias del subsuelo". Ahora saben qué es lo que no estoy haciendo. Esta noche trabajaré en dos o tres capítulos de este fanfic, para pronto subirlos y no dejar la historia descuidada; me están esclavizando este semestre.

Capítulo 9: Contigo aprendí.

Querido Aang:

He fijado mi vista en un par de hechos curiosos, y mis pensamientos en fenómenos que aún viven en el pasado, y yo soy éste.

Hace seis años no tomaba la tinta y el pergamino para escribirte y hacerte saber todo lo que pasa aquí; no hay mucha novedad en una mujer como yo. Recién recibí un mensaje de parte de Tenzin en el que me hace saber que ha nacido su tercer hijo esta semana; es un varón que lleva por nombre Meelo. Hace dos años recibí una llamada desde la torre de comunicación de la Tribu Agua del Sur, donde me hizo saber del nacimiento de Ikki, tu segunda nieta, y una hermosa maestra aire (en palabras de tu hijo). Tenzin ha aprendido a hacer su vida, aunque muy en el fondo sé los motivos por los cuales no ha puesto un pie desde la última vez que vino por aquí.

Fue justo antes de irse, hace seis años. Me especificó que regresaría cuando Korra estuviera en edad de aprender el aire-control, y hasta entonces lo volvería a ver. Así como mis visitas no han sido constantes a Ciudad República, sus visitas, las de él, son escasas (por no decir que en ambas partes, la acción es nula).

Miles de cosas, horas y segundos transcurrieron desde que optamos por mantener nuestros recuerdos en la mayor calma posible.

Suena un viejo radio de los guardias de la Orden de Loto. Por increíble que parezca, a veces reconforta escuchar las tonadas de moda en Ciudad República, y justo ahora suena una que pareciera estar en desuso o para la nostalgia; una para mí, supongo. Nostalgia, tiempo. Son casi sinónimas.

Contigo aprendí a ver la luz del otro lado de la luna…

Kya se había casado, y los músicos tocaban esa melodía que me trae al guardián de la memoria. Hiciste berrinche paterno al saber que tu pequeña niña se iría lejos; después de enojarte, y finalmente aceptar la realidad, el día de la boda accediste a disfrutar la continuidad de la vida, tanto la propia como la de tu hija.

Pronto caería la noche, y varios de los invitados se habían ido; el sujeto del corno y el instrumentista de las cuerdas afinaban sus instrumentos. Habían sido tantos los invitados que jamás logramos bailar una pieza. Fue entonces cuando pediste mi mano, y pediste que te concediera una pieza. Salimos pues, a bailar.

¿Cuándo habías rebasado mi estatura? Nunca descubrí la respuesta, y aquella vez detrás de ti resplandecían Yue, las estrellas, y la mirada de un niño de doce años; del niño que yo aún amo, y supe entonces que siempre amaría y había amado.

¿En qué estaba? Cierto. Hoy te escribo por una razón sencilla; no sabía en dónde resquebrajarme. Había evitado hacerlo durante muchos años, y después de todo este tiempo lo he logrado en el pergamino. Hoy Korra duerme mientras yo escribo; hoy Korra cumplió doce años.

Con cada día que transcurre, ambos comparten rasgos comunes, y es por ello que considero que todos los avatares siempre están juntos; es por ello que creo en el poder de más vidas.

¿Crees que miento? Ambos dejan su ropa en el suelo, se sorprenden con las luces de grandes ciudades, incluso si no las han visto; ríen, lloran y aman la naturaleza. Pese a que ella posee un carácter rudo y decisivo, los dos son los seres más sensibles que conozco.

Tuve que cobijar su sueño nuevamente (por tercera vez en la hora en que llevo escribiendo), y me siento para contemplar el vaivén de su respiración. Y pensar que ella es aquella pequeña que me invitó a andar en trineo pingüino el día de hoy.

Había acompañado a Korra a visitar a sus padres para festejar su cumpleaños doce. Tonraq y Senna, amablemente, me recibieron como usualmente lo hacen. Conversamos y compartimos varias anécdotas, y en el ocaso tuvimos que regresar. Korra regresó feliz junto con Naga (su mascota que, parece ser que será su animal guía. Un animal rarísimo de la Tribu Agua que nadie ha logrado domar salvo ella); el perro oso-polar comía carne de foca que Korra le proporcionaba en pequeños trozos, y ella veía las tarjetas de pro-control que su padre le había traído de Ciudad República. La pequeña se ha hecho aficionada a estos encuentros deportivos, y Tonraq supo que su hija las amaría.

Al estar de camino a la fortaleza, vimos a un pingüino caminar con rumbo hacia la colina; se deslizó de barriga, y Korra lo vio como algo gracioso. Con todo el tiempo que pasa entrenando, rara vez se daba el lujo de observar a los pingüinos.

-¿Se podrían utilizar pingüinos para deslizarse? – preguntó, asombrada y divertida con la imagen.

-Así es. Y de hecho, existe algo llamado "Trineo pingüino" – susurré.

-¿Trineo pingüino?

-Atrapas un pingüino, y luego lo montas; él se deslizará sobre su pancita.

-Pero ¿Cómo puedo atrapar uno?

Saqué de mi manga un par de pescados que cargaba para alimentar animales en el camino; es una costumbre reciente.

-Es un arte legendario…. ¡Atrápalo!

Arrojé hacia sus manos uno de los pescadillos, y de inmediato varios pingüinos comenzaron a subir por la colina, dirigiéndose a Korra. Pronto ella se encontró rodeada de una gran horda de pequeños animales. Una vez que atrapó a uno de ellos, le di la indicación de deslizarse a lo largo de la bajada; es como si ella nunca hubiera sentido una diversión igual en tiempos pasados. Naga fue corriendo tras de ella, y al llegar a un pequeño lago de hielo grueso, tanto ella como su dueña fueron a resbalarse y a chocar con un montículo de nieve. Finalmente rieron.

-¡Maestra Katara! ¡Esto es lo mejor que existe!

-Lo sé. Yo solía hacerlo cuando era niña.

-Aún es como una niña, pero más grande. ¿Quiere andar en trineo pingüino conmigo?

La vi con esa sonrisa amplia, la que usa cuando algo es fascinante para ella; Naga la lamía mientras yo comenzaba a tartamudear. Fue cuando Senna llegó:

-¡Korra! ¡Olvidaste llevarte…

Vio cómo veía a su hija; notó mis ojos vidriosos.

-¡Mami! – giritó Korra, subiendo en dirección nuestra.

-Olvidaste unas galletas que también trajo tu padre de la ciudad. Disfrútalas. Y también estas son para usted.

Me dio un paquete de galletas frutales, tus favoritas. ¿Cuándo acabaría con esto?

Senna se retiró, y volvimos a despedirnos. Agradecí por el pequeño obsequio, e intenté que Korra olvidase de una vez la idea de ir con ella en trineo.

Parecía que todo se había olvidado; ella se preparaba para dormir, y justo antes de que durmiera, me preguntó:

-¿Y cómo se siente tener tantos años? ¿Es bonito?

-Es hermoso si sabes cómo vivir.

-¿Y usted ha tenido una buena vida?

Lo medité por un instante, y una imagen vino a mi mente; el baile en la boda de Kya.

-La mejor – respondí.

-¿Y qué es lo malo de vivir tanto?

-Que varios recuerdos duran muy poco tiempo…

La niña entonces se fue a dormir, y volví a desearle un feliz cumpleaños. Intenté conciliar el sueño, pero no pude. La cama me escupía en cada ocasión que estaba por perderme de la realidad, y volvía a caerme en mí. ¿Qué me estaba ocurriendo?

Fue como vine a dar aquí; a ti, a quien puedo sentir a mi lado, y cuyo abrazo es distante y helado. Si bien mi vida ha sido hermosa, tiene una gran desventaja; aún no lo conozco todo, mas ya me he estado preguntando lo mismo desde varios años atrás:

¿Cuándo?

Katara.