Intento Numero 1

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Escrútame los ojos, sorpréndeme la boca,
sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
dame a beber veneno, el malvado veneno
que moja los labios a pesar de ser bueno.

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Las delicadas piernas de Michiru estaban semi cubiertas por las sabanas, abrazaba con calidez la almohada, como era innato en ella se veía sensual hasta para dormir. Se da media vuelta al escuchar la molesta alarma del despertador y golpea con su mano el aparato. Antes de despertar un nuevo día remolonea un rato más en la cama.


La joven de cabellos aguamarina disfrutaba tanto de dormir como de hacer ejercicio amoroso con alguno de sus "lirios" como ella las llamaba. Toda su vida se había acostumbrado a que los ojos que anduvieran a su alrededor se fijaran inconteniblemente en ella. Su belleza llegaba a ser casi mitológica y atraía tanto a hombres como a mujeres. Claro que esto fue despertando en ella una personalidad bastante coqueta y un carácter a su vez fuerte. Motivo por el cual nunca aceptaba un no como respuesta. Había logrado una maestría en conquistas, cada persona en la que ella se fijaba terminaba a sus pies. Y ésto la divertía. Jamás se había enamorado seriamente de nadie y no tenía pensado hacerlo tampoco.


Se estiró como si quisiese alcanzar el cielo y se dispuso a levantarse de la cama. Caminó hacia el baño para darse una ducha. Hoy sería un día muy especial. Puesto que había esperado una semana para volver a ver a la mujer en la que había puesto los ojos ésta vez.

Mientras las cálidas gotas caían sobre su piel. Recordaba las delgadas y finas manos que dias antes habían palpado su abdomen en busca de alguna dolencia. Recordaba como había sentido el rose de sus dedos y se sonrió. Al salir del baño se observó a si misma en el enorme espejo del tocador que reflejaba cada centímetro de su cuerpo perfecto. Sonríe satisfecha al verse y se cubre con una toalla para salir hacia el cuarto. Toma la ropa que había dejado preparada la noche anterior para vestirse. Escogió un estilo sencillo pero atractivo. Iría con un pantalón de jeans azul y una blusa rosada ajustada en la cintura y un poco mas suelta en la parte superior, no tenía mangas, por lo que dejaba al descubierto sus sensuales hombros. En los pies se colocó unas sandalias negras que hacían juego con el bolso de mano. Una cinta en el cabello color negra le daba un toque especial que la hacía ver adorable. Se maquilló discretamente, apenas una leve sombra en los ojos, las pestañas arqueadas y un delicado brillo en los labios. Se puso su perfume habitual con aroma a jazmines y se dispuso a salir. Se dirigió al comedor y saludó a su amiga que estaba recostada en el sofá comiendo galletas.

- Buenos días Mich - la saludó sin apartar la vista de la TV -

- Buenos días Usako, ¿Cómo me veo? - preguntó la peliverde. Su amiga volvió fugazmente la vista hacia ella y la miró con el ceño fruncido.

- ¿Con quien irás a encontrarte? -

- No me has contestado si me veo bien - insistió -

- Por supuesto que si. ¿Con quien saldrás ahora? -

- Tengo una visita al medico - sonrió dándose una vuelta para que su amiga la observara completamente. -

- Así irás a ver al... ¡oye! - Se quejó la rubia incorporándose en el sofá - Te dije que no era buena idea conquistar a mi doctora. Ella es muy profesional jamás se involucraría con una paciente.

- Ya lo veremos, ¿Crees que le guste? -

- Es que te ves no se. - la observó la rubia -

- Es que no se me ocurre el tipo de mujer que puede llegar a gustarle, en todo caso, yo soy muy versátil. - Se auto convenció.

- De eso estoy segura - coincidió la rubia de coletas - en todo caso Michiru, no sabes ni siquiera si le gusten las mujeres, en lo personal pienso que estás perdiendo el tiempo. - La rubia observó a su amiga con el ceño fruncido. Serena suspiró - Asi que iniciarás con un look juvenil y algo tierno pero sin dejar de ser sensual.

- Exacto, que bien me conoces – dijo volviendo a sonreir

- No funcionará - contestó volviendo la vista a la TV - No eres su tipo -

- Que malvada eres amiga, en vez de apoyarme y de ayudarme me echas a abajo mis proyectos -

- Te he apoyado y ayudado otras veces pero eres insaciable Michiru, no colaboraré esta vez. -

- De acuerdo - bufó la peliverde con el entrecejo fruncido - de todos modos se que... - sus quejas se vieron opacadas por el timbre de su teléfono celular.

- ¿Aló? - contestó sin dejar de ver a la rubia comiendo galletas - Hola bonita ¿Cómo estas? - la rubia se devolvió para verla y negó con la cabeza la actitud de su amiga - Muy bien, muchas gracias. Estoy bastante mejor y a decir verdad me siento al cien por ciento, lista para un encuentro contigo. - Serena frunció la nariz e hizo un gesto de burla. - En este momento debo ir a control. Pero no habría problema si me llamas un poco más tarde. De acuerdo. Cuídate. Y gracias por la preocupación eres un ángel. - colgó el telefono y escuchó a su amiga que repetía.

- eres un ángel - en tono burlón - no deberías actuar así y jugar con las personas.

- Sabes muy bien que yo no juego con nadie. Nunca les digo algo que no cumplo. Ni prometo nada. Si la pasan bien conmigo no veo que tiene de malo el complacerlas -

- No tiene nada de malo, lo que tiene de malo es que quieres a una y a otra y a otra y a otra -

- ya ya ya no pienso seguir escuchándote – la cortó haciendo un gesto de negación con las manos, me voy. Nos vemos conejo. - Se despidió y cerró la puerta detrás de la rubia que volvió a su actividad.


Serena vivía con Michiru desde que se habían mudado juntas a Tokio para comenzar a estudiar en la universidad hacía 5 años. Eran amigas desde la infancia y nadie conocía mejor a la peliverde que la rubia de coletas. Nunca le habia ocultado ni a ella ni a nadie que le gustaban las mujeres. En un principio la pobre Serena tenía que lidiar con las frustraciones de su amiga, que atraía hacia sí puros hombres interesados en ella. Por lo que la rubia muy amablemente se ofrecía a hacer de cupido entre las chicas que le gustaban y ella. Tiempo más tarde Michiru había tomado confianza, ya no solicitaba ayuda para conquistar sino amigas o conocidas que pudiera presentarle. Ya a los 18 su amiga estaba fuera de control y era una conquistadora compulsiva. Situación en la que se mantenía hasta el día de la fecha.


Michiru ingresó nuevamente a la clínica. Iba tranquila. Estaba segura de sí misma. Al registrarse y anunciar su presencia notó que había llegado 35 minutos antes de la hora de la cita. Se sentó en el asiento que estaba frente al que había utilizado la vez anterior y se quedó esperando a que la llamaran.

Estuvo por un buen rato aguardando imaginando cual sería la forma correcta de presentarse de moverse y de insinuarse también, estaba ansiosa y cuando comenzaba a aburrirse la puerta de su consultorio se abrió y la vio salir. Nuevamente la escena transcurría en cámara lenta, ella salía totalmente regia, con su postura firme y erguida, la chaqueta abierta y llevaba otra camisa diferente a la vez anterior, un poco más fresca al parecer, que dejaba vislumbrar de cierto modo su sostén color blanco por debajo. La peli verde se forzó a tragar la saliva para no formar un lago de baba en el corredor de la clínica. La observó posarse sobre la mesa de la secretaria dándole la espalda, lo que le permitió ver lo bien formada que ésta se encontraba y sintió una leve molestia al notar que la rubia coqueteaba con la señorita aunque le alivió en cierto modo el saber que ella era de su bando como lo sospechaba. Tomó los papeles que la joven de cabellos castaños le entregó y se dio la vuelta para volver a entrar sin siquiera voltear para ver a la chica de cabellos aguamarina. Frunció el ceño al notar la indiferencia de la rubia y un cosquilleo se le formó en el estomago.

La misma mujer que había estado llamando a los pacientes, salió nuevamente esta vez para pronunciar el nombre de Kaioh Michiru.

Ingresa a la sala seguida por la secretaria, la misma camilla el mismo aroma. Pero ella no estaba. Se sentó y esperó impaciente a que se presentara. Pensó por unos momentos la pose mas sexy que podría llegar a deslumbrar a la rubia. Se acomodó la blusa. Se sentó en la camilla y apoyo las manos para echarse hacia atrás. A diferencia de la vez anterior, sabía que ahora lucía completamente radiante.

Cuando la rubia apareció se quedó prendada al ver a la deidad de cabellos turquesas semi recostada en su lugar de trabajo. La rubia parpadeó con fuerza para poder aclarar más su visión.

- Buenos días - dijo ella con coquetería. la rubia se acercó

- muy buenos señorita Kaioh, he esperado toda la semana para volver a verla - respondió acercándose a ella - ¿Cómo se ha sentido?

- No tan bien como ahora que estoy contigo - la doctora hizo una mueca de satisfacción -

- recuéstate por favor - pidió con amabilidad ayudándola. Ella se quedó observando el cuerpo de la mujer de pies a cabeza, pasando por las sandalias hasta el listón en su cabeza. - Te ves mucho mejor que la última vez. Has seguido mis instrucciones -

- Al pie de la letra doctora. - respondió llevando una mano por encima de su cabeza mientras con la otra se levanta la blusa para dejar ver su terso vientre - ¿va a volver a revisarme? -

- completamente - responde la rubia posando su mano delicadamente sobre el abdomen de la peliverde, ella se sobresalta al sentir el contacto con su piel, al ver ésta reacción la rubia se acerca a sus pechos. - déjame sentir tu ritmo cardíaco, debo asegurarme de que estés en perfectas condiciones. - La rubia deslizó su rostro a milímetros de su cuerpo, al llegar al lugar indicado lanzó un suspiro haciendo que el cálido aliento penetrara en su escote provocando que la joven de cabellos aguamarina se estremeciera de pies a cabeza. - es un placer conocerte... - le susurra casi inaudiblemente.

- El placer es todo mio - responde ella con sensualidad - Disculpe, ¿sabe que?, últimamente he sentido una molestia por aquí - dice señalando su pecho derecho - fíjese por aquí por favor - indicó corriéndose la blusa hacia abajo dejando ver las puntillas del sostén.

- con mucho gusto - le susurra con una sonrisa, levanta lentamente su mano arrastrándola desde el vientre hasta su pecho y corre por completo la blusa.-

- ¡ah! - suspira la peliverde sin poder resistirlo -

(Lo que realmente sucede):

- Buenos días Señorita... - empieza a decir buscando su nombre en la ficha medica sacándola de sus alucinaciones -

- Buenos días - responde ella con coquetería que no es percibida en ningún momento por la rubia.

- Señorita... Kaioh ¿Cierto? -

- si - responde ella volviendo a sentarse decentemente en la camilla un tanto decepcionada-

- ya recuerdo, ¿Cómo te has sentido? - preguntó sin quitar la vista de las planillas -

- Ahora que la veo a usted mucho mejor - susurró arqueando una ceja -

- me alegra - respondió la rubia con indiferencia provocando el enloquecimiento de la peliverde que no estaba acostumbrada a pasar desapercibida. Se sonrojó levemente avergonzada consigo misma ante el fracaso.- Con permiso - le dijo acercándose a ella para posar el estetoscopio en su espalda - aún se siente un leve silbido pero es casi inaudible. Seguirás unos días más con el tratamiento.

- Yo conozco un mejor tratamiento - la rubia levantó las cejas sorprendida - ¿Que te parece la miel de tus labios sobre los míos?

- ¿Perdón? - la peliverde se acercó con lentitud -

- Sería una buena terapia para usted y para mi ¿No le parece? -

- Lo que me parece.. - empezó a decir como si le hablara a una niña mientras la tomaba de los brazos para acercarla a la camilla nuevamente - es que a una señorita se le ha subido la fiebre. Se dio la vuelta para buscar el termómetro dejando un tanto desconcertada a la joven de brillantes ojos azules. Aunque se le hacía increíble su indiferencia seguiría insistiendo.

- Por supuesto que no - repuso poniéndose de pie y acercándose a la doctora - Quisiera invitarte a tomar un café. ¿Que dices? - Michiru pone su mejor cara de adorable coqueta y ladea la cabeza para observar hacia arriba a la rubia que la mira extrañada. Para sorpresa de Michiru, ella comienza a reírse.

- ¿Que le parece tan gracioso? - pregunta un tanto molesta -

- Eres muy divertida – mueve la cabeza en forma negativa sin dejar de sonreír y se da media vuelta para buscar el termómetro dejando que la joven pueda deleitarse con su fantástico perfil.

- ¿Por qué soy divertida? - sonrió intentando tomar nuevamente el control -

- Por las locuras que dices, los chistes que haces – responde la rubia sin dejar de sonreír.

- No son bromas, estoy invitándote a salir – responde seriamente Michiru -

- Ya, ya, abra la boca – ordena metiendole el termómetro -

- Per.. -

- Shh Shh – la calla con un gesto de su dedo – no puede hablar – la peliverde suelta un gruñido molesta y cruzándose de brazos se dirige a la camilla nuevamente.

Se había puesto de mal humor. ¿Cómo podía ella ignorarla? Se reía de sus proposiciones. No caía ante sus encantos. Era casi un insulto. ¿Qué debía hacer? En cualquier otra circunstancia podría haberle dado vuelta la cara y simplemente ignorar su desprecio, pero no, ella no. A ella debía tenerla cueste lo que cueste. Y más ahora. Se quedó en silencio observándola fundida en sus pensamientos hasta que el sonido del termómetro avisaba que estaba listo.

- A ver - le quito el aparato y observo atentamente. - No tienes fiebre – reflexiono – Estás perfecta – le comunicó con una sonrisa.

- Que bien, me alegra que piense eso de mi – le respondió volviendo a su postura inicial – Bien...

- Bien... me alegra que se haya mejorado. Un gusto – dice extendiéndole la mano.

- ¿Qué me dice del café? - insiste mirándola a los ojos y tomándole la mano sin soltarla.

- No tomo café, pero muchas gracias – le responde con una sonrisa. Fuerza un poco para soltarse y se despide inclinando levemente la cabeza dejando a la peliverde con la boca abierta observándola pasar por la puertita que da a la otra sala. Al desaparecer sale inmediatamente la secretaria.

- Acompáñeme por favor – pide con una sonrisa. Michiru por inercia la sigue y al salir llama a otra persona.

La peliverde sigue caminando un poco aturdida por lo que acaba de suceder. Es la primera vez que se siente tan confundida y humillada a la vez. Al recordar todo lo que acaba de pasar su vergüenza se va convirtiendo en molestia. En molestia con ella misma por no haber sabido como dar vuelta la situación. No estaba disgustada con La doctora. No. Era consigo misma.


Al llegar al departamento Serena aún estaba viento tele en el sofá. Quiso pasar desapercibida y evitar el contacto con su amiga. Sabía lo que seguía y no quería más humillación. Caminó lentamente hacia su cuarto.

- ¿Cómo te fue Mich? - preguntó dándose vuelta para verla. Ella le respondió con la nariz fruncida – ¡Lo sabía! - gritó enérgica para luego partirse en carcajadas

- Cállate – se quejó – no debes reírte de las desgracias ajenas – pero su amiga no podía evitarlo.

- Te lo dije, ella es muy ética, no saldrá contigo Mich. -

- No me daré por vencida. Más aún luego de verla coqueteando con esa -

- ¿Con "ésa"? - preguntó extrañada -

- Si, una de ahí del Hospital - contestó cruzándose de brazos mientras se apoyaba en la barra que dividía la cocina del living -

- ah – dijo la rubia antes de volver a reír – eres muy divertida Mich.

- No me digas que soy divertida, no soy divertida. ¡No quiero que me digan eso por el resto del día! Y menos tú conejo – bufó antes de ir enfurecida a su cuarto. La rubia la miro sorprendida por la reacción y luego volvió a reír.

- ¡Eso se llama orgullo herido! - le gritó antes de que entrara a la habitación para volver a inmiscuirse en sus cosas. - La peliverde cerró con fuerza la puerta de su cuarto y se tiro en la cama sofocando su rostro en la almohada. Gruñó y se quedó inmóvil un momento. Cuando estaba quedándose sin respiración se dio vuelta y tomo una bocanada de aire.

- No me daré por vencida a la primera. Haré cualquier cosa hasta conquistarla. - pensó

- Mich, ¿estás bien? - preguntó Serena ingresando al cuarto para pararse en el umbral de la puerta-

- Lamentablemente si – respondió desganada-

- Es que, venía a pedirte disculpas, no debí reírme tanto aunque fue muy divertido.

- Ya no importa -

- Luego me preocupé, sé como eres de orgullosa, vanidosa y egocéntrica y como estás un poco loca pensé que quizás te romperías un brazo o algo para tener una excusa para volver a verla. - La peliverde se levantó súbitamente de la cama con una gran sonrisa abrazó a Serena y la besó.

- Aunque no lo parezcas eres un genio amiga – La rubia la miró extrañada y luego se alarmó -

- No no no ¡No quise decir eso! No vayas a hacer locuras por favor - pidió asustada

- Tranquila, si me rompo un brazo no podré tocar el violín. Inventaré alguna otra cosa. - la tranquilizó guiñándole un ojo.


Saludines gente! Primero que nada me sorprendió ver que éste fic tenía 24 reviews en el primer cap, espero seguir asi xD

y si no. intentaré mejorar para que dejen sus comentarios. Se que se hizo esperar, pero es que

el trabajo no me deja tiempo y ando con demasiado estres.

Gracias a todos nuevamente, en especial a vos, que haces de todos mis días algo hermoso.

Pd: para todos los que me siguen, el próximo en actualizar será "mis ojos son tu voz" no desesperen,

tardaré, pero subiré el capitulo final de "adorable pecadora" también. No los he olvidado.

pd2: los primeros versos son de Alfonsina Storni (por si alguien se lo preguntaba). Ojalá pudiese escribir cosas tan hermosas como ella (L)