Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es SuffocatingUnderWordsOfSorro w, yo sólo traduzco.

Gracias a mi linda beta Isa por corregir este capítulo :)


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Capítulo 16: Quédate conmigo

Bella POV

Sentí que comenzaba a despertarme. Abrí los ojos lentamente y luego los entrecerré por el repentino brillo, teniendo que cerrarlos por completo, mi cabeza retumbaba con agresividad. Me llevé la mano a la frente, pero sentí un tirón en el dorso de la misma.

—Ugh —gemí.

—Bella. —Escuché la voz de Edward llamarme. Sentí su mano a un costado de mi cabeza, acariciando suavemente mi mejilla.

—Hola —murmuré débilmente, intentando abrir un ojo para ver su hermoso rostro.

—¿Cómo te sientes?

—Como mierda —me reí, pero rápidamente me detuve por el dolor en mi costado.

—Tranquila, tienes que sanar.

¿Sanar? Abrí por completo los ojos y miré a mi alrededor. Estaba acostada en una cama con Edward a mi lado. La habitación era de color blanco con la televisión en la pared y un pequeño armario, una mesita de noche y sillas de plástico; estaba en un hospital. Fruncí la frente confundida.

—¿Qué pasó? —Estaba entrando en pánico, jadeaba para poder respirar, ignorando el dolor de mis costillas.

—Sshh, sshh —susurró Edward de forma tranquilizadora, moviendo mi rostro para verme a los ojos—. Tuviste un accidente de carros, a un hombre mayor le dio un infarto mientras iba manejando y se estrelló contra el costado de tu carro.

No podía creerlo. ¿Por qué no lo recordaba?

—¿Las niñas? —Miré a mi alrededor para ver si estaban aquí.

—Están en casa con Alice y Jasper. Se las llevaron anoche después de que se durmieron. No querían dejarte, querían estar aquí cuando despertaras —sonrió con tristeza.

Hubo un suave golpe en la puerta y un hombre asomó la cabeza, sonriéndonos amablemente.

—Buenas tardes Bella, Edward. Me alegra verte despierta, solo quería venir a checar cómo iba todo. —Tenía una profunda voz gutural que me recordaba a la de mi padre.

—Hola —le regresé la sonrisa, sintiendo un estirón en mi mandíbula, sin duda había cortadas.

—¿Cómo te sientes? ¿Alguna sensación extraña; entumecimiento, dolores, picazón? —Abrió el historial que colgaba de los pies de mi cama.

Bajé la vista, agitando mis dedos que se movían libremente. Intenté mover la pierna, pero estaba restringida por una escayola. Miré a Edward.

—Te rompiste la pierna, amor —Me acarició la mano de forma consoladora.

—¿Qué más? —pregunté, no estaba segura de querer saber. Su boca formó una línea dura y sombría. Suspiró pesadamente al comenzar a enumerar mis heridas.

—Te rompiste la pierna, tienes una herida profunda en el abdomen, una cortada larga en un costado de tu cabeza, tres costillas rotas y pequeñas cortadas y moretones en tu cara, brazos, piernas y manos.

Hubo un silencio incómodo en la habitación mientras asimilaba todas las heridas que tenía. Comencé a llorar.

—Oh amor, lo siento mucho. Desearía haber estado ahí. —Edward me abrazó, teniendo cuidado con mi cuerpo herido.

—Siento interrumpir, pero necesito hacer una evaluación de su estado, señorita Swan. —Parecía estar apenado.

—No, está bien. —Me limpié las lágrimas y sollocé ruidosamente, limpiándome la nariz sin importarme.

El doctor Watson, como descubrí que se llamaba, me hizo una rápida evaluación. Estaba en buen estado, pero tenía que quedarme al menos por otro día para observaciones en caso de alguna herida en la cabeza que pudiera ocurrir. Se despidió de nosotros y se fue con rapidez.

—¿Quieres hablar de lo que pasó? —preguntó Edward y me negué de inmediato, sin querer saber nada de lo que había pasado, no quería revivirlo.

Nos sentamos en silencio. Los ojos de Edward se cerraban con pesadez al tener la cabeza recargada en mi cama, mi mano acurrucaba su rostro. Acaricié su mejilla con mi pulgar, mirando sus ojos cerrarse para luego volver a abrirse intentando mantenerse despierto. Me acababa de percatar de lo cansado que se veía, tenía oscuras ojeras debajo de los ojos y su piel estaba más pálida que de costumbre.

—¿Edward? —acaricié con más fuerza su mejilla.

—Hmm —se removió, abriendo sus ojos para medio sonreírme con su preciosa sonrisa torcida.

—Ven. —Me hice a un lado de la cama y palmeé el espacio junto a mí.

Empujó la silla hacia atrás, arrastrándola sobre el piso de linóleo y se subió junto a mí. Su cuerpo se moldeó contra el mío, los dos encajábamos a la perfección. Suspiré contenta y cerré los ojos.

Mientras estaba acostada con los ojos cerrados me concentré en el sonido de nuestras respiraciones. Me acosté así por un largo tiempo antes de dejar que el sueño me llevara a un sueño perfecto de Edward y las dos preciosas niñas en mi vida.

.

—Mami. —Escuché la dulce voz de Lilly despertarme.

Abrí los ojos encontrándome con su hermoso rostro sonriéndome.

—Hola bebé —le sonreí abriendo mis brazos.

Se subió, acostándose sobre mí. Ignoré las palpitaciones y la abracé lo más fuerte que pude. Se acurrucó en mi pecho y tarareó contra mi piel. Cerré los ojos y acaricié su cabello.

—Te extrañé —susurré en voz baja.

—Yo también —susurró en respuesta.

—Mami. —Bajé la vista a Lilly, que seguía acurrucada, y luego vi a mi otra niña. Vaila estaba de pie junto a la cama mirándome por debajo de sus gruesas pestañas.

—Hola cielo. —Me sonrió. Moví a Lilly a un lado y dejé que Vaila se subiera con nosotras.

Mi cuerpo protestó por la presión de las dos niñas en mí, pero amaba la calidez y amor de ellas. Vaila estaba acurrucada a mi derecha, Lilly a mi izquierda. Me quedé acostada despierta con las niñas mientras Edward dormía profundamente, roncando un poco. Las niñas se rieron de él, intenté callarlas, pero terminé riendo también.

—Bueno, mira a la feliz familia. —Alice y Jasper estaban mirando desde la puerta, sonriendo ante lo que veían.

—Hola —dije en voz baja sin querer despertar a Edward.

—Bájense de su madre. —Jasper me quitó a las niñas, y ellas hicieron un puchero.

—Tío Jazz —se quejaron en voz demasiado alta, provocando que Edward se removiera. Se giró hacia mí, su brazo se afianzó a mi alrededor y me jaló a él.

—Tan lindos. —Alice nos hizo una cara. Podía sentir el sonrojo y me volteé para esconderme en el cuello de Edward.

—Vete Alice —gimió Edward sin abrir los ojos para verla.

—Ésa no es manera de hablarle a tu hermana después de que ella cuidó a tus niñas por ti —lo regañó. Él se rió entre dientes y besó mis mejillas.

—Estás haciendo sonrojar a mi Bella. —Eso me hizo sonrojarme aún más.

Alice y Jasper se quedaron, dejando a Edward ir a casa para bañarse. Alice me ayudó a bañarme y me peinó, para mi disgusto. Intenté no verme en el espejo, no quería ver las cortadas y moretones que me cubrían.

Edward estaba de regreso cuando salí del baño y me ayudó a caminar a la cama. Me iban a dar unas muletas para ayudarme a caminar, pero todavía no habían llegado. Jasper se tuvo que ir a trabajar, pero Alice se quedó un rato más.

—Oh, Bells estaba tan preocupada. —Rose entró de golpe por la puerta con Archie en brazos. Antes de que pudiera ponerme de pie, ella ya estaba inclinada y me había envuelto en un abrazo, apretando también a Archie. Él gruñó en mi oído.

—Oops —sonrió débilmente y se alejó—. ¿Cómo te sientes? —Acunó mi mejilla.

—Bien, adolorida en algunos lugares pero agradecida, pudo haber sido mucho peor —sonreí, haciéndole saber que estaba bien.

—Cierto —dijo. Emmett entró.

—Bells —sonrió Emmett, acercándose a mí—, mira ese golpe —señaló mi cabeza a la cortada que ya había sido cocida, estaba en la parte superior de mi frente. Rodé los ojos.

—Emmett —Rose siseó entre dientes—, ten algo de modales. —Sacudió la cabeza y no pude evitar reírme de su comportamiento infantil.

—Es por eso que te quiero. —Levanté los brazos y él me abrazó con gentileza, lo cual me sorprendió.

Las niñas se sentaron en el piso, haciendo dibujos con las crayolas y papel que les había dado una de las enfermeras. Estábamos platicando cuando Lilly se levantó de un salto y se acercó a mí con Vaila detrás de ella.

—Te hicimos algo —anunció Lilly, dándome una hoja de papel.

—Gracias. —Tomé la hoja y estudié el dibujo. Habían cuatro figuras: Edward —su cabello anaranjado y café sobresalía—, yo —con largo cabello café sosteniendo la mano de Edward—, Lilly —con su cabello chino agarrándome la mano— y finalmente Vaila —que estaba agarrando la mano de Lilly—.

—Vaya. —Abrí más los ojos.

Ambas me sonrieron, los ojos les brillaban.

—Muchas gracias. —Las abracé y besé a ambas. Regresaron al piso y siguieron con sus dibujos.

Rose y Emmett se ofrecieron a llevarse a las niñas en la noche porque Edward no me quería dejar. Intenté decirle que estaría bien pero no sirvió de nada, era muy terco. Sonreí internamente porque él quería quedarse conmigo.

Las niñas se fueron de mala gana, dándonos un beso y abrazo de buenas noches para después irse. Bostecé ruidosamente y me moví incómoda bajo las cobijas. Edward sacó una bolsa y se cambió a una camiseta y pantalonera, subiéndose a mi lado en la cama.

—Mmmm —me acurruqué en su pecho, respirando profundamente su esencia.

—Buenas noches, amor —me besó con dulzura y estiró el cuello para recostar su barbilla en mi cabeza.

—Buenas noches, estoy feliz de que te hayas quedado.

—Qué bien, acostúmbrate porque estás atascada conmigo para siempre —se rió entre dientes.

—No querría que fuera de ninguna otra manera —me acurruqué más cerca y me dormí como una mujer feliz.