Epílogo: Ángel

Él entro en la tienda con su compañero. Ambos miraron los alrededores y se sonrieron con complicidad. Caminaron lentamente mirándolo todo. Hasta llegar al mostrador donde la dependiente, una señora de unos 50 años los miraba con una sonrisa.

Al llegar frente a ella, él chico comenzó a mirar la gran variedad de joyas que había. Todas le gustaban, pues todas se verían bien en ella. Sonrió mirando a su compañero que miraba todo y cuando encontraba algo que le agradaba se volvía a mirarlo con una enorme sonrisa apuntándolo con su mano libre. Los gustos de su compañero eran muy extravagantes, le gustaban las joyas enormes y muy brillantes. Al igual que a él, pero sabia que no lograrían que ella luciera algo tan llamativo aunque la obligaran.

En algún momento el chico se decidió un collar, pero debía consultarlo con su compañero. Pues andaban juntos en esa misión secreta. La que hasta el momento iba perfecta, habían acordado mantenerse en silencio para no despertar sospechas.

Espero a que a que su socio lo mirara y le indico que viniera. Inmediatamente el niño corrió y miro hacia donde el chico le había indicado con la mano. Se puso en las puntas de sus pies, pero aun así no alcanzo a ver lo que el chico le indicaba. Él suspiro rodando los ojos y lo tomo en sus brazos alzándolo para mostrarle las joyas.

El niño miro todo detenidamente. Hasta que se decidió.

—¡eta! —chillo presionando con su dedo cubierto de chocolate el vidrio de la vitrina. Apunto una gargantilla de oro blanco con una pequeña esmeralda en forma de lágrima. Por suerte era la misma que le había gustado a él, sino el niño discutiría hasta convencerlo y vaya que era convincente con sus pucheros.

El chico miro a la vendedora con una mirada de disculpa viendo la mancha que dejo en el vidrio. Ella solo sonrió y de encogió de hombros.

—¿Te gusta? —Se volvió a preguntarle al niño.

El niño sonrió con ojitos brillantes y una enorme sonrisa.

—sii —chillo, —blilla!

—Bien esa entonces —dijo el chico dirigiéndose hacia la vendedora.

La vendería rio por el entusiasmo del niño. Y procedió a sacarlo del escaparate. Él espero con el niño que miraba atentamente como depositaban con delicadeza la joya recién comprada en una caja de terciopelo. Cuando salieron de la tienda el niño llevaba la pequeña caja. Camino por el centro comercial aun con su hijo en brazos, ya que se negó rotundamente a bajarse, hasta que la vieron. Estaba sentada en una banca y miraba distraídamente lo que había en el escaparate frente a ella. Él chico se detuvo mirándola de lejos un momento, y se volvió al niño en sus brazos. Ambos se miraron y sonrieron con complicidad.

—Bien compañero, ¿Recuerdas lo que hablamos? –el niño asintió. —¿Dónde andábamos? —pregunto para verificar si recordaba.

—Haciendo pipi —dijo el niño de inmediato.

El chico sonrió y alzo la mano para que chocaran los cinco.

Reanudaron su marcha hacia ella. Cuando faltaban unos pocos metros para llegar a ella el niño comenzó a removerse en los brazos del chico para que lo dejara en el suelo. En cuanto lo hizo comenzó a correr hacia su madre.

—¡Mami! ¡Mami! —exclamo el niño llegando a ella. Ella se volvió a mirarlo con una sonrisa, se puso de pie y abrió los brazos para recibirlo. En cuanto el niño choco con ella, lo alzo y el envolvió sus bracitos alrededor de su cuello.

—Mami es taaaaan bonito –dijo después – la cosita que te complamos con mi papi es tan bonita y blilla así—le mostro con los brazos extendido— todo esto. Está en una caja ¿me das la caja después?… se interrumpió y se cubrió la boca con ambas manos y se volvió a mirar a su padre con los ojos grandes. Él solo estaba sonriendo. Lo sabia, sabia que apenas la viera comenzaría a contar todo lo que hacia.

—¿ah sí? —dijo ella mirando a su esposo brevemente con una ceja alzada. Y volviendo su atención al niño que asentía efusivamente.

—¿Dónde andaban mi amor? —Le pregunto al niño.

El niño la miro aun con los ojos grandes de la sorpresa.

—Haciendo pipi —casi grito recordando que tenía que decir eso.

Ella sonrió comprendiéndolo todo, comenzaron a caminar y el niño comenzó a revolverse de los brazos de su madre para bajarse. En cuanto quedo libre indico la fuente que estaba en el centro del patio. Y corrió hacia ella.

Cuando el niño llego a la fuente ellos se quedaron unos pasos atrás mirándolo. Ella se volvió a mirar a Peeta con suspicacia.

—¿Qué es esa cosita tan bonita que brilla? —pregunto con una ceja alzada.

El se encogió de hombros.

—No sé de qué habla —dijo con indiferencia.

—¿Dónde andaban? —presiono ella.

El volvió a encogerse de hombros.

—Haciendo pipi –repitió las palabras de su hijo.

Ella entrecerró los ojos y lo miro desconfiada. Pero luego se encogió de hombros tratando de ocultar una sonrisa sabiendo que no le sacaría nada. Y obviamente sabiendo que le habían comprado un regalo, como cada vez que iban al centro comercial.

Peeta sonrió y paso un brazo por sus hombros acercándola a él y oliendo su cabello.

Y se volvió a mirarlo a él. Era su orgullo, el orgullo de ambos la verdad. El tiempo a veces pasaba demasiado rápido, Tobías ya tenía dos años y 4 meses. Miro a Katniss que estaba abstraída mirando a Tobías como exploraba la fuente y sonrió.

A veces hasta le parecía mentira que después de pasar tantas cosas habían encontrado ese equilibrio, la paz y la felicidad que ambos merecían.

Miro de nuevo a su hijo y sonrió, recordó todos los acontecimientos que lo llevaron a ese momento, con su esposa y su hijo, recorriendo el centro comercial un sábado por la tarde, una actividad tan cotidiana y familiar que él amaba.

No todo fue simple, tuvieron que recorrer un largo y lento camino para llegar a donde estaban. Pero amó cada etapa de éste, ya que todos esos altos y bajos lo llevaron a ese momento; abrazando a su esposa mientras veían a su hijo jugar con el agua de la fuente.

Rio cuando Tobías metió un dedo al agua y chillo un "esta fliaaa" se quedo mirándolo mientras lo veía correr hacia todos lados, a él le parecía que tan solo ayer era un bebé recién nacido, o que Katniss le conto que estaba embarazada.

Apretó el agarre en Katniss quien lo miro sonriéndole, con la misma expresión enamorada que lo hacía desde que habían decidido volver a estar juntos.

Tobías llego de manera improvista, ni siquiera habían conversado sobre hijos, estaban demasiado ocupados disfrutándose el uno al otro. Pero él no sabía cuánto quería ser padre hasta que Katniss le dijo que estaban esperando un bebé.

Miro a Katniss nuevamente que lo abrazo por la cintura y acomodó la cabeza en su pecho como un gatito pequeño buscando acomodarse para dormir la siesta. El apretó su abrazo cariñosamente y su mente volvió a los recuerdos.

Recordó la noche en que Katniss le conto del embarazo, desde hacia unas semanas la notaba extraña, su comportamiento era totalmente impredecible y bipolar. Por un momento el sintió que fantasmas del pasado volvían envolverlos. No sabía cómo actuar con ella, porque él pensaba lo peor. Que ella estaba descubriendo que él no era lo que ella necesitaba. Esa noche se sorprendió cuando la encontró sentada en la sala, esperándolo. Apenas ella lo vio entrar corrió hacia él y le ayudo a sacarse la chaqueta y lo arrastro a la sala para que sentara junto a ella. Estaba muy ansiosa, hablaba hasta por los codos cosas sin sentido, ya que no terminaba una idea para comenzar a hablar de otra cosa. Incluso a él le pareció un poco gracioso su diatriba del clima, el trabajo, Buttercup, el fin de semana que fueron a la playa, esos chocolates exquisitos que le regalo la última vez que salió de viaje, que debía tomar clases de Pilates para no subir de peso. Hasta que ella al parecer de dio cuenta de lo que estaba haciendo así que se quedo en silencio y comenzó a mover una pierna nerviosamente. Él no la presiono, respeto el silencio y solo espero a que ella dijera lo que tenía en mente. Lo sorprendió cuando le dijo que dejaría su trabajo. Cuando él le pregunto por qué, ella se sonrojo y comenzó a tartamudear. Sin decir nada se fue a la cocina a buscar una gran porción de helado de chocolate. Después de que Katniss sacio sus ganas de helado, se paro y comenzó a caminar nerviosamente por la sala, hasta que se detuvo frente a él, sonrojada, nerviosa, mordiéndose el labio inferior, dando pequeños botes en su lugar y retorciendo sus dedos. Le dijo sin anestesia, ni una indirecta previa para prepararlo que estaba embarazada. Peeta se quedo mudo por los segundos en que su mente imagino a Katniss con la gran barriga y después un pequeño bultito blanco en sus brazos. Cuando fue consciente de lo que significaba se puso de pie y la abrazo levantándola y dándole vueltas por la sala, gritando una y otra vez ¡seremos padres!. Hasta que la dejo en el suelo todo nervioso preguntándole que si la había lastimado, si necesitaba algo. Esa parte de la historia la recuerda como si fuera ayer, su mirada contenida de emoción, sus mejillas sonrojadas y húmedas por las lágrimas de felicidad que derramaban. La forma en que lo abrazo con todas sus fuerzas y las palabras que le dijo, lo dejaron en las nubes por semanas. "No hay mejor regalo que pueda recibir que llevar un hijo tuyo en mi vientre"

Después de eso todo fue un torbellino de emociones, sensaciones y acontecimientos. Pero Katniss entre llantos, risas y enfados logro explicar lo que pretendía, quería dejar su trabajo para dedicarse totalmente a disfrutar el embarazo y su bebé cuando naciera, no quería dejarlo tan pequeño en una guardería o con una niñera.

Se casaron cuando Tobías tenía 8 meses de nacido en una ceremonia simple, sólo con las personas más importantes para ambos; Lavinia, Darius y Rory. Finnick y Prim, el agente de la policía que en su momento le ayudo a rescatarla, Boggs con su esposa e hija, la amiga de Katniss, Rue con su novio Thresh y su amigo Chaff. La ceremonia se realizó en el patio trasero de su casa, pusieron una plataforma sobre la piscina y se casaron en el centro de ésta, justo en el atardecer. En el agua había un centenar de velas flotantes alrededor de ellos. Fue hermoso e intimo, tal como ellos lo quisieron.

No quisieron hacerlo cuando ella estaba embarazada, ya que sería extenuante para ellos planear la boda y ambos no querían perderse ninguna etapa del embarazo. Por supuesto esa decisión hasta la fecha todavía les traía consecuencias. Finnick aun los molestaba diciéndoles que todo lo hacían al revés. Primero la familia y luego el matrimonio.

Su luna de miel fue muy especial, se fueron de viaje a Dubái. Los tres, tanto Annie y Lavinia les insistieron que podían cuidar a Tobías, pero ellos no tuvieron corazón de dejarlo, por lo que los tres viajaron cuando el bebé cumplió un año. Se divirtieron mucho y Tobías no fue impedimento para que ambos pasaran momentos íntimos.

La vida después del matrimonio no cambio mucho para ellos, la única diferencia era que Peeta en vez de decir "mi novia" decía "mi esposa".

Despertó de su ensoñación cuando sintió la suave caricia de Katniss en su mejilla.

—¿Pasa algo? —le pregunto con el seño levemente fruncido en preocupación.

Peeta miro sus ojos y sonrió tomando la mano que estaba en su mejilla y plantándole un beso en la palma.

—Nada, es solo que a veces siento que el tiempo pasa demasiado rápido —dijo con un deje de melancolía, mirando a Tobías. —parece que fue ayer cuando era un bebé recién nacido y anteayer cuando todavía estaba en tu vientre.

Katniss sonrió con ternura poniéndose en las puntas de sus pies para darle un beso casto en los labios.

—Así es como debe ser mi amor. —dijo Katniss acariciando su mejilla.

Peeta hizo un puchero tierno.

—Pues quiero que el tiempo se detenga —dijo como niño caprichoso.

Katniss rio negando con la cabeza, pero de un momento a otro frunció el seño y lo miro con los ojos entrecerrados.

—No será que el señor, le teme llegar a los 30 años. —pregunto con una media sonrisa y mirada suspicaz.

Peeta echó la cabeza hacia atrás por la carcajada que soltó.

—Aún falta para eso —dijo él— pero será extraño que yo tenga 30 y tú todavía estés en tus veintes. —le siguió el juego fingiendo una mirada apesadumbrada.

Katniss se carcajeo y lo abrazo con fuerza.

—Te amaré igual, aunque seas un viejito —le dijo tiernamente y se volvió a mirar Tobías que trataba de levantar un pie para subirse al borde de la fuente. Soltó una risita cuando lo vio y lo apunto mostrándoselo a Peeta.

Peeta rodo los ojos y le planto un beso en la frente.

—Espera aquí voy a buscarlo, sino terminara metiéndose en la fuente a ver porque salen chorros de agua hacia el cielo. —Resoplo y Katniss soltó una risita, era cierto, Tobías era capaz de hacer eso por saciar su curiosidad.

Katniss miro a Peeta caminar con gracia y elegancia hacia su hijo, cuando llego al niño Peeta lo saludó y Tobías, como siempre, lo miro con ojos traviesos y trato de huir. Como siempre soltó un grito mezclado con carcajadas cuando lo alzaba por el aire. El niño apenas estaba en sus brazos lo abrazaba fuerte y le daba un sonoro beso en la mejilla.

Katniss sonrió ante la imagen, Tobías era todo lo cariñoso y demostrativo que ellos no fueron. Era muy halagador, siempre dando las gracias, incluso diciendo que las verduras verdes que miraba con asco eran exquisitas cuando le decían que su mamá las preparaba para él. Tanto Katniss como Peeta estaban orgullosos de él, era un niño feliz, inocente, inteligente y cariñoso. Un poco hiperactivo pero ambos amaban escuchar sus carcajadas, gritos y verlo correr por la casa, con él ahí realmente era un hogar, la casa se sentía llena. Tenía el cabello del mismo rubio cenizo que su padre, la piel aceitunada como ella y los ojos del mismo azul que Peeta. Era simplemente perfecto.

—¿Kat? —escucho que la llamaron y se volvió a mirar quedando estática en su lugar. No podía creer quien estaba frente a ella.

—¿Cinna? —sonó mas a pregunta.

El chico sonrió y sin previo aviso se acerco a ella y la abrazo.

—Ha pasado mucho tiempo, me alegra verte. —dijo Cinna.

Katniss estaba aún estática en su lugar, nunca se imagino encontrárselo. Si, pensaba en él de vez en cuando, pero no de manera romántica, sino que aun sentía culpa por haber sido tan cobarde y no haberle dicho lo que ella también sabia, que amaba a Peeta. Se sentía tan miserable por haberlo dejado a él cargar con todo. Con las decisiones, el rechazo implícito en sus actos y la separación.

Cuando se separaron, ella lo miro a los ojos, parecía que había pasado una eternidad que no veía esos ojos marrones ni ese cabello negro.

Sin pensarlo esta vez fue ella quien lo abrazo.

—Gracias —susurro.

Cinna soltó una risita y le correspondió el abrazo.

—De nada… pero… ¿de qué me agradeces? —pregunto separándose para mirarla curioso.

Katniss sonrió levemente y bajo la mirada.

—Por haber sido más valiente que yo —titubeo— y… y… no… hacerme caso —susurro apenas lo ultimo sin tener el valor de mirarlo a la cara. De reojo pudo ver que Cinna sonrió. Entendiendo inmediatamente que se refería a no haberse quedado a su lado incluso cuando ella se prácticamente se lo rogó.

—Yo también me alegro de eso —dijo acariciándole la mejilla.

En ese momento se escucho un carraspeo y ambos se giraron a ver a Peeta con Tobías en sus brazos.

Cinna alzo ambas cejas y miro a Katniss con una sonrisa.

—hola Peeta ¿cómo estás? —pregunto extendiendo su mano en saludo.

Peeta correspondió el saludo con la mirada entrecerrada, no es que desconfiara de Katniss ni mucho menos pensara que ella podría dejarlo. Hacía ya mucho tiempo había entendido que finalmente era él el elegido y que ella lo amaba con locura. Su reacción no tenía nada que ver con que fuera Cinna el que estaba cerca de Katniss, su antiguo rival. Sólo era su reacción natural cuando veía a cualquier hombre acercarse a su mujer.

—Muy bien, gracias —dijo Peeta con tono escueto.

Cinna sonrió, seguía siendo igual de celoso y territorial.

—Qué sorpresa encontrarlos por aquí. —Dijo Cinna— ¿aún viven en la ciudad? —pregunto a ambos.

—Sí, —respondió Katniss— pero nos mudamos, ahora vivimos en una casa a las afueras de la ciudad. Y tú —pregunto Katniss.

—Yo no, solo estoy de paso, vine a visitar a la familia de mi novia. —dijo con ojos iluminados.

Katniss sonrió enormemente al saber que él también había continuado con su vida.

—Me alegro mucho Cinna —dijo Katniss.

Cinna asintió, y por primera vez en el encuentro se fijo en ella. Estaba simplemente radiante. Su piel lucia suave, su cabello se veía sedoso y brillante. Pero lo más impactante de ella era su cara, su rostro era resplandeciente, su mirada alegre y enamorada. Iba vestida informal, con unos jeans y una camiseta color verde. Nada espectacular, pero era su presencia, ella misma la que irradiaba luminosidad. Cuando miraba a Peeta y al niño, los miraba una adoración que era casi palpable.

—Katniss, te ves radiante —dijo Cinna sonriéndole.

Katniss sonrió un poco susurrando levemente unas gracias. No se sonrojo, por lo que Peeta sonrió levemente.

Tobías que estaba jugando con los botones de la camisa de Peeta se volvió y miro al hombre que estaba cerca de Katniss y frunció el seño.

—Mami —susurro el niño extendiendo sus bracitos hacia ella. Apenas Katniss lo recibió él enterró la carita en su cuello un momento para luego volverse a mirar al hombre con una mirada que era capaz de matar en solo segundos, se volvió ignorando su sonrisa con un desprecio digno de telenovela y comenzó a jugar con los mechones del cabello de Katniss.

Peeta pudo reconocer inmediatamente la mirada territorial de Peeta en los ojitos del niño. Era simplemente igual a su padre.

—¿Ella es tu mamá? —pregunto Cinna, buscando conversación con Tobías.

El niño lo miro con ojos entrecerrados aun con los mechones de cabello de Katniss en sus manos.

—Sip y es nuestla —dijo con tono cortante dejando caer su cabeza en el hombro de la chica como reafirmando su punto.

Cinna frunció levemente el seño, pero aun mantenía expresión amistosa.

—¿Nuestra? —repitió.

—sip mía y de mi papá —aclaro el niño mirándolo mal.

Cinna frunció los labios para no reírse y hacer enfadar más al niño. No había duda era una copia de Peeta. Incluso cuando él estaba con Katniss podía ver esa mirada de posesión sobre ella. En un inicio le molesto obviamente. Pero no lo hizo notar, pues él sabía que Katniss estaba con él. Además no podía culparlo por ello, ya que se notaba a leguas que el chico realmente la amaba. Incluso a él mismo le parecía increíble que se alegraba por ambos sinceramente, ya que superar a Katniss no fue fácil, pues se había proyectado con ella.

Katniss comenzó a acariciar su espalda circularmente para relajarlo. Con una sonrisa boba en sus labios. Ella amaba esos arranques de Tobías, que por cierto sólo eran con hombres ajenos, jamás sintió celos de Peeta.

Tobías se volvió a mirarla con adoración y volvió a abrazarla fuerte.

Cinna miro a Peeta solemnemente.

—Tienen una hermosa familia, me alegro por ustedes.

Peeta por primera vez sonrió y asintió.

—Gracias —dijo sinceramente.

En ese momento, la postura de Peeta cambio, o tal vez fue cuando escucho que tenía novia, comenzaron a hablar cosas triviales, sus vidas, hasta que Peeta vio la cara aburrida de Tobías. Se disculpo diciendo que ya se iban yendo.

Cinna los despidió y los vio marcharse. También vio como Peeta ponía un mechón detrás de la oreja de Katniss haciendo que ella sonriera y se sonrojara. Sonrió, eso realmente le confirmaba que estaba con quien realmente debía estar.

Katniss le entrego a Tobías a Peeta y camino de la mano de Peeta, en silencio. Sonrió con melancolía recordando cuando era una adolescente soñadora, no es que ahora ya no lo fuera. Es solo que en ese entonces su idea de la vida, especialmente del amor era tan diferente. Ella siempre creyó que el amor era como en los libros de romance que leyó en su adolescencia y como las historias de los cuentos de Disney que leyó cuando pequeña. En su inconsciente construyo el ideal de un príncipe azul, que fuera perfecto. Sin ningún defecto. Uno hombre atento, que le abriera la puerta y le diera el paso primero. Detallista, extremadamente romántico, un hombre que le diera la razón en todo, que no le discutiera nada, que hiciera lo que ella le pidiera, que la tratara con la distancia y deferencia que corresponde a una reina. Ese sin duda era Cinna. Jamás podría decir que en su vida, ella no encontró el príncipe encantado que buscaba desde su niñez. Porque lo encontró. Y ese hombre era Cinna. Sin embargo, tuvo que conocerlo y vivir el sueño que espero gran parte de su vida para percatarse que realmente no era eso lo que quería para su vida.

Tal vez piensen que está loca, pero lo que realmente ella quería y necesitaba era un hombre con el cual discutir, para después poder reconciliarse. Que la sacara de sus casillas, que tenga sus ideas claras, sus argumentos y no tema decirlos. Un hombre que la ame con locura y que la haga sentir única así como ella lo haría sentir único a él. Un hombre que la proteja pero que la deje vivir y no la encierre en una caja de cristal para que nada la dañe. Un hombre que apenas ella lo vea, sienta que el fuego de la pasión la consume lentamente por dentro.

Ese era Peeta, no era perfecto, pero ella estaba enamorada de cada uno de sus defectos, de su mirada picara y su sonrisa torcida, de la forma en que la arrimaba a su pecho haciéndola sentir que pertenecía a algún lado. De sus manos que cuando la tocaban sentía que la quemaban, de que de la nada la tomara del brazo y le diera un beso apasionado y caliente, que la dejaban jadeando por más. De su alma de niño que solo estaba feliz con tenerla a su lado. De su entrega y del respeto que sentía por ella, apoyándola en sus decisiones incluso aunque él no estuviera de acuerdo con ellas. De que no la subestimara, Amaba que él siempre dijera que no era romántico, pero que sus acciones cotidianas demostraran siempre lo contrario cada día.

Miro a Peeta que iba conduciendo y tomo su mano que iba sobre la palanca de cambios. El la miro brevemente sonriéndole y volvió la atención a la carretera. Katniss suspiro reposando su cabeza en el asiento. Lo fue mirando todo el camino a casa, Tobías se había dormido apenas subieron al vehículo. Peeta podía sentir su mirada sobre él y la miraba de reojo. Estaba relajada, mirándolo fijamente con una media sonrisa en los labios y los ojos brillosos.

—¿Pasa algo? —le pregunto, ella negó. —¿Tengo chocolate en la cara? —insistió haciéndola reír. Volvió a negar.

—No pasa nada, sólo que te amo con locura —le dijo apretando su mano que no la había soltado en ningún momento.

Peeta la miro sonriendo.

—yo también mi amor —dijo devolviéndole el apretón.

Katniss sonrió por la respuesta y volvieron a quedarse en silencio. Estaba segura, la idea concebida en su juventud, de vivir para encontrar su príncipe azul y encantado y tener "fueron felices por siempre", era errónea. Porque no era lo que ella quería. Quería el amor real y único que Peeta podía darle.

Para ella el paraíso y su final feliz era ese día a día de abrazos fuertes, palabras de amor y discusiones con esos dos hombres sobreprotectores que amaba con locura. No podía ni quería pedir nada más.

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Salió al jardín con las copas que faltaron y los dejos en la mesa. Katniss lo miro sonriéndole y después se mordió el labio un poco sonrojada.

—Faltó la ensalada de tomates —dijo mordiéndose el labio luciendo un poco culpable por no habérsela pedido antes.

Peeta rodo los ojos pero sonrió.

—Tranquila yo voy por ella —dijo dejándole un casto beso en los labios haciendo que ella sonriera y le diera una caricia fugaz en la mejilla.

Peeta sonrió por la caricia y le dieron unas ganas arrebatadoras de abrazarla fuerte y besarla apasionadamente, pero eso no sería cortés, tenían invitados. Suspiro un poco defraudado pensando que aun faltaba mucho rato para que sus amigos se fueran y comenzara la guerra diaria para que Tobías se durmiera.

Se volvió al jardín buscando con su mirada a Tobías y sonrió al verlo con Darius y Rory, el último trataba de enseñarle como golpear el balón con el pie hacia el improvisado arco construido con masetas de flores donde Darius era el arquero. Soltó una risita cuando Tobías golpeo la pelota y esta no avanzo más de un metro. Era muy pequeño para jugar futbol tomando en cuenta que el balón le llegaba hasta las rodillas. El niño se encogió de hombros y se fue corriendo hacia Katniss que se había corrido a conversar con Annie que estaba sentada. Se carcajeo cuando Katniss casi pierde el equilibrio con la fuerza que el niño choco con sus piernas abrazándola y plantándole besos en sus muslos. Katniss se sentó en el césped frente a Annie, tomo a Tobías lo sentó en su regazo haciéndole cosquillas en su pansa, causando que el gritara emocionado.

Suspiro con alegría y se fue a la cocina a buscar la ensalada. Iba saliendo de vuelta a la terraza cuando sonó el timbre. Miro hacia la terraza y frunció el seño. Estaban todos ahí.

Dejo la ensalada en la encimera y camino lentamente, intrigado y sin saber porque un poco temeroso, no esperaban a nadie más.

—Mierda hombre por fin abres, estaban saliéndome raíces aquí —dijo Finnick empujándolo levemente para entrar.

—¿Y tú dónde andabas? —pregunto cerrando la puerta.

Finnick levanto la bolsa plástica de la tienda y bufó.

—En la tienda —dijo simplemente.

Peeta asintió y frunció el seño

—No me di cuenta que saliste.

—Oh, sí, es que estabas llorando en un rincón porque Katniss le pone mas atención a Tobías que a ti —dijo Finnick con naturalidad.

Peeta rodo los ojos. Y le dio con el puño en el hombro, haciendo que él chillara un "Auch"

—¿Y qué compraste? —pregunto Peeta interesado intentando ver a través de la bolsa.

Finnick arrugo la cara.

—Quiere comer albóndigas de pescado y pizza —dijo fingiendo un estremecimiento por la mezcla.

Peeta hizo cara de asco y luego frunció el seño.

—Quiero que se siente lejos de mí —dijo después.

Finnick bufo y después rio.

—Mierda yo también —dijo levantando un poco la bolsa, para olfatearla —creo que esto va a explotar. —Se estremeció y lo alejo de él todo lo que su brazo le permitió —Pero tranquilo, me dijo que era un pequeño aperitivo antes de la comida —hizo comillas en aperitivo y luego se soltó a reír estruendosamente.

Peeta también rio y después se puso serio.

—¿Cómo lo lleva? —le pregunto.

Finnick alzo una ceja.

—Annie tiene 7 meses y ¿aun me preguntas como lo lleva? —le pregunto de vuelta, Peeta solo se encogió de hombros.

—Ahora está bien, creo que recién cuando cumplió los 6 meses comenzamos a disfrutar el embarazo realmente, pero todavía esta cautelosa, creo que en el fondo aun teme perderlo.

Peeta asintió.

—Lo sé, Katniss y Lavinia han hablado muchas veces con ella.

Finnick miro al cielo dramáticamente.

—Lo sé y se los agradeceré siempre. Pero ahora está más relajada —Peeta alzo una ceja— en serio, tal vez no se le nota, pero lo está. Hasta Prim la siente más relajada. Ella quiere que sea niña, yo quiero que sea niño, necesito otro lacayo para servir a las reinas —se limpio el sudor imaginario en su frente y soltó un suspiro fingiendo cansancio.

Peeta se carcajeo negando con la cabeza.

—Y Prim, ¿No siente celos? —pregunto Peeta interesado.

Finnick le resto importancia con un brazo.

—Por supuesto que no, la hemos integrado en todo el proceso. Si Ann tenía que tomar reposo, tomaban juntas, si Ann tenía que caminar, lo hacían juntas. Ella nos ha acompañado a cada una de las visitas al médico y vive acariciando la barriga de Ann y preguntando cuanto falta para que nazca el bebe.

Peeta sonrió.

—Me alegro que todo esté bien, me preocupaba un poco, tomando en cuenta que hace poco le contaron que es adoptada —le palmeo la espalda— son excelentes padres, creo que contarle la verdad fue la mejor decisión que pudieron tomar.

Finnick sonrió asintiendo.

—Ahora tiene una foto de Primrose junto a la nuestra en su mesita de noche. Y alardea de tener dos madres.

Los dos chicos soltaron carcajadas.

—Lo recuerdo, fue lo primero que nos dijo cuando la visitamos luego que hablaran con ella; que tenía dos mamás y que una estaba en el cielo cuidándola. Recuerdo que estuvo toda la tarde con Katniss repitiéndole toda la historia.

Ambos suspiraron a la vez pensando en sus familias. Se miraron y ambos se rieron por su reacción.

—Oh, toma —dijo Finnick golpeándole el abdomen con la mano —te recogí el correo.

Peeta quedo sin aire unos segundos por el golpe y cuando reacciono Finnick ya estaba sacando platos para llevarle la comida a su esposa.

Dejo el montón de cartas en la mesita de arrimo e iba a volver le llamo la atención un sobre azul que sobresalía de entre los otros.

Frunció el seño y lo tomo para examinarlo, no tenía remitente.

Se rio pensando que parecía un aviso de despido, imposible él era el jefe, no podían despedirlo. Lo abrió y en él había una carta. Su estomago se encogió al reconocer la letra.

Hola,

Hace mucho tiempo que quería enviar esto pero no me atrevía.

Ha pasado mucho tiempo, lo sé. Pero solo hasta ahora es que la vergüenza menguo lo suficiente como para escribirte. Son tantas las cosas que quiero decirte… decirles a ambos. Pero sé que no es posible, que no lo merezco.

Te he extrañado mucho, todos estos años, yo por mi parte estoy mucho mejor, la verdad me ha sorprendido un montón que Wiress y Brutus se han portado muy bien conmigo, han sido el pilar fundamental en mi recuperación. Ya volví a vivir sola, hace cuatro meses, ellos aun se mantienen preocupados por mí. Es increíble Peeta, si los vieras, realmente están comportándose como los padres que son. Poco a poco he recuperado mi vida, incluso… he vuelto a hablar con Cato, salimos y estamos retomando lo nuestro. El ha sido también una pieza fundamental en mejorarme, porque si, ahora puedo admitirlo abiertamente, estaba enferma.

Pero bueno, basta de hablar de mí. El verdadero motivo por que te escribo es para decirte, que finalmente lo entendí, ahora que estoy bien puedo ver todo lo que te hice. Y no encuentro las palabras, es mas no creo que aun existan para decirte cuan arrepentida estoy de todo lo que fui capaz de hacer. Ni siquiera puedo creer que esa fui yo, que yo actué de esa forma y… lo siento.

Espero tu y Katniss me perdonen algún día. Aunque sé que es prácticamente imposible, se que el daño es demasiado e irreparable.

Quiero que estés tranquilo, no me acercare a ustedes, a menos que ambos lo quieran. Tampoco sé donde viven, le entregue la carta a mamá y ella la envió. Además sé que es poco probable que me quieran en su vida nuevamente y estoy conforme con esa decisión, lo merezco y te prometo que jamás volveré a meterme en tu vida ni en la de nadie.

También quiero que sepas que el escribirte esta carta me ha aliviado enormemente.

El que sepas que entiendo que no me quieras en tu vida y que lo acepto.

Bueno, Peeta, eso es todo prometo que este es el primer y último contacto que hare. Cuando estén listos si es que algún día lo están yo estaré donde siempre.

Me despido, te deseo mucho éxito en todos los ámbitos.

Me complace enormemente por fin poder decir sinceramente que me alegra que seas feliz con la mujer que elegiste y amas.

Clove.

Peeta cerró los ojos y exhalo lentamente.

Miro la carta otra vez. Era lo que menos esperaba recibir. Pensaba en ella, por supuesto, pero no la extrañaba. Es mas solo se limitaba a recordar las cosas buenas de ella, como cuando eran pequeños y se protegían el uno a otro.

Suspiro pasándose la mano por el cabello y se pregunto qué hacer.

Sin darse cuenta camino hacia la cocina y miro hacia la ventana hacia el jardín. Era una de las reuniones semanales que siempre hacían, estaban los amigos más importantes para ambos. Darius y Lavinia y Annie con Finnick y los niños obviamente.

Busco con la mirada a Katniss y la encontró un poco alejada de los demás, caminando lentamente, acercándose hacia las tumbonas de la terraza. Desde su lugar podía ver a Tobías oculto tras una de ellas. Katniss apareció de repente sorprendiéndolo haciendo que el niño gritara emocionado, tan fuerte que él desde el interior de la casa pudo escucharlo y luego corría a arrojarse a los brazos de Katniss aun gritando, Katniss lo alzo y comenzó a llenar su carita de besos haciéndolo carcajearse fuertemente.

Sonrió inevitablemente. Ellos eran su familia y lo más importante que tenia.

Miro la carta otra vez y suspiro, volvió a mirar la escena en la terraza y cerró los ojos.

Se alegraba por Clove, sinceramente lo hacía. Pero cómo hacerle saber eso y a la vez decirle que aun no estaba preparado para verla, que había una posibilidad de que nunca lo estuviera y mucho menos para tenerla en su vida otra vez. Miro la carta una última vez y la arrojo a la basura.

No podía, no podía, se repitió muchas veces. Aunque en fondo de su corazón sabio que el "no podía" era una excusa, que la frase correcta era no quería.

Su única prioridad era su familia y no quería que nada alterara la paz y estabilidad que les había costado tanto construir. Aunque fuera su hermana, no estaba listo. No le importaba parecer egoísta o rencoroso, el no era perfecto y aun no perdonaba de corazón a Clove por todo. Y mientras no perdonara de verdad con el alma y el corazón no podía acercarse a ella y mucho menos permitir que ella se acercara a su familia.

Tomo unas respiraciones profundas y salió hacia la terraza con la ensalada.

Tobías lo vio aun en los brazos de su madre y grito un "papi" que le llego al alma. Estaba tomando la decisión correcta. Katniss se volvió y lo miro con una sonrisa luminosa en sus labios. Estaba haciendo lo correcto. Se acerco a ellos y su bebé extendió los bracitos para que lo tomara, lo recibió y el niño lo abrazo con fuerza, le planto un sonoro beso en la mejilla y comenzó a parlotear como lo hacía siempre que él no estaba en la casa por un tiempo y se perdía alguna aventura de él.

Peeta lo miro embobado, era tan hermoso. Su corazón se sentía lleno de amor, paz y felicidad

La tarde paso como siempre; amena y agradable. El ambiente era tranquilo y alegre. Comieron conversando en todo momento, no solo de los niños, sino de todo, de sus planes, el trabajo, deportes, incluso actualidad. Después entre todos limpiaron y las mujeres se instalaron en la terraza, mientras los hombres se metían a la piscina con los niños. Al verlos, obviando el tamaño, no se podía discriminar quienes eran los niños. Todos jugaban juntos. Incluso Rory y Prim a pesar de que ambos estaban en la etapa "Los niños (as) son asquerosos" al parecer ambos hacían una excepción con el otro.

Cuando todos se marcharon, Peeta suspiro apoyándose en la puerta con una mirada picara, dirigida única y exclusivamente a Katniss.

—Por fin —dijo acercándose lentamente a la chica.

Katniss rodo los ojos.

—Eso no es amable Peeta —lo reprendió Katniss tratando de parecer seria.

El solo se encogió de hombros y la tomo de la cintura dándole un beso fogoso.

Fueron a la cocina de la mano a ordenar todo, Tobías apareció mientras guardaban la vajilla en los muebles. Tenía cara de cansado, pero aun tenía energía para revolotear alrededor de ellos, preguntando un millón de cosas a la vez.

Cuando ya estaban terminando Peeta se secó las manos y se volvió a su hijo.

—Bueno compañero, es hora del baño —le dijo, rogando que esta vez no se resistiera.

Tobías lo miro con los ojos abiertos como plato y corrió a abrazarse a las piernas de Katniss.

—Mami no —le susurro con carita de pena.

Katniss se agacho a su altura y le acaricio el cabello.

—Mi amor, ve a bañarte con tu papá, mientras yo te preparo tu leche para que después leamos un cuento ¿Bueno? —le interrogo mientras le plantaba un beso en la frente.

Al niño se le iluminaron los ojos cuando escucho cuento, pero luego suspiro y camino hacia Peeta con los hombros caídos, levantando los brazos para que éste lo tomara. En cuanto estuvo con su padre comenzó a hablar otra vez sin parar.

Esa noche tuvieron suerte, Tobías no se escondió ni se arranco para no ir a la cama. Nunca quería dormirse, pero apenas su cabecita tocaba la almohada se dormía cansado por las actividades del día. Ambos lo arroparon y le dejaron besos en su frente. Como todas las noches.

Una vez en su cuarto Peeta tomo a Katniss llevándola hacia el baño y sentándola en el borde de la bañera mientras él la llenaba y aplicaba las sales, después la desvistió tomándose su tiempo para admirarla, después la tomó nuevamente en sus brazos y la metió al agua tibia. Él le siguió en unos segundos. Ambos se bañaron mutuamente con dedicación.

Ya en la habitación se amaron como quisieron hacerlo durante todo el día, entregándose ciegamente al otro, rozándose, sintiéndose, reconociéndose una vez más, amándose.

Tiempo después, cuando Katniss estaba casi dormida, Peeta se levanto con cuidado y se puso el pantalón del pijama, busco el short de Katniss y se lo puso junto a su camiseta blanca. Después se acomido a su lado nuevamente tapándolos a ambos y atrayéndola a su cuerpo. Se quedo mirándola dormir hasta que él también se durmió.

Ya en la madrugada despertó y miro a Katniss que aun dormía con la cabeza sobre su pecho y sus piernas enredadas con las de él. Sonrió, le encantaba mirarla dormir, se veía tan pacifica y hermosa.

Escucho un ruido en la otra habitación, por lo que se removió con cuidado de no despertarla. Cuando salió de la cama ella susurro un "Peeta" entre sueños. Sonrió como bobo y camino a la habitación de Tobías. Lo encontró apoyado en uno de sus codos, con la otra mano cubriendo sus ojos.

—Papi —susurro quedo aun medio dormido, cuando sintió la puerta.

—Si mi amor —le dijo tomándolo en sus brazos y llevándolo con él a la habitación y acostándolo entre ellos. Tobías suspiro satisfecho cuando sintió el calor lo envolvía volviéndose a dormir automáticamente.

Peeta se acostó de lado, apoyando la cabeza en su mano mientras los miraba a ambos dormir.

Cerró los ojos unos segundos mientras la letra de la canción que había escuchado hace años atrás venia a su mente, nunca el olvido, pues era exactamente lo que él vivió.

Miro a Katniss dormir mientras en su cabeza repetía las frases de la canción.

Tengo un ángel

Ella no usa alas

Tiene un corazón que puede hacerme derretir

Tiene una sonrisa que me hace querer cantar

Ella me da un regalo sólo con su presencia

Me da todo lo que puedo desear

Me da besos en los labios solo por llegar a casa.

Ella puede hacer ángeles.

Desvió la mirada hacia Carl que se acomodo más cerca de Bella.

Lo he comprobado con mis propios ojos.

Tienes que tener cuidado si tienes un buen amor

Porque lo ángeles continuaran multiplicándose.

Suspiro satisfecho con sus ángeles. Se sentía tan agradecido de que le hayan otorgado la oportunidad de que ellos estuvieran en su vida.

Se quedo horas observándolos, absorbía cada gesto, contaba cada respiración, cada latido. Cuando el sueño estaba por vencerlo, le dejo un beso en la frente a cada uno y siguió mirándolos, luchando por mantener los ojos abiertos para no dejar de verlos. Los amaba tanto que mirarlos era la única forma de convencerse que no eran un sueño y que estaban ahí, con él. Haciendo que su vida fuera cada día mejor.

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HOLA GENTE!

Ni siquiera yo puedo creer que hemos terminado, la historia se termino .

Quiero darle mi especial agradecimiento a todas las que siguieron la historia, la pusieron en sus favoritos, la siguieron o simplemente la leían.

Espero les haya gustado tanto la historia como a mi me gusto adaptarla.

Nos leemos.

Bye