Lo último que le había dicho a su hijo era que el hombre no era cómo todos decían, que también podía morir y padecer.

Irónicamente era lo que le estaba sucediendo a él, los años que había estado arrastrando por tanto tiempo finalmente le carcomieron su cuerpo mientras que su alma quedó dormida en medio de una ilusión de frío; sintiendo cómo lentamente su ser se desvanecía y se unía junto con todos sus ancestros y personas que amó cuando vivían.

Un último gesto de alegría apareció en su rostro, sabía que su labor como príncipe había terminado, había muerto.