Mi primer fic.

Hey Arnold no me pertence a mí, sino a Craig Bartlett y Nickelodeon.


Helga se quedó muda.

Por primera vez en mucho tiempo no pudo decir nada. No pudo contestar ingeniosamente. No articuló ni uno sólo de sus comentarios sarcásticos. No dijo nada. Y no es como si no hubiera nada que decir, al contrario, miles de pensamientos pasaban por su cabeza, pero se atoraban en alguna parte entre el cerebro, la voz, y la desazón. "¿Arnold está… ¿Acaba de decir… Eres un completo… Debí saberlo, pero… ¿Desde cuándo está… Mira, cabezón… ¡No, por favor!"

El problema era ver esos ojos sinceros llenos de pena. Pena como dolor, y pena como vergüenza. Claro, el muy torpe no tenía idea de lo que esa declaración significaba. Sí, él podía (creía que podía) comprenderla, entender cómo debía sentirse, y tratar de hacer algo por ella. Porque él podía hacer algo, ¿cierto? O al menos debía intentarlo, ¿pero qué?

—Helga, yo…

—Ya no sigas, Arnoldo, me esperaba todo menos esto. —Voltea hacia otro lado, en un intento (bastante precario) de que no se diera cuenta de las lágrimas que ya acechaban sus ojos. Permanecen así algunos segundos que parecen eternos, hasta que él rompe el silencio.

—Lo sé.


Sí, ya sé que es cortisísimo, pero es que está basado en lo que me está pasando, y necesitaba compartirlo. Aún no sé que vaya a pasar con mi propia situación, y por ende, tampoco sé qué rumbo llevará esta historia, si un final feliz, o de desazón.