Noviembre

Seiya POV

Mis días poco a poco se convirtieron en lo más parecido a un abismo sin salida y del cual quizá no podría salir pronto. La vergüenza me perseguía a donde quiera que fuera, siempre recordándome que era un imbécil y que había estado a punto de perder todo por una debilidad. Mil veces quise poner de pretexto mi estado etílico, pero tenía que aceptar que al tener a Serena entre mis brazos y tan vulnerable, no pude hacerme para atrás, no pude negarme, no pude decirle que no a esos enormes ojos que me miraban tan brillantes y desesperados. Por días me encerré en mi habitación a tratar de distraerme, investigando, leyendo y avanzando en mi tesis. El terrible acontecimiento entre Serena y yo causó grandes estragos entre nosotros. Como ya dije, yo me dediqué por completo a mi tesis, no salía de la escuela, ni de mi habitación y mucho menos de mi trabajo. Serena tampoco salía de la escuela, ya que había renunciado en el Crown debido a lo que pasó entre Andrew y ella, dedicaba más tiempo para y ahora trabajaba para la embajada de Inglaterra como asistente. Cenábamos juntos la mayoría de los días, aunque nuestras conversaciones se limitaban al trabajo y la escuela. Ninguno volvió a mencionar lo sucedido y noté que Serena trataba de comportarse como si no le hubiera afectado, yo igual, aunque me salía mucho mejor. Desde ese día me dedicaba a comportarme más homosexual que nunca, solo para no caer en cualquier momento y confesarle todo.

Ese sábado salí del trabajo temprano y decidí cruzar la calle por un café. Mis pensamientos se entrelazaban cada vez más en la cabeza hasta volverse más y más confusos y casi imperceptibles los unos de los otros. Por más que intenté detenerlos, se agolpaban en mi imaginación, haciéndome recordar cada instante de esa noche, minuto a minuto. A pesar de las imágenes eran borrosas y difusas, podía revivir cada sensación, cada parte del cuerpo de Serena. Jamás había visto ni sentido un cuerpo así, jamás había tenido tan cerca a una mujer como Serena. Tuve varias novias, incluso Kakyuu me parecía una de las mujeres más bellas, pero Serena… Serena tenía algo diferente, algo que no solo estaba en su cuerpo, y aunque conocía muy bien el cuerpo de una mujer, el de Serena era para mí lo que Beethoven era para un músico. Mientras el café resbalaba por mi garganta, la alta temperatura calentaba mi cuerpo por dentro y me ponía a pensar. Odiaba sentirme así, odiaba recordarlo todo, y más odiaba no solo recordar esa noche, si no todas las anteriores, todos los días, desde que la conocí. Sus conversaciones, sus gustos, sus disgustos, incluso cuando recordé lo que Andrew intentó hacerle pude sentir la sangre hervir dentro de mí y apreté los puños involuntariamente.

Cuando estuve a punto de levantarme, noté que alguien me observaba y cuando giré mi cabeza vi a Zoycite sentado a unas cuantas mesas de la mía. Me sonrió, o eso me pareció, después lo vi ponerse de pie y caminar hasta mí.

-Hola, Seiya.-dijo sentándose.-No te molesta, ¿o sí?

-Ya lo hiciste.-dije bromeando.- ¿Me persigues o algo así?

-Eso quisiera.-rió.-Solo pasaba por aquí y se me antojó un café, luego vi que estabas aquí y te observé un rato. Lucías pensativo.

-Eso creo.-dije sin muchas ganas de charlar.

-¿Pensabas en Serena?

Lo miré sorprendido y traté de ocultar mi incomodidad.

-¿Por qué tendría que hacerlo?-dije tartamudeando.

-Seiya… conmigo no tienes que fingir, aunque trates.

-No comprendo.-mentí.

-¿Cuándo le dirás a Serena que no eres gay?

Lo miré avergonzado, sin encontrar palabras para justificarme.

-Seiya, yo no le voy a decir nada a Serena, porque eres tú quien debería hacerlo. Y no pienses que te estoy juzgando, porque debes tener razones muy poderosas para estar haciendo todo esto, pero creo que ese ya no es el problema aquí.

Me quedé callado mientras las palabras se entrecruzaban unas con otras y no salían de mi boca.

-El problema es que ahora sientes algo por ella, y eso hace más difíciles las cosas, y no solo te engañas a ti, sino a ella.

-¿Por qué dices que siento algo por ella?-pregunté asustado.

-Solo basta darse cuenta de cómo la miras, de cómo la tratas.

-Pero eso no… eso no dice nada, trato así a cualquier mujer.

-¿Eso crees? Yo te he visto tratar a otras mujeres.

-Zoycite… yo… tengo muchos problemas en estos momentos, hay cosas que debo hacer y terminar, yo no puedo… tener más cosas en qué pensar, mi vida ya es bastante difícil. Como dijiste, tengo mis propias razones por las cuales estoy haciendo esto. Serena tiene sus problemas amorosos y no creo que disgustarla con algo así sea lo conveniente en su vida por ahora. Yo me iré pronto de aquí y ella no va a tener que saber nada de mí nuevamente, quizá nunca tenga que decirle quién soy.

-De acuerdo, si eso quieres, lo único que yo puedo recomendarte es que aclares lo que sientes y piensas, porque no sería justo ni para ella ni para ti seguir inmersos en esta mentira. Recuerda que no hay nada que no tenga solución.

-Escucha Zoycite…-dije poniéndome de pie.-Agradezco tu preocupación, pero esto no es tu problema, será mejor que dejes las cosas como están y no indagues más.

Salí tan pronto como pude de aquél lugar, y como no quería regresar al departamento decidí caminar un rato para despejarme.


Serena POV

Mina y Lita me miraban con expresión de preocupación desde el otro lado de la mesa, casi como si me tuvieran lástima. Me había comido ya cinco rebanadas de pizza de Pizza Hut y ellas seguían sin comprender cómo me cabía tanta comida en el estómago.

-Dejen de mirarme así.-dije limpiándome la boca.-No soy un fenómeno.

-¿Nos vas a decir qué tienes?-preguntó Lita frustrada.-Tienes semanas comportándote así.

-¿A qué se refieren?

Mina me quitó la sexta rebanada de la boca y la colocó en el plato de nuevo.

-Deja de comer, ¡Dios!, sabes muy bien a qué nos referimos.

-Todo esto tiene que ver con Seiya, ¿cierto?-dijo Lita.

Agaché la mirada y le di un trago a mi bebida.

-Serena, no puedes seguir con esto, sabes muy bien que entre tú y Seiya no…

-Tuvimos relaciones.-dije de pronto sin pensar.

Ambas me miraron con los ojos abiertos y por poco creí que vomitarían ahí mismo.

-¿De qué estás hablando? ¡Dios mío! Pero si Seiya es…

Les conté rápidamente cómo se dieron las cosas y ninguna habló durante diez minutos. Solo se miraban mutuamente, pensaban, me miraban a mí y me juzgaban con la mirada.

-Serena, es obvio que Seiya debe estar confundido, casi asustado. Imagínate tener relaciones con una mujer, debe ser horrible para él.

-Pero Mina, es que… fue tan real… por un momento llegué a pensar que él era… tan hombre y diferente. No dejo de pensar en él, no dejo de recordarlo y lo peor es que cada día que pasa lo siento más lejos de mí. Cuando hablamos ya no hay esa intimidad que existía entre nosotros, esa gran amistad… cada día siento que lo extraño más, cada día me siento más desesperada por el solo hecho de saber que jamás podré estar con él. ¿Qué debería hacer? ¿Correrlo del apartamento?

-Por supuesto que no, él no tiene la culpa de ser gay y mucho menos de que a ti te guste, él solo trató de ser tu amigo y tienes que comprender el hecho de que se aleje de ti. Eso debería servirte para que de una vez por todas lo olvides.

-¡No puedo!-dije elevando la voz.-Algo dentro de mí me lo impide… como si… como si fuera Seiya quien debe arreglarme el alma, como si fuera él el hombre que estoy esperando, y ya se los dije… cada vez es más difícil dejar de pensar en él y cada vez que lo veo me olvido de todo y de todos, y solo puedo pensar en mirar sus ojos.-dije a punto de llorar.

-Serena…-dijo Mina.-Lo lamento mucho… y perdón por no comprenderte, sabemos que es difícil decir "olvidaré esto" y hacerlo, pero no debes preocuparte demasiado, porque entre más pienses en ello será más doloroso. Verás que con el tiempo… puedes curarte.

-¿Tú crees?-dije limpiándome las lágrimas.

-Tienes que ser fuerte, ni tu padre ni Darien pudieron contigo, ¿por qué un hombre el cual conoces hace unos meses y el cual es homosexual te afecta tanto?

Medité las palabras de Lita por unos segundos.

-Quizá porque es el único hombre que sabe escucharme, que comprende lo que pienso y quiero, me ayuda, me conoce tan bien como una de ustedes… no lo sé… he encontrado en él lo que siempre quise.

-¿Lo ves?-dijo Lita.-Es exactamente por eso que te gusta tanto, justo porque es así, pero, ¿por qué es así? Solo hay un tipo de hombres que son capaces de ser así, Serena, los gays, es por eso que son gays.

-Escuchen, chicas, agradezco que traten de ayudarme, pero creo que lo mejor será que vaya manejando esto poco a poco, quizá como dicen ustedes, así pueda olvidar todo este asunto, quizá mi mente esté jugando conmigo, quizá estoy imaginando cosas, quizá solo porque Seiya es tan buen amigo, que ya me imagino otras cosas.

Me puse de pie, tomé mi abrigo y me despedí de ellas sin decir nada más. Quizá tenía razón, quizá mi cerebro estaba jugando conmigo y yo estaba mal interpretando las cosas. Nunca debí presionar a Seiya ni aprovecharme de su estado de ebriedad. Decidí caminar para despejarme, para no regresar al departamento y encontrarme sola y pensativa como últimamente siempre era así. Comencé a caminar, sin darme cuenta hacia donde iba, con la cabeza gacha, evitando a las personas y sufriendo en silencio. No supe cuánto tiempo pasó, no supe cómo llegué hasta el centro pero de pronto me vi envuelta en un mar de gente que se apresuraban para llegar a sus destinos. Era sábado y el sol se ocultaba poco a poco tras las montañas, los niños gritaban mientras que en el otro extremo de la plaza un grupo de baile hacia una presentación. Conforme fui acercándome hacia la fuente, vi a un vagabundo que sacaba una cajetilla de cigarros de su saco viejo y sucio. Lo que más me sorprendió fue el hecho de que estuviera llena, a pesar de los caros que son, y mucho más para alguien sin hogar y trabajo. De pronto la imagen de Seiya fumando vino a mi cabeza, él parecía fumar siempre que se sentía presionado, preocupado, estresado o enojado, siempre para tranquilizarse. Caminé decidida hasta el señor extraño y lo miré mientras encendía uno.

-¿Podría venderme uno de esos?-dije de pronto sin pensar.

-¿Un cigarrillo quiere usted, angelito?-contestó el vagabundo con la voz ronca.-Yo no soy nadie para negarle uno, a mí estos me los regalaron, no se fije, no costaron nada, claro que al buen hombre que me los dio sí, pero a mí no, así que llévese uno, o los que quiera.-dijo extendiéndome la cajetilla.-Que no le dé pena, ande, ¿qué clase de persona sería si le vendiera algo que me han regalado?

Sonreí por unos instantes mientras tomaba un cigarrillo, era la primera vez que sonreía en días. El hombre me ofreció fuego y sin saber muy bien lo que hacía le di unas caladas al cigarro y vi encenderse la punta. Le di las gracias y me alejé hasta la fuente para poder sentarme. Tosí un par de veces antes de entender cómo funcionaba el proceso y cuando al fin logré dominarlo, comencé a sentir los extraños pero relajadores efectos de la nicotina. Una ráfaga de viento golpeó mi rostro y mi cabello se deshizo con él. Fue entonces cuando sentí que alguien se había sentado junto a mí, y giré mi cabeza para ver mejor. Seiya me miraba consternado mientras encendía su propio cigarrillo, segundos después comenzó a reír desenfrenadamente.

-No puedo creer esto. Serena Tsukino fumando en una plaza pública. ¿A qué se debe eso? No tenía idea de que supieras fumar.

-Ni yo.-reí.-Acabo de aprender.

-¿Estas bien, Serena? De verdad me sorprende que estés aquí, sola y fumando.

-Seiya… solo caminaba y de pronto llegué hasta aquí, vi a un señor fumando y recordé que tú lo haces en casos necesarios, así que se me antojó mucho.

-Ya.-dijo exhalando el humo.-Esta bien, no voy a criticarme, soy el menos indicado.

-¿Qué haces tú aquí?-dije enfatizando el "tú".

-Bueno, extrañamente me pasó lo mismo que a ti, caminaba, de pronto llegué hasta aquí, vi un señor fumando y recordé que eso hago para sentirme mejor, y luego decidí sentarme aquí, y sorpresa, aquí estabas.-rió.-Oye… te extrañaba.-dijo de pronto.

El rubor en mis mejillas apareció sutilmente y no pude evitar sonreír.

-Yo también, Seiya, yo también…

-Oye.-dijo tirando la colilla de cigarro.-Te propongo algo.

-¿De qué se trata?

-Vayamos al parque de diversiones.

-¿Qué?

-Anda.-se puso de pie y me jaló del brazo.-Vamos a divertirnos un poco, creo que lo merecemos.

Pronto nos encontramos en la entrada del parque, en la fila para comprar las entradas. En cuanto estuvimos dentro, Seiya y yo corrimos a subirnos a todos los juegos disponibles. Ni siquiera tuvimos tiempo de hablar porque duramos toda la tarde riendo sobre los juegos. No fue hasta muy entrada la noche que decidimos comer unas hamburguesas dentro del mismo parque que nos sentamos frente a frente. Nos miramos en silencio mientras nuestra comida estaba lista. Seiya lucía feliz pero al mismo tiempo su mirada escondía algo que quise adivinar. Lancé un suspiro lento y resistente, en el cual dejé ir un poco de mi misma.

-Seiya… siento que lo que sucedió… bueno… no quiero que te alejes de mí, eres mi amigo.

-No digas eso, Serena, no me alejo de ti… quizá solo han sido circunstancia ajenas a nosotros, hemos tenido mucho trabajo, especialmente yo. Extraño que charlemos y hagamos cosas juntos.

-La he pasado muy bien hoy.

-Quiero que me disculpes, sé que necesitas a un amigo más que nunca y no he cumplido con mi deber, pero yo voy a ser siempre la persona que necesitas, siempre que quieras a alguien que te escuche y comprenda con sinceridad, yo voy a estar ahí, y prometo no alejarme de nuevo.-dijo tomándome la mano.

No pude evitar sentir un cosquilleo que recorrió mi cuerpo. Siempre tan tonta, inepta… ese hombre jamás iba a ser mío, jamás iba a poder tocarlo de nuevo como esa noche, y nada entre nosotros volvería a ser lo mismo porque yo no era capaz de olvidar lo que dentro de mí se cocinaba poco a poco. Regresamos caminando hasta el trabajo de Seiya, ya que ahí había dejado su coche y durante todo el camino lo tomé de la mano solo para sentirlo así, junto a mí, para retrasar el hecho de que era la última vez que lo hacía y que lo sentía mío. Su mano entre la mía se sentía tan propia, como si la hubieran hecho para mí.

El lunes por la mañana me levanté temprano para ir a la escuela. Tuve dos horas libres y las aproveché para hacer unos reportes de la embajada. Terminé a las 2 en punto de la tarde y tenía apenas exactamente una hora y media para comer algo y llegar al trabajo. Cuando caminaba hacia la estación del metro, me di cuenta de que alguien caminaba muy cerca de mí a mis espaldas. Quise voltear, pero no quería verme paranoica, por lo que apresuré el paso para perderme de vista. Cuando comencé a caminar más rápido, noté que los pasos detrás de mí también aumentaban, y cuando decidí que lo mejor era correr, sentí una mano en mi hombro y una voz que me llamaba.

-Serena.

Me giré un poco asustada para ver mejor y abrí los ojos como platos al ver a Kakyuu sonriéndome.

-¿Puedo saber qué haces aquí, Kakyuu?

-Vine a buscarte.

-No creo que tengamos algo de qué hablar.

-Yo creo que sí, muchas cosas. Necesitamos hablar, es algo que te interesa mucho, Serena, por favor. El chofer está esperando en la otra esquina.

¿Y esa quién se creía para venir a darme ordenes? El hecho de que se hubiera casado con mi padre no significaba que tuviera el derecho de actuar como mi madre, además tan solo era unos años mayor que yo.

-No creo que me interese mucho lo que tengas que decirme, Kakyuu, de verdad, estoy bien.

-Serena, esto tiene que ver con tu novio, es algo que tenemos que hablar.

¿Seiya? ¿Qué tenía que ver Seiya entre ella y yo? Sin decir nada la seguí hasta la camioneta que mi padre le había asignado y el chofer me saludó. Nos detuvimos en el primer restaurante que se cruzó en nuestro camino y nos sentamos la una frente a la otra en un silencio incómodo.

-Escucha, Kakyuu, solo tengo una hora antes de ir al trabajo, di lo que tengas que decir de Seiya, por favor.

-Lo último que quiero es que tengas problemas con él por mi culpa, yo no quiero tener problemas ni contigo ni con él, y es por eso mismo que voy a decirte todo de una buena vez, porque realmente espero que su relación prospere sin mentiras ni malos entendidos.

Cada palabra que salía de la boca de Kakyuu me parecía irreal e imaginaria. No comprendía absolutamente nada y lo peor era que cada vez que decía algo me sentía más desesperada por saber qué sabía Kakyuu de Seiya que yo no, y sobre todo, qué tenía que ver ella con él.

-Estoy comprendiendo muy poco, ¿puedes decirme qué sucede?

-Primero que nada quiero que sepas que Seiya no tiene la culpa, todo fue mi culpa yo nunca le hablé con la verdad y… lo lastimé demasiado.

-¿Lastimar?

-Seiya y yo nos conocimos ya hace mucho tiempo, y éramos muy buenos amigos. Todo comenzó a cambiar cuando decidimos vivir juntos. Yo siempre quería más, siempre quería su entera entrega, siempre quise mucho más de lo que él quería darme.

De pronto sentí que algo no encajaba allí. Seiya y Kakyuu se conocían, eso ya era bastante raro, pero… ¿vivieron juntos? Eso era aún peor.

-Kakyuu… creo que no estamos hablando de la misma persona… debe haber un error, tú y Seiya no…

-Sé que piensas que no es posible, pero lo es. Yo estuve muy enamorada de Seiya, lo quería demasiado pero cuando vi que él nunca iba a querer tener algo serio conmigo yo decidí dejarlo… en realidad… lo dejé porque ya había conocido a tu padre y me estaba enamorando poco a poco de él, y en parte no me atreví a confesárselo a Seiya.

Un shock emocional me detuvo el corazón por unos instantes. Rogué porque todo fuera un sueño, un mal encuentro, mentiras, que todo fuera una farsa, que solo quisiera molestarme esa mujer.

-No…yo… no entiendo nada. ¿Estás diciendo que tú y Seiya fueron…?

-Novios.

Tuve que detenerme de la mesa para no desmayarme en ese mismo instante. Seiya no podía tener novia, no podía porque era gay… porque no le gustaban las mujeres… él no podía ser novio de una mujer, no podía.

-Eso no puede ser.-dije de pronto en total negación.-No te creo nada.

-¿Qué es lo difícil de creer? Entiendo que te sientas enojada con Seiya, pero él no…

-Seiya es gay.-dije de pronto.-Él no pudo haber sido tu novio. No. No. No. No.

-¿Gay? ¿De qué hablas, Serena? Seiya no es gay…

No pude contener las lágrimas que comenzaron a brotar de mis ojos. Fue como si un río se hubiera desbordado, un río imparable, un río de lágrimas y desilusiones que ya eran bastantes como para ignorar.

-Lo es. Lo es. Él me lo dijo, yo…

-¿Él te lo dijo? ¿Por qué haría algo así?

Sin pensarlo dos veces me puse de pie y dejé el restaurante. Detuve el primer taxi que pasó y me dirigí al Crown. Todo eso tenía que tener una explicación, yo no podía creer lo que Kakyuu me había dicho, todo era una mentira, Seiya no podía haberme hecho eso…

Cuando llegué al Crown, le pagué al taxista y entré, aun llorando a buscar a Andrew. Lo vi de pie detrás del mostrador junto a Unazuki. Sin importarme la gente que estaba presente, me metí a la trastienda y lo tomé desesperadamente del cuello de la camisa.

-¡Dime la verdad! Ahora mismo, dime la verdad.

-Yo no soy nadie para decirte lo que quieres escuchar.-su respuesta me confirmó que él lo sabía todo desde el comienzo.

-¡Tú lo llevaste a mi casa!-grité mientras lo golpeaba en el pecho.

Andrew me detuvo las manos con fuerza y me obligó a mirarlo.

-Es él quien debe decírtelo todo, Serena, pero creo que ya sabes todo. Seiya no es gay.

-¿Y Kakyuu? ¿Quién es Kakyuu?-volví a gritar, con el rostro lleno de lágrimas y heridas. Las palabras apenas salían de mi boca.

-Su ex novia.

De pronto sentí que iba a desmayarme. Me hice hacia atrás y al tocar la pared me desvanecí por completo. No supe qué pasó después, ni cómo, lo único que sé es que desperté en mi habitación y la oscuridad invadía el departamento. Supe de inmediato que no había nadie más que yo, y fue entonces cuando todo regresó a mi mente. El reloj marcaba las cinco de la tarde y no tenía idea de cuánto había dormido. No podía moverme, no podía pensar en nada. Lo único que podía hacer era llorar. Y así lo hice. Lloré, y lloré, y lloré hasta cansarme. Jamás creí que fuera posible derramar tantas lágrimas. Quería arrancarme el corazón y quemarlo, quería arrancarme el cerebro y destrozarlo en mis manos. Quería olvidarme de todo, olvidarme de que alguna vez conocí a Seiya. Yo había aprendido a quererlo, había aprendido a vivir con él, a conocerlo, a adorarlo. Para mí se había convertido en todo, en lo que siempre quise, en lo que necesitaba y sin embargo me hice a la idea de que jamás podría tenerlo. ¿No debería estar feliz? ¿No debería sentirme bien porque ahora podíamos ser novios? No… no soportaba la idea de su engaño. No soportaba saber que era capaz de engañar a alguien de esa manera y a tal magnitud. Me hizo el amor, me tomó y aun así no se atrevió a decírmelo. Y con qué razón se sintió tan bien… con qué razón sabía perfectamente cómo y dónde tocarme. Y por si fuera poco, era el ex novio de Kakyuu y había vivido con ella. ¡Eran novios! Ni siquiera lo que Darien, mi padre o Andrew me habían hecho me dolía tanto como lo que Seiya había hecho. Era algo más grande que yo, algo que no podía controlar y por más que lo pensaba me parecía más difícil de perdonar. Quería perdonarlo, olvidarlo y entregarme a él. Pero algo me lo impedía, no podía soportar la idea. Decidí entregarme al vacío y quedarme en cama. Lo que más me dolía, lo que realmente me rompía el corazón era darme cuenta de cuánto lo quería y de lo mucho que me había enamorado. Lo que más me dolía era saber que todo este dolor solo significaba una cosa, y era amor.


Seiya POV

Llegué al departamento a eso de las 7:30. Supuse que Serena no estaba porque las luces estaban apagadas y no se escuchaba ningún ruido. Encendí la luz de la cocina, luego la de la sala y noté el bolso de Serena tirado en el suelo del pasillo. Fue entonces cuando logré escuchar su inaudible sollozo. Cuando encendí la luz de su habitación la vi recostada y cubierta con sábanas. Su rostro inexpresivo, sus ojos hinchados de tanto llorar y sus puños apretados me indicaron que algo estaba realmente mal y de pronto sentí una punzada en el estómago. Sabía que ella notaba mi presencia, pero no se movía, no hablaba y no me miraba. Fue cuando intenté tocarla que escuché su voz.

-No te atrevas a tocarme.

Jamás había escuchado ese miedo, esa arrogancia y ese rencor en su voz.

-¿Sucede algo?-pregunté confundido.

Poco a poco la vi incorporarse hasta estar frente a mí. Jamás apartó su mirada de la mía, jamás dudó en lo que hacía y de pronto me dio una bofetada tan fuerte que sentí que el alma se me iba con ella.

-Eres un mentiroso, un inepto, un farsante, un imbécil, pedante, odioso. Te atreviste a mentirme y engañarme, te atreviste a fingir. ¡Qué buen actor eres, Seiya Kou! Te has ganado un Óscar al mejor actor de reparto. Solo quiero que sepas que te odio, que te odio con todas mis fuerzas y que jamás, jamás voy a perdonarte esto. Siempre haciéndome ver que los otros hombres no valían mis lágrimas, que los demás no valían como seres humanos, y tú… tú no eres mejor que ellos. Tú eres el peor de todos, ¡eres una basura!-gritó.

Sentí como poco a poco el corazón se me encogía. No tenía idea de cómo se había enterado pero poco me importaba. Lo que sí me importaba y más me dolía era ver a Serena así de enojada, escuchar cada una de sus palabras que taladraban mi espíritu y lo hacían añicos.

-Tienes que escucharme, Serena, tienes que saber por qué…

-No me importa, Seiya, no me importa. Si lo que te preocupa es que pueda correrte de la casa, descuida, podrás vivir aquí, sí, pero no quiero que vuelvas a dirigirme la palabra en tu vida. No quiero que me mires, no quiero saber que estas aquí. Te odio y no quiero saber nada de ti, no quiero siquiera recordarte, ¡no quiero!-las lágrimas resbalaban por su rostro.

El corazón me palpitaba con tanta fuerza que no me di cuenta de que yo también lloraba y de que me acercaba a ella. La tomé de los hombros pero de inmediato se puso rígida y trató de alejarse de mí, pero se lo impedí.

-No puedes juzgarme así, tienes que saber todo lo que pasó, y…

-Suéltame y sal de mi habitación.

La solté, sí, pero no podía irme, no podía irme sin hablar con ella, sin decirle todo.

-Serena, todo esto es un mal entendido, ni siquiera fue mi idea, yo… no quería engañarte, ni siquiera sabía quién eras, todo lo que ha pasado entre nosotros…

-¡Es una mentira!-gritó.-Ni siquiera sé quién eres realmente, no tengo idea de quién eres.

-Soy yo. Seiya Kou. Soy tu Seiya, soy Seiya…-dije desesperadamente.-Soy el mismo.

Serena me dio la espalda y volvió a echarse sobre la cama. Tuve que salir de su habitación porque después de diez minutos de estar de pie al borde de la cama fue demasiado. Me encerré en mi habitación, incapaz de pensar en algo más que no fuera Serena Tsukino. Era un idiota, un imbécil, un tarado, poco hombre… por más que las cobijas me cubrían, seguía sintiendo un frío devastador. Me dio vergüenza aceptar mis lágrimas, me dio vergüenza todo lo que pasó. Cada vez que recordaba las palabras de Serena, el estómago se me encogía y mi corazón dejaba de latir. ¿Por qué dolía tanto? ¿Por qué todo era tan complicado? ¿Por qué me preocupaba tanto lo que Serena pensara de mí? El dolor incrementaba conforme los minutos pasaban y yo era incapaz de olvidarla. Tenerla tan cerca y no poder acercarme a ella era una tortura. Di vueltas por la habitación, golpeé todo lo que se encontraba en mi camino, me lastimé los puños, ahogué mis gritos en la almohada. No quería saber nada del mundo, no quería salir de mi habitación nunca más. No solo me dolía el hecho de que Serena estuviera enojada conmigo, sino el hecho de darme cuenta de que absolutamente toda mi vida y mi corazón le pertenecían ahora. Me dolía aceptar que la amaba y que no tenía idea de cuándo se había convertido en lo más importante de mi vida. Saber que jamás podría tenerla era mi castigo divino, mi perdición y mi muerte. Ella jamás iba a perdonarme, jamás iba a quererme otra vez, y yo… yo jamás sería capaz de arrancarla de mi corazón.