Rendirse

— Katniss en serio no es necesario esto. Quiero que te quedes.

Katniss miro esa cara de angustia y no pudo hacer nada más que sonreír y firmar la carta de renuncia.

—ya hablamos de esto Chaff, sabias que una vez que la base de datos estuviera operativa y actualizada me iría. —dijo Katniss extendiéndole la carta firmada.

Chaff miro la carta por un momento y soltando un suspiro derrotado la tomo.

—Sabia que Clove me metería en problemas— dijo por lo bajo.

Katniss soltó una risita.

—no culpes a Clove de todo, siempre pudiste decir que no —se encogió de hombros y se puso de pie.

Chaff se quedo en silencio sin saber que responder.

—Entonces ¿no hay nada que pueda hacer para que te quedes? —cambio de tema.

Katniss sonrió.

—No no hay nada que hacer. —tomo su bolso, lo colgó en su hombro y extendió su mano hacia Chaff. —Fue un gusto conocerte Chaff, hasta que te metiste en mi vida —dijo seria.

Chaff bajo la cabeza y enrojeció de la vergüenza.

Katniss no lo dejo explicarse, no era relevante para ella. No quería escuchar disculpas vacías y fingir que las aceptaba y que todo estaba bien, era demasiado para ella.

Salió del despacho de Chaff directo hacia la calle, estaba todo listo, días antes había sacado sus cosas y ya no tenía nada más que hacer ahí.

Camino con paso decidido y garbo hacia la salida. Se sentía tan aliviada de haber dejado eso atrás. Ya que al saber que su trabajo había sido planeado por otras personas y no por sus capacidades la hacían sentir enferma, como si de cierta forma fuera parte de todo eso.

Salió a la calle y alzo la cabeza y cerró los ojos recibiendo el cálido sol primaveral. Era increíble pero se sentía libre. Tomo un taxi hacia su departamento ya que su auto estaba en el mecánico e hizo el viaje de vuelta a su hogar más feliz en mucho tiempo.

En cuanto puso un pie en su departamento sonó su teléfono. Rodo los ojos, pero sonrió. Se quito los zapatos y se dejo caer en el sofá para rebuscar en su bolso y contestar. No se preocupo de que cortaran si no contestaba de inmediato no cortaba hasta que saltaba al buzón y volvía a llamar.

—Hola— dijo con una sonrisa en los labios y tono suave.

—Hola amiga— le contestaron con voz risueña.

Katniss puso los ojos en blanco.

—¿Qué pasó? —pregunto al grano.

Peeta soltó una risita.

—Nada, ¿por qué? ¿A caso no puedo llamar a mi amiga Kat para saber como esta? —pregunto haciendo el inocente.

La chica rodo los ojos como si él pudiera verla.

—Si puedes— dijo Katniss— pero esta es la sexta vez que llamas para saber cómo estoy— tenía una sonrisa en los labios que Peeta no podía ver.

El chico rio escuchándose completamente culpable.

—Bueno, realmente quiero saber cómo estas —susurro con voz apenas audible.

Katniss rio.

—¿Quieres saber como estoy o si lo hice? —pregunto Katniss con suspicacia.

—Oh apropósito ¿Lo hiciste? —pregunto Peeta tratando de sonar casual.

Katniss se carcajeo.

—Peeta, sabias que no eres nada discreto en preguntar —dijo Katniss riendo.

Katniss rio al escuchar bufar a Peeta.

—Sí, lo hice, renuncie. —declaro cuando su risa se calmo.

Se escucho suspirar a Peeta.

—Siento que hayas tenido que hacerlo —susurro Peeta.

Katniss frunció el seño, pues sonó como si Peeta considerara que era su culpa.

—No lo sientas, después de haber salido de ahí, me siento mucho más tranquila —dijo Katniss aun con el seño fruncido.

—Puede ser, pero has tenido que dejar de lado una muy buena oportunidad por causa de mi hermana y de mí… —susurro apenas audiblemente la última parte.

—Peeta— dijo Katniss en tono de advertencia— ya hemos hablado de esto. No puedes culparte por las decisiones que toman los demás.

Lo escucho suspirar del otro lado de la línea.

—lo sé, es solo que no puedo dejar de pensar en el buen trabajo que dejas por causa de mi hermana y me enferma todo esto. —resoplo frustrado.

—Tranquilo Peeta, ya paso. Dime ¿Cuándo vuelves? —pregunto Katniss tratando de cambiar de tema.

—Mañana por la noche. Las cosas estaban mejor de lo que pensaba, después de todo Pollux no es tan ineficiente como creí. De hecho me ha sorprendido bastante, por lo menos no tiene en la ruina mi negocio.

Katniss rio.

—Eso es genial. Me alegro mucho —dijo aun con una sonrisa en los labios.

Peeta se quedo en silencio y después de un momento suspiro tomando valor.

—Kat, te parece si cuando vuelva nos juntamos, es decir, salimos —pregunto un tanto nervioso.

El primer impulso de Katniss fue tomarle el pelo, diciéndole tal vez, que lo pensaría o que salían todo el tiempo. Pero en cambio respondió con naturalidad.

—SI, me gustaría.

Cuando Katniss colgó el teléfono se recostó a lo largo del sofá y cerró los ojos.

Pensó vagamente en la llamada que recién había recibido. Y sonrió pensando en lo irónico de la vida. Si hace tiempo atrás alguien le hubiera dicho que Peeta estaría llamándola más de 5 veces al día cuando no estaba cerca de ella para saber cómo estaba, hubiera rodado los ojos. Es más si alguien le hubiera dicho que ella estaría bien con eso e incluso esperando esas llamadas se hubiera reído en su cara. Pero así era.

Inevitablemente su mente bajo hacia tres un mes y medio atrás, cuando la bomba que estaba alojada en su interior exploto.

Todas las señales estaban ahí, pero ella no las vio. O lo más probable era que no haya querido verlas. Era casi inaudito que Cinna tuviera que decirle en la cara lo que sentía. No descubrirlo ni mucho menos aceptarlo por ella misma.

Pero Cinna tenía razón, siempre la tuvo. Y ella también lo supo. Lo supo cuando salió derrotada del apartamento de Cinna y al llegar al suyo Peeta no estaba. Su corazón latió frenéticamente, un sudor frio le cubrió la frente, las manos le temblaban, un nudo se formo en su estomago. En simples palabras estaba teniendo un ataque de ansiedad por el solo hecho de no verlo ahí. Se desespero pero todo eso de evaporo como por arte de magia cuando lo encontró tratando de llegar al primer piso por las escaleras.

Soltó un bufido a la vez que se sonrojaba de vergüenza. En ese momento se sentía tan estúpida y egoísta al recordar lo que intento hacer.

Sabía que Cinna tenía razón. Ya no sentía lo mismo, aun no sabía en qué momento eso había cambiado, solo que cuando Cinna se lo dijo, la verdad de esas palabras le cayó de forma arrasadora. Pero no tenía argumentos para discutirlas. No podía hacer nada para cambiarlo y lo único que sintió fue… miedo. Terror. Porque en el momento en que esas palabras llegaron a sus oídos, un montón de imágenes de lo que le sucedió en el pasado llegaron a su mente. Cuando se enamoro de ese hombre, cuando fue rechazada y relegada como un objeto sin importancia ni aprecio. Al igual que las sensaciones pasaron por su corazón. El dolor, la esperanza, la desilusión la resignación y el vacio.

Su primer impulso, el de supervivencia que todo humano posee fue el de protegerse. No quería volver a sufrir.

Por eso quiso quedarse con Cinna. Por eso trato de retenerlo a su lado. Él era lo más bueno y constante que le había pasado. Lo necesitaba con ella. Necesitaba la comodidad que otorga la seguridad ya que si se quedaba sin él no podría lidiar con todo.

Se sintió horrible al pensar en Cinna como la opción más viable emocionalmente, la que no la haría sufrir. Pero en su defensa podía decir que estaba haciendo lo que el mismo Cinna le había enseñado. Preocuparse primero de su felicidad y seguridad. Y después preocuparse del daño colateral.

Ella estaba segura que estaría bien con Cinna, además él merecía estar con la persona que él amaba. Pero después, mientras escuchaba sus palabras comprendió que no tan solo necesitaba estar con quien él amaba. Sino también con quien lo amara a él con la misma intensidad y entrega.

Por eso, en acto de valentía o simplemente en un impulso, decidió dejarlo libre.

Todo pasaba por la empatía.

Ya que en el segundo en que se planteo si le gustaría que alguien quisiera estar con ella porque era lo más seguro. Sintió que su corazón se estrujó. No podía hacer lo que no quería que le hicieran.

Cinna le había enseñado a perdonar, a amar, a sentir. Lo había aprendido casi todo de él. Entonces necesitaba seguir sin él. Vivir. Tomar sus propias decisiones. Equivocarse y acertar. Todo, pero por su cuenta en base a sus elecciones.

Cinna merecía a alguien mucho mejor que ella. Y esa certeza la dejaba tranquila. Con la esperanza de que la encontraría en algún momento.

Se levanto con pereza del sillón y camino a tientas hacia su cuarto. Estaba cansada de resistirse a lo que sentía y quería.

Necesito recordar todo lo que había hecho, para saber que ella no era perfecta, que había cometido errores. Había mentido, engañado, manipulado. Pero ya no se torturaba por eso, solo aceptaba las consecuencias de sus actos. Por eso es que tenía la certeza de que podía dejar el miedo atrás y hacer lo que hace mucho tiempo quería.

Se dejo caer en la cama con una sonrisa en sus labios. Tal vez se equivocaba. Rio audiblemente al ser consciente de que ya no le importaba si se equivocaba, porque ahora sabía que tenía la suficiente entereza y fuerza para recuperarse y levantarse si se equivocaba.

Se cubrió la cara con las manos, sofocando su risa. Estaba decidida. No iba a esperar más.

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Annie entro en la clínica sintiéndose una ladrona. Observo con hacia todos lados como verificando que estuviera despejado y avanzo hacia la recepción. Dio su nombre y se sentó a esperar su turno.

Dejo caer la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Se sintió culpable faltar a la promesa que le había hecho a Finnick. Habían hablado muchas veces la situación y él le había hecho prometer que no buscaría más médicos para que la analizaran buscando algo mal en ella.

Suspiro. Él no lo entendía, necesitaba una razón. Necesitaba saber el por qué no podía quedarse embarazada. Los diagnósticos que le habían entregado no le servían, era imposible que todo estuviera fisiológicamente bien en su organismo pero aun así no podía concebir. Necesitaba que le dijeran claramente, que no podía ser madre. Para terminar con la tortura de la incertidumbre que la embargaba. Necesitaba que le dijeran "No. No puedes tener hijos" para así ya no tener esperanzas.

Se sobresalto cuando sintió a alguien sentarse a su lado. Se giro y bufo audiblemente al ver quién era.

Era un mujer de alrededor de 25 años. Tenía piel clara y cabello rubio. Estaba ojerosa y delgada. Pero lo que sintió como una bofetada en su rostro fue su estado. Estaba embarazada, tenía una barriga enorme, fácilmente se podría decir que tenía 8 meses de embarazo.

Parecía que el destino se burlaba de ella. Desvió la mirada del vientre abultado y cerró los ojos tratando de quitar esa imagen de su cabeza.

No lo entendía, ¿Realmente era posible desear algo con tanta fuerza y no poder conseguirlo?. Frunció los labios tratando de retener el nudo en la garanta.

Volvió a mirar el vientre abultado. ¿Qué se sentiría tener el vientre de esa forma? Con una vida en su interior. Hizo su mano un puño para no tocarlo.

Miro a la chica y se sobresalto al descubrir que ella la miraba.

—¿Quieres tocar? —dijo ella con una leve sonrisa.

Annie frunció los labios. No debería.

Extendió sus largos dedos temblorosos y acaricio el vientre de la chica. Cerró los ojos por el contacto. Se sentía firme, cálido y… vivo. Abrió los ojos de golpe cuando sintió una patada en su mano.

La chica soltó una risita. Por la cara de espanto de Annie.

—Le agradas —declaro ella.

Annie la miro con escepticismo.

—Es cierto. Cuando alguien no le agrada se queda quieta como una estatua —dijo con una sonrisa en sus labios. Acariciando a su bebe.

Annie sonrió, pero una lágrima se resbalo por su mejilla y sin permiso volvió a posar su mano sobre el vientre.

—¿Es niña? —pregunto con voz temblorosa. Y volvió a sonreír cuando sintió otra patada.

—Si…. ¿Ves le agrada hasta tu voz? Por eso esta simulando que soy una pelota a la que golpear… —iba a agregar algo mas pero la enfermera las interrumpió pidiéndoles disculpa por un retraso del doctor.

—Te parece si vamos a la cafetería del frente —invito la chica con una sonrisa—mi nombre es Prim —dijo tendiéndole la mano.

Annie sonrió levemente y correspondió el saludo.

—Annie— sonrió y la ayudo a ponerse de pie.

Caminaron en silencio hacia la salida. Annie volvió a ayudarla a sentarse y luego tomo lugar en frente de Prim.

—Y bien —dijo Prim— cuéntame tu historia Annie —dijo simplemente.

Annie frunció el ceño a la defensiva.

—No tengo nada que contar —dijo con voz firme y con la espalda recta.

Prim sonrió.

—Si tienes, tu mirada lo dice. A veces es mejor desahogarse con un desconocido, es más neutral.

Annie suspiro y miro la taza de café que había pedido.

Y sin siquiera pensarlo comenzó a hablar. Le conto todo, todo lo que había tenido que pasar visitando a diferentes médicos sin resultados. La esperanza cada vez que visitaba uno nuevo, la frustración al no tener respuestas claras. El miedo de no poder ser madre nunca. Hablo con tanta facilidad que ella misma se sorprendió de la forma en que salían sus palabras. Cuando termino soltó un suspiro que no sabía que estaba reteniendo hace tiempo. Se sintió tan aliviada. De que esa mujer desconocida la escuchara y no la juzgara diciéndole que tenía todo y que había cosas que no podría tener.

Luego de un momento Prim cuadro los hombros y suspiro como dándose valor.

—Bien. Estoy segura que eres la indicada. —declaro después de un silencio.

Annie alzo la cabeza con sorpresa.

—¿La indicada? —repitió con el ceño fruncido.

—Tu Annie, eres la indicada para cuidad a mi bebe. Te lo daré a ti —dijo con una calma escalofriante.

Annie se alejo apoyando su espalda en el asiento. Horrorizada.

—¿De qué estás hablando? —Pregunto con lagrimas corriendo por sus mejillas— ¿Estás jugando conmigo? ¿Estás loca?

Prim suspiro y se paso la mano ordenando su cabello.

—No estoy loca y no estoy jugando contigo. Ya te lo dije quiero que tu cuides a mi bebe, yo no puedo hacerlo —declaro con la mirada perdida.

Annie no daba crédito a lo que escuchaba. No podía creer que así de la nada le estaba regalando su hijo. Al verla podía pensar cualquier cosa de ella, menos que no quería a su hijo. De pronto su estomago se revolvió.

—No puedo creerlo —susurro mas para ella.

—Annie —dijo Prim tomando su mano— desde que me entere del embarazo he estado buscando a quien cuide de él. Me he entrevistado con un montón de mujeres pero ninguna me ha parecido la adecuada. Solo tu —susurro.

—No entiendo —tartamudeo Annie— ¿por qué quieres entregar a tu hija? ¿Por qué yo? Si no me conoces. Hemos hablado solo unas horas. ¿Y quieres entregarme a tu hija? —pregunto incrédula y después negó.

—te elegí a ti porque de todas las mujeres que he conocido en este tiempo. Tú eres la única que realmente desea ser madre con toda su alma. No porque ya estás en edad, o porque tu familia te lo exige, o es el último recurso para que tu matrimonio no se arruine. Tú lo deseas con tanta fuerza. Que lo mereces. Es lo único que quieres. Y lo quieres porque quieres sentir lo que es ser madre, quieres tener una vida dependiendo de ti, cuidarla y darle todo tu amor. Eso es lo que yo quiero para mi hija. Una madre como tú. —dijo con ojos llorosos.

Annie se quedo en silencio. Era verdad lo que decía respecto a ella. Quería ser madre porque tenía tanto amor que entregar.

—Eso no lo justifica —debatió en un susurro— ¿cómo puedes querer entregar a tu bebe? —insisto.

Prim suspiro y se paso una mano por su cara.

—Estoy muriendo —dijo simplemente luego de un silencio.

Annie la miro sin dimensionar el real significado de las palabras. Pero cuando pudo hacerlo se cubrió la boca con ambas manos tratando de acallar el sollozo que broto de su alma.

—¿Qué? No puede ser, debe haber algo que hacer. tú tienes que cuidar de tu bebe. —dijo desesperada.

Prim sonrió agradecida. Pero negó con pesadez.

—No se puede hacer nada Annie. Me diagnosticaron leucemia cuando tenía dos meses de embarazo y era mi bebe o mi tratamiento. No había nada que pensar.

—¿P-pe-pero no hay otra opción? Debe haberla —insistió Annie.

Prim suspiro.

—Estoy sola Annie, era hija única y mis padres murieron hace tiempo. Ellos también eran hijos únicos. No tengo más familia. Y yo moriré, por eso necesito que alguien cuide de mi bebe —hablo con una calma envidiable. Como si no estuviera hablando de que su vida terminaría.

—¿Y.. y… el padre? —pregunto en un susurro.

Prim suspiro y bajo la cabeza.

—No hay padre Annie. Yo nunca pensé en casarme, sólo quería ser madre. Así que Salí un día y conocí a un hombre y bueno concebí a mi hija —volvió a acariciar su barriga.

Annie la miro asombrada.

—¿Cómo has podido ser tan irresponsable? —le reclamo.

Prim se encogió de hombros.

—tenía un objetivo e hice lo necesario para conseguirlo. Estoy segura que tú hubieras hecho lo mismo en mi lugar.

Annie no pudo responder nada a eso.

—Por qué elegir la vida de alguien que no podrás cuidar. No te parece un poco cruel de tu parte dejar a tu hija sola en este mundo —pregunto sin anestesia Annie.

Prim sonrió no sintiéndose para nada herida con las palabras tan directas de Annie. Al contrario por eso pensaba que ella era la indicada. Según Prim la mujer tenía un letrero pegado en la frente que decía "Cuidado que pateo culos" eso era lo que necesitaba para su hija. Una mujer como ella.

—Porque quiero dejar registro de que pase por este mundo —dijo con ojos brillosos— no tengo a nadie y moriré, nadie me extrañara. Si mi bebe no quedara en la tierra cuando yo me vaya, es como si no hubiera existido— por primera vez en todo lo que llevaban hablando rodaron lagrimas por las mejillas de Prim.

Annie se quedo en silencio. Recordó lo bien que se sintió la patadita en su mano. Imagino como seria, su madre era hermosa, solo un poco desgastada por lo que ahora sabia, su enfermedad. Por una parte lejana de su mente paso el pensamiento de que alguien más lo cuidara y se desespero. No. Ella cuidaría a esa princesa que estaba por llegar.

—¿Cuándo nace? —pregunto Annie después de un momento con voz temblorosa.

Prim sonrió y acaricio su barriga con ternura.

—Tengo 32 semanas —dijo con duda en sus ojos —Así que, ¿qué piensas? —pregunto.

Annie suspiro y enderezo la espalda.

—Yo la cuidare —dijo solemnemente.

Prim soltó un suspiro de alivio y sonrió apoyándose en el respaldo de la silla. Sintiendo que por fin podía descansar.

Tomo ambas manos de Annie sobre la mesa.

—Gracias. Gracias. Estoy segura que no puede quedar con alguien mejor. —dijo llena de gratitud.

Siguieron conversando sobre el bebe. Annie le pregunto qué nombre quería que le pusiera, pero Prim respondió que ella seria la madre por lo que ella debía darle nombre.

Pasaron toda la tarde hablando sobre lo que venía para ellas. Annie había aceptado en un impulso. Desde el fondo de su interior surgió un instinto de protección que no pudo ignorar.

Suspiro sonriendo a Prim. Pero pensando en cómo le diría a Finnick lo que acababa de pasar. Frunció los labios imperceptiblemente, ya no había marcha atrás. Lo único que esperaba era que Finnick aceptara.

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Peeta miro la hora y resoplo. ¿Realmente era posible que hayan pasado solo 3 minutos desde la última vez que miro el reloj? Se paso la mano por el cabello ansioso. Pero detuvo su mano en la mitad del trayecto y se congelo. Saco su mano como si quemara. Había pasado como una hora tratando de ordenar su cabello y había conseguido que se viera aceptable, pero lo había arruinado en tan solo un segundo.

Bufo y negó repetidamente, su cabello y su paciencia eran un caso perdido así que decidió hacer lo único que podía hacer para calmarse un poco. Despeinar su cabello.

Eran las 7 de la noche y ya estaba listo. Recién bañado, bien vestido, perfumado y hasta hace algunos segundos atrás, peinado. Pero tenía que pasar a recoger a Katniss a las 8 30.

Se rio de sí mismo, no podía ocultar ni por broma el hecho de que quería ver a Katniss lo antes posible. Había intentado hacer de todo para distraerse y que el tiempo pasara más rápido. Trato de leer un libro, el periódico, limpiar la casa, ordenar sus cds por año y preferencia. Pero todo era imposible, ni siquiera se daba cuenta cuando su mente traidora lo llevaba a lo que Katniss estaría haciendo en ese momento. ¿Qué vestido usaría? ¿Qué color? ¿O tal vez usaría pantalones? ¿Su cabello lo llevaría suelto o en un moño? Él lo prefería suelto, ya que le era más fácil sentir su aroma. ¿Usaría tacos o zapatos bajos? Él prefería los tacos, se veía tan sexy con tacos además con los centímetros extra que ganaba con ellos su frente quedaba justo al alcance de sus labios y podía besarla sin ningún esfuerzo.

Se dejo caer en el sillón y cubrió su cara con sus manos. Realmente estaba perdido. Sabía que era posible, pero nunca había tenido esa convicción con tanta fuerza. Realmente no podía vivir sin ella.

Recordó el día que peleo con Cinna. Todavía juraba que había escuchado su corazón romperse cuando ella había tratado de detenerlo y finalmente se había ido con él. No pudo ni siquiera mirar la escena, por eso se hizo el inconsciente. Después trato de irse, por las escaleras ya que el ascensor demoraba demasiado y el necesitaba huir de ahí lo más pronto posible.

Le volvió el alma al cuerpo cuando ella lo detuvo en las escaleras y lo obligo a volver a su apartamento para curarlo.

Después de eso todo pasó demasiado rápido para él. Cinna dejo a Katniss, Cinna se mudo y Katniss estaba sola. Él ni siquiera tuvo que pensarlo, obviamente iba a estar ahí con ella, porque la amaba y ella se veía tan frágil. Y él ante todo, incluido de él mismo quería verla bien.

También le sorprendió, pero tampoco podía quejarse de que ella no busco a Cinna. Solo vivió el duelo correspondiente y después siguió con su vida.

Peeta no podía estar más contento por eso. Porque por un lado ella estaba bien y por otro eliminaba cualquier posibilidad de una reconciliación.

Él y Katniss se volvieron muy unidos después que Cinna desapareciera. Y cada vez la veía más receptiva a sus atenciones. Pero aun así no la presiono para pasar a algo más que no fuera amistad ya que si bien ya no estaba con Cinna y se veía bien, sabía que él había sido muy importante para ella y lo más importante, no sabía cómo se sentía ella respecto a él. Si bien era posible que Katniss sintiera algo parecido por él, también había una posibilidad de que ella solo lo quisiera como amigo. Esa opción hizo que un escalofrió le recorriera. Porque no podía siguiera imaginarse tratando de seguir con su vida sin Katniss o con ella como su amiga. No podría.

Además él no haría algo para incomodarla y también era muy consciente que Katniss poco a poco había cambiado su actitud con él.

Sonrió ante ese pensamiento. Ella sentía algo, no sabía qué pero estaba ahí. Lo podía ver en su cara cuando la pillaba mirándolo a hurtadillas. Él jamás menciono nada al respecto, no quería asustarla y sabía que necesitaba tiempo.

Por la última palabra, se volvió a mirar el reloj en la pared y sonrió poniéndose de pie de un salto. Pensar en Katniss siempre hacia que el tiempo volara.

Tomo las llaves y salió a recoger a Katniss.

En cuanto llego al edificio salió apresuradamente hacia el ascensor. Cuando estuvo frente a la puerta del apartamento, se detuvo a tomar unas respiraciones profundas para recuperar el aliento.

En cuanto Katniss abrió la puerta Peeta sintió que el aire se quedaba atascado en su garganta.

—Ho-hola —dijo torpemente cuando se percato que la estaba mirando mucho. Estaba gloriosa en ese vestido negro que se le ajustaba a la perfección. No provocador pero si incitador.

—Hola Peeta —dijo Katniss con una hermosa sonrisa en sus labios —voy por mi bolso y nos vamos —dijo indicándole que pasara.

Peeta asintió embobado e hizo mecánicamente lo que ella le indico.

El trayecto hacia el restaurante paso como una nebulosa para Peeta, iba casi flotando por la dicha de que Katniss fuera de su brazo.

Llegaron a un restaurante elegante, tranquilo y hermoso. Bastante cliché para las citas, pensó Peeta, pero ahí servían la mejor comida de la ciudad. Lo valía. Además tomando en cuenta lo que tenía planeado, el restaurante era lo de menos.

A llegar se sintió orgulloso de guiarla hacia la mesa y ayudarle a sentarse. Antes nunca hubiera hecho eso.

—¿Te gusta el lugar? —pregunto tratando de esconder su incomodidad.

Katniss sonrió con ojos brillantes.

—Es hermoso —dijo echando un vistazo a su alrededor— Nunca había venido aquí antes —declaro después de mirarlo todo.

Peeta sonrió.

—Lo sé —dijo simplemente.

Katniss lo miro y le sonrio.

—¿y como está todo en Seattle?—pregunto Katniss después de un momento de silencio.

Peeta hizo una mueca.

—Bien, el negocio marcha bien. Estuvimos estudiando la posibilidad de abrir una sucursal en otra ciudad. Y bueno pase a ver a mi padre. Está bien. —se encogió de hombros.

Katniss se mordió el labio como debatiéndose entre preguntar o no.

—¿Y has sabido algo de ella? —susurro mirando como pasaba su dedo por el borde de la copa de vino.

Peeta suspiro.

—No, papa no sabe nada de ella. Incluso llame a Cato y él tampoco sabe de Clove. Realmente parece que se la trago la tierra. —soltó un suspiro y bebió de su copa.

—¿tú, crees que tal vez fuimos muy duros con ella? —pregunto Katniss mirándolo con ojos angustiados.

Peeta sonrió levemente y negó.

—No Kat, Clove siempre ha tenido esa cosa rara conmigo. De querer controlar mi vida y yo antes siempre la había dejado, porque no era algo que realmente me molestara. Pero esta vez se paso, ya que no solo lo hizo conmigo sino también involucro a otras personas. No podía esperar que esta vez se la dejara pasar. Tarde aprendí que todos los actos tienen consecuencias. Es hora que ella también lo haga.

Katniss miro fijamente por un momento a Peeta y luego asintió y bebió de su copa.

En ese momento recibieron la cena y comenzaron a comer en silencio. Peeta atento a cualquier movimiento que hacia Katniss, por más mínimo que fuera.

Y Katniss se sonrojaba cada vez que Peeta la sorprendía mirándolo.

En algún momento de la velada el ambiente entre ellos cambio, paso de ser una cena entre amigos a ser una autentica cita. Con coquetería de parte de ambos.

Katniss miraba entre sus pestañas a Peeta y le sonreía.

Peeta por un momento se sorprendió de la actitud de Katniss, pero después solo se dejo llevar.

—¿Y qué piensas hacer ahora que has dejado tu trabajo? —pregunto Peeta mientras esperaban el postre.

Katniss se encogió de hombros.

—Supongo que buscaré otro trabajo —dijo con una ceja alzada y una media sonrisa.

Peeta soltó una risita y negó.

—En realidad —continuo Katniss— hace unos días me encontré con un folleto de la Universidad de Los Ángeles que promocionaba un diplomado muy interesante en literatura… —Peeta la interrumpió.

—¿Literatura? —Repitió ahora él con una ceja levantada— eso como que no tiene absolutamente nada que ver con lo que estudiaste —dijo con una sonrisa torcida.

—Lo sé, pero también sabes bien que la literatura es lo que siempre me ha apasionado —tenía los ojos brillosos.

Peeta sonrió por esa mirada. Hacía mucho tiempo que no la veía.

—Por supuesto que lo recuerdo. De hecho me extraño mucho cuando descubrí que eras administradora. Eso es todo lo opuesto lo que querías antes. —dijo con una sensación extraña.

Katniss se sonrojo y por primera vez en la noche bajo la mirada. Se quedo en silencio.

—Si, supongo que quería ser alguien totalmente diferente. —susurro sintiéndose culpable.

Peeta le tomo la mano y se la apretó cariñosamente. Entendiendo el sentido de sus palabras. Quería ser alguien diferente a lo que había planeado cuando eran amigos. Por primera vez desde hacía mucho tiempo, tener la certeza de que Katniss había querido borrarlo completamente, no lo destruía, por primera vez, solo lo lamentaba.

—está bien Kat, todos tenemos diferentes formas enfrentar las cosas.

Ella alzo la cabeza y sonrió, con los ojos brillosos.

En ese momento llego el mesero que hizo apretar los dientes con fuerza a Peeta otra vez. No le gustaba nada esa mirada evaluadora que le daba.

El garzón entrego la cuenta y se retiro sonrojado al verse descubierto por Peeta.

Él iba a tomar la bandeja con la cuenta cuando Katniss lo detuvo.

—Compartiremos gastos— declaro.

Peeta soltó un suspiro exasperado. Había tardado bastante en salir con su asunto de todos somos iguales.

—No Kat, yo te invite. Así que yo pago —dijo quitando rápidamente la cuenta de sus manos y poniendo su tarjeta de crédito.

—No importa quién invito. —Discutió Katniss— debemos compartir los gastos.

Peeta rodo los ojos.

—basta Kat, yo pagaré. Además tú debes cuidar tu dinero, recuerda que eres desempleada —dijo guiñándole un ojo y entregándole rápidamente la cuenta al mesero.

Katniss lo miro mal por un momento y después sus ojos brillaron.

—eso no es problema, además siempre puedo recurrir a mi papito para que me auxilie en caso que necesite dinero —dijo.

Peeta la miro horrorizado.

—Oh no Lord Everdeen no por favor —dijo fingiendo miedo. Katniss soltó una carcajada fuerte y luego se cubrió la boca. Cuando vio que todos la miraron.

—En serio Kat Lord Everdeen debe saber de una vez por todas que estamos en América y no en Londres. Porque todo aquí es tan burdo y de mal gusto —dijo imitando el acento inglés de Haymitch Everdeen cuando iban de camino a la salida del restaurante.

Katniss le golpeo el brazo.

—No te burles de mi padre —dijo tratando sin éxito de no reírse.

Peeta soltó una carcajada contagiando a Katniss.

—Y a propósito ¿qué es de Lord Everdeen, nunca te escucho hablar de él? —pregunto con curiosead Peeta.

Katniss se encogió de hombros.

—En realidad hablo con él como una vez por semana, pero la relación sigue igual de distante, incluso más ahora que volvió a casarse. —Peeta alzo ambas cejas— si, ¿No te lo había mencionado? —Peeta negó— se caso hace casi un año con su ama de llaves. Effie.

—¿Y cómo te sientes al respecto? —pregunto Peeta con cierto aire preocupado.

Katniss sonrió.

—Bien, creo que es bueno que Haymitch lo haya hecho oficial. Me deja más tranquila el saber que no esta tan solo —sonrió al final.

Peeta sonrió y negó suavemente.

—¿Dónde vamos? Este no es el camino a mi casa —dijo Katniss con el ceño fruncido.

Peeta rio.

—Por supuesto que no es el camino a tu casa. ¿Pensabas que la velada terminaría así sin más?

Katniss sonrió. Siguieron el viaje en silencio hasta que llegaron a un parque a las afueras de la cuidad. La noche era cálida, por eso había gente paseando aun por el lugar.

Cuando se bajaron del auto y comenzaron a caminar. Peeta tomo la mano de Katniss y sonrió cuando ella no la aparto.

—Así que Haymitch se ha casado… ¿Debería suponer que se le ha pasado lo amargado? —pregunto con una sonrisa torcida.

Katniss rodo los ojos.

—No estoy segura… depende a lo que llames amargado.

Peeta rio y acomodo el cabello de Katniss en su espalda.

—La verdad, siempre le temí a Haymitch, digamos que él nunca fue muy agradable con migo… especialmente la última vez que lo vi… casi me manda a sacar con los guardias de seguridad en cuanto le pregunte por ti… —se detuvo sabiendo que había soltado demasiada información.

Katniss se detuvo abruptamente y se giro lentamente hacia Peeta.

—¿Fuiste donde mi padre? —pregunto entre desconcertada y encantada. Ya que ella sabía perfectamente de esa especie de fobia hacia Haymitch Everdeen. Siempre lo evitaba, cada vez que él iba a visitarla Peeta se desaparecía por el tiempo que durara la visita.

Peeta bajo la mirada.

—Quería encontrarte. No importaba como —susurro mirándola intensamente.

Katniss sonrió levemente.

Luego de unos minutos mirándose siguieron el sendero que los llevaba hacia el interior del parque.

Caminaron en un silencio cómodo. Haciéndose compañía mutuamente. Cada uno metido en sus pensamientos y recuerdos.

De improviso Peeta tomo el brazo de Katniss y la hizo detenerse.

—Kat, necesito saber… —se detuvo tratando de ordenar sus ideas— t… tu m…me has perdonado por lo que hice —cerro los ojos esperando la respuesta.

Era algo que necesitaba saber para seguir adelante. Era algo que le carcomía por dentro. Si bien el que ella fuera su amiga significaba que lo había superado de cierto modo. Pero necesitaba saber si le había perdonado de verdad, de corazón.

Abrió los ojos de golpe cuando sintió las cálidas manos de Katniss en sus mejillas.

—Peeta, yo creía que había superado todo. Pero no fue hasta que te volví a ver que me percate que había ciertas cosas que aun no superaba completamente. Pero ahora, que estás aquí. —Suspiro— Si, lo he superado y no es que te haya perdonado, sino que me perdone a mi misma por como hice las cosas y ya no tengo resentimientos en contra de nadie.

Peeta puso los labios en una línea. Iba a hablar pero Katniss lo interrumpió.

—Ahora entiendo muchas cosas, no solo tú te equivocaste, yo también. Y si hay una cosa que Cinna me enseño —Peeta hizo una mueca que hizo reír a Katniss— es que si uno comete errores, no debe quedarse a lamentarlos mucho tiempo, hay que vivir el duelo y seguir adelante. Yo ya los lamente lo suficiente. Y respondiendo tu pregunta. Si Peeta te he perdonado. Te perdone el día que descubrí que extrañaba más tu compañía antes que cualquier cosa que haya ocurrido antes.

Peeta no lo resistió mas y la tomo fuerte de los hombros y la atrajo hacia él.

La abrazo con toda su alma. Y Katniss respondió el abrazo con la misma intensidad.

"gracias, gracias" susurraba sobre su pelo.

Pudo haber pasado una eternidad pero ellos seguían así. En los brazos del otro. Cuando se separaron Katniss quedo embobada al ver la mirada de Peeta.

Era esa mirada, la que ella amaba, la que aun amaba. Esos ojos azules brillantes y alegres que la hacían perder el aliento y preguntarse si eran reales.

Siguieron caminando hasta que llegaron a una fuente de agua ubicada en el centro del parque. Era redonda desde el contorno salían chorros de que se unían en el centro. Formando arcos de colores que iban desde el anaranjado en el centro hasta el azul en el perímetro.

—Es hermosa —susurro Katniss sonriendo.

—Lo sé — dijo Peeta mirando su perfil.

Se quedaron en silencio un momento contemplando el juego de luces de la fuente. Hasta que él le tomo la cintura y la giro para quedar frente a frente.

—Baila conmigo —dijo simplemente Peeta.

Katniss soltó una risita nerviosa, mirando a su alrededor a las pocas personas que quedaban cerca.

—¿Aquí? —pregunto comenzando a sonrojarse.

—¿Por qué no? —pregunto Peeta de vuelta tomando su mano y dejándola en su hombro y dejando en alto sus otras manos en el lado opuesto.

—No hay música —declaro como si con ello fuera imposible seguir adelante.

Peeta alzo y dejo caer un hombro.

—Eso no es problema. Yo puedo cantar —dijo Peeta como si fuera obvio.

Katniss frunció los labios para no reír.

—¿En serio Peeta? —Pregunto con una ceja alzada alejándose un poco de él para verle a los ojos— ¿estoy hablando con el mismo Peeta que yo conozco que no canta ni en la ducha? —pregunto con el ceño ligeramente fruncido pero con una media sonrisa.

Peeta rio y la tiro hacia su pecho de vuelta, sorprendiéndola y haciendo que soltara un gritito ahogado.

—Kat. No digas nada —le ordeno y volvió a dejarlos en la posición listos para el baile.

Katniss con un suspiro se rindió.

Comenzó a escucharse una leve melodía a lo lejos, Katniss se alejo un poco de Peeta y lo haciendo la pregunta silenciosa de si que él escuchaba lo mismo que ella o lo estaba imaginando.

Peeta rodo los ojos y la acerco otra vez a su pecho. Katniss finalmente se encogió de hombros y se dejo llevar.

Esa melodía de fondo siguió sonando, no era tan lenta para como ellos la bailaban pero y se estremeció cuando sintió el aliento de Peeta en su oído. Sonrió, realmente estaba cantando.

Dime cuando serás mía.

Dime cuando cuando cuando.

Podemos compartir un amor divino.

Por favor no me hagas esperar.

Katniss cerró los ojos y dejo apoyo la cabeza en el hombro de Peeta.

Cada momento a diario

Cada día parece una vida

Déjame mostrarte el camino

Para una alegría sin comparación.

Cuando me dirás que si

Dime cuando cuando cuando.

Tú significas felicidad para mí

Oh mi amor dime cuando.

Mágicamente la melodía que Katniss creyó escuchar en su imaginación desapareció cuando Peeta dejo de cantar.

Sinceramente el canto no era lo de Peeta, para nada. Pero le derritió el corazón que lo hiciera Por ella.

Se alejo lo suficiente como para verlo a los ojos y los tenia brillantes. Puso ambas manos en sus mejillas.

—Ahora— dijo Katniss haciendo que Peeta frunciera el seño. Iba a preguntar qué significaba esa palabra pero Katniss no le dejo.

Se empino en las puntas de sus pies y le planto un beso en los labios. Que Peeta demoro medio segundo en responder por la sorpresa.

En cuando se recupero la abrazo con fuerza de la cintura y la alzo para tener mejor acceso a sus labios.

El beso saco chispas de ellos. Ambos se sentían en la gloria.

Peeta estaba embriagado por su sabor, suavidad, calidez y olor.

Después de unos momentos se alejaron para respirar, pero Peeta dejo pequeños besos por todo su rostro.

—Gracias. Gracias. Gracias —repetía entre beso y beso— te prometo que no volveré a dañarte. No te dejare.

Katniss detuvo sus besos y lo miro fijamente a los ojos.

—No me prometas nada Peeta, sólo ámame —le dijo antes de volver a besarlo.

Estuvieron besándose por horas en ese mismo lugar, como adolecentes.

Ninguno tenía miedo de la decisión que habían tomado, porque sabían que se tenían el uno al otro para socorrerse si se equivocaban.

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Hola Gente!

Por fin un capitulo feliz estarán pensando pero ahora todo se pondrá peor (muajajjajajaja) espero que les haya gustado.

Cualquier cosa que estén pensando decirme buena o mala es aceptada.

Besooosos