Bien, chicos, este es el final. Mientras escribo esto, se me están por caer las lágrimas. Espero que hayan disfrutado leyéndola de la misma manera en que yo disfruté escribiéndola.

Belle: Espero que este final cumpla con las expectativas de todos. Si te piden traducir el tuyo, te doy una mano, lo juro.

Linuuuu: Me alegro que te haya gustado tanto la historia. Un abrazo desde Argentina.

Bien, acá les dejo el final.

Capitulo 38

El amanecer de Neo

Neo estaba afuera de la enfermería del barco, acompañado de Crash. El científico no quería entrar. No levantaba la vista de sus botas marrones.

—Tienes que entrar —dijo Crash, apretando apenas su hombro.

—No puedo —fue su temblorosa respuesta. Después de gritar hasta casi quedarse sin voz, Collins le informó que los marineros estaban apagando el fuego para evitar que se propagara por toda la isla y que rescatarían el cuerpo de Marishka para sacarle el Cristal Maestro. Esa respuesta lo calmó y se puso de mejor humor hasta que Crash le recordó que Crunch y Tropy estaban en la enfermería, junto con Nina, y que deberían visitarlos. Y Neo no estaba listo para enfrentarse a su hija.

—Pero Tropy está ahí. Se va a poner triste —Crash estaba intentando manipularlo. Pero no lo iba a lograr.

—No. Tú no quieres que vea a Tropy. Quieres que hable con Nina. Y no puedo hacerlo ¡Me odia! —Neo tenía un timbre de desesperación en la voz.

—Yo voy a estar ahí, Neo.

El científico clavó sus ojos en los de Crash, pero no dijo nada.

—Si no hablas con ella y no se reconcilian… ¿Quiere decir que no vivirán mas juntos?

Un nudo se situó justo en la garganta de Neo.

—Supongo… que no querrá volver a verme —murmuró el científico.

—¿Entonces donde va a vivir?

Neo abrió la boca, totalmente asombrado

—Pensé que viviría con ustedes.

—No lo sé. Coco no quiere a Nina —fue toda la respuesta del ex marsupial. El científico se llevó una mano a la cabeza, preocupado—. Creo que deberías hablar con ella, Neo. Tal vez las cosas se arreglen.

Neo se mordió ligeramente el labio. Sus ojos ahora estaban fijos en el picaporte. Realmente no quería entrar allí y enfrentarse con el odio de su hija. Pero tenía que hacerlo. No podía simplemente darle la espalda a la puerta e irse al demonio. Ni siquiera tenía una casa a la cual volver. Así que, armándose de valor, entró en la enfermería.

Era un lugar frio y antiséptico. Estaba dividido en varios cuartos, los cuales solo tres estaban ocupados. Uno por Crunch, el otro por Tropy y el último por Nina. Crash entró detrás de Neo y se dirigió al cuarto de su hermano, no sin antes sonreírle con ánimo antes de desaparecer dentro de la habitación.

Neo miró el letrerito que decía "Nina Cortex" colgado en la puerta de la habitación. Negó con la cabeza y decidió ir al cuarto de Tropy. Entró sin molestarse a golpear la puerta

—Hola, Neo —saludó el viajero del tiempo, sin inmutarse. Estaba acostado en la cama, con el muslo vendado. Al lado de la cama, había una mesita de luz y una silla, donde Neo se dejó caer—. ¿Ya viste a Nina?

—No —respondió Neo con fastidio—. No puedo hablar con ella. Se lo que va a decirme, así que no vale la pena.

—Eres un pesimista, como siempre —suspiró su amigo—. No puedes alejarte de ella sin siquiera darte una oportunidad"

—¿Y qué quieres que diga? ¿Qué lo siento? ¿Qué era un joven estúpido y enamorado? ¿Qué no acepté que ella no me amara y que por eso la secuestré y prácticamente la violé durante cinco años? ¿Qué la empujé al suicidio?

El viajero del tiempo lanzó un suspiro.

—Neo… iremos los dos a hablar con ella —dijo Tropy, sentándose un poco en la cama.

—¿En serio?

—Si. Tengo varias cosas que decir yo también —estiró la mano hacia un timbre que estaba al lado de su cama—. Estamos juntos en esto, Neo. No te voy a dejar solo.

El científico lo miró, asombrado. Un nudo se formó nuevamente en su garganta, aunque su rostro lo disimulaba.

—Tropy tu…

—Voy a hacerlo. Esto no va a terminar así. No puede terminar así —interrumpió el viajero. En ese momento, apareció Collins.

—¿Llamaste, Tropy?

—Si. Necesito una silla de ruedas. Necesito hablar con Nina.

Collins reflexionó durante tres segundos antes de responder

—De acuerdo. Pero ten cuidado: la herida se te puede abrir.

—Si, lo sé.

Collins se retiró de la habitación. Volvió enseguida con la silla.

—Espérame afuera, Neo —dijo Collins

Neo se retiró, ya que la habitación era pequeña. Miró brevemente la puerta del cuarto de Nina y tuvo por un instante el deseo de salir corriendo y tirarse por la borda. Pero, en lugar de eso, desvió su mirada hacia otro lado, esperando a que Tropy y Collins salieran.

—Es suficiente —dijo Tropy, saliendo de la habitación en la silla de ruedas, empujado por el segundo al mando. Collins asintió y salió de la enfermería—. Nina tiene el cuarto mas grande" comentó.

Neo no respondió. Ni siquiera se había dado cuenta de ese detalle de parte de N Gin.

Con pasos lentos e inseguros, el científico avanzó hacia el cuarto de Nina. La puerta blanca parecía una barrera infranqueable e imposible de atravesar. Levantó la mano y golpeo con los nudillos tímidamente.

—¿Quién es? —se escuchó la voz de Nina. El científico trago saliva

—S-soy Neo —tartamudeo.

Hubo un breve silencio del otro lado.

—Pasa —a pesar de ser solo una palabra, podía notar el rencor que había en ella.

Nina estaba acostada, con la vista clavada en el techo. Estaba bastante pálida, pero parecía recuperada de sus heridas.

—Nina —murmuró Neo, arrodillándose al costado de su cama—… lo siento mucho, cariño. No sabes lo arrepentido que estoy de lo que le hice a tu madre.

—Eso no la va a traer a la vida —gruñó Nina, sin mirarlo.

—Ya lo sé, Nina, ya lo sé. Fui un idiota y un egoísta. Fue lo peor que hice en mi vida —intentó tocar su mano, pero ella la apartó bruscamente—. No hay un día en que no me sienta culpable de su muerte…

—Charlotte nunca se murió —dijo Tropy bruscamente.

Neo tardo varios segundos en asimilar esas palabras. Giró la cabeza hacia su amigo.

—Charlotte se suicido —dijo Neo, con voz suave. Tropy conocía muy bien ese tono. Era la calma antes de la tormenta.

—Intentó hacerlo, pero le salvé la vida. Antes de rescatarte a ti, rescate a Charlotte de la caída y la refugie en mi casa. Le di algo de dinero y se fue.

Los ojos de Neo pasaron de la sorpresa al odio.

—¿Estas queriendo decirme…que estuve casi quince años llorando por una muerte que nunca ocurrió?"

Tropy suspiró profundamente

—Si.

Neo se levantó bruscamente. Su odio parecía llenar la habitación. El científico alzó el puño y se hubiera estampado en la cara de Tropy, de no ser porque el viajero logro pararlo, a pesar de estar en silla de ruedas.

—Era por tu bien, Neo —Tropy abrazaba a Neo, para evitar que lo golpeara.

—¿Eso es cierto? —preguntó Nina, desconfiada—. ¿Mi madre está viva?

—Si.

—No te creo. Para nada.

—En mi casa están todas las pruebas —explico el viajero. Neo dejó de removerse y se separó de Tropy.

—¿Dónde están? —preguntó Neo, agitado.

—Neo…

—¡Dímelo!

Tropy suspiró.

—En una caja metálica, en el piso de mi ropero —respondió, bajando ligeramente la cabeza—. Y antes de que lo preguntes, mi cinturón teletransportador está en el cajón de mi habitación.

Sin perder el tiempo, Neo salió a grandes zancadas del cuarto y se dirigió a agarrar el cinturón. Se lo colocó en su cintura y se teletransportó a la casa de su amigo.

Se quedo de pie unos momentos en la sala, con la cabeza hecha un embrollo ¿Charlotte estaba viva? ¿Dónde estaba? ¿Por qué Tropy le había ocultado la verdad durante tantos años? Sacudió la cabeza, alejando esas preguntas de su mente. Obtendría las respuestas muy pronto.

A grandes zancadas, cruzó la sala y penetro en el dormitorio de Tropy. El único armario que había allí era uno hecho de roble, al estilo francés. Lo abrió y, efectivamente, la caja metálica estaba allí. Quiso abrirla en ese instante, pero se contuvo y volvió al barco de N Gin

—Aquí esta —dijo Neo, colocándola encima de las piernas de Tropy. El viajero la tomó entre sus mano y la abrió lentamente.

—Sabía que esto iba a pasar algún día —murmuró Tropy. Se acercó a Nina y se la tendió.

Nina metió su mano robótica lentamente. Dentro había unas pocas fotos. Una era del casamiento de Neo. Charlotte estaba sonriente al lado del científico. N Gin estaba en una esquina de la imagen, casi irreconocible, ya que estaba más joven, delgado y sin ningún cohete en su cabeza. Tropy también estaba allí, pero su rostro estaba tan serio que parecía que hubiese asistido a un funeral.

Una de las fotos era extraña. Charlotte estaba en una sala de estar, sentada en una mecedora. Su cabello era largo hasta la cintura y su rostro denotaba tristeza. Llevaba puesto un camisón largo y blanco. Nina frunció levemente el ceño

—Ella está en…

—Mi casa —completó Tropy—. La tomé después de salvarla.

—¿Por qué?

—Porque en algún momento, de alguna manera, te enterarías de la verdad. Y necesitaba pruebas para que me creyeras.

Neo también observó la foto, con dedos temblorosos.

—Así estaba… vestida ese día —murmuró el científico.

—Aquí también hay una carta —agregó Nina, tomando un sobre de papel. Lo abrió y desplegó la carta:

Tropy:

No pude escribirte antes, porque estuve muy ocupada este tiempo. La mudanza, el trabajo, el psicólogo que me recomendaste… fue demasiado agotador.

En parte, te escribo para darte las gracias por rescatarme, aunque tardaste demasiado. No sé por qué tardaste tanto, no sé por qué decidiste liberarme de él. Estos últimos años fueron una verdadera pesadilla interminable.

Estoy haciendo mi vida, muy lejos de todo el infierno que sufrí. Lo lamento por Nina, que crecerá junto con el hombre que decía ser mi mejor amigo, pero yo no la considero como mi hija. Es solo suya.

Gracias, pero no quiero volver a saber nada de ti, ni de los otros nunca más. Ni siquiera de Nina.

Hasta nunca.

Charlotte.

Nina alzó la vista hacia Tropy.

—Esta carta tranquilamente podrías haberla escrito tú —espetó ella.

—Podría llevarte hacia Charlotte —respondió el viajero del tiempo, como si hubiese meditado largamente la idea. Neo abrió los ojos abiertos como platos.

—¿Dónde está? —preguntó el científico.

—No voy a decírtelo. Cuando Nina y yo estemos mejor, la llevaré con ella, para que vea que está viva. Nada más.

—¿Me lo prometes? —preguntó Nina, dubitativa. En el fondo, deseaba creerle a Tropy con todas las fuerzas de su alma.

—Te lo prometo —Tropy giró su silla de ruedas y se dirigió a la puerta—. Nos vemos —agregó, antes de girar el picaporte de la puerta y marcharse.


Tuvieron que pasar dos semanas antes de que los médicos del barco le dieran el alta a Nina. Fue la última en salir del hospital. Primero había salido Crunch y después Tropy. Apenas salió de su cuarto, el viajero del tiempo la estaba esperando afuera.

—Veo que no olvidaste tu promesa —dijo Nina.

—Nunca lo hice —fue la respuesta del hombre—. ¿Estas lista para viajar?

—Si —respondió la chica con voz firme.

—Bien, pero recuerda: no puedes decirle que eres su hija ni nada de eso. De ser posible, ni siquiera le hables ¿Está claro?

—Si.

—Bien. Eso es todo. Toma mi mano.

Ella obedeció lentamente. Tropy tocó un botón de su cinturón y se teletrasportaron.

Nina cerró fuertemente los ojos, sabiendo que, si los abría, se marearía y terminaría vomitando apenas pisara tierra firme. Solo cuando sus pies tocaron algo sólido, los abrió.

Estaban en un oscuro callejón de una gran ciudad, a juzgar por el ruido de los autos.

—¿Dónde estamos? —preguntó Nina.

—Es mejor que no lo sepas —fue la respuesta del viajero.

Salieron del callejón y comenzaron a caminar. En efecto, estaban en una gran ciudad, llena de negocios y carteles por todas partes. Por las conversaciones de las personas que pasaban a su lado, supuso que se encontraban en algún lugar de Estados Unidos, pero no se animó a decirle sus suposiciones a Tropy.

El viajero la sujetó del hombro y señaló una cafetería

—Ella almuerza allí todos los días —le explicó.

Nina dirigió su mirada hacia las mesas que estaban afuera y la reconoció. Era ya una señora de unos cuarenta años de edad, de cabello corto y oscuro, vestida elegantemente.

—¿De qué trabaja? —preguntó Nina.

—Es asistente social.

Nina se dirigió hacia donde estaba, bajo la atenta mirada del viajero del tiempo. Quería verla un poco más de cerca, para saber si era ella. Estaba a unos pocos pasos cuando un hombre se acercó a la mujer.

—¡Charlotte! —le dijo, mientras se inclinaba hacia ella y la besaba en los labios.

—Que sorpresa, Al —le respondió Charlotte, sorprendida.

—Sólo quería verte, aprovechando mi día libre.

—Siempre tan romántico… ¿sacaste las entradas para el cine?

—Cuatro entradas: una para mi, otra para mi bella esposa y dos entradas más para nuestros hijos.

Charlotte sonrió y le tomó la mano. Nina retrocedió un paso. Su madre era muy feliz ahora. Se dio media vuelta y volvió hacia donde Tropy se encontraba.

—¿Estás bien, Nina?

—Si, vámonos —fue toda su respuesta.

Ambos caminaron hacia el callejón y se teletrasportaron al barco de N. Gin, precisamente a la cubierta.

—Todo lo que te dije es verdad —susurró Tropy. Nina le dio la espalda y se acercó a la baranda.

—No sé qué hacer —dijo, perdiendo su vista en el océano—. Neo fue muy malo con ella.

—Pero ahora es feliz.

—¿Crees que el haya cambiado?

Tropy apoyó una mano en su hombro.

—Sin duda.

—Hablaré con él, entonces —Nina se dio vuelta para ir a verlo, pero Neo ya estaba allí, mirándola apenado.

—Lo siento —dijo, con los ojos llenos de lagrimas. Nina se acercó con lentitud hasta estar a unos pocos centímetros de distancia del científico—. Fui un idiota. Estaba tan desesperado porque alguien me amara que… —bajó la cabeza, incapaz de hablar.

Nina apoyó su cabeza en el pecho de Neo. El científico se paralizó por unos momentos antes de que decidiera abrazar a su hija con todas sus fuerzas, como si nunca más quisiera soltarla. Buscó a Tropy con la mirada, pero ya no estaba allí.


Dos días después, Tropy reunió al N Team en la cocina del barco. Ese lugar ya se había convertido en un punto de reunión habitual en los últimos tiempos.

Tropy estaba sentado en la cabecera de la mesa, tamborileando lentamente los dedos sobre la madera, como si pensara cuidadosamente sus palabras. Nitrus Brio había sido el último en llegar y se estaba acomodando en su lugar. Neo estaba despatarrado en su silla, sin ánimos de nada. El Cristal Maestro estaba destruido, según informes y no se podía recuperar.

—Muchachos —el viajero levantó la vista hacia sus compañeros—… desde la adolescencia que nos conocemos y hemos estado unidos desde la Academia. Pero en estos últimos tiempos estuve pensando de que nuestras actividades han caído en picada.

—Pero eso se puede arreglar —se metió Nitrus Brio.

—Podría, pero estamos en una situación distinta ahora —le respondió seriamente el viajero del tiempo—. He tomado una decisión sobre este grupo.

—¿Y cuál es? —preguntó N Gin, tenso. Tropy lanzó un suspiro largo, como si tuviera una pesada carga en su pecho.

—Nicholas, Neo, Edward —Nitrus abrió grandes los ojos. Era la primera vez que Tropy lo llamaba por su nombre—. Yo, Horace, declaro el N Team disuelto.

Un silencio mortal se extendió sobre la cocina. Tropy analizó las caras de sus tres amigos: N Gin tenía la mandíbula desencajada; Neo tenía las manos aferradas con fuerza a los apoyabrazos de la silla y Nitrus Brio parecía no recuperarse del hecho de que el viajero lo llamara Edward.

—¿Di-disuelto? —tartamudeó el almirante—. ¿Pero por qué?

—Ya no somos los mismos —explicó Tropy, con tono cansado—. Ya no hacemos planes malvados desde hace mucho y tampoco tenemos ánimos de hacerlo. Estuve reflexionando mucho sobre esto y decidí dedicarme a otra cosa.

—¿Eso quiere decir… que no nos veremos más? —murmuró Neo.

—Nadie dijo eso, Neo. No tenemos por qué dejar de vernos.

—Yo… yo me siento bien con Coco —aportó el almirante—. Desde el accidente que no me sentía tan bien.

—¿Y que se supone que vamos a hacer? —preguntó Nitrus Brio.

—Tú tienes tu doctorado en Química; N Gin tiene su barco y sus títulos de Ingeniería Informática y de Armamento; Neo es neurocirujano y cirujano ortopédico y yo tengo un doctorado en Física. No somos unos iletrados.

—Como si nos dejaran trabajar en Australia —masculló Neo.

—Pero tenemos a Nueva Zelanda, Tasmania y el resto del globo —se metió N. Gin, encogiéndose de hombros.

—Es cierto.

—Pero no nos separaremos ¿verdad? —insistió Neo.

—No —respondió Tropy, sonriendo ligeramente—. Nunca vamos a separarnos.


Un hermoso atardecer iluminaba las tranquilas aguas de N Sanity. Neo observaba el paisaje sentado en la arena, pensativo y relajado al mismo tiempo. El N Team ya no existía desde hacía una semana, pero aún le quedaban sus amigos, su hija y una vida para redimirse del pasado.

Sintió unos pasos sobre la arena y unas manos rodeando su espalda.

—¿Contento que tu madre haya aparecido?

Neo giró la cabeza para encontrarse con los hermosos ojos verdes de Crash.

—Claro que si —le respondió—. Me tenía muy preocupado ya. Supongo que estará contenta de volver a vivir en Australia.

Crash se sentó a su lado y lo tomó de la mano.

—Me alegra que decidieras vivir aquí en la isla con Nina… y nosotros.

—No podíamos seguir en el barco mucho tiempo.

Crash se inclino hacia Neo y lo besó en los labios con suavidad. Neo acarició la nuca del chico, de modo que un escalofrió recorrió su columna.

—Vamos a cenar en un rato —le avisó Crash antes de levantarse y meterse en la casa.

Neo le dio una última mirada al crepúsculo, intentando grabar la hermosa imagen en sus retinas. Con una leve sonrisa, se levantó de la arena y comenzó a caminar hacia la casa de los Bandicoots. Hacia su nuevo hogar.

FIN.