Anuncio de responsabilidad: Todos los personajes pertenecen a Andrew W. Marlowe, a pesar de que han encontrado su propio camino a mi corazón.


1.(IN)DEPENDIENTE


Unos fuertes golpes contra la puerta la despertaron de su profundo sueño. Beckett le echó una ojeada a su reloj despertador. 2:58 am. Comprobó su móvil por si había alguna llamada perdida de la comisaría. No, nada. Los golpes volvieron a hacer eco en el silencioso apartamento. Con gran esfuerzo, Kate salió de la cama y trastabilló en la oscuridad hasta la entrada. Abrió la puerta un poco y echó un vistazo afuera en el pasillo. Castle, por supuesto. Habían cerrado un caso hacía tan sólo unas horas y les había dejado a todos sin energía. Castle y ella habían acordado que cada uno dormiría en su propia casa. No podían estar juntos 24 horas al día, siete días a la semana. Por mucho que ella le quisiera, no era saludable para su relación, especialmente en la fase temprana. Llevaban juntos cuatro meses y Kate podía contar con los dedos de sus manos las noches que habían pasado separados. Todavía le sobraban algunos dedos. Necesitaban ciertos límites, ser capaces de estar solos durante unas horas de vez en cuando. Necesitaban cierta paz y tranquilidad, más ella que él. Beckett estaba acostumbrada a su independencia, y los últimos meses, él no sólo había seguido todos sus movimientos en el trabajo, sino que pasaban la mayor parte de su tiempo libre juntos. Así que, ella pensó, unas pocas horas de descanso les iría bien.

Aparentemente, él no estaba manteniendo su parte del trato. Castle estaba plantado en medio del pasillo, en pijama, haciendo un mohín, mirando con ojos de cachorrito y con el pelo revuelto. Ella puso los ojos en blanco y suspiró exasperada. Cerrando la puerta, esperó un largo momento antes de quitar la cadena de seguridad —sólo para hacerle sufrir—, y volvió a abrir la puerta. Puso ambas manos sobre sus caderas y le clavó una mirada fría. Él se quedó mudo, mordiéndose el labio, y pareciendo sentirse miserable.

—¿Y bien? —ella le espetó—. ¿Dónde está la emergencia? —preguntó con ironía.

La mirada de él se posó sobre sus manos por un segundo antes de volver a mirarla a la cara.

—Te echaba de menos —musitó él—. No podía dormir —Kate esperó a oír lo siguiente que sabía que él iba a decir—. … ¿Puedo entrar? —murmuró patéticamente.

Ella lo fulminó con la mirada durante un largo minuto. Él se quedó inmóvil, como un niño inocente al que habían pillado haciendo algo que no debía. Ella sabía que él sabía que cabía la posibilidad de que ella lo enviara de vuelta a casa y no sentiría rencor alguno. Debería enviarlo a casa. Sin embargo, muy despacio, se apartó a un lado para dejarle pasar. Castle dio un paso vacilante antes de apresurase a entrar, y ella cerró la puerta tras él. Sin mirar a Castle, Beckett pasó por su lado camino del dormitorio y se volvió a acostar. Oyó cómo Castle arrastraba los pies por el suelo, se quitaba los zapatos y se metía en la cama bajo las sábanas. Tumbada de lado y dándole la espalda a él, apenas podía oírle respirar. Cuando creyó que ya le había castigado lo suficiente, Kate alargó el brazo hacia atrás y, cogiéndole la mano, puso el brazo de él alrededor de su cintura. Castle inmediatamente se acurrucó detrás de ella y la mantuvo cerca de él. Beckett notó como Castle hundía la cara en su cabello y respiraba profundamente su olor, y luego la besó en la mandíbula. Alcanzando hacia abajo, ella le dio unas palmaditas en la mano que él tenía sobre su estómago y entrelazó sus dedos con los de él.

—No he visto que hayas traído nada contigo —se preguntó ella—. Sólo por curiosidad, ¿piensas ir en pijama mañana a trabajar?


Espero que os haya gustado :D