Get Backers!

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Plot: Aunque no lo crean, Akabane tiene un auto, y Ban acaba de chocarlo con su Subaru… El Dr. Jackal no aceptará algo tan aburrido como el dinero como compensación… XD

Bueno, lo clasifiqué como T por algunas malas palabrillas de Ban, no es la gran cosa.

Aclaro: no es yaoi, así que ya pueden salir de aquí los que buscaban otra cosa, lo siento... Sé que Get Backers es un anime casi para yaoizar solamente. u.u

Si aún siguen aquí, ¿quieren dejarme un review, nee? :D

Disclaimer: ¡Si me perteneciera Get Backers…! Lo habría echado a perder… ¿y qué sería de mí sin las enseñanzas de mis amados Yuya Aoki y Rando Ayamine?

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La última recuperación de los Get Backers ¡había sido exitosa como nunca…!, pero mal pagada, como siempre…

El cliente era un viejillo decrépito que ya ni siquiera sabía cómo se llamaba, y le pidió a los Get Backers que le recuperaran la memoria…. Lo único que faltaba! Que el Alzheimer fuera curado por el nuevo medicamento: el Jagan! ¬¬ Por supuesto, Ban tuvo qué explicarle que algo así no era recuperable, que él no era un maldito mata-sanos, y que el hecho de que se hubiera corrido el rumor de que ya antes le había recuperado los recuerdos a un cliente, no tenía nada qué ver con que fuera una especie de Jesucristo veintiún añero y que concediera milagros tales como acabar con el Alzheimer.

El decrépito cliente, quien en esos momentos se encontraba en su más tierna infancia, se puso a reír como un maniático durante algunos minutos. Cuando Ban le dijo a Ginji que lo mejor era que se fueran, aunque hubieran perdido su tiempo con ese ente desquiciado, el cliente les sonrió con más tranquilidad, y les dijo que eso era lo que estaba buscando: que le recordaran de qué estaba enfermo.

Ban pensó que le estaban tomando el pelo de la manera más vil, y definitivamente emprendió su huida hacia la puerta de salida, pero Ginji se sintió triste por el anciano, y le insistió que en qué más podían ayudarle.

El anciano se conmovió por la dulzura de Ginji, así que les ofreció su paga. Ahora, cualquier persona en el mundo se negaría a aceptar dinero sólo por haber dicho unas palabras como: "Señor, usted tiene Alzheimer. ¡Eso es lo que estaba buscando saber, ahora, págueme!"; sin embargo, Ban podía perder todo rastro de humanidad y compasión cuando se trataba de dinero.

Así que, con esa sonrisa y ojos de gato que se cargaba, aceptó la mal habida paga.

El anciano se emocionó.

— Bueno, jóvenes. — Dijo el señor, creando suspenso. — Como comprenderán: estoy en el final de mi vida, y no tengo herederos. Así que quiero ofrecerles todo lo que pueda darles.

— ¡Ojii-san, no tiene por qué hacer eso…! — Exclamó Ginji, siendo interrumpido por Ban, quien lo echó a un lado de un golpe, y lo hizo chocar contra el muro de tablarroca, sumiéndolo. — :S ¡Oh, no…! — Ginji se paró justo allí, para cubrir la evidencia. — :D Qué bonito clima hace hoy.

— ¡No le haga caso a esta estúpida anguila parlante retrasada! — exclamó Ban. Entonces, simuló una expresión de comprensión humana y temor a Dios. — Es cierto: ¿qué son las cosas materiales en el Reino de los Cielos? — Dijo, mirando hacia arriba. Sí… es cierto, hacer esta actuación tan dramática era bajo hasta para él, pero… ¿Qué más podía hacer? Se estaban quedando sin un yen en los bolsillos, y necesitaban el dinero para ponerle gasolina al Subaru 360, que llevaba una semana y media estancado afuera de la casa de Shido: quien aprovechaba cualquier oportunidad que tenía para mandar a sus animales a arañar y usar de baño el pequeño y tierno carrito de los Get Backers. — ¿Qué es el dinero sino la más despreciable de las cosas mundanas?... Claro, para usted, que ya vivió su vida.

— ¿El reino de…? — Pero dejando de lado los remordimientos morales, Ban ansiaba poder crear un efecto en el anciano, y se contentó al ver que lo había confundido… — ¿Los cielos…?

— ¡Sí! — insistió Midou, dentro de su papel. — ¡Me refiero al Más Allá, donde nuestras almas vivirán en paz, sin pecado, sin preocupaciones! ¡Tal estado de pureza, no precisa los objetos mundanos! ¡Creo que lo más inteligente es deshacerse de estas pesadas cargas! ¿No lo crees, GINJI?! — Claramente, Ban le lanzó una mirada amedrentadora.

—… Gulp… ¿Sí…? — opinó Ginji, sintiendo cómo su alma se podría.

El anciano se quedó quieto por un momento, pero luego pareció retomar el hilo de la conversación con facilidad, y jovialidad. Palmeó entusiastamente una vez, y les dijo lo que pensaba regalarles.

— Miren, jóvenes recuperadores. — El anciano se metió las manos huesudas y manchadas a la bolsa de su pantalón, y sacó un sobre viejo y amarillento, que parecía haber sufrido los estragos de la humedad. Lo blandió frente a sus narices, con un gesto diáfano. — Dentro de este sobre, hay un cheque válido por cien millones de yenes.

¿¡Cien millones…!? — Ban y Ginji entraron en una especie de estado zombi, babeante, podrido y anhelante de cerebros. ¡Jamás habían oído una cantidad tan grande ofrecida como paga! ¿Era eso posible…? ¡¿eRa eSTo Lo Que LLaMaMoS… aMoR…?!

— Así es. — El anciano sonrió tranquilamente, como si en vez de ofrecerles esa cantidad, les estuviera ofreciendo una bolsita de canicas a sus nietos. Empezó a jugar con el sobre, haciéndolo de arriba hacia abajo, como si fuera una araña sobre su tela, y disfrutó de los movimientos de los iris azules y cafés, pendientes del más ligero movimiento de él. — n.n je, je.

— Bueno… — las temblorosas manos de Ban empezaron a moverse como si tuvieran vida propia. Pero no podía simplemente tomar ese sobre y ya… ¡Debía haber algún truco, una prueba magnífica y sangrienta! Era por eso que no se decidía a tomarla. — Dénosla ya, anciano. — Dijo como un autómata, con los ojos nublados por la "Y" cruzada.

— ¡Pero bueno! ¿Qué son cien millones de yenes, comparado con todas mis propiedades terrenales! Lo último que quiero es que el Gobierno se las apropie…

— ¡Esos malditos! — lo apoyó Ginji, quien ya se parecía a un cachorrito en estos momentos. Seguro que si el anciano le decía: ladra, ladraba.

— ¿Propiedades? — la ambición de Ban no tenía límites.

— Quisiera poderles ofrecer eso también, pero… Claro, en esta vida no se puede obtener nada si no se arriesga algo a cambio. — Les dijo el anciano decrépito, quien parecía estar disfrutando de lo lindo. — ¿Qué les parece este trato?

— ¡sí, ACEPTO!

— Cálmense, niños, ni siquiera les he dicho cuál es el trato… Quizás sea yo el mismísimo demonio, y me acabaran de vender sus almas. — Ban y Ginji parecieron recuperar la cordura con ese último comentario, y se miraron uno al otro con seriedad, incrédulos de haber caído en un estado tan lastimero y deplorable. — Este es el trato: — el anciano se puso eufórico, y los Recuperadores lo vieron desaparecer por dos segundos tras la puerta más cercana, que presumía pertenecer a un armario, y sacó tres cajas forradas de morado, con estrellitas plateadas. — ¡Eeees, la catafixia! — Un ruido les indicó que algo había tronado sobre sus cabezas, y de pronto, los Get Backers se vieron atrapados en una lluvia de todos los colores.

— =u= U… ¿Acaso… acaba de llover confeti…? — murmuró Ginji, con la palma hacia arriba.

— ¡Cállate, Ginji, esto se pone bueno! — exclamó Ban, cegado por la ambición.

— Ban-chan… — intentó advertirle Ginji, pero sus palabras fueron infructíferas e incompletas, para empezar. El anciano estaba dándole vueltas a una matraca gigante y sonando un silbato grandote como el que se usa en los estadios de fútbol soccer. — Ojii-san. — interrumpió el rubio. — Por favor, ¿puede explicarnos qué es una catafixia? — se atrevió a preguntar Amano, ya que no le veía intenciones a Midou de decir ni una sola palabra… Sumido en ese estado de éxtasis que casi llegaba al nirvana… Si no fuera por la euforia…

— ¿No saben lo que es eso? ¡¿Qué clase de juventud se pasea por las calles de Shinjuku hoy en día?! — se lamentó el anciano, por primera vez en esa mañana, decepcionado. — Jóvenes Recuperadores, ESTO es una catafixia.

— Creí que era una "caja" — Dijo el brillante de Ginji.

— ¡No la caja, la caja es simplemente una caja! — repuso el anciano, pero recuperó la cordura. — n.n Una "catafixia" es un intercambio.

— ¿Un intercambio? Esto huele feo… — el asunto ya no le gustó a Ban, quien pareció caerse de la séptima nube.

— No te preocupes, joven Puerco Espín. — Lo tranquilizó el anciano, amablemente, y sólo por esa amabilidad, Ban no se alteró al escuchar que lo llamaban de nuevo "puerco espín". Aún así, no cambiaría su peinado, no señor. — La catafixia no te obliga a perder el premio inicial. Toma. — el anciano le tendió el sobre. — Es tuyo: tus cien millones de yenes.

— Ahhh… — Ban se quedó sin habla, o quizás la lengua le había explotado dentro de la garganta y la cerró. El tacto del viejo y arrugado sobre, era como subir al cielo y tocarle la cara al mismísimo Creador. Ginji pareció sentirse excluido de esta fiesta íntima entre el dinero y su compañero, así que se apresuró a colocarse lo más cerca posible de esa fuente interminable de felicidad.

Qué importaban todos esos trabajos, con sus momentos dramáticos que amenazaban con quitarle la vida, ¿qué importaban todas esas peleas sin sentido… si por fin tendría el dinero que lo mantendría a salvo, en casa?

— Y pueden quedárselo, o… — el anciano se hizo a un lado, señalando las tres misteriosas cajas. — ¡pueden cambiarlo por lo que hay dentro de una de estas tres cajas misteriosas!

— ¡¿Es una maldita broma?!

— No lo es, jóvenes recuperadores. — Les dijo el anciano, cortésmente. — Y aquí dentro, es donde podrán encontrar el resto de mis más preciadas posesiones. Todas ellas están repartidas en estas tres cajas. Adelante. ¿Qué es lo que van a escoger? El sobre… — el anciano les lanzó una mirada significativa. — ¿O una de las tres cajas? — Ban y Ginji sentían que el sobre de dinero les quemaba las manos, y miraron las otras dos cajas, donde estaban repartidas el resto de las posesiones del anciano con Alzheimer. ¿Harían la apuesta de su vida? ¿O se quedarían con lo que había en el sobre, siguiendo el refrán ese de "más vale pájaro en mano"…?. El anciano los miró con una dulzura incitadora. — ¿Hmm?

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— ¡JaJaJjjajajJAJAJAJAJA!

Ban se sintió humillado hasta lo más profundo de su ser, cuando la risotada sin escrúpulos y sin control de Shido Fuyuki resonó contra todos los postes, las mesas, las sillas, las ventanas y los muros del Honky Tonk: la historia engrandecía la estupidez de Ban y Ginji mientras los amiguitos del Emperador Relámpago se burlaban y escupían café por la boca y por la nariz.

— ¡Cállate, maldito entrenador de Gorilas! — exclamó Ban, utilizando la violencia como último recurso.

— ¡De haber sabido que harías una changada como esa, TAMBIÉN TE HUBIERA ENTRENADO A TI! — le contestó Shido.

— ¿Una… CHANGADA?! — En vez de preocuparse por el vocabulario de Shido, Midou sólo pensó en asesinarlo.

— Cálmense, chicos. — Kazuki Fuuchouin decidió recobrar el sentido común; y aunque quería seguir burlándose, alguno de ellos tenía qué ser la voz de la razón, ¿o no? Se levantó de su banquillo y se apresuró a ir al lado de Ginji, quien tenía la cara enterrada entre sus brazos sobre la barra del Honky Tonk, con la expresión más pura de un chiquillo perdido en el centro comercial. — ¿No ven que todo este asunto le duele a Ginji-san? — los aleccionó. Tanto Shido como Juubei parecieron enseriarse por completo; sin embargo, Hevn siguió riendo.

— No tengo nada contra ti, Gin-chan. — Aclaró. — Pero me da gusto que finalmente Ban-kun entendiera que Ustedes NO PUEDEN conseguir un trabajo decente, si no es por intervención mía. — La exuberante rubia se paró frente a Ban, con los brazos cruzados y la barbilla arriba. — ¿Qué te pareció eso, Midou Ban-sama? ¿Aprendiste la lección?

— ¿Cuál lección? — Dijo Ban a regañadientes, con una voz grave y lenta.

— ¡Que ustedes serán muy buenos recuperando cosas, pero el trabajo de la Intermediaria es el trabajo de la Intermediaria! — Hevn se adornó. — ¿Y dónde podrían ustedes conseguir trabajos, si no tienen contactos como los que tengo yo? ¡Esta vez, quisieron probarme que ustedes podían conseguir sus propios trabajos de recuperación, Y MIREN lo que les pasó!

— ¡Nos habrían pagado muy bien, a no ser por la ambición sin control de Ban-chan, que lo obligó a escoger la caja número tres! …que estaba llena con las posesiones más preciadas (SENTIMENTALMENTE) de ese anciano Alzheimérico. — Se lamentó Ginji, quien no quería mostrar ira contra Midou, o si no, el asunto jamás terminaría. — =u= …

— Dudo mucho que se diga: "Alzheimérico", Ginji-san. — Apuntó Kazuki.

— ¡Pero, qué pena! — Ginji enterró la cara en los brazos para no ver nada. — ¡Lo peor de todo fue cuando Ban-chan destruyó todas las posesiones que se ganó en la caja número tres! Está bien que te daba coraje, Ban-chan, ¡Pero no tenías por qué romperlos frente a sus ojos! — ahora sí, se le enfrentó.

— Eran míos, después de todo, me los gané limpiamente — Ban de pronto estaba en un rincón del Honky Tonk: donde no llegaba la luz, y sus ojos resplandecían con malignidad a través de la cortina de humo de tabaco que se creó.

— -_- U…

— Vamos, chicos. — Paul decidió que ya quería terminar la plática, que se estaba haciendo inagotable, y él pensaba que una de las peores cosas que podían hacerse, era llorar sobre la leche derramada. — De todos modos, ese dinero ni si quiera se lo merecían. — Ban lo fulminó con la mirada. — Acéptenlo, no se lo merecían; POR ALGO pasan las cosas, ¿no creen? Es la justicia Divina, la que no les permitió quedarse con ninguna de las posesiones valiosas, económicamente hablando, de ese pobre anciano.

— Quizás… — Ban exhaló una enorme bocanada de humo; el molesto tabaco fue llenando el lugar con espirales sigilosos, y luego se esparció por todo el café de una forma grosera e intoxicante. Todos se quedaron como si nada, esperando que Ban se diera cuenta de que los estaba molestando. Pero como un fumador nunca se da cuenta de eso, Ginji tuvo qué saltar de su banco y recorrer el café de extremo a extremo para ahorcar a Midou, mientras todos los demás le echaban porras.

Al final del día, los amigos de Ginji (quienes, al ir pasando las horas, se iban sintiendo cada vez más responsables por él) terminaron comprándole la cena y pagándole la gasolina del inválido Subaru. Cuando los Get Backers tuvieron qué irse, toda la bola de encimosos se apresuraron a colmar a Ginji de frases alentadoras, palmadas en la espalda y, de parte de Natsumi y Hevn, besos. El ánimo del rubio subió por las nubes, y volvió a ser el mismo de siempre.

Por cierto, a Ban nadie lo peló, ni si quiera Ginji.

Entonces, los Get Backers lograron zafarse del abrazo - llave – de lucha que tenía prisionero a Ginji, obra de Natsumi, y subieron al auto, que Ban arrancó.

— ¡Eeeeh, está vivo otra vez! — exclamó Ginji, sin poder controlar sus emociones. Ban puso los ojos en blanco. — ¡Vámonos, Ban-chan! — exclamó, subiéndose de un brinco; así que se golpeó la cabeza en el proceso.

— Idiota. — Lo etiquetó Ban, con un tono de voz rutinario.

— Sí, seré idiota, pero soy feliz. — Repuso Ginji, con lágrimas en los ojos. Pero de todos modos siguió sonriendo, porque no le importaba la adversidad, mucho menos algo tan insignificante como eso. — Ah, sí, Ban-chan… ¿Te importaría conducir al parque? Me olvidé de algo allí. — Dijo sin más rodeos, pero obviamente ocultando qué.

— ¡Aaaah, no puedo creer que seas tan idiota! ¡Cada vez la riegas más! — Ban empezó a conducir el auto.

— ¿Por qué estás enojado?

— No estoy enojado. — Dijo Ban rápidamente, cambiando el tono de voz a uno más tranquilo, tan súbitamente, que le dio miedo a Ginji que Ban fuera bipolar. Ginji se quedó callado, por el bien de ambos. Según Ginji, entendía por qué estaba enojado: Ban había sido ignorado olímpicamente toda la noche, Y LO MÁS IMPORTANTE: ni siquiera le habían dado de comer. Y meterse con la comida de Ban-chan no era algo insignificante. Ginji pensó en disculparse por no haberse dado cuenta de que Ban tenía hambre, y por no haberle compartido la mitad de los manjares que sus amigos le compraron, pero una cosa aún más importante le llamó la atención:

— Ban-chan, vas en sentido contrario. — Comentó, casualmente.

Ginnnji… — Ban se giró por un segundo y le sonrió indulgentemente. — YO soy Midou Ban-sama… Un AS en TODO. — Fanfarroneó, lo usual. — ¿Crees que no voy a saber cuándo voy en sentido contrario y cuándo no?... Pequeño. — Lo minimizó, por último.

— En serio, Ban-chan, vas en sentido contrario. — Repitió Ginji, en sus trece; sin embargo, no parecía preocupado por eso.

En serio, Ginji. — Ban repitió lo que dijera el rubio, utilizando el recurso infantil de regresar las palabras para molestar al otro. — ¿Qué sería de nosotros si tú condujeras mi precioso Subaru? — Ban le dio unos golpecitos cariñosos al tablero. — ¿Qué más puede necesitar un hombre, si no un carro tan perfecto como este?

— Ban-chan… Tienes mucha hambre, ¿verdad? :'( — le dijo Ginji, a juzgar por sus incoherentes premisas. — Gomen ne… Ban-chan… u.u Yo debí darte de mi pizza, y mi sándwich, y mi botella de cerveza, y mi…

El estómago de Ban no podía soportar ese desfile verbal de la comida que tanto anhelaba, y se giró hacia Ginji una vez más.

Para su desgracia, lo hizo justo cuando llegó a la intersección de esa avenida con una calle transversal, y no se dio cuenta de que un flamante auto deportivo, plateado y estilizado, se acercaba a toda velocidad hacia su Subaru 360, por el flanco derecho…

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La lluvia de piezas metálicas cayeron espléndidamente sobre los accidentados, dejándoles sobre la piel estelas escarlatas y brillantes que los cubrieron por aquí y por allá, como una pintura abstracta sobre una masacre sanguinolenta. El estruendo de los cristales estallando, de los fragmentos incrustándose en el piso, y el brillo color plata que interrumpían la infinita continuidad de la negrura celeste, reanimaron el corazón de Akabane Kuroudo.

Si acaso hubiese muertos dentro del otro auto, habría valido la pena que el suyo quedara destrozado.

Salir de esa lata aplastada en la que se convirtió su Porsche plateado, con quema cocos de cuero negro, no era tarea difícil para él. Un movimiento simple de sus bisturíes lo arreglaba todo, le dejaban el camino libre.

Akabane salió de su ex auto, enfundado totalmente en negro como un enorme cuervo, y se acercó al otro automóvil.

En cuanto vio a la catarinita blanquecina, una sonrisa le surcó el rostro: una sonrisa que podría identificarse como: cruel.

Las puertas del Subaru 360 se abrieron apresuradamente, y salieron los Get Backers.

Ginji se quedó paralizado a la mitad del camino, en cuanto notó que el mundo era un pañuelo… Un pañuelo muy cruel y desquiciado, que ojalá la sirviera para enjugarse las lágrimas de sufrimiento que el destino le deparaba.

Ban, por su parte, no se inmutó, y se dirigió al lado derecho de su auto: simplemente estaba abollado.

Justo como lo esperaba de su Subaru 360: es cierto, el pequeño auto se había estremecido furiosamente ante el choque; pero el auto contrario terminó hecho una mierda, mientras el suyo estaba como nuevo… Bueno, si se disculpaba la abolladura.

Ban se giró y regresó hacia el propietario del otro auto, y fue cuando se dio cuenta de que se trataba de Akabane.

Ginji lo miró rápidamente, como si quisiera darle a entender que la vida había sido buena, pero que era hora de despedirse de ella. Total, habían vivido pobremente felices. Al menos, Ginji, sí. Pero entonces, Amano vio cómo Ban caminaba hacia el Dr. Jackal con una actitud determinada, y se sintió desfallecer ante las ideas de qué le podía hacer Akabane a Ban, teniéndolo tan cerca.

— ¡Oye tú! ¡Mira nada más lo que le hiciste a mi auto! — Ban señaló la abolladura de su Subaru 360, enfrentándose a Akabane con bravuconería.

"¡¿Quééé?!" Ginji se cayó a lo anime.

Akabane, por su parte, acentuó una sonrisa sanguinaria, mirándolos a través de la ranura del ala de su sombrero de sepulturero.

El instinto animal de supervivencia de Ginji saltó dando alaridos.

— ¡Aka- Akabane-san! — exclamó el pequeño rubio, sintiendo la cara entumecida de miedo; aún así, sonrió para restarle importancia a la actitud tan inconsciente de Ban. — ¡No sabes… cuánto lo siento…! — empezó a balbucear, mirando la cosa deplorable que ahora lucía más como papel aluminio, en vez de auto, de Akabane. — T-T ¡Por favor, NO NOS MATES! — casi se arrodilló, porque si lo hiciera, Ban lo asesinaría por no "mostrar dignidad". — ¡Lo que pasa es que… no nos dimos cuenta de que íbamos en sentido contrario… porque… No había señalización…Ya… YA SABES CÓMO SON LOS DE TRÁNSITO! ¡No nos demandes, no, NOOOO!

— Oh. — Akabane encontró divertida la actuación de Ginji. — ¿Dices que no quieres que los mate… Ni que los demande? — Expuso, tranquilamente. Eso hizo que Ginji se diera cuenta que estaba pidiendo demasiado. Aún así, dijo, sin control:

— Chí. :D

Akabane blandió cuatro bisturís a la vez, mirándolo fijamente.

— No tientes a tu suerte, Ginji-kun. — Le aconsejó Akabane, poniéndole una de las cuchillas sobre la yugular, de una forma acostumbrada pero que pretendía ser al azar.

—… Bbb…. Ban-chan… — suplicó Ginji, con un hilito de voz. El aludido llegó a rescatarlo en el momento justo, haciéndolo a un lado de un manotazo. Entonces, Ban se puso delante de Akabane una vez más.

— ¡Haz lo que quieras, Jackal! — Dijo el poseedor del Jagan. — Vámonos, Ginji.

— =u= U… — Ginji prefería estar MUERTO en un momento como este.

— Midou-kun. — Akabane lo alcanzó, poniéndole una mano en el hombro. Ginji sentía el corazón en la garganta, y su alma simplemente quería escapar hacia un mundo mejor. Ban Midou encaró a Akabane, sin dejarse amedrentar. — ¿Qué clase de persona comete un delito contra otra, y luego se va como si nada hubiera pasado? Olvida quiénes somos, Midou-kun, ME DEBES muchísimo dinero. — Su mirada ganó ferocidad.

Los cinco minutos diarios de moralidad de Ban lo alcanzaron esta vez, debido a las circunstancias, y tuvo qué admitir que sí, era una canallada irse, luego de que había sido culpa suya que el caro auto de Akabane hubiera terminado hecho tuercas.

Pero no tenía dinero.

¡Si tan sólo no hubiera escogido la caja número tres de aquel anciano…! ¿Justicia Divina? ¡Sus polainas!

— Escucha, Jackal. — Empezó a decir Ban, desvergonzadamente. — Dinero, no tengo. Así que, a ver cómo le haces, pero yo no puedo pagarte con nada.

— ¿Dinero? — Akabane rió monosilábicamente. — ¿Quién te pidió algo tan despreciable y mundano como eso?

— ¬¬ — Esto debía ser una broma. ¿Estaba usando los argumentos que Ban le había dicho al anciano con Alzheimer, cuando pretendía que le pagara con sus pertenencias mundanas? — ¿Qué quieres de nosotros, Jackal? — Cortó toda charla Ban, de una forma secante.

— ¿De ustedes? Nada. — Akabane se acercó a un extremadamente tembloroso Ginji Amano. — Me conmueven las disculpas atropelladas del joven Amano Ginji-kun; además, yo sé que la culpa no fue suya, porque él no conduce tu pequeña Catarinita. Esta deuda es contigo, Midou Ban. n.n

Ban lo miró fijamente, esperando encontrar las intenciones de Akabane impresas en sus ojos, pero lo que encontró fue otra cosa: las sirenas de las patrullas.

— ¡Maldicióóón! — casi hizo berrinche Ban, haciendo sonreír a Akabane.

— Huyan, recuperadores. — les recomendó Akabane, con una sonrisa sencilla y pura. — Vamos, yo testificaré que el culpable huyó y que no pude verlo. — Les ofreció. — Acepten mi oferta: no hay aquí ningún testigo ocular que hable en contra de mi coartada.

— ¡Es un contrato demoníaco, Ban-chan! — acertó Ginji. — Quizás te perdone la vida por un momento, pero lo que querrá a cambio será mucho peor!

— ¿Qué propones?

— Pues… Hay qué entregarnos, ¿no? ': )

— ¡No! ¡La cárcel es un sitio que Midou Ban-sama no pisará! ¡No vivo como vivo para terminar en una cárcel! ¡Prefiero terminar en el infierno, ALGO QUE SÍ ME MEREZCA!

— ¡Ban-chan, nunca puedes dejar de ser orgulloso! ¡Por favor! ¡Quedémonos!

— ¿Piedra, papel o tijeras? — le ofreció Ban, sabiendo que Ginji SIEMPRE empezaba poniendo tijeras inconscientemente. Ginji aceptó, y perdió contra la piedra de Ban. — ¡Ja!

— Te odio. T-T


Esa noche, los Get Backers habían dormido en una banca del parque, como auténticos vagabundos. Habían estacionado el Subaru frente a la casa de Madoka (de nuevo, porque según Ban, nadie nunca sospecharía de un auto estacionado frente a la honorable residencia Otowa), y después, habían recorrido muchas calles de mala muerte, tranquilamente, con una actitud parecida a la de los bravucones de los años ochenta que siempre salen en esas películas; y finalmente habían llegado al parque de Shinjuku, donde se escabulleron y se quedaron a dormir. Incluso, tuvieron qué quitarse de en medio a un vagabundo de verdad, quien proclamaba que todas las bancas del parque le pertenecían, y que jamás los dejaría pasar ahí la noche, a no ser que le pagaran una cuota generosa.

Esa noche, el vagabundo se ganó un nuevo afro: cortesía de la energía electrostática de Ginji… Y algunas quemaduras menores.


Ban tuvo una serie de pesadillas esa noche, alimentadas por el hecho de que hace tres días que no probaba bocado, y que sólo se mantenía de pie porque bebía mucha agua, que le llenaba el estómago y lo hacía olvidar por un momento el hambre que tenía… Ese estúpido mal nacido de Ginji… ¿Por qué no le había dado ni una probadita anoche? Porque, a estas alturas de la vida, Ginji ya debería saber que el orgullo de Ban era demasiado grande como para rebajarse y pedirle una mordidita de sándwich y un sorbito de café. Es decir, normalmente, le habría quitado todo, pero esa noche no. ¡No después de que todos sus idiotas súper amiguitos se habían burlado de él hasta hiperventilar, sólo porque tomó la mala decisión de escoger la caja número tres, en lugar de los cien millones de yenes que les había ofrecido ese anciano decrépito!

¿Él qué iba a saber?

Creía que la caja número tres contendría las acciones de una empresa internacional, un jet privado, una McMansión y un mayordomo demoníaco llamado Smithers… u.u…

…Tenía tanta hambre… Ni siquiera podía dormir.

Espera. Quizás no podía hacerlo porque el sol comenzaba a brillar entre las copas de los árboles.

Ban abrió lentamente los ojos, encontrándose con un paisaje verde totalmente emborronado por el desenfoque visual de los primeros segundos de despertar. Cerró los ojos de nuevo y se talló los párpados con seis dedos de las manos, y cuando los volvió a abrir, se dio cuenta de que su vista se había obstruido por una gran mancha de tinta negra. Y la mancha de tinta negra le sonrió.

— ¡Cacabane! — Midou se desperezó estirándose lo más desfachatadamente que pudo, y bostezó larga y tranquilamente.

— Vaya, es la primera vez que nos encontramos y tienes la guardia tan baja. — le aseguró Akabane.

— ¿Esa impresión te di? ¬¬ Ni lo sueñes: Nadie podrá hablar contigo nunca sin bajar la guardia, Cacabane. — lo contradijo Ban. Akabane le sonrió, y Ban tuvo la impresión de que ya llevaba un buen rato inmóvil frente a la banca donde dormían los Get Backers. — Oye, ¿cuánto tiempo llevas ahí?

— Me temo que demasiado.

— ¿Qué tanto es demasiado, maldito degenerado pervertido? — . — U

— Los pájaros empezaban a usarme de árbol. — Dijo el Transportador, con una sonrisa insondable. Ban lo miró como si estuviera completamente chiflado: algo que nunca le podría decir nadie, por más que se lo mereciera. Entonces, Akabane se puso tan serio, que Ban pensó que jamás lo había visto sonreír. — Si mal no recuerdo, Midou-kun, tú y yo tenemos un asuntito pendiente.

En ese preciso momento, Ban lo recordó todo: sobre todo la parte que dijo Ginji: "¡Es un contrato demoníaco, Ban-chan!", y se dio cuenta de que SÍ lo era, y que la siguiente vez le pondría más atención a su rubio compañero. Y pensando en él, ¿por qué rayos no se despertaba? Ban lo miró hecho un ovillo sobre la verde banca del parque (incómoda, por cierto), con una cara de felicidad como si estuviera soñando que tenía una cita masiva con todas las chicas del concurso de Miss Universo.

Ban no evitó poner los ojos en blanco: frente a él estaba Akabane Kuroudo, el asesino despiadado, y Ginji seguía durmiendo a pierna suelta.

— Sé exactamente cómo me vas a pagar, Midou-kun. — Le dijo Akabane, con una expresión de: "no te preocupes, yo me encargo". Ban levantó una ceja, queriendo huir de ahí, pero se mantuvo inamovible. — Y no puedes negarte… Dudo mucho que, con la suerte que tienen ustedes dos con el dinero, puedas pagarme un auto como el que tenía.

— Obviamente, se paga mejor el trabajo fácil… — suspiró Ban, pero de un modo disimuladamente provocativo.

— ¿Perdón? — pidió que se le repitiera Akabane, cortésmente.

— Ya sabes. — Ban se levantó de la banca con entusiasmo. — Tú solamente paseas objetos: no tienes qué recuperar nada, ni enfrentarte a nada más grave que los malvados y poderosos oficiales de tránsito. — dijo Ban, fingiendo una voz macabra–sarcástica. — Jeh… Sin embargo, tu sueldo es suficiente como para poder comprarte un auto así, ¿verdad?

— ¿Ese auto? — Akabane selló sus labios en una sonrisa: jamás le diría que el auto no era legalmente suyo: sino que tuvo qué haber algunos muertos en uno de los trabajos de transporte, y el auto había quedado huérfano, así que… Lo tomó. — Bueno, después de todo, soy doctor. Si hubieras terminado una carrera, otra cosa sería, aficionado.

— ¡¿Aficionado yo?! — Ban saltó, con el orgullo herido. — ¡NO ME SUBESTIMES!

En ese momento, Ginji se movió, dio una patada y se incorporó. Akabane y Ban lo miraron que estaba sentado sobre la banca, pero con los ojos cerrados.

— "Se volvió a dormir?!" — pensó Ban, pensando que Ginji era EL COLMO de toda una generación! — ¡DESPIÉRTATE DE UNA BUENA VEZ, DESGRACIADO MAL PARIDO! — Ban lo sacudió, ante la paciencia infinita, llámese curiosidad, de Akabane. Ginji finalmente empezó a emitir unos ruiditos guturales antes de abrir los ojos en una rendija. — Muévete, Ginji, Akabane está aquí: quiere vengarse de mí por lo de anoche. — le susurró, apresuradamente. Ginji abrió los ojos automáticamente, dispuesto.

— ¡Estaba despierto! — aseguró, y buscó a Akabane con la mirada. Lo encontró parado frente a ellos, como si en el mundo no hubiera nada más interesante qué hacer. — ¡Ohayou gozaimasu, Akabane-san! :D …. ñ.ñ… Oye… Akabane-san… etto… ¿No crees que… Sería lindo que… Tan sólo UNA vez, hicieras algo bueno por alguien? Bueno, pues estuve pensando en eso toda la noche, y creo que sería lo mejor que…

— Amano Ginji-kun, con todo respeto — Akabane se acercó a él, en UN PARPADEO, y lo enfrentó, fulminándolo con esos despiadados ojos violáceos glaciares. Ginji se hizo para atrás instintivamente, apretando los dientes. — NO TE METAS. — Akabane volvió a tomar su distancia, respetando las burbujas personales de las demás personas, y sonrió. Ginji se sintió agotado por el súbito golpe de adrenalina y cayó inerte sobre la banca, con una sonrisa post-mortem. — ¿Y bueno, Midou-kun?

— Gome, Ban-chan… — murmuró Ginji. — Hice lo que pude… =u=

— ¬¬ … Entiendo… — Ban se volvió hacia Akabane, resignado a su suerte. — Tú dirás. — Aceptó, exhalando cansinamente.

— Oh, vaya. Me halagas. — Akabane finalmente pudo decir de qué iba todo esto. — Bueno, Midou-kun, considerando que el auto que destruiste era muy costoso, tendrás qué doblegar un poco tu orgullo para poder pagarme. Se me ocurrió que, tal vez, la mejor opción sería que fueras mi sirviente.

Ban jamás pensó que alguien le fuera a decir una tontería como esa, así que nunca se preparó para reprimir el estallido de carcajadas.

— ¡¿A QUÉ ESTÁS JUGANDO, CACABANE?! — le recriminó, tiempo después. — Ahhh, ¿insistes? Pues me vale madre que vayas en serio: jamás te pagaría de esa manera: preferiría mil veces darte mi sueldo por el resto de mi vida.

— Si aceptara algo así, incluso en una vida, no podrías pagarme casi nada. — Dijo Akabane, acertadamente. Ban cerró la boca y lo fulminó él mismo con la mirada. — Además, sin ese dinero seguramente morirías de inanición en un par de semanas, querido Midou-kun; y si tú mueres, ¿quién me iba a pagar los daños?

Ban miró a Ginji, lo tomó del brazo y lo levantó de la banca frenéticamente.

— ¡Ginji lo pagará!

— Ban-chan… TuT…

— ¡O, ¿NO LO PAGARÁS, BASTARDO MALAGRADECIDO?!

— ¡Lo pagaré! — se dispuso chibi Ginji, blandiendo el puño derecho en señal de visualización del exitoso futuro.

— ¿Qué tal? — Ban le levantó las cejas a Akabane, quien todavía no se inmutaba. Esto desarmó a Ban. La expresión de Akabane, llena de incredulidad, iba ganando furia y sed de sangre. Ban supo que no tenía de otra. — Bieeen… — Terminó diciendo, entre dientes. — ¿Qué quieres de mí?

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¡Este fue el primer capítulo!

Descubriremos a qué lo obligará Akabane en el segundo, se aceptan sugerencias! :D

¡Haz tu trabajo!

¿Eh, quién dijo eso? O-o

Bueno, viendo que la categoría de Get Backers está muy por debajo, tratemos de aportar un montón de historias sobre esta fantástica serie!

Así que me dediqué a escribir este, para que cada vez haya más!, ¿no creen? n.n