Notas del Autor: Esta es la ultima parte de la historia antes de que cambie el rate a M, tarde pero lo he subido un dia despues como lo prometí. Espero que les guste.

Disclaimer: Hellsing y sus personajes pertenecen a Kota Hirano.


Verlas abrazadas como dos niñas pequeñas llorando era un poema para sus ojos, aunque odiara admitirlo era bueno para él ver a sus dos amadas mujeres estar en concordia otra vez: su condesa de hierro y su princesa de plata; una mujer de hierro a la cual no podía cambiar ni manipular pero que era fuerte y decidida y una joven que parecía hecha de plata bendita ante la cual se mostraban hasta sus más ocultas debilidades. Parecía que todo había vuelto a su sitio, pero ahora más que nunca tenía muchas dudas, por principio de cuentas: ¿Cuál había sido el motivo de dicho conflicto en primera instancia? No podía saberlo puesto que no le estaba permitido leer los pensamientos de su ama, sabía también que era muy poco probable que pudiera sacarle esa información por las buenas a su draculina ya que parecía haber un pacto de silencio entre esas dos que sería muy difícil de quebrantar, podía obligar a la joven vampiresa pero ¿hasta qué punto sería bueno?

Parecía que los Hellsing tenían cierta debilidad ante sus vampiresas y su actual ama no era la excepción y es que de alguna forma el estúpido mercenario tenía razón: buscaba en ellas algo que él no tenía, la sangre de una mujer buena, santa y noble era mucho más deliciosa que la de una mujer promiscua y lasciva. Al escuchar de nuevo que la voz dulce de Seras había vuelto a su normalidad su corazón se lleno de alegría aunque no quisiera admitirlo adoraba a la joven dulce y tierna que había conocido al igual que deseaba a la draculina sensual y apasionada que acababa de conocer, ella estaba llena de matices, matices que aun no sabía que existían y sobretodo que ella no podía controlar; definitivamente le haría combinar el rojo de su pasión con el blanco de su pureza y entonces la vampiresa seria más que perfecta.

Seras ayudó a la comandante a ponerse de pie, pudo notar como el saco y la blusa de la actual ama de la casa Hellsing estaba totalmente empapada en sangre, no se preocupó puesto que sabía que esa sangre no le pertenecía, sino que era de su draculina. Integra ayudó a enjugar los ojos de Seras y juntas se dieron un abrazo como símbolo de amistad y respeto mutuo:

- Permítame, mi ama – dijo mientras ponía su mano sobre el hombro de Integra – Es bastante peligroso que permanezcas con esa ropa manchada de ese precioso liquido que me sirve de alimento puesto que esta noche está llena de criaturas nocturnas que lo considerarían un deleite – Absorbió toda esa sangre bebiéndola para sí mismo a través de sus manos, hoy igual que ayer sabia deliciosa no obstante se había vuelto un poco más fuerte y embriagante: Seras Victoria había madurado mucho. – El enemigo sigue cerca, puedo sentirlo así que hay que permanecer alerta.

Su vampiresa lo miró con respeto y pudo notar que sus hermosos ojos volvieron a su azul natural, de nuevo el contraste entre el orgullo que sentía cuando veía que era una vampiresa completa y la tranquilidad que le provocaba saber que había vuelto a ser la de antes. Bien, había mucho que aprender de la draculina y estaba dispuesto a hacerlo; Sintió como Integra lo había tomado del brazo para apoyarse en él, parecía estar temblando de frio puesto que las lagrimas de Seras le habían empapado y cada vez soplaba mas fuerte el aire helado de la noche; a él no le molestaba el frio puesto que había aprendido a vivir con este toda su existencia, tomó pues su abrigo y se lo puso a Integra para cobijarla de las inclemencias del tiempo ya que la comandante había olvidado llevar algún saco debido a que la tarde había estado muy cálida.

Seras observaba esta escena, nunca había visto al conde sin su abrigo rojo en una misión. Era bastante dulce ver como protegía a Integra y aunque debía reconocer que fue un poco doloroso para ella, sacudió su cabeza para alejar pensamientos negativos y sonrió amable y sinceramente a la comandante quien la veía con gesto preocupado: El espectáculo debe continuar Seras – se dijo a sí misma - has hecho una promesa y no la has de romper por nada del mundo, además que mas da con quien este, lo que importa es que sea feliz y si lo es con una mujer tan buena como Integra entonces no habrá nada mejor. Pensando esto les sonrió a los condes de corazón deseándoles lo mejor ahora que ella se había quitado del camino, sintió que se había comportado muy mal tanto con Alucard como con Integra todo el día y decidió recompensarlos a ambos por haberlos tratado tan mal, quizá el dolor que le causaba verlos juntos no habría de quitarse rápido pero eso no sería un obstáculo para llevarse bien con ellos y ser feliz.

Giró hacia donde Pip, Alucard había dicho que el enemigo andaba cerca, quizá por todo el cumulo de emociones que había experimentado había pasado por alto la situación actual de la misión, pero ahora que estaba más tranquila habría que poner manos a la obra, si algo habría de dejarle esta vivencia era la moraleja de que no había que mezclar la vida personal con el trabajo aunque en su caso era bastante complicado. Acababa de reparar en que los soldados habían estado inmóviles durante toda la batalla, los miró con detenimiento mientras ellos la observaban con los ojos casi desorbitados mostrando un profundo terror, ella solo les dedicó una dulcísima sonrisa y se aproximó a ellos, era imperioso despertarlos puesto que además de que aun no acababa la misión si habrían de trabajar para Hellsing no podían pasársela petrificados todo el tiempo que vieran a un vampiro; los vampiros eran cosa casi de todos los días en ese empleo, seria patético que se comportaran así, aunque de alguna forma se compadeció de ellos puesto que se puso en su lugar y recordó cuando ella había visto uno por primera vez.

La barrera de Alucard todavía seguía firme delante de los reclutas, aunque era invisible ella podía verla claramente, algo le decía que podía atravesarla con libertad era muy probable que el conde hubiera vuelto a confiar en ella y en su buen juicio, el lazo entre los dos estaba intacto. Se puso en el linde de esta y no pudo contener reír un poco al ver que los soldados retrocedieron ante tal acción, inclinándose un poco dejo que su torso atravesara el muro delante de un soldado regordete que la veía con horror:

- ¡Boo! – dijo mientras seguía sonriente, pero el soldado cayo para atrás casi desmayándose. Richard y Pip rieron a carcajadas. – No te preocupes, no te he de hacer daño. Esta tarde he comido maravillosamente: pierna de humano en salsa de sangre, obviamente sin ajo porque como has de comprender yo odio el ajo. – Extendió su mano y con un gesto de bondad incomparable le ayudo a levantarse, al principio el recluta había vacilado en tomarla pero después de verla bien la aceptó y se levantó. – Si señores, todo lo que les han dicho de los vampiros es verdad: excepto tal vez que brillamos en la luz. Odiamos la luz solar puesto que nos quema o en el mejor de los casos podría llegar a invalidar nuestros poderes, obviamente los símbolos sagrados especialmente si están hechos de oro o plata los aborrecemos esto sin contar el agua bendita, la hostia consagrada entre otras cosas. Las balas benditas, las estacas en el corazón pueden matarnos o más bien librarnos de nuestra maldición puesto que ya estamos muertos – caminaba de un lado a otro viéndolos de frente a todos para poder comprobar que estaban poniendo atención y aparentemente se había adueñado de la audiencia para su beneplácito – Si, los vampiros existimos, no lo duden ni un momento, pero no somos caníbales solo bebemos sangre porque en ella se encuentra la vida que hemos perdido. Si alguien desea invitarme a salir – sonreía pícaramente a los jóvenes que aun parecían morir de miedo – está por demás decirles que no pongan en mi comida ajo o que si me han de regalar flores no sean rosales silvestres, evidentemente tampoco deberán recitarme versos de la biblia como poemas de amor.

Ellos rieron ante la última frase, quería demostrarles que no estaba enojada y que mucho menos los iba a lastimar, así que siguió con su discurso al ver que se encontraban más tranquilos y que habían dejado el terror de lado.

- Bien, se preguntarán que para que les digo esto, en teoría contarle las debilidades personales de uno mismo es una forma de ponerse en jaque gratuitamente – Ellos asintieron con la cabeza sin dejar de observarla – la respuesta es que, durante su estancia en la Organización Hellsing, mi maestro el Nosferatu Alucard y yo no seremos los únicos vampiros a los que se enfrentaran, de hecho para su tranquilidad personal nosotros tenemos prohibido atacarles, aunque – sonrió con malicia mientras les guiñaba un ojo – a veces podemos saltarnos una que otra regla si es que se portan mal.

Negaron insistentemente como si tuvieran miedo a que en ese momento saltara hacia ellos y los lastimara:

- De manera que no deben temernos – continuó con calma – al contrario, nosotros los necesitamos a ustedes y ustedes a nosotros, somos un equipo que lucha por la misma meta, una meta por la que luchó el profesor Abraham Van Hellsing años atrás y que nosotros seguimos tomando como estandarte para nuestras batallas: Librar al mundo de las amenazas sobrenaturales, especialmente vampiros que pongan en riesgo la vida de los seres humanos y que vayan en contra de Dios y la iglesia anglicana. – hizo una pausa para tomar un poco de aire, dejo de caminar de un lado a otro y poniéndose enfrente de ellos justo a la mitad les dijo con seriedad: La Organización a la que pertenezco y a la que ahora ustedes han llegado a formar filas tiene un estricto control de sus reclutas, siempre busca la perfección en sus procesos y muchísimo más en sus soldados, así que se que son los mejores en lo que hacen yo confió en eso porque si Sir Integra les dio el visto bueno no tengo por qué dudar, entonces… ¿A que le tienen miedo? Tienen todo lo que necesitan, sus armas están cargadas con municiones benditas, tienen como líder de la misión al capitán Branson, Sir Integra en persona ha venido a supervisar todo y… – hizo una pausa un tanto soñadora un tanto melancólica - Alucard es el vampiro en turno, si yo no dejo morir a mis subordinados mucho menos él que es mi maestro y guía.

Los soldados le sonrieron y parecían más animados salvo uno que seguía algo asustado y temblaba:

- Pero, los vimos, son más fuertes que nosotros, muy veloces y esos malditos dientes – Seras puso una mano sobre su hombro con compasión - ¿Cómo pretenden que peleemos contra eso? Es fácil para ti puesto que eres una vampiresa, pero nosotros somos seres humanos.

- Ustedes pueden pelear contra nosotros, el profesor Van Hellsing no tuvo miedo de pelear contra Dracula cuando lo hizo y él no tenía las ventajas que tienen ahora. Lo único que tenía era su valentía, tenacidad y su inteligencia. – Hizo énfasis en la última palabra, mientras escuchaba a lo lejos un murmullo casi inaudible que sonaba algo molesto "Van Hellsing no era tan interesante como lo piensas…" no pudo evitar reírse al escuchar esa queja de su maestro, era verdad, si alguien había conocido al profesor era él – Deberías reconsiderar el empleo si sientes que no puedes con él porque esto será una constante.

- No, si podemos… - escuchó la voz emocionada de Andrew Rumsfeld que parecía infundir ánimos en los demás – somos valientes soldados y no hemos de acobardarnos ante nada, pelearemos por usted señorita y por los ideales del profesor. ¡Nunca nos rendimos ante la adversidad, esta no será la primera vez!

Los reclutas vitorearon en respuesta como aceptando el grito de guerra de Rumsfeld, mientras levantaban sus manos y la saludaban respetuosamente, todos tomaron sus armas y las prepararon para la batalla con renovados bríos, Richard Branson, su compañero de mil batallas y ex integrante de los Wild Geese le abrazó con fuerza mientras le susurraba al oído: "Me alegra mucho que estés de vuelta pequeña" ella le regresó el abrazo y contesto dulcemente: "Nunca me he ido y nunca me iré Richie"

- Pero mira que viejo te has puesto Richie – se escuchó desde detrás de ellos la voz de Pip Bernardotte saludando a su amigo – Mírame, sin embargo yo conservo mi guapura natural.

- Comandante – dijo emocionado Richard dándole un abrazo y después saludándole respetuosamente – le hemos extrañado tanto, ya sé que me he puesto viejo pero mi espíritu no ha decaído ni un momento en la misión de proteger a la señorita Victoria y de exterminar a nuestros enemigos.

- Mas te vale, odiaría que algo le pasara a mi mignonette – Se dieron la mano y compartieron miradas de complicidad entre camaradas que se conocen desde hacía mucho tiempo y entre los dos comenzaron a encariñar a la vampiresa.

- No estamos aquí en una reunión social, tenemos una misión que cumplir – la voz profunda y con tono molesto de Alucard resonó haciéndoles temblar de terror a los presentes – ven acá draculina.

Se dispuso a ir hacia su maestro, quien había escoltado a Integra de vuelta a donde se encontraba la barrera, vio a Pip hacerle una mueca de burla al conde quien se veía un poco molesto, no entendía cual era el motivo por la cual su amo había cambiado repentinamente de estado de ánimo, aparentemente tenía razón Integra en lo que pensaba al respecto de que Alucard y Pip tenían una disputa. El rey sin vida le indicó con una seña que debían regresar juntos, caminaron todo el trecho de tierra hasta quedar a medio camino entre los soldados y los arboles de donde habían salido los vampiros, el piso estaba lleno de polvo que se había creado cuando Seras había destrozado literalmente a esos vampiros, giró la cabeza hacia donde estaba el conde observando perdido en sus pensamientos y entonces lo vio: cientos de vampiros se movían hacia ellos, parecían neófitos puesto que se movían como si no supieran lo que estaban haciendo, aun estaban lejanos pero los podía ver con claridad como si estuvieran de frente a ella.

- ¡Oh por el amor de Dios! – se le salió decir con mucho asombro – ¿de dónde salieron tantos vampiros? No puedo creer que hubiese tantas personas vírgenes en un sola región

- ¿Asustada Seras? - El conde le había sonreído con sensual y burlonamente, no supo que contestar puesto que lo estaba - ¿Después del discurso que les acabas de dar a esos soldados? No es conveniente que les demuestres que tienes miedo o su espíritu se quebrantará, ¿Qué no te lo ha dicho ese estúpido mercenario?

- Maestro, ¿Tienes miedo? – preguntó sincera y tímidamente, él volteó a verla como si estuviera preguntándole algo muy tonto

- No – fue lo único que le contestó mientras le veía directamente a los ojos y ella pudo disfrutar de esa mirada encantadora que él poseía, sin embargo no le creyó en lo absoluto ya que sonaría irónico que le acabara de dar ese consejo y asintiera ante sus preguntas, intentó morderse los labios para contener una sonrisa pero al final de cuentas no pudo y soltó una carcajada sonora que hasta los reclutas voltearon a verlos. El conde se quitó el sombrero y lo lanzó hacia ellos. - Claro que no, no seas ingenua draculina – contestó algo escandalizado mirándola como si hubiese cometido el peor pecado pero ella no podía dejar de reírse y entonces pudo presenciar una de las cosas más maravillosas que podría sucederle: Alucard le sonrió dulcemente y luego se echo a reír a su lado por un momento que para ella fue como estar en el cielo.

De pronto se dieron cuenta de que los vampiros estaban por cambiar de rumbo, aparentemente habían encontrado a otra víctima en su camino lo cual la hizo asustarse de verdad, si los vampiros habían hallado otra población para atacar eso quería decir que probablemente se multiplicaran exponencialmente y eso no era bueno, había demasiada gente inocente de por medio. Necesitamos hacerlos venir hacia acá – pensó – no podemos permitir que conviertan a más personas porque si no nos veremos obligados a matar a más gente inocente.

- En efecto tienes razón, Seras – contestó el príncipe por medio de su lazo – Tenemos que hacerlos venir hacia acá y tenderles una trampa

- Pero, ¿cómo haremos para que tantos vampiros quieran venir aquí? – preguntó realmente preocupada.

- Piensa, mi amada sirviente, ¿Qué deseabas tú cuando viviste tu primer día como draculina? – estaba dándole pistas para que ella comprendiera cual era el plan que había creado - ¿Qué es lo primero que necesita un vampiro neófito que está asustado por su cambio?

- Desea vida – La revelación acababa de llegar a su mente – Mueren de hambre.

- Necesitamos un delicioso tentempié para ellos ¿no te parece? – La miró con deseo y malicia y de pronto lo comprendió todo: la carnada sería ella y le dieron escalofríos al imaginarlo, dio varios pasos hacia atrás asustada, no le gustaba que la tocaran y el hecho de haber tantos hombres deseosos de comerla no era algo que le complaciera en lo absoluto – Uno bastante delicioso y provocador que les haga agua la boca y les invite a desear más y más.

Seguía retrocediendo por instinto de supervivencia y él caminaba hacia ella avanzando cada paso que ella retrocedía, levantó las manos para protegerse y detenerlo pero él seguía sonriendo maliciosamente al tiempo que jalaba el moño rojo que tenía su corbata para quitárselo, eso le dio más miedo aun: No por favor, no por favor – pensaba sabiendo que la escucharía – no, no, no por favor, pero él no le hizo caso en lo absoluto, le tomó de la muñeca y la jaló hacia él, era increíble que un hombre tan delgado y poco musculoso como él tuviera tanta fuerza, con esa misma mano la inmovilizó presionándola contra su pecho en un abrazo del que no podía liberarse, intentó en vano pero lo único que hacía era lastimarse, usando ambas manos el rey le hizo un moño en el cuello usando su propia corbata dejando los extremos de lado con la intensión de ocultar con ellos las marcas de su mordida ¡Esta demasiado apretado – gritó dentro de sí misma – no puedo respirar!

- ¿De verdad necesitas respirar? – se burló de ella dentro de su cabeza - ¿Qué pasara si no lo haces, morirás?

- Pero maestro, me duele - volvió a quejarse pero no recibió ninguna respuesta

Él se acercó suavemente a su cuello, en forma muy sensual y algo atrevida que la hizo enrojecer hasta las orejas, era lento y le provocaba escalofríos pero al mismo tiempo le embriagaba tanto que supo que no podía oponer ninguna resistencia ante su poder sino más debía bien rendirse ante él permitiéndole cumplir sus deseos en ella, tenía miedo si, de eso no había dudas pero había algo más dentro de sus pensamientos: un deseo profundo de que bebiera de su sangre. Solo pudo sentir un leve dolor similar al pinchazo de una aguja muy fina y después sintió un liquido caliente derramarse sobre su cuello, ahora comprendía para que había puesto el moño ahí, probablemente para evitar que se desangrase; El conde no pudo evitar caer en bloodlust*, parecía hambriento y pudo ver sus ojos brillar con deseo, sintió la cálida lengua de su maestro recorrer un poco su garganta haciéndole cosquillas y provocándole retorcerse un poco debido a una placentera sensación.

- ¿A que le tienes miedo Seras Victoria? – preguntó él separándose de ella, parecía tener que hacer un esfuerzo sobrehumano para no seguir bebiendo su sangre - ¿Crees acaso que les dejaría ponerte un dedo encima? Eres mía y no le permito a nadie tocar mis pertenencias. No lo olvides nunca, tú eres mía y solo mía. – hizo una pausa - Por otra parte, no permitas que se cure hasta que sea conveniente.

Terminando de decir esto desapareció volviéndose uno con el aire frio de la noche, dejándola con la mano en el cuello deteniendo el torrente de sangre que manaba de ella y con muchas dudas dentro de sí.


Glosario:

Bloodlust: Sed de Sangre.