El Valhalla, uno de los lugares más hermosos del universo. Allí reside la familia real, los Aesir, la familia más noble y antigua de todo Asgard. Odín, su señor, ocupa el trono con brazo firme y justa, junto a su esposa Frigga, de enorme belleza, y sus hijos Thor y Loki. Todos ellos eran amados por el pueblo, y las familias más nobles de Asgard les rendían sus respetos y fidelidad, y nunca a ninguno de ellos se le pasaba por la cabeza el enfrentarse a ellos, o derrocarlos del poder. Asgard había llegado a una época de esplendor, de desarrollo y bienestar. No había conflictos ni externos ni internos, todos sus habitantes vivían de una forma tranquila y sosegada, despreocupados y desinteresados por la guerra.

Pero había una muchacha, perteneciente a la segunda familia más poderosa de Asgard, que no compartía toda esa felicidad. Esa joven doncella era Sigyn, de la estirpe de los Asynjur, la rama femenina de los Aesir, el linaje más antiguo y poderoso de Asgard. Se encontraba en su habitación, mirando al espejo, bastante alicaída. Sus cabellos, dorados como los rayos del sol, caían sobre sus hombros. Sus ojos, de una tonalidad azulada, estaban fijos en su reflejo, con una mirada perdida, como si su mente estuviera a miles de kilómetros de allí. No tenía ganas para nada, y menos para salir aquel día. Iba a celebrarse una de las fiestas de sociedad más importantes de Asgard, en Valhalla, y todas las princesas debían de acudir por su condición. Y ella no podía faltar. Era uno de los inconvenientes de pertenecer a la nobleza.

Tanto sus hermanas como su madre y el resto de su familia la instaban a ir allí. Y su hermana Nanna la intentaba convencer diciéndola que su querido Theoric también estaría allí. Y por desgracia, había dado en el blanco. Era algo conocido por todos de que tenía una gran amistad con aquel soldado perteneciente a los Halcones Escarlata, y toda su familia estaba convencida que esa amistad acabaría en matrimonio. Ella se mostraba bastante esquiva con respecto a ese tema, pero era un tema que se presentaría en breve. Sus padres estaban deseosos de que se casara, pues ya estaba en la época ideal para ello, y lo que querían era que viviera feliz como el resto de sus hermanas, en especial como su hermana Nanna, su hermana más querida. Siempre la había tomado como modelo.

Así que Sigyn no tuvo más remedio que acudir a aquella fiesta. Por una parte, volvería a ver de nuevo a sus amigos y conocidos, ya que había estado ausente durante una buena temporada debido a unos estudios de magia que era obligatorio que los hiciera alejada del entrañable hogar. Pero ya estaba de nuevo allí, y su visita no había sido más deseada. Todos estaban impacientes por ver cuánto tiempo aguantaba la joven diosa sin estar casada. Era el secreto a voces de que Theoric planeaba pedir su mano formalmente dentro de poco. Desechó esas ideas de su cabeza, porque si iba allí era para pasárselo bien, y no estar dándole vueltas a algo que era probable que sucediera. Los rumores en general se basaban en conjeturas, y no solían acertar. Aunque en el caso de Theoric… ella también había estado pensando sobre su amistad con el guerrero, porque lo veía como un buen amigo, alguien en quien confiar pero… ¿podría verlo como algo más? ¿Acaso su corazón esperaba su amor? No es que fuera muy experta en ese tema, aunque fuera hija de la diosa del amor, y tampoco la gustaba hablar de ese tipo de cosas con sus hermanas o madre. Era un asunto muy embarazoso, y no se creía tan guapa como para gustar a algún dios de esa forma. Sus hermanas eran más guapas que ella, su madre, y muchas nobles asgardianas de su misma edad. Theoric la vería como una gran amiga, pero dudaba de que fuera, a sus ojos, algo más.

Se miró por última vez al espejo. Tenía el pelo recogido en un moño alto, decorado por una diadema dorada de la que caía una tela brillante de seda, transparente, como una cascada dorada que conjuntaba con sus rubios cabellos. Un collar sencillo de plata colgaba de su cuello, una joya que tenía una enorme carga sentimental, pues fue un regalo de sus padres, a los que amaba con toda su alma. Un sencillo pero precioso vestido de color blanco cubría su cuerpo, sedoso, vaporoso, que caía elegante hasta los tobillos. Poseía un corsé de tonalidades doradas, decorado con motivos geométricos de todo tipo, que se entrelazaban, se enfrentaban y ocupaban todo el espacio que podían ocupar. Una semitransparente tela que iba de un brazo a otro, tomando como punto de inicio y final las muñecas. La falda del vestido estaba compuesta por diversas capas, siendo las más externas totalmente transparentes, dejando ver las capas interiores, más opacas.

Después del paseo, llegaron a la sala principal del Valhalla, donde se realizaban todas las recepciones y fiestas. Aquel lugar, de un tamaño capaz de reunir a toda la población de Asgard, estaba lleno de todos los miembros de las familias asgardianas. Miles de vestidos ondulantes por las vueltas de los pasos de baile, hombres conversando, risas, voces… en resumen, un buen ambiente. La verdad es que, hasta ese momento, no había ningún problema. A Sigyn le encantaba ese ambiente, porque una se lo podía pasar muy bien. Lo malo era que, nada más entrar con su familia, una gran multitud se giró para verla, mientras seguían conversando o bailando.

Todos a su alrededor bailaban, despreocupados, con una amplia sonrisa en sus rostros. Sigyn les envidiaba. Ella también quería evadirse de sus problemas en aquel lugar, pero no podía disponer de ese lujo. Tenía que buscar a todos sus conocidos, saludarlos como es debido, preguntarles sobre su vida (aunque eso no la importara mucho). Estaba tan pendiente de eso, que no se dio cuenta de que una figura, muy familiar para ella, se acercaba a sus espaldas. La dio unos golpecitos en el hombro, por lo que ella se giró sobresaltada, dispuesta a huir si era necesario. Cuando se dio cuenta de quién había hecho eso, no pudo hacer nada más que una reverencia de respeto.

- Thor, vaya susto que me has dado. No vuelvas a hacer eso.

- Tranquila Sigyn, no tienes que comportarte de esa manera conmigo. No soy peligroso.

- Ya. Hay peligros más importantes… –y comenzó a reír, tapándose la boca con una mano-. No quería venir, pero mi familia se ha unido para arrastrarme aquí. No hay nada como una familia unida.

- Ya decía yo que si venías no era para hacernos una visita. Es broma. Ven conmigo, seguro que mis padres se alegran de verte de nuevo. Has pasado muchos meses fuera, y se ha notado en el Palacio.

- Será un honor saludarlos.

Sorteando a los invitados, Thor y Sigyn se dirigían a una zona más apartada, donde se reunían los señores de Asgard, la familia real. Por causas de seguridad, siempre permanecían en un lugar más apartado, donde podían disfrutar de una velada más calmada. Solo podían acudir los familiares más cercanos, como hermanos o padres, y unos pocos acompañantes. Odín se encontraba sentado en su trono de oro, viendo con su único ojo la fiesta con ojos aprobadores. Su esposa, la hermosa Frigga, estaba a su lado como consorte fiel y devota a su esposo. Cada vez que la veía, Sigyn creía que cada día era más bella. Parecía que poseía un aurea especial, que la hacía mucho más regia de lo que ya era gracias a su cargo y porte. Cuando fue visible para ellos, Frigga se levantó de su lugar al lado de Odín y se acercó para dar la bienvenida a Sigyn, con los brazos abiertos. La abrazó con fuerza, pues a pesar de que no era su hija, la quería como si lo fuera. Además, Sigyn a petición de su madre, había sido asistente personal de Frigga en su etapa de adolescente, y lo seguía siendo, pues a su lado aprendía todo tipo de cosas. Gracias a eso, había conocido a los dos hijos de los monarcas: Thor y Loki.

Tras recibir ese recibimiento tan afectuoso de Frigga, les siguió hasta llegar al trono donde descansaba Odín. Saludando como su madre le había enseñado, se arrodilló dirigiendo la mirada al suelo, y sosteniendo la falda del vestido para que no fuera molesta. Odín, al ver a la dulce Sigyn que también amaba como una hija, se levantó y la hizo levantarse. También la dio un abrazo lleno de cariño.

- Dichosos sea mi ojo, Sigyn, ya eres toda una mujer –decía mientras dejaba de abrazarla-.

- Os agradezco el cumplido, mi señor Odín –respondía un tanto sonrojada Sigyn –es un honor viniendo de vos.

- Tonterías, tonterías. ¿Cuándo has llegado de tu viaje?

- Hace solo un día, señor.

- Si hubieran sido más me hubiera enfadado, porque no has venido a visitarnos para hacernos saber que estabas bien. ¿Vas a retomar tu puesto como dama de compañía de Frigga?

- Para mí sería todo un honor, señor. Disfruto mucho de la compañía de la señora Frigga, y he aprendido muchísimo de ella.

- Estaba deseando que dijeras eso –Frigga se añadió a la conversación –porque ansío tu compañía como antaño. Y así puedes estar también con nuestros hijos, que también te echaban de menos.

- Eso me han comentado, pero tampoco creo que me echaran tanto de menos –dijo Sigyn con una sonrisa graciosa en los labios –solo quieren ser amables conmigo.

- Eso no es cierto. Yo adoro las conversaciones que manteníamos –empezó a decir Thor – y Loki… digamos que también te echa de menos por lo mismo.

- Hablando de Loki, no le he visto en la fiesta, y tampoco está aquí. ¿Acaso está enfermo? –en su voz se podía apreciar la preocupación-.

- Tranquila, lo único que vendrá más tarde. Odia este tipo de fiestas –respondió Thor-.

- Veo que sigue exactamente igual.

- Bueno, creo que es hora de que dejemos a Sigyn que vuelva a la fiesta. Si Freya no la ve en poco, seguro que se preocupa. Como si no la conociera –y sonrió a Sigyn –y tampoco queremos privarte de la diversión.

- Me retiro ya. Gracias por el recibimiento.

Haciendo una nueva reverencia, mucho más profunda que la anterior, Sigyn salió de la sala, dejando a la familia real sola. Todos depositaron sus miradas en la marcha de la joven, que era toda una dama.

- Es clavada a su madre cuando tenía esa edad –comenzó a decir Frigga para romper aquel silencio -.

- Cierto. Es clavada a ella.

Loki, el hermano de Thor que faltaba, acababa de llegar a la celebración. Era conocido por ser una persona oscura, misteriosa, que no le gustaba la conversación ni tampoco las fiestas. Pero si estaba allí era por algo muy concreto: su hermano le había dicho que Sigyn, su amiga de la infancia, había regresado de su viaje. Habían pasado ya muchos meses, y en ese tiempo seguramente ella habría cambiado, es posible que hasta no la reconociera. Eso era imposible; sus ojos verdosos eran muy difíciles de olvidar, además de su pelo dorado y su manera de actuar. Un tanto temperamental y muy independiente, era única en Asgard. Y quizá por esas razones estaba perdidamente enamorado de ella. Eso, y que era una de las muy pocas que veían en él algo bueno.

Miró hacia todos lados, para intentar encontrarla. Tenía unas ganas terribles de verla, y no podía disimular mucho más sus deseos. Después de unos minutos de búsqueda, logró su objetivo: Sigyn se encontraba junto a su hermano, mientras conversaban amistosamente. Es cierto que en un principio había sentido muchos celos por su hermano, porque se llevaba muy bien con ella, pero sabía que su hermano amaba a otra persona. Y Sigyn lo sabía, y al menos aparentemente no se entristecía cada vez que sacaba la conversación, sino que le animaba a decírselo y la daba todo su apoyo. Si estuviera realmente enamorada, no se le pasaría eso por la cabeza.

Con pasos grandes y veloces, se dirigió hacia ellos. Sigyn se encontraba de espaldas, así que la sorpresa sería mayor para ella. Thor vio cómo su hermano se acercaba, y se preocupó de que Sigyn no se girara por nada del mundo.

- Saludos, hermano. Te he visto desde lejos y no he podido evitar preguntarme con qué hermosa doncella estás hablando. Seguro que es nueva, ¿verdad? –nada más decir eso, Sigyn se giró, porque reconocería era voz en cualquier sitio. Era Loki. Lo abrazó con fuerza, y si hubiera tenido la fuerza suficiente, lo habría asfixiado -.

- ¡Loki! ¡Me alegro muchísimo de verte! –la inocencia y candidez de Sigyn cada vez agradaban más a Loki –creía que estabas enfermo, por lo que estaba un poco preocupada. Llevo tanto tiempo fuera que ya se me había olvidado que te desagradan en extremo estos actos sociales. No has cambiado nada.

- Y tú tampoco, al menos psíquicamente. Has crecido bastante, y tu belleza no tiene nada que envidiar a la de tu hermana. Ya eres toda una mujer.

- Claro, y con orgullo –dijo Sigyn, para seguir la broma de Loki. Este sonrió, complacido porque no hubiera cambiado ni un ápice de su personalidad-.

- Yo tengo que marcharme. La dejo en tus manos, hermano –y dio una palmada en el hombro de Loki, a modo de despedida. También se despidió de Sigyn, y se marchó, dejándolos solos. Tenía a muchas personas más que saludar -.

Se quedaron los dos solos. Él agradeciendo a Thor que se hubiera marchado, y ella dando gracias a que, si estaba con Loki, podría evitar visitas indeseadas. Todo marchaba perfectamente. Loki, que no estaba a gusto en aquel lugar cargado y lleno de gente, invitó a Sigyn a dar un agradable paseo por los jardines del Valhalla, donde estarían más tranquilos. Ella aceptó encantada, y ofreció su mano para salir. Loki la tomó un poco temeroso en su interior. Sería un dios malvado para casi todos, pero también tenía su lado sensible y atento. Una faceta que solo sacaba a la luz con Sigyn.

Mientras se alejaban de la fiesta, Nanna observaba a su hermana. La verdad es que en el fondo la guardaba cierta envidia, porque Sigyn era de una belleza increíble, más que ella, considerada como la representante de la belleza y de la naturaleza en Asgard. Con una copa entre sus manos, seguía a su hermana con la mirada. No la gustaba nada que tuviera tantas confianzas con Loki, aunque perteneciera a la familia real. Loki era una persona fría, misteriosa, conocido por sus trucos y mentiras. Nunca comprendería por qué era tan querido por su hermano y padres. Ellos eran tan diferentes… No se fiaba de él, y menos si su hermana estaba en medio. Sabía que Sigyn pasaba muchas horas a su lado, charlando, y esa amistad que se había forjado podía ir a más. Y eso era lo que no la gustaba. Tenía que alejarla de Loki, y la mejor forma para hacerlo era que se casase antes con otra persona. Siempre se decía a sí misma que no lo hacía por envidia, porque su hermana fuera del gusto de uno de los príncipes asgardianos, sino simplemente porque se preocupaba de ella. Loki era conocido por su maldad, sus engaños y su astucia para conseguir lo que quería, sin importarle los medios a emplear. Y su hermana era tan inocente… que estando en los brazos de aquel hombre estaría continuamente manipulada, incluso obligándola a hacer cosas terribles en nombre del amor.

Pero Sigyn nunca tenía problemas cuando estaba con Loki. Siempre que se encontraba a su lado se sentía feliz, llena de energía, como si no hubiera problemas en el mundo. Era un sentimiento extraño, porque no sabía muy bien a qué se debía. Pero no la importaba, porque no era nada molesto, sino todo lo contrario. Cuando ya se encontraban en un lugar más apacible, fuera de todo aquel ruido de la fiesta, se sentaron en un banco de mármol, finamente tallado, y que tenía un panorama magnífico; desde allí se tenía una perspectiva de todo el complejo del Valhalla, con sus enormes edificios de color dorado, resplandecientes a causa del sol. Sigyn, que había pasado unos cuantos años alejada de todo ese esplendor, estaba extasiada. Aunque su hogar tenía sus más y sus menos, lo echaba mucho de menos. Sobre todo la belleza que lo envolvía todo. Pocos lugares dentro de lo extenso que es el universo pueden jactarse de ser tan o más bellas que el Valhalla…

- Es un lugar magnífico… -comentó Sigyn, mientras seguía con la mirada clavada en las vistas que poseían -.

- Sí, pero solo lo es por su belleza –respondió Loki, con un tono de enfado en su voz-.

- ¿Sólo por su belleza? Yo creo que tiene más cosas para ser considerado como un lugar maravilloso –y desvió su mirada, para clavar sus ojos en los de Loki -, ¿ha pasado algo en mi ausencia?

Loki se mantuvo en silencio un rato, sopesando las palabras que iba a decir –no ha pasado nada. Solo que el palacio ha estado más vacío y triste que de costumbre. Desde que te marchaste.

- Vaya, veo que tu hermano y tú me echáis demasiado de menos. No es bueno que dependáis tanto de mí… -y empezó a reírse, de forma dulce y melodiosa –tampoco soy tan imprescindible, en serio –incluso estaba un poco sonrojada-.

- Eres la única con la que puedo hablar tranquilamente, Sigyn, la única.

- Vale, ahora sí que pasa algo, ¿qué ha ocurrido, Loki?

- Nada.

- ¿De verdad? Loki, no me mientas –Sigyn se había acercado a Loki, todavía con sus ojos clavados en los de él, y con cara de preocupación. Iba a averiguar lo que le estaba pasando.

- Han pasado una serie de cosas, que no tienes por qué saber, que me han hecho reflexionar sobre muchas cosas. Nada más.

- ¿Y qué cosas son? Me estás empezando a preocupar de verdad. ¿Es algo relacionado contigo? ¿Con tu hermano? ¿Con tus padres? ¿Es grave? –Sigyn no sabía qué podía ser ni con quién podría estar relacionado. Lo más probable es que tendría que ver con él mismo, y era lo que más miedo la daba. Loki no solía comportarse con ella de esa manera. Le notaba nervioso y… ¿preocupado? -.

- Sigyn… ¿tendrías como amigo a un monstruo?

Esa pregunta es muy inquietante, Loki. -¿Amigo de un monstruo? Depende de la persona. Si es muy importante para mí, no me importaría. Lo más importante de uno es lo que tiene en su interior –y se llevó la mano al pecho –es lo único que importa.

- Ya veo…

- ¿Y por qué me preguntas eso? Deberás reconocerme que no es una pregunta "normal" que digamos.

- Solo quería saber tu opinión acerca de ese tema. Hay muchos que no piensan lo mismo que tú, por no decir la gran mayoría.

- Loki, ¿por qué te estás comportando de esa manera? Estás actuando de una forma extraña, muy misteriosa… más que de costumbre. Eso puedo perdonártelo, porque eres así, pero, ¿estás insinuando que te estoy mintiendo para quedar bien?

- Todos lo hacen al fin y al cabo. ¿Tú eres distinta del resto? –sus ojos, en ese momento, miraban con un odio profundo a Sigyn.

- No entiendo tu cambio de humor. Hace unos minutos te alegrabas muchísimo de verme, y ahora, ¿me miras de esta forma? ¿Acaso he hecho o dicho algo que te molestara? Solo por contestarte de esa manera, ¿merezco todo esto?

- Estoy harto que todos se comporten de esta forma conmigo, porque simplemente soy un príncipe. Si fuera un asgardiano del montón, la gente me trataría al menos con más sinceridad.

- ¿Qué quieres decir con "comportarse de esta forma"? De verdad que no entiendo nada de lo que está pasando… -Sigyn estaba realmente confundida. Loki actuaba movido por el odio, y no sabía a qué se debía. Hace unos minutos estaba feliz y contento. Fue alejarse del ruido de la fiesta cuando sus facciones empezaron a cambiar. Todo era demasiado extraño -.

- Como soy un príncipe de Asgard, la gente me trata de forma hipócrita. Están detrás de uno, halagándole, y se guardan las verdades en su interior. Nunca las dicen. Se alimentan de las debilidades de uno, para luego atacar donde más duele. Son los que crean los rumores, esas terribles dagas que se clavan en el pecho de todos los que las sufren… Es una sensación horrible. Además soy la presa ideal porque… -en ese momento se calló, porque iba a decir algo de lo que se arrepentiría toda la vida -.

- ¿Porque…?

- Nada. No tiene importancia. Es mejor que lo dejemos ahí. No quiero molestarte más. Acabas de llegar, y yo estoy preocupándote en exceso por una tontería. No tengo derecho a hacer eso. Es mejor que vuelvas a la fiesta, sé lo mucho que te gustan. Es mejor que me quede yo solo.

Sigyn sabía exactamente qué hacer. Tomó la mano de Loki, y le abrazó. Siempre que ella se sentía mal, triste o deprimida, lo único que la hacía feliz eran los abrazos. La hacían sentir querida y apreciada. Se convertían en un apoyo de las personas que ama. Las palabras sobran cuando alguien te abraza. Por eso abrazó a Loki. Por muy oscuro o misterioso que se presentara ante el mundo, era una persona en el fondo sensible y leal a sus sentimientos. La acción de Sigyn había pillado totalmente desprevenido a Loki. Sentía a Sigyn muy cerca, podía aspirar su aroma, sentir su cuerpo pegado al suyo… uno de sus sueños más profundos se hacía realidad. Enseguida correspondió a su abrazo, estrechándola con fuerza, mientras la susurraba al oído su agradecimiento.

Así pasaron los minutos, en ese abrazo que parecía eterno. Poco a poco, Loki deshizo su abrazo, y se separó un poco de Sigyn, lo suficiente como para que sus rostros quedaran enfrente el uno del otro. Sigyn estaba un poco sonrojada, pero no hacía ningún además de que la molestara. Sus ojos verdosos miraban fijamente a los azulados de Loki, con una mezcla de cariño y comprensión. Con suavidad, Loki llevó sus manos a las mejillas de Sigyn, para sostener su rostro entre las manos. Estaban tan cerca, que sentían las respiraciones del otro.

- Vaya, esto es un poco extraño –comenzó a decir Sigyn, para romper el silencio que reinaba en el lugar-.

- ¿Te molesta?

- No, no, para nada. Entre todas las personas que están aquí, tú eres en quien más confío. Me alegro de volver para verte de nuevo. Eres un amigo muy importante para mí, pues siempre me estás apoyando cuando más lo necesito.

- Debes de ser la única persona aquí dentro que piensa eso, de nuevo –aunque hubiera dicho eso, en su interior sentía una rabia casi incontenible. Ella nunca lo vería como algo más que un amigo, y eso le carcomía el alma. Era tan buena, amable, simpática… que jamás se fijaría en alguien tan misterioso y con fama más oscura que él. Además de guardar un pequeño secreto, que muy pocos conocían -.

Poco a poco, sus rostros se volvieron a separar. Sigyn seguía sonriendo, mientras que Loki no mostraba ningún tipo de sentimiento, pero se notaba que interiormente también estaba sonriendo, aunque sintiera cierta rabia e impotencia en su ser. De qué valía ser "hijo" de Odín, de qué valían sus poderes, si no podía tener lo que quisiera. El sol se encontraba más bajo, tocando el horizonte. Los tonos anaranjados iban sustituyéndose por tonos más oscuros, propios de la noche. El día estaba tocando a su fin. En silencio, se quedaron viendo la caída del sol, hasta que las luces, programadas para encenderse cuando la luz decayera, se encendieron a lo largo de la terraza del palacio. El ruido del interior empezó a disminuir, señal que indicaba que la fiesta, al igual que el día, terminaba. Sigyn suspiró, porque eso significaba que tenía que volver a casa, y no la apetecía. Estaba muy a gusto allí. Pero si no aparecía por la fiesta, la bronca de sus padres y hermanas sería terrible, y no quería pasar por un mal rato.

- Creo que debería entrar en el salón. Si mis padres no me ven por ahí aunque solo sea al final de la fiesta, las consecuencias no van a ser muy buenas… no me apetece nada, pero debo hacerlo –y suspiró de nuevo -.

- Lo entiendo, no te preocupes. Ve y diviértete. Me sabe muy mal que te haya hecho pasar un mal rato justo en tu primer día de regreso.

- Tranquilo, los amigos están para ayudar en cualquier momento. Ya sabes que, siempre que te sientas así, lo que debes hacer es hablar con alguien de confianza, como hago yo. Y espero que algún día me cuentes ese secreto que no puedes sacar de la cabeza.

Dicho eso, dio un beso en la mejilla a Loki como signo de amistad y se marchó para reunirse con su familia y el resto de los nobles de Asgard. Loki se quedó solo, meditando sobre el encuentro. Desde hacía mucho tiempo estaba enamorado de Sigyn. Era una de las pocas que le trataban como a uno más, y que no la importaba en absoluto su carácter o personalidad. Le aceptaba tal y como era. Ambos se conocían demasiado bien, porque se conocieron desde que eran muy pequeños. Ella, junto con su hermano Thor y él mismo eran inseparables. Desde hacía unos cuantos años, desde que Sigyn se marchó, Loki estuvo planeando la mejor manera de declararse a Sigyn. Tampoco quería romper su amistad, porque sabía que ella tenía sus temores hacia el matrimonio. Cada vez que escuchaba la palabra matrimonio o compromiso, temblaba como una niña pequeña y se negaba en redondo. Si se atrevía a decírselo, podía acabar con esa relación, y era lo último que quería hacer en este mundo.

Dejando a Loki con sus cavilaciones, Sigyn entró de nuevo al salón, y allí encontró a sus padres conversando animadamente con otros nobles. Nada más verla, su padre la llamó para presentarla ante aquellas personas. Iwaldi, su padre, era una persona muy afable, tranquila y un tanto despreocupada. Aunque tenía un gran estatus en la jerarquía social, al igual que buena fama y dinero, vivía de una forma muy campechana; el lujo y los privilegios no le atraían en absoluto. Se dedicaba a forjar todo tipo de armas y objetos de forma desinteresada (pues no necesitaba trabajar para ganar dinero), y era un padre que se preocupaba en exceso por sus hijas. Eran lo único que le importaban, junto con su esposa. Y la pequeña Sigyn la que más. Estaba en una edad complicada, pues según la tradición debería buscar a un esposo, pero era tan independiente que sería muy complicado. Pero Theoric había robado sus corazones, y veían en él al perfecto candidato para su hija. Y lo más importante, ellos consideraban que el amor era mutuo.

Sigyn pasó todo lo que quedaba de la fiesta conversando, hablando con diversos nobles de su misma edad por el hecho de ser educada. Muchos intentaron que su corazón se fijara en otras personas, pero Sigyn parecía inmune ante sus galanterías. Y, en el momento de mayor clímax de la fiesta, apareció la persona más esperada de la misma: Theoric, uno de los soldados más conocidos e importantes de los Halcones Escarlata, la guardia personal de Odín. Aunque no pertenecían a la alta nobleza, tenían muchos privilegios y derechos, a la par que deberes. Y entre los privilegios podían acudir a ese tipo de fiestas. Y Theoric, sabiendo que su querida Sigyn había vuelto de su viaje, acudió a la cita.

- Sigyn, con tu belleza atraes a una gran cantidad de nobles. Sin duda estás arrasando en la fiesta –dijo con tono divertido Theoric -. Así es más fácil dar contigo.

- Te parecerá gracioso, pero estoy bastante harta. Antes venía aquí y me lo pasaba muy bien hablando y bailando. Ahora tengo que quitarme jóvenes nobles como moscas. ¿Acaso no entienden que vengo aquí a pasar un buen rato, y nada más?

- Es lo que tiene ser tan bella.

- Es lo que tiene ser hija de la diosa del amor. Pero no soy tan guapa como mis hermanas, o mi madre.

- Eso lo dices desde tu punto de vista, desde el mío es algo distinto.

- Bueno, cambiemos de tema. Pensaba que irías a visitarme nada más volver de mi viaje. Pero no viniste -Sigyn parecía triste, pero sabía que no había podido ir a visitarla debido a su trabajo. Pero siempre era gracioso ver cómo Theoric salía de cada atolladero, con su conocida improvisación y don para salir airoso de todo tipo de situaciones -.

- El destino se puso en mi contra, y un improvisto hizo imposible ir a verte. Así que ruego me perdoneis, mi dulce señora -y realizó una reverencia, mientras tomaba su delicada mano y la besaba -.

- Resultas muy gracioso cuando hablas de esa forma -comentó Sigyn entre risas -. No te pega nada. Prefiero tu modo de habla normal.

- Tengo el remedio ideal para compensarte por ello -y dicho eso, llevó a Sigyn a la zona de baile. Se encargó de colocar las manos de Sigyn en el lugar indicado, mientras sonreía. Cuando ya estaba todo dispuesto, comenzaron a bailar al son de la música -.

¿Celebramos algo? –Sigyn sonrió –porque que yo sepa no te gusta bailar. Dices que pareces un cojo, cosa en la que no estoy de acuerdo.

Pues creo que está claro–dijo mientras tomaba la mano de Sigyn y la llevaba a la zona de baile. Una vez que estuvieron frente a frente, bailando, continuó su discurso –por el simple hecho de que has regresado. No sabes lo que me he aburrido sin tu compañía. Y también es una forma de demostrarte que haría cualquier cosa por ti... incluso bailar.

- Debo de ser el alma de la fiesta, porque Thor me ha dicho lo mismo. Y seguro que prefieres matar a todos los trols del mundo antes que bailar. ¡Odias el baile! ¿Seguro que no tuviste algún problema en las fiestas cuando eras pequeño? Porque no lo entiendo...

- Quién sabe. Es un aspecto misterioso de mi personalidad. Dejaré que intentes averiguarlo. Aunque no te lo pidiera, seguro que tu cabeza está maquinando ya cómo conseguirlo. Deberías ser espía, en vez de estudiar magia. Llegarías muy lejos.

Como respuesta, Sigyn le dedicó una amplia sonrisa, mientras bailaban al compás de la música. Definitivamente, le alegraba estar allí. De vuelta al hogar, junto a sus amigos… y a aquellos que ocupaban un lugar muy especial en su corazón. Ella no se percataba de ello, pero una persona los observaba desde la lejanía.