Teen Titans NO me pertenece ni sus personajes, a no ser si son OC's inventados, éstos inventos sí me pertenecen.

¡Buenas noches, mis queridos lectores!

Jejeje... sí que ha pasado un buen trecho desde la última actualización, ¿no es así?

Siento tanto la tardanza... las pocas musas y la facultad invadieron mi vida de la manera más cruel y vil que se puedan imaginar. Pero la buena noticia es que ya pasé a segundo año de la Facultad de Medicina, y de alguna forma se podría decir que soy libre.

Ando con muy pocas ganas de alargar mucho este espacio, así que pasaré directamente a los agradecimientos a todos los que comentaron en el capítulo anterior:

roxy7u7 (¡bienvenida!); Eddy (¡bienvenido! Gracias por tus palabras); Guest1 (¡gracias por tus palabras!); Guest2 (tranquilo/a, aquí está la actualización, ¡qué lo disfrutes!); susy raven (¡bienvenida!); PinknOz95; andrew579 (¡bienvenido!); Fer (¡bienvenido! Disfruta de la actualización); Lhya (¡bienvenida! Gracias por tu comentario); KonanAngel 13 (¡bienvenido/a!); Tsukiiiii (¡bienvenida!); Arliin23 (¡bienvenida!); Jesii (¡bienvenida! Aquí está la actualización).

¡Mil gracias a todos estos reviews!

No quito más tiempo, ¡disfruten de la lectura!

Capítulo XII: Lágrimas (Editado)

P.O.V Robin:

Me quedé inquietamente estático, sin mover ni una sola fibra de mi cuerpo ni para respirar, con el aire atorado en mis pulmones y una exclamación de sorpresa atascada en mi garganta, a mitad de camino de salida. Mis ojos se abrieron al máximo ante lo repentino de la situación, y mis mejillas comenzaron a arder de vergüenza...

¿Qué estaba pasando? ¿En qué me estaba transformando?

La bofetada que Raven me dio, me hizo reaccionar ante mis actos y también me hizo girar el rostro hacia un lado, sacudiendo todos mis sentidos y despeinándome. El escozor que sentí después del golpe de la hechicera fue acentuándose con más fuerza, quemando el área de impacto.

Mi mente, la cual anteriormente había estado abarrotada de voces susurrantes e imágenes comprometedoras entre mi compañera de equipo y yo, se silenció por completo. Casi por primera vez con miedo, dirigí mis ojos hacia ella, percibiendo un enorme peso alojándose sobre mi pecho en cuanto encontré sus orbes violáceas.

Allí estaba entonces, con su gesto nada indiferente: una expresión de decepción y frialdad surcaba sus hermosas facciones..

«Hermosas... hermosas... hermosas...»

Cerré mis párpados, reprimiendo un gruñido de frustración... ¡Qué demonios ocurría conmigo!

―Yo... ―susurré, volviendo a poner mis iris sobre su cara. El arrepentimiento me estaba sofocando tanto que ni siquiera podía escoger la manera más apropiada para iniciar una disculpa ―, Raven yo...

―No quiero que me hables. Apártate.

Sus palabras, afiladas como navajas mortíferas, me dolieron tanto como un golpe en la boca del estómago. Me lo merecía, lo sabía... porque traicioné su confianza. Le había dicho que nunca jamás volvería a pasar nada similar a lo que ocurrió una semana atrás, que lo olvidaríamos y que seguiríamos con nuestra misma relación de siempre.

Y sin embargo rompí mi palabra, como el idiota que soy.

Cuando Raven me esquivó para largarse del gimnasio, su aroma a lavanda penetró mis fosas nasales otra vez, trayendo consigo los recuerdos de un instante fatídico y desenfrenado entre los dos. Y me agarré el cabello en dos puños, cayendo de rodillas, a medida que la sangre en mis venas aumentaba en temperatura literalmente.

Mi cuerpo empezó a arder, tan así que rápidamente las gotas de sudor aparecieron sobre mi piel.

Raven riendo. Raven entrenando. Raven meditando. Raven leyendo. Raven jugando en el parque de diversiones. Raven sin su máscara. Raven gimiendo. Raven, Raven, Raven...

―Aggg... ¡Ya basta! ―Luego del grito, me levanté y le di un puñetazo a la pared, totalmente fuera de mi. Con la respiración agitada de la furia y el aturdimiento en mi cabeza, contemplé débilmente mi cuerpo en el espejo.

Fue ahí cuando casi me caigo de espaldas.

―¡¿Qué rayos...

Mi reflejo me regresaba una imagen perturbadora de mí. Mi cara estaba enteramente llena de cortes, con toda su piel arrugada por la incontable cantidad excesiva de cicatrices que traía; no tenía el antifaz puesto, por lo que pude ver mis ojos sin obstáculo alguno... unos ojos totalmente rojos, con venas e iris negras. A mis espaldas, un Robin totalmente vestido de negro y rojo sonreía con un gesto macabro, manteniendo en sus manos de uñas largas como garras una manzana roja perfecta cerca de sus desgarrados labios, que enseñaban unos dientes manchados de espesa sangre.

«Hola, querido amo...»

―¿Robin?

Había estado a punto de hacer estallar mis pulmones de un grito descomunal. Pero Starfire me sacudió por el hombro, llamándome con su melodiosa voz. Sentí que mi cuerpo temblaba del shock pasado, y con esfuerzo me obligué a abrir mis ojos. Mi reflejo estaba igual que siempre, con la única excepción del cuerpo de Star cerca del mio con un claro gesto de preocupación.

―Starfire... ―murmuré sin fuerzas, soltándome el cabello. Me giré, dándole ahora la espalda a la pared abollada por mi puñetazo, y puse mi atención en ella.

―¿Qué te sucede, amigo? ¿Por qué estás tan alterado? ―me preguntó, sin quitar su mano de mi hombro. Estuve a punto de volver a preguntarle qué me había dicho, pues me había costado tiempo procesar el significado de las palabras de su oración en mi mente. Sacudí la cabeza con debilidad, pasándome la mano por el rostro.

―No es nada... solo estoy muy cansado. ―mentí. Hice un esfuerzo por sonreírle, logrando formar una escueta mueca con los labios. Su ceño se frunció más.

―¿Estás seguro? ―insistió, inclinando su cabeza. Por un momento quise fundirme en sus cálidos ojos esmeralda, ansiando volver a sentir todo lo que alguna vez había experimentado gracias a ella. Pero nada de eso pasó... ya no era igual que antes, ya no quería volver a pegarla a mí para sentir su cuerpo. Suspiré con enfado.

―Sí, lo estoy. ―una sensación de desapego se instauró en mí, queriendo alejarme de ella ―.Creo que mejor me voy a mi habitación. Si tienen noticias de algo pueden subir e informarme, estaré allí.

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P.O.V Chico Bestia:

Lancé un trozo de galleta por los aires para después atraparlo con mi boca abierta y empezar a saborearlo. Me dispuse a romper otro pedazo, con la idea de continuar con mi proeza mientras mis ojos no se despegaban del televisor, cuando la sombra de uno de mis compañeros hizo aparición en la sala, distrayéndome y frenando mis acciones.

La cara de Starfire traía un gesto realmente raro para ser ella... por lo general siempre se mantenía sonriente. Obviamente no era el caso.

―Star, ¿ocurre algo?

Mi pregunta la tomó por sorpresa, recién cayendo en cuenta de que yo me encontraba ahí. Sus ojos me mostraron asombro y confusión antes de que instalara una tonta sonrisa en sus labios, como si quisiera fingir que todo iba bien.

―Oh, hola amigo Bestia. ―Muy bien, era un hecho: algo andaba mal. Arqueé una ceja, dejando a un lado mis aperitivos ―.No es nada, sólo estoy... aburrida...

―¿Acaso me estás mintiendo? ―la pregunta salió más inquisitiva de lo que yo hubiera querido, haciéndole saber que estaba desconcertándome cada vez más. Su falsa sonrisa se quebró, entristeciendo sus iris.

―Lo siento, no quise...

―No, está bien. ―dije, poniéndome de pie y parándome frente a ella, quien ahora había bajado la mirada hasta el suelo alfombrado ―¿Quieres contarme lo que pasa? Si no quieres no hay problema.

Suspiró, curvando un poco sus labios en agradecimiento y ahora mirándome.

―Gracias Chico Bestia. ―empezó a juguetear con sus dedos ―.En realidad no es algo muy importante, pero estoy preocupada hace ya algún tiempo.

―¿Ah sí? ¿Y por qué? ―la incité a continuar, frunciendo el ceño. Hubo una pausa.

―Robin está actuando extraño.

Bueno, eso no era algo que me sorprendiera a mí. Robin por lo general tenía conductas muy inesperadas de vez en cuando, y ahora que tenía en la mira la aparición de una nueva y peligrosa villana cerniéndose sobre nosotros, las cosas no podían ser más idóneas para que manifestara uno de esos comportamientos propios de él.

Sin embargo... habían excepciones. Excepciones muy particulares que sobrevolaban lejos de lo «habitual». El rostro de Raven pasó por mi mente, trayéndome recuerdos del día en el que escuché detrás de la puerta de la cocina la conversación que había mantenido con nuestro líder, y lo rara que había sido.

Arrugué el entrecejo aún más.

―Star, ya sabes cómo es Rob...

―No, esto no es como siempre. ―por primera vez Starfire me cortó, apretando los labios extrañamente ―.Él estaba... ―el silencio próximo me hizo entender que ella luchaba consigo misma en tomar una decisión. Me sentí fuera de lugar, y aún más cuando cerró los ojos y evitó observarme, sacudiendo la cabeza ―, no sale de su habitación, y a penas lo vemos en los entrenamientos o en las comidas.

Starfire me había ocultado algo. Tenía muchas ganas de saber el verdadero motivo por el cual optó en esconderme cosas... sin embargo no era el momento adecuado.

Estaba a punto de continuar con el diálogo pero mis ojos captaron un movimiento fuera de los ventanales de la torre; una sombra negra y ondeante que se trasladaba usando la levitación.

«Hablar de lo raro que está Robin, y que Raven esté merodeando solitariamente afuera... ¿coincidencia? No lo creo»

Aunque Raven siempre andaba sola... bah, no era el punto. Mi instinto me hizo saber que era el instante para enfrentarla.

―Debo ser sincero, Star... no soy la persona más indicada para hablar sobre Robin. ―confesé, rascándome la nuca con pesar ―.Pero puedo decirte que Cyborg es quien podría responder a tus dudas. Él es quien se familiariza más con Robin y es muy probable que te explique lo que sucede.

La expresión de su rostro no se inmutó, dándome a entender que ella no se había tranquilizado ni un ápice. Me sentí estúpido e inútil.

―Claro... ―murmuró desviando sus ojos de mí, para nada convencida. Se mordió el labio, apreciando la cerámica con más interés del normal ―, sí, debería hablar con él. ―dictaminó, girándose hacia la puerta que la conduciría hacia los pasillos nuevamente.

No pude detenerla, en realidad me sentí incapaz de frenarla para calmarla con el mismo verso que siempre le recitaba cuando Robin pasaba por momentos difíciles. No podía comportarme de forma hipócrita en ese momento.

En cambio, lo que hice fue encaminarme hacia la salida de la torre, con una clara meta en mi cabeza: hallar a Raven.

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―¿R-Raven?

Ella abrió sus ojos al oír su nombre y buscó con su mirada mi paradero, lo cual no fue una tarea nada ardua, pues yo estaba de pie a su lado, con el rostro contraído en un gesto de extrañeza y, más que nada, de sorpresa.

La había encontrado a orillas del agua, donde la brisa fresca y dulce que se movía entre las plantas y los árboles, barría la arena del lugar. Ella estaba meditando como de costumbre, levitando frente al mar en su posición de flor de loto, recitando su mantra con su monótona voz... pero desde sus párpados cerrados, nacía un camino salino de lágrimas que se extendía atravesando la longitud de sus pálidas mejillas, dándoles un brillo estremecedor ante la luz del atardecer.

―Bestia. ―dijo, en modo de saludo. No mostró iniciativa en dejar su postura de meditación ―¿Qué haces por aq...

―¿Por qué estás llorando? ―la detuve, no tenía ganas de entrar en su juego por evitar lo obvio. Raven frunció el ceño, confundida.

―¿Llorando? ―repitió como una interrogante, llevando su mano hasta su rostro. En cuanto sus dedos rozaron la humedad de sus lágrimas, su gesto se transfiguró drásticamente ―.Oh...

Se apresuró en arrastrar con ambas manos cualquier registro de llanto, cubriendo inconscientemente la superficie de su tez con un tono carmesí a la altura de sus pómulos. Ella se sentía avergonzada. Incluso dejó de levitar y terminó de pie sobre la arena, realizando gestos incómodos y para nada naturales con sus manos al secarse en su capa.

―¿Te encuentras bi...

―Sí, por supuesto que sí. Es decir, no me hallo mal si a eso te refieres. ―se adelantó en decirme, escondiendo su rostro detrás de su antifaz una vez terminó su trabajo. Una pausa artificial se quedó junto con el sonido de las olas rompiendo en la orilla, generando una creciente tensión en el ambiente.

―Estoy comenzando a creer que todos me están mintiendo en la torre.

Esa oración no hizo más que despertar mi curiosidad hasta un nivel insospechado, y no sólo por la sorpresa que pareció manifestarse en el lenguaje corporal de Raven, sino por lo que ella dijo a continuación.

―¿Robin te ha mentido?

Oh sí... acababa de confirmar que algo entre ella y Robin estaba ocurriendo. Y por lo visto, no era algo positivo.

―¿Robin debería haberme mentido? ―inquirí, arqueando una ceja. Fue ahí cuando la acostumbrada máscara de Raven salió de nuevo a la superficie, haciendo acto de presencia. Chasqueé la lengua mentalmente.

―Él es parte de los que viven en esta torre también. ―comentó con claras intenciones de escabullirse del tema ―.No es el punto. ¿Por qué dices que te miento?

―Porque cuando alguien llora, tienes dos opciones: o es de pena, o es de alegría. ―frené dos segundos, cruzándome de brazos ―.Y a juzgar por el escenario, creo que no estás para nada feliz, Raven.

La vi parpadear un par de veces, inmaculada. Después sólo llevó su vista a un lado, apretando sus labios en una fina línea de amargura.

―Debo estar pasando por lo mismo de la otra vez... ―murmuró, en un tono tan bajo que casi que no pude comprender del todo ―, ¿recuerdas? Cuando mis emociones sólo salían a la luz.

Mis ojos se abrieron de par en par, sintiéndome alucinado.

―¿Tu padre... él de nuevo... él ha...

―No, por suerte no. ―me negó, llenando mi interior de calma y alivio. Aunque no explicaba el hecho de que ella entonces estuviese sufriendo otra vez un descontrol en su paz interior. O lo que sea. Arrugué mi entrecejo, apretando los puños en un gesto de valor... tratar con Raven no era fácil. Un ardor se apoderó de mis mejillas, queriendo hacerme retroceder en cuanto a mis próximas palabras.

―Yo... bueno, sabes perfectamente que tienes mi apoyo si necesitas lo que sea. ―mis orejas comenzaron a quemar ―.No olvides que he estado en tu mente, sin querer, pero así fue. Y que puedo ayudarte en lo que desees... siempre que quieras, claro.

En contra de todo lo que yo esperé, la mano de Raven se posó sobre mi hombro izquierdo, exaltándome y llamando sumamente mi atención. Cuando mis orbes llegaron a su rostro, no pude hacer más que admirar sus facciones: una diminuta y cálida sonrisa se alzaba desde la comisura de sus labios, gesto que yo en contadas ocasiones pude ver; un brillo especial atiborró el contorno de su mirada, cautivándome, pues era algo nuevo de admirar en su persona.

―Gracias, Chico Bestia. ―dijo antes de retirar su mano de mí.

Ver su alegría, su agradecimiento y sus ganas renovadas, me incentivó a sonreír con todas mis fuerzas. Nunca había sido muy bueno en provocar felicidad en Raven, y lo que había hecho hoy fue un paso agigantado. Yo lo sabía.

―Hey, ¿quieres venir a ver televisión un rato adentro? ―sugerí, contemplando a lo lejos la estructura de nuestro hogar. De reojo pude verla asentir ―¡Genial! ―estaba a punto de dirigir mis pasos hacia allá, pero algo me detuvo ―.Raven... ¿puedo hacerte una última pregunta?

―Ya que. ―siseó con simplicidad. Me tomé mi tiempo en pensar la manera más apropiada que se me ocurriera para recitar mi duda.

―¿Está todo bien con el equipo? ―Me apresuré en aclararme ―.Es decir, ¿acaso ocurrió algo con alguno de nosotros que te llevara a este estado además de lo que ocurre en tu mente?

Sé que un rayo de sol tapó brevemente su cara, en contraste con su sombra, lo que me llevó a levantar la palma de mi mano hasta encima de mis ojos para poder ver mejor sus expresiones. Una calma inusual se instauraba con soltura en su rostro.

―No.

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P.O.V Robin:

―Mil ciento doce... mil ciento trece... mil ciento catorce...

La bola de goma roja iba y venia, rebotando contra la pared de mi habitación. Habían pasado tres días desde lo sucedido en el gimnasio, y lo único que buscaba con ese ejercicio era distraer mis pensamientos. No quería volver a caer en el... extraño torbellino en el que me vi metido días atrás, ¿y qué mejor terapia que esa?

―Mil ciento veintiuno, mil ciento veintidós... ―murmuré con frenesí, casi que trabándome con mis propias palabras. Un sudor nada sano perlaba mi frente arrugada de la concentración... tanto pensar en Raven iba a terminar de consumir mi limitada coherencia.

Rayos, era un completo imbécil. Imbécil, imbécil, imbécil. Es que hasta cuando íbamos todos a combatir el mal las últimas veces, yo no podía quitar mis ojos de ella. No porque no quisiera, ¡estaba en un maldito campo de batalla pero aún así no lograba dejar de admirarla! Raven era tan... tan hermosa...

―Mil ciento treinta y cinco... ―mascullé, apretando los dientes. Estaba sufriendo una lucha conmigo mismo tan grande que ni siquiera podía creer que no hubiera salido corriendo de aquí para arribar la ridícula puerta de su habitación y arrebatarle otro beso.

Era una maldita necesidad... las ganas estaban desgastando mi poca fuerza de voluntad, esa fuerza que no quería destruir lo poco que quedaba de nuestra antigua amistad. La extrañaba... la extrañaba más de lo que la deseaba.

Porque sí... la deseaba muchísimo. Deseaba su perfume, su aroma cerca de mí; esa piel suave, sus labios fríos pero sugerentes. Sus manos sobre mi cuello, sobre mis hombros, el sonido de su respiración agitada contra mi oreja... deseaba tanto esas piernas que me estaban enloqueciendo.

―Mil ciento... c-cuarenta y cuatro...

No... yo no era así. Me daba asco pensar así. Ella era Raven, mi compañera, mi amiga... no era una cualquiera. No era una mujer que mereciera eso.

Recordé cuando me sonreía en mis peores momentos, o cuando ella necesitaba de una de mis sonrisas para restablecerse de los suyos. Su desayuno en la mañana: té caliente y tostadas con mermelada de ciruela; su nariz arrugada al olisquear mi aroma a café recién preparado, y mi sonrisa de gracia al contemplar ese gesto tan infantil.

Habían tantas memorias buenas que podría repetir en mi cabeza de Raven durante todo el día... tantas indicaciones de que me gritaban que su personalidad era una de las cosas más preciosas que podría haber encontrado en el transcurso de mi corta vida.

Pero claro, ahí iba yo y arruinaba todo lo que había construido con respecto a nuestra relación actuando de una forma impropia de mí, poco profesional y nada agradable.

Dejé, sin darme cuenta, de lanzar la pelota contra la pared, pensando en que quizás por fin estaba pudiendo controlar ese tumulto de eufóricas reacciones que atentaban contra la buena integridad de Raven. Después de todo, no la había visto en días... sí o sí debería haber ayudado, ¿no?

Me pregunté si ella aún continuaría enfadada por lo que me atreví a hacer tiempo atrás.

«Claro que sí, hablamos de Raven. Necesitarás más que unas banales disculpas para poder remediar todo lo que rompiste»

Por supuesto que sí. Suspiré, considerándome seriamente el tipo más idiota de todo Jump City. Tres días de sólo salir a hurtadillas en la noche para alimentarme, con cuidado de no cruzarme con nadie... tres días de exclusivamente pensar en Raven como si fuera lo único que debería importarme, incluso más que la seguridad de la ciudad.

Oh, Dios... estaba enfermando, no podía haber otra explicación coherente para interpretar algo así.

Llevé mis manos hacia mi estómago, el cual rugía como un león hambriento, y conduje mis ojos enmascarados hacia los números luminiscentes de mi mesa de luz: las dos y siete minutos de la madrugada. Ya iba siendo hora de levantarme para ir a buscar algo que comer. Mientras tomaba impulso para sentarme sobre mi desordenada cama, recordé las varias veces que Starfire había venido hasta mi puerta, preguntando por mi estado de salud y pretendiendo que yo saliera a compartir un poco de tiempo libre en equipo, ya sea comiendo o mirando películas. Un simple "no" por respuesta, era más que suficiente para que ella se marchara en silencio.

Un atisbo de arrepentimiento se incrustó en lo más profundo de mi pecho, haciéndome sentir miserable... ¿qué es lo que estaba mal conmigo?

No me molesté en ponerme una camiseta para salir, así que moví mis pies descalzos arrastrando mis largos pantalones deportivos sobre el piso alfombrado, en dirección a la puerta.

Nada me preparó para cuando vi -una vez que abrí la hoja de madera- a Raven agachada al otro lado de mi umbral, en el pasillo, depositando un objeto sobre el suelo sin la menor idea de que yo iba a aparecer justo en ese instante.

Nada nos preparó a ninguno de los dos para encontrarnos realmente.

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¡Hasta aquí, mis lectores!

Gracias infinitas, de nuevo, por todos los reviews; me han dado mucho incentivo al momento de sentarme a escribir la actualización. Espero que pasen unas lindas fiestas y, si mis cálculos no fallan, nos estaremos viendo el año que viene :)

¡Felices fiestas!

Mayqui, ¡cambio y fuera!