Las Cosas Que Cambie y Deje Por Ti

Parte II


Día 9: Martes por la tarde

Cuando Serena llegó a la oficina, el teléfono estaba sonando.

Era Seiya.

-Quiero verte en mi despacho ahora mismo.

Tensa de angustia, respiró profundamente.

Había llegado el momento de la verdad, pensó. Y si la furia de Seiya unos minutos antes era una señal, podía temer lo que la esperaba. ¿Podría haber peor manera de descubrir que era padre?

Él estaba frente a la ventana de su despacho con un vaso de whisky en la mano y, al oírla entrar, se volvió, muy serio.

-¿Por qué no me habías dicho que tenías un hijo?

-Seiya...

-¿No crees que yo tenía derecho a saberlo?

-Era más una cuestión de...

-Dejaste que te besara, dejaste que pensara...

Seiya apretó los labios con fuerza y después se tomó de un trago lo que quedaba de whisky.

-Muy bien, estás sorprendido...

-¿Qué esperabas? Voy detrás de ti como un crío y tú me has dejado hacerlo, sabiendo lo que me estabas ocultando -exclamó él, indignado-. ¿Cómo podía yo saber que habías tenido un hijo desde la última vez que nos vimos? Ha pasado poco más de un año desde que estábamos juntos...

Serena se puso rígida, pero las piernas le temblaban.

-Ha sido una tontería, pero pensé que podría mantener a Lucas en secreto.

Seiya dejó escapar un suspiro de irritación.

-¿Y tú tienes cara de acusarme a mí de infidelidad? Durante todo este tiempo, ¿sabes lo que creí? Creí que me habías dejado porque no podías permitirte ser feliz, ni siquiera conmigo, mientras estabas de luto por tu...

-¿Qué quieres decir? -lo interrumpió ella.

Estaban dándole vueltas al asunto en lugar de centrarse en lo más importante que era, por supuesto, Lucas.

-¡Y simplemente me dejaste porque habías conocido a otro hombre! La historia más antigua del mundo, pero yo no me di cuenta.

-¿Que conocí a otro hombre? -repitió Serena, confusa.

-El padre de tu hijo. ¿Dónde está ahora? Ya que vives en el apartamento de tu hermano, supongo que el padre del niño ha desaparecido.

Cuando Serena entendió por fin que Seiya creía que ella lo había engañado con otro hombre, la rabia y el desaliento la envolvieron por completo.

-¿Tú crees que...?

-¡Olvídalo! No quiero conocer los sórdidos detalles -la interrumpió él, sirviéndose otro vaso de whisky-. De hecho, ni siquiera sé por qué he dicho que quería hablar contigo. En realidad, ¿qué queda por decir?

-¡Tú ya has dicho más que suficiente! -exclamó Serena, dolida y furiosa.

Seiya la miró, irónico.

-Te daba miedo decirme que tenías un hijo. Admítelo...

-¡Me niego a seguir con esta conversación!

-Muy bien. Tienes permiso para marcharte.

Serena dio un paso hacia la puerta. Estaba temblando como una hoja.

-Thee mou... Ahora estás intentando que me sienta culpable. Pero tu silencio es imperdonable, Serena. ¡Me has engañado!

-¡Como tú me engañaste a mí una vez! -replicó ella-. ¿Por qué va a importarme cómo te sientes?

Después de eso, Serena salió del despacho cerrando de un portazo.

Día 10: Miércoles

A las nueve de la mañana, Serena levantó la mirada de la pantalla de su ordenador cuando Seiya entró en su despacho y apoyó la espalda en la puerta para cerrarla.

Había pasado toda la noche diciéndose a sí misma que odiaba a Seiya Kou. ¿Cómo podía haber imaginado que su hijo era de otro hombre? Aquella era la única posibilidad en la que Serena ni siquiera había pensado.

¿Y no era curioso que se hubiera encogido de hombros al saber que había visto a la mujer medio desnuda en su apartamento? ¿Esa era su idea de salirse por la tangente? ¿Actuar como si la chica nunca hubiera existido? Pues, desgraciadamente, ella tenía muy buena memoria.

Pero lo más desafortunado era que, por mucha amargura y furia que Seiya provocara en ella, seguía dejándola sin aliento cada vez que lo veía.

Allí, de pie frente a ella, tremendamente masculino, con un caro traje de chaqueta, el agresivo mentón tenso y los ojos zafiro semicerrados, Seiya exudaba una ligera pero perceptible sensación de incomodidad que, inesperadamente, le tocaba el corazón.

-Si tienes algo que decir, dilo -suspiro Serena.

-Supongo que un hombre insensible y egoísta se habría lanzado sobre el niño diciendo: ¡Qué bien, es el niño más guapo que he visto en mi vida!

-¿Miraste siquiera a Lucas?

-No quería ni mirarlo... -contestó él. Después de decirlo, apretó los dientes y abrió las manos en señal de disculpa-. Perdona. No quería decir eso.

-Se te ha escapado, ¿no? Como tú eres un hombre tan sensible... -murmuró Serena, volviéndose hacia el ordenador-. No te gustan mucho los niños, ¿verdad?

-Sin comentarios. Solo he venido para decirte que puedes tomarte la mañana libre. Tienes que comprarte un vestido para el miércoles por la noche -dijo él entonces tranquilamente, poniendo una tarjeta de crédito sobre la mesa mientras mencionaba como por casualidad el nombre de un conocido diseñador-. Tienes una cuenta de gastos, algo perfectamente legítimo...

-¿Es una orden?

-Sí -confirmó Seiya sin dudarlo-. Las apariencias lo son todo en mi mundo. Y no quiero que nadie te trate como si fueras una simple empleada.

-Solo soy una empleada, Seiya.

-¿Durante cuánto tiempo?

Serena lo miró, sorprendida.

-¿Eso es una amenaza?

-Deberías conocerme mejor -replicó él, mirándola con exasperación-. Llámalo como quieras, Serena. Cuando te miro, me duele y tú sientes lo mismo...

Serena tembló, furiosa, pero no sabía con quién estaba más enfadada: con ella misma por la vergonzosa debilidad que sentía o con él por hacer tan arrogante comentario con toda tranquilidad.

-¿La chica de tu departamento también te hacía sentir así?

-Nunca...

-Qué pena -Serena apartó la mirada, rota por la sencilla palabra que, por fin, admitía la cruel traición de Seiya Kou-. No se puede dar marcha atrás al reloj. Nunca podría confiar en ti, Seiya.

El hombre se quedó silencioso durante unos segundos. Su expresión era indescifrable.

-Espero que se te dé bien arrastrarte -murmuró por fin, mientras abría la puerta.

¿Arrastrarse? Ni por todo el oro del mundo, ni siquiera por un nuevo comienzo con el hombre del que seguía estando enamorada.

Pero era el momento de decirle la verdad sobre Lucas, pensó Serena, angustiada.

Al final, Lucas preguntaría quién era su padre y esperaría respuestas. ¿Cómo podía permitir que Seiya siguiera creyendo que Lucas era hijo de otro hombre? ¿Cómo había podido imaginar alguna vez que podría mantener aquello en secreto para siempre cuando no era solo su secreto...?

Día 10: Miércoles por la tarde

-¡Por la oficina corren los rumores más increíbles sobre ti y el jefe! -estaba diciendo Mina, que miraba especulativamente a Serena y después, sin molestarse en disimular, la caja con el logo de un famoso diseñador que había al lado de su escritorio-. Ten cuidado porque aquí se sabe todo y la gente está empezando a hablar.

-¿De verdad? -preguntó Serena, sorprendida de que su problema hubiera adquirido, además, otra dimensión. La de cotilleos en la oficina. Ojalá hubiera escondido la caja del vestido, pensó.

-Seiya Kou se marchará de aquí, pero tú tendrás que quedarte...

-¿Qué dicen esos rumores?

Mina hizo una mueca.

-Bueno, dicen que estuvisteis toda la tarde del lunes en su despacho sin salir una sola vez... y también dicen otras cosas que yo no me creo.

-¿A qué te refieres?

-Pues, bueno, ya sabes cómo es la gente. Dicen que Lucas... bueno, como el niño tiene el pelito oscuro y los ojos azules...

-No digas más -la interrumpió Serena, escondiendo la cabeza ante el desesperante acierto de aquel rumor.

-El equipo de dirección está convencido de que Seiya te ha dado este puesto para que los espíes. Dicen que cuando estás con Seiya Kou, la puerta siempre está cerrada.

Era absolutamente cierto y no precisamente lo más habitual en las reuniones entre un empleado de su categoría y un poderoso magnate de los negocios.

Sintiéndose culpable y angustiada por todo ello y, sobre todo, por tener que decirle a Seiya que Lucas era su hijo, Serena tomó el teléfono y marcó la extensión de su jefe en cuanto Mina salió de su despacho.

-Seiya... tengo que hablar contigo, pero no quiero ir a tu despacho.

-¿Por qué?

-Me parece que nuestro comportamiento ha causado muchos rumores...

-A mí esas tonterías me dan igual -la interrumpió él con tono superior-. Y tú tampoco deberías preocuparte.

-Mira, tenemos que hablar de Lucas...

-No estoy preparado para eso... quizá no lo esté nunca -dijo Seiya entonces, con aparente firmeza.

-No lo entiendes...

-Claro que lo entiendo. Tú y tu hijo sois un paquete. Puede que sea insensible, pero no soy idiota -volvió a interrumpirla él con frialdad-. Un coche irá a buscarte a casa esta tarde a las ocho.

Después de eso, Seiya colgó el teléfono, dando la conversación por terminada. Serena lanzó un gemido de desesperación. ¿Por qué estaba tan seguro de que podía conseguirla otra vez? ¿Era tan evidente que seguía enamorada de él?

¿Y cómo se atrevía a decir que estaba pensándose si podría soportar volver con ella desde que sabía que tenía un hijo?

Quince minutos después, durante la hora de la comida, fue una sorpresa para Serena mirar por la ventana de la cocina de la guardería, donde estaba lavando el biberón de Lucas, y ver a Seiya hablando con la supervisora.

Estaba mirando alrededor, como si buscara a un niño en especial, y Serena observó la evidente incomodidad de la mujer cuando señaló a Lucas. Seiya dio un paso hacia el niño y apretó los dientes, pálido.

Un minuto después, salía de la guardería.

Día 10: Miércoles por la noche

¿Habría descubierto Seiya que Lucas era su hijo? Era en lo único que Serena podía pensar desde la hora de la comida. Seiya se había ido de la guardería y no había vuelto al despacho en toda la tarde.

A las ocho, Serena fue recogida en su apartamento por una limusina. Con el elegante vestido azul oscuro que había elegido por la mañana, debería sentirse encantada, pero estaba demasiado nerviosa.

Seiya la recibió en el magnífico vestíbulo de su casa. Espectacular con el esmoquin, la miró de arriba abajo con admiración y una brillante sonrisa iluminó sus atractivas facciones.

-Quiero que conozcas a mi hermano Haruka y a su mujer antes de que llegue el resto de los invitados.

En aquel momento hubiera preferido hablar a solas con Seiya, pero, obviamente, no eran ni el momento ni el sitio adecuados para hacer una confesión sobre Lucas. Había sido una tonta pensando que Seiya habría descubierto la verdad solo con mirar al niño.

Y la verdad era que no sabía cómo iba a decirle a Seiya que era hijo suyo.

En ese momento, él puso una mano en su espalda.

-¿Recuerdas a la chica que salió de mi dormitorio el año pasado?

Serena se quedó helada.

-Sí... pero...

-Michiru, mi cuñada, acababa de salir de una clínica después de un aborto espontáneo. Yo me fui a un hotel para que Haruka y ella pudieran estar solos hasta que volvieran a Grecia -explicó Seiya entonces-. Supongo que mi hermano estaría en la ducha cuando tú llegaste...

-¿Estás intentando convencerme de que...?

Pero Serena no pudo seguir hablando porque acababan de llegar al salón de baile, donde una mujer muy alta estaba al lado de Haruka Kou, el hermano de Seiya al que ella había visto en fotografías.

Seiya estaba intentando convencerla de que la mujer medio desnuda era su cuñada y ella se negaba a creerlo... pero la evidencia estaba justo frente a ella. Michiru era la mujer que Serena había visto en el apartamento de Seiya y la miraba con cara de disculpa.

-Volvemos a encontrarnos, Serena -sonrió la joven, intentando disculparse-. Aquel día fui tan grosera contigo... Ni siquiera le conté a Haruka que habías entrado en el apartamento. Y, por supuesto, tampoco se lo conté a Seiya. No es excusa, pero estaba destrozada en ese momento y cuando entraste... bueno, no sé, perdí la cabeza... me olvidé completamente de que no era nuestro apartamento.

-No pasa nada... lo comprendo. Por favor, no te preocupes -dijo Serena, sorprendida de que Seiya hubiera dicho la verdad. Tragando saliva, le dio a Michiru un paquetito envuelto en papel de regalo-. Feliz cumpleaños.

Los invitados charlaban en grupos y los que llegaban eran una buena distracción, pero Serena no hubiera podido mirar a Seiya aunque su vida dependiera de ello.

"¿Qué tal se te da arrastrarte?", le había preguntado el día anterior. ¿Cómo podía arrastrarse cuando el suelo se había hundido bajo sus pies? A Serena le temblaban las piernas y su mundo parecía derrumbarse...

Día 11: Jueves por la mañana

Era poco después de medianoche.

Serena despidió a la canguro. Le quemaban los ojos y le dolía la cabeza, pero las lágrimas se negaban a salir. Cuando los invitados de Seiya empezaron a marcharse, ella había salido de la casa sin que la vieran para tomar un taxi.

-Siento mucho haberte juzgado mal -le había dicho a Seiya, sin mirarlo.

-¿Eso es todo lo que tienes que decir? -le había preguntado él.

Serena estaba demasiado alterada como para dar más explicaciones. Catorce meses antes, había sido fácil pensar que él la había traicionado. Incluso había esperado que ocurriese. Estar locamente enamorada de un hombre que nunca mencionaba la palabra amor y que solo hacía planes para veinticuatro horas más tarde había sido demasiado para ella después de perder a su madre.

Que Seiya hubiera preferido a una preciosa chica en lugar de una mujer llorosa y entristecida le parecía lógico en él. Había creído que era un canalla, un desleal, un hombre sin convicciones morales. Pero no lo era. Y era ella la que estaba equivocada, muy equivocada.

El timbre sonó en ese momento. Y Serena sabía que era Seiya. Fue entonces cuando sus ojos se llenaron de lágrimas. Lo quería tanto... ¿Cómo podía haberse torcido todo de aquella forma?

Con la camisa blanca medio desabrochada, mostrando un torso bronceado y muy masculino, el cabello negro despeinado y el mentón oscurecido por una sombra de barba, Seiya parecía un pirata. Un pirata tremendamente sexy.

-No sé qué decir... -murmuró Serena.

Seiya dejó el paquete que llevaba sobre la mesita del pasillo y la tomó en sus brazos, observando sus ojos llorosos con expresión de censura. Y entonces, sin previo aviso, empezó a besarla con explosiva pasión, aplastando sus labios bajo los de él una y otra vez, hasta que Serena se colgó de su cuello, estremecida, con los sentidos alerta, el corazón latiendo a toda velocidad, la mente vacía... Levantando la orgullosa cabeza oscura, Seiya sonrió como un lobo antes de tomarla en brazos.

Pero no la llevó al dormitorio. La dejó sobre el sofá y volvió a aparecer unos segundos después con el paquete que había dejado en el pasillo.

-¿Qué... es esto?

-Es para Lucas.

-¿Para Lucas? -repitió ella, sorprendida.

-Lo he visto hoy en la guardería -dijo él, sin mirarla directamente a los ojos-. Me sonrió... Parecía tan frágil. No voy a decir que es el niño más guapo que he visto en mi vida, pero probablemente es el primer niño al que he mirado de verdad.

Temblando, Serena sacó un conejito de terciopelo del paquete y se le hizo un nudo en la garganta.

-Gracias -consiguió decir.

-Yo tenía uno parecido cuando era pequeño... -murmuró Seiya.

La vergüenza y la culpa invadieron a Serena, haciéndola sentir como un gusano.

-Seiya... Lucas... Lucas tiene seis meses.

Él siguió mirándola sin decir nada.

-Lucas es tu hijo -murmuró entonces Serena-. No ha habido otro hombre. Me quedé embarazada en París.

Con el corazón en un puño, observó cómo el hombre se tomaba aquella información. En sus ojos vio incredulidad, sorpresa, aceptación, seguidas todas aquellas emociones por una dura condena.

-Lo que acabas de decirme -empezó a decir Seiya con voz ronca- es imperdonable.

Angustiada, Serena vio a Seiya salir del salón y cerrar de un furioso portazo.

Día 11: Jueves por la tarde

Unos minutos después de la llegada de Seiya a Sistemas Stars, Serena fue llamada a su despacho.

Él la miró con ojos helados.

-¿Por qué has venido hoy a trabajar? ¿Estás loca?

¿Loca? Como la mayoría de la gente, que responde a una crisis aferrándose a la rutina, a Serena ni siquiera se le había ocurrido la idea de quedarse en casa.

-Yo... pues...

-¿Es que crees que quiero ver a mi hijo por primera vez en la guardería de la empresa? -la mirada hostil del hombre encendía sus facciones-. Ve abajo y saca a mi hijo de aquí. Después, entra en el coche que está esperando en la puerta y llévate a Lucas a mi casa.

Angustiada por su hostilidad, Serena asintió. Debería haber pensado que Seiya querría conocer a Lucas. Pero solo cuando él le había dado el conejito de terciopelo, significando su deseo de aceptar a un niño que él creía engendrado por otro hombre, Serena se había dado cuenta de lo fuertes que podrían ser los sentimientos de Seiya por su propio hijo.

-Tú habías decidido que me había acostado con otra mujer y te vengaste negándome el derecho de conocer a mi hijo -la condenó Seiya entonces.

-Rompimos mucho antes de que supiera que estaba embarazada -protestó Serena-. ¿No recuerdas que solías hablar de aquel amigo tuyo, según tú "atrapado" por una buscavidas que se había quedado embarazada?

-No intentes justificarte de ese modo. El hijo de esa mujer podría ser de una docena de padres. Lo nuestro era muy diferente... o, al menos, yo creí que lo era...

Serena se puso colorada.

-Pero yo creí que tú me acusarías de querer atraparte porque eres rico... ¡No quería que me pusieras la etiqueta de buscavidas!

-Estoy esperando tu dimisión -dijo Seiya entonces, como si no hubiera hablado. Decidido, aparentemente, a no permitir que se defendiera.

-¿Y encima me despides?

-Solo estoy protegiendo a la madre de mi hijo para que no siga ensuciando su reputación y la mía.

-Ayer me dijiste que te daba igual lo que pensara la gente...

-¡En cuanto entré en este edificio deberías haberme dicho que tenías un hijo y que era mío! Deberías... -Seiya dejó escapar una risa amarga- deberías habérmelo dicho cuando descubriste que estabas embarazada. Yo no te habría dejado sola cuidando de mi hijo...

-¿Aunque fuera culpa mía que se engendrara?

-Soy lo suficientemente mayorcito como para saber que haciendo el amor nacen niños. Y que, a veces, ese particular evento creativo está fuera de nuestro control.

Serena se sintió como un gusano. Y era él quien la hacía sentirse así. Lo había juzgado mal, se había equivocado tomando decisiones, había asumido lo peor, se había rendido a sus pesimistas expectativas.

Intentando contener las lágrimas que amenazaban con asomar y con un nudo en la garganta, reunió fuerzas para hacerle la pregunta definitiva:

-Entonces... si hubiera acudido a ti hace un año diciéndote que estaba embarazada, ¿qué habrías hecho?

Los hermosos ojos del hombre la cortaron como cuchillos.

-Hubiera dicho que era el destino... y me habría casado contigo.

-Debe de ser muy fácil ser perfecto y saberlo siempre todo... cuando las cosas ya han ocurrido.

Serena salió del despacho entonces, sintiendo que él había desgarrado su corazón.

Día 11: Jueves por la tarde

Seiya se habría casado con ella.

Pero no había mencionado la palabra amor. Sin duda la habría hecho sentir terriblemente mal si se hubiera casado con él, se decía a sí misma. Sin duda los dos habrían sido infelices. Él no la amaba entonces y un año después, incluso su respeto por ella había desaparecido.

-Parece muy listo... -estaba diciendo Seiya, observando a su hijo de seis meses reír mientras buscaba bajo el almohadón el conejito de terciopelo que su padre intentaba esconderle.

-Ya -murmuró Serena, sentada muy rígida en el salón de la casa de Seiya, estudiando al hombre y al niño, el pelo negro, la piel dorada, los ojos oscuros que delataban el parentesco.

Él llevaba una hora haciendo preguntas sobre su hijo. Lo que le gustaba, lo que no le gustaba, cómo dormía, cómo había sido el parto, si era grande o pequeño comparado con otros niños de su edad, si era inteligente comparado con otros niños de su edad...

Para ser un hombre que no sabía nada sobre niños parecía saberlo todo, incluyendo el hecho de que Lucas había sido prematuro.

¿Por qué no se había dado cuenta de que él podría ser el tipo de hombre dispuesto a ponerse de rodillas en la alfombra para hacer el avión o el caballo, aunque llevara un traje italiano que costaba miles de libras? Seiya no dejaba de mirar a Lucas con una expresión de sorpresa y orgullo en el rostro. Aparentemente, descubrir que era padre había sido una fuente de alegría para Seiya Kou.

-Se está quedando dormido -murmuró el hombre, cuando Lucas abrió la boquita para bostezar, mostrando el principio de un diente.

-Es la hora de su siesta.

-¿Por qué no me lo habías dicho?

-Dormirse un poquito más tarde no le hará daño.

-Pero debería seguir con su rutina diaria ahora que está fuera de la guardería y que por fin puedes atenderlo...

Serena lo miró, perpleja.

-Siento mucho haber tenido que abandonar a mi hijo para hacer lo que hacen millones de mujeres: trabajar. Tenía que ganarme la vida, ¿sabes?

-No seas irónica. No te culpo por ello. Solo quería decir que Lucas estará encantado de tenerte con él todo el día.

-¿Estás pensando reconocer al niño? -preguntó Serena, intentando que la tormenta de sentimientos heridos y furiosos que había en su interior se calmara.

Seiya levantó a Lucas de la alfombra y lo dejó en el sofá, colocando varios almohadones a cada lado del niño y comprobando que no podía caerse por ningún lado. El gesto hizo que Serena escondiera una sonrisa.

-Evidentemente, vamos a casarnos. Ya he pedido una licencia especial y el matrimonio se celebrará lo antes posible.

Seiya le estaba ofreciendo hacer realidad todos sus sueños pasados y presentes, pero en aquel momento en lo único que Serena podía pensar era en el terrible dolor que él le había causado.

-¡No me casaría contigo aunque fueras el último hombre de la tierra!

Día 12: Viernes por la mañana.

-No quiero que te cases conmigo por obligación... ¿entiendes? -mientras Serena hablaba con Seiya por teléfono, tenía que ahogar los sollozos-. ¡Y a esta hora del día no tengo ganas de hablar sobre el estigma con el que voy a cargar a tu hijo por ser una madre soltera!

-¿Por qué te pones así? -preguntó Seiya, que estaba siendo muy razonable.

Serena colgó el auricular, enfadada.

Después de dejar a Lucas con su vecina, que solía cuidar del niño en las raras ocasiones que salía sin él, Serena se dirigió a Sistemas Stars. Tenía que limpiar su despacho. Esperaba que entrando en la oficina a la hora del almuerzo llamaría menos la atención.

Seiya se había mostrado incrédulo cuando se negó a casarse con él. Insistía en las necesidades de Lucas pero, tristemente, Serena no había escuchado ni una sola palabra que quisiera oír.

La incapacidad de Seiya de perdonarla por el pasado y la negativa de ver la situación bajo su punto de vista inevitablemente arruinaría aquel matrimonio. No era suficiente que lo amase. Necesitaba mucho más.

Serena acababa de limpiar su escritorio cuando Seiya apareció en su despacho y se quedó inmóvil en la puerta. Nerviosa como siempre que estaba a su lado, tuvo que hacer un esfuerzo para recuperar la tranquilidad.

Seiya Kou, alto, seguro, terriblemente sexy y testarudo como el acero esperaba una respuesta.

-Nunca has oído mi versión de la historia -dijo Serena.

-¿Qué quieres decir?

-Lo que fue para mí tener un romance, mi único romance, con alguien como tú -dijo ella entonces, mirando los ojos zafiro del hombre-. Tú eres romántico y tierno, pero nunca me sentí segura contigo... eras demasiado frío para eso, demasiado listo, incluso demasiado honesto como para hacerme creer que entre nosotros podía haber un compromiso que no estabas dispuesto a llevar a cabo...

Seiya frunció el ceño, tomado por sorpresa.

-Serena...

-Cuando vi a Michiru en tu apartamento, yo ya estaba convencida de que te habías aburrido de mí. No me dabas ninguna razón para creer que teníamos un futuro más allá de tu próxima llamada telefónica -siguió ella, temblorosa-. Y, sin embargo, sigues creyendo que debería haber ido corriendo a anunciarte que estaba embarazada...

-¿No crees que podría haber una gran diferencia entre lo que sentía y lo que demostraba sentir? -preguntó entonces Seiya, con las manos en los bolsillos del pantalón, sin poder disimular su nerviosismo.

-No. Ni siquiera cuando me enviaste una tarjeta el día de los enamorados te molestaste en escribir esa palabra de cuatro letras que yo esperaba ver: amor. Eres un hombre frío y...

Mientras hablaba, la tristeza se adueñaba de su corazón.

-Pero yo quiero casarme contigo, Serena...

-No tienes que casarte conmigo por Lucas -lo interrumpió ella. La emoción amenazaba con embargarla y tuvo que salir al pasillo.

-Serena... -la llamó Seiya. Ella siguió caminando, con los ojos llenos de lágrimas-. Te quiero...

Serena parpadeó, sorprendida.

-Siempre te he querido -proclamó Seiya con voz ronca.

Varias caras fascinadas aparecieron en el pasillo.

Serena se dio la vuelta, confusa. Al encontrarse con la mirada del hombre, una mirada llena de vulnerabilidad, al leer la tensión en sus bronceadas facciones, vio que lo decía de corazón y una ola de felicidad la embargó.

-Yo también te quiero...

-¿Este público es suficiente para ti? -sonrió él cuando los empleados empezaron a aplaudir, aunque parecían temer ser demasiado entusiastas.

Seiya dio un paso hacia ella y la tomó en sus brazos.

-El hombre frío se ha ido de vacaciones, Serena...

Día 12: Viernes por la tarde

En la limusina, cuando iban a buscar a Lucas, Seiya la apretó entre sus brazos como si quisiera soldarla a su duro torso. Después de haberla besado hasta dejarla sin aliento, estaba mirándola con masculina sorpresa.

-Yo creí que sabías lo que yo sentía...

-¿Y cómo iba a saberlo? ¿Por transferencia del pensamiento?

-Cuando estábamos juntos el año pasado, podría haberte dicho que te quería la primera semana, pero decidí que sería... bueno...

-¿Mejor permanecer callado?

-Más sensato por el momento -sonrió él, mirándola con aquellos ojos dorados llenos de admiración-. Entonces perdiste a tu madre y yo sentí que te había perdido también...

-¿Eso era lo que sentías? -preguntó Serena, sorprendida.

-Me dejaste fuera de tu vida y yo no sabía si volver a entrar a la fuerza o esperar... al final di un paso atrás y eso fue un error...

Serena ahogó un gemido.

-Yo pensé que estabas hartándote de mí.

-Me sentí destrozado cuando me dejaste... bueno, por fin lo he dicho. Después, esperé un par de semanas e intenté ponerme en contacto contigo, pero te habías cambiado de casa.

-Dime, ¿por qué pensaste que Lucas no era hijo tuyo?

-Porque, al principio, me pareció muy pequeño. Pensé que era un par de meses menor de lo que es. Me volví loco durante unos días. Aunque, en realidad, estaba loco de celos -admitió Seiya por fin.

Algo que llevaba desde el miércoles dando vueltas en la cabeza de Serena apareció de nuevo.

-Taiki abrió la puerta de tu casa la noche de la fiesta. ¿Por qué no se encargó él de organizarlo todo?

Ante la referencia al mayordomo, Seiya sonrió, travieso.

-¿Aún no sabes por qué, yinkeka mou? ¡Tuve que inventarme un trabajo para ti!

-¿Inventártelo?

-Eso de la ayudante personal solo era para estar cerca de ti. Si hubieras ido directamente al equipo de dirección, no habría tenido la oportunidad de verte a solas. En cuanto me recuperé de la sorpresa de verte en Sistemas Stars, decidí que intentaría volver a ganarme tu corazón...

Serena estaba transfigurada por lo que estaba oyendo.

-Pero la entrevista... te mostraste tan impersonal.

-Si me hubiera puesto "personal"... tú habrías salido corriendo -sonrió él, antes de reclamar otro beso-. Tuve que convencerte de que te trataría como a una empleada, pero me temo que eso ha sido un reto imposible...

-Para mí también. No podía pensar en ti como jefe.

-Me encantaba cuando te ponías celosa... pero cuando me dijiste que pasara un buen fin de semana con Amy Mizuno, yo pensé que estabas riéndote de mí.

Habían llegado a su destino y la limusina estaba parada, pero Seiya y Serena, perdidos en un nuevo abrazo, se dieron cuenta de eso diez minutos más tarde. Corrieron para buscar a Lucas y entre besos y abrazos le dijeron que era un niño maravilloso. Arropado por el amor de sus padres, Lucas bostezó y se quedó dormido, mientras ellos se tomaban de la mano y soñaban con un futuro juntos...

Día 16: Martes por la mañana

Cuatro días más tarde, conseguida la licencia especial, Serena llegó a la iglesia para casarse con Seiya Kou.

Su hermano, Andrew, había conseguido tomar un avión desde Oriente Medio a tiempo para ser el padrino. Michiru se había ofrecido voluntaria para ser la madrina y Haruka era el testigo de Seiya. Lucas estaba sentado en su nuevo carrito de lujo y sonreía a todos sus admiradores.

Con un traje de seda y encaje tan fino como una tela de araña, Serena caminaba por el pasillo de la iglesia con los ojos brillantes.

No tenía una sola duda en el corazón de que Seiya la amaba.

El fin de semana había pasado volando en una locura de arreglos e instrucciones de última hora para la boda. Vivirían en Londres y Corfú, donde Seiya tenía otra casa. Pasarían la noche en la casa de Londres y al día siguiente volarían a la villa del Caribe. Habían decidido que el cumpleaños de Lucas lo pasarían en París, con una niñera para poder estar solos de vez en cuando.

Después de recuperar a la mujer que amaba, Seiya no podía dejar de hacer planes para el futuro.

En aquel momento, observaba a Serena acercarse al altar con una sonrisa de felicidad que hacía que su corazón latiera de alegría. Seiya había decidido que aquella vez todo sería diferente. El viernes por la noche había tenido que hacer un esfuerzo para marcharse de su apartamento y Serena se había sentido emocionada al oír la explicación.

-La próxima vez que hagamos el amor, quiero que seas mi mujer, agape mou.

El lunes por la noche, contenerse se convirtió en el reto más difícil con el que Seiya había tenido que enfrentarse en toda su vida. Incluso había indicado que podría convencerlo para que rompiera su voto. Pero Serena tuvo que salir corriendo para ir a buscar a su hermano al aeropuerto y la presión del tiempo había sido más fuerte que la tentación.

Cuando terminó la ceremonia y salían de la iglesia, Seiya la besó con fervor.

-¿Cómo voy a poder soportar la sesión de fotografías y el largo banquete?

-Porque eres un hombre frío, ¿recuerdas? -rio ella, aunque estaba temblando entre sus brazos.

Seiya no podía apartar sus ojos de ella ni por un momento y a Serena le encantaba. Habría muchísimas fotografías de los dos mirándose a los ojos como dos críos y, en el banquete, era casi imposible separarlos. Cuando por fin se fueron los invitados y Lucas se había quedado dormido en su nueva habitación, la pareja de recién casados por fin entró en el dormitorio.

Aunque maravillosamente amueblado, aún no había sido decorado del todo y Serena se quedó sorprendida.

-Le dije a Amy que tú te encargarías de esta habitación -sonrió Seiya.

-¿Cuándo se lo dijiste? ¿No sería ese fin de semana, cuando estabas tan enfadado conmigo?

-Seguía esperando que te casaras conmigo.

El corazón de Serena se derritió.

-No sabes cuánto me alegro.

-No pensaba perderte por segunda vez -murmuró Seiya, tirando de ella para aplastarla contra su pecho-. Te amo como nunca había pensado que podría amar a nadie.

Y ser amada de esa forma era lo mejor que podría haberle pasado, pensaba Serena, soñadora, mientras se abandonaba a otro beso apasionado.

FIN


Bueno lindas. Espero de todo corazón que les haya gustado la historia y se entretuviesen tanto como yo leyéndola. A ver si me animo a escribir mi propio fic más adelante.

Cariños!