Febrero

Serena POV

Durante semanas tuve miedo de encontrármelo por las calles. Solo iba al trabajo y a la escuela para regresar a encerrarme al departamento. Tenía semanas sin hablar con mi padre, ni con nadie, ni siquiera con Mina. Traté de no hablar con nadie porque tenía miedo de que todos se enteraran de lo que sucedía. Sabía perfectamente que Seiya llegaría en cualquier momento, siempre iba todas las noches a tocar durante una hora mientras gritaba o hablaba solo frente a la puerta. Yo nunca le abría pero siempre me quedaba recargada en la puerta escuchándolo hasta que se iba. Varias veces vino borracho y varias veces estuve tentada de abrirle. Odiaba mi cobardía y mi indecisión, pero sabía muy en el fondo que lo amaba y que no estaba segura de cuánto tiempo iba a poder seguir ocultándoselo.

Ese día llegué del trabajo y después de dejar mis cosas decidí observarme en el espejo. Levanté la blusa que llevaba puesta y me dediqué a estudiar mi vientre. Seguía plano, como siempre había sido, pero la diferencia era que ahora yo sabía que llevaba una vida dentro. No lograba imaginarme con una pansa y mucho menos por tanto tiempo. Acababa de ir al doctor hacía dos días. El ginecólogo me había dicho que tenía 9 semanas de gestación y que todo parecía ir muy bien. Me había dado una dieta especial y había tenido que cambiar drásticamente mis hábitos alimenticios, además de citarme una vez al mes durante todo el embarazado hasta el día del parto. Me prohibió muchos alimentos y me recetó ácido fólico y otras vitaminas que le hacían bien al bebé.

Por un lado me sentía completamente feliz y emocionada, y por el otro totalmente confundida sin saber qué hacer. Tenía qué decírselo a alguien pero no sabía cómo y mucho menos cuándo. Mina seguramente estaría muy enojada por mi comportamiento y mi padre probablemente me odiaría para siempre después de decirle la verdad respecto a Seiya y que además estaba esperando un bebé. Me obligaría a regresar a casa, me escondería hasta que el bebé naciera y no quería ni pensar lo que podría hacer después de eso.

Decidí que hablar con Mina primero era la mejor opción, aunque estuviera enojada ella sabría qué decirme y entonces tal vez podría tener una mejor visión de lo que quería hacer. La llamé un par de veces pero no contestó. Apenas iban a ser las nueve de la noche, y Seiya aun no hacía su visita diaria. Lo más probable era que ese día no se parara por ahí, ya que si no iba entr significaba que ya no iba. Volví a llamarle un par de veces hasta que me rendí. Necesitaba pensar rápidamente o la cabeza me estallaría, ya no podía más con todo lo que tenía dentro y hablar con alguien parecía ser la única opción para liberarme.

De pronto recordé a Rei Hino. No era la persona indicada pero por alguna razón vino a mi cabeza. Después de haberla visto en la fiesta de Seiya habíamos acordado vernos, pero yo lo cancelé porque no me sentía preparada para hacer eso. En ese momento sentí que no me importaba nada y la llamé sin pensarlo dos veces. Rei me contestó algo confundida pero accedió a ir al departamento sin siquiera pensarlo. Llegó media hora después y cuando la vi me solté llorando sin siquiera saber por qué.

Por un buen rato nadie habló. Nos sentamos en el sofá mientras yo lloraba y Rei me abrazaba. Fue hasta que pude contenerme cuando ella me pidió que le explicara qué sucedía. Le conté absolutamente todo. Desde lo que pasó al irse con Darien hasta mi embarazo. Ella me escuchaba atentamente sin pestañear y sin interrumpirme. Asentía de vez en cuando y otras negaba con la cabeza. Le hablé de todo, de cómo fue que conocí a Seiya, cómo me fui enamorando hasta acabar embarazada y también lo de su asenso. Al terminar Rei parecía tranquila y tan solo un poco sorprendida. Volví a llorar un poco mientras la escuchaba hablar. Me pidió perdón por no poder estar conmigo y recordé lo bien que me sentía al platicarle mis cosas. No se atrevió a juzgarme y por el contrario me demostró todo su cariño y compasión.

-Serena.-dijo tomándome de las manos.-No tenía idea de que estuvieras pasando por tantos problemas. Por todo lo que me has dicho entiendo perfectamente que te encuentres herida y afectada, pero pienso que estas exagerando un poco las cosas. La situación es más sencilla de lo que quieres creer, y a pesar de que no hemos hablado un muchísimo tiempo me he dado cuenta de que no has cambiado nada, y por eso puedo decirte que sé muy bien por qué te duele tanto lo que hizo Seiya. Solo tenías miedo de que volvieran a lastimarte, pero debes darte cuenta de que él jamás lo hizo con esa intención, es decir, al principio él tenía un propósito y puedo apostarte que jamás creyó que tú ibas a interponerte en ese propósito. Yo ni siquiera lo conozco y puedo casi asegurar que él te ama de verdad, se le nota en la mirada… Creo que ni él ni tú tenían planeado enamorarse, ni nada de todo lo que pasó. Por lo tanto creo que debes darte cuenta de que lo que Seiya hizo no fue para dañarte, y aunque pudo habértelo dicho a tiempo, tú debes ser más comprensiva y aceptar que tú tienes culpa también. Ahora no solo puedes pensar por ti, sino por tu bebé. Tarde o temprano se te va a notar, y ¿qué piensas hacer? ¿Huir? ¿Ocultarlo para siempre? ¿Negarle un padre a tu hijo? No lo creo… el bebé no tiene la culpa de nada y necesita de su padre, al igual que tú necesitas ayuda porque no solo es tu responsabilidad sino la de Seiya también. Piénsalo bien porque sabes muy bien que él te ama y sabes también que tú lo amas a él, así que debes dejar de lado todo y perdonarlo. No creo que valga la pena sufrir cuando todo sería más fácil si siguieras adelante con él y con tu nuevo bebé. Todos cometemos errores pero es por eso que existen las segundas oportunidades y tú estas siendo muy egoísta y testaruda. Siempre fuiste una chica comprensiva y tranquila, y aunque entiendo por qué tienes tanto miedo, no creo que valga la pena sacrificar tu felicidad por algo que tiene solución. Creo que sabes muy bien que la solución esta en tus manos, y lo único que tienes que hacer es llamarlo antes de que sea demasiado tarde y decirle que venga aquí inmediatamente.

Me quedé sopesando las palabras de Rei por un buen rato y poco a poco fui dándome cuenta de que todo lo que había dicho era verdad. Yo estaba siendo muy prejuiciosa y estúpida, sobretodo, y creo que de pronto todas mis dudas se disiparon.

-Debes llamarlo cuanto antes, Serena, no dejes escapar la felicidad. Piensa que vas a tener un hijo con el hombre que amas, ¿qué otra cosa podrías pedir?

-Me parece que todo lo que dices es cierto… Creo que no había pensado con tanta claridad y al escucharte me doy cuenta de que he sido una tonta todo este tiempo. La verdad es que jamás había querido a nadie como quiero a Seiya y lo del bebé me emociona bastante… Soy demasiado cobarde e imbécil… soy demasiado orgullosa y tonta…

-Todos cometemos errores, Serena, créeme que yo más que nadie lo sé. Aunque quizá no lo creas de verdad me sigo preocupando por ti y quiero lo mejor para ti.

-Rei… creo que ahora soy yo la que debe disculparse… tenía miedo de hablar contigo porque aun me sentía preocupada por estar contigo. Admito que ha sido difícil para mí tu situación, pero poco a poco lo he ido aceptando y ya no me preocupa. Al estar hablando contigo recordé todo el tiempo de amistad que tuvimos y lo bien que éramos juntas. Quiero que sepas que te perdono por todo lo que pasó y no quisiera volver a tener problemas contigo. Quizá las cosas no sean tan fáciles pero creo que ambas nos hemos tomado el tiempo de pensar, así que te agradezco mucho que estés aquí y te prometo que haré mi mayor esfuerzo por recuperar nuestra amistad.

-Pues me haces muy feliz, Serena, yo sigo considerándote mi mejor amiga a pesar de que dejamos de hablar. Yo también haré todo lo que esté de mi parte para hacerlo. Sabes que lo que sea que necesites estaré al pendiente y puedes llamarme para lo que sea.

Nos despedimos con un fuerte abrazo y de pronto volví a quedarme sola. De pronto me sentía más tranquila y hasta feliz. No podía seguir perdiendo el tiempo y necesitaba hablar con Seiya cuanto antes. A pesar de que ya era medianoche decidí llamarlo, no podía esperar más. Marqué a su móvil mientras las manos me temblaban. Sonó varias veces pero Seiya no respondió, así que decidí dejarle un mensaje en el buzón de voz. No podía retrasarlo más y lo más probable era que Seiya ya estuviera dormido.

-Seiya.-dije casi llorando.-Necesito hablar contigo, pero tiene que ser en un lugar neutro. Puede ser que piensas que esto es extraño, pero creo que… es hora de que hablemos. Tengo tantas cosas qué decirte y… solo por favor di que sí. No tengo derecho a pedirte nada porque sé que me he portado muy mal, pero antes de que sea demasiado tarde… Te veo mañana en el Cypress Lounge.

Casi no logré dormir esa noche de tanto pensar en lo que iba a decirle a Seiya y cómo. De vueltas en la cama, tomé mucha agua, caminé, volví a acostarme y traté de pensar en lo que le diría.

Al siguiente día salí del trabajo algo nerviosa. Seiya no había respondido pero estaba segura de que había escuchado el mensaje. Comí muy poco durante todo el día y dormí el resto de la tarde ya que no había dormido nada bien durante la noche. Me desperté justo a tiempo para cambiarme de ropa e irme al restaurant-bar. De lo nerviosa que estaba ni siquiera me di cuenta de que aun faltaba una hora para que Seiya llegara, así que decidí sentarme a tomar algo mientras lo esperaba. Me senté en la barra y ordené una limonada sin alcohol. Me dediqué a observar a mí alrededor y por un momento me sentí incómoda. Había poca gente en el lugar y en la mesa de la esquina había varias personas, entre ellas Andrew Furuhata. Me estremecí. Tenía demasiado tiempo sin saber de él y no tenía ganas de verlo, mucho menos ese día que tenía que hablar con Seiya, pero ya era muy tarde para cambiar de lugar. Andrew cruzó su mirada con la mía y me miró de una manera muy extraña. Me giré a beber de mi vaso para no tener que verlo de frente, pero aun así sentí su mirada sobre mí.

Varias veces encontré a Andrew mirándome cada vez con más frecuencia. Comencé a desesperarme y solo podía pensar en irme de aquél lugar. Al cabo de media hora, uno de los meseros se me acercó con un vaso de una bebida sabor frambuesa.

-El señor de aquella mesa insiste en que la tome.

-No.-dije rotundamente.-Dígale que no me esté molestando, estoy esperando a alguien.

-Me pidió que le dijera que si se la toma la dejará en paz. Dice que sabe muy bien que le encanta la frambuesa y que le gustará la bebida.

Tomé el vaso para que el mesero me dejara en paz. No pensaba beberla a pesar de tener su mirada observándome detenidamente. Los minutos pasaban y Seiya no llegaba. ¿Acaso no vendría? ¿Ahora sería yo quien resultara ser la rechazada? Comencé a temblar y a sentirme cansada, debían ser síntomas del embarazo y solo quería irme de aquél lugar. Sentí una sed inmensa y sentí que me faltaba azúcar. El mesero no se encontraba dentro de mi campo de visión, por lo que no me quedó de otra más que beber un trago del vaso que tenía al frente. No quería darle gusto a ese idiota pero no tenía más opciones. Bebí un largo trago y luego lo dejé sobre la barra de nuevo. Miré a los lados para ver si alguien me había visto pero nadie me prestaba atención. Seiya no llegaba y cuando me giré, Andrew seguía observándome. La bebida no tenía alcohol pero comencé a sentirme un poco mareada, por lo que supuse que sería el embarazo y me puse de pie para ir al baño. Después de ir al baño creí que me sentiría mejor, pero no fue así. Al salir del sanitario sentí que el suelo se movía y batallé para enfocar la vista. De pronto sentí que unos brazos me sostenían y creí que sería Seiya, pero en su lugar vi a Andrew quien me miraba de una manera extraña.

-Suéltame.-dije asustada tratando de sostenerme de la pared.-Debo irme ya.

-Luces realmente mal, Serena, te llevaré a tu casa ya no puedes estar aquí.

-Me voy a ir yo sola, no necesito ayuda.

-Por supuesto que no dejaré que te vayas sola en ese estado.

Conforme Andrew hablaba, yo iba comprendiendo menos sus palabras. Todo me daba vueltas y sentía que mi cuerpo se quedaba sin energías para hacer nada en mi ayuda. Andrew me guio por el lugar hasta el estacionamiento. Recuerdo que me subió a un coche y cuando volví a abrir los ojos ya estábamos fuera de mi departamento. Noté que Andrew esculcaba entre mis cosas mientras que yo me recargaba en la pared, tratando de sostenerme en pie. Quería gritar, quería hablar pero apenas y podía percibir lo que sucedía a mí alrededor. De pronto Andrew me tomó en brazos y me llevó hasta mi habitación. Me recostó sobre la cama y comenzó a desvestirme. Quise defenderme, quise moverme, quise hacer muchas cosas pero mi cuerpo ya no respondía. Lo último que recuerdo fue a Andrew desabrochándose la camisa.


Seiya POV

Cuando llegué al Cypress Lounge había muy poca gente. El lugar no era muy grande así que debería de encontrar a Serena rápido. Ella no se encontraba en el lugar, quizá había decidido irse debido a mi retraso de veinte minutos. Aun no tenía idea de por qué me había citado, pero lo único que quería era hablar con ella. Por su tono de voz deduje que estaba más tranquila y tal vez ahora podríamos hablar normal. La busqué en las mesas, en los baños y no estaba. Vi a un mesero limpiar algunos vasos detrás de la barra y me acerqué a él.

-Buenas tardes, joven, ¿de casualidad ha visto a una chica rubia de cabello largo?

-Eh… ¿es muy bonita?

-Sí.-respondí entrecerrando los ojos.

-Sí la vi. Estaba aquí hace quince minutos pero parece que se fue con un hombre.

-¿Un hombre?-pregunté confundido.

-Sí. Un hombre rubio que estaba sentado en aquella mesa. Se subieron al coche de él.

Cuando me giré para ver la mesa donde estaba sentado el hombre, distinguí a Unazuki entre el grupo. La sangre comenzó a hervirme y salí inmediatamente del lugar. Jamás había manejado tan rápido pero no podía comprender cómo o por qué Serena había aceptado irse con Andrew. Después de lo ocurrido, no podía dejar a Serena sola con ese idiota, tenía que llegar cuanto antes. Me pasé varios semáforos en rojo, la llamé a su celular pero no respondía y cuando llegué al edificio me estacioné como pude para bajarme rápido.

Llegué al departamento y llamé a la puerta. El carro de Andrew estaba estacionado allí y no podía dejar de imaginarme cosas horribles. Nadie respondía y cuando giré la perilla me di cuenta de que estaba abierto, así que entré sin pensarlo y me sorprendí del silencio que había dentro. Si ese idiota le hacía algo a Serena yo…

Lo vi salir de la habitación de Serena mientras se abrochaba la camisa. Por un momento no logré moverme pero luego me abalancé sobre él y comencé a golpearlo. Él me empujó y logró zafarse de mis golpes.

-¿Qué le hiciste imbécil? ¿Qué le hiciste?-grité tan fuerte como pude.

-Nada que ella no hubiera querido.-respondió mientras esbozaba una sonrisa maliciosa.

Apreté los puños con fuerza y lo golpeé en el rostro. Andrew se puso de pie mientras reía y se dirigió a la puerta de entrada.

-No te molestes en entrar, ella se quedó completamente dormida.

Andrew salió del departamento antes de que pudiera volver a golpearlo. No podía controlar todo el coraje, enojo y resentimiento que llevaba dentro. No podía creerle a ese imbécil y lo único que me pasaba por la cabeza era matarlo. Entré con cuidado al cuarto de Serena y la vi completamente desnuda, tendida sobre la cama boca abajo. La vi tan tranquila y relajada que ni siquiera logré pensar bien. Comencé a sentir que todo por dentro se me desbarataba y que todo comenzaba a perder sentido. Algo me decía que todo aquello era una ilusión y que Serena sería incapaz de hacer algo así, sin embargo ahí se encontraba, feliz, relajada, tranquila. El mesero había dicho que se fue por su propia cuenta y Andrew también estaba desnudo. La hubiera despertado y le hubiera gritado, pero no lo hice porque hubiera sido capaz de asesinarla con mis propias manos. Sentí que el mundo se me derrumbaba y salí sin hacer ruido de ahí. Llegué al departamento de mis hermanos, completamente destrozado y sin querer saber nada del mundo. Ninguno de los dos estaba, así que aproveché para descargar mi furia. Golpeé todo lo que encontré a mi paso, grité, lloré, hice todo lo que no pude hacerle a ella. Poco a poco comencé a sentir que la vida se me iba y que ya no me importaba nada. Me desvanecí en la cama de Taiki y me olvidé de todo.


Serena POV

Cuando abrí los ojos el sol se filtraba por la ventana. Un dolor taladraba mi cabeza y poco a poco fui incorporándome. Un aire fresco me golpeó el rostro y fue entonces cuando me di cuenta de que estaba completamente desnuda. Me asusté demasiado y fue entonces cuando las imágenes comenzaron a correr dentro de mi cabeza. No podía creer lo que estaba sucediendo, lo último que recordaba era a Andrew quitándose la camisa y sentí demasiado miedo de lo que pudo haberme hecho. Tenía que hablar con Seiya, tenía que contarle lo sucedido cuanto antes. Comencé a llorar desesperadamente y le marqué a Mina para que pasara por mí y me llevara con Seiya, necesitaba hablar con él y decirle lo que Andrew había hecho. ¿Y si Andrew me había drogado y le había hecho daño a mi bebé? ¿Y si me había violado? No podía creerlo no podía creer mi estupidez. Sin siquiera meterme a bañar me cambié rápidamente y esperé a que Mina llegara.

Cuando llegó me solté llorando en sus brazos y me ayudó a subirme al coche. Le conté todo lo que había pasado y cuando menos me había dado cuenta ya estábamos fuera del departamento de Yaten. Justo cuando Mina y yo tocábamos la puerta, Yaten y Taiki llegaron al lugar y nos abrieron. Mina trataba de explicarles a los demás lo que había sucedido mientras yo buscaba a Seiya.

Lo encontré recostado en la cama de Yaten con los ojos abiertos y mirando hacia el techo. Me acerqué lentamente temblando y de pronto su mirada se posó sobre la mía. Fui incapaz de hablar por unos momentos ante la frialdad de sus ojos y mi cuerpo comenzó a sentirse débil. Seiya se puso de pie y se quedó mirándome como si me odiara y como si quisiera que desapareciera cuanto antes de su vista.

-¿Qué quieres?-dijo de pronto. El corazón me dio un vuelco y no lograba comprender el tono de su voz.

-Seiya… yo… vine a decirte algo importante, ayer tú… Te estuve esperando.-dije sin poder pensar.

-No creo que hubieras estado esperándome en la cama con Andrew.-dijo de pronto.

Abrí los ojos como platos y mis ojos se llenaron de lágrimas.

-No, Seiya, tienes que escucharme, las cosas no sucedieron así, lo que sucedió fue que…

-¡Eres una mentirosa! Vete de aquí, Serena. Yo mismo te vi en la cama, y vi a Andrew en tu departamento. No soy un imbécil y sé muy bien lo que vi, ¿me entiendes? Quiero que desaparezcas de mi vista en este momento.

-No, Seiya.-dije desesperada.-Las cosas no son lo que parecen, Andrew me dio…

-Ya cállate, no quiero escucharte, Serena, simplemente estoy cansado. Tengo semanas rogándote una palabra, tengo días enteros yendo a tu departamento para esperar que abras mientras que tú solo te encargas de abrirle la puerta a ese imbécil. No puedo explicar tu repentino interés por hablarme de nuevo, pero lo que sí puedo explicarte es que no quiero y ni me interesa saber nada de ti. No voy a seguir tu estúpido jueguito nunca más.

Me acerqué a él y justo cuando intenté tocarlo me empujó. Estuve a punto de caer pero logré sostenerme de la pared, comencé a sentirme verdaderamente mal. La presión se me bajaba rápidamente y todo me daba vueltas. El aliento se me escapaba y lo último que hice fue apretar los puños. Últimamente había agarrado de costumbre desmayarme frente a todos y mostrarme débil. Odiaba mostrarme débil ante los demás y más si era Seiya. Cuando abrí los ojos tardé en acostumbrarme a la luz de la habitación y lo primero que escuché fue la voz de Mina.

-Serena.-dijo con voz lejana.-Serena.-la voz de iba acercando más.-Serena.

-Qué…

Tenía un respirador puesto y con las pocas fuerzas que tenía logré quitármelo de la boca.

-Por qué estamos aquí.-dije en voz baja, como si temiera que alguien me escuchara.

-No hables, será mejor que descanses. ¿Te sientes mal?

-Solo… todo da vueltas… pero… Seiya…

-Iré a traerte un poco de agua, deja de hablar y descansa, Serena, lo necesitarás mucho.

Vi a Mina salir de la habitación y cuando abrió la puerta vi a Seiya en el pasillo recargado contra la pared. Sus ojos se concentraron en los míos y entonces supe que algo no estaba bien. Se acercó hasta la puerta y entró sin hacer ruido. Cerró la puerta y luego se me acercó lentamente y sin dejar de mirarme. Traté de desviar la mirada pero siempre la regresaba a sus ojos. Mi corazón latía con tanta fuerza que creí que iba a volver a desmayarme.

-Estás embarazada.-dijo de pronto.

Cerré los ojos tan fuerte como pude y quise desaparecer.

-El doctor dice que le pusieron una pastilla para dormir a tu bebida.

-¿Cómo esta mi bebé? ¿Lo voy a perder?-pregunté asustada.

Seiya me miraba impasible. Sus ojos parecían mostrar algo que yo no había visto nunca antes.

De pronto mi padre y un doctor entraron al cuarto mientras discutían algunas cosas que no alcancé a escuchar. La sangre se me fue a la cabeza y quise desmayarme de nuevo. No podía creer que ahora mi padre estuviera ahí y comencé a sentir mucho miedo. Estaba segura de que me obligaría a regresar a la casa cuando se enterara de todo. Hice todo lo pude para contener las lágrimas, el cuerpo me dolía y la respiración era cada vez más agitada.

-Señorita Tsukino.-dijo el doctor.-Necesito que me indique qué tomó ayer por la noche.

-No comprendo lo que hiciste, Serena.-dijo mi padre.-Estabas sola en un lugar, embarazada…

-Pero tienen que dejar que…

-Alguien puso una pastilla para dormir en su bebida, señorita Tsukino.

Abrí los ojos como platos y lo primero que hice fue llevar mis manos al vientre y apretarlo.

-¿Le pasó algo a mi bebé?-dije desesperadamente. Seiya me miró con preocupación.

-Afortunadamente no, señorita, logramos extraer los componentes a tiempo, pero tendrá que reposar por un buen tiempo. En estos momentos se encuentra en estado crítico y cualquier cosa podría hacerla perder al bebé.

Una lágrima se me escapó. Mina había regresado a mi lado y sostenía mi mano fuertemente mientras Seiya seguía cruzado de brazos y me miraba de una manera extraña y dura.

-Este día estará en observación y mañana puede irse a casa, señorita Tsukino. Le enviaré a una de las enfermeras para que esté a cargo de usted exclusivamente, ella le explicará los cuidados que debe tener, los procedimientos que se llevaron a cabo y lo que tendrá que hacer durante los siguientes días. Yo me retiro, muy buenas tardes a todos.

Cuando el doctor salió, mi padre fue el primero en hablar.

-Se puede saber por qué ninguno de los dos me había dicho que mi hija estaba embarazada.-dijo enojado.-No voy a tolerar situaciones como esta, deben saberlo muy bien, no voy a tolerar que mi hija se exponga al peligro en cada momento. Mañana mismo regresarás a la mansión, ¿escuchaste? Estoy cansado de tus jueguitos, regresarás y ahí mismo te cuidaré como se debe. Ni siquiera podrás continuar trabajando ni regresar a la escuela. Ambos son unos irresponsables, los dos debieron saber que esas cosas se planean y hay que tener cuidado.

-Yo no quiero regresar a la mansión.-dije aun llorando.-Me he cuidado sola bastante tiempo.

-¿Ah, sí?-preguntó irónicamente.-No te cuidaste muy bien ayer, ¿cierto?, pudiste haber muerto o haber perdido a tu bebé. Harás lo que yo te digo y punto, Serena Tsukino. Ya me cansé de tus berrinches, de tus juegos y de tus caprichos. Regresarás a tú casa junto a tu padre. Así tengas que quedarte los nueve meses en cama, yo te cuidaré.

-Eso no será necesario.

Todos miramos a Seiya al mismo tiempo. Era la primera vez que hablaba desde que mi papá había entrado al cuarto y yo apenas y podía pensar en lo que tendría que hacer.

-¿A qué te refieres, Seiya?-preguntó mi padre insistente.-Te ruego que no te metas en esto, no quisiera tener problemas contigo.

-Mucho menos yo, señor Tsukino, pero resulta que sí me meto y resulta que el hijo que lleva Serena es mío también.

El corazón se me paralizó. No tenía idea de lo que Seiya trataba de decir.

-¿De qué se trata, Seiya? No comprendo.

-Es muy sencillo, señor, no voy a dejar que maneje a Serena porque no es un juguete. Es su hija, una persona de carne y hueso. Ella es mi novia y el bebé es mi hijo, es sencillo, por lo tanto nos vamos a casar.

Abrí los ojos como platos. No podía creer lo que Seiya estaba diciendo. Lucía enojado pero al mismo tiempo determinante en sus palabras. Apenas pude moverme mientras mi padre lo laceraba con la mirada y Seiya lo enfrentaba en silencio.

-¿Casarse?-logró decir mi padre.

-Sí, señor, es lo lógico, ¿no cree? Serena y yo nos vamos a casar, y me la voy a llevar a París.

-Seiya Kou, ¿cómo que quieres llevarte a mi hija a otro país?

-Es allí donde voy a trabajar, donde voy a tener un muy buen trabajo, donde voy a vivir y donde tengo trazado un futuro. Serena va a irse conmigo, usted no puede hacer nada, nos casaremos y entonces perderá todo el poco poder que aun tenga sobre ella.

-No le daré la herencia, no le daré nada, ni a ella y mucho menos a ti.

-Nadie se lo pidió, señor Tsukino. Yo tendré un trabajo digno, ganaré muy buen sueldo y tengo el dinero suficiente ahorrado para irnos de aquí y para casarnos.

Mi padre me miró furioso y luego a Seiya.

-¿Vas a decir algo, Serena?-dijo mi padre mirándome con los ojos inyectados en sangre.

No me atreví a decir ni una sola palabra. No quería regresar a la casa, no comprendía bien lo que Seiya estaba planeando pero lo que sí estaba segura era que no quería separarme de él. Mi padre interpretó mi silencio y salió del cuarto furioso sin decir nada más. Mina se despidió de nosotros y nos dejó solos.


Seiya POV

Aun no lograba recuperarme del impacto. No podía creer que Serena estuviera embarazada y mucho menos podía creer que me lo hubiera ocultado por tanto tiempo. El doctor había dicho que tenía poco más de dos meses. Por un lado me sentía furioso por su comportamiento, sentía coraje por lo de Andrew y muchas otras cosas más, pero por el otro sentía una alegría extraña, una emoción y una sensación de felicidad. Ahora la decisión estaba tomada. Me casaría con Serena y la llevaría conmigo, porque a pesar de todo sabía perfectamente que no quería dejarla ir y que desde que supe que estaba enamorado de ella sabía muy bien que quería llevarla conmigo al fin del mundo.

A pesar de todos los planes que caminaban por mi cabeza, aun sentía mucho rencor y enojo que no podía olvidar tan fácilmente. Nos quedamos solos y me senté en el sillonsito junto a su cama. Ella me miraba confundida y aunque deseé besarla y abrazarla, gritar de felicidad, lo único que hice fue mirarla detenidamente.

-No creo que quieras casarte.-dijo Serena apretando un puño.

-Yo creo lo que quiera, Serena, tú y yo nos vamos a casar y te vas a ir conmigo a París.

-¿Y por qué crees que quiero casarme e irme de aquí?

-No lo sé, Serena, pero eso ya no tiene importancia. Ahora tienes que pensar en nuestro hijo, porque es mío, ¿cierto?

Serena cambió de expresión y de pronto me dio una cachetada tan fuerte que su mano se quedó marcada en mi mejilla.

-Lo que tú quieras ya no es una opción, Serena, te vas a ir conmigo. Yo soy el padre de ese bebé, así que no intentes hacer nada en contra de las decisiones que ya se tomaron.

Serena comenzó a llorar silenciosamente y la miré mientras lo hacía. A pesar de estar hospitalizada y de estar llorando, lucía hermosa mientras las lágrimas adornaban su rostro.

-¿Por qué, Serena? ¿Por qué tuviste que ocultarlo?

Serena no respondió. Me acerqué a ella con cuidado pero sin dejar de mirarla. Ella tenía los ojos brillosos y no sabía qué responder. Tomé su rostro con ambas manos y lo sostuve fuerte. Nuestras frentes se golpearon y nos miramos a los ojos. La amaba. La amaba más de lo que podía admitir, pero algo dentro de mí se encendía ante el hecho de pensar que no quería decirme acerca del bebé. Algo dentro de mí se encendía al saber que me había ignorado por semanas enteras y que por días enteros viví en la depresión y soledad. Aun con todo el enojo que sentía, no pude evitar saborear sus labios. Los capturé lentamente, esperando a recordar cada parte de ellos como desde hacía mucho que no los probaba. Sentí como si un volcán hubiera explotado dentro de mí, como si sus labios fueran lo único que podía mantenerme con vida y no los solté, me aferré a ellos porque sentí que si me separaba, todo desaparecería de pronto.