Notas del Autor: Se perfectamente que dije que subiria actualizacion la semana pasada pero no tuve tiempo ni siquiera de redactar el escrito, lo lamento mucho. No cambiaré el rate a M aun puesto que este capitulo es T ademas de que pienso subir otra actualización ya sea hoy o mañana si es que no surge nada que lo impida como disculpa por haber tardado tanto en subir la misma.

Disclaimer: Los nombres de las Draculinas: Marishka, Verona y Aleera pertenecen a la pelicula de Van Helsing ya que tome sus nombres porque en la novela original de Bram Stoker carecen de estos y no tuve ganas de imaginarme unos mejores, El personaje de Wilhelmina Harker pertenece a Dracula de Bram Stoker aunque tambien se menciona en Hellsing y su uso de ahora en adelante sera basado completamente en la novela no en la pelicula. Hellsing y sus personajes pertenecen a Kota Hirano.


Sir Integra veía semejante escena que consideraba inverosímil, de todas las cosas que pensaba que podrían suceder en el mundo esa era la última que habría pasado por su cabeza. Siempre había creído que para su sirviente, Seras Victoria no era nada más que una niña y que no la tomaría en serio, verla entre los brazos de Alucard no solo le había hecho sentir un escalofrío sino también su espíritu quebrantarse. Desde el momento en que ella estaba hablando cosas al oído del conde, cosas que no podía escuchar, Integra supo que algo andaba mal. No debió haberla llamado, no debió haberse precipitado a causa de un terror infundado no solo por la escena que ahora presenciaba sino también porque no reconocía a la Seras que acababa de llegar a ayudarles.

Ella que había sido toda ternura, dulzura y pureza ahora reflejaba todo lo contrario, parecía que su lado vampiro le había ganado la partida: sensual, iracunda y poderosa; sabia que algún día debía enfrentarse a eso pero aquello era algo que pensó al principio cuando la joven había llegado a la Organización Hellsing llevada precisamente por el conde, como todas las vampiresas, tal como dictaba la tradición debía comportarse así una vez corrompida por la maldición de la inmortalidad. No vio eso cuando llego a Hellsing, no lo había visto durante los 30 años que habían pasado juntas como familia, levantándolo todo de entre los escombros que había dejado la guerra con el último batallón, ella no era ya solo su subordinada, era su hermana ¿Qué pensaría el profesor Van Hellsing si viviera ahora y la viera convivir pacíficamente con una draculina? Estaba segura que el profesor no la juzgaría puesto que él había comenzado su lucha contra Dracula precisamente por la Draculina Wilhelmina Harker y para garantizarle a esa alma pura el descanso eterno y la vida santa.

Lo que ella sentía ahora por Seras Victoria era lo mismo que su antepasado Abraham Van Hellsing había sentido antes por Wilhelmina Harker: la necesidad imperiosa de protegerle del mal que traía consigo la condena eterna, pero a la vez era diferente. Ella no estaba dispuesta a matar al conde, ella no lo veía tal como el profesor lo había visto años atrás, para ella no era un monstruo o un demonio sino un compañero, un amigo y quizá algo más, algo prohibido. Era verdad que el conde había cometido muchos errores en su vida, era verdad también que era un hombre muy déspota y egoísta pero también tenía un lado amable: era caballeroso, inteligente y buen mozo digno de la aristocracia en la cual había nacido ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué acaso no recordaba lo que Dracula había hecho años atrás, las muertes que había causado debido a su locura y su maldad?, si, Alucard era un demonio pero ella lo quería mucho más de lo que podría imaginar.

Era verdad que Seras había cambiado año con año, mientras en ella su faz mostraba la huella de cada una de las experiencias que vivía día a día, la draculina parecía perfeccionar su belleza. Su tono de voz era más dulce, sus mejillas eran más sonrosadas o era quizá resaltaban ya que también se veía cada vez mas y mas blanca a causa – al menos eso creía ella – de que nunca se exponía a la luz solar, su aroma era también diferente puesto que perfumaba el ambiente a miel con rosas, si, ella cambiaba, sus movimientos se refinaban cada vez mas tanto que incluso su caminar estaba lleno de gracia, sus facciones eran más refinadas y sus ojos eran ahora más brillantes y escarlatas que nunca ¿Cómo podía luchar ella contra eso? ¿Cómo podía decirle al conde que ella era mucho mejor que Seras Victoria?, sintió una oleada de celos apoderarse de ella una vez que vio a Alucard tomar entre sus brazos a su draculina pero también la tristeza se presentó ante ella como una malvada compañera. Esa tristeza le susurraba a los oídos que sus ilusiones estaban a punto de resquebrajarse una vez los labios de su amado príncipe tocaran los de su aprendiz.

Cada segundo que pasaba parecía un siglo para ella que estaba a la espera de ser llevada a su infierno personal, de pronto paso lo inesperado: Seras Victoria se liberó de los brazos de su maestro empujándole hacia adelante con mucha fuerza, ni siquiera había alcanzado el conde a rozar sus labios con los de ella cuando la joven se lo había impedido de esa manera tan poco amable; tanta era la resistencia que había puesto que cuando el rey sin vida le había soltado Seras estuvo a punto de caer hacia atrás de golpe al piso, pero él en un movimiento inhumanamente ágil le había tomado de la muñeca y asido hacia él ¿Qué estaba pasando entre ellos? ¿Por qué Seras se perdía de una oportunidad tan improbable de repetirse?

Una vez Seras se hubo puesto correctamente de pie, caminó hacia al frente dándole la espalda al conde, justo en dirección a Pip quien se había quedado inmóvil, aparentemente para él la situación era tan extraña e increíble como para ella. Le vio respirar profundo y cerrar los ojos, luego de eso se sumergió en un completo silencio.

- Pudiste haberme obligado a hacerlo, ¿no es así? – su voz sonó limpia y seria, como si hubiera comprendido una verdad trascendental.

- Siempre he podido hacer contigo lo que yo desee, a final de cuentas me perteneces. – contestó el rey sin vida de la misma manera – De cualquier manera no hubiera sido necesario obligarte draculina, viniste por tu propia cuenta a ofrecerte a mí.

Pip cerró los puños en señal de odio y parecía dispuesto a saltar y abofetear al conde mientras que Seras se enrojeció hasta las orejas:

- No estaba en mis planes recibir tal obsequio de tu parte, sin embargo seria una falacia si afirmara que me opondría a recibirlo. – continuó mostrando una sonrisa obscura y malintencionada en su duro gesto – seria un pecado cometer el atrevimiento de rechazar una ofrenda tan hermosa, y tú, mi amada draculina eres una de las mujeres más bellas que he tenido el gusto de conocer, no te rechacé la primera vez y esta tampoco será la excepción. – Otra vez había algo que Integra no conocía y le llenaba de temor, ¿a qué primera vez se refería? ¿era acaso que ese tipo de situaciones entre esos dos ya se habían dado - Siéntete pues libre de hacerme ese tipo de ofrendas en cuanto lo creas conveniente, considérame materia dispuesta y no vaciles ni un segundo en acudir a mi presencia, estoy libre para ti todo el tiempo que nos quede en esta tierra.

- ¿Qué demonios insinúas monstruo? – gritó el mercenario francés al conde sin disimular ni un poco su ira contenida por mucho tiempo - ¿Cómo te atreves a hablarle así a mi mignonette? Ella no es una mujer fácil como aquellas a las que estas acostumbrado, maldito demonio.

La risa insolente y escalofriante de Alucard rompió el silencio, definitivamente algo desconocido para Integra le había hecho mucha gracia:

- Está muy lejos de mi comprensión el motivo por el cual te escandalizan mis palabras, capitán – se acercó caminando lentamente a Seras y puso su mano enguantada sobre su hombro causando en ella un estremecimiento total - ¿Qué tiene de malo que una vampiresa desee tener cierto contacto con su vampiro? ¿Es que acaso el deseo de un beso le convierte en una dama de vida cuestionable? No lo creo puesto que ella no se debe a muchos sino solamente a mí que soy su amo y maestro, sin embargo la experiencia me dicta que su desprecio absoluto hacia este acto es debido a que es un privilegio del que usted no tuvo el gusto de gozar en vida ni en muerte, antes bien se atrevió a arrebatarlo de ella sin su consentimiento apelando a los más puros y limpios sentimientos de ella mientras usted estaba en su lecho de muerte ¿No opina que eso es una treta más baja que lo que yo estoy haciendo que solo es aceptar gustosamente su dadiva?

Su subordinado había dejado profundamente callado al capitán Bernardotte y mucho más allá, inmóvil. Aparentemente le había dado un golpe bajo que no había podido esquivar de ninguna forma, debido a su naturaleza altanera el conde disfrutaba mucho de hacer enfadar a sus adversarios y sobretodo mostrar su superioridad ante ellos, la simple idea de esto tranquilizó profundamente a la comandante de Hellsing. Era muy probable que el rey sin vida no tuviera exactamente un motivo sentimental para tratar de esa forma a Seras, ¡oh claro, ¿cómo no lo había visto antes?! Obviamente Alucard tenía algo en contra de Pip Bernardotte y estada usando a su draculina como herramienta para humillarlo y lastimarlo sabiendo de antemano que el comandante amaba incondicionalmente a esa joven, eso era lo más natural, había sido una tonta al pensar que ese vampiro tenía algún sentimiento hacia su subordinada.

Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo y una mirada pesada de alguien que le veía fijamente, no pudo evitar voltear hacia donde parecía venir: Seras Victoria la miraba casi sin parpadear, sus ojos no expresaban nada y aun así le aterrorizaban, sentía como si Seras estuviera pasando a través de ella, como si pudiera verla en transparencias y no pudiera ocultarle el mas mínimo de los secretos. Se preocupó no obstante, puesto que ya no la veía como era antes, giraba la cabeza intermitentemente para ver a Alucard quien no mostraba señal alguna de molestia ante la actual situación sino que sonreía mientras que la joven no dejaba de observarle en esa manera tan horrendamente siniestra.

- ¿Qué le has hecho a Seras Victoria, Alucard? – Le gritó al conde mientras daba un paso hacia al frente intentando alcanzar a la draculina.

- Si yo fuese tú no haría eso, mi señora – contestó el conde seriamente indicándole que debía retroceder hacia donde estaba – No es conveniente que salgas de la seguridad del muro que he puesto entre ustedes y nosotros, sería bastante peligroso. La draculina a la que ves ahora no es la misma que la de hace unas horas, aunque sigue siendo ella; no puedo garantizarte que no actué hostil ante tu presencia puesto que se encuentra en un estado profundo de bloodlust*.

- Ella no me hará daño, es mi sirviente y puedo controlarla en caso de comportarse de una manera incorrecta. – Contestó con mucha suficiencia y altivez tal como estaba acostumbrada a hacerlo.

- Te equivocas, Integra – volvió a corregirle el rey sin vida – Ella no es como yo, aunque es sangre de mi sangre, carne de mi carne y está bajo tu poder a razón de mi esclavitud ante ti; sin embargo su servidumbre es más en función de la ética y la lealtad que te profesa que por obligación. Mira hacia sus manos, mírala bien, no hay sello alguno en ella que le impida utilizar sus poderes a placer, no hay sello alguno que la detenga de lastimarte o simplemente de hacer lo que desee, no, ella es libre y a la vez está atada, pero no confundas… Está atada a mí, no a ti.

- No me hará daño – contestó ella sonriéndole haciendo gala de toda su seguridad en sí misma – porque si se atreviera a hacerlo tú lo impedirás. A ti si puedo controlarte y ella sabe bien que cumplirás cada una de mis órdenes a la perfección hasta llegar a las últimas consecuencias.

Los ojos de la draculina de pronto expresaron terror que cambió repentinamente a odio, un odio profundo e intenso que no era capaz de controlar y mucho menos de disimular mientras que Alucard también había actuado raro, por lo menos nunca lo había visto cometer acción semejante: Con la mano que tenia sobre el hombro de Seras Victoria la obligó a retroceder un paso como cubriéndola detrás suyo en gesto protector, eso le hizo reflexionar un poco sobre su conducta: el conde estaba mostrando mas humanidad hacia la joven draculina que ella misma, era como si ambos vampiros temieran su poder y más allá de eso: temieran que los hiciera enfrentarse el uno al otro.

Miró fijamente a la pareja de vampiros que parecían intercambiar miradas serias, esas miradas representaban pensamientos que han de haber estado transmitiéndose por medio de su lazo que aunque ella no podía escucharlos sabía que tenía algo que ver con lo que acababa de decir. Aunque aparentemente Alucard le había dado una instrucción a la joven vampiresa ella parecía haberla ignorado, la mirada iracunda que le mostraba parecía ir en aumento aunque un segundo antes había mirado a su amo con terror y como suplicándole que no le hiciera daño, él por su parte la vio como si hubiese sentido algo de compasión y le pidiera no hacer nada torpe. El conde estaba actuando muy extraño a como lo hacía siempre e incluso Integra habría podido pensar que había un dejo de miedo en su mirada cuando le había dado su última orden, volvieron a asaltarla los celos sabiendo que el príncipe estaba teniendo un trato especial con la joven draculina.

- No entiendo como mi maestro puede soportarlo – la voz de Seras había roto el silencio sepulcral que reinaba en ese instante – Tus pensamientos retumban en mis oídos como si estuvieran siendo gritados directamente en mis tímpanos. Es insoportable.

Estas palabras cayeron como un balde de agua fría sobre ella que no esperaba que alguien invadiera la intimidad de sus pensamientos, ¿quería decir esto que la jovencita había estado escuchado sus pensamientos todo el día? ¿O acaso había empezado a vivirlo desde hacía unos momentos?

- Los he estado escuchando desde hace 30 años, mas no te preocupes – continuo la joven vampiresa – no es algo que yo desee hacer para invadir tu privacidad, es algo que no puedo evitar y que juro por aquel que nos ve desde el cielo que desearía nunca haber podido experimentar.

Se había quedado sin palabras, si Seras Victoria escuchaba sus pensamientos tan libremente probablemente Alucard también lo hacía y eso le llenaba de angustia, el conde no debería saber sus sentimientos y para empeorar un poco las cosas la draculina la seguía viendo de una manera siniestra y blanca, fue entonces que se puso a reflexionar todo con más cuidado: ¿Si Seras Victoria lo sabía todo se lo diría al conde? Pero algo más importante, ¿Qué sentiría ella ahora que sabía que ambas compartían un amor profundo por el rey sin vida?

- ¿Sabes Integra? – Seras caminaba hacia ella lentamente, Alucard la observaba atentamente como midiendo cada movimiento para evitar que hiciera algo poco conveniente – De todas las cosas que he escuchado de ti desde que este maldito don apareció, lo más doloroso sucedió esta misma mañana en la oficina cuando fui a visitarte y cuando pensé que nada podía empeorar el destino me demostró que no debía anticipar conclusiones: Escuché lo que le dijiste a mi maestro cuando venían hacia acá y peor aun escuché tus palabras retumbar en mi cabeza, aquellas palabras que no dijiste en voz alta pero que igualmente salieron de tu corazón.

¿Escuchaste lo que pensé de no traerte a la misión Seras? – Fue lo único que pasó por su cabeza cuando la miraba – Escuchaste lo que pensé de no traerte a nuestro lado ¿verdad? Se sintió terriblemente mal, acababa de comprender lo que había hecho, todo ese tiempo había creído que la razón por la que la draculina se comportaba raro era culpa de su sirviente pero la realidad le había golpeado: Ella era quien había echado a perder las cosas. Caminó hacia adelante sabiendo que las cosas podrían salir mal, Seras parecía muy enfadada y salir de la barrera que la protegía de todos era una idea si no muy torpe, casi suicida, pero así lo había elegido porque sentía una culpabilidad tan grande que no le cabía en el pecho, aun así, ¿cuál era la razón por la cual estaba tan enfadada? Lo más lógico era pensar que al saber que ella también estaba enamorada de Alucard se sintiera traicionada; recordó claramente ese día que la había encontrado dormida en el frio suelo de la mazmorra de su maestro con su delicada mano extendida intentando alcanzar en lo más profundo de sus sueños el ataúd negro de su amo. Esa noche Seras Victoria le había confesado la verdad de su triste enamoramiento hacia el conde, recordó haber tomado fuerzas de flaqueza y haberle ofrecido consuelo con toda la sinceridad del mundo a pesar de haberse sentido la peor persona del mundo puesto que estaba enamorada del mismo hombre, ahora al saber que su amiga compartía el mismo sentimiento la culpabilidad le había embargado.

Salió de la confiable protección que había puesto su sirviente y se acercó a la draculina mientras que el conde mantenía su completa atención en la escena, eso le hizo sentir un poco mejor puesto que él la protegería en caso de ofrecerse. Seras Victoria los veía a ambos con desprecio como si la estuvieran ofendiendo: No Seras, no pienses que él me está protegiendo de ti, más bien te está protegiendo de mí – pensó sabiendo perfectamente que ella la escucharía, había aceptado esa verdad con tristeza y resignación puesto que ahora sabía que la mala del cuento había sido ella.

- Estas equivocada, Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing – parecía que la vampiresa iba a contestar a sus preguntas en voz alta – aquello que tú piensas no es lo que me tiene así, la verdad yo también sabia tu secreto desde hacía años atrás y lo había aceptado y mucho mas allá: había aceptado que aquella sed que quema mi alma y mi corazón sin compasión alguna nunca será saciada puesto que esa bebida que tiene la capacidad de hacerlo no es para mí, no me pertenece sino que le pertenece a alguien más. No estoy compitiendo contigo, no podría, perdería por de faul porque en esta competencia no importa lo que piense yo o lo que pienses tú… sino… - hizo una pausa larga y dejo inconclusa su frase sabiendo que ella la comprendería perfectamente - sin embargo, para tu mayor tranquilidad debes saber que levanto las manos y me retiro.

Era increíble lo que la joven le estaba diciendo, pero en apariencia estaba siendo inmensamente sincera con ella aunque en teoría esto debería hacerle sentir mejor lo que realmente hizo fue maximizar su sentimiento de culpa hacia ella.

- No esperaba nada de ti, aunque no lo sabía, secretamente lo hacía. Esperaba de ti lo que nunca tuve y creí tener – De los ojos rojos y brillantes de Seras Victoria resbalaron un par de lágrimas rojas que le rompieron el corazón – una hermana.

No necesito que dijera mas palabras, solo supo que instintivamente se lanzo hacia ella abrazándola sin tener cuidado alguno de nada. Escuchó a lo lejos la voz de Alucard diciéndole que eso era peligroso pero no le importo en lo más mínimo, sabía lo que tenía que hacer y eso era darle un abrazo a la mujer que había sido su única familia desde que su padre murió y Walter y Alucard desaparecieron, sin darse cuenta ella también se encontraba llorando, pero Seras no se movió para regresarle el abrazo sino que se había quedado como un maniquí con los brazos hacia abajo.

- Lo siento, lo siento mucho – fueron las palabras que salieron de lo más profundo de su alma – no pretendía hacerte sentir mal Seras, he sido una tonta, he sido la mujer más tonta y torpe que existe, te quiero conmigo a mi lado, no te vayas, no me dejes sola. Tú eres lo único que he tenido y eres lo más valioso, perdóname, te lo ruego. Me he dejado llevar por pensamientos inútiles y cosas que no valen la pena, y todo lo que he pensado y las cosas que has escuchado son solo…. – la voz se le quebró dejando inconclusa la frase – Celos, celos sin fundamento puesto que creí que me estaba poniendo vieja y ya no era atractiva como antes, celos porque creí que Alucard te prefería a ti que a mí, pero la verdad es que no importa si lo hace o no, lo que importa es que tú y yo estemos unidas porque si tienes razón, si somos hermanas a pesar de que no hayamos nacido de los mismos padres, ¡perdóname, perdóname! Sé que me escuchas, si has escuchado lo torpe que he sido por favor escucha este lamento que sale de mi alma, escucha como te digo la verdad y comprende que soy sincera. – Se había refugiado en los brazos de la vampiresa quien había perdido fuerza en las piernas y se había arrodillado, allí se encontraban las dos de rodillas llorando una en los brazos de la otra sin temor al futuro, ni al pasado, ni al presente – Pensé que no te quería cerca en esta misión pero es que tenía miedo de que Alucard se fijara en ti, he sido una egoísta, la más egoísta de todas por favor perdóname…

Sus ojos se encontraron con los de Seras Victoria los cuales para su sorpresa no estaban mostrando un rojo escarlata sino un azul cielo lleno de paz, ese azul que hacía mucho tiempo no veía, la joven sollozó y siguió llorando ahora en sus brazos, otra vez recordó al profesor Van Hellsing pensando que si, ella protegería la bondad de la draculina a costa de todo y de todos.

- Yo también he de protegerte, Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing, te he de proteger con mi vida y peleare en contra de todos aquellos que te quieran lastimar no importando si es en contra de mi propio amo o de mi misma – La voz dulce y melodiosa de Seras Victoria había vuelto a ella hablando no solo con extrema bondad sino también con mucha firmeza – No necesitas sellos en mi para controlarme puesto que lo que te digo es de corazón y es un juramento que durará tanto dure la eternidad. Por favor encuentra en mí una amiga incondicional y un soldado leal para tus causas: mi ama, mi señora, mi hermana.