Hola chicas esta historia es de Yurika Cullen que muy amablemente me permitió adaptarla a los personajes de Candy Candy, y así compartir con ustedes su talento….espero le agrade tanto como las otras historias que su inspiración nos ha permitido disfrutas…

INESPERADO

By. Yurika Cullen

Capitulo Uno

*-C-pov-*

Maldito alcohol, juro por Dios que por muy despechada que este, no volveré a tomar nunca, ni siquiera en el brindis de año nuevo. Y es que si le sumamos a mi torpeza natural los efectos del alcohol, el resultado no es para nada agradable. Ahora veo doble, no puedo dar más de tres pasos sin irme para los lados y todo esto es por culpa de Rose, ella y sus malditas ideas me tienen en este estando tan deplorable… ¡¿A quién engaño? La patética soy yo, Rose no tiene la culpa de nada, yo fui la que acepto emborracharse solo para ahogar mi pena, ¿Patético cierto? Pero es la maldita realidad.

Hoy, el día de nuestra graduación del instituto y por lo tanto el día de la gran fiesta de los Johnson, tome la decisión más estúpida de mi vida, beber hasta perder la conciencia para tratar de olvidar a mi amor imposible, si, todo esto es culpa de un hombre, y no cualquier hombre, sino de mi mejor amigo, Albert Johnson, aunque en realidad él no tiene la culpa de nada, él es el único ser en el mundo que me importa, sentimentalmente hablando, porque también me importan mis amigos, Rose, Archie, John y Annie y mis casi padres Rosemary y George, de resto, no tengo a nadie más.

Mis padres murieron cuando yo ni siquiera tenía uso de razón, los conozco por medio de fotos y nada más, mi custodia esta bajo el cuidado de mis adorados tíos, los seres más miserables e insoportables del planeta, los cuales se han encargado de hacer mi vida un infierno, pero gracias a mis amigos he podido sobrevivir todo este tiempo, porque gracias a Dios ya soy mayor de edad, ya no tengo que depender de ellos, y pronto iré a la universidad y no tendré que volver a verlos nunca.

Mi padre Charlie Cartwriting, que según tengo entendido era un alma de Dios, aseguro mi futuro antes de su muerte, dejo un fideicomiso para mi, donde hay dinero que tiene que ser estrictamente usado solo para mi universidad y gastos personales, aunque la mayoría del dinero ya se lo han gastado mis tíos, al menos el de la universidad no lo tocaron, pues para ellos también es una forma de librarse de mí.

Se puede decir que ya tengo pagada toda mi carrera, estudiare Licenciatura en Literatura en la universidad de New York, lo mejor de todo es que mis amigos irán al mismo lugar, pues nos pusimos de acuerdo para no separarnos y continuar juntos en el mismo sitio, Albert aunque fuera el mayor de los Johnson, había perdido un año así que estaba a la par con nosotros y a Rose, la menor, la habían promovido en tercer grado un año más los mellizos Conrwell estaban en el mismo grado que nosotros, el destino había jugado todo para que estuviéramos juntos así que lo aprovecharíamos. Aunque eso también significa que voy a tener mi pequeño problema durante los siguientes años.

Mi mayor y más importante problema, es mi mejor amigo Albert Johnson, desde el momento de conocernos nos hicimos amigos y la amistad no se ha perdido desde entonces, pero yo fui tonta y con el tiempo caí rendidamente enamorada de él y es que es inevitable, Albert es el hombre perfecto para mi, tiene todo lo que yo siempre soñé en un hombre y tal vez mas, pero soy realista y me tengo que conformar con ser solo su mejor amiga, sus sentimientos hacia mí, por muy sinceros y puros que sean, no son más que para alguien que ve como si fuera una hermana. Su hermana.

Mi estado deplorable de hoy, se debe precisamente a él y a alguien más, su novia, Elisa Legan, una chica estupendamente hermosa y curvilínea, aunque por muy linda que sea, yo no entiendo para nada esa relación y el motivo por el cual Albert aun sigue llevándola. Ambos discuten más de lo que pasan felices, siempre tienen algún motivo por el cual terminar peleados, por muy insignificante que sea la razón. Y yo soy una de las mayores razones, Elisa no puede verme ni en pintura y yo definitivamente como sea no la puedo ver.

Considero que Elisa es una mujer demasiado prepotente para Albert, demasiado presumida, Albert merece a una mujer que lo trate con más cariño que altivez, alguien como yo, bien, tal vez no precisamente yo, pero si Albert por lo menos tuviera alguien que se lo mereciera, yo estaría feliz por él y por los dos.

No es que sea presumida al decir que yo lo merezco más que ella, pero al menos yo sé cómo hacerlo feliz, yo sé todo de Albert, todo, se cuantas veces se ha enfermado, cual es su comida, música, colores y libros favoritos, que le disgusta y que no, que es lo más importante para él y que lo deprime, se cuánto pesa, cuánto mide, su talla de ropa y zapatos, a qué horas se baña y a qué horas acostumbra despertar cuando le dan sus ataques de insomnio, se cuantas canciones a compuesto y a quienes se las ha dedicado, cuáles son sus sueños y metas en la vida y lo más importante, nunca he discutido con él.

Siempre trato de tener las cosas en paz, por muy disgustada que este y por muy en contra de su relación que yo me encuentre. Sea como sea, yo jamás le armo shows sin fundamento ni le hago reclamos que no vienen al caso, siempre lo escucho antes de hacer cualquier veredicto y nunca creo lo que los demás dicen de él. Pero Elisa no, nuestra adorada pelirroja siempre encuentra cualquier motivo para pelear con Albert, lo ofende de las peores maneras y él como un estúpido regresa con ella.

Albert ni siquiera siente amor por ella, él mismo me lo ha dicho, en un comienzo empezó a salir con ella por no estar solo, por intentar algo, por divertirse, ¡ella ni siquiera es su tipo de mujer! a Albert hasta ahora, nunca le habían gustado las rubias. Pero tal vez el sexo con Elisa es tan bueno que eso es lo que lo tiene atado, bromeando se lo he dicho una vez y él me dice que no, que no tiene nada que ver una cosa con la otra, que simplemente esta con ella por costumbre, pero que algún día se cansara y cuando encuentre a la mujer de su vida la dejara, pero mientras eso pasa, me la tendré que aguantar.

Subí las escaleras al segundo piso en la casa de los Johnson, Rose toda la noche se la había pasado dándome tragos de cualquier bebida que se le atravesara, y ya no podía mas, necesitaba descansar, subiría y buscaría una cama desocupada y dormiría ahí hasta que mi cuerpo me lo pidiera, al menos a mis tíos no les importaba si me iba y no volvía, para ellos mientras más tiempo estuviera fuera de casa, mejor.

Agarrada de la pared y viendo todo girar a mi alrededor camine por el largo pasillo de las habitaciones, la primera puerta que me encontré estaba cerrada, eso significaba que era la habitación de George y Rosemary, ambos nos habían advertido que la tendrían cerrada, pues no querían que usaran su sagrada cama de motel, continúe caminando y logre dar con la habitación de Rose, o eso creo que es, gire el pomo y logre abrirla, pero un ruido en otra habitación me detuvo.

Era algo quebrándose, bien, alguien se ganaría un buen lio, si Rose los encuentra haciendo algo indebido, van a querer morir antes de que la misma Rose lo haga, la curiosidad pudo conmigo y aun estando en este maldito estado, camine hacia la puerta donde provenía el ruido, pero mientras más me acercaba más claro se escuchaba otro objeto romperse y una maldición poco entendible se escucho, concentrándome bien, pude notar que el ruido venía de la habitación de Albert. Alarmada me apresure a entrar y lo que encontré me paralizo. La lucidez volvió a mí de manera sorprendente.

— ¡Albert!— él inmediatamente se giro y me vio, estaba totalmente borracho y en su mirada había tanto odio que me asusto— Pero ¿Qué paso? ¿Por qué estas acabando con tu habitación?— había estrellado el reloj despertador aparentemente contra la pared y un porta retratos estaba tirado en el piso e igualmente quebrado, era la foto que él tenía de Elisa

— ¿Candy?— entre cerro sus ojos, imagino que por la borrachera no reconocía bien quién era, jamás había visto a Albert en este estado. Cuando me reconoció se lanzo y me abrazo— ¡Candy!—

— Albert ¿Qué pasa?—

— Elisa— simplemente dijo aun abrazándome, estaba dolido, se notaba en su voz

— ¿Qué pasa con ella?—

— Me engaño, la perdí por unos segundos en la fiesta y cuando la encuentro, la veo arrinconada en el patio trasero con James— yo me quede sorprendida, Yo me moría por tener lo que ella tenía ¿Y ella lo desperdicia? La vida es realmente injusta— prácticamente se estaban comiendo vestidos y su única explicación fue que James le daba lo que yo me negaba a darle— lo sentí tensarse de rabia

— Albert, ven, cálmate— dije guiándolo hasta la cama de forma dificultosa, casi caigo al piso mientras lo sentaba, aunque mi lucidez llegara a mí, no era tanta, aun estaba mareada, además Albert tampoco estaba en muy buen estado, me senté a su lado antes de hablar— ahora sí, explícame bien, porque no te entiendo nada ¿Cómo es eso de que James le da lo que tú no le das?—

— Candy, ¿no está claro?— dijo cerrando sus ojos y frunciendo el ceño, mas por la borrachera que por la rabia, tal vez le dolía la cabeza

— Sinceramente, no— Albert se tomo el puente de la nariz y suspiro

— Se que somos mejores amigos y que nos contamos todo, pero hay algo que yo no te he dicho de mi relación con Elisa—

— ¿Qué es?—

— Ella y yo jamás hemos tenido relaciones— yo abrí los ojos sorprendida, era uno de los pocos temas tabús que teníamos, el sexo, a ambos nos daba algo de vergüenza hablar sobre eso, solo lo habíamos hecho un par de ocasiones, la última vez fue más por fastidiar que por otra cosa, así que yo había asumido que ambos habían estado juntos, Albert jamás me contradijo nada cuando le bromee en esa ocasión con eso y yo di por hecho cualquier cosa— y esa es otra de las tantas razones para discutir, ella quiere y yo no—

— ¿Y por eso se revuelca con el primero que se le cruza?— el ceño de Albert se frunció con dolor y yo me arrepentí de mis palabras, suficiente tenia él con sus conjeturas para yo echarle leña al fuego— Perdón— dije suavemente

— No tienes porque disculparte, es la verdad, y eso es lo que me duele, que haya sido tan hipócrita conmigo, James se dio el gusto diciendo que se la habían pasado muy bien incontables veces, yo la quiero y por eso mismo no quería que estuviéramos juntos, me parece demasiado pronto, quería esperar un poco más, el cariño no es suficiente para mí en esas cosas, yo quería que fuera por amor, por verdadero amor, yo quiero estar con una mujer por primera vez cuando la ame de verdad— aunque suene cursi, ese era el ideal de Albert, algo anticuado pero yo lo consideraba muy romántico— ¿Tan malo es eso? ¿Tengo que ser como los demás?—

— Calla, ni siquiera lo consideres Albert, si ella no supo ver el gran hombre que eres, entonces que se lo pierda, tú no tienes porque cambiar solo porque ella lo quiere así, si no respeto tu decisión entonces no te quiere— Albert me paso un brazo por los hombros y me acerco a él

— Gracias Candy, tu siempre sabes cómo hacerme sentir bien. Pero por cierto ¿Qué haces aquí?— yo suspire

— La verdad, es que estaba buscando una cama para dormir, Rose me dio tanto alcohol que veía doble y mi coordinación no me estaba ayudando mucho, así que preferí venir a descansar, pero escuche ruidos aquí y vine a ver qué pasaba—

— ¿Estuviste bebiendo?— me pregunto asombrado, yo asentí— ¿Por qué?— no pude evitar el sonrojarme pero Albert al parecer no lo noto

— No lo sé, creo que fue un arrebato de momento— le mentí, Albert estaba borracho y por eso no noto que le mentí

— Me duele la cabeza— dijo agarrándose nuevamente el puente de la nariz

— Deberías dormir—

— No quiero, porque mejor no me acompañas—

— ¿A qué?— lo vi inclinarse en la cama, casi se cae por lo mareado, pero alcance a agarrarlo de la camisa a tiempo, él soltó una risita tonta por el casi accidente, luego tomó una botella de algo que parecía ser brandy ¿Cómo no la había visto antes? A sí, yo también estaba algo mareada

— Ya que hoy te dio el arrebato de beber, entonces toma conmigo, creo que ahogare mis penas en alcohol por esta noche— dijo algo dolido, aunque aparentara indiferencia, yo se que le dolía mucho más de lo que reconocía, las traiciones eran de las cosas que él mas detestaba y las que más daño le hacían, él quería a Elisa, de alguna forma extraña, pero lo hacía y que ella le pagara de esta forma, era un golpe duro para Albert

— Bien ¿Qué malo puede pasar? Vamos a ahogar las penas con alcohol— porque no solo era él, yo también había tenido la misma idea esta noche, ahogarme en alcohol y olvidarlo, y aunque el saber lo de Elisa me alegraba, eso no cambiaba el sentimiento que tenía Albert por mí.

Nos bebimos la botella entera, y eso para nosotros era demasiado, ni Albert ni yo estábamos acostumbrados a tomar alcohol, así que éramos bastante sensibles, después de que la botella estuviera vacía, nos encontrábamos recostados de manera horizontal en la cama, con los pies tocando el suelo y riendo por quien sabe qué tontería, habíamos hablado de cualquier cosa y tal vez el uno decía algo que nada tenia que ver con el tema del otro, pero era comprensible, estábamos realmente borrachos. Inevitablemente terminamos hablando de Elisa.

— Claro, pero a pesar de todo esto, me alegro— le dije

— ¿Te alegras?— frunció el ceño y trato dos ocasiones en levantarse, a la tercera y balanceándose apoyo el codo en la cama y recostó la cabeza en el dorso de su mano mientras me miraba ceñudo— Vaya y yo que pensé que eras mi amiga, ahora resulta que te alegras de mi dolor—

— No, no me alegra que te engañen, pero me alegra que aunque de un mal modo, pudiste abrir los ojos, Elisa no es la mujer adecuada para ti—

— ¿A no? ¿Entonces quien?— me sentí tentada de responderle que yo era la indicada, tenía las palabras en la punta de mi lengua, pero aun ni con el alcohol me animaba

— No tengo a nadie en especial, pero al menos me gustaría que fuera una chica que en verdad te valore y te conozca, que sepa hacerte feliz y que este contigo sin importar las condiciones—

— Alguien como tu— dijo sonriendo, mi corazón se acelero

— Si, alguien como yo— me anime a decir— aunque más bonita— él frunció de nuevo el ceño

— Candy— dijo mi nombre enojado— ¿Cuántas veces te he dicho que eres hermosa?—

— Muchas, pero tú me vez como una hermana, los hermanos siempre ven lo bueno de los demás—

— Candy, yo soy capaz de ver la belleza sin importar la relación, tu eres hermosa, aunque seas mi mejor amiga yo sé ver tu belleza de mujer, no soy ciego— nuevamente mi corazón se acelero

— Bueno, ese no es el punto, lo importante es que tú necesitas a alguien totalmente diferente a Elisa, alguien que no salga corriendo a buscarse a otro porque no tienen sexo—

— Alguien como tú—

— Albert, ¿Qué tengo que ver yo en lo que te dije?—

— Todo, tu eres totalmente diferente a Elisa, me valoras, me conoces mejor que nadie, sabes hacerme feliz, estás conmigo sin importar las condiciones y no sales huyendo porque no tenemos sexo— yo solté una gran carcajada, jamás tocábamos el tema del sexo con tanta tranquilidad y menos bromeábamos con ello entre nosotros

— Claro, yo muero por tener sexo contigo— continúe su broma, aunque no era del todo mentira— ¿Quién mejor que tu eh? ¡Oh! El gran Albert Johnson— Albert me jalo hasta su pecho y me abrazo mientras ambos reímos, pero Albert dejo de reír de repente y su rostro se puso serio— ¿Qué pasa?— dije levantando mi cabeza y acercándome a su cara para verlo mejor, me sentí algo mareada con el movimiento pero logre sostenerme

— Aun no lo puedo creer Candy, por muchas discusiones que tuviéramos, yo no creía a Elisa capaz de algo así, tanto que me celaba con todo el mundo y fue ella la que cometió el error, yo…— le puse un dedo en sus labios

— No sigas Albert, no pienses más en ello, no te recrimines ni mortifiques mas, las cosas siempre pasan por algo, tú tienes tu conciencia limpia, ella será la que se arrepienta después—

— Gracias de nuevo Candy, tu siempre estás aquí para mi, siempre que te necesito estás conmigo, no tengo como agradecer tu amistad— dijo mirando a la ventana

— No tienes que agradecer nada, tú también estas siempre para mí cuando lo necesito, tu amistad es mi paga— él sonrió, yo me acerque para darle un beso en la mejilla pero él giro la cara sin ver mi acción y accidentalmente le di el beso en los labios

Al comienzo ambos nos tensamos por la sorpresa, pero, tal vez el momento, el alcohol y las hormonas, nos hicieron continuar, lentamente fuimos abriendo nuestros labios y empezamos a moverlos en un beso tierno y suave, un beso amistoso, Albert me abrazo por la cintura y yo lo tome por las mejillas, cuando el aire nos falto, nos separamos, nos quedamos en silencio mirándonos directamente a los ojos y si mis ojos, mostraban lo mismo que los de Albert, entonces estaban llenos de pasión, aunque yo no tuviera experiencia en el tema, leer su mirada era tan fácil para mí, que no fue difícil comprenderlo.

Tal vez fue eso lo que nos empujo a continuar, porque segundos después, estábamos besándonos de nuevo, pero este beso, no tenía nada de amistoso, ni suave, era apasionado, hambriento y lleno de deseo, yo no podía detenerme a pensar en lo que estábamos haciendo, no se me cruzo por la cabeza que Albert era mi mejor amigo y que estaba borracho, que lo más seguro es que solo eso lo estaba llevando a besar a su mejor amiga, tampoco quería pensar en nada, si esta era la única manera y la única oportunidad de tenerlo así, no me arrepentiría después, aunque fuera una sola vez en mi vida, la aprovecharía, sin importar que tal vez nuestra amistad acabara por esto, continuaría y si las cosas acababan, lo tendría como el mejor de los recuerdos.

Las caricias no se hicieron esperar y sin darme cuenta yo ya estaba de espaldas contra el colchón y con Albert sobre mí, sus manos viajaban por mi cuerpo y las mías hacían lo propio por el suyo. Rápidamente la ropa ya estaba tirada por toda la habitación y nosotros ya nos encontrábamos bajo las sabanas rosando nuestras pieles desnudas y besando todos los lugares que podíamos, no cruzamos ni una sola palabra, solo nos dábamos miradas perdidas de deseo, acompañadas por suspiros y jadeos constantes.

Sentí la erección de Albert empezar a entrar en mí y cuando estuvo totalmente dentro, una mueca de dolor se cruzo en mi rostro y entonces Albert se quedo quieto y hablo por primera vez.

— Candy, ¿estás bien?— pregunto con voz ronca mientras me rosaba los labios con los suyos

— Si, solo dame unos segundos para acostumbrarme— respondí en su mismo tono

Así lo hizo mientras me beso y acaricio de nuevo, cuando me sintió más relajada empezó a moverse y yo lo abrace fuertemente por el cuello, jadee en su oído cuando las sensaciones me obligaron a hacerlo, estaba realmente flotando y era Albert quien me llevaba a ello, era nuestra primera vez, la primera vez de ambos, y aunque no hubiera una segunda no me importaba, no podía estar más feliz.

Albert acompaño mis jadeos con los suyos, mientras me besaba y acariciaba; tire mi cabeza hacia atrás y arquee mi espalda contra él, al sentir por primera vez un orgasmo, uno maravilloso, especialmente porque Albert era el causante de él. Luego de unos segundos, sentí a Albert dar un par de embestidas mas, jadeo sobre mis labios y se desplomo a mi lado luego de que el también llegar al éxtasis, nos dimos un último beso, antes de taparnos nuevamente con las sabanas, pues con los movimientos de momentos atrás, las sabanas habían rodado a un lado, me acerco a él y yo recosté la cabeza en su pecho mientras sentía su mano pasar por mi cintura, no tardamos en quedarnos dormidos.

Una terrible punzada en mi sien, claro signo de un buen dolor de cabeza, me hizo fruncir el ceño, no recordaba bien lo que había pasado anoche, solo recuerdo a Rose dándome vasos llenos de cualquier bebida y a mi tomándolos todos de un trago, se que subí para recostarme, pero este dolor de cabeza no me deja pensar en nada mas, tendría que levantarme y tomar una buena ducha para calmar esta maldita resaca que me está matando, me gire un poco para poder levantarme, pero algo no me dejaba, había algo pesado en mi cintura que me aprisionaba a la cama y a esta dura pero cálida almohada, un momento, ¿Desde cuándo las almohadas laten como un corazón? Estaba por abrir los ojos lenta y perezosamente, cuando el estruendo de una puerta abrirse con fuerza hizo que me sentara rápidamente mientras abría los ojos de golpe asustada.

— ¡Albert! Deja de dormir tan… ¡Oh por Dios!— frente a mí y con las manos en la boca, los ojos abiertos a todo lo que podían, estaba Rose. Un momento ¿Albert?

— ¿Qué pasa Rose?— dijo una voz a mi lado. ¡Oh no! ¡Dios mío, no! Los recuerdos de la noche pasada llegaron de golpe a mí y los nervios hicieron presencia, mire mi cuerpo y al verlo desnudo me tape rápidamente con las sabanas. Me gire hacia mi acompañante y Albert no me había notado aun, estaba sentado frotándose los ojos medio dormido. Rose rápidamente cerró la puerta con seguro, pero ella no salió

— ¿Quieren explicarme que es lo que pasa aquí?— dijo bajando un poco la voz, Albert abrió los ojos por completo, miro a Rose y luego siguió la mirada de ella hacia mí, sus ojos se abrieron completamente y su cara se puso pálida

— ¿Ca… Candy? ¡Oh por Dios!— se tomo la cara con ambas manos, como tratando de salir de una pesadilla, por lo menos su expresión me dio a entender que recordaba todo, hubiera sido muy doloroso para mí que él no recordara nada

— No me importa que tan sorprendidos estén, me explican ahora mismo que pasa y más les vale que se vistan rápido, aunque todos están durmiendo, no tardaran en despertar— mi corazón estaba realmente acelerado, la noche pasada había pensado que no me arrepentiría, y aunque no me arrepiento de lo que paso, me arrepiento de que Rose nos hubiera encontrado en esta situación tan vergonzosa y de que ni Albert ni yo, fuéramos capaz de decir algo coherente

— Rose— comencé. Ella recogió nuestra ropa del piso y luego se acerco

— Calma, no vengo a juzgar nada, pero en serio, vístanse— dijo entregándonos la ropa, yo rápidamente me levante con una de las sabanas enrolladlas en mi cuerpo, y me metí al baño, me vestí lo más rápido que pude con mis manos temblorosas, esto realmente apestaba, las cosas no parecían tan difíciles anoche, cuando estuve lista salí, vi a Albert terminado de ponerse la camisa, mientras Rose nos miraba a ambos tratando de descifrar que había pasado, aunque obviamente era lógico que había sucedido— Bien, ahora sí, ¿Qué paso? Y no me refiero a lo obvio—

— Yo…— empecé, pero Albert me corto

— Estábamos borrachos Rose— dijo Albert nervioso, Rose me miro y yo me sonroje

— Nos pasamos bastante con el brandy anoche y…— volví a comentar

— Rose— dijo Albert— ¿podrías por favor dejarme un momento a solas con Candy?— le pidió

Ella nos miro y asintió, luego salió rápidamente de la habitación. Aunque acepto tan fácil, luego no nos libraríamos de explicar. Entrelace mis dedos y baje la mirada nerviosa, no sé cómo iba a tomar esto Albert y yo no quería que arruináramos nuestra amistad, la noche pasada había sido hermosa, pero yo tenía claro que no se repetiría, solo no quería perderlo.

Sé que aún está pendiente la historia se labios del pecado pero Miko la autora no la actualizado por lo que todas estamos en la misma situación que paso con la pareja, espero que ella pronto logre actualizar y poder seguir deleitándonos con sus producciones