Hola, aquí tenéis el gran final.

Antes de nada quiero decir que estoy muy contenta de terminar la historia con 49 reviews, 14 favoritos, y 17 seguidores. Todo esto es gracias a vosotras. Quiero agradecer todo el apoyo que he tenido durante toda la historia =)

Adagio10: ya le tocaba hablar a Sai jejeje

Melisa: es que es muy pequeño todavía como para fijarse en esas cosas, solo tiene dos años y medio y no ha tenido que preguntarse si tenía o no tenía un padre porque Sakura siempre lo ha cuidado bien.

Elaine Haruno de Uchiha: espero que se te mejore la mano jejeje. Aquí Sasuke lo aclara mejor =)

Candice Saint-Just: ya sabes lo que dicen, todo lo bueno tiene un final. Espero que te haya gustado la historia.

Sakuita 01: jajaja yo también sería de las peores ex esposas si me ponen los cuernos xD. Todo lo bueno se acaba…pero yo seguiré haciendo alguna que otra adaptación xD

misao91: la parte que más me gusta a mi es cuando se dan los regalos jeje

EllyXTaemin Love SasuSaku: Sasuke tiene la parte justa de ambas cosas jeje

También tengo un anónimo: Sakura haría arder más que troya, o por lo menos eso es lo que yo creo jejeje

Espero que este último capítulo este a la altura de las expectativas.

Nos leemos en Boda griega, comenzaré a subirlo mañana, por si a alguien le interesa.

Un beso enorme, cuidaos.

Capítulo 11

Sakura no recordó el camino de vuelta a Court. Para ella era muy importante que Sasuke hubiera vuelto a buscar la después de aquel fin de semana. Tanto, que no sabía ni dónde estaba. Entraron en casa. Sakura iba medio flotando, del brazo de Sasuke. Hicieron un brindis de Navidad con los sirvientes, reunidos en el Great Hall, riendo y charlando. Sasuke hizo un discurso sobre cuánto apreciaba el trabajo de todos. Sakura lo observó prestándole la atención exclusiva de una mujer enamorada.

Se dirigieron por fin hacia las escaleras. Entonces, el mozo de cuadra se abalanzó entre los sirvientes con ex presión de preocupación.

—Me temo que la yegua va a parir muy pronto, señor. He llamado al veterinario, pero está atendiendo a otro animal, y como es su primer parto...

—Está bien...yo iré a ocuparme de ella. No me esperes despierta—advirtió mirando a Sakura.

—Puedo ir contigo...

—No tiene sentido que nos pasemos los dos la noche en vela—contestó Sasuke sacudiendo la cabeza.

Sakura se fue a la cama sola. Tal vez no fuera tan experta como Sasuke con los caballos, pero aquel no sería el primer parto que veía. Aunque lo cierto era que Sasuke no la necesitaba constantemente a su alrededor. Solo un hombre enamorado habría deseado que lo acompañara.

Dos años atrás, sin embargo, si hubieran tenido tiempo, si se hubieran dado las circunstancias, Sasuke podría haberse enamorado de ella. Eso era duro de asimilar. Sin embargo, después de verla con Sai, sus sentimientos hacia ella se habían desvanecido. Desde entonces, había vivido convencido de que se había acostado con Sai, de que se había quedado embarazada de él...por no mencionar que la creía una ladrona.

Sasuke había vuelto a entrar en su vida solo a causa de Ryu, y al principio lo había desgarrado darse cuenta de que aún se sentía atraído hacia ella. Luego, había llegado al convencimiento de que lo mejor era acostarse con ella para conseguir olvidarla. Y probablemente lo habría logrado, se dijo Sakura deprimida, de no haber des cubierto que era la madre de su hijo.

La engañosa idea de que podía meterse en la cama de Sasuke y esperar allí su vuelta le sonaba de pronto imposible, solo de pensarlo le daba vergüenza. Sakura se abrazó a la almohada melancólicamente. Jamás volvería a arrojarse en brazos de Sasuke.

A la mañana siguiente, su padre le llevó el desayuno a la cama. Ella se sentó y prácticamente le quitó la bandeja.

—¡Papá...no quiero que me sirvas...no está bien!

—Bueno, ahora hay tantos empleados que lo más que tengo que levantar es el periódico. Quería hablar contigo. ¿Tienes ya vestido de novia? Supongo que es un poco tarde para preguntarlo, pero...

—No, no llegas tarde.

Kenji sonrió y le informó de que se alegraba, porque su deber era comprárselo. En aquellos días tenía buenos ahorros. Antes de que Sakura se diera cuenta, su padre le había organizado las actividades de todo el día. Tenía que salir de compras a Exeter con su madrastra, a comprar el vestido más bonito que pudiera encontrar.

—¿Y qué hay de los regalos? ¿Has comprado ya regalos para todos?—continuó su padre sacudiendo la cabeza—Lo ves, Sasuke no piensa en todo.

—A Sasuke jamás se le ocurriría pensar que voy por ahí con menos de cinco libras en el bolsillo...ni siquiera podría imaginar tanta penuria...¡Dios, si lo has llamado Sasuke, papá!

—Me sentiría como un idiota llamando de otro modo a mi futuro yerno. Como dice Ryu, tenemos que ir con los tiempos. Aunque es difícil romper los hábitos de toda una vida.

Según parecía, Sasuke había pasado la noche en los establos, había aparecido para desayunar a las siete de la mañana y se había ido a la cama. La yegua había parido sin problemas, pero Sakura no pudo ver a Sasuke antes de marcharse de casa.

Aquel fue un día frenético. Sakura se enamoró de un vestido de novia en la segunda tienda que visitaron. Tenía un top ajustado de escote bajo y un color marfil precioso. Sakuraa se miró al espejo y vio reflejado en él a una romántica princesa medieval.

Comprar los regalos de Navidad fue lo peor. Un libro sobre las nuevas costumbres para su padre, otro, de humor, para Ryu. Para Sai, cigarrillos. Para Temari, un pañuelo de seda. Sakura compró una blusa para Tsunade mientras ella tomaba café. Y después hombre que lo tenía todo. Sakura arrastró a su madrastra de tienda en tienda para decidirse finalmente por un libro de poesía. Poemas de amor. Siempre cabía la posibilidad de que la inspiración produjera el cambio.

Era de noche cuando volvieron a Court, pero la mansión, rodeada de nieve, tenía las ventanas cálidamente iluminadas. Junto a la puerta, había un muñeco de nieve, algo poco frecuente en esa casa. Llevaba barba y gafas.

Sakura, que llevaba el día entero sin ver a Sasuke, estaba ansiosa por estar con él. Se apresuró a entrar en el Great Hall y vio a Sai y Temari, de pie junto a la chimenea, violentos y ruborizados, de modo que fingió no verlos.

—¿Dónde está Sasuke?—le preguntó a su padre, que bajaba las escaleras.

—Sabes, no tengo ni idea—contestó Kenji sorprendido.

—Dijo que tenía que hacer unas compras de última hora—explicó Sai colocándose el jersey.

—Ha aprovechado que estabas fuera para salir—dijo Ryu cuando ella entró en el salón—Se levantó a la hora de la comida, hizo el muñeco de nieve con Sanosuke y después se pasó el resto de la tarde mirando por la ventana. No conseguí sacarle ni una palabra.

—Oh...—exclamó Sakura pensando que Ryu exageraba.

El anciano continuó quejándose de que Sai y Temari no hacían más que besarse por los rincones, y luego volvió a su libro alegando que era mejor compañía. Al salir del salón su padre la esperaba.

—Tsunade y yo queremos que pases esta última noche con nosotros, abajo. Es nuestra última oportunidad—añadió esperanzado—Aunque, por supuesto, si tienes otros planes...

—No, no tengo otros planes—mintió Sakura, ruborizándose—Es una idea estupenda... Bajaré en cuanto acueste a Sanosuke.

Sí, lo cierto era que tenía que mostrarse fría con Sasuke, no comportarse como una mujer enamorada, se reprochó.

A las once de la noche, estaba en la estrecha cama de las dependencias de la servidumbre. No parecía la misma habitación en la que había dormido de joven, pero sus cosas seguían ahí. Al día siguiente sería Nochebuena, el día de la boda. Seguía sin poder creerlo. Además era el día de su cumpleaños. Veintidós años. Sin embargo, en una fecha tan señalada, jamás nadie le había concedido demasiada importancia. Ni siquiera ella.

Alguien golpeó la ventana, llamando. Sakura se levantó sobresaltada y vio a Sasuke a la luz de la luna. Abrió la ventana sin vacilar.

—¿Sales tú, o entro yo?

Sakura salió descalza por la ventana, pero se quedó helada al pisar la nieve. Sasuke se quitó el abrigo, la envolvió en él y la tomó en brazos. Sakura no tuvo oportunidad de preguntar a dónde la llevaba, porque él estaba demasiado ocupado besándola. Se abrazó a él como si llevaran un mes separados y notó que la cabeza le daba vueltas.

Sasuke la sentó en el antepecho de la ventana y levantó la cabeza. Respiraba profunda y sonoramente. Sakura tardó en recuperarse.

—¿Por qué caminabas de un lado a otro hoy mientras estaba fuera?

—Porque te habías ido en coche... Karin y mi hija tu vieron un accidente en un día como este—contestó Sasuke tenso.

—¡Oh, demonios, Sasuke...ni siquiera se me había ocurrido pensarlo!—suspiró Sakura abrazándolo aún con más fuerza para consolarlo.

—Ha sido una estupidez—añadió él encogiéndose de hombros—pero a veces puede caer un rayo dos veces en el mismo sitio. Por eso salí. Me estaba volviendo loco esperándote.

Sakura posó la frente sobre su hombro y olió su fragancia. Sasuke había estado preocupado por ella. Una ola de amor la embargó al recordar su infeliz matrimonio y eso la hizo sentirse generosa.

—Firmaré el acuerdo prenupcial, si quieres.

—Pero si solo era una broma, que al final se volvió contra mí...no tenía intención de que firmaras nada. Solo quería vengarme de ti por fingir que no eras más que una cazafortunas.

—¿Vengarte?—repitió Sakura abriendo enormemente los ojos y levantando la cabeza.

—Aquella primera noche, cuando volvía a verte, me dijiste que habías estado muy enamorada del padre de tu hijo...—explicó Sasuke escrutándola divertido. Sakura abrió la boca atónita—Y lo dijiste con tal pasión...me lo dijiste a la cara, para picarme. Cuando comprendí que Sanosuke era mío volví a acordarme de esa conversación, y entonces encontré por fin la respuesta a la pregunta que tanto me había torturado.

—Más me torturó a mí, que me había encaprichado de ti a los trece años—confesó Sakura.

—¡Sakura...Sakura...!—exclamó Sasuke abrazándola divertido.

—Decidí conseguirte como fuera...quería resarcirte por lo de tu hija—continuó Sakura—Fue una estupidez.

—No, no lo fue...me has bendecido con un niño que ha sido concebido en el amor—contestó Sasuke suspirando y obligándola a entrar de nuevo en la habitación—Y como no quiero que concibamos a nuestro próximo hijo fuera de casa, será mejor que te dé las buenas noches, amor mío.

Sasuke la esperaba en el altar de la pequeña iglesia de la ciudad. Sai parecía más serio de lo normal en su papel de padrino. Sakura caminó hacia el altar del brazo de su padre, consciente, a cada paso, de la intensa mirada que Sasuke le dirigía.

Cada palabra de aquel servicio religioso tuvo para Sakura un significado muy especial. Cuando intercambiaron los anillos, Sasuke retuvo su mano. Sanosuke se sentó entre los dos en el coche, de vuelta a Court. Las flores de su cabello fueron un gran entretenimiento para el niño, así que Sasuke tuvo que distraerlo. Sakura era incapaz de hacer otra cosa más que contemplar su anillo y a su marido.

Al llegar a Court, un fotógrafo los esperaba. Tras posar casi en todas partes, dentro y fuera de la casa, Sakura miró a Sasuke con ojos suplicantes.

—Jamás había tenido una foto tuya...¿es que no te das cuenta?—dijo él.

—Creo que va a llenar el despacho de fotos tuyas, así podrá soportar estar todo el día sin ti—bromeó Sai.

—Espero que no os importe que nos vayamos—anunció Sasuke al final de la sesión fotográfica, enlazando los dedos con los de Sakura y guiándola hacia la puerta principal.

—¿A dónde vamos?

Un coche de caballos abierto y con cochero los esperaba. Sakura se quedó perpleja.

—No hagas más preguntas, espera y verás.

Los caballos trotaron por el sendero que daba la vuelta a la casa y se detuvieron en el establo. Sasuke la ayudó a bajar del coche y la levantó por encima de uno de los boxers.

—Feliz cumpleaños. La yegua se llama Luna, pero el potrillo aún no tiene nombre. Son tuyos.

—¡Pero si nadie hace caso nunca de mi cumpleaños!

—Yo sí—aseguró Sasuke—¿Cómo vas a llamar al potrillo?

—Key.

Desde los establos, el coche volvió a girar por el camino que atravesaba la propiedad pasando por el bosque y subiendo por la colina.

—Cierra los ojos—rogó Sasuke.

Tras unos minutos, los caballos se detuvieron. Sasuke la tomó en brazos. Sakura trató de ver algo, pero Sasuke la besó. Sakura siempre cerraba los ojos cuando Sasuke la besaba. Cuando volvió a dejarla en el suelo, ella no estaba muy segura de tener los pies en la tierra, pero tampoco lo estuvo cuando abrió los ojos. Estaban en el Folly, pero había sido transformado una vez más. Por completo.

Solo que en esa ocasión se había transformado en un lugar cálido, acogedor y de buen gusto. Sakura dejó que su vista vagara por la chimenea encendida, la mullida alfombra, los sofás y el precioso árbol de Navidad, y sintió que se le hacía un nudo en el estómago.

—Esto es lo que no quería que supieras que planeaba—explicó Sasuke.

— ¡Oh, Sasuke!

—Ha sido Kin quien ha hecho el milagro. Y es también la razón por la que insistí en llevarte a Londres. Quería que fuera una sorpresa.

Kin y su estudio de diseño de interiores. Arreglar el Folly para su noche de bodas, de eso era de lo que Sasuke y ella habían hablado.

—Es...—comenzó a decir Sakura—...es la sorpresa más maravillosa que me ha dado nadie jamás.

—Fue el fin de semana más feliz que pasé en mi vida—contestó él respirando tenso—Y sin embargo huí porque tenía miedo de cometer de nuevo otro error.

—Yo solo tenía diecinueve años...—continuó Sakura con los ojos llenos de lágrimas—... no puedo culparte por dudar de que tuviéramos un futuro.

Sasuke la atrajo hacia el sofá y la hizo sentarse junto al fuego de la chimenea.

—Comencé a buscarte tres meses después de que te marcharas de Court.

—Pero, ¿por qué? En aquel entonces, tú pensabas que yo estaba esperando el bebé de Sai.

—Sí, pero él no había salido a buscarte. Quería asegurarme de que estabas bien, porque me sentía culpable. Te había rechazado después de darte muchas razones para esperar algo más de mí—continuó Sasuke respirando pro fundamente, lleno de arrepentimiento—Pero no pude encontrarte. Si habías dejado alguna pista, para entonces ya se había borrado.

Las lágrimas nublaron la vista de Sakura, que no podía dejar de imaginar a Sasuke buscándola sin éxito. Ella hubiera sido feliz de que él la encontrara. En aquel instante, Sasuke la abrazaba con tal fuerza, que apenas podía respirar.

—Los investigadores siguieron trabajando, pero yo me rendí, más o menos—confesó Sasuke serio—Sin embargo después, hace un par de meses, ¡bingo!, te inscribiste en el censo para poder votar. Dejaste de estar perdida.

—¿Hace un par de meses?

—Antes de informar a Ryu, pedí un informe completo. Lo sabía todo sobre ti antes de llamar a la puerta de la casa de los Nimura. Incluso me aseguré de que ellos no estuvieran esa noche—confesó Sasuke—Traté de convencerme a mí mismo de que encontrarte no tenía por qué significar nada personal para mí, pero...

—¿Pero?

—¡Dios mío...me engañaba! Con solo mirarte una vez no deseaba otra cosa que abrazarte y llevarte conmigo a casa.

—Pero al principio no aguantabas la idea de que tuviera un hijo...

—Sí, al principio...cuando llegamos a Court ya se me había pasado. Pero entonces llegó Sai, y todo fue un jaleo...o quizá fui yo el que se hizo un jaleo. De pronto no sabía a quién de los dos querías, estaba aterrado, tenía miedo de perderte.

— Sasuke...jamás podrías perderme...¡tonto!—Afirmó Sakura temblorosa, acariciando su mejilla—Te amo loca mente; ¿es que no lo sabías?

— ¿Y acaso yo debilité tanto tu autoestima que tampoco tú sabes cuándo un hombre te ama locamente?—preguntó Sasuke levantándola en brazos y subiéndola por las escaleras.

—Jugaste conmigo, Sasuke.

—Tú no estabas dispuesta a admitir que me amabas.

— ¿Y por qué no lo admitiste tú?

—Traté de demostrártelo por todos los medios posibles—protestó él a la defensiva—¿Es que no viste lo feliz que estaba el día que te pedí que te casaras conmigo?

—Me lo dijiste, no me lo pediste.

—Habíamos malgastado demasiado tiempo separados, no podía esperar ni un segundo a hacerte mía.

Sakura observó el candelabro y la cama festoneada de encaje de la planta de arriba.

—Desde luego es lo suficientemente grande para dos.

— ¿Es que oíste eso?—preguntó Sasuke—¡No me extraña que sospecharas! Kin no hacía más que tomarme el pelo: ¿qué clase de cama?, ¿qué clase de sábanas? Le dije que hiciera lo que quisiera.

—Y entonces, ¿qué hiciste con Kin aquella noche, hasta las dos de la madrugada?

—Nos separamos hacia las once...estuve por ahí, conduciendo, pensando en ti.

Sakura enredó una mano posesiva en sus cabellos y volvió a preguntar:

—Entonces, ¿con quién tenías una cita? Aquella primera noche dijiste que tenías una cita.

—Fue una bravuconada—confesó Sasuke contento, dejándole sobre la cama—Tenía una cena de negocios...debe ría haber comprendido que acabarías por pescarme.

Sakura se alzó y lo besó. Sasuke se tumbó junto a ella con una sonrisa que la derritió.

—Te adoro, señora Uchiha. Ser romántico contigo no me cuesta nada.

Sakura se tumbó tentadoramente, suspirando, y preguntó sin la menor vergüenza:

— ¿Más niños?

—Para mí eres perfecta—sonrió Sasuke.

—Y tú para mí—susurró Sakura.

Las ropas fueron cayendo al suelo, y las frases se fueron haciendo cada vez más inconexas hasta que, finalmente, se desvanecieron ante la pasión que los arrastró a celebrar su amor.

A las seis de la madrugada, salieron de la cama y probaron la cena que habían dejado la noche anterior. Sasuke lo había planeado todo tan bien, que tenían hasta ropa para cambiarse. Unidos, caminaron de vuelta a Court en la oscuridad y fueron a ver a Sanosuke, que seguía dormido.

Kenji había colocado los regalos bajo el árbol. Sakura y Sasuke intercambiaron sus regalos. Sakura recibió un montón de cosas y, a cambio, le tendió a Sasuke un único paquete con cierta culpabilidad. Cuando Sasuke comenzó a exclamar, alborozado de recibir tal regalo, Sakura le dio un puñetazo en las costillas. Sasuke la atrajo hacia sí y borró su rubor con un beso largo y apasionado, poco apropiado para el Great Hall.

—« ¿Que cómo te amo? Deja que cuente»—leyó Sasuke del libro con los ojos brillantes, puestos sobre Sakura, que no dejaba de desenvolver regalos—Sí...podría amarte así.

Sanosuke bajó en pijama. Echó un vistazo al coche de juguete y ya no tuvo ganas de abrir nada más. Condujo por el vestíbulo tocando el claxon y entró en la habitación de su abuelo.

—¡Abuelo...abuelo!

—¡La felicidad de los niños en Navidad...!—comentó Sasuke riendo—Apuesto a que Ryu se está tapando los oídos con la almohada.

Diez minutos más tarde, Sakura seguía abriendo regalos. Joyas, una enorme caja de cosméticos, otro abrigo, una pila de libros, un montón de cosas bonitas, insignificantes. Sasuke lo había comprado todo para ella.

— ¡Oh, Sasuke...y yo solo te he comprado un libro!—gimió Sakura.

—En realidad estas navidades no me ha ido nada mal, amor mío—contestó Sasuke satisfecho, atrayéndola a sus brazos—Te he conseguido a ti...y a Sanosuke.

Sakura alzó los labios para encontrarse con los de él.

—¡Como volváis a hacer eso a estas horas del día me voy a la cama!—los amenazó Ryu vestido con una bata roja de lana. Se sentó en una silla junto a la chimenea. Kenji, con su inmaculado uniforme, se colocó detrás—¡Oh, vamos, Kenji! ¡Siéntate, por el amor de Dios! Somos viejos, no vas a quedarte ahí de pie con tu rodilla artrítica. Bien, ¿dónde están mis periódicos?

Fin