Serena POV

Seiya no me hablaba. Mina se había quedado conmigo cuando al día siguiente que salí del hospital. Ambos me llevaron al departamento y escuché que le pedía que me cuidara durante algunos días mientras él arreglaba algunas cosas. No dejé de llorar durante todo el tiempo que estuve en cama. Mina me llevaba comida, té, medicina, se pasaba el día a mi lado y trataba de animarme, pero yo no dejaba de pensar en todo lo que había sucedido en tan pocas horas. El coraje invadía mi cuerpo cada vez que recordaba la noche en que Andrew se metió a mi departamento. No podía creer que hubiera sido tan estúpida y cada vez que pensaba en que me había tocado me sentía sucia e infeliz, como si no mereciera a nada ni nadie. Durante días me bañaba tres veces al día cada vez que recordaba esa noche, o lo que lograba recordar. Mina se veía muy preocupada y yo trataba de tranquilizarla con mentiras. Me sentía débil, triste, sola, y sobretodo culpable. Por más que quería hablar con Seiya, sentir una palabra de aliento, él solo se limitaba a mirarme con reclamo en sus ojos, con angustia y hasta decepción.

Ese día me levanté de la cama para salir de la habitación después de una semana. Era la primera vez que salía de allí e iba a la cocina. Mina se encontraba bañándose y decidí aprovechar para hacerme un té. Mientras disponía el agua en la estufa, abrí la alacena para buscar algo de comer. No había nada más que galletas de chocolate y las tomé. Una punzada en el estomago me lastimó, pues recordé de inmediato que esas galletas pertenecían a Seiya. Me metí una a la boca y entonces fue cuando escuché que la perilla de la puerta se movía. Seiya entró al departamento y al verme en la cocina se sorprendió. Me miró en silencio y caminó lentamente buscando a Mina en algún lugar.

-¿Qué haces de pie?-preguntó mientras me miraba comer la galleta.

Me limpié la boca rápidamente y tragué con dificultad por los nervios.

-Me sentí un poco mejor.-respondí con la voz trémula.

-Solo vine rápidamente porque tengo algunas cosas que hacer. Quería avisarte que ya casi todo esta listo y que en una semana nos casamos.

Seiya se giró para ir a su antigua habitación y entonces fue cuando decidí hablar.

-No.-dije de pronto y sin pensar.

Seiya se detuvo al instante y se giró para verme de frente.

-¿No, qué?-se cruzó de brazos.

-No vamos a casarnos.

Seiya se quedó sopesando mis palabras mientras se acercaba a mí de nuevo. Su mirada era fría y distante.

-¿Quién dice?

-Ya basta, Seiya. No voy a casarme contigo cuando solo quieres hacer esto por el bebé. No voy a casarme si no lo deseas de corazón.

Seiya arrugó la frente y noté cómo apretaba la mandíbula.

-Te dije desde el principio que no ibas a poder hacer nada para evitarlo. Te dije también que ya no puedes pensar en tus deseos solamente y que hagas lo que hagas nos vamos a casar. Ese niño es mi bebé, y yo lo quiero cerca de mí.

Sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos. Estaba cansada de llorar, pero de solo escucharlo no podía evitarlo. Seiya se comportaba de una manera que yo jamás creí que fuera capaz. Por supuesto que yo quería casarme con Seiya. Desde el momento de que me había enterado de mi embarazado fue algo que soñé, fue algo que vino a mi cabeza. Soñaba con Seiya y con el bebé, pero yo misma provoqué todo esto, y yo misma provoqué su actitud.

-No llores, Serena, te lo suplico. Tienes días enteros llorando, ya no quiero verte llorar.-dijo muy serio.

-No puedo hacer nada. Estoy cansada, solo quiero que todo vuelva a la normalidad.

-Te juro que yo también lo quisiera, pero no puedo confiar en ti. Así como no puedo perdonarte que me hayas ocultado tu embarazo y mucho menos que tú y Andrew…

-¡No!-grité.-Seiya yo no hice nada, yo te estaba esperando y…

-Serena…-me interrumpió.-Yo los vi…

-¿No escuchaste al doctor? ¡Él puso algo dentro de mi bebida!

Me miró durante un largo rato sin decir nada. Agachó la cabeza y después de unos minutos volvió a mirarme. Algo había cambiado en sus ojos.

-Tal vez en eso tengas razón.-dijo.-Pero de cualquier manera algo entre tú y yo se rompió hace mucho tiempo.

Noté que Mina salía del baño en puntitas y se encerraba en mi habitación sin hacer ruido mientras me lanzaba una mirada de complicidad.

-¿Y qué puedo hacer, Seiya, dime qué puedo hacer para que todo esto termine?

-Solo dime por qué te costó tanto perdonarme, por qué te dolió tanto todo lo que pasó. Yo nunca hice nada a propósito. Cuando te conocí, yo jamás creí que fuera a enamorarme de ti, jamás creí que iba a conocerte como te conozco ahora, y mucho menos me imaginé que algún día ibas a tener un hijo mío. Explícame por qué no querías decírmelo, por qué planeabas seguir adelante tu sola y por qué ibas a hacerme a un lado.

-Es que aun no puedo creer que fuera capaz de mentirme. Tú mejor que nadie sabes todos los problemas tuve con los hombres y aun así… creí en ti, creí que eras el único hombre sincero y me fallaste…

-No puedo creer que después de todo sigas pensando así.-dijo tomándome de los hombros.- ¡Cuándo vas a dejar de ser tan orgullosa!-Seiya me zarandeó mientras hablaba y lo miré asustada.-En una semana nos vamos a casar y fin de la discusión. El avión sale un día después de la boda, así que te recomiendo ir empacando.

Sentí su aliento golpear mi rostro y por un momento deseé besarlo y atraparlo entre mis brazos, pero su mirada fue tan dura que preferí no abrir la boca. Seiya me soltó y salió del departamento rápidamente. Inmediatamente después de su partida, Mina salió de mi habitación ya cambiada y me miró con los ojos llenos de preguntas. Me abrazó y decidí contarle todo.


Seiya POV

Llegué al departamento de mis hermanos hecho una furia. No podía creer que a pesar de todos los problemas, Serena siguiera comportándose igual. Tenía que arreglar todo esto de una buena vez, porque ya no soportaba la sola idea de pensar que el idiota de Andrew la había tocado. Cada vez que la idea me venía a la cabeza, la sangre me hervía. Tomé un vaso de agua y volví a salir del departamento. Nunca había manejado tan rápido en toda mi vida. Llegué al Crown cuando el sol estaba por ocultarse. Traté de lucir calmado ante los clientes pero cuando entré y Unazuki me miró supo que algo estaba mal. Trató de controlarme pero la ignoré por completo y cuando lo vi en el área de videojuegos caminé hasta él.

Cuando Andrew me vio, sonrió maliciosamente y me hizo enfurecer más. Lo tomé por el cuello de la camisa y jalándolo lo llevé hasta la puerta trasera y lo golpeé una vez en el estómago.

-Dime la verdad, imbécil.-dije tranquilamente.

-Ya la sabes, Seiya, hazme el favor de largarte de aquí.

-Esta bien.-lo golpeé de nuevo.-Haré esto hasta que hables, te aseguro que no voy a cansarme nunca.

-Serena es tan buena en la cama.-rio.

Esta vez no solo lo golpeé en el estómago, sino también en el rostro, en las piernas y en todos los lugares posibles. El coraje me invadía cada vez que sus ojos entraban en contacto con los míos y cuando Andrew comenzó a sangrar de los labios y de la cabeza fue cuando decidió tratar de defenderse y se alejó de mí asustado.

-¡Ya basta!-gritó mientras yo volvía a agarrarlo de la camisa y volvía a golpearlo en el rostro.

-¡Dímelo, imbécil!

-¡Ya, Seiya! ¡No le hice nada! Vas a matarme, imbécil, para de una vez.

-Júrame que no le hiciste nada.-grité.

-¡No! No le hice absolutamente nada. Solamente la desnudé, y sí, la dormí, pero no le hice nada.-habló con dificultad a causa de la sangre que salía de su boca.-Solamente quería asustarla y vengarme de ti y de ella.

No me importó su confesión y lo golpeé múltiples veces en el rostro y estómago de nuevo. Andrew apenas podía moverse y el rostro estaba bañado en sangre. Los ojos morados e hinchados, un diente se le había caído y yo jadeaba del cansancio y de la euforia.

-Eso.-dije con la voz entrecortada.-Que te sirva para aprender a no tocar a una mujer. A Serena jamás vuelves a tocarla y jamás vuelves a verla. Y que yo no me entere, porque entonces sí te mato. Y más te vale que lo que me dices sea cierto, y que solo la hayas dormido, porque si me entero de lo contrario, te juro que no me importa durar años en la cárcel por asesinato.

Me fui mientras me tronaba los puños llenos de sangre y salía por el patio hacia mi automóvil. Yo no estaba dispuesto a tolerar que ni él ni nadie se atrevieran a hacerle daño a Serena. Estaba dispuesto a llevármela a donde fuera necesario con tal de alejarla del dolor, de la soledad. Regresé al departamento y me metí a bañar. Necesitaba relajarme y sentirme tranquilo para poder pensar con claridad. Ahora que sabía que Andrew no le había hecho nada a Serena podía vivir mejor. Sentí un peso menos de encima, como si alguien me hubiera liberado de una terrible tormenta.

Marzo

Los días pasaron y yo, con ayuda de mis hermanos y Mina, arreglamos todo para la boda. Mina eligió el vestido de Serena, era muy sencillo pero parecía muy lindo. Yo no podía pagar un vestido tan grande y ostentoso como a Serena le hubiera gustado, pero según Mina, era el vestido perfecto. No habría muchos invitados y todo sería por el civil, tan solo mis hermanos, Mina, Lita, la amiga de Serena, Rei, y por supuesto ella y yo. Compré los boletos de avión, y empaqué mis cosas. Mi tesis estaba lista y solo estaba esperando a que me la entregaran ya impresa y encuadernada. Después de terminarla, editarla, corregirla, se la di a un editor con más experiencia que yo, a quien le pagué porque la revisara. Después de algunas observaciones, la volví a corregir y la llevé a la escuela. Tuve mi examen profesional y saqué calificación excelente. Solo invité a mis hermanos porque no estaba de humor para nada más.

Recogí mi tesis y la empaqué con los demás papeles importantes. Le pedí a Mina que se asegurara de que Serena empacara todo y no olvidara nada, pues ella siempre era distraída y olvidadiza. Me encargué de ir a la escuela de Serena y solicité toda su papelería. Cuando me bajé del auto afuera del departamento de mis hermanos, noté que una enorme camioneta estaba estacionada frente a mí, los vidrios estaban muy oscuros así que decidí ignorarlo. Mientras abría la puerta del departamento, escuché un par de voces adentro que no reconocí a primera instancia. Cuando abrí la puerta por completo, vi a Yaten, Kakyuu y el señor Tsukino discutiendo. Me tensé de inmediato y los tres me miraron.

-¿Qué esta haciendo aquí, señor Tsukino?-fui el primero en hablar.

-Sabes muy bien qué hago aquí, Seiya, vengo a exigirte que dejes en paz a mi hija. No puedes arruinarle la vida de esta manera.

-No veo cómo puedo estarle arruinando la vida más de lo que usted ya lo hizo.-dije sin pensar.

-No voy a discutir con usted lo que yo haga con mi hija, pues por eso es mi hija y yo tengo derecho sobre ella. Se lo voy a pedir por última vez, Seiya, déjela en paz y váyase usted.

-Discúlpeme, señor Tsukino, pero el hijo que lleva Serena es mío así como de ella, por lo tanto solo ella y yo tenemos derecho a decidir sobre él. Mañana nos vamos a casa y entonces usted ya no podrá hacer nada, ni amenazarnos, ni molestarnos, ni nada.

-No puedes quitarme a mi hija, Seiya, es lo único que tengo.

-Usted no la ha tratado como es debido, señor Tsukino, y creo que es un poco tarde para pensar en eso, ¿no lo cree?

-Muy bien. Basta. Estoy dispuesto a darte todo el dinero que tú quieras para que la dejes en paz y te largues de una vez. Te doy todo el dinero para sobrevivir en París el tiempo que quieras, te daré para comprarte una casa, un departamento, autos, lo que tú quieras. Dime un número y lo anoto ahora mismo y aquí.-dijo sacando una chequera de su bolsillo.

Sentí que la sangre me hervía y fruncí el ceño. Sin pensarlo dos veces le arrebaté la chequera de sus manos y la tiré al suelo. Luego me dirigí a la puerta y la abrí de par en par sin decir nada, indicándole a ambos que se fueran de una vez.

-Si no quiere que su hija se entere de que estaba dispuesto a pagar por ella, será mejor que se vaya ahora mismo y nos deje en paz.

Tanto el señor Tsukino, como Kakyuu salieron del departamento y me miraron indignados y sorprendidos.

-Que le quede bien claro que ni Serena ni yo necesitamos de su dinero o de su compasión. Yo tendré un trabajo digno e importante. Seré el director de Barnes and Noble en París, ganaré más que suficiente para mantenerme a mí, a Serena y a mi hijo. Nada nos hará falta y tendré mucho más para comprarles a Serena y mi hijo lo que ellos quieran. Su mansión no se comparara con todo lo que podré darles, así que no se moleste más en ofrecer dinero o amenazarnos.

Cerré la puerta sin siquiera dejar que replicaran y Yaten me miraba divertido y al mismo tiempo admirado.

-Muy bien, hermanito, es la primera vez que te veo defender algo tan terminantemente.

-Yaten, no voy a dejar que abusen de mí o de Serena, y mucho menos voy a dejarla a ella y a mi bebé aquí.

-Entonces la quieres.

-Nunca he dejado de quererla, Yaten, solo son momentos difíciles, pero que no quepa duda de que yo quiero estar con ella, y así tenga que defenderla de su padre o de quien sea, lo haré.

-Ni siquiera le preguntaste a Serena si quería irse a París.

-Ya lo sé, pero no puedo hacerlo. Tendré que llevármela, así tenga que obligarla, no importa que se enoje, porque cabe la posibilidad de que se niegue y entonces tendré que alejarme de ambos, y eso no voy a permitirlo. Si se enoja, en algún momento tendrá que contentarse, y es más fácil soportar su enojo allá que dejarla aquí.

-Bien, hermanito, será mejor que descansemos porque será un día bastante largo. Yaten y yo nos acostamos después de cenar algo y me dormí sintiendo un nudo en el estómago.


Serena POV

Mina me despertó mientras saltaba en la cama en donde yo dormía. Hacía tanto ruido que un dolor taladraba mi cabeza mientras abría los ojos y trataba de acostumbrarme a la luz del sol. Mina se encontraba en pijamas y despeinada mientras me miraba con sus enormes ojos y una enorme sonrisa.

-No tengo ganas.-dije con un bostezo.

-Nada de eso, Serena, te va a encantar tu vestido y todo.

Mina me obligó a ponerme de pie y me metió al baño. Quince minutos después salí recién bañada y limpia. Cuando entré a la habitación, Mina había extendido el vestido sobre la cama. Me quedé sorprendida al verlo frente a mí, era sumamente hermoso. Era un vestido largo, lleno de encajes y color hueso. Strapless, brillaba bajo la luz y tenía un listón rosado que iba en la cintura, justo bajos los pechos. Mis ojos brillaron ante la imagen y de pronto sentí muchísimas ganas de vérmelo puesto.

Mina me ayudó a cepillarme el cabello y secarlo mientras yo me dedicaba a limpiar mi rostro y colocarme crema por todo el cuerpo. A pesar de que tenía mucho miedo, no podía creer que Seiya hubiera gastado tanto dinero en un vestido como ese. Estaba consiente de que no era el vestido más caro, ni el de mejor marca o diseñador, pero era bastante hermoso y jamás creí que soñara con ponérmelo.

Lita y Rei llegaron rato después para ayudarle a Mina. Las tres también se cambiaron y maquillaron y luego me ayudaron a mí. Tenía miedo de que las chicas no aceptaran aRei, pero al parecer poco a poco las cosas iban volviendo a la normalidad conforme el tiempo pasaba. No tuvieron dificultad porque en realidad entre ellas no había problemas, y como yo ya la había perdonado, a ellas les resultó más sencillo hacerlo también.

A eso de las tres de la tarde, tanto mis amigas como yo ya estábamos listas. Rei decidió que nos fuéramos en su coche y solo teníamos media hora para llegar. Me sentía muy nerviosa y apenas lograba articular palabra. Me encontraba en medio de un debate interno, no sabía con exactitud si sentía miedo, angustia, felicidad o nervios. Aun no me sentía completamente segura de aceptar esa boda, pero no tenía otra opción. Seiya tenía razón y yo no tenía ningún derecho de alejarlo de nuestro bebé, así como tampoco podía quedarme sola en Japón.

Cuando llegamos al registro civil, Yaten, Taiki y Seiya se encontraban esperándonos afuera del edificio. Los tres vestían trajes formales y estaban bien peinados. Las chicas se bajaron primero y yo esperé un momento porque mis piernas no respondían. Cuando al fin logré moverme, me bajé con lentitud del auto y noté la mirada de Seiya sobre mí. Un escalofrío recorrió mi espalda y comencé a caminar lentamente del brazo de Mina hasta él. Una vez estando frente a él, me tomó del brazo y caminamos juntos al interior. No me habló, ni sonrió, ni hizo nada, lo cual provocó que me sintiera peor de lo que ya me sentía. Jamás había soñado que mi boda fuera así, no era nada de lo que me había imaginado que fuera y sin embargo Seiya estaba a mi lado.

La ceremonia fue lenta, o al menos así me lo pareció. Después de escuchar las palabras del juez, pidió que entregáramos los anillos. Yo no llevaba ningún anillo para Seiya, y no tenía idea de si él tenía uno para mí, pero Lita se acercó con dos cajitas y me entregó una a mí y otra a Seiya. Cuando la abrí vi un anillo de hombre, de plata, sencillo pero muy lindo. Lo coloqué con cuidado entre mis dedos e hice caso de lo que el juez me decía. Repetí sus palabras mientras lo colocaba en su dedo y noté que su mano temblaba sutilmente. Cuando levanté la vista él me miraba también y algo en su expresión había cambiado. Cuando fue su turno, sacó el anillo de la cajita y entonces mientras hablaba, lo colocó en mi dedo poco a poco. Me quedé sorprendida cuando lo vi. Brillaba tanto que era imposible dejar de verlo. Era un anillo muy sencillo pero tenía un pequeño diamante que seguramente costaba muchísimo más de lo que yo podía imaginar. Era tan lindo que ya me sentía atada a él y al anillo para siempre. Sonreí sin darme cuenta y cuando levanté la vista, Seiya me miraba profundamente a los ojos, como si tratara de decirme algo.

El juez pidió que firmáramos el acta y Seiya lo hizo de inmediato, sin dudar. Yo también hice lo mismo, porque a pesar de todos los sentimientos encontrados, algo dentro de mí me decía que estaba en el lugar y momento correctos, y no deseaba estar en ningún otro lado. Después Mina y Yaten firmaron como testigos y luego Lita y Taiki. Solo el juez faltaba por firmar y en cuanto la ceremonia terminó, los siete salimos del edificio y nos dirigimos a un restaurante no muy lejos de allí. Cuando miré el reloj ya eran casi 6:30.

El tiempo pasó tan rápido durante la merienda que ni siquiera me di cuenta de lo que había comido y mucho menos me di cuenta cuando ya nos encontrábamos saliendo del restaurante. En el estacionamiento, Yaten, Taiki y las chicas ayudaban a subir cajas al carro de Seiya, y entonces no supe lo que sucedía.

-¿Qué hacen?-dije dubitativa.

-Suben tus cosas a mi coche.-dijo Seiya tomándome de la mano firmemente. Era la primera vez que me tocaba de esa manera desde hacía bastante tiempo.

-Pero yo no recuerdo haber subido mis cosas al coche de Rei.

-Nosotras lo hicimos.-dijo Lita sonriendo.-Aquí están los boletos.

Lita le entregó dos sobres a Seiya y sonrió.

-Bueno chicos.-dijo Seiya.-Es hora de despedirnos. El avión sale a las diez y debemos estar temprano.

-¿Qué?-pregunté confundida.-Creí que…

-No, Serena, nos vamos ahora mismo.

-Pero… ni siquiera…

Mina, Lita y Rei se despidieron de mí. Nos abrazamos, besamos, lloramos, en fin… no se cansaban de desearme suerte y decirme que me iban a extrañar mucho. Yo comencé a llorar sin darme cuenta porque no creí que tuviera que irme tan pronto. Yaten y Taiki también se despidieron de mí después de haberse despedido de su hermano. Ambos me ofrecieron su apoyo, amistad y ayuda en caso de que la necesitara y me dieron un fuerte abrazo. Media hora después, Seiya y yo nos encontrábamos solos en camino al aeropuerto. Yo miraba por la ventana mientras me limpiaba las lágrimas en silencio. Me dediqué a observar el anillo que llevaba puesto y de pronto sentí una extraña tranquilidad y paz interior.

En el aeropuerto, varias personas nos ayudaron a bajar las muchas maletas y cajas que traíamos de equipaje. Seiya se dedicó a arreglar la papelería y el equipaje mientras yo decidí sentarme a esperar. Me sentía cansada y de cierta manera derrotada. La gente me miraba entre sorprendida y extrañada por el vestido de novia y yo solo decidí ignorarlos. Una hora después, nuestro equipaje ya se encontraba en el avión y nosotros entregábamos nuestros papeles para viajar. Nuestros asientos se encontraban en primera fila. Seiya me sostenía la mano firmemente entre la suya, y aunque no decía nada yo sabía muy bien que no deseaba estar ahí.

El viaje duró muchas horas y yo me quedé dormida prácticamente todo el camino. Me sentía muy cansada y tenía dolores constantes en el estómago. Sentí bochornos, mareos, nauseas, y solo quería llegar y recostarme o los síntomas del embarazo me matarían. Cuando llegamos a París ya era de madrugada, el sol casi salía y Seiya tuvo que conseguir un auto bastante grande para subir todo nuestro equipaje. Tardamos otra hora entera en acomodar el equipaje y llegar hasta un edificio enorme muy cerca del centro de la ciudad. Durante todo el camino me dediqué a estudiar la ciudad.

Jamás había conocido nada igual. Era un lugar sumamente hermoso a pesar de la hora había mucha gente en la calle. Seiya le pagó al taxista para que lo ayudara a bajar todo el equipaje. Eran las siete de la mañana cuando entramos a un enorme departamento, el doble de grande del que teníamos en Tokio, y se encontraba en el séptimo piso. Caminé con dificultad a causa del vestido y abrí la boca mientras observaba cada recoveco del lugar. Caminé para verlo todo y grabarlo en mi memoria. Había dos baños, tres habitaciones, una cocina muy grande, sala, comedor. Solo la última habitación estaba amueblada y solo había una sola cama. Sentí la presencia de Seiya detrás de mí y me giré lentamente hasta tenerlo de frente.

-Aquí solo hay una cama.-dije preocupada.

Seiya me jaló del brazo y me llevó hasta la orilla de la cama.

-Hay una cosa que tienes que darte cuenta, Serena.-dijo Seiya sosteniendo mi rostro entre sus manos.-Tú ahora eres mi mujer, mi esposa, y si tienes que dormir en algún lugar es junto a mí.

No dije nada. Sus ojos azules reflejaban un brillo intenso y no me atreví a decir nada.

-Yo no me case contigo no te traje hasta aquí solo porque vayas a tener un hijo mío. Me casé contigo y te traje aquí porque simplemente no logro concebir vivir sin ti, o vivir lejos de ti. Simplemente me casé contigo porque eres la única persona con la que quiero estar toda mi vida, con la que quiero crecer y progresar. Estoy cansado de todo, de las peleas, de las discusiones, de los problemas… lo único que quiero es tenerte entre mis brazos y olvidarme de todo. Fui un idiota, sí, te engañé, pero te digo la verdad cuando te digo que me enamoré y que jamás creí que fuera posible. Despertaste demasiadas cosas dentro de mí y no tienes ni la menor idea de todo lo que sufría mientras tú creías que era gay. No poder tocarte, ni sentirte, ese fue mi peor castigo, pero ya no estoy dispuesto a pagar ese precio. Deseo tocarte y sentirte por el resto de mis días y no estoy dispuesto a dejar que nadie más te ponga un dedo encima.-me dijo mientras sus manos heladas y suaves recorrían la desnudez en mi espalda hasta llegar al zipper del vestido.

Comencé a temblar mientras las palabras salían de su boca y sentí miedo de que me rechazara. No podía creer todo lo que me decía porque me parecía demasiado bueno para ser verdad.

-Desde que te conocí yo cambié totalmente y ahora lo único que pienso es en estar contigo en ver tu rostro. No tienes idea de todo lo que he sufrido por estar alejado de ti, todo lo que he tenido que luchar para no ir a buscarte y sostenerte entre mis brazos.

Lentamente fue bajando el zipper de mi vestido hasta el tope y sentí sus dedos acariciar la línea de mi espalda.

-Debo entender por qué no me querías decir lo del bebé, pero ya no me importa porque lo importante es que ahora lo sé y que ahora eres mi mujer. Solo mía y de nadie más. Ningún imbécil va a tocarte porque yo mismo lo mato. Vamos a vivir aquí y te juro que no voy a dejarte ir nunca y que tú, yo y el bebé vamos a ser muy felices. No me importa lo que tengamos que hacer, yo voy a cuidarte y protegerte porque simplemente te has convertido en todo lo que podría soñar.

-Seiya.-dije quitando sus manos de mi espalda.-No puedo.-mentí.-Yo no soy digna de ti. No… te traicioné, dejé que otro hombre me…

Seiya colocó su mano sobre mi boca impidiéndome seguir hablando.

-Silencio, Serena.-me dijo mientras sonreía.-Ya debes dejar de preocuparte por eso.

-¿Vas a dejar que así como así yo entre a tu vida, después de haber sido…?

-No.-respondió mientras se acercaba a mí y volvía a colocar sus manos en mi espalda, haciendo que el vestido se me bajara.-Serena, yo hablé con el imbécil de Andrew. Créeme cuando te digo que nada pasó, debes dejar de atormentarte porque ese imbécil no te tocó. Solo quería vengarse de ti y de mí, pero yo lo hice hablar con la verdad, y sé que no te hizo nada. Pero te juro por lo que más quieras que no voy a volver a dejar que te pase algo así, porque ahora eres solo mía y yo…

Me besó en el cuello para luego besarme en la comisura de los labios.

-Te amo, Serena.-me besó en los labios.-Te amo más de lo que desearía, más de lo que hubiera imaginado querer.

Fue entonces cuando volvió a besarme, como la primera vez, como nunca antes. Sentí sus labios recorrer los míos y sus brazos atraerme hacia él con insistencia y pasión. En un momento me tomó entre sus brazos y me colocó en sobre la cama, quitándome el vestido lentamente. Lo vi quitarse la camisa y pude notar su abdomen marcado y liso. Su colocó encima de mi con cuidado y acarició mi vientre con el dedo índice, provocando que me estremeciera de pies a cabeza. Sus labios besaron mi cuello y mis pechos mientras que una de sus manos acariciaba mi entrepierna por encima de la tela de mis bragas. Entreabrí los labios y comencé a jadear, el deseo crecía dentro de mí como hacía mucho tiempo no lo sentía. Instintivamente rodeé su cuello con mis brazos y sentí ganas de besarlo también.

Besé sus enormes hombros al tiempo que su mano jugaba con mi sexo. Sentí la humedad que salía de mi cuerpo y la mano de Seiya que se introducía lentamente en mí. Mi cuerpo se pegaba al de él y mientras algunos gemidos salían de mi boca, lo besé en los labios para reprimirlos. Seiya se detuvo para quitarse el pantalón y yo me quedé ardiendo de deseo. Sentí que mi cuerpo explotaba y solo quería tenerlo de nuevo junto a mí. Me desabroché el sostén y me acerqué a él en cuanto lo vi despojarse de las prendas. Pegué mis pechos a su cuerpo y comencé a besarlo en el cuello y en los pectorales. Sentí su miembro endurecerse contra mi pierna y sentí un cosquilleo que me recorrió de pies a cabeza, pero cuando menos me di cuenta, ya me encontraba de nuevo bajo su cuerpo y esta vez me había arrancado de un tirón las bragas, por segunda vez.

Me aferré fuertemente a su cuerpo y sentí como poco a poco se introducía en mí, haciéndome vibrar y temblar de pies a cabeza. Su miembro duro me provocaba dolor, pero al mismo tiempo un placer que estaba segura de que solo él podía provocarme. Seiya me miraba a los ojos y yo a él, haciéndome ver que no deseaba a nadie más que a mí y que me quería con cada partícula de su ser. Una de sus manos me acariciaba los pechos y yo acariciaba su rostro, besándolo hasta cansarme. Seiya comenzó a moverse rítmicamente dentro de mí, cada vez más rápido, como si sintiera desesperación. El deseo en mi interior incrementaba con cada movimiento y solo deseaba que se moviera con mucha más rapidez. Me acerqué a su oído y susurré con voz jadeante. "Más."

Seiya me besó en la mejilla y luego se detuvo tan solo un momento para tomar mis dos piernas y colocarlas sobre sus hombros, para él enderezarse y poder moverse más rápido. Cada una de mis piernas se encontraba en cada uno de sus hombros y con una de sus manos acariciaba mi clítoris. Ya no podía articular palabra porque tan solo podía pensar en sus caricias. Lo obligué a detenerse para incorporarme y ser yo quien estuviera arriba ahora. Lo tumbé sobre el colchón y me coloqué sobre él, lentamente me fui bajando, sintiendo su miembro lento hasta topar. Seiya me miró con deseo y desesperación. Sus manos se dirigieron a mis caderas y me ayudaron a moverme. Me moví sobre él, hacia los lados, hacia arriba y abajo. Jamás me había movido tan rápido y al mismo tiempo tan delicadamente en toda mi vida.

Conforme me movía sobre él sentía que una punzada iba aumentado en mi vientre, como si fuera a explotar en cualquier momento. Seiya me sostenía fuertemente de las caderas, ayudándome a moverme y sus ojos no podían apartarse de los míos. Estaba a punto de explotar, en cualquier momento lo haría y lo obligué a abrazarme tan fuerte que ambos comenzamos a movernos al mismo tiempo. "Seiya." Logré decir entre gemidos. "Seiya…" "Te amo…" Le dije en el oído. Seiya mordió el lóbulo de mi oreja y se movió tan profundamente dentro de mí que terminé por explotar. Escuché su quejido junto a mi oído y juntos nos tumbamos sobre la cama, cansados, agotados.

Seiya me rodeó por la cintura y me atrajo hacia él. Sentí su cuerpo sudoroso y cansado sobre el mío, que también estaba sudoroso. Su cabello pegajoso y negro caía sobre su rostro y sonreía como hacía mucho tiempo no lo veía sonreír. No pude evitar sonreír también, porque hacía tanto tiempo que no me sentía tan feliz y no lograba creer que ahora estaba en París con el hombre de mis sueños. Lo besé tiernamente en la comisura de los labios y me aferré a su cuerpo.

-No me dejes, Seiya.-dije un rato después.-Jamás fui tan feliz como hoy.

-¿Te da gusto ser mi mujer?-dijo en mi oído.

-Mucho.-admití.-Adoro ser la señora Kou.

Su mano recorría la línea en mi espalda y sentí su respiración en mi rostro.

-Podría hacer esto todos los días, Serena, todos los días y todo el día.

-¿Qué?-pregunté con curiosidad.

-Esto…

Seiya de pronto comenzó a juguetear con mi entrepierna, haciéndome sentir cosquillas por todo el cuerpo.

-Seiya…-dije entre risitas.-No…

-Eres una delicia, Serena.-me besó.

-Pero Seiya… si acabamos de terminar…-sonreí maliciosamente.

-Nunca me voy a cansar ni de ti ni de esto.-dijo al tiempo en que se colocaba entre mis piernas y se acomodaba lentamente dentro de mí. Abrí la boca un poco para emitir un sonido de placer y dolor y entonces todo volvió a comenzar. Seiya se movía rítmicamente una y otra vez. Entrelazó su mano a la mía y me besó los senos. A pesar de que ya no tenía fuerzas, no tenía idea de cómo de pronto las fuerzas volvían a mí y se apoderaban de mis deseos. Seiya me hacía sentir tantas cosas que hubiera deseado que me hiciera el amor todos los días a todas horas. Sentir su miembro dentro de mí era lo más excitante que me había pasado nunca y sus manos acariciando mi cuerpo me hacían viajar por las nubes. Parecían conocerme a la perfección, sabían dónde tocar, dónde acariciar.

-La amo, señora Kou.-me besó en los labios, mordiéndome el labio inferior.

Dejé que todos mis sentidos se perdieran el placer. No podía creer que unas horas antes me moría de miedo y ahora estaba en sus brazos, disfrutando de nuestra nueva vida. Apenas me daba cuenta de lo esencial e importante que se había convertido Seiya para mí. Era mi esposo, mi vida, mi amor… el padre de nuestro próximo hijo, el hombre al que yo más deseaba, el hombre que me hacía vibrar y que lograba quitarme la vida con tan solo un beso. Seiya significaba todo para mí y no estaba dispuesta a perderlo de nuevo. Lo amaba como jamás había amado a nadie nunca y lo único que quería era quedarme en esa cama junto a él para toda la vida.


muchas gracias a sheleydekou, princessalunar, mariehcoi, monistarkou, natuohdarling, y a las que no agradecí el capítulo pasado sandydekou, rosskou, marie otra vez, lili, bregma coneja, princessnerak:)