Ok. La esperada continuación. Les pediré, eso sí y por primera vez, retroalimentación. Me explico: esta es la primera historia que estoy escribiendo y que no lleva seis meses en mi cabeza y, por tanto, no he imaginado las escenas como un capítulo, editado mil y un veces hasta quedar medianamente conforme y, más importante aún, no tiene escrito el final. Repito: NO TIENE ESCRITO EL FINAL. Así que solicitaré, si quieren seguir leyendo la continuación y llevarlo a término, ideas, sugerencias, modos que podría perfeccionar cualquier metida de pata que cometa (lo que escriba no lo cambiaré…mi tiempo y mi nivel de desarrollo cerebral no podrán lidiar con eso, lo lamento), en fin, ustedes entienden, necesitaré CRÍTICAS CONSTRUCTIVAS. Crimeny!

Bueno, sin más. Una idea loca que se me ocurrió…y que estoy purgando… (Nah, si me gusta imaginar cosas; pero de verdad necesitaré ayuda).

Y una vez más, inhalando y exhalando, "Hey Arnold!" no es de mi propiedad.

Oxoxoxoxoxoxoxoxoxoxo

.

Arnold se encontraba ya sentado en la mesa que había reservado. Se había preguntado si no hubiese sido mejor recogerla en su casa. Dudo si llamarla o no. También dudo si pedir prestado el libro sobre citas a Gerald. Sí le pidió consejo a su abuelo, que se acercó al verlo tan pensativo, pero sólo lo confundió más. Su abuela, en cambio, le dijo: "Concéntrate en tu objetivo y cuando estés listo ¡atrapa a tu presa!". Que una vez más su abuela estuviese cazando una mosca en ese momento, le dio la molesta imagen de Helga con cuerpo de insecto.

Arnold sacudió su cabeza. Helga no era una mosca, pero el consejo no le pareció tan malo. Le pareció mejor que ronronear y el "muéstrale quién lleva los pantalones" de su abuelo. Especialmente, porque su abuelo estaba en calzoncillos largos, ya que su abuela se los hizo sacar para lavárselos.

Arnold suspiró y miró el asiento vacío frente a él. Cuando invitó a Helga, se había puesto tan nervioso que lo único que había podido hacer fue tartamudear, darle un beso en la mejilla y salir corriendo. Claro, aún no se había recuperado de lo que fuese que le hubiese pasado, así que para que Helga no lo alcanzara, debió esconderse tras unos basureros.

Arnold se sonrió. Nunca imaginó que estaría tan nervioso por algo, por una chica. Nunca había imaginado que caería enfermo en el hospital con un síndrome tan raro. En el hospital, nunca imaginó que Helga lo vendría a ver todos los días. Tampoco esperaba mejorarse tan rápido, pero realmente lo agradecía. Y claramente, nunca imaginó todos los cambios que ahora estaba ansioso por empezar a realizar en su vida. Nuevamente, nunca imaginó estar tan nervioso por una chica. Por Helga.

¿Ella vendría? Bien, ella no le había respondido, pero él tampoco le había dado tiempo para que lo hiciera. Recordó cuando ella confesó su amor en Industrias Futuro. Ojalá hubiese sido distinto. Ojalá él hubiese sabido o pensado… pero el pasado no se puede cambiar. Sí se puede cambiar el presente. Y eso es lo que él estaba dispuesto hacer.

Para empezar, lo básico. Asistir todos los días al hospital a control con la kinesióloga y con el neurólogo y su electroencefalograma (una de las pocas palabras difíciles que había aprendido). Eso lo estaba haciendo. De paso, visitaba al Dr. Doofenshhirtz y su máquina Sophie. El doctor seguía siendo extraño; en palabras de Gerald "ese chico estaba mal", pero era simpático. Aunque insistía en enviar saludos a Helga e invitaciones a que viniera a ver al gran médico que era. No, Kevin no estaba por completo en sus cabales.

Pero fue justo después de la visita al hospital de ese día que vio a Helga. Helga. A veces se preguntaba si simplemente se había acostumbrado a verla todos los días, a percibir cómo se preocupaba por él, si no sería un capricho, si no estaría siendo egoísta. Lo único cierto es que quería que continuase en su vida. Verla y saber que estaba bien; escuchar sus ingeniosos comentarios; escucharla reírse; estar cerca de ella; verla fruncir el ceño; o simplemente, verla hacer cualquier cosa, con su cara redonda y bonita, y sus manos delicadas, y su pelo… Está bien, él estaba mal. Esos tres días que ella lo evitó fueron largos y terribles. Repasó cada detalle de las visitas de Helga. Buscó en su pieza todo lo que le recordaba a Helga, preguntándose si ella había estado ahí cuando visitaba a sus abuelos. Prestó especial atención al libro rosa y el zapato de Cecile. ¿Cómo no se dio cuenta antes?

Ver a Helga e invitarla a salir. Sí, eso era lo otro importante y básico en su vida. Desde que el señor Dino Spumoni le regaló ese cupón para una cena en el Chez París como regalo por su recuperación (cupón que a su vez él había recibido como regalo adicional por su presentación en el restaurante) lo había estado planeando. Pero Helga lo había estado evitando. Verla a la distancia y bajar del auto del abuelo fue casi instantáneo. Besarla y correr… también.

Esa misma tarde, en cuanto consideró seguro salir de su escondite, llamó al restaurante para hacer efectiva la reservación. También se preocupó de su ropa. Nunca se había tardado tanto en arreglarse. Nunca le había importado tanto la opinión de otros sobre su vestuario. Todos los inquilinos opinaron. Su abuelo le prestó su fragancia. Por suerte, su abuela evitó que la usara. Según supo después, el aroma era demasiado intenso.

Finalmente, estuvo listo. No descuidó el detalle de pasar a la florería de la sra. Vitello por un ramo de flores. La amable señora no quiso cobrarle; sólo le preguntó si eran para su novia y si esa novia era la niña de una sola ceja. Arnold tuvo la incómoda sensación de ser leído, pero lo tomó como una señal. La señora Vitello le ayudó a elegir el ramo. Un extraño y bonito arreglo de margaritas y rosas rosadas.

Arnold suspiró, mientras tomaba el ramo de flores que estaba a su lado. Este había sido un largo día, lleno de momentos incómodos. Pero éste era el peor. Sin lugar a dudas. No estaba exagerando.

Arnold había llegado con anticipación. No quería que nada saliera mal. Todo tenía que ser… bien…perfecto. Pero había llegado con demasiada anticipación, y ahora la ansiedad lo estaba matando. Miró a la puerta cuando escuchó al mozo hablar a alguien, pero sólo era otra pareja. Ya había visto entrar a seis parejas y tres grupos de amigas, e irse a tantas otras personas, pero Helga no llegaba. ¿Y si no venía?

Repentinamente, Arnold se imaginó viejo, esperando aún que Helga llegara. Y Helga riéndose, casada y con hijos, viviendo feliz al otro lado de la ciudad. Negó con la cabeza. No, eso no pasaría. Eso no podía pasar. Él conocía a Helga. Había aprendido a conocerla y deseaba poder conocerla más. Compartir más tiempo con ella.

Y si ella no venía, él la iría a buscar. Como la misma Helga dijo, ella confiaba en él y todos merecían una oportunidad, ¿no?

Pero, ¿y si Helga realmente no quería verlo? Entonces ¿qué pasaría?, ¿qué podía hacer? Peor aún, ¿si Helga viniera y no quisiera escucharlo? Arnold sintió un peso en su estómago. Los nervios se convirtieron en angustia. Miró una vez más la silla vacía. Ahí se sentaría Helga. O eso esperaba. Desde ahí lo miraría con sus profundos e inteligentes ojos azules, y él tendría que explicarse. Explicar que había cosas que deseaba cambiar en su vida, y que la mayoría de esos cambios la incluían a ella.

Uff. Tal vez debería repasar un poco su discurso. Sólo un poco. No fuese a tartamudear de nuevo. Arnold se aclaró la garganta.

-"Helga"- dijo. Un hombre sentado cerca, con una gran barba, melena, lentes oscuros y un diario que estaba leyendo, se atoró con su vaso de agua.

-"Esto es patético"- murmuró Arnold a sus adentros, sintiéndose un perdedor. Pero tomó aire y luego añadió con firmeza.

-"Helga, yo sé que tú piensas que…"- Arnold sintió su valentía esfumarse -"no, así no."

-"Yo sólo quiero agradecerte todo lo que hiciste por mí y por mis abuelos. Eres una gran persona; siempre lo has sido, aunque te esfuerces por demostrar lo contrario…no, eso tampoco"- terminó en un susurro, mientras imaginaba a Helga con su ceño fruncido.

-"Helga, yo sé que tienes miedo, yo también estoy asustado, pero realmente quiero pasar más tiempo contigo y sé que si estamos juntos podemos lograrlo…"- Arnold miró hacia abajo –"No, no es un proyecto escolar".

-"Está bien, no sé cómo decirte esto. No soy tan bueno con las palabras como tú. Tus poemas son grandiosos y… no, me dirá que soy un metiche por leer sus cosas"- reflexionó Arnold en voz baja.

Arnold suspiró con desaliento. ¿Por qué tenía que ser tan difícil?

-"Lo único que quiero es preguntarte si deseas salir conmigo"- Arnold se rascó nervioso el cuello –"Si no deseas, está bien. Pero sería grandioso si aceptaras. En el hospital nunca tuve oportunidad de ser un novio real, y tú te mereces… te mereces lo mejor"- Arnold imaginó la cara de Helga, sonriéndole.

-"¿Qué dices? ¿Aceptas? ¿Aceptas ser mi… mi…?"

Un gran ruido, seguido por un grito, lo sobresaltó e interrumpió. Provenía de sus espaldas y se giró rápidamente. Helga estaba en el piso; su vestido rosado salpicado de una sopa que olía a cebolla, su pelo suelto y desordenado. Al lado de ella, un mozo se lamentaba y la miraba enfurecido, mientras intentaba equilibrar su bandeja.

-"Mademoiselle, usted no puede estar así en mitad del pasillo…"- el camarero refunfuñaba.

Arnold no le prestó atención. Se agachó junto a Helga, para ayudarla a levantarse.

-"Helga, ¿estás bien?"

Helga lo miró con los ojos amplios, pero aceptó la mano que él le estaba ofreciendo para levantarse.

-"¿Helga?"- Arnold preguntó con cierta ansiedad. La niña ya de pie, y el mozo refunfuñando a la distancia.

-"Ehm, sí, Arnold… Arnoldo. Yo sólo…Vamos a la mesa, Cabeza de Balón"-Helga respondió, dirigiéndose con firmeza a la mesa y dejando atrás el incidente.

Arnold sonrió. Helga había llegado.

Oxoxoxoxoxo

N/A: Hehehe. Debo reconocerlo a quienes leen esto. Mientras escribía y repasaba esta historia, existió en un momento la idea de que Helga se disfrazara de nuevo y espiara a Arnold. De ahí surgió el hombre con los lentes y el diario en una mesa cercana. Pero después pensé que si no la descubría, Arnold quedaría muy mal parado, y la idea es que se redima… un poco. Así que, finalmente, deseché la idea. También existió brevemente la posibilidad de hacer a Arnold paranoico y llevarlo a pensar que ese hombre en realidad era Helga disfrazada, y le hablara y lo molestara y acusara, deteniéndose sólo cuando Helga le preguntara qué estaba haciendo. Pero aunque divertido, no quería que Arnold fuese a visitar a un psiquiatra además de todos los otros médicos. Así que también la deseché, pero mantuve al personaje.

Bueno, el capítulo 2 ya está listo con la versión que finalmente elegí.

Sobre la petición de ayuda, me explicaré un poco más ahí.