¡Hola, hola! Bueno, ante todo, este es mi primer yaoi (que no sea fraternal), así que espero que quede bien (se siente primeriza) x33.

Los personajes de One Piece no me pertenecen, sino a Eiichiro Oda (sino Zoro y Sanji ya serían pareja xDD).


En un mundo en el que las personas son medio animales, habitaban todo tipo de ellos. Desde personas con alas, hasta personas con garras. En ese mundo, todos se separaban por especies, no por egoísmo, sino por miedo a creer que otra especie les podría conquistar y masacrar.

Entre todas esas especies había dos muy importantes y muy distintas: la de los tigres y la de los zorros. En la de los tigres se creía en el fuerza, pero también en el honor, la lealtad y la justicia. Mientras que en el de los zorros, se creía en la comodidad, pero también en el amor, la familia y la protección. Sin embargo, ambas especies estaban en guerra, queriendo conquistar la una a la otra, por las diferencias que las separaba.

Se odiaban ambas especies. O no todos se odiaban...

...

En el pequeño territorio de los zorros, caminaba un zorrito rubio vestido con un yukata blanco, muy poco común en aquella época, porque gracias a la guerra, el hambre y la pobreza conquistaban los pequeños pueblos afectando a los habitantes, y por ello el crimen era normal. El zorro rubio caminaba deprisa entre todas las ruinas, de la que una vez, fue su pequeño pueblo. Hasta que al fin llegó a su destino.

-Hola, ya estoy aquí... ¿Luffy? ¿Ace? ¿Estáis aquí?- Preguntó el zorro rubio al entrar a la pequeña casa, descubriendo en sus brazos una bolsita en la que había metido comida.

-¡Sanji! ¡Ya has llegado!- Saltó el zorro moreno, con un extraño sombrerito de paja y se abalanzó a Sanji abrazándolo.

-Sí, sí, tranquilo Luffy- le tranquilizaba el zorro rubio al moreno. -Mira, he conseguido algunas plantas para comer, espero que nos dure- le enseñaba feliz el rubio al pequeño por su esfuerzo al conseguirlas.

-Joo, yo quería carnee- lloriqueaba el pequeño, al ver que otra vez comerían plantas. El rubio lo miró con tristeza, a él también le gustaba la carne, pero no podían permitírsela.

-Lo siento Luffy, pero es lo que hay. Te prometo que, en cuanto termine la guerra, te invitaré a una barbacoa- le sonreía el rubio al pequeño, viendo como empezaba a saltar de alegría. -Por cierto, ¿dónde está Ace?- Le preguntó al pequeño, dándose cuenta de la ausencia del mayor, mientras entraba a la casa y se adentraba en su pequeña cocina

-Aún no ha vuelto, se fue después de ti para buscar también comida y agua- le dijo siguiéndole a la cocina.

-Am- comentó preocupado por el mayor, mientras sacaba las pequeñas plantas y se dispuso a cocinarlas un poco para que estuvieran mejor.

Después de un rato, Ace llegó sonriendo, viendo que se disponían a comer.

-¡Chicos! Mirar, mirar...- les comentó ilusionado, mientras les sacaba un pequeño botijo de barro y lo vertía en un vaso. -Está blanca, no hay rato de suciedad- dijo feliz. Tanto Sanji como Luffy sonrieron al ver lo hermoso del agua.

-Hacía mucho tiempo que no veía el agua así- sonrió Sanji mirando el agua y a Ace, que vertía el agua a otros dos vasos. -¿Seguro que podemos beber?- Preguntó temeroso el zorro rubio.

-Pues claro. Aunque me haya costado mucho conseguirla, ha merecido la pena- sonrió el zorro mayor moreno, dándole un gran sorbo a su agua. -Ahh, está riquísima- suspiró satisfecho al terminar y animando a los otros dos a beber también.

Los otros dos le siguieron, dándose cuenta de que el mayor tenía razón: estaba fresca y sabía como a esperanza. Cenaron las hierbas que había traído Sanji y guardaron bajo llave el botijo con el agua para luego cenar.

-¿Y dónde la has conseguido? No es muy común esa agua- le peguntó Sanji a Ace, sentándose a su lado, mientras veía a Luffy jugar con una pelota que él mismo le regalo.

-Bueno...- cayó el moreno desviando la mirada, bajo la atenta mirada de Sanji, sabía que eso no le iba a gustar.

-No me digas que fuiste al territorio de los tigres- le acosó furioso Sanji al mayor, sabiendo la respuesta de éste, que bajó la mirada vencido. -Sabes que no podemos adentrarnos allí, podrían acusarte de traición o peor, que un tigre te hubiera visto- le riñó el rubio, viendo que Ace bajaba la mirada triste.

-Tranquilo, no había nadie y estaba desierto. Además solo cogí agua, no cogí nada más- le aseguró Ace a Sanji, tranquilizándolo un poco. -Esos tigres viven mejor que nosotros, había un montón de casas grandísimas, la hierba era verde y los árboles tenían frutos- le contó a Sanji con ilusión de lo que había visto.

-¿Tenían frutos? Me pregunto cómo sabrán esas frutas- comentó Sanji bajando sus orejitas de zorro al imaginárselo.

-¿Y si vas a coger algunos?- Le dijo Ace al ver con que ilusión lo había dicho.

-¿¡Q-Qué dices!? Por supuesto que no, y si me ven, me matarían- le dijo sonrojado Sanji a Ace por aquel disparate. Ace sonrió ante los nervios de Sanji.

-Bueno, si te interesa, en la verja del sur no hay nadie vigilándola, ni de este lado ni del otro- le dijo Ace, para luego caer al suelo y dormir.

Sanji suspiró aliviado de que ya no dijera nada más sobre eso. Sabía que si algún tigre le pillaba no saldría vivo de ese territorio. Pero también estaba la necesidad de comer, que cada vez ya no servía para nada las hiervas que cogía. Empezaba a tener más hambre de otro tipo de alimentos. Pensó en la verja. Esa verja la habían puesto hace mucho tiempo para separar ambos territorios, aunque ya muchas partes de ésta estaba que se caía por las múltiples batallas que tenían ambos.

Un buen día, Sanji volvió a salir a por comida. Caminaba tranquilo pero alerta a lo que fue un pequeño riachuelo en el que jugaba cuando era pequeño. Allí había muchas hierbas comestibles. Pero por desgracia lo vio:

Justamente en el riachuelo vio que varios tigres y varios zorros se peleaban. Siempre pasaba eso, algunos tigres que tienen ganas de pelear saltan la verja y pegan a cualquier zorro que vean. Salió disparado de aquel sitio antes de que lo vieran. Pero no podía volver con las manos vacías a casa. Ellos dependían de lo que trajera él para sobrevivir, tenía que llevarles algo. De repente se acordó de lo que habló con Ace:

-Bueno, si te interesa, en la verja del sur no hay nadie vigilándola, ni de este lado ni del otro- le dijo Ace.

Pero tenía miedo. Y si alguien le veía, ya fuera un soldado zorro como tigre iba a estar en peligro. Trago saliva y oyó como su estomago pedía comida. Suspiró. No había otra: tendría que cruzar la verja.

Llegó a la verja del sur, como dijo Ace y vio las paredes desgastadas llenas de oxido. Volvió a suspirar y subió al muro para saltarlo.

Al caer, creyó que estaba en el paraíso. Las casas derrumbadas y el olor a mugre y sangre habían desaparecido dejando ante él la mejor vista que haya visto: un hermosos jardín, con hierba verde, montones de árboles con frutos, un riachuelo con agua cristalina y a lo lejos una gran casa-templo, donde seguramente viviría el dueño de toda era hermosa vista. Volvió a tragar saliva y se dirigió hacia el primer árbol que vio fruta, y empezó a cogerla guardándola en su yukata con cuidado de que no lo vieran.

Cuando terminó de coger fruta, de la que pensó que podrían sobrevivir durante dos semanas por lo menos. Volvió al suelo, pero su plan no salió del todo bien. Empezó a oír gruñidos de tigres, furioso, como pensó él y salió corriendo al muro de nuevo. Sin embargo, el dueño parecía que era desconfiado, ya que cayó en una trampa de osos, atrapándole el pie e hiriéndole. Intentó escapar, soltándose de esta trampa que hacía que le doliera más el pie, pero era imposible. Oyó un ruido en los arbustos y de ahí salieron dos tigres, ambos con una sonrisa macabra en sus rostros, mientras Sanji lloraba ante su descubrimiento: uno era grande y pelirrojo, tenía cara de malas pulgas, mientras que el otro era más pequeño, moreno de tez y del pelo y con ojeras.

-Vaya, vaya. Mira lo que nos hemos encontrado. Y yo que creía que hoy descansaría de despedazar zorritos- comentó burlón el pelirrojo, cogiéndole de las orejas y del pelo a Sanji.

-Venga, cálmate Kidd. Ya sabes que hoy no estamos de servicio. Llevémosle ante él y que haga lo que quiera con el zorro. Al fin y al cabo, es su propiedad- le dijo el moreno al pelirrojo, que lo soltó para encararse al moreno.

-No entiendo por qué debemos llevárselo. Nos lo encontramos nosotros Law- le gritó furioso, el llamado Kidd.

-Ya te lo he dicho. Esta es su propiedad. Si se entera que le hemos cogido algo suyo se enfadara y será inaguantable- le volvió a repetir el otro llamado Law.

-Está bien. Además este zorrito no tiene pinta de buscar pelea- le dijo, cansado de la discusión Kdd, mientras cogía a Sanji y lo llevaba al hombre como si fuera un equipaje, incluido el cepo del pie y se acercaban a la gran casa del jardín.

Al llegar a la puerta la abrieron y pasaron. La sala era muy grande, pero no había muchos muebles. Al final llegaron a una habitación pequeña comparada con las otras.

-Oi, Zoro, mira lo que nos hemos encontrado en tu jardín- le dijo Kidd, mientras tiraba brutalmente a Sanji al suelo, haciéndose daño y gimiendo aún con el cepo puesto.

Sanji levantó la mirada al ver que ya estaba en el suelo y, por desgracia, delante del dueño de aquella casa: era un tigre de piel tostada por el sol, alto, pero lo que más le llamó la atención fue su pelo, verde, que no era muy común. Sin embargo, esperándose encontrarse con un enfadado tigre, ese tal Zoro parecía indiferente ante él, con la mirada tranquila, y tumbado en el suelo, llevando un yukata verde. Sin embargo, tembló al pensar que ese tigre sería capaz de matarlo ahí mismo.

El tigre peliverde, aún con una mirada indiferente, se acercó a los otros dos, susurrándoles algo que no oyó y ambos se fueron. Dejándolos solos a ambos.


Bueno, ¿qué os ha parecido? ^^, en serio si no gusta, no me lo tengáis en cuenta, es mi primer fic yaoi y más de esta pareja x33.

So~ espero rebiews para seguirla: 3