- ¡Sigyn! ¡Sigyn! ¿Me escuchas?

La joven, que estaba enfrascada en sus propios pensamientos, no escuchaba que la llamaban. Solo cuando la persona que la llamaba se colocó delante de ella, para llamar su atención, volvió al mundo real. Primero frunció el ceño, claramente enfadada. No la gustaba que interrumpieran sus pensamientos, pero como no hiciera caso, ya sí que no la dejarían en paz. Desde la visita de Theoric, su ánimo había mejorado bastante con respecto a tiempos pasados. Sonreía sin necesidad de forzarse ni un ápice, y se sentía bien, sin problemas cargando sobre sus hombros ni sobre su corazón. Cierto es que podría considerarlo la calma que antecede a la tempestad, pero agradecía ese tiempo de relax y de paz. Hacía mucho que su cuerpo no lo vivía. Y toda la familia lo agradecía también, pues había una creciente preocupación por la joven. A su edad y sufriendo de esa forma… eso no se podía permitir. Era el momento de pasarlo bien, aprovechar la juventud que, a pesar de ser Asgardianos, acabaría escapando de su cuerpo. Serían muy longevos, pero eso no quita que hay que disfrutar y dejar las preocupaciones en ciertas etapas de la vida, como en la que se encontraba Sigyn.

Estaba sentada, recostada en uno de los cómodos sofás de la habitación central de la casa de Iwaldi y Freya, sus padres. Una cálida y hogareña fogata se alzaba en medio de la sala, irradiando calor y juegos de luces y sombras por las paredes, objetos y ventanas. Todo parecía brillar con luz propia, en tonalidades doradas y plateadas. Se notaba que la familia de Sigyn tenía dinero, de eso no cabía duda alguna. En sus manos portaba un libro, decorado con bellas miniaturas. Desde que era pequeña, o mejor dicho, desde que tenía memoria, a Sigyn le encantaba la lectura. Se podía pasar horas y horas leyendo, pasando las suaves hojas de las encuadernaciones, aspirando su aroma, sintiendo cada fibra del libro. Y al estar en una elevada posición social, la adquisición de libros no era un problema para ella, estaban al alcance de su mano. Y delante de ella, con un rostro que evidenciaba su enfado porque no la hacía el más mínimo caso, Nanna, una de sus hermanas mayores, y la más querida.

Nanna reunía para Sigyn lo que más anhelaba: era muy hermosa, inteligente y tenía una vida sencillamente perfecta. Ya estaba felizmente casada con un hombre muy amable y simpático, como su hermana, y en cuanto podía se acercaba para visitarlos. Y siempre que iba de visita, traía regalos, especialmente a Sigyn, a su hermana más querida. Por eso su amor y respeto era mutuo. Nanna protegería a Sigyn en todo momento, y Sigyn haría lo mismo. Por eso, en algunas ocasiones, Nanna se comportaba de forma un tanto sobreprotectora con su hermanita, pues quería que fuera feliz en el futuro. Estaba en el momento de casarse, de empezar a formar una familia, y se veía a sí misma unos años atrás. Y también veía en Sigyn el vivo retrato de su madre. En poco tiempo, sería una de las Asgardianas más bellas, y si todo iba bien, felizmente casada con Theoric. Al principio no la hacía ninguna gracia aquel muchacho, pero después de conocerlo y ver que era un soldado de gran corazón, no veía el momento en el que le pidiera la mano. Aquel guerrero estaba claramente enamorado de su hermana y ella… bueno, Nanna había detectado ciertas dudas, vacilaciones. Ella lo atribuía al miedo, aquel miedo que se apodera de todos cuando llegan momentos vitales. ¿Será la decisión correcta? ¿No debería esperar? ¿Me arrepentiré en el futuro? Ella se hizo las mismas preguntas, pero luego se dio cuenta de que escogió el camino correcto, y no se arrepentía de nada.

- Sigyn, ¿has vuelto con nosotros? –Nanna seguía insistiendo. Aunque aparentaba estar molesta, en el fondo la hacía gracia la forma en la que Sigyn se abstraía. Era capaz de no escuchar una conversación aunque se la gritaran al oído. Eso mismo hacía cuando era pequeña y sus padres la regañaban. En el fondo no había cambiado nada, absolutamente nada -.

- Eh… sí, estoy aquí. ¿Qué quieres? –Sigyn, por el contrario, estaba molesta. Y no lo disimulaba ni un ápice -. Estaba meditando sobre una cosa que he leído aquí y ya he perdido el hilo de mis pensamientos. Espero que sea importante lo que quieras contarme…

- Sigyn, creo que tenemos que hablar, de hermana a hermana. Como cuando éramos más pequeñas, ¿te acuerdas?

- Sí, claro que me acuerdo. Pero solo utilizabas esa frase para hablar de asuntos privados que no salían de nuestro común acuerdo de silencio. ¿Ha pasado algo malo?

- ¿Malo? ¡Todo lo contrario hermanita! ¡Grandes noticias! Al menos eso supongo –y se sentó a su lado. Tomó el libro de sus manos, retirándolo de la vista de Sigyn, para que se centrara en la conversación y no en la lectura. Sabía que iba a incomodarla, pero la contaría todo. Desde que eran pequeñas se guardaban grandes secretos y confidencias. Y en el caso de Sigyn, las trastadas que realizaba día tras día. Se acomodó entre los cojines, y clavó sus ojos verdosos en los de su hermana, mientras sonreía maliciosamente -. Veo que estás mucho mejor. No puedes hacerte una idea de lo alicaída que estabas. ¡Parecías un alma que se había escapado de Hel! Pero gracias a Odín estás mejor… espera, esa frase no concuerda con esto. Será mejor decir gracias a Theoric. Sí que te ha hecho bien la visita que ese soldadito…

- ¿Cómo sabes que me visitó? –Sigyn se ruborizó ligeramente, pues recordó toda la sucesión de escenas, haciendo hincapié en aquel abrazo -.

- Digamos que un pajarito me lo ha dicho…

- Seguro que ha sido madre. Está un poco obsesionada con mi relación con Theoric.

- Sigyn, es tu madre, nuestra madre. Y se preocupa por nuestro bienestar. Cuando Balder y yo éramos solo amigos, no te imaginas cómo se ponía a veces. Además, es su casa, sabe todo lo que ocurre bajo este techo, o casi todo –y se echó a reír -.

- ¿Cómo se ponía? ¿Os espiaba? ¿Os seguía a todas partes? –los ojos de Sigyn se abrieron, curiosos -. ¡Cuéntamelo, hermana! ¡Por favor!

- Recuerdo una ocasión, hace tiempo, en la que había quedado con Balder para dar un tranquilo paseo a caballo por los bosques cercanos. Nada del otro mundo. Una tarde inolvidable pues, entre los susurros de las hojas y los sonidos del bosque, Balder pidió mi mano. Fue un momento mágico hermanita. Ya lo creo… Volvimos a Asgard, un poco tarde, pues el sol caía a nuestras espaldas. Cuando llegué a casa, ya era de noche. Me acompañó hasta la puerta, y estaba dispuesto a darme un beso en los labios a modo de despedida cuando, ¡zas! Las puertas de nuestra casa se abrieron de par en par y apareció, con cara de pocos amigos, nuestra madre –y Nanna comenzó a reírse, tras rememorar en su mente la escena, harto cómica para ella -. Tenías que haber visto su cara, Sigyn, ¡parecía que iba a echar a patadas a Balder! Sus ojos echaban chispas, como si hubieran sido sustituidos por dos llamas, como las de esta fogata. Yo intenté calmar a madre diciéndola el motivo de nuestro retraso, que me había pedido matrimonio, y nos felicitó por ello. Acto seguido, me ordenó de forma más que autoritaria que entrara en casa, mientras que dijo a Balder estas palabras, que quedarán grabadas en mi mente: tienes suerte de tener una buena excusa, porque si no tendrías que vértelas conmigo, y no siempre soy la pacífica diosa del amor… pero espero que nos llevemos bien, como familia que pasaremos a ser. ¡Ah! Y como castigo por haber llegado tarde, ni se te ocurra pasar en unos días por aquí. Me da igual que estéis comprometidos o no, ¡el toque de queda es el toque de queda! Mi casa, mis reglas. Buenas noches. Acto seguido, cerró la puerta y me mandó derecha a mi habitación.

- ¿Y cumplió su palabra?

- Parece que no conoces a madre, ¡claro que la cumplió! ¡Por mucho que la rogara, no dio su brazo a torcer! Pero no se opuso a la boda. Y se llevan muy bien. Incluso Balder recuerda ese hecho con una sonrisa en los labios.

- Vaya… no sabía que madre se comportara de esa forma.

- Las madres sorprenden Sigyn. Cuando tengas hijos, actuarás de la misma forma. Eso te lo garantizo.

- Vaya, no estoy ni casada y ya me estás diciendo "cuando tengas hijos". Vas demasiado deprisa, hermana.

- A este punto quería yo llegar… Sigyn –y su rostro se volvió más serio, como si lo que iba a decir a continuación fuera de la máxima importancia. Sigyn estaba un tanto extrañada, porque no sabía qué pregunta iba a hacerla para que adquiriera esa gravedad en el rostro. Esperó pacientemente, preparada para todo -. ¿cuándo demonios va a pedirte Theoric tu mano? Yo pensaba que Balder tardó lo suyo pero… ¡pero tu novio, amigo o como lo consideres se lleva la palma!

- Eh… -Sigyn no sabía qué contestar. La pregunta de su hermana la había dejado completamente desarmada, y por sorpresa. No sabía muy bien qué decir. ¿Debería sincerarse con su hermana? Cuando era más pequeña, la contaba todos sus secretos. Es posible que la diera el mejor consejo posible, pues era su hermana, velaba por su seguridad -. Hermana, debo reconocer que no sé qué decirte. Me has pillado por sorpresa.

- Es sencillo, Sigyn. Solo tienes que contarme todo lo que esconde tu corazón con respecto a este tema. Cuando te fuiste a perfeccionar tu magia, estabas muy animada, alegre… feliz. Vamos, como siempre. Después de la fiesta, empezaste a decaer y comportarte de una forma que jamás habría pensado que vería en ti. Y me preocupaste. No sabes cuanto –y tomó sus manos entre las suyas -. Te prohíbo que vuelvas a ese estado, ¿de acuerdo?

- Vale. No fue a petición mía, ¿sabes? Es decir, que no caí en ese estado por capricho. Es que… -Sigyn seguía dudando; pero era su hermana. Sabía secretos más vergonzosos sobre su pasado. Aquello no era nada, una nimiedad. Además, eran dudas. Las dudas no son malas. Las decisiones mal tomadas sí que son malas y peligrosas. Pedir consejo no estaba mal. Barrió la sala en que se encontraban con la mirada, para asegurarse de que no había nadie que pudiera escuchar su conversación. Nanna se percató de ello -.

- Tranquila Sigyn. No hay posibilidad de que alguien nos escuche. Y puedes decirme solo lo que de verdad quieras contarme. No te voy a presionar al respecto.

- Gracias, hermana –y respiró hondo. Lo que la iba a contar era un poco largo, pero había hecho el acopio de valor necesario para decírselo. Estaba decidida a ello, ya había tomado la decisión. ¿Quién dijo miedo? -.

Sigyn explicó de la mejor manera posible todos los sentimientos contradictorios que se hallaban en su corazón. No era muy buena a la hora de describir sus propias emociones, pero se esforzó por escoger las palabras correctas para que su interlocutora la entendiera. Aunque claro, teniendo en cuenta que tenía un vínculo especial con Nanna, el famoso vínculo entre hermanas, la entendía a la perfección. A medida que avanzaba su historia, que se basaba en los sentimientos encontrados entre Loki y Theoric, sus amigos de la infancia, el rostro de Nanna no cambió ni un milímetro. Permanecía impasible, como si meditara y analizara cada palabra que Sigyn la lanzara. Más allá de ese rostro de imparcialidad, la alarma saltó en su interior. Todos los demonios que se había imaginado se materializaban en la historia de su amada hermana. ¿Por qué tendría que acertar siempre en estos temas?

Su pobre hermana era joven, y algo típico de la juventud es no saber exactamente lo que uno desea. Y más en el tema amoroso. Es cierto que los conocía a ambos desde la más tierna infancia, pero a ella le gustaría infinitamente más que se casara con Theoric que con Loki. Pero había un problema añadido: a las chicas, por definición, les atraía más las personas misteriosas, con un aura incluso de maldad… y esas cualidades las reunía Loki. Y Sigyn, debido a su inocencia, podía cometer un error fatal. Las cosas eran más complicadas de lo que pensaba. ¿Cómo podía haberse tergiversado todo a raíz de un simple baile? Será que Sigyn estaba pasando por una etapa decisiva de su vida, o que al tener una vida tranquila y perfecta tenía que buscarse problemas. Solo sabía una cosa: tenía que hacerla ver que la decisión correcta era Theoric, claramente. Pero no podía decirlo de forma brusca, sino emplear las palabras adecuadas y, sobre todo, apelar a sus verdaderos sentimientos. No dudaba que, empleando esa estrategia, saldría ganando Theoric. Sin duda alguna.

- Y eso es todo –Sigyn estaba exhausta, porque no había parado de hablar. Nanna no la había interrumpido ni una sola vez, por lo que había relatado toda la historia de un tirón. Respiró profundamente de nuevo. Su corazón iba a mil por hora. Esperaba con ansias la respuesta de su hermana, seguro que ella la guiaría por el camino correcto. Aunque ya sabía lo que iba a contestar, porque Nanna nunca había visto con buenos ojos la relación de amistad que mantenía con Loki. No iba a ser una contestación muy objetiva -.

- Hermanita, ¡no se te puede dejar sola! Y decías que no eras atractiva… ¡eres la viva imagen de madre! –Nanna empezó así su respuesta, intentando calmar un poco los nervios de Sigyn, que estaban a flor de piel. Y lo consiguió. Su hermana sonrió, agradecida por el comentario. Relajó sus músculos, tensos por la espera -. Pero bueno… aquí llega tu hermana para ayudarte. Para eso estamos.

- Veamos. Estando en tu lugar, lo vería muy claro. No sé qué dudas puedes albergar en tu corazón. Obviamente no voy a pedirte que decidas en base a la riqueza o la posición social –un consejo horrible, a la par que superficial. Además, ganaría Loki por goleada –sino por la naturaleza de su corazón. Aquel que sea más noble, valiente, amable, cariñoso, afectivo… busca las virtudes, sin olvidarte de los defectos, para bucear en el interior de sus corazones y descubrir el que verdaderamente despierta deseos en el tuyo propio. Solo así podrás saber lo que quieres de verdad. Mucho más no puedo decir al respecto. Es un tema muy personal, Sigyn. Me apenaría mucho darte un mal consejo que te lleve a arrepentirte el resto de tu vida. Te aprecio demasiado.

- Muchas gracias hermana. Creo que meditaré tu propuesta ahora mismo. Si me disculpas, subiré a mi habitación para estar a solas con mis pensamientos. En cuanto sepa la respuesta, prometo que serás la primera en saberlo.

- Como quieras. Medita con calma y no te precipites. Es mi último consejo.

- Gracias hermana –se acercó a ella, y la dio un beso afectivo en la frente y, después de eso, la abrazó. La echaba tanto de menos en casa. Echaba de menos sus consejos, su sola presencia, las conversaciones en la cama, sus historias fantásticas, y también sus reprimendas -. Gracias de todo corazón –estas palabras las pronunció en un susurro, acercando sus labios al oído de Nanna -.

Se separó de ella, con una sonrisa de agradecimiento en los labios. Sus ojos parecía que iban a romper a llorar de la emoción y la alegría, pero se contuvo. Sigyn era orgullosa, y mostraba en pocas ocasiones sus sentimientos en público. Incluso la costaba dar rienda suelta a sus emociones entre su familia, aquellos que más la querían. Pero formaba parte de su ser. Una se acostumbraba a ello. Después de una ligera reverencia, y tomando su libro, subió con presteza a su habitación. En la soledad de su cuarto, enfrentándose a sus pensamientos, llegaría a la verdad de su corazón.

Había tenido la tentación de ensalzar la figura de Theoric a la vez que denigraba la de Loki, pero amaba tanto a su hermana que no podía jugar con eso. Era su decisión. No la hacía gracia tener a un suegro que no la cayera bien, pero si su hermana era feliz, era lo único importante. De todas formas, en el fondo sabía que iba a escoger a Theoric, se lo decía una vez más su instinto. Había un hecho que frenaría a Sigyn a la hora de considerar a Loki como su amado: pertenecía a la realeza, era llamado Hijo de Odín, y ella no era más que una noble, de muy alta cuna, pero una noble. De cara a los demás, decía que eso era un hecho de poca relevancia, estúpido, pero en el fondo le daba una importancia suma. Pertenecer a la familia real conllevaba muchas cosas que Sigyn rechazaba y temía: coartaría su libertad, tendría que crear una máscara que emplearía en todas las ocasiones de importancia en Asgard, estaría siempre encadenada a "el qué dirán". Y habría más cosas, pero eso ella no lo sabía. Solo su hermana.

La siguió con la mirada, una mezcla de tristeza y de melancolía. La recordaba mucho a ella, solo que no tuvo que elegir entre dos personas, sino que desde el primer momento en que vio a Balder se enamoró perdidamente. Todo fue mucho más fácil. Aunque no lo hubiera vivido, el tormento del amor es una de las peores cosas que te pueden ocurrir. Solo deseaba que su hermana tomara el camino correcto, o al menos, aquel en el que fuera más feliz.

En la soledad de su habitación, la joven Sigyn se tumbó en la cama, boca arriba, mientras meditaba sobre las palabras de su hermana. Habían sido, para variar, muy sensatas y se lo agradecía muchísimo. Cómo la echaba de menos… Pero tenía que centrarse. Cerró los ojos, y poco a poco fue organizando sus pensamientos. De una forma imaginaria fue enumerando todos los puntos a favor y en contra, pero eso no la bastaba. Lo importante de verdad era lo que la dictaba el corazón. Por mucho que se esforzara, por mucho que quisiera verlo de otra forma, en el fondo Loki era un gran amigo, un confidente, pero ¿podría ser algo más? No se lo imaginaba como un marido, un tipo de amistad con más exigencias, sino como una persona en la que confiar en todo momento, no para convivir para siempre.

Y por otro lado Theoric era… no lo sabía con certeza, pero era distinto. De él emanaba un aura de amabilidad, de honor, de valentía… no podía explicarlo con palabras, pero cuando estaba a su lado, se sentía capaz de enfrentarse a cualquier cosa. Y lo más seguro era que el sentimiento era recíproco. Y sí que se imaginaba a los dos juntos, al lado del fuego del hogar, sentados mientras sus manos se encontraban entrelazadas. No pudo menos que sonrojarse por eso. Se giró para esconder su cara entre las sábanas de su cama, como si estuviera escondiéndose de un público invisible. Pero eso no era lo único que tendría que considerar. Ella pertenecía a la nobleza de Asgard, por lo que poseía numerosos privilegios, y Loki era ni más ni menos que uno de los hijos de Odín, el hijo de su rey. La diferencia social era más que palpable. Loki, por mucho que se fijara en ella, la vería como una simple noble de entre el montón, una amiga de confianza, lo mismo que ella veía en él. Y contra eso no podía luchar. Y de lo que sí estaba segura era que Theoric se moría de amor por ella, y la trataba con tal dulzura y amabilidad que era la viva imagen del caballero de blanca armadura que había soñado siendo niña.

La verdad que no ayudaba mucho poner en orden sus pensamientos. Cada vez que analizaba las situaciones, se liaba más. Cuando encontraba algo bueno salía algo malo, y viceversa. Se levantó lentamente de la cama, mientras sus cabellos caían en cascadas sobre sus hombros y espalda. Con una mano se tapaba el rostro, una clara señal de confusión, mientras que la otra la empleaba de apoyo para levantarse. Se acercó a su tocador, para ver su reflejo en el espejo. Sus cabellos estaban un poco desordenados, pero no se había sentado allí para observar su rostro, sino para seguir meditando. En este tipo de ocasiones, cuando tenía dudas sobre lo que realmente deseaba, miraba su propio reflejo, y creía que así conversaba con su propia alma, con su propio corazón. Desde fuera parecería un acto de locura, pero para ella era normal.

- ¿Qué deseo en realidad?

Después de esa pregunta en voz alta, un silencio cargado de intriga inundó la habitación. Sus ojos estaban clavados en el espejo, como si esperara una respuesta por parte de su propio reflejo. Pasaron los minutos, y seguía aquel silencio. Entonces, como si la respuesta apareciera de forma milagrosa en su interior, sonrió para sí. Sus ojos brillaban con luz propia, y sentía que había llegado al fondo del problema. Llevó una mano a su pecho, para tocar su corazón. Ya estaba segura de la respuesta.