Symphonie of desire

Disclaimer: Los personajes de la saga Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, yo solo los he tomado prestados para tener un poco de diversión.

Summary: Cuando la señorita Swan irrumpió en la casa del vizconde Masen jamás pensó que saldría de allí siendo propiedad de ese descarado seductor. Short fic.


Prólogo

Hampshire, Inglaterra. 1842.

Él la miro con ferocidad. Sus ojos se veían negros, tan profundos como la noche, desafiando a los orbes chocolate de ella.

Contrario a lo que pensó, Isabella Swan no retiro la mirada atemorizada, ni se encogió ante su amenazadora postura. En realidad, hizo justamente lo que él no se esperaba: le sostuvo la mirada en actitud desafiante, la fina barbilla alzada y los ojos centellantes de furia contenida.

―Voy a preguntarlo una vez más, señorita, si es que en verdad puedo llamarla así ¿Qué esta haciendo en mi propiedad? ―inquirió él con voz pausada, aun así, la tensión estaba impresa en cada una de sus palabras.

―Vine a recuperar lo que es mío―replicó la impertinente muchacha, hizo caso omiso a los movimientos del hombre que la acorralaron con mayor ahínco contra la pared cubierta de delicado damasco. Isabella jadeo producto de la sorpresa y la indignación que le produjo tan indecoroso acercamiento. Pudo sentir cada plano del cuerpo masculino contra sus suaves curvas. Y se estremeció. Rogó con todo su ser que milord Mansen no lo hubiera notado, pero aquello parecía imposible debido a la comprometida posición en la que se encontraban.

―Aquí no hay nada que le pertenezca, señorita Swan―dijo él con voz aun más pausada, casi gutural, su boca acercándose peligrosamente a la de la joven, quien golpeo su cabeza contra la pared intentando alejarse del hombre―. Absolutamente nada…―insistió dejando que su aliento se colara por los labios entreabiertos de la castaña que volvió a estremecerse, pero por una sensación diametralmente distinta al miedo.

Y más parecida al deseo. Aunque ella, ni siquiera lo sospechara.

―Claro que si lo hay―le respondió, alzó más la barbilla, teniendo mucho cuidado en mantener la nimia distancia entre su rostro y el del vizconde Masen―, he venido para que me devuelva los documentos que mi padre le entrego esta tarde―Masen abrió la boca para replicar, pero la muchacha fue más rápida―, no intente negarlo, milord, yo misma vi como mi padre le entregaba la cartera de documentos.

―Es muy malo espiar a sus mayores, señorita Swan―la reprendió el hombre con tono casi paternal―. Sin embargo, me temo que eso es imposible, señorita Swan. No puedo devolverle nada. Esos documentos ahora me pertenecen. Charles Swan perdió las escrituras de su hacienda en un juego de cartas completamente legal…

―El juego es un vicio sumamente desagradable para un par del reino―le recordó, aun cuando sabía que su argumento era tan flojo como una cinta perdida en el viento. Su padre había cometido un error demasiado grande.

Edward le dedico una sonrisa de medio lado en extremo picara y… seductora.

―Lamento que encuentre usted mis costumbres tan desagradables, señorita Swan ¿Qué puedo hacer para mejorar mi imagen ante sus ojos? ―la muchacha iba a replicar pero él fue más rápido esta vez―. Ah, hare cualquier cosas, excepto devolverle esos documentos.

La muchacha bufó y su cálido aliento ―fresas y tal vez un poco de vino rebajado de después de la cena― golpeo de lleno el rostro del vizconde enviando una oleada de deseo a lo largo de su columna vertebral. La excitación fue tan rápida que casi suelta a la muchacha.

―Suélteme.

Él desasió el agarre que minutos antes había estado a punto de perder. Observo a la muchacha con detenimiento, desde los rizos castaños que habían escapado de sus peinetas y ahora colgaban bamboleantes enmarcando un delicado rostro en forma de corazón, hasta la delicada figura que todavía no adquiría todas las curvas de una mujer. Isabella no pudo evitar sonrojarse al notar la forma en que el la observaba.

―Hare lo que sea, pero por favor, devuélvale a mi padre sus propiedades, si no las tiene de vuelta… se volverá loco, estamos en la ruina, no hay motivo para negarlo―admitió muy a su pesar―, la casa es lo único que nos quedaba, milord. No puede hacernos esto, usted es un hombre bondadoso, lo he visto… siempre ha sido muy amable con sus inquilinos y con la gente de la comunidad. Por favor, sea razonable, milord.

―Charles Swan me debe demasiado dinero―se limitó a responder Edward, vizconde Masen―. Soy un hombre bondadoso, pero no estúpido, señorita Swan.

―Se le abonara lo que se le debe, a su debido tiempo. Pero por favor… devuélvame los documentos de la propiedad.

Él negó con la cabeza.

―Usted no puede negociar un acuerdo así, señorita.

―Sabe muy bien que mi padre sería incapaz de ofrecerle un acuerdo así, es un hombre orgulloso, pero usted… usted, milord…

―Señorita Swan, insisto. Soy un hombre bondadoso pero no un hombre estúpido. ¿Qué garantía me da usted, señorita Swan, de que este acuerdo se llevara a cabo? ¿Cómo sé que en cuanto tenga esos documentos entre sus manos se olvidara del pago?

―¿Qué quiere que haga para convencerlo? ―preguntó la muchacha, en su voz se abrió paso parte de la desesperación que se negaba a mostrar pero que comenzaba a apoderarse de ella al descubrir que su plan había fallado y ahora, el vizconde se mostraba completamente irrazonable.

Una sonrisa ladina se poso en los labios de Edward a la vez que este se acercaba un poco más a la intrusa para acariciarse la barbilla con una de sus manos. Isabella Swan acababa de pronunciar la pregunta que él estaba esperando que hiciera desde que la atrapo ingresando furtivamente a su estudio privado en medio de la noche.

―Pensé que nunca lo preguntaría, señorita Swan…―dijo con voz tan grave y seductora. Toda aquella idea de entrar furtivamente a la casa del vizconde Masen para recuperar lo que su padre había perdido en una partida de cartas se le presento al fin como lo que era: un plan sumamente estúpido y descabellado. ¿Cómo pudo siquiera pensar que aquello daría resultado?

―¿Q-Qué pretende…?―se permitió preguntar.

―Digamos que yo acepto devolverle las propiedades a su padre―dijo el joven vizconde caminando frente a ella, como si la estuviera acechando, en realidad, Isabella estaba segura de que eso era lo que él estaba haciendo. Acechándola, intimidándola, buscando minar la poca resolución que aun le quedaba. Pero no ganaría, no lo dejaría ganar. Jamás―, en ese caso, su familia aun seguiría en deuda conmigo, ¿no es así, señorita Swan?

La muchacha asintió.

―¿Y con que pretende cobrarse? ¿Aceptara un pago mensual? ―él negó.

―Bueno, vista y considerando que usted esta tan interesada en recuperar lo que yo gane legítimamente en una apuesta…―Isabella soltó un bufido ante sus palabras―. Tómelo como usted quiera, señorita Swan, el punto es que esas propiedades han pasado a ser mías, pero si usted las quiere de vuelta, yo estaría más que dispuesto a hacer un canje si la mercancía a cambio―dijo acercándose peligrosamente a sus labios―… es valiosa―pronunció antes de alejarse tan rápido como se había acercado, dejando a la joven Isabella inquieta y temblorosa.

―Hable claro, milord, ¿Qué quiere a cambio de devolverme el titulo de propiedad?

Edward sacudió la cabeza con lentitud a la vez que una sonrisa coronaba sus labios finos. Para ser una persona que acababa de encontrar a alguien entrando furtivamente a su propiedad para robarle estaba de un excelente humor. Isabella le dirigió una mirada que cuestionaba seriamente la cordura del vizconde. Tal vez deberían ingresarlo en Bedlam.

―Tengo frente a mis ojos lo que quiero cobrarme, señorita Swan―respondió el hombre aun sonriente. Sus labios habían dejado al descubierto dos hileras de dientes asombrosamente dientes y parejos.

Bella tragó saliva. Debió haberlo sospechado, después de todo, la fama de mujeriego de Edward Masen era toda una institución, tanto o más conocida que su propio título de vizconde. Desde que había sido presentada en sociedad, el año anterior, Isabella había escuchado numerosas historias susurradas a media voz en las habitaciones destinadas a las señoras durante los bailes, en todas ellas, el protagonista de escandalosas risas y sofocados sonrojos había sido el hombre frente a ella.

―¿U-Usted pretende abusar de mi a cambio de unos papeles…?

Él negó.

―Claro que no criatura, expresándolo de ese modo me hacer quedar como un vil monstruo. En verdad me ofende.

―Lo que usted se propone es una monstruosidad, milord. Intercambiar mi… mi cuerpo por… por una propiedad, es denigrante. Me esta tratando como una…

―No hay nada denigrante en lo que pretendo hacer contigo, Isabella―era la primera vez que él pronunciaba su nombre de pila y la muchacha pensó que su nombre nunca se había escuchado mejor que en los labios de aquel bribón vestido con elegante sobriedad.

Isabella suspiró.

―Acepto―dijo ella, tragándose su orgullo. Llevo sus pequeñas manos hasta los nudos que mantenían la capa sobre sus hombros y comenzó a aflojarlos, la tela cayó al suelo con parsimoniosa lentitud―. Hágalo de una vez, ya he aceptado.

Edward camino hacia ella, la muchacha no pudo evitar apretar los parpados con fuerza anticipándose a lo que sucedería a continuación, negándose a presenciarlo. Pero no sucedió lo que ella esperaba, el vizconde se agacho, recogió la capa del suelo y la puso en manos de la joven. Ella abrió los ojos al sentir el peso del terciopelo entre sus manos y lo miro sin comprender. Pero él no le dio respuesta alguna y camino hacia el escritorio que estaba ubicado más atrás en la habitación, Isabella escuchó como abría uno de los cajones de este. Al cabo de unos instantes el hombre volvió con una carpeta de gastado cuero marrón en sus manos, lo extendió hacia ella que lo recibió vacilante, aun con la capa entre sus manos. Sus ojos castaños expresaron sin necesidad de palabras todas las preguntas que en esos momentos poblaban su mente.

―Ahí están, he cumplido con mi parte del trato―dijo el vizconde fijando sus ojos verdes en ella―, cuando usted cumpla la suya esta aún por verse…―dijo con una sonrisa de medio lado, misteriosa e inquietante―, mi querida señorita Swan.


Hola:

¡¿Sorpresa?!

Si, bueno, como ven, estoy de vuelta. Para mayores explicaciones, y no darles la lata aqui, he dejado una nota en mi profile que me gustaría que leyeran. Y por supuesto quiero agradecer a la insistencia de ManneVanNecker que hizo que volviera hasta aquí...

Bueno, como habrán notado hay unos pequeños y sutiles ajustes en la historia, y los habrán también en los capítulos sucesivos, no obstante la historia sigue siendo la misma. Espero que les haya gustado y que les haya vuelto a gustar a quienes la están leyendo nuevamente.

Me despido esperando que estén bien.

Saludos

Pd: Lo más seguro es que actualice una vez por semana. Y en lo sucesivo iré subiendo también algunas de mis otras historias.