Intento Numero 2

Eran las 11.30 de la mañana. Michiru se encontraba en clases, ya era el último año que le quedaba y sería Licenciada en teoría e historia del arte. Le había costado concentrarse. Aún la atormentaba la reacción que había tenido aquella mujer con ella. No lograba entender que había hecho mal para que no le hiciera caso. Apoyaba el codo sobre la mesa y a su vez su mentón en la mano mientras golpeteaba su boca con el lápiz.

- Michiru concéntrate - la regañó la joven de ojos color escarlata.

- Estoy escuchando Shiz, además, este profesor es demasiado repetitivo. Ya tengo por demás comprendido lo que está explicando.-

- Tú no eres así. Cuando salgamos hablaremos al respecto. Ahora intenta concentrarte - Michiru se encogió de hombros y mejoro su postura para que su amiga no volviera a molestarla.

Cuando la clase finalizó Shizuru y Michiru salieron de la sala y se dirigieron al buffet para almorzar.

- Estoy agotada, Hay algo que no te he contado y me tiene perturbada.- comentó a su amiga al tomar una bandeja.

- Eso lo noto, Es raro que no prestes atención en historiografía. - reflexionó la mujer de cabellos color arena mientras tomaba uno de los platos.

- Es que ayer me sucedió algo extraño y no sé cómo afrontarlo - comentó la peliverde cabizbaja.

- ¿Por qué? ¿Qué te pasó? - preguntó preocupada Shizuru. Mientras se sentaban en la mesa.

- Verás, la semana pasada conocí a alguien, una mujer hermosa shiz, realmente hermosa, supongo que unos años mayor que yo, pero no mucho más. - dijo sonriendo con picardía -

- ¿En serio? - preguntó intrigada - ¿Dónde la conociste? -

- ¿Recuerdas que la semana pasada casi me muero? - La rubia asintió - Bueno, como yo no quería ir al médico por que no estaba mi doctora personal, Serena me llevo a la suya. Y sucumbí a sus encantos.

- Wow, debe ser bastante especial para tener a Michiru Kaioh de ésta forma. Me dan ganas de enfermarme con la excusa de ir a verla y ver que tan... ¡auch! - la rubia se vio silenciada por una mano que le golpeo la nuca. Michiru no pudo evitar tragarse la risa al ver la cara de fastidio de Natsuki.

- ¿A quién quieres ver? - preguntó la joven de cabellos azules al sentarse al lado de la rubia.

- A nadie, no me interesa nadie porque ya tengo a Natsuki conmigo. - intentó recomponer la situación besándole la mejilla mientras se sobaba la cabeza con la mano izquierda.

- Hola Kaioh - saludó seriamente - ¿Cómo has estado? -

- Michiru está deprimida y estaba comentándome el por qué - explicó Shizuru - Continua - pidió con un gesto de la mano.

- Es que, ayer volví a verla, intenté seducirla... pero... - intentaba explicar como si de algo fatal se tratara - pero... me rechazó. - Shizuru y Natsuki se quedaron en silencio con los ojos redondos como platos, se miraron mutuamente y estallaron en carcajadas. - ¡oigan! No es gracioso.

- no pienso lo mismo - reía la peliazul - eso suele pasarle a la gente normal, es decir, ya era raro que nadie te rechazara, estas muy mal acostumbrada.

- es cierto - coincidió la mujer de ojos rubí - Es por eso que te interesa tanto, porque no te hace caso. -

- No puedo creerlo - rio discretamente Natsuki - Con todas las personas que tienes perdidamente enamoradas de ti. Intentas complicarte la vida en conquistar a tu doctora. Bueno, es el único rubro que te faltaba. - La peliverde hizo un gesto de desagrado.-

- Convengamos que mi Natsuki tiene razón. - dijo pensativa Shizuru

- ¿En qué me complico intentando conquistarla? - reflexionó tristemente la peliverde.

- No, en que es el único rubro que te faltaba - rio la rubia. Michiru frunció el ceño -

- Que buenas amigas - se quejó – Quizás me convendría contarle mis problemas a la pared. Me trataría mejor que ustedes.

- No es para tanto, además, las verdaderas amigas son las que te dicen las cosas como son. En todo caso, no sé qué tan especial puede llegar a ser – reflexionó Shizuru.

- ¡Es que si la vieran! - exclamó llevándose las manos a la cara - ¡jamás había visto a alguien tan hermosa! y tan... no quiero decirles lo que pienso. - dijo mirando hacia otro lado.

- viniendo de ti lo puedo imaginar - comentó Natsuki. - no necesito detalles.

- Tienen que ayudarme, no sé qué hacer para que se fije en mí. Me temo que nada de lo que funciona con el resto de la humanidad podrá hacer que me haga caso, tiene que ser algo especial. -

- ¿Y si intentas matarla para demostrarle tu amor? - propuso Shizuru. Ambas la observaron con los ojos entrecerrados intentando comprender el funcionamiento del cerebro de la rubia pero desistieron y continuaron con la conversación.

- Bueno, sería algo distinto. - comentó Natsuki - pero no creo que funcione Shiz -

- Debe ser una mujer difícil como ella - dijo señalando a la peliazul. Natsuki la miró fingiendo enfado - ¿Qué? - le preguntó - me costó muchísimo conquistarte, no digas que no.

- ¿Podemos enfocarnos? - suplicó Michiru - Fui haciéndome la sensualmente tierna, use indirectas y demasiado directas y nada. Sólo me contestó que no le gustaba el café.

- Invítala a tomar té - propuso Natsuki mordiendo su pan. -

- Pues... quizás realmente no le guste el café, a mí tampoco me gusta. - pensó Shizuru - además. Puede ser que quiera demostrarte que no es una mujer fácil y como a ti te vende la cara de mujeriega que tienes te la quiere hacer difícil.

- Gracias por la sinceridad amiga. - ironizó - Es la primera vez que no se que hacer - dijo decepcionada y avergonzada a la vez.

- Sólo sé tu misma - la reconfortó Natsuki tomándola de la mano. Michiru le sonrió en agradecimiento -

- No creo que sea buen consejo cariño - Michiru le dirigió una mirada voraz - es que te has hecho de una reputación. Tú no sabes si ella te conozca por medio de alguien y se haya enterado de tu estilo de vida. - la peliverde se entristeció.

- ya, todo saldrá bien, mejor déjate de cosas y presta atención en tus estudios, recuerda que debes preparar la tesis - aconsejó Shizuru

- ¡No me recuerdes eso! - se quejó Natsuki llevándose las manos a la cabeza.

- hazme caso Mich, busca a alguien más o déjate de cosas. Pero no pierdas tiempo con ella.- La peliverde se resignó por el momento un tanto triste, no estaba acostumbrada a darse por vencida. Pero no pensaba hacerlo permanentemente, debería buscar inspiración para su conquista en algún otro sitio.


En la tarde llegó a su departamento totalmente agotada. Se preparó una taza de té bien caliente a pesar de que hacía calor y se acomodó en el sofá para descansar el cuerpo y la mente. Serena llegaría más tarde así que tendría unos momentos de paz. Tomó de su cartera la tarjeta que había tomado del consultorio y observaba su nombre.

- ¿Por qué me gustas tanto Haruka? - susurró acariciando la tarjeta, arrugó la nariz - mejor dicho ¿Por qué no me hiciste caso? - tiró el delgado cartón encima del sofá y volvió la vista a otro lado mientras tomaba un sorbo de té. Observó la taza y volvió a ver la tarjeta. Tomó su teléfono celular, omitió los mensajes de texto sin leer y marcó el número de contacto. Sonó dos veces y luego una mujer atendió.

- Consultorio -

- Buenas tardes, quisiera saber hasta qué hora atiende la doctora Tenoh el día de hoy y si tiene alguna hora disponible.

- Buenas tardes, aguarde un momento por favor. - Michiru hizo sonar la taza con sus uñas impaciente de la respuesta. - Disculpe, ¿Con quién tengo el gusto?

- Takahisa Mina. - respondió

- Señorita Takahisa, tenemos solo una hora pero ésta es a las 17.30, es la última hora del día no sé si le acomode. -

- Déjeme pensar, le vuelvo a llamar muchas gracias.

- De acuerdo.

- Muchísimas gracias. -

- Hasta pronto. -

La peliverde soltó el teléfono y levantó la mano en señal de triunfo. "Ahora se viene el plan B" pensó. Se levantó fue a la cocina y lavó la taza. Se quedó unos momentos en silencio. Algo tenía que ocurrírsele, se apoyó en la barra de la cocina. Pensó que quizás una buena posibilidad sería ir nuevamente de paciente e intentar seducirla otra vez al igual que anteriormente. Pero, ¿Eso funcionaría?

Caminó hacia el refrigerador, abrió la puerta del congelador y puso su cabeza en el interior. "No puedo creer estar haciendo esto" Se dijo así misma mientras sentía como su nariz comenzaba a congelarse. Aspiró el aire fresco y húmedo que le provocó un escalofrío en el cuerpo. "Quizás esté exagerando" continuó con su reflexión, "quizás debería hacer caso a lo que me dicen y buscar a alguien más" Suspiró. Se quedó un momento con la mente en blanco. Esperando que el frío le penetrara en el cuerpo. "Éste es el tipo de cosas que haría Serena." Pensó frunciendo la nariz "El estar tanto tiempo con ella me está pegando su tontera"

- Mi... ¿Michiru? - dijo la voz de su amiga haciéndola voltear. Aún sostenía la puerta del congelador con una mano mientras intentaba decir algo que no la hiciera sonar tan tonta.

- Dime – fue lo único que atinó a decir. La rubia de coletas arqueó una ceja inquiriéndola con la mirada.

- ¿Puedes explicarme que hacías con la cabeza metida en el refrigerador? -

- Estaba... refrescándome – respondió con naturalidad -

- Puedes pescar un resfriado – se quejó su amiga frunciendo el ceño -

- Es la idea – contestó pensando en voz alta con una sonrisa de autosuficiencia.

- Claro, luego iras a ver a mi doctora con los mocos colgando y de seguro pensará. "vaya ésta chica si que se ve sensual cuando se suena la nariz" -

- Cállate – se quejó llevándose las manos a la cintura – Si piensas que es mala idea entonces dime qué puedo hacer para volver a verla.

- Pensé que la mente brillante eras tú. - Se quejó adoptando su misma postura.-

- Pues, Para los estudios quizás si, pero para hacer idioteces eres la experta – respondió cruzándose de brazos. Serena abrió la boca para hablar pero luego se quedó pensando -

- Momento, entonces, ¿Quieres hacer algo estúpido? -

- Las cosas racionales de momento no me han funcionado – respondió molesta -

- No se si enojarme o no por tu comentario, estoy confundida -

- ¿Vas a ayudarme o no? - preguntó un tanto exasperada. - No tengo mucho tiempo.

- Rómpete un brazo – sugirió la rubia. Michiru bufó.

- ¿Acaso no piensas? Si me rompo un brazo no podré tocar el violín. Además, me derivarían a un traumatólogo.

- Tienes razón – ambas se quedaron en silencio. Hacía bastante que Serena no participaba en los planes de conquista de Michiru, esto la hacía recordar viejos tiempos. Cuando la rubia le daba ideas y participaba en sus aventuras. - El resfrío no funciona, hay que descartarlo. Tampoco creo que sea buena idea el dolor abdominal, puede pensar que tienes gases y eso sería aún peor que tu nariz tapada. - Michiru frunció el entrecejo. - ¿Qué? Es cierto lo que digo. Bien, entonces ve y dile con esa voz ronca y sensual que pones "hola, soy toda tuya, has de mi lo que tú quieras" y te tiras encima de su camilla sensualmente tocándote el cuerpo. -

- Eso no creo que funcione - se quejó mirando hacia otro lado. -

- ¿ya lo has hecho? – La rubia se quedó en silencio observándola – Realmente ya lo has hecho. - suspiró – No sé con qué cara veré nuevamente a la doctora Tenoh -

- Con la misma que la ves cada vez que vas. Ahora enfoquémonos en lo importante, o sea yo.

- ¿No crees que pecas de egocentrismo extremo? - Michiru resopló. -

- Necesito una excusa. - Hace una pausa – Bien, dolor de cabeza -

- ¿Dolor de cabeza? -

- Dolor de cabeza – repite – Si voy con dolor de cabeza podré lucir radiante como siempre pero con un leve malestar, aunque fingiré estar muriendo de dolor.

- Bueno, debo admitir que no le encuentro nada negativo de momento. - respondió su amiga. Michiru levantó las cejas y con una sonrisa se dirigió a su cuarto.


Tomó ropa del armario para bañarse y prepararse, tenía casi tres horas hasta las 17.30. Ésta vez iría distinta, vestida con la ropa que utilizaba usualmente para su trabajo de fin de semana. Estaba segura que se vería mejor así y que ella no la trataría como a una niña al igual que la vez anterior. Luego de darse un baño se cubre con una toalla el cuerpo y el cabello y toma un frasco de crema. Sale caminando de sus aposentos para sentarse en el sofá a ver tele mientras se hace suaves masajes en las piernas brazos y abdomen. Serena se sentó en el sofá pequeño de al lado con un tazón de cereales. Tomó el control de la TV.

- Vaya que vas en serio – comentó la rubia cuando la vio colocarse una crema para el cuerpo

- Tiene que ser mía o dejo de llamarme Michiru Kaioh. -

- Y una vez que la hayas tenido, ¿Qué harás? - preguntó con curiosidad

- Pues, no lo sé. Si ella quiere siempre podemos seguir encontrándonos, a mí no me molestaría en absoluto.

- ¿Nunca has pensado que te comportas como esos hombres que van de mujer en mujer satisfaciendo sus deseos? ¿No te hace sentir mal eso? - preguntó con la boca llena de cereal de chocolate. La peliverde se quedó un momento pensativa.

- No creo estar haciéndoles un mal. ¿O sí?

- Depende del punto de vista en que lo mires – respondió su amiga con total sinceridad.

- Bien. No pensaré en eso, debo ir motivada a ver a la doctora Tenoh.

- No tienes remedio. De verdad deberías dejar de perseguir a cuanta mujer se te cruza, buscar a una buena mujer que te acompañe y sentar cabeza de una vez.

- Soy muy joven aún para eso – se quejó -

- Pues si sigues así te quedarás sola.

- Gracias, pero no estoy de ánimos como para escucharte conejo. Así que te agradeceré que no me digas más nada. - La rubia de coletas frunció el ceño y se resignó. Estuvieron en silencio hasta que terminó de alistarse. - ¡Adiós! - Se despidió antes de salir del departamento.


Al salir del edificio, Michiru se puso sus lentes de sol, aunque estaba empezando a bajar, justo le daba de frente y alcanzaba a molestarla. Miro hacia un lado y a otro esperando un taxi que pudiera llevarla. Luego de unos instantes logró parar un móvil. Saludó al chófer y se sentó en el asiento delantero. Miró el reloj eras las 17.24. Con suerte llegaría a horario para la salida de la rubia. El trayecto en el automóvil se le hizo un poco largo, sería seguramente la ansiedad del encuentro lo que la tenía tan acelerada. Al llegar al edificio enorme que funcionaba como clínica, se bajó del móvil y caminó hacia la entrada. Se puso los lentes de sol como diadema e ingreso hacia la recepción de medicina general. Se acerca a la secretaria.

- Buenas tardes - saludó con una agradable sonrisa.

- Buenas tardes - la saludo la castaña -

- Quisiera saber... La doctora Tenoh ¿aún se encuentra en el consultorio? -

- Por supuesto. ¿Tiene usted cita con ella? -

- Sí. Sería la última del día. - respondió. La recepcionista le sonrió y le indicó que se sentara en la sala de espera hasta que la llamaran.

La misma secretaria de la vez anterior la hace pasar, no hace falta que le indique, se dirige directamente a la camilla, se sienta elegantemente en ella y se lleva la mano a la cabeza. Cierra los ojos y se queda en silencio. Siente lentamente unos pasos que se acercan desde la habitación contigua. Su perfume fresco se percibe instantes antes de que haga su aparición en el pequeño consultorio.

- Buenas tardes – saluda ella con una sonrisa. Michiru abre los ojos lentamente. Su cabello rubio parece aún más dorado con el reflejo anaranjado del sol de la tarde. Ella se pasa la mano por su cabeza y lleva la otra al bolsillo de su chaqueta.

- Buenas tardes – responde quejumbrosa. La rubia la observaba con una sonrisa. - Es curioso volver a verla por aquí Señorita ¿Kendo?

- Kaioh – respondió ella ante una evidente patada a su orgullo – Michiru Kaioh -

- ¿Cuál es la dolencia que te aqueja el día de hoy? - preguntó sonriendo -

- Me duele muchísimo la cabeza – respondió sobándose la frente. La rubia rio.

- ¿Dónde? - preguntó

- Aquí – señaló ella masajeándose lentamente la sien.

- Ya veo. ¿Y le duele algún otro lugar? -

- Aquí – responde acariciándose el pecho. -

- ¿Y algo más? -

- Aquí – contesta acariciando sensualmente su cuello.

- Bien, le tomaré la presión, la temperatura y veremos si hay alguna anomalía – le comentó mientras tocaba su frente. Se dio la vuelta para buscar los instrumentos dándole la espalda a la paciente. - Es la tercera vez que te veo en tan poco tiempo, debes tener más cuidado. Te estás enfermando muy seguido. - La rubia sonrió disimuladamente antes de darse la vuelta nuevamente hacia ella.

- La verdad es que quiero venir a verla a usted – respondió suavemente.

- La vez anterior no me trató de usted. - comentó la rubia mientras colocaba el termómetro en su boca. Hizo una pausa sin dejar de observarla. - Eres una persona curiosa. - pensó en voz alta ya sin poder disimular su sonrisa.

- ¿Podr que? - preguntó sorprendida -

- Porque vienes aun sabiendo que me daré cuenta que me estás mintiendo. - respondió sin dejar de sonreír. - La peliverde se quitó el termómetro de la boca.

- Entonces si lo sabe ¿Por qué me hace seguir? - preguntó molesta -

- Creo que no tienes derecho de enojarte – respondió la rubia aguantando la carcajada -

- A decir verdad ahora si me duele un poco la cabeza – sonrió. - Pero lo que más me duele – dice llevándose la mano derecha al pecho. - Es mi corazón. - la rubia arqueó una ceja.

- ¿Por qué te duele el corazón? - preguntó temiendo escuchar la respuesta.

- Porque tú... - le dice acercándose a ella. - Tú malvada y vil mujer. - dice mientras le rodea el cuello con sus brazos.

- Que rápido te olvidas del usted - comentó para ser ignorada por su paciente.

- Tú no me haces caso... - continuó - y yo, muero de pena por no poder tenerte entre mis brazos. - La doctora toma con sus manos a la peliverde por los codos e intenta desprenderla de su cuello. - ¿Por qué te resistes tanto? - pregunta aferrándose a ella. - La rubia no puede evitar reír.

- Eres increíble. - Michiru la observa intrigada. - Vienes a mi lugar de trabajo por segunda vez con dolencias falsas sólo para poder invitarme a salir. Eres el colmo del descaro. - La peliverde frunce los labios en señal de reproche.

- Deberías agradecer que hay alguien que está dispuesta a hacer ésta y muchas locuras más por ti. - susurró sensualmente rosando sus labios con los de la rubia. Comenzó a deslizar suavemente su mano por la nuca de la doctora mientras el aire cálido de su respiración cosquilleaba en su delicado cuello. - Si no tuviese una oportunidad– le susurró casi inaudiblemente al oído - ya me hubieses sacado a patadas de aquí. Pero no lo has hecho. Y eso es... - tomó la mano de la doctora y la llevó hacia su pecho. - Porque también te gusto. Aunque sea un poco. -

- Lo siento pero no. - respondió ella alejándose -

- Anda, tócame. - insistió con una sonrisa. - llevando nuevamente la mano de la rubia a su seno derecho. -

- Muchas gracias pero no. - repitió intentando retirar su mano ésta vez con más fuerza.

- Entonces sal conmigo. Sólo una tarde. - Pidió con una pícara sonrisa. -

- Lo siento, no puedo. Eres mi paciente. -

- Si no vuelvo a consulta ya no lo seré y podremos tener una aventura ética – sugirió arqueando una ceja.

- ¿No te darás por vencida? - ella negó con la cabeza. -

- ¿Tienes pareja? - preguntó la peliverde de repente -

- No creo que deba responder esa pregunta. -

- En todo caso no me interesa si tienes o no. -

- ¿No te da vergüenza? -

- ¿Qué cosa? - Preguntó

- Ser tan descarada – respondió ella. -

- A veces, pero luego se me va. - Haruka frunció el ceño -

- Ya, mucho gusto en verte pero debo terminar con mi día, realmente estoy muy cansada. - Se acercó a la puerta y la abrió haciéndole una seña para que se retirara.

- No me iré hasta que hagas algo conmigo - respondió sentándose en la camilla.-

- No haré nada contigo. Tendrás que tener mejor imaginación ya has gastado el truco de la paciente. - respondió la rubia seriamente.

- De acuerdo, ¿Prefieres que venga de enfermera? - inquirió sugestivamente moviendo sus cejas de arriba hacia abajo. -

- Lo que preferiría sería que me dejaras trabajar. -

- Ya no necesitas trabajar más ¿Ves? Estoy como nueva -

- No te cansarás ¿Cierto? - preguntó un tanto fatigada.

- Si me prometes que saldrás conmigo un día. No importa cuando, pero que saldrás conmigo. Prometo dejarte en paz el día de hoy.

- Eres muy insistente – dijo la rubia cruzándose de brazos.

- No tienes idea cuanto – sonrió la peliverde.

- Lo siento. No puedo complacerte, mi religión me lo prohíbe. -

- ¿Tu qué? - se sorprendió -

- Así es, no puedo. Lo siento mucho. - se disculpó mientras se acercaba caminando hacia ella para acompañarla a la puerta.

- No te creo. - rio Michiru mientras era conducida a la salida.

- Bueno, haz lo que quieras, ahora es en serio. Muchas gracias por venir, gracias por desearme, pero adiós. - La hizo salir a pequeños empujoncitos y antes de que pudiera decir una palabra le cerró la puerta dejándola boquiabierta observando el panel de madera.

- "No puede ser" - pensó sonriendo - "Se me está resistiendo demasiado, pero no me rendiré" - Tuvo la intención de volver a golpear la puerta del consultorio pero se detuvo. Sería más prudente retirarse en ese momento. Insistiría nuevamente otro día, debía pensar bien que hacer. Ahora que estaba segura de que tenía chances con ella no pensaba darse por vencida.

Con una enorme sonrisa entró a su departamento para ver como de costumbre a Serena tirada en el sofá.

- Luego te quejas de que te va mal. - saludó al tirar las llaves sobre la mesa.

- ¿Cómo te fue? - preguntó ella sentándose de repente.

- No tan mal. No me hizo caso. Pero a pesar de que me sacó a empujones del consultorio se que tengo una oportunidad. - Serena se quedó observándola incrédula.

- ¿Estás hablando en serio? ¿Te sacó a empujones? -

- Empujoncitos diría yo. - respondió tomando una bebida del refrigerador.

- Y aun así ¿crees que tienes oportunidad? - Michiru asintió con una sonrisa.

- Estas perdiendo el juicio – comentó su amiga al verla en esa actitud. -

- Nunca tanto. Ya verás. Con el tiempo cederá – contestó guiñándole un ojo.

- O te odiará – se quejó Serena antes de volver su vista al televisor.

- Últimamente te has vuelto muy pesimista conejo – se quejó para luego dirigirse a su cuarto. - Me voy, debo idear algo para la próxima vez que la vea.


Guarda el auto en la cochera. Activa la alarma y camina por el sendero que la separa de la puerta de entrada. Ingresa a la casa y apoya el maletín en el estante.

- ¡Ya llegue! - avisa quitándose los zapatos - ¿Dónde estás? - pregunta buscando con la mirada. Camina hacia el living y luego a la cocina. Allí la vio como esperaba encontrarla. - ¡Hola! - la saluda abrazándola por la espalda rodeándole el cuello. Le besa la cabeza y suspira para inhalar el maravilloso aroma. - Que delicia. ¿Qué me estás preparando? -

- Hola ruka – la saluda empujándola hacia atrás con el codo izquierdo. - Déjame cocinar tranquila. - se queja con una dulce sonrisa - ¿Cómo te ha ido hoy? -

- Bien, si se puede decir – le comenta sentándose en una de las banquetas contiguas a la barra. - Fue un día interesante.

- ¿Interesante por qué? -

- Pues, porque tuve una visita que no me esperaba. - comentó la rubia con una sonrisa.

- ¿Una visita? - se dio la vuelta para observarla mejor. Sabía que cuando Haruka sonreía de esa manera algo especial tenía. - ¿Quién te visitó? -

- Una diosa escapada del olimpo. - respondió con una pícara sonrisa. -

- No me dirás que... aquella loca... - Se sorprendió. A lo que la rubia respondió con una sonrisa.

- No está tan loca. La encuentro bastante cuerda. Es una mujer decidida. - refutó sin dejar de sonreír al recordar la escena vivida momentos antes en su consultorio.

- Pero no es tu estilo. En éste momento tu buscas una mujer diferente ¿Cierto? - La castaña frunció el ceño. - ¡Oye! Recuerda. Lo prometiste.

- Sí. Lo sé. Lo sé. No te preocupes. Es divertida pero no podré ceder a sus encantos. A esos profundos y hermosos ojos azules. Esa boca, esos dientes perlados...

- Ya... Ya...Ya... No empieces con tus cosas. - Se quejó volviendo a la cocina.

- Vamos Makotin. Sabes que no es en serio. Dije que no lo haría y no lo haré. - respondió ella sin dejar de sonreír.

- Más te vale que cumplas tu promesa. Si no, no querré escucharte cuando esa te deje llorando y con el corazón roto.

- Mi querida Makoto, esas cosas no le pasan a Haruka Tenoh - respondió en tono burlón.

- Yo sólo me preocupo por ti. Ya sabes. Estás advertida de los efectos que provoca ésa mujer. -

- Conozco esos efectos. - hace una pausa, parece sumirse en sus pensamientos por unos instantes. Su sonrisa comienza a borrarse lentamente. - Conozco lo que produce y es por eso que me mantendré alejada de ella.


Bueno mis saludos a todos! feliz año nuevo aunque tarde jajajaja

Aquí les dejo el intento numero dos. espero que les haya gustado y sino, espero me digan por que ;)

Estoy intentando actualizar todas mis historias, pero se me complica un poco u.u

Como verán la Michiru de ésta historia esta totalmente chiflada así que vayan acostumbrándose.

Mil gracias a todos por leer y disculpen la espera.

Sepan que sus comentarios me hacen feliz y en éste momento cuando no ando muy bien

me levanta mucho el animo leerlos.

Gracias a todos y hasta la próxima.