Symphonie of desire

Disclaimer: Los personajes de la saga Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, yo solo los he tomado prestados para tener un poco de diversión.

Summary: Cuando la señorita Swan irrumpió en la casa del vizconde Masen jamás pensó que saldría de allí siendo propiedad de ese descarado seductor. Short fic.


Epilogo

Hampshire, Inglaterra, 1848

Los piececitos descalzos corrían por la hierba. La briza agitaba sus rizos y las cintas de sus vestidos. Ellas reían y el eco de sus risas llegaba con facilidad a los oídos de sus madres quienes las miraban desde escasa distancia tomando el té en la terraza de la residencia campestre de los vizcondes de Masen.

―Se ven tan lindas, se parecen mucho a nosotras a su edad―comentó Alice.

Isabella asintió sonriendo desde detrás de su taza de té.

―Bueno, Bella ¿y cuando vuelve Masen? ―le preguntó Rosalie, la señora McCarthy mientras probaba un trozo de mazapán.

―Dentro de un par de días, aun tiene que solucionar unos cuantos asuntos en Londres.

―¿Crees que llegara a tiempo? ―preguntó Alice mirando el prominente vientre de su amiga.

―Si, por supuesto que si. Es más, yo insistí en que realizara ese viaje, no quería dejarme sola pero… eran asuntos que debía resolver a la brevedad.

―¿Y como es que tu madre no quiso venir hasta acá para estar contigo? ―inquirió Rosalie sonriente. Aun recordaba lo insistente que había sido la señora Swan durante el primer embarazo de su hija. Se había mudado a la residencia de los vizcondes y no se había ido hasta que la pequeña Elizabeth había cumplido un año de edad.

Isabella hizo una mueca sin poder evitarlo.

―Mamá esta muy contenta viajando por Italia, se rencontró con un viejo conocido y… bueno, se disculpo por no poder venir.

Cuando la señora Swan había enviudado, hacía cosa de tres años, Edward había decidido tomar las medidas necesarias para no tener que vivir en compañía de su fastidiosa suegra. La mujer había dejado en claro que era impensable que ella abusara de la caridad del nuevo dueño de la residencia Swan ―un primo lejano del difunto Charles― teniendo a su única, recalcó la palabra, hija viviendo tan cerca y en una casa tan amplia. Además, de seguro Isabella y su marido adorarían tenerla allí para ayudarlas a cuidar de la pequeña Lizzie.

―¿Qué vamos a hacer al respecto? ―le había preguntado Edward mientras terminaba de desabrocharse los gemelos de la camisa. Isabella se encontraba sentada frente a su tocador, peinando su larga cabellera antes de trenzarla para irse a dormir. La joven suspiró.

―Sabes que quiero a mamá―comentó, no pudo evitar mover su cabeza negativamente al ver a su esposo hacer una mueca a sus espaldas. Él no sentía mucho apreció por la señora Swan―, pero yo tampoco podría soportar tenerla a ella aquí…

―Vamos a tener que pensar en algo entonces, lady Masen―le dijo posando su barbilla en el hombro de la joven y abrazándola por las caderas. Comenzó a darle pequeños besos en el cuello―. ¿Cómo crees que se tomaría tu madre la posibilidad de viajar un poco por el continente?

―¡Lo tienes todo planeado! ―exclamó con sorpresa y porque negarlo, admiración―. Oh, Edward…

―Dime ¿crees que accedería? ―preguntó antes de besarla de lleno en la boca.

Y por supuesto que la señora Swan aceptó. No todos los días el vizconde de Masen te ofrecía viajar con todo lujo por el continente, ni siquiera tuvieron que rogar mucho y la señora Swan ya se encontraba embarcada en un barco rumbo a Calais.

Alice y Rosalie dejaron la residencia Masen bastante entrada la tarde, ambas tenían complacientes maridos que la esperaban. Isabella entró hasta la residencia y acompaño a su hija mientras esta tomaba su baño, ayudada por una de las doncella, debido a su avanzado estado de embarazo era incapaz de realizar aquellas labores que antes realizaba tan a gusto, afortunadamente, su abultado vientre no le impedía sentarse junto al lecho de su hija y leerle un cuento antes de arroparla y darle un beso de buenas noches en la frente. Sonrió mientras acariciaba los rebeldes rizos de su bella durmiente. Aun recordaba cuando descubrió que estaba esperando a su pequeña Lizzie, fue exactamente dos meses después de que ella y Edward se casaran. Si bien el matrimonio había sido todo un acontecimiento, pues a nadie paso desapercibida la prisa que el vizconde tenia por contraer el sagrado vínculo con la muchacha. Ya que menos de una semana después de haber anunciado el compromiso, Masen se presentó en la residencia Swan con una licencia especial. Y una semana después, y contra todos los deseos de la señora Swan quien quería como mínimo una ceremonia por todo lo alto en la catedral de St. James en medio de la temporada, lord Masen e Isabella Swan se casaron en la capilla del pueblo sin mayores adornos pero con sus corazones rebosantes de amor.

La noticia del embarazo solo vino a confirmar las sospechas de las más cotillas del pueblo. Pero como Isabella y Edward ya estaban casados, nadie nunca se atrevió a comentar algo.

La pequeña Elizabeth… la niña de los ojos de Edward. Había sido tanto o más atento que su madre durante todo el periodo de gestación, por él, Bella debería pasar el día en cama leyendo lo que quisiera y comiendo lo que deseara. Nada podía perturbarla y nada iba a hacerlo si estaba en su mano. El parto, sin lugar a dudas había sido una prueba de fuego para los nervios del pobre hombre.

Duró diez horas, diez horas de paseos por el corredor, miradas ansiosas al más mínimo sonido de pisadas acercándose a las puertas de la habitación de la vizcondesa y copas de oporto en el estudio junto el señor McCarthy y su suegro. Y no había sido posible contabilizar el número de puros que acabaron reducidos a cenizas hasta que finalmente Elizabeth Amelie Masen llegó al mundo con un sonoro llanto que no dejó a nadie la menor duda sobre lo sanos y fuertes que eran sus infantiles pulmones.

Isabella tomó una cena fría sola en su dormitorio, se sentía incapaz de afrontar el enorme comedor familiar en solitario. Después llamó a su doncella para que la ayudara a cambiarse el camisón. Su enorme vientre le impedía realizar muchos movimientos así como también dormir mucho de noche. Una vez cambiada, peinada y envuelta entre las mantas de su cama y con una taza de té de manzanilla entre sus manos, Bella se permitió pensar en lo poco que faltaba para ser madre por segunda vez. Todo auguraba que sería pronto. Tal vez más pronto de lo que había pensado, Edward no se perdonaría no estar allí.

―Aguanta un poco más, pequeñin―susurró acariciando su vientre―, espera hasta que vuelva papá.

Esa noche, sorprendentemente, se durmió rápidamente. Isabella se encontraba sumergida en un profundo sueño cuando lo sintió. Fue una caricia suave, como el roce de unas alas de mariposa en su mejilla. Entonces, aquel inconfundible aroma a menta y oporto añejado inundo sus fosas nasales. Sus pestañas revolotearon mientras intentaba enfocar su vista. Edward la miraba sonriente desde el costado de la cama.

―¡Edward! ¡Regresaste!

Esté asintió antes de acercarla y abrazarla teniendo especial cuidado en no aplastar el vientre de su esposa, cuando finalmente ella lo soltó, tomó entre sus grandes manos aquel rostro en forma de corazón que tan bien conocía. Se dedico a mirar sus dulces ojos antes de darle un largo y apasionado beso.

―Te extrañe…―confesó la castaña.

―Y yo a ti mi vida. En cuanto termine de solucionar los asuntos en la ciudad no dude ni un minuto en tomar el primer tren disponible y volver. ¿Me extrañaste?

―Con toda mi alma… Lizzie se pondrá tan contenta de verte.

―¿Y tú no estas contenta?

―Sabes que si, Edward. Te amo…―no pudo evitar hacer un gesto de dolor al finalizar sus palabras. Allí estaba, la primera contracción―. Edward…―dijo en voz susurrante―, creo… creo que va a nacer.

Él no pudo evitar sonreír. Le dio un beso completamente impulsivo.

―Llamare de inmediato a las criadas para que preparen todo, y mandare a llamar al doctor Snow, tranquila…―dijo apartándose de la cama―, ya vuelvo.

Isabella sonrió pero la sonrisa murió con rapidez ante la llegada de una nueva contracción, se acomodó en las almohadas dispuestas tras ella y respiro intentando evitar el dolor.

Un par de horas después y cuando el amanecer se asomaba en el horizonte, el sol naciente pareció darle la bienvenida a Charles Edward Masen.


N/A: Bueno, he aquí el esperado epilogo. Lamento la demora pero la verdad no estaba del animo para escribirlo. Como pueden ver es algo distinto al primero que había subido porque bueno, ese se perdió, así que... obligada a hacerlo de nuevo. Espero que les guste. Y por supuesto, muchas gracias a quienes leyeron esta historia, espero dentro de poco subir de nuevo las otras historias que tenía pero requieren edición y últimamente mi mente creativa esta abocada al fandom de Harry Potter como bien se habrán dado cuenta, no ahondare en los motivos, pero si quieren leer lo nuevo de mi persona, bienvenidas/os son. Nuevamente, gracias por leer...