ANTE TODO, ESTE FIC ES UN REGALO DE CUMPLEAÑOS PARA UNA AMIGA MUY ESPECIAL, QUE PESE A QUE NO LA CONOZCO EN PERSONA ES REALMENTE INCREIBLE.

VA POR TI NAN, AUNQUE ES MÁS CONOCIDA POR NANNY PGRANGER.

Espero de corazón que pasases un día increíble y que lo disfrutases con los tuyos, con cariño desde España, disfruta del primer capítulo de tu regalo, ya me dirás que te pareció.

Aclaraciones de importancia:

Negrita, sin cursiva y sin subrayado: Esta historia comienza con unos pensamientos de Hermione, que sirven para dar paso a la historia.

Normal: Será la historia, en sí.

"Cursiva y comillas": Un recuerdo o un pensamiento de algún personaje.

Eso es todo por ahora, a disfrutar de la pequeña pero espero intensa historia, se ha dicho.

Mi profe y yo:

Primera lección:

Un beso de verdad.

Debería comenzar a contar todo esto, por mi primer encuentro con él, quizás, comprenderíais mejor nuestra historia.

Claro está que él, seguramente no lo recuerde, es posible que ni siquiera cayera en la posibilidad de adivinar que soy la misma persona. Sinceramente lo entiendo, después de todo, la gente cambia mucho, incluso yo misma, tardé unos momentos en reconocerlo.

También estaba el añadido de que no podía creerme que fuese él.

Pero en eso entraré más tarde, ahora lo importante es contar nuestro primer encuentro:

Edad mía, catorce años, edad de él unos diecisiete aproximadamente, fue el último día de mi nefasto verano, yo, al día siguiente volvería al colegio Hogwarts de magia y hechicería; comenzaría mi cuarto año.

Para mis vecinos, yo iba a un prestigioso internado, en el que se requerían unas notas prodigiosas y un coeficiente intelectual elevado, nadie sospecharía, que era una bruja en potencia.

Es decir, era la niña lista del barrio.

Más pese a que era la inteligente, en cuestión de amores era pésima, como a todas las niñas de esa edad, habían comenzado a llamarme la atención los chicos, y pese a mi aspecto, que no era para nada llamativo, había conseguido un novio en ese verano.

Se trataba de un antiguo compañero de clase, creí que de verdad sus palabras eran sinceras y me dejé engañar, ese mismo día, me enteré de que lo único que había estado haciendo, era reírse de mí con sus amigos y amigas del colegio.

Ellos nos espiaban y luego comentaban con el resto del barrio al que le interesase, lo patosa e ingenua que era al respecto de esos asuntos.

Me había dicho que hasta era pésima en besar y que no llamaría la atención de nadie que mereciera la pena. Herida, lo había golpeado como uno de mis amigos en Hogwarts me había enseñado, con el puño cerrado y con fuerza.

Quizás habría sido mejor darle una bofetada y comportarme como una señorita, pues a raíz de eso, me habían colocado el apodo de marimacho.

Mi vida social en las vacaciones, acababa de quedar completamente arruinada para los restos.

Por todo ello, me encontraba escondida en el parque del barrio, acurrucada en la caseta de madera que allí había, era una caseta amplia, por lo que hasta los chicos mayores del barrio, se juntaban en muchas ocasiones allí.

Era sabido por todos, que el parque era de los pequeños durante todo el día, pero en las noches, pertenecía a los jóvenes. Se dejaba la cosa así, porque los jóvenes no destrozaban los columpios y además, si ponían algo por medio, se preocupaban por quitarlo y los padres decían, que preferían tener controlados a los mismos, que en cualquier otra parte sin saber que hacían.

La noche anterior, habían dado una fiesta increíble en despedida, pero solo los de edades de dieciséis en adelante, habían podido asistir, era sorprendente cuantos de esa edad vivían en el lugar.

Además, su propio vecino había invitado a unos cuantos amigos de su colegio a pasar las vacaciones en su casa.

Por lo que el ajetreo y el revuelo habían sido mayores, y encima se contaba que entre los invitados había destacado uno en especial, que había revolucionado a todas las chicas de edades comprendidas; entre los trece y los diecinueve años.

Incluso en una reunión, había escuchado a algunas madres, preguntar a la señora Malfoy por el chico en cuestión.

De todas formas y tras semejante fiesta, ella, era consciente de que nadie iría por allí esa noche, pues estarían todos descansando tras la misma y preparándose para marcharse, porque según sabía, todos los invitados se marchaban al día siguiente.

"Por su rostro de forma pausada pero sin descanso, descendían unas cuantas lágrimas a las que nadie les impedía el paso, por lo que su trayecto terminaba cuando llegaban al final de su fino rostro.

Se había refugiado en la casa de madera, por dos razones; no deseaba que la encontrasen y quería llorar sin que la interrumpieran.

Ese despreciable de Dursley, se había dedicado a burlarse de ella, y encima la había criticado, ¿quién se creía que era él para hacer tal cosa?, más pese a que se había ganado un nuevo apodo, no se arrepentía de haberle hecho sangrar por la nariz al golpearlo.

Lo peor iba a ser, al volver en las vacaciones, ellos aprovecharían para meterse con ella sin ninguna duda.

-No esperaba encontrar a nadie por aquí.

Sorprendida de escuchar a alguien en el lugar, levantó su rostro, pese a las lágrimas, pudo distinguir el color de ojos de quien acababa de llegar.

Unos ojos verdes como esmeraldas la miraban entre sorprendido y con curiosidad:

-Yo…

No sabía que decir, la verdad es que ella tampoco esperaba encontrarse con nadie en el lugar:

-Es evidente que tú, tampoco esperabas encontrar a nadie aquí. Creo que es mejor que me marche.

-No, no hace falta.

Él había comenzado a girarse, más al escucharla hablar se había girado a mirarla extrañado:

-¿Por qué estás llorando?

Rápidamente, apartó la mirada de él y se limpió el rostro, no quería que se marchara por su culpa, pero tampoco pensaba contarle lo que le había sucedido:

-Así que eres tú, la marimacho del barrio.

Furiosa lo miró, él, se encontraba con una sonrisa en el rostro y se había sentado enfrente de ella, parecía divertido:

-No soy ninguna marimacho, él se rió de mí y yo lo golpee, no pienso dejarme pisotear por nadie.

-Eso me parece bien, y no creo que ese apodo te pegue mucho, pues alguien así, no estaría llorando en estos momentos.

De nuevo apartó la mirada de él:

-¿Cómo lo has sabido?

-Aunque no lo creas, te debo una, me has librado de tener que cenar con mis tíos y mi primo, pues han tenido que ir a un ambulatorio para que le detengan la hemorragia nasal que le provocaste.

Asustada lo miró de nuevo, ¿acaso había venido a vengar a Dudley?

-Puedes estar tranquila, Dudley me cae incluso peor que a ti, así que no seré yo quien venga a recriminarte nada de nada. Si llego a saber antes, que este lugar era donde vivían ellos, nunca habría aceptado la invitación de Draco.

No recuerdo un verano más agobiante en mi vida.

-¿Agobiante por qué?

-Dudley quería conseguir ser más popular y por ello he sido presentado a todas las chicas de este barrio.

Ella no dijo nada, después de todo era mentira, pues a ella no se lo había presentado, quizás estuviese exagerando, seguramente sería uno de esos a los que les gustaba estar en el centro de toda conversación:

-Odio que haga eso, bueno, él y cualquier otro, pero mi madre insistió en que no disgustara a mí tía, y como ella me lo pidió, ufff, sin embargo, ese Dudley parece haberse olvidado de presentarnos.

-Creería que era una pérdida de tiempo, después de todo, no soy muy apreciada en el barrio.

-¿Y eso qué?

-No lo entiendes, conocerme no te proporcionaría ningún beneficio, por el contrario, quizás fuese una molestia, eso pensaría Dudley.

-¿Le pediste alguna vez que nos presentaran?

-¿Yo?, ¿para qué?, no te molestes por esto, pero él y yo éramos novios, al menos lo hemos sido hasta hoy mismo, ¿por qué iba a interesarme?

-Entonces esa es la razón, apuesto a que ni siquiera eres consciente de con quién estás hablando, ¿y sabes una cosa?, eso me gusta.

Formó una sonrisa torcida en sus labios y no pudo evitar sonreír a su vez en respuesta. Se quedaron callados durante un buen rato, hasta que él declaró:

-¿Qué fue lo que te dijo el estúpido de mi primo, para que lo golpeases de esa manera?

Ella se mordió el labio inferior y miró hacía el suelo, ¿debía decírselo?, quizás, tal vez si lo hablaba con alguien se sentiría mejor, desde esa posición, fijó su vista en él.

Sin duda era mayor que ella, y además era bastante guapo, ¿cómo decirle a un chico así, que se habían reído de una por no saber besar?

Sin duda se reiría de lo lindo, ¿y a ella eso que más le daba?, sin lugar a dudas no lo volvería a ver en la vida, así que si se reía de ella, que lo hiciese, al menos se sentiría mejor durante un rato.

-La verdad es que cuando me dijo que le gustaba, me sentí muy alagada, hacía dos años que solo nos veíamos en el verano, pues entré a estudiar en un internado, sin dudar le dije que sí, era la primera vez que alguien se fijaba en mí.

Y me sentí muy contenta, durante todo el verano, hemos estado saliendo, pero hoy me dijo que deseaba quedarse en casa, que tenía un compromiso familiar que no podía eludir.

Yo le creí, pero al ser mi último día en el barrio, pues he de volver mañana, quise verlo un poco en la tarde.

Ahora me doy cuenta de que no era del todo mentira, tenía una cena después de todo, pero el resto del día, se lo había pasado con Gabriel y los demás, esa chica me odia desde que éramos pequeñas, y los encontré riéndose de mí, burlándose de cómo me vestía y a Dudley contando cosas que yo le decía.

Al verse descubierto, me dijo que era un alivio, que ya no tendría que fingir que le agradaba estar conmigo, y lo más importante, tener que soportar mis insulsos besos.

Que era una estrecha y que un perro besaría mejor que yo, además de decirme, que era una tonta por haberme creído que alguien como él podía fijarse en mí.

Tomó aire y dejó de hablar, él la miraba con curiosidad, y parecía en cierto modo algo molesto.

-¿No te vas a reír de mí?

-¿Debería?, bueno, quizás solo por el hecho de que te consideraras alagada al saber que le gustabas a ese imbécil, pero a lo demás, solo le encuentro un motivo de risa.

-¿Al hecho de que un perro bese mejor que yo?

-Al hecho de que Dudley se crea que puede juzgar si sabes o no hacerlo, y más teniendo en cuenta que él, no tiene ni idea.

-¿Qué quieres decir?

-He visto a Dudley besar a Gabriel, no creo que tú de verdad creas, que a lo que él hace, se le puede llamar beso.

-Lo que no puedo creerme, es que se haya quedado con mi primer beso, ¿cómo pude ser tan tonta?, incluso me emocioné cuando me besó por primera vez.

-Ya te he dicho que a eso no se le puede llamar beso, así que técnicamente, aún no has recibido tú primer beso.

Lo miró fastidiada, ¿si lo que ella y Dudley habían hecho no era un beso?, entonces ¿qué lo era?

-¿Y qué se supone que es entonces lo que hicimos?

-Un toque de labios, tú, nunca has sido besada en condiciones.

Ella sonrió de medio lado, gesto que él imitó, lo que le provocó un pequeño cosquilleo:

-¿Y cómo se supone que sería un beso de verdad?

Él se quedó en silencio un buen rato, seguidamente una sonrisa misteriosa se formó en sus labios, se adelantó un poco acercándose a ella y susurró:

-¿Quieres que te enseñe?, después de todo te debo una.

-¿Enseñarme?, ¿Y cómo harías eso?

Él sonrió de nuevo:

-Dudley tenía algo de razón, eres una ingenua si debes preguntar eso.

Nerviosa lo vio acercarse un poco más a ella, sintió su respiración cerca de su mejilla y se pegó aún más a la pared de madera en la que se encontraba apoyada, sin duda notó su nerviosismo, porque se detuvo a poca distancia y lo escuchó decir:

-¿Qué me dices?, ¿te enseño o prefieres no saber?

Sintió un cosquilleo por todo el cuerpo, no le gustaba no saber hacer algo, es más lo odiaba, ella siempre era la primera en todo, no entendía por qué Dudley y los otros se molestaban por ello. Ella simplemente se dedicaba a buscar y aprender.

Y ahí, delante de ella, se encontraba alguien, dispuesto a enseñarle, lo que era un beso de verdad, y así, quizás algún día, podría enseñarle a Dudley lo que hasta él desconocía.

Lentamente fijó sus ojos en los de él, y se perdió en su verde esmeralda, hipnotizada y cargada de nervios solo pudo susurrar:

-Si.

Todo su cuerpo comenzó a tensarse, al verlo acercarse tanto a ella, pudo distinguir como colocaba ambas manos a cada lado de su cabeza, apoyándolas en la madera.

Sintió su respiración acariciar sus labios y la boca se le secó, ese chico era muy diferente a Dudley, no tenía el cabello rubio, ni tampoco los ojos de él, pero sin duda era mucho más guapo y mayor.

No sabía la edad exacta, pero estaba segura de que era mayor que ella, y eso quería decir que sí que sabía lo que estaba haciendo.

-Primero te enseñaré lo que Dudley dice que es un beso.

Su voz era solo un susurro, pero para ella no era necesario nada más, ¿por qué estaba tan nerviosa?, solo le iba a enseñar algo que ella desconocía, era como cualquier otro profesor.

Y ella solo debía prestar atención y aprender.

En cuanto los labios de él rozaron los suyos, se apartó de él, el miedo la embargó, había sentido un escalofrío recorrer cada parte de su cuerpo, algo que no había sentido con Dudley.

-Eso es lo que Dudley cree un beso, pero pequeña, eso no es nada.

¿No lo era?, sentirse tan nerviosa y tan sumamente en tensión, no había servido para nada, ¿qué demonios era entonces un beso?

Abrió un poco los labios para preguntarle, cuando de los mismos dejó salir un poco de aire, no se había percatado de que había estado reteniendo la respiración ante ese momento.

Eso consiguió tranquilizarla un poco, más no duró mucho, pues enseguida él, apresó su labio inferior con los suyos, y succionó.

Se congeló en el acto, más él, no se detuvo ahí, después de eso, apresó su boca como si nada.

De un momento a otro, ella misma comenzó a mover sus labios al ritmo que él marcaba, todo su cuerpo se estremeció al sentir como él llevaba una de sus manos hacía su rostro, y la obligaba a detenerse un poco, el beso comenzó a ser más pausado, hasta que el contacto con sus labios se perdió.

Ambos comenzaron a respirar entrecortadamente, fijó sus ojos en los de él, y se percató de que habían cambiado algo, ahora podía distinguir un extraño brillo en los mismos, que no supo descifrar.

-Eso es un beso, pequeña. Y yo he sido quien ha recibido tu primer beso.

Perdida y totalmente ausente susurró:

-¿Me lo podrías enseñar de nuevo?

Pudo ver la sorpresa en su rostro, y temerosa de que se negara, no dudó en ser ella quien lo comenzara, no recordó que él se encontraba inclinado hacia ella, por lo que en cuanto sus labios se juntaron, sorprendido, se alejó un poco de ella, más ella hizo el camino con él.

¿En qué momento sus manos habían acabado agarrando con fuerza la camisa que él portaba?, ahora se encontraba, casi sentada a horcajadas encima de él y completamente sonrojada.

Escuchó una risa divertida escapar de los labios de él:

-Creo que mereces una segunda muestra sin duda, pero presta atención ahora pequeña.

Sin más la sentó sobre sus piernas, y sin apartar las manos de su cintura, poniéndola aún más nerviosa, había apresado sus labios de nuevo.

En esa ocasión, ella cerró los ojos y de forma inconsciente y automática, llevó sus manos hacía el cuello de él.

El beso en esta ocasión parecía llevar un ritmo diferente, pero más intenso y eso le gustó, pero le pareció insuficiente, ¿eso era un beso de verdad?, vale que te hacía sentir de maravilla y hasta podía dejarte fuera de onda, pero no era para tanto.

-Quizás pueda llevarte al segundo nivel.

Iba a preguntar a qué se refería, cuando justo al abrir la boca, sintió como él la invadía de pleno. Soltó una exclamación de sorpresa y en ese momento, se percató de que la lengua de él, insistía en recorrer cada milímetro de su boca, lentamente, sintió como la misma, incitaba a su propia lengua a danzar juntas.

Nerviosa y siendo la primera vez que hacía tal cosa, comenzó a moverse lentamente, más él la incitó y provocó, para hacerla danzar aún más rápido y osadamente.

Toda ella se sintió atrevida y estimulada, eso ya era otra cosa, ese beso era aún más íntimo y sobretodo aún mejor, todo su cuerpo le decía que eso, sí que se podía considerar ser besada por alguien.

De nuevo precisaron aire, más en esta ocasión, fue él, el que no tardó en volver a apresar sus labios a la par que sentía las manos de él, acercar más su cuerpo al de él.

¿Por qué se sentía tan extraña?

Al pegarla contra su cuerpo, él, profirió un pequeño sonido que escapó de sus labios y seguidamente se separó de ella:

-Me parece que aprendiste bien la lección pequeña, y déjame decirte, que Dudley es un estúpido.

-¿Por qué dices eso?

Él, tan solo sonrió de una forma que a ella le encantó y la hizo sentirse terriblemente nerviosa:

-No sabe lo que ha perdido.

Sin más sintió como la alejaba un poco de él, ambos se miraron a los ojos y él al ver que ella no parecía dispuesta a levantarse aún preguntó:

-¿Acaso ahora no piensas regresar a casa?

-Quiero que me enseñes una cosa más.

-¿Y de qué puede tratarse?

-Eso que tienes en el cuello, ¿qué es exactamente?

Él, la miró fijamente y declaró:

-Una forma de marcar territorio, aunque a alguna gente le gusta llevarlas, a otros no nos hace tanta gracia.

-¿Quién te marcó?

-Una ilusa, que cree que por ello ya me tiene.

-¿Y no es así?

-No, de hecho en el momento en que lo hizo, la dejé plantada.

-Así que eres libre y no te gusta que te aten.

-¿Te gustaría a ti?

Ella se quedó un rato pensando, para después encogerse de hombros y declarar:

-Solo si es el definitivo, entonces me gustaría que me lo hiciera, pero prefería que no fuese tan visible.

-Entonces no tendría gracia pequeña, cuando alguien te marque o tú marques a otra persona, eso será delante de gente que consideren una amenaza, o será para dejar en claro que no podrán tenerte por que ya eres de alguien más.

-Es evidente que la chica que te hizo eso, no se esperaba el resultado.

Él soltó una carcajada y después la acercó más, estaba de nuevo pegada a él:

-Es evidente que no, entonces ¿quieres que te enseñe a hacerlo?

-Quizás en otra ocasión.

-Son las diez de la noche pequeña, y ya no volveremos a vernos nunca más, así que no tendrás otra oportunidad.

-¿Las diez has dicho?

Él asintió, y ella alarmada se separó de él rápidamente:

-Mi madre va a matarme, tenía que estar en casa a las nueve menos cuarto.

Sin más salió del interior de la caseta con suma rapidez y escuchó como él la seguía, en poco tiempo la alcanzó, ambos corrían hacía la casa de ella, a poca distancia de la misma, él, la obligó a parar un momento.

Sin previo aviso la llevó hacía uno de los laterales de la casa, y apresándola contra la pared, la besó de nuevo.

Su lengua no dudo en responder en el acto y danzaron durante un rato más, sin previo aviso, él, abandonó sus labios y depositó un beso en su mejilla, se acercó a su oído y le susurró:

-Sin duda eres una alumna de diez.

Iba a decirle que debía entrar, cuando una de sus manos apartó su pelo y de repente la lengua de él, acarició su cuello con cuidado.

Se aferró a sus hombros al sentir que las piernas le fallaban, pues de un momento a otro todo su cuerpo, parecía haber perdido la fuerza por completo, y soltó un pequeño suspiro.

Sintió como él, depositaba sus labios en el mismo lugar en que su lengua había acariciado y sin más, succionó un poco. Se aferró más a él, y nueva mente sin percatarse, le dio mayor acceso al lugar.

Al cabo de un tiempo, sintió que él depositaba un beso en el lugar y susurraba en su oído a la par que soltaba su cabello:

-Cuando estés sola, acuérdate de mí, pequeña.

Sin más le dio un toque con uno de sus dedos en la nariz y comenzó a alejarse de allí. Sentía sus mejillas rojas y sin duda estaría como un tomate, se llevó una de las manos hacía el lugar que él había besado y lo acarició con cuidado.

¿Qué acababa de hacer?

Lentamente se acercó a la puerta de entrada de su casa, y se sorprendió al descubrir que allí se encontraba Dudley, acompañado de su madre, y que "su profesor" se encontraba al lado de la mujer hablando con ella en voz baja.

Rápidamente se acercó hasta ellos, ¿qué significaba eso?

-Hermione, hija, al fin que llegas, ¿dónde estabas?

Nerviosa miró de reojo al chico y percibió mejor todo de él, su cabello despeinado negro azabache, sus ojos verdes esmeralda escondidos bajo unas gafas redondas que antes no había notado, era más alto que Dudley, pues como ya había deducido era mayor que él.

Este no hizo ni el más mínimo gesto para dar a entender que se conocían y mucho menos para ayudarla.

-Yo, dando una vuelta, tuve…

-Una pequeña discusión con Dudley, por eso mi chico venía a pedir disculpas a su hija.

-Sí, eso es, yo…-Dudley se detuvo en seco y miró a su madre sorprendido por las palabras que acababa de decir, su madre lo fulminaba con la mirada y pudo percibir una sonrisa en el rostro del otro chico: -¿Qué estás diciendo mama?, pero si yo…

-Tú, ofendiste a la hija de Jean y no te lo pienso permitir, así, que te disculparás como es debido y lo harás ahora mismo.

Furioso, Dudley la miró, lo vio cerrar sus manos y formar dos puños y declarar:

-Lamento haberte ofendido y decir ante todo el mundo la verdad, que no sabes besar y que no hay nadie en todo el barrio que te aguante.

Sin más se marchó de allí, su madre lo llamó para que volviese a disculparse como era debido, pero este sin duda no lo haría, más ahora ya no le importaba eso, así que se giró y decidida gritó:

-Te recomiendo que averigües primero lo que es un beso, porque te aseguro que el que no sabe hacerlo eres tú.

Sin más se giró, se encontró con una sonrisa divertida en el rostro del muchacho y otra en la de su madre:

-No le hagas caso hija, estoy segura de que el joven Dudley lo ha dicho enfadado, ahora mejor entramos en casa.

Muchas gracias por aclarar las cosas esto…

Su madre ahora se dirigía al chico, cuando este iba a hablar, se escuchó una voz proveniente de la casa de enfrente:

-Harry, ¿dónde demonios te metes?

-Estaba con mi tía y mi primo, Draco, ya sabes que mi madre…

-Sí, ya sé, ahora vuelve inmediatamente o mi madre me matará a mí, Potter, y no pienso cargar solo con el destrozo del jarrón de anoche.

-Pero si fue tu culpa.

-Fue la tuya, yo llegué muy borracho.

-Exacto y te cargaste el jarrón al tropezar.

-Si me hubieses ayudado no habría pasado, así que es culpa tuya también.

El chico, del cual acababa de saber el nombre, no contestó a ese argumento, mientras que fruncía el ceño y fulminaba a su vecino con la mirada:

-¿Tú eres Harry Potter?, ¿el hijo de Lily y James?

Ahora fue el turno del chico de girarse a mirar a su madre, con cierta extrañeza asintió a sus preguntas:

-¿Conoce usted a mis padres?

-A Lily, de pequeñas éramos amigas, pero tras terminar el colegio, ella se casó y hace mucho que no la veo, todo lo que sé, lo sé por Petunia, tu tía.

Este asintió sin más:

-Bueno, es un placer, pero debo enfrentar a la madre de mi mejor amigo.

-Espera muchacho, déjame que te presente a mi hija, ella es Hermione Granger, hija, este es Harry Potter, el chico que ha revolucionado a todo el barrio en tan solo tres meses. Esos ojos tuyos tardarán en ser olvidados muchacho.

Sorprendida por la revelación de su madre, lo volvió a mirar, así, que ¿ese era el chico del que todas hablaban y al que todas deseaban besar?

Él formó una sonrisa en sus labios y con mucho cuidado y disimulo los repasó con su lengua, un cosquilleo la recorrió y formó una sonrisa en sus labios.

Harry Potter, el chico revolución del verano, el que había hecho que la imaginación de todas las chicas se disparada y soñaran con sus labios y según rumores con otras partes menos castas, había sido su profesor en relación a lo que era un beso de verdad.

-¿Y dime joven, alguna a conseguido probarte este verano?, o las dejaras a la expectativa de tu siguiente visita.

-Solo una, y quizás, puede que sí regrese a enseñarle otras cosas de cierta importancia.

Sin más, y guiñándole un ojo a su madre y formando una sonrisa como la que había visto antes en la caseta del parque, se despidió de ellas:

-Si yo tuviese la edad de cualquiera de vosotras, o no mejor la de él, lo que haría con ese chico.

Sin más su madre entró en casa, ella la miró sorprendida y después vio como él entraba en la casa de los Malfoy, ni una sola vez miró hacía donde ella estaba, ni siquiera por un segundo."

Y tras ese verano no lo había vuelto a ver, el verano siguiente, el de sus quince años, ni siquiera Draco Malfoy había aparecido por casa de sus padres, por lo que su fuente de información más cercana, dejó de existir.

Eso fue así también, con su verano a los dieciséis, así que perdió toda esperanza de verlo de nuevo, además de que en su quinto año en Hogwarts había comenzado una relación con uno de sus amigos.

Su nombre era Ronald Weasley, este contaba con muchos hermanos en su haber, y solo una hermana, era mayor que él por cinco años.

Ron, acababa de cumplir los dieciséis años, y ella iba a cumplir veintiuno, según la información que Ron le había dado, su nombre era Ginny, o al menos así era como le gustaba que la llamaran.

Pese a que hablaba barbaridades de su hermana, era evidente lo mucho que la apreciaba, y ella, solo podía desear verlo de nuevo. Era un gran chico, y un fiel amigo, la había defendido desde primero, aunque ella no lo había notado hasta el cuarto curso, justo cuando acababa de cumplir quince años, y había aprendido a besar diecinueve días antes.

Más Ron, hasta finales de su quinto año, no se había atrevido a pedirle que fuese su novia, sin dudar había aceptado esa propuesta, y ahora comenzarían su sexto año, siendo ya, una pareja.

¿Y bien?, ¿qué os pareció este inicio?, espero que me lo digáis para seguir subiéndola aquí o no.

Nos vemos pronto, pues esta está casi terminada ya, así que a no ser que algo me lo impida, subiré uno cada poco.

Un saludo nos vemos en los reviews y en el siguiente cap.