LOS AMANTES

Capitulo Uno


- Albert William Andrey… - la voz del sacerdote se escuchaba grave y sonora en aquella iglesia bellamente adornada – ¿aceptas a esta mujer como tu esposa… para amarla y respetarla… hasta que la muerte los separe…?

- Acepto – la voz clara y determinada de Albert

- Candice White Andrey… - se dirigió a la mujer rubia que estaba a un lado del novio, bellamente vestida, parecía una diosa, sus rizos solamente algunos caían en su nuca, mientras todo estaba peinado en un rodete a lo alto de su cabeza, – ¿aceptas a este hombre para amarlo y respetarlo, en las buenas y en las malas… hasta que la muerte los separe…?

Pareció transcurrir toda una eternidad para todos los presentes, ya que Candy no contestó de inmediato, su rostro estaba parcialmente escondido detrás de un velo bellamente bordado, ni Albert podía ver lo que aquellos verdes ojos reflejaban, sus ojos parecían reproducir toda una vida que había quedado atrás, hasta detenerse en otros ojos que no eran azules como el cielo, sino más bien azules como el océano profundo, azules como un mar embravecido.


Tres años habían pasado desde aquel día en que Candy había descubierto que Albert era en realidad aquel príncipe del que ella se había prendado un día, aquel había sido un día de sorpresas, al descubrir que él también era el Tío Abuelo William, el que un día la adoptó y le dio un gran apoyo, al principio no podía verlo de la misma manera como lo veía como Albert nada más, era imponente verlo vestido ya no con sus ropas un tanto gastadas y sucias.

Un año después y con muchos trabajos, detalles, rosas, Albert le propuso matrimonio a Candy.

- Sé que poco a poco me llegarás a amar Candy… - le dijo

- Albert… yo…

- Shhh, no digas nada – le tomó su mano - piénsalo, yo siempre te he amado… pero me hice a un lado porque veía lo que había entre… él y tú… me he dado cuenta que ha sido difícil para ti tratar de olvidarlo, pero, él quizás ya tiene una vida hecha… y tú no puedes… no debes estar sola… no te lo mereces

- Es que… no sé Albert… no creo estar lista aún… no creo que mi corazón esté listo para amar a alguien más…

- Yo sé que lograré hacer que me ames y lo mucho que tu puedes amar…

- ¿Y si no puedo? ¿Y si no puedo amarte como mereces que te amen?

- Me haré a un lado… te lo prometo

- Lo prometes? - le pregunto

- Te lo prometo... - reitero Albert

- De acuerdo…

Aquel día quedaron comprometidos en matrimonio, se casarían en seis meses, durante los cuales harían miles de preparativos, iglesia, flores, vestidos, etc.

Annie y Patty, las únicas mejores amigas de Candy, serían sus damas, a opinión de Annie, los mejores diseños de vestidos los encontrarían en Nueva York, ya que por la guerra, muchos diseñadores franceses habían venido a establecer sus tiendas en aquella gran ciudad, todo estaba casi listo, pero faltaba el vestido de Candy, a un mes de casarse ya, no lo tenía aún, parecía que no encontraba el adecuado, por lo que tuvieron que ir a escogerlo a Nueva York.

Candy tenía aún una fobia en cuanto ir a la Gran Manzana, porque a pesar de que la ciudad estaba creciendo a una velocidad enorme, sabía que en esa ciudad, estaba el hombre que tanto había amado y que la seguía, a pesar del tiempo y la distancia, poniéndola nerviosa, además de que no quería ni siquiera saber algo de él, porque sabía que le causaría a pesar de todo heridas en su corazón. Ya que no era lo mismo saberlo o enterarse, a verlo acompañado de ella.

Pero como siempre el destino se empeña en hacer jugarretas, Candy una mañana salió a caminar, su hotel donde estaba hospedada junto a Annie y Patty, se encontraba cerca del Central Park, donde una mañana ella aprovechó para caminar un poco, la mañana era fresca ya que estaban en época de verano, traía un vaporoso vestido verde pálido con unas cuantas florecillas a las orillas, su cabello había dejado de peinarlo con dos coletas, ahora se hacía una trenza y algunos rizos salían de ésta, dándole un aspecto muy infantil, sus mejillas estaban rosadas por el sol que se había permitido asomar entre las nubes.

Con un gran deleite miró la parte del parque donde estaban un gran conjunto de árboles, y como si le cosquillearan las manos, subió a uno de ellos, de ahí tenía una buena vista del parque, se adentró entre los árboles, no resistió la tentación de pasar de rama en rama hasta que se cansó, es demasiado temprano para que alguien pase por aquí, se dijo, anduvo en ellos hasta que se quedó parada en la rama de uno de ellos, mientras trataba de calmar su respiración.

- Sabía que no era un mono que se había escapado del zoológico…

Candy se tambaleó, aquella voz... aquella voz la había sorprendido sobremanera, lo que hizo que trastabillara uno de sus pies haciendo que perdiera el equilibrio y cayera.

Pero… no cayó en el suelo… cayó en los brazos de un hombre, con los ojos más bellos que jamás pensó en volver a ver…

- Vaya… no hay duda que siempre volverás a mis brazos – dijo Terry mientras sonreía de medio lado

Candy no sabía que hacer, lo único que hizo sin hablar fue soltarse de sus brazos.

- ¿Te han comido acaso la lengua los ratones?

- No…

No dijo más, Terry tampoco habló, parecían innecesarias las palabras, solamente eran ellos dos en aquel lugar, las vibraciones que despedían eran suficiente para ellos.

- Candy yo… - iba a decir Terry

- Terry… me voy a casar… - le dijo sin mirarlo

- ¿Qué?

- Me voy a casar…

- ¿Pero con quién? ¿por qué? – en la voz de Terry había un matiz de angustia, Candy no lo miraba

- Con Albert…

- No puede ser… ¿lo amas? – Candy no contestó – dime por favor… - Candy no lo miraba ni tampoco decía nada – Candy… - Terry rogó

- Si, Terry – sin mirarlo, los ojos de Candy miraban a otro lado – lo amo…

Fue todo, Candy no dijo más, tampoco lo miró, solamente se volteó dándole la espalda y comenzó a alejarse, dejando a un Terry completamente confundido sin saber cómo reaccionar ante esta confesión, la vio marcharse, mientras en su rostro había una completa desolación, en sus ojos se cristalizó una lágrima que no dejó salir, mientras veía alejarse a aquella mujer que no había podido dejar de amar.

Candy caminó sin voltear, en los ojos de ella las lágrimas no pudieron detenerse, no podía dejar que él las viera, ni tampoco quería mirarlo, porque si lo hacía, se perdería de nuevo en sus ojos que parecían arrastrarla, no podía abandonar lo que estaba haciendo, no podía dejar a Albert, no ahora, después de lo que él había hecho, le demostraba con creces lo mucho que la amaba y no iba ella a pagarle así, además era también cierto, un cariño había comenzado a crecer dentro de ella, no se sentía tampoco capaz de abandonarlo.

- Adiós… amor… - susurró como si sus palabras quisiera que se las llevara el viento.


- Si… acepto – contestó Candy al fin…

- Los declaro marido y mujer… - fueron las palabras del sacerdote – puede besar a la novia

La bendición fue dada en aquel matrimonio, Candy era ahora la señora de Andrey.

Cuando todo terminó y antes de que comenzaran a salir los novios e invitados de la iglesia, un hombre enfundado en una gabardina y una gorra que le tapaba una gran parte de su rostro, solitario comenzó a alejarse de ahí, cabizbajo, parecía cargar sobre su espalda un gran peso…

Continuará…

NOTITAS DE MI: Hace muchos años escribí este fic, el cual ha sido uno de los que mas trabajo me dieron de escribir por el tema, era muy difícil crear una relación amorosa entre Albert y Candy, pero traté de que funcionara, por lo que espero les guste.

Hoy vuelvo a publicar esta historia tratando de que les guste la temática que tiene.

Igual, pido infinitas disculpas por el retraso de Te amo y Te odio, he tenido muchas dificultades en seguir escribiendo, ya que lo hago de poco en poco cuando tengo tiempo, ya que mi bebe me quita mucho de este, pero como siempre lo he dicho, no he abandonado su continuación, por lo que espero que me tengan paciencia para su siguiente publicación, de antemano muchas gracias por sus mensajes y su interés a esta historia, que tratare muy pronto de subir el capitulo que tengo cocinando aun.

Gracias.