Fidem alicuius

Tabitha se siente culpable en algún nivel. Por estar tan feliz. Casi canta mientras que camina un par de pasos por detrás de Miria, que va perdida en sus propios pensamientos. Recuerda las veces en las que durmió completamente sola, porque Yuma y Cinthia se pertenecían, del mismo modo en que lo hacían Deneve y Helen (aunque nadie hacía tanto ruido como estas dos. Parecía que festejaban debajo de las mantas gruesas y se escuchaba todo. Dios, se SENTÍA todo. Como si pelearan)... La comandante Miria y Clare. A Tabitha le alegró hondamente saber que no iría con ellas. Aunque su misión fuera suicida. Porque ahora serían solo ella y Miria.

Quizás no es una sorpresa que dos meses más tarde estén tomando un receso al lado del camino, envueltas en la misma frazada sobre la tierra húmeda, retozando con cuidado de no liberar un exceso de energía. Como lo harían de ser humanas.

Tabitha no quiere que se termine nunca. Tabitha cierra los ojos e imagina un hogar en el que puedan vivir siempre, perdidas de persecuciones inútiles. A veces se miente, diciéndose que Miria quiere destruír la Organización para que puedan estar juntas siempre. Que al igual que cuando las entrenaban juntas, ella desea protegerla antes que a las demás. Que ha aprendido a quererla más que al resto, sin duda que a Clare y que Hilda es un fantasma enterrado en su memoria. Tabitha teje estas fantasías y se hace un abrigado vestido con ellas, para resistir el crudo invierno en la montaña y luego aligera la tela de colores brillantes con los ojos llenos de lágrimas, para correr por la pradera. Sabe que está desnuda debajo de estas ideas desesperadas, pero aún es esa niña con el cuerpo aprendiendo a ser mutilado, escondiéndose detrás de la más rápida, rogándole que no la deje aunque ya la hayan promocionado con un número y jurándole, como si ya hubieran sido amantes, que va a hacerse fuerte para ir a buscarla.

Al final, un retazo del sueño: tenderle la ropa a Miria en una soga, mientras que la comida se prepara en la cocinita a leña. El cuerpo de ella, al menos, mientras que el mundo se desvanece porque Tabitha no llega a curarse las heridas del cuello, ha ido a dar cerca de su piel, así que puede acariciarlo una última vez.